viernes, 17 de julio de 2009

EL PROTAGONISMO POPULAR EN LA ENCRUCIJADA



Normalmente, cuando una fuerza política participa de un acto eleccionario, una vez finalizado el mismo ésta efectúa un balance. Este balance es imprescindible, ya que permite potenciar y desarrollar los aciertos y corregir los errores hacia las próximas instancias. Y este balance es necesario tanto si se obtuvieron los objetivos como si no, y especialmente cuando sucede esto último, puesto que necesariamente se deben encontrar las causas del fracaso y corregir lo que se haya hecho mal. Si la instancia electoral siguiente es a pocos meses de la que se analiza, este balance es entonces urgente.
Ya lo hemos dicho en notas anteriores: el Frente Amplio fracasó en el objetivo principal que se había propuesto en las pasadas elecciones internas, esto es, obtener más votos que toda la oposición sumada, lo que nos pondría en inmejorables condiciones para obtener el triunfo en octubre. No solamente no logramos ese objetivo; ni siquiera pudimos ganarle al partido de oposición que logró más votos, el Partido Nacional. De manera que un balance y perspectiva, con un gran sentido autocrítico se hace imprescindible y urgente. Hasta ahora, no se ha dado. Al menos no se ha escuchado ni leído por los medios de comunicación, y tampoco se ha difundido por las vías orgánicas.
PREOCUPACIONES VARIAS
El Frente Amplio está cambiando, y algunos de esos cambios nos preocupan, porque nos llevan de la mano a parecernos cada vez más a los partidos tradicionales. En nuestra Declaración Constitutiva del año 71, decíamos: “...al mismo tiempo (el FA) afrontará unido las instancias comiciales, con soluciones honestas y claras que restituyan a la ciudadanía la disposición de su destino, evitando la actual falsificación de su voluntad”. Esto era prácticamente nuestra seña de identidad: un programa, un candidato (en ese orden). Era la forma de diferenciarnos de aquellos que pasaban un rastrillo con una variedad enorme de candidatos para todos los gustos. Y eso nos ganó la confianza y el respeto del pueblo. Sin embargo, hoy en día eso parece estar en cuestión. Concurrimos a las internas con tres candidatos, pero podían haber sido cinco, si se hubieran presentado todos los compañeros que el Congreso habilitó. Pero también estuvo en cuestión el Programa aprobado en ese Congreso, y hoy día siguen apareciendo voces relativizando algunas cuestiones allí definidas. Pero también destacábamos en el 71 que la existencia misma del Frente Amplio era posible “...por tener al pueblo como protagonista,...”. Hoy en día, muchas de las acciones llevadas a cabo por algunos de nuestros dirigentes parecen estar orientadas justamente a lo contrario, a quitarle el protagonismo al pueblo. El cuestionamiento permanente a los organismos del FA y a sus decisiones, el tratar de que por la vía de los hechos esos organismos pasen a ser inoperantes mientras las decisiones se toman en niveles ajenos a la orgánica (cabezas de lista, comandos, etc....) van rebajando el papel de la militancia frenteamplista, y mientras nuestra fuerza política crece en votos, no creamos ciudadanía consciente y comprometida, sino simples votantes. Una prueba contundente de lo que decimos es la siguiente: hace unos años atrás, todos decíamos “si las elecciones no fueran obligatorias, el Frente Amplio gana”. Eran épocas en las que desarrollábamos una actividad política permanente, de gran movilización, y llegábamos a las elecciones y hacíamos unos actos fantásticos que nos hacían soñar con una segura victoria electoral. Sin embargo, las “mayorías silenciosas” (en ese entonces conformadas principalmente por colorados) nos arruinaban la fiesta. Ahora, fíjense ustedes lo que estamos diciendo: “perdimos porque las internas no son obligatorias, pero en octubre los frenteamplistas tendrán que ir a votar obligados, y entonces ahí si ganamos”. Ahora, las mayorías silenciosas parece que son frenteamplistas. Hemos estado generando votantes, sin preocuparnos mayormente de formar ciudadanos conscientes y comprometidos.
NO VAMOS POR BUEN CAMINO
Las últimas acciones de algunos dirigentes no parecen ir en dirección contraria. Finalmente salió la fórmula; fue la que todos esperábamos, y se logró sin condicionamientos de ninguna especie. Estamos contentos de que haya sido así. Pero en el camino se vienen dando decisiones que la militancia no sabe en donde se toman y que siguen desorientando. Daremos algunos ejemplos. En algún lugar se decide que la campaña no la va a definir la conducción política del Frente Amplio (la Mesa Política), sino que la llevará adelante un comando X, que nadie entiende su composición. Simultáneamente, en algún lugar alguien decide que el Plenario Nacional (órgano máximo del Frente Amplio) no discutirá acerca de la fórmula, sino que la votará por aclamación, transformando de esa forma un órgano deliberativo por excelencia en un acto de lanzamiento de campaña con toda la parafernalia. No decimos que esto no se debió hacer así. Decimos que había lugar para ambas cosas, pero se eligió dejar una de lado (la discusión amplia y fraterna). Pocos días después, se comunica al zonal 6 (Ciudad de la Costa) que los candidatos querían charlar con la militancia, y que para ello proponían un activo de militantes. Cuando todo estaba pronto para que esto se llevara a cabo, en algún lado se cambian los ejes y se lo transforma también en un acto, bajando la orden que solo podría hablar un militante en nombre de la Coordinadora y cinco minutos como máximo.
LA DOBLE ENCRUCIJADA
La socióloga Rosana Moras, planteaba que el Frente Amplio se enfrenta a una doble encrucijada (1) : “por un lado, definir un segundo gobierno en términos de continuismo o de giro a la izquierda, para ganar las elecciones de octubre; por el otro, definir que tipo de coalición anhela, en términos de la relación de las bases con la dirección orgánica y de ésta con el gobierno (en caso de renovar el mandato)”.
El candidato del FA (José Mujica) ha sido claro al respecto: “¿Qué queremos, partido de opinión o fuerza que contenga militantes? El partido es el futuro; como yo lo concibo, es el pacto intergeneracional, es los que van a venir y van a recoger la bandera. Lo otro es la agencia de publicidad, es la consultora, son los asesores”. “¿Se precisan militantes o no? Eso es lo que hay que definir. Yo sostengo que un partido históricamente no existe si no genera militancia, si no genera pasión, si no genera compromiso en cascada” (2). Compartimos plenamente lo planteado por el Pepe Mujica, ese es el camino. Pero la duda que nos carcome es si esto lo han entendido así todos nuestros dirigentes. Si así fuera, estamos en muy buenas condiciones para ganar en octubre. Si seguimos por el camino que describíamos más arriba, todo se hará más complicado.

(1) “Las encrucijadas del Frente Amplio” – Le Monde Diplomatique, junio 2009
(2) Semanario Brecha, 19/12/2008

jueves, 9 de julio de 2009

NUMEROLOGIA


Ya hemos hablado sobre algunas cuestiones numéricas que tienen que ver con lo previo a las elecciones internas, es decir, con las predicciones de las encuestadoras y los politólogos, y de cuanto le erraron. Ahora trataremos de analizar los números disponibles luego de las elecciones, comparándolos (en lo posible) con el antecedente inmediatamente anterior (las internas del 2004).
PERDIMOS
El primer dato a tener en cuenta, es que en estas internas votó el 44% del electorado, mientras que en el 2004 lo hizo el 46% (en el 99 había sido del 54%). Lo real de estas cifras, es que el porcentaje de votantes ha ido bajando elección tras elección. Lo otro, es que la cantidad de candidatos no hace crecer la participación, sino que sucede exactamente lo contrario, al menos en lo que tiene que ver con el Frente Amplio, y esto se ve claramente con las siguientes cifras: en 2004 fuimos con un solo candidato (Tabaré Vázquez) y obtuvimos un 43,11% contra un 41,19% del Partido Nacional; en estas internas fuimos con tres candidatos, y obtuvimos un 41,1% contra el 46,1% del Partido Nacional.
Si analizamos lista por lista, se pueden sacar otras conclusiones interesantes.
CRECIERON
Solo dos listas crecieron a nivel nacional respecto de la elección anterior, y ellas fueron la 2121 (que pasa de un 9% en 2004 a un 16,3%) y la 609. Si bien la 609 crece apenas un 0,4% hay que tener en cuenta que tuvo un desprendimiento previo (el CAP-L) que se llevó una cifra considerable de votos. Si sumamos los votos de la 609 y de la 7373 juntos, en realidad el crecimiento de ese espacio es importante, y pasa de un 33,1% en 2004 a un 41,1%.
BAJARON
Otras listas bajaron abruptamente su votación: la 90 (Partido Socialista), que pasa de un 17,64% en 2004 a un 11,1% ahora; la 99000 (Nuevo Espacio) pasa de un 6,86% en 2004 a un 5,3%; la 738 (Alianza Progresista), que pasa de un 8,7% en 2004 a un 5,1%, y la 77 (Vertiente Artiguista) que pasa del 7,7% de 2004 a un 3,8% en la actualidad.
EMPATAMOS
El caso de la 1001 es curioso, ya que prácticamente (en términos de porcentajes) queda igual. En las elecciones de 2004 se quedó con un 5,9% de los votos del Frente Amplio, y en estas últimas el porcentaje es del 5,92%.
CONCLUSIONES E INTERPRETACIONES
Las únicas listas que crecieron, son aquellas que el candidato que apoyaban era justamente el líder de su sector, esto es: la 2121 del Danilo Astori y la 609 de José Mujica. En el caso de las listas que apoyaron a Marcos Carámbula, la situación es diferente, ya que Marcos no pertenecía a ningún sector, pero el sector que lo apoyó (la VA) bajó su votación a la mitad. Asimismo, las listas que ya existían (no tomo en cuenta las listas que se crearon para esta interna porque no se pueden comparar con la elección anterior), y que ahora apoyaron a Danilo Astori (90, 738, y 99000) todas bajaron su votación respecto a las internas anteriores. Sin embargo, la única lista que ya existía previamente y que apoyó a Mujica (1001) ni creció ni decreció, mantuvo su votación.
Mi interpretación es que la 2121 y la 609 crecieron, en base a ese electorado frenteamplista flotante, aquel que cambia su voto de elección en elección, en función de cuestiones circunstanciales. Solo en una pequeñísima medida estos dos sectores pueden haber obtenido el voto de aquellos militantes o votantes más comprometidos con los demás sectores del FA. Esto solo habría sucedido en casos en que estos militantes se hubiesen sentido totalmente defraudados por la opción tomada por su sector y encontraran una especie de voto castigo votando por otro sector, hecho que indudablemente sucedió pero en contados casos desde mi punto de vista.
Si esto es así, y si el crecimiento de la 2121 y la 609 se explican por esa razón, ¿cómo se explica el decrecimiento de los demás sectores?
La baja votación de los demás sectores, desde mi punto de vista se explica por la misma razón que la baja votación del Frente Amplio en su conjunto. Mi interpretación es que el grueso de los frenteamplistas estaba (y sigue estando, ahora más aún) desconforme y defraudado por la multiplicidad de candidaturas, puesto que eso era contrario a toda una tradición unitaria dentro del FA. Es más, también lo estábamos la mayoría de quienes fuimos de todas formas a votar, aún con nuestra disconformidad a cuestas. Muchos, además, estaban desconformes con el candidato por el que había optado su propio sector político, y hubieran preferido a otro. Este hecho atravesó a todos los sectores sin distinción. Algunos (para mi muy pocos) optaron por demostrar su disconformidad votando fuera de su propio partido, y eso es lo que ayuda a crecer (en pequeña medida) la votación tanto de la 2121 como de la 609 (más la 7373). Pero la gran mayoría de los que no estaban conformes con la multiplicidad de candidaturas, o no estaban conformes con la decisión de su sector político, optaron por manifestar esa disconformidad de la manera más natural que tenían de hacerlo: CON LA ABSTENCIÓN. Lisa y llanamente, ese frenteamplista, sectorizado o no, dijo: esto a mi no me interesa, no cuenten conmigo para esto. De ahí la relativa baja votación del Frente Amplio y la caída de la mayoría de sus sectores respecto de la interna anterior.
NUESTRA 1001
El caso de la 1001, es para ser analizado más detenidamente, puesto que ni creció ni bajó. De cualquier manera, creo que la 1001 no fue inmune a todos los factores que señalamos para los casos anteriores. Estamos seguros que la mayoría de los votantes de la 1001 estaban absolutamente defraudados y desmoralizados como la gran mayoría de los frenteamplistas por la existencia de múltiples candidaturas. Máxime si se tiene en cuenta la tradición unitaria y de defensa de la estructura orgánica del FA por parte de nuestra organización política. Y no nos vamos a hacer los distraídos. También somos conscientes de que muchos de nuestros votantes no estaban conformes con la decisión de nuestro Partido de apoyar al candidato que apoyó, y eso provocó sin dudas una sangría de votantes hacia otras listas (hacia las ya existentes, pero sobre todo hacia las nuevas). De todas formas, y pese a estas cosas que afectaron a todos los sectores, parecería que la 1001 supo remontar esas dificultades y resultó ser la menos afectada. ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo fue posible superar estas adversidades sin invertir prácticamente nada en publicidad? Todo un misterio que habrá que analizar dentro de nuestra propia orgánica.
COROLARIO
La disconformidad atravesó a todos los sectores políticos por igual. A unos más y a otros menos. Lo que parece claro, es que ese fastidio se manifestó en la forma que era más coherente: la abstención. El comunista que no estaba de acuerdo con lo que había decidido su partido, no fue a votar, el socialista que no estaba de acuerdo con lo que decidió su partido, no fue a votar, y así por todos los sectores del FA. Y algo más que está claro: el más afectado de todos fue el Frente Amplio como tal. Algo que habrá que tener en cuenta de aquí en más, porque lo que está en juego es la concepción de democracia a la interna del propio FA.

jueves, 2 de julio de 2009

DE POLITOLOGOS, ENCUESTADORES Y OTRAS YERBAS


Hoy son una gran mayoría los que se quejan y critican a los politólogos y encuestadores. Nosotros también lo vamos a hacer en esta nota. Pero queremos recordar que ya lo hicimos antes; cuando otros se apoyaban en las encuestas para basar sus argumentaciones en torno a candidaturas que eran prácticamente cantadas. En junio de 2008 (hace un año atrás) escribíamos: “En este panorama, hay que incluir también a aquellos que pretenden influenciar en la opinión frenteamplista y de la ciudadanía en general con el manejo de encuestas que no son otra cosa que operaciones políticas con el fin de catapultar la postulación de determinado candidato. El manejo de las encuestas como argumento, y las afirmaciones sin fundamentación parece que están en el orden del día. Quienes se manejan con encuestas, toman de ellas lo que sirve para fundamentar sus opciones políticas, pero dejan de lado aquello que a todas luces contradice sus argumentos.”. Dicho esto, vamos a la actualidad. Las encuestadoras le erraron en todo lo que pudieron. Le erró el sordo y le erraron todos. El 25 de junio (tres días antes del acto eleccionario), Luis Eduardo González decía que el 48% votaría a alguno de los candidatos del Frente Amplio (ganándole al Partido Nacional), el 39% al Partido Nacional y el 10% al Partido Colorado. También dijo que dentro de la interna del Frente Amplio, José Mujica se lleva el 59% de la intención de voto, Astori el 31% y Carámbula el 10%. La realidad fue que al FA lo votó el 41%, que al Partido Nacional lo votó el 46% (tuvo más votos que el FA), que Mujica tuvo el 53,8% y que Astori obtuvo el 41%. Tampoco acertaron ni de lejos al porcentaje de la población que concurrió a votar. Se esperaba, según las encuestas, una concurrencia a las urnas del orden de 55-60%, pero votó apenas el 44%. Todas las encuestas estimaban que Hierro López saldría segundo y José Amorín tercero, y sucedió exactamente lo contrario y Amorín apareció superando a Hierro López.
LE SIGUEN ERRANDO
El periodista Alfonso Lessa (y algún otro periodista y asesor de campaña también) dijo que la interna demostró que el Congreso no era representativo, ya que en el mismo Mujica había obtenido un 70% de los votos y Astori un 24%, mientras que en la elección interna las diferencias fueron menores. Lo que Alfonso Lessa (y otros periodistas y politólogos) no tienen en cuenta, es el sabio dicho popular: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No tienen nada que ver una instancia con la otra. Es como querer comparar una ley votada en el Parlamento con un plebiscito sobre esa misma ley. Es obvio que los porcentajes no van a mantenerse e incluso se ha dado que el pueblo derogue una ley votada por el Parlamento. Y a nadie se le ocurriría decir que el Parlamento no es representativo (¿o si?). De acuerdo a los estatutos del FA, para ser el candidato de nuestra fuerza política se debe contar con los 2/3 de los votos del Congreso como mínimo; esto es, con un 67% como mínimo (Mujica obtuvo el 70). Esto significa que, si hay otro candidato, inevitablemente tendrá menos del 33% (Astori tuvo 24%, y aunque Carámbula obtuvo el 41, esto se debió a que se habilitó la posibilidad de votar a todos). Pero además, la votación en un Congreso casi nunca es el resultado de decisiones individuales, sino que es producto de un proceso complejo de discusiones en los Comités de Base y de negociaciones entre sectores, por lo que de ninguna manera es comparable a una elección interna. No hay negociación posible ni discusiones dentro de un cuarto secreto. Quien quiera sacar conclusiones haciendo esas comparaciones se equivoca de cabo a rabo. En todo caso la conclusión es la diametralmente opuesta a la que saca Alfonso y otros. La única conclusión posible es que el Congreso supo interpretar el sentir de los frenteamplistas, y le dio los votos para ser candidato a quien en definitiva terminó siendo el elegido en las elecciones internas.
TAMBIÉN EN EL FA NOS EQUIVOCAMOS
Se equivocaron quienes decían que una cosa es lo que vota la militancia en un Congreso y muy otra lo que vota el “pueblo frenteamplista”. El Congreso se expidió en diciembre por la candidatura de José Mujica por un amplísimo margen, que no admitía ninguna duda. Si se hubiera acatado esa decisión soberana, tal como lo establecen los estatutos, desde el mes de enero hubiéramos comenzado una campaña verdaderamente frenteamplista y habríamos llegado en mucho mejores condiciones a las instancias que acabamos de pasar. “Una competencia interna abre las puertas a distanciamientos, diferencias, enojos, heridas, pérdida de energías y entusiasmo militante, que perfectamente podríamos ahorrarnos”, decía Rafael Michelini en agosto de 2008, y nosotros lo compartimos en ese momento.
Se equivocaron quienes pretenden que también la política se maneje con los criterios del mercado, y que por tanto hay que ofrecer competencia y un abanico de posibilidades para que se genere más demanda. Algo así decía Luis Eduardo González en abril: “El porcentaje de votantes en las internas del Frente Amplio (FA) probablemente será a grosso modo semejante al porcentaje de votantes que obtenga ese lema en octubre, y lo mismo sucederá con los demás partidos. Puesto que en las internas el voto no es obligatorio, para que eso ocurra tiene que haber competencia real al interior de cada partido, de manera que la gente se sienta motivada a participar”. Por supuesto, esto no es así. No es la competencia lo que motiva a los uruguayos a participar en una elección, como quedó demostrado el domingo. El porcentaje total en 2004 fue de 53% cuando no hubo competencia interna en el Frente Amplio. Mientras que en 1999, que sí la hubo, fue de 44%. Pero además, el mismo domingo el politólogo explicó que la baja concurrencia a votar se debía a que "la gente no está lo suficientemente motivada". ¿Cómo? ¿No era que lo que motivaba a la gente era la competencia? En febrero del año pasado, un representante de Asamblea Uruguay decía: “tiene que haber competencia...la falta de competencia contribuyó, entre otras cosas, a que triunfara el partido nacional en ese pleito" (refiriéndose a las internas de 2004). Sin embargo, la elección de la semana pasada, fue la interna con menos votantes desde que se realizan, y también perdimos con el Partido Nacional.
Se equivocaron también quienes dijeron que dos eran pocos. El argumento era que muchos votantes frenteamplistas no estaban de acuerdo ni con Mujica ni con Astori, y por lo tanto ese “tercer polo” permitiría que alrededor de un 15% de ese electorado tuviera a quien votar. Ese 15 terminó en un 8, y el porcentaje de votación del FA fue inferior al que las encuestas daban como intención de voto cuando se largó la tercera candidatura.
COCLUSIONES CON PARADOJA
No hay que buscar explicaciones de la baja votación ni en el frío ni en el calor (llegué a escuchar que hubo una baja votación debido al ¡¡miedo a la gripe porcina!!); la explicación es política. Cuando no se pone toda la carne en el asador para fortalecer la herramienta Frente Amplio, sus Comités, su estructura orgánica, el trabajo en conjunto (en la calle, codo a codo, somos muchos más, decía Mario) los magros resultados son prácticamente previsibles. La baja votación se debió fundamentalmente a que los frenteamplistas no estaban motivados por una contienda que les era ajena. Ya habían manifestado en diciembre a quien querían de candidato, y por eso las mesas repartiendo listas brillaron por su ausencia en muchos lugares, y por eso no se conseguían delegados para cubrir los circuitos, y por eso se suspendieron actos, y tantas otras cosas que no pueden volver a suceder, si no queremos el regreso de la derecha. Y paradoja de paradojas: mientras en muchos lugares tuvimos dificultades para lograr que compañeros de diferentes sectores se pusieran a repartir listas todos juntos en una sola mesa, la burguesía festejaba el triunfo a la noche cantando: “los blancos unidos jamás serán vencidos”. La derecha tiene bien claro su objetivo: impedir el triunfo del Frente Amplio, y para eso trabaja y está demostrando que sabe como hacerlo. Nosotros, ¿tenemos claro nuestro objetivo?

NI MITO NI LEYENDA (publicado esta semana en VOCES, en el 50 aniversario del asesinato del Che)

Si un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que ti...