jueves, 27 de agosto de 2009

¡¡ VAYA CON LA DIFERENCIA !!



Hay algo que a todo el mundo le llama la atención. El Frente Amplio venía creciendo históricamente desde su conformación en 1971. Si tomamos como referencia no al FA, sino a la izquierda, esta tuvo una tasa de crecimiento de una elección a otra del 30 por ciento si medimos desde el año 66. Sobre los votos que tenía crecía un 30 por ciento en la elección siguiente, más allá del crecimiento vegetativo, es decir del crecimiento de población, que es mínimo en nuestro país. Solo una vez tuvo una tasa menor, del 20 por ciento, que fue a la salida del gobierno de Lacalle. En esa oportunidad, en lugar del 30 crece el 20 y en 2004 el crecimiento estuvo un poco por debajo del 20 por ciento, fue el menor crecimiento habido en todo este ciclo. La tendencia histórica de los partidos tradicionales ha sido –por lógica- exactamente la contraria: en 1966 los partidos tradicionales tenían un 90 por ciento, y en 2004 obtienen apenas un poco por encima del 45 por ciento. Es decir, de 1966 hasta el 2004 una reducción sistemática elección tras elección hasta descender a la mitad.
La primera duda que surge, es por qué el menor crecimiento de la izquierda, en términos relativos, se da justamente luego del desastre espectacular que fue el gobierno de Jorge Batlle, y de la crisis del 2002. Pero la segunda pregunta es, como es posible que luego de un crecimiento sostenido de la izquierda durante 40 años, y luego de que esta obtiene el gobierno por primera vez en la historia, le resulte tan difícil seguir creciendo. Y más teniendo en cuenta los logros indiscutibles en todos los ámbitos (económico, social, etc…) del primer gobierno del FA, por todos conocidos y que tan bien explicitara Tabaré en sus últimas intervenciones públicas.
Y la pregunta es: ¿realmente el Frente Amplio tiene dificultades para seguir creciendo? ¿o las encuestas siguen sin reflejar la realidad política, como sucedió en las internas?
MAS DUDAS
Una reciente encuesta de Equipos Moris dice que en los estratos bajos el 40% vota al FA, el 47% a los partidos tradicionales y el 1% al PI. El FA no andaría bien en este segmento, y de hecho los partidos tradicionales lo superarían en 7%. En los estratos medio-bajos la situación se empareja: El FA tiene 43% de los votos, y los PT sumados otro 43%. En los estratos medios el FA comienza a obtener ventaja: recibe 48% de adhesión frente a 39% de los PT sumados, al igual que en los segmentos medio altos, donde el FA es 48% y la suma de los PT es 40%. Finalmente, en el segmento alto propiamente dicho la situación es nuevamente favorable a los PT: 56% vota a blancos o colorados y 33% al FA.
Sin embargo, una encuesta de la empresa Fáctum, divulgada el 14 de mayo de 2009, muestra unos resultados bastante diferentes. Cuando Fáctum analiza la intención de voto de acuerdo al nivel económico de los votantes, el FA es mayoritario en todos los sectores pero la supremacía es muy acentuada en el nivel medio y el nivel bajo. El FA obtiene 52% en el nivel medio y 51% en el nivel bajo, contra 31% del Partido Nacional en ambos sectores; una diferencia de más de 20 puntos. En el sector alto el Partido Nacional reduce esa diferencia a 10 puntos; el FA obtiene 45% y los blancos 35%; es el único sector donde el FA no obtiene más del 50%. Los colorados tienen mayor impacto en el sector alto con un 8%.
Como vemos, la diferencia entre ambas encuestadoras es importante. Una dice que en el nivel socioeconómico bajo el FA tiene el 40% (Equipos) y la otra dice que el 51% (Fáctum). No es lo mismo decir que en los estratos bajos los partidos tradicionales tienen la mayoría, que decir que el Frente Amplio supera a toda la oposición junta en esos estratos; son dos cosas diametralmente opuestas. No es lo mismo decir que en el estrato más alto el FA tiene el 33% de las adhesiones (Equipos), que decir que en ese estrato el FA tiene el 45% (Fáctum); 12 puntos de diferencia es demasiado. Más allá de las posibles diferencias en cuanto a la forma de trabajar de una encuestadora con respecto a otra, es indudable que esas diferencias de porcentajes hablan de algún tipo de disparate que se está transmitiendo a la opinión pública. . Las encuestas son investigaciones estadísticas en las que la información se obtiene de una parte representativa del universo a investigar. Lo otro es un “sondeo de opinión”, y se caracteriza porque la muestra de la población elegida no es suficiente para que los resultados puedan aportar un informe confiable. Se utiliza solo para recolectar algunos datos sobre lo que piensa un número de individuos de un determinado grupo sobre un determinado tema, y punto. Lo que no sabemos, es si cuando se divulgan los datos como los que vimos más arriba se está hablando de encuestas o de sondeos de opinión, pero sería bueno que se dijera, para no confundir a la opinión pública.
LOS JOVENES
El tema de los jóvenes en la política es, indudablemente, polémico. Hay una especie de mito, y es que los jóvenes en su mayoría son de izquierda. Cuando surge el Frente Amplio, en el año 71, su mayor fuerza radicaba justamente en la juventud. Ella era la que abarrotaba los actos callejeros del FA, pero también la que llenaba los Comités de Base, y se enfrascaba en largas discusiones que podían terminar a cualquier hora de la madrugada. Fueron también los jóvenes (estudiantes, obreros) los que llenaron las cárceles durante la dictadura y los que tuvieron que irse al exilio o pasar a la clandestinidad. Pero además, fueron jóvenes los que retomaron las banderas de la resistencia y ocuparon el lugar de los que no podían estar, para derrotar a la dictadura. Y era una hermosura ver a los jóvenes una vez recuperada la democracia, llenando los sindicatos estudiantiles y obreros y los partidos políticos. E indudablemente, el Frente Amplio crecía año tras año por la incorporación de jóvenes a sus filas. Era común escuchar: “el problema es que los viejos son todos blancos o colorados, por eso no ganamos”. Los hijos de la gente de izquierda se incorporaban naturalmente a las filas de la izquierda, y también lo hacían los jóvenes nacidos en familias pertenecientes a los partidos tradicionales, y lo hacían simplemente porque eran jóvenes, porque ser joven y de izquierda era lo más natural del mundo. Los “viejos” de hoy son aquellos jóvenes de izquierda de fines de los 60. ¿Qué pasa hoy con los jóvenes?
El miércoles 7 de agosto se dio a conocer un estudio realizado por el Observatorio de Medios y Audiencias del Claeh titulado "Las perspectivas ciudadanas y electorales de los nuevos votantes" del Montevideo Urbano. El estudio revela cosas preocupantes, como que el 46,2% de los jóvenes está interesado en la política, mientras que un 8,3% rechaza la política y al 38,5% no le interesa. Es decir, (de acuerdo a este estudio) serían más los jóvenes que no tienen interés o rechazan la política (un 47%) que aquellos que si se interesan (un 46%). Esa misma encuesta revela que de esos jóvenes, el 40,6% votaría al FA, un 8,2% al PN, un 2% al PC, un 0,7% al PI, 23,9% no sabe, un 18,4% en blanco o anulado, un 5,6% no quiso responder, y un 0,8% a otros.
Sin embargo, la encuesta de Factum a la que nos referíamos al inicio, también separa la simpatía política por edad de los votantes. Y los resultados son que el FA tiene un claro predominio entre los jóvenes con un 57% (contra el 40,6 que le da al CLAEH) y el Partido Nacional 32% (contra el 8,2 que le da al CLAEH). Sin duda debe haber explicaciones para estas diferencias enormes. Pero si no se las brinda a la opinión pública, nadie entiende nada.

sábado, 22 de agosto de 2009

EL URUGUAY DEMOCRÁTICO Y LOS PLEBISCITOS


El 25 de octubre se deciden cosas por demás importantes para nuestro país. Quizá la decisión más importante que los uruguayos deberán tomar, es si el país continúa por el rumbo de los cambios profundos y democráticos a favor de las grandes mayorías, o si retrocede a los tiempos del neoliberalismo, de la lógica del mercado, de la ley de la selva. No se puede confundir el cambio con la reacción. El cambio, es en el sentido de la historia. La reacción es retroceso. Como decía la consigna del año pasado: “El Frente o volver atrás”. La batalla por dirimir esa cuestión comenzó hace mucho rato (de alguna manera comenzó el mismo 1º de marzo del 2005), y de ninguna manera está ganada, por lo que todos los esfuerzos son poco. Pero el 25 de octubre se deciden otras dos cosas que también tienen que ver con si avanzamos o no en el sentido de un país más democrático e inclusivo: los plebiscitos por la anulación de la ley de impunidad y por el voto epistolar.
EL VOTO EPISTOLAR
El 25 de octubre se plebiscitará una reforma constitucional para habilitar el voto epistolar de los uruguayos que viven en el exterior. Y sin ninguna duda que acá no va a estar en juego el derecho de los uruguayos que hoy residen en el exterior a votar, ya que ese derecho ya está garantizado en la actual Constitución. Nuestra Constitución establece algunos motivos por los cuales se puede perder el derecho al voto, y ninguno de ellos es por residir en el exterior. Hoy en día, cualquier ciudadano uruguayo que viva en el exterior pero que quiera concurrir a votar puede hacerlo. El tema es que no todos están en condiciones de venir, así que de lo que se trata es de facilitar que puedan hacerlo todos en igualdad de condiciones desde su lugar de residencia. Es una batalla más que tiene que ver con el Uruguay democrático e inclusivo que estamos construyendo y que tenemos que hacer los esfuerzos por difundir en medio de la campaña electoral.
TERMINAR CON LA IMPUNIDAD
El otro plebiscito que pone en juego al Uruguay democrático este 25 de octubre, es el que determinará el fin de la impunidad.
La fiesta que vivió el pueblo uruguayo una vez recuperada la democracia en el año 85, no duró mucho. Para aquellos que comenzábamos una vida nueva a partir de los 25 o 26 años, todo era una fiesta. Era la recuperación de la libertad, el retorno a una democracia plena, y el poder recuperar la memoria como pueblo. Era la fiesta democrática en todo su esplendor. Y dábamos por descontado que lo demás iba a ser una consecuencia natural de la plena democracia. Muchos debían explicar los por qué, los como, los cuando, los donde. Teníamos derecho a saber el por qué de tanto odio descargado sobre el pueblo, el por qué tanta muerte inocente. Alguien tenía que explicar como fue que se torturó, quién daba las órdenes, donde se mató y se desapareció, donde estaban esos desaparecidos, y devolverlos al pueblo. No se trataba de revancha, sino de la actuación normal de la justicia como elemento inherente a la democracia. Tan simple pero tan hondo como eso. Sin embargo, lo que sucedió no fue eso sino todo lo contrario. Volvió la amenaza, la presión y el miedo. Y los jueces comenzaron a actuar, pero las citaciones fueron a parar a la caja fuerte de los militares. Y entonces comenzó la vuelta atrás, el retroceso, la agachada. Y la mayoría de dirigentes blancos y colorados comenzó a gestar lo que luego terminaría siendo la oprobiosa ley de impunidad. Aquella democracia que recién terminábamos de festejar, nos daba un golpe bajo. A menos de un año, la democracia que tanto nos había costado recuperar nos propinaba una ley de impunidad y nos expulsaba a uno de los estandartes de la lucha por los derechos humanos como lo fue José Germán Araújo.
Sin embargo, continuamos luchando, papeleta en mano salimos a juntar las firmas para que hubiera referéndum. No fue una lucha sencilla. Pero éramos los mismos que acabábamos de derrotar una dictadura sangrienta, y además teníamos de nuestro lado la razón de la verdad y la justicia, así que la esperanza estaba intacta. Otra vez había que luchar contra el miedo, contra la desinformación y la mentira, contra quienes decían que pregonábamos el odio y se proclamaban pacificadores y perdonadores. Y recorrimos puerta por puerta, y salimos a las ferias y a los sindicatos, nos metimos entre el pueblo. Y conseguimos las firmas, pero perdimos esa batalla. El miedo ganó en las urnas, y la desesperanza en las almas. Y ya nada volvió a ser igual, porque la democracia quedó renga. No se puede caminar bien con una espina clavada en el talón. Y la impunidad era una enorme espina incrustada en la naciente democracia. Con las organizaciones populares malheridas (que no muertas) por la derrota, comenzó la otra fiesta, la del neoliberalismo. Y en su servil obediencia a los dictados imperialistas los sucesivos gobiernos nos propinaron su economía de mercado pero también su “sociedad de mercado”. Perdida la justicia en los caminos de la impunidad, los ciudadanos pasamos a ser vistos desde una lógica mercantil, y se propagaron la exclusión social y la pobreza hasta límites desconocidos. Las consignas pasaron a ser: “hacé la tuya”, y “sálvese quien pueda”. Y también campeó la corrupción. Porque si se puede torturar y matar y desaparecer, y nunca pasar por un juzgado por ello, entonces todo lo demás son paparruchadas. Las dimensiones del retroceso todavía pueden verse.
Pero la lucha por la justicia siguió por vías diferentes. Porfiadamente se siguieron presentando casos a los juzgados y una y mil veces los personeros de la impunidad los archivaban. El artículo cuarto era el instrumento apropiado en las manos apropiadas. Todo lo que podía terminar en aplicación de justicia era considerado incluido en la ley de impunidad. No importa si era el rapto de una extranjera para robarle a su hijo y luego matarla. Todo lo sucedido en dictadura debía ser olvidado, fuera lo que fuera. Pero nuestro pueblo es porfiado, y siguieron presentándose causas. Y surgieron las marchas del 20 de mayo; cada vez con más y más pueblo; cada vez con más y más conciencia. Y la impunidad comenzó a mostrar fisuras. La Comisión para la Paz demostró que se podía, que había que seguir luchando. Conquistamos el gobierno, y hubo avances impensables poco tiempo atrás. Pocos días después de asumir el FA, ya se estaba entrando a los cuarteles y excavando en busca de los desaparecidos. Y ahora el artículo 4º era un instrumento en manos de un gobierno progresista, y lo aplicó debidamente. Y los casos se comenzaron a excluir, y los jueces comenzaron a actuar, y los culpables comenzaron a ir presos, y algunos restos comenzaron a aparecer. Sin embargo, ese no podía ser el punto final. Había que concluir el capítulo de la impunidad, terminar de una vez y para siempre con el oprobio de una ley legalmente inconstitucional y nula, pero además moral y éticamente infame. El pueblo, a través de sus organizaciones sociales y políticas, entendió que era la hora de arrancarle de raíz esta espina que no le permite caminar debidamente a nuestra democracia. Para que la vida democrática sea plena y para cumplir con nuestras conciencias, salimos a juntar las firmas para anular la ley de impunidad. Y ganamos esa batalla, pero nos queda la última. Ahora hay que culminarla el 25 de octubre con un mar de papeletas rosadas. Y no hay que darla por ganada. La lucha continúa hasta el 25 de octubre a la noche. No alcanza con que los sectores del FA encarten la papeleta rosada con las listas, hay que llegar al pueblo blanco y colorado honesto y democrático, con amplitud. A no dormirse.

jueves, 13 de agosto de 2009

LO MEJOR ESTÁ POR VENIR




Relatar los logros de nuestro gobierno, aunque parezca llover sobre mojado, es una tarea que no podemos dejar de hacer. Lo venimos haciendo desde hace tiempo, y lo hacen a diario los compañeros en el gobierno y en el Parlamento, y lo hacemos desde todos los organismos del FA (Coordinadoras, zonales, comités), en charlas con los adherentes, en barriadas, en las ferias y todo lo demás. Pero hoy queremos encarar este asunto desde otro ángulo; esto es, queremos mostrar como lo hecho en este gobierno es lo que nos permitirá desarrollar y profundizar en el próximo.
Porque desde la oposición se ha señalado que el país creció, y que hicimos lo que hicimos gracias a la situación internacional favorable, olvidando decir que en similares condiciones (con gobiernos rosados) el país creció pero menos, que ese crecimiento no impidió que los gobiernos de turno llevaran a cabo ajustes fiscales en perjuicio de la población, que no se distribuyera ese crecimiento, pero que fundamentalmente no se transformara el país en el sentido de reducir sus vulnerabilidades.
El gobierno del Frente Amplio, aprovechó el período de bonanza para modificar aquellos aspectos que significaban obstáculos para el crecimiento y que, de no resolverse, iban a hipotecar el futuro gobierno, fuera del partido que fuera. Y en ese sentido, no perdimos ni el tiempo ni las oportunidades. En lo financiero, administramos la deuda de forma que nos permitiera recuperar la liquidez y la confianza, y redujimos su peso en relación con el producto bruto interno. Ello nos permitió dar sustentabilidad a las cuentas públicas, bajando la relación deuda pública- producto bruto a menos de la mitad. En segundo lugar, el reperfilamiento de la estructura de vencimientos de la deuda, nos permitió superar el ahogo financiero que heredamos, y que significaba una necesidad de financiamiento del Gobierno central de un 23% del producto, lo que resultaba absolutamente impagable. De manera que esto es lo que permite que el gobierno que asuma a partir de marzo del 2010 lo haga en mucho mejores condiciones, ya que el año 2009 y gran parte del año 2010 están financiados (a pesar de la crisis económica internacional, y sin haber hecho el ajuste fiscal que reclamaba Luis Alberto Lacalle). Pero además, el próximo gobierno estará en mejores condiciones para poder enfrentar la actual crisis internacional porque los activos de reserva que hoy tiene el país más que se duplicaron en nuestro período de gobierno, pasando de 2.500 millones de dólares a fines de 2004 a 6.300 millones de dólares a fines de 2008.
Y por si esto no fuera suficiente, avanzamos con pasos firmes en materia fiscal recomponiendo el gasto público, priorizando los gastos y las inversiones estratégicas y generando incentivos tributarios a la inversión, todo ello en un marco de responsabilidad fiscal. Abandonando la costumbre de los últimos gobiernos, de aquellos presupuestos “gasto cero”, por primera vez, se aprobó una Ley de Presupuesto Nacional que era consistente con el programa financiero, y con prioridades bien definidas. Y eso porque primero definimos lo que queríamos hacer y luego elaboramos el Presupuesto. Y lo que queríamos hacer, en primer lugar, era atender la emergencia nacional producto de los desgobiernos anteriores, llevar a cabo el prometido Plan de Emergencia. Sin dejar de lado el manejo prudente de la macroeconomía -pero sin que ése fuese el objetivo central- nuestro gobierno fijó como prioridades la educación, la salud, las políticas sociales, las obras de infraestructura, la seguridad pública y el sistema judicial. Esto fue para nosotros lo fundamental, y lo otro solo herramientas. Pero además, garantizando de paso la recuperación de la pérdida salarial que habían sufrido los funcionarios públicos.
Falta; falta mucho más. Todos los frenteamplistas coincidimos en que tenemos que mejorar todavía la distribución de la riqueza. Queda mucho por hacer, pero es mucho lo que se ha hecho. Pero se preparó el terreno para los cambios, y las señales fueron claras de hacia donde apuntamos. El próximo gobierno del Frente Amplio profundizará sin dudas en la forma de distribuir la riqueza, haciendo que pague más quien tiene más y que pague menos quien tiene menos, y que no pague nada el que nada tiene.
Pero los resultados financieros y fiscales que señalábamos, sentaron las bases para las transformaciones profundas que comenzaron en este período en materia social y en materia productiva y de trabajo para los uruguayos, y que continuaremos en el próximo.
Como bien ha dicho Tabaré, los frenteamplistas no recorrimos el país con promesas fáciles. Dijimos que iba a costar mucho, que íbamos a recibir un país en ruinas (lo que recibimos fue peor de lo que nos imaginábamos). Pero pusimos el alma en la cancha, recuperamos el país he hicimos el mejor gobierno que se conozca hasta ahora. Y lo repetimos para que quede claro, porque no somos autocomplacientes: hay que hacer más, hay que hacer mucho más. En tres años, la indigencia se redujo a menos de la mitad, y la pobreza, disminuyó en casi un tercio. Hoy hay 350mil pobres menos y 80 mil indigentes menos que en el año 2005. Pero no nos conformamos con esto, y hoy estamos pidiendo el voto a nuestro pueblo para cumplir con otras metas, como reducir la pobreza otros 10 puntos por lo menos y tratar de superar por completo la condición de indigencia, de miseria, de pobreza profunda. Lo que significaría tener, aproximadamente, 350.000 pobres menos en los próximos cinco años y eliminar por completo la indigencia que lamentablemente todavía nos queda, unas 80.000 personas en esas condiciones. Y si lo que hicimos nos permitió llegar a todos los gurises escolares con una computadora, habrá que ver como ampliamos el Plan Ceibal. Un Plan Ceibal que tiene una relación muy estrecha con el combate a la marginación, a la exclusión, porque es absolutamente inclusivo y también colabora en la solución de otros problemas de índole social como la violencia, la droga, etc. En materia de educación nos proponemos seguir impulsando cambios muy importantes. Mujica señalaba recientemente las escuelas de tiempo completo en zonas de contexto crítico, y Astori agregaba que hay que localizarlas en las zonas de contexto crítico, cosa que hasta ahora ha mostrado deficiencias. Acercar la enseñanza secundaria al mundo del trabajo, modernizar la enseñanza superior vinculándola al impulso a las actividades de innovación, de progreso científico y tecnológico. Pero también en el próximo período queremos mejorar el Plan de Asignaciones Familiares, con nuevos programas para niños, jóvenes, para madres solas al frente de hogares monoparentales con dificultades no solo en materia laboral sino en condiciones de vida.
En resumen, demostramos que un gobierno de izquierda sabe manejar la economía y que, incluso, lo hace mejor que gobiernos de otros signos. Como decía Tabaré, “la tarea que la ciudadanía nos encomendó y que emprendimos es, metafóricamente, reconstruir la casa con la gente adentro. Este país, si lo asimilamos a un edificio, estaba partido desde el techo hasta las paredes y hasta los cimientos. Había muchas urgencias, muchas esperanzas, muchas necesidades. En ese clima, comenzamos a reconstruir el país. Claro, hubiera sido muy lindo y muy bonito, para aquietar esas inquietudes y esas necesidades, que hubiéramos tapado las rajaduras de las paredes con un poco de hormigón, un poco de mezcla, enduido, pulimos, pintamos y en poquito tiempo hubiera estado hermosísimo. Y muchos hubieran aplaudido, hubieran dicho: “vieron, qué rápido arreglamos la cosa”. Pero hubiera venido cualquier vientito, cualquier temporal, y hubiera vuelto la rajadura a peligrar la vida de quienes vivían adentro.” Sin embargo, fuimos capaces de realizar esa tarea tan difícil. Fuimos al fondo y reconstruimos los cimientos, y esa solidez es la que nos permite hoy estar seguros de que el próximo gobierno frenteamplista va a ir a más, y que lo mejor está por venir.

jueves, 6 de agosto de 2009

LO QUE NOS HUBIERA SUCEDIDO, LO QUE NOS PUEDE ESPERAR



El desbarajuste político, económico, administrativo y social al que llevaron en nuestro país los distintos desgobiernos, blancos, colorados, verdes y rosados, hicieron que el Uruguay que encontrara el Frente Amplio al llegar al gobierno por primera vez fuera mucho peor de lo que se lo había imaginado. De manera que no es muy disparatado imaginarse -al menos como ejercicio teórico- cual hubiera sido la situación hoy si en lugar de acceder al gobierno el Frente Amplio hubiera ganado el partido rosado.
LO QUE HUBIERA SUCEDIDO
En primer lugar, tenemos derecho a suponer que de haber ganado el Partido Nacional hubiera arrancado el gobierno con un ajuste fiscal, y no con un Plan de Emergencia como comenzó el nuestro. Y no solo porque sistemáticamente los anteriores gobiernos han comenzado con un ajuste fiscal, sino porque además lo han reclamado apenas comenzó a tener efectos la crisis en nuestro país, además de anunciar que el próximo gobierno necesariamente deberá comenzar su gestión con un ajuste de ese tipo. Recordemos que el ajuste fiscal con que comenzó el gobierno del hombre de la motosierra, determinó una caída del salario real que solo pudo recuperarse al final del período en un 3%. Aunque hay que tener en cuenta que los sectores que pudieron conservar su salario, no lo hicieron gracias a la política salarial del gobierno, sino a pesar de ella. La política salarial del gobierno blanco castigó a los trabajadores, y si algunos pudieron defender su salario fue porque sus organizaciones sindicales lograron mantener los niveles de ingreso. Comparemos esto con la recuperación de un 30% de salario real ocurrida durante nuestro gobierno. Tenemos derecho a suponer también que no se hubieran convocado los consejos de salarios, con lo cual la recuperación salarial no hubiera llegado nunca a los niveles que llegó en nuestro gobierno. Y es fácil suponer que no se hubieran convocado, porque fue justamente el Partido Nacional el que dejó de convocarlos cuando el gobierno del Dr. Lacalle, y la medida se mantuvo durante los gobiernos de Julio María Sanguinetti y de Jorge Batlle (que contó con el apoyo de Lacalle). La ausencia de los consejos de salarios durante el gobierno blanco determinó que los trabajadores que los trabajadores del Estado (salvo los bancarios) terminaran perdiendo salario. “Ellos hacen como que trabajan y yo hago como que les pago”, era la ingeniosa frase del hombre de la motosierra, ¿recuerdan? En el gobierno del Frente Amplio, con la convocatoria de los Consejos de Salarios, y con la inclusión de los trabajadores públicos, los asalariados rurales y trabajadoras domésticas, la recuperación fue para todos los trabajadores y, al contrario que en el gobierno blanco, los salarios más sumergidos recuperaron más. Con la política neoliberal seguida por el gobierno blanco, seguramente se hubieran perdido muchos puestos de trabajo (durante el gobierno de Lacalle se perdieron 90 mil puestos en la industria), producto de una multiplicación de las importaciones, lo que tenemos que comparar con los 198 mil puestos de trabajo de calidad creados en el gobierno del FA. Y es que durante nuestro gobierno se produce un crecimiento de la industria, mientras que en el gobierno de Lacalle el PBI industrial se redujo del 25% del producto a poco más del 16% al final del período. El ajuste fiscal con el que hubiera comenzado un gobierno blanco, hubiera hecho descender la inversión en educación y en salud. Y aunque luego hubiera aumentado algo (como sucedió en el gobierno de Lacalle, en un 15%), nunca hubiese llegado a los niveles que se aumentó en nuestro gobierno, un 60%, cuatro veces más.
Seguramente el país hubiese crecido, debido fundamentalmente a la coyuntura internacional, pero tenemos derecho a pensar que ese crecimiento no se hubiera reflejado en el gasto social. Durante el gobierno blanco el producto creció (ni cerca de lo que creció en el gobierno del FA), pero el gasto público social lo hizo apenas, lo que llevó a la exclusión social de una gran parte del pueblo uruguayo. Durante nuestro gobierno, el crecimiento económico se transformó en más salarios, más empleo, mayor gasto social, Consejos de Salarios y diversas leyes y normas de protección a los trabajadores, como la de fuero sindical y regulación de las tercerizaciones, políticas sociales, acceso a servicios de salud, nueva red de protección social y educación, plan ceibal, etc.
Ni que hablar que la política internacional no hubiese sido la misma. Ellos se han manifestado contrarios al acercamiento con los países hermanos de Latinoamérica. Seguramente tendríamos un TLC con los Estados Unidos y hubiésemos sido arrastrados por la crisis mundial detrás del gigante del norte. Y en consecuencia, tampoco estaríamos en el MERCOSUR, a donde va dirigida la mayor parte de nuestras exportaciones con valor agregado. Consecuencia de lo cual habríamos tenido cierre de industrias y pérdida de fuentes de trabajo y más pobreza y exclusión.
¿Y AHORA?
Pero de todo eso por suerte nos salvamos. El pueblo uruguayo le dio la oportunidad al Frente Amplio y este demostró que valía la pena y no defraudó la esperanza. No se trató de un simple cambio de elenco en el gobierno, sino que marcó el inicio de un nuevo proyecto de país, inclusivo y democrático, centrado en el desarrollo integral, el trabajo y el bienestar de todos y todas las uruguayas, como dice nuestro programa. Pero ese proyecto que se inició necesita ser continuado y profundizado para que los cambios sean irreversibles. Las propuestas elaboradas entre todos los frenteamplistas en el Congreso Zelmar Michelini van en ese sentido, porque queremos seguir combatiendo la pobreza y la indigencia, pero sobre todo queremos profundizar en la redistribución de la riqueza. Y para eso tenemos propuestas concretas que deberemos desarrollar ante la población toda. La simple comparación de nuestras propuestas con las del Partido Nacional es un arma contundente para obtener el voto de los indecisos. Basta recoger la pobreza (y en más de un caso la bajeza) de sus argumentos y contrastarlos con los nuestros. El ex presidente intenta mostrar una imagen moderada para captar votos del centro, pero no puede con su genio y a diario muestra la hilacha. No titubeó en un antipatriótico llamado a los inversores para que no vinieran al Uruguay (aunque no fue escuchado, las inversiones siguen viniendo), y luego salió con su idea de la motosierra para recortar el gasto. Ahora, se le ocurrió la genial idea de “instalar al lado de los asentamientos, unidades en las cuales las personas que allí viven puedan darse un baño, cortarse el pelo y acceder a asistencia médica mientras se le construyen nuevas viviendas”. Esta pueril (por decir uno de los adjetivos más políticamente correctos que se me ocurren) idea tiene un objetivo que no lo es menos: “mostrarles que se puede acceder a ese tipo de vida”, “iniciar un círculo virtuoso” e incorporar “hábitos” en ese sector de la población para así evitar que Uruguay tenga “una sociedad latinoamericana típica”. Es decir, combatir la pobreza maquillando a los pobres para que no lo parezcan, y menos que se parezcan a un latinoamericano típico.
Salgamos a la calle con nuestro programa y mostrémosle a la gente las enormes diferencias de propuestas. A ganar en primera vuelta, no hay vuelta.

sábado, 1 de agosto de 2009

NO LO DECIMOS NOSOTROS


Muchas cosas diferencian a nuestro gobierno del gobierno del Partido Nacional. Una diferencia no menor, es el apoyo popular con el que cada uno llegó a ser gobierno. Hay que recordar que en 1989 aún no se había reformado la Constitución de la República y regía la Ley de Lemas, y por lo tanto no había balotaje, es decir, el Partido que obtenía mayor cantidad de votos era el que accedía al gobierno. El Partido Nacional ganó las elecciones en 1989 con 765.990 votos (el 37.25%). Nuestro Frente Amplio accede al gobierno en 2004 con el 50.45 % de los votos emitidos, alcanzando la suma récord de 1.124.761 votos sobre un total de 2.229.611 de sufragios. Y hay que recordar también que ese mismo Partido Nacional que accedió al gobierno con un 37.25%, cinco años después, en las elecciones de 1994, descendió al 29.75% y obtuvo 633.384 votos. Aquello de que “con los blancos se vive mejor”, parece que no fue bien percibido por la mayoría de los uruguayos, ni siquiera por los mismos que pensaban que se iba a vivir mejor y los votaron en el 89. Si comparamos esto con la imagen pública que tiene hoy nuestro gobierno, que es bastante superior a la que el Frente Amplio obtuvo en las elecciones de 2004 (un 55% manifiesta que aprueba la gestión, un 22% ni la aprueba ni desaprueba y un 21% la desaprueba), podemos concluir fácilmente que obtendremos un segundo triunfo en octubre y también en primera vuelta, o lo que es lo mismo, que el Partido Nacional saldrá derrotado. Y en esto no estamos solos. La opinión es compartida por amplios sectores del Partido Nacional, encabezados por el Dr. Larrañaga, quien dijera hace poco más de un mes que “Si en junio vencen los extremos, (lease Lacalle –Mujica) se prolongará la estadía de la izquierda en el gobierno”. Y Larrañaga se basaba en las percepciones que el mismo había obtenido en sus recorridas por el país. En un reportaje aparecido en “La Democracia” del 25/06/09, el ahora candidato a vicepresidente decía: “Yo he estado en 700 asambleas en los últimos 180 días; he estado con unas 120 mil personas. Es mucha gente con la cual uno ha hablado. Y de todas esas conversaciones se extrae la conclusión de que seguramente todos los votantes de Lacalle en la interna votarían a Larrañaga en octubre, pero quizás no todos los votantes de Larrañaga terminen votando a Lacalle si él ganara la interna. Eso nos lo expresan”. Es decir, no lo decimos nosotros, lo dicen ellos.
EL NEOLIBERALISMO
Lo que en el fondo está en debate, es la diferencia esencial entre los gobiernos de derecha y neoliberales que han asolado los países de América Latina y el mundo en las últimas décadas, y la nueva ola de gobiernos progresistas y de izquierda que se instauró en los últimos años. Gobiernos que han venido a demostrar en la práctica que se puede alcanzar el gobierno y desarrollar políticas sociales en sintonía con las naturales aspiraciones de sociedades que históricamente han vivido expoliadas hasta en su propia dignidad. En el nuevo escenario regional y continental, estamos observando procesos de cambio político importantes, los partidos de izquierda se han convertido en nuevas opciones para gobernar. Y esto ocurre en forma muy especial en los países donde se ha impulsado las políticas neoliberales que han provocado un grave deterioro económico, mayores desigualdades y descalabros sociales y ambientales. Pero además, estamos ante la presencia de movimientos sociales fuertemente organizados y con una gran capacidad de movilización, que no solo han propiciado la retirada de los gobiernos neoliberales, sino que han demostrado su fuerza en defensa de gobiernos que han intentado ser derrocados por la intervención de los Estados Unidos, los militares y los grupos de poder, como hemos visto en Venezuela, Bolivia y ahora en Honduras.
El neoliberalismo ha debilitado los aparatos económicos de nuestros países, reduciendo la capacidad de sus principales motores de crecimiento. Simultáneamente ha arruinado a miles de productores de distintos sectores y ha excluido a la mayoría de la población de los supuestos beneficios de este esquema de economía. Miles de trabajadores y trabajadoras se vieron forzados a incorporarse al sector informal, o se vieron sometidos a formas de flexibilización laboral que precarizaron sus condiciones de trabajo. Mientras las actividades especulativas, especialmente financieras, de servicios y del gran comercio de importación y exportación pasaban a predominar en la economía. Esto ha generando un reducido circulo de grandes empresarios que aprovechándose del Estado, y vinculado a las transnacionales, a los bancos extranjeros y los grandes medios de comunicación, se han configurando en grupos de poder que concentran cada vez más las riquezas de nuestros países. El neoliberalismo ha deteriorado las condiciones de vida de los asalariados agropecuarios, industriales y de servicios, de empleados privados, estudiantes, maestros y capas medias en general, y muchos trabajadores estatales han perdido sus empleos a causa de las privatizaciones de las empresas públicas más rentables. El desastre económico al que ha conducido la apertura comercial, las privatizaciones y la desregulación por el neoliberalismo, ha traído consigo el desempleo masivo y la emigración a los centros urbanos y el exterior de millones de personas por falta de oportunidades de trabajo y condiciones de vida dignas. La pobreza y la exclusión social son muy graves en nuestros países, la desigualdad económica y social se ha acentuado, la destrucción y deterioro de los recursos naturales y del medio ambiente, siguen generando una precaria gobernabilidad. Con el esquema neoliberal, se expandió una ola de violencia en general y delincuencial en particular, la corrupción estatal y privada, el narcotráfico, el lavado de dinero y el crimen organizado, son parte inherente del neoliberalismo. Esto ha arrastrado a nuestros países a una situación de inseguridad ciudadana que ha desbordado la institucionalidad estatal y presenta grandes limitaciones para cubrir las tareas básicas de seguridad pública, así como para satisfacer el derecho de los pueblos a una eficiente y eficaz atención en educación y salud. En resumen, el neoliberalismo ha acentuado la división social y aumentado la marginación y la consecuente “polarización social” que es la causa fundamental de la “polarización política”, ha debilitado profundamente los procesos de democratización en marcha y la frágil institucionalidad de los países. Fundamentalmente son tres los graves problemas provocados por la aplicación de las políticas neoliberales: la falta de una verdadera democracia ciudadana, la mayor desigualdad económica y la pobreza y exclusión social.
POR LA VUELTA
Ahora el mundo está inmerso en una gran crisis, y como en toda gran crisis, junto a la radicalización de los explotados y oprimidos, se produce el recrudecimiento de las alas extremas de la derecha, que temen perder nuevas franjas de poder y deciden pasar a la ofensiva antes de que sea demasiado tarde, contando con sus fuerzas económicas, sociales y políticas para ganar posiciones. En nuestro país, esa derecha (que en caso de ganar en octubre nos harían retroceder a la situación que describíamos más arriba) está representada nítidamente por los sectores que salieron triunfantes dentro de los partidos tradicionales en las pasadas elecciones internas, es decir, Pedro Bordaberry y Luis Alberto Lacalle. Y esto no lo decimos nosotros. En junio, Emiliano Cotelo entrevistaba a Jorge Larrañaga, y este decía: “Es la percepción que tiene la gente de la postura y el proyecto del doctor Lacalle. Es evidente que de su gobierno, del período 90-95, quedan lecturas en el imaginario de la gente hay la percepción de un gobierno que tuvo posturas conservadoras, de derecha, que no estuvo de acuerdo con la negociación colectiva, con los Consejos de Salarios, que en el sector productivo tuvo atraso cambiario, ajuste fiscal, políticas que desde muchos sectores políticos del país se decía que eran muy cercanas a posturas neoliberales, con una conducción que muchas veces terminó siendo soberbia y distinta. (…). El doctor Lacalle ha venido haciendo enormes esfuerzos por maquillarse con una postura de centro; pero si centro es tener el influjo económico de las posturas de De Posadas, de Caumont o de Végh Villegas, quizá yo esté equivocado, si me demuestran lo contrario”.