jueves, 22 de abril de 2010

SIN TRAMPAS AL SOLITARIO


En el comienzo de una de las últimas audiciones en M24, el presidente de la República dijo que iba a tocar “un tema de enorme profundidad” que, desde su punto de vista, “parece olvidado porque tiene ribetes que para mucha gente son feos. Y como son feos hacemos que no los vemos o no los queremos ver”. Y tiene razón Mujica. Hay temas que no se pueden soslayar, y menos cuando es el propio presidente quien los instala en la agenda para que sean discutidos, así que me voy a referir a sus planteamientos.
Mujica se refirió a las FFAA y la importancia que estas tienen dentro de una sociedad. Dijo que “ningún economista del mundo” puede garantizar que no habrá una nueva crisis mundial como las que se dieron a lo largo de la historia. “Es prudente que pensemos que eso que ha pasado puede volver a pasar y nos tenemos que hacer una pregunta: ¿cual es la última garantía de una sociedad para asegurar la democracia de derecho?”, interrogó; y se respondió: “la gran garantía es que los cuerpos armados en la hora de las tensiones sociales defiendan la estabilidad institucional”.
Es verdad lo que dice Mujica acerca de las crisis mundiales. Es más, lo que se puede garantizar es que sí habrá nuevas crisis, mientras el sistema capitalista siga existiendo. Ahora bien, la respuesta que se da a su propia pregunta, de ninguna manera es compartible. La última garantía para asegurar la democracia es que esté asentada sobre bases sólidas, en las que el pueblo consciente y educado para la democracia, sea el verdadero protagonista y el más interesado en defenderla. Un par de ejemplos bien sencillos y conocidos por todos nosotros, son ilustrativos al respecto. Ejemplo 1 – Venezuela 2002: las cámaras empresariales, junto a sectores de la iglesia y con el apoyo de los EEUU, dan un golpe de estado, el que es ejecutado por los militares; quien defiende la democracia -y sale a las calles a hacerlo, desafiando a las fuerzas armadas- es el propio pueblo, que finalmente triunfa y repone a su legítimo presidente (volcando a buena parte de las fuerzas armadas a favor de la democracia). Ejemplo 2: Uruguay 1973: crisis en curso, peligra la democracia, las fuerzas armadas se inmiscuyen en la política y desaprueban el nombramiento del ministro de defensa. El presidente Bordaberry (futuro dictador) convoca al pueblo a la plaza Independencia y concurren unas 200 personas. Las fuerzas armadas dan un golpe de estado, se quedan 11 años en el poder, asesinan, torturan, roban niños, hacen desaparecer, violan los derechos humanos. Entonces, ¿de dónde saca nuestro presidente –con todo respeto lo pregunto- que los cuerpos armados son la garantía de la estabilidad institucional a la hora de las tensiones sociales?
OJALÁ LO FUERAN
No hablamos desde el “antimilitarismo vulgar”, aquel que bien criticaba Rodney Arismendi; porque sería olvidar o soslayar los nombres de militares tan queridos para nosotros, como Artigas, Líber Seregni, Oscar Baliñas, Víctor Licandro y tantos otros en nuestro país, pero también de países hermanos, como Bolívar, Sandino y muchos mas.
Tal vez lo que el compañero Mujica haya querido expresar, sea un íntimo deseo. Y en eso podemos coincidir. Sería muy bueno que las fuerzas armadas uruguayas fueran una (no la última ni la única) garantía de la estabilidad institucional. Pero para que eso sea posible no es válido cualquier camino. No es por el camino de hacer de cuenta de que aquí no pasó nada. Para empezar, es necesario limpiar a las fuerzas armadas de todos aquellos elementos que son los que han provocado que hoy el pueblo las mire con desconfianza. Y para ello, los culpables de la ignominia cometida contra el pueblo uruguayo deben ser sometidos a la justicia como los delincuentes que son (junto a los civiles que los acompañaron).

Pero además, las fuerzas armadas como cuerpo deberían tener la actitud de arrepentimiento que hasta hoy no han demostrado. Basta ver los discursos de los 14 de abril para darse cuenta que, con militares que siguen considerando –a 25 años de recuperada la democracia- que todavía están en guerra (y recordemos que la guerra fue contra el pueblo), no está garantizada ninguna estabilidad institucional sino todo lo contrario. Y no hablo solo de los discursos. Hay que entrar en la página www.ejercito.mil.uy para ver lo que piensa el ejército sobre algunos acontecimientos del pasado reciente. Allí se hace una reseña histórica del Regimiento Nº 9; y llegado al año 1972 dice lo siguiente: “El 7 de abril de 1972 (debió decir el 17 de abril). El Capitán Wilfredo J. Busconi es herido de bala durante un enfrentamiento armado que se produjo en el local de la Seccional 20ma. del Partido Comunista en la calle Agraciada y Valentín Gómez. Ocho militantes sediciosos fueron muertos en esa acción”. Es decir, es un ejército que miente descaradamente, puesto que todo el mundo sabe que allí no hubo ningún enfrentamiento armado con ningún sedicioso, sino un vil asesinato de ocho obreros comunistas desarmados. ¿Es este el ejército que nuestro presidente considera la última garantía de defensa de la estabilidad institucional? Seguramente que no. Hemos de suponer que está pensando en unas fuerzas armadas diferentes, depuradas de las rémoras fascistas y retrógradas de otras épocas.
Oscar Arias (presidente de Costa Rica), en su polémica carta a nuestro presidente, decía así: “En gran parte del mundo, y sobre todo en América Latina, las fuerzas armadas han sido la fuente de la más ingrata memoria colectiva. Fue la bota militar la que pisoteó los derechos humanos en nuestra región. Fue la voz del general la que pronunció las más cruentas órdenes de captura contra estudiantes y artistas. Fue la mano del soldado la que disparó en la espalda del pueblo inocente. En el mejor de los escenarios, los ejércitos latinoamericanos han significado un gasto prohibitivo para nuestras economías. Y en el peor, han significado una trampa permanente para nuestras democracias.” Y aunque muchos no compartan su propuesta de eliminar nuestras fuerzas armadas, seguramente serán pocos los que puedan contradecir lo que acabo de transcribir.
El presidente Mujica dice que “así como se precisan médicos y enfermeros, se precisa gente armada porque a veces el peor enemigo del hombre es el propio hombre”, y uno puede estar de acuerdo con eso. Pero los médicos y los enfermeros que se necesitan son aquellos que han sido preparados para servir a la sociedad, conscientes de la función social que deben cumplir, conscientes de que obtuvieron un título gracias al esfuerzo de toda la sociedad para brindarles una educación que luego sea revertida a esa misma sociedad. Hubo médicos que colaboraron con la dictadura, y que sus conocimientos científicos los utilizaban para decir si era posible seguir un poco más con la tortura o no, o para expedir un certificado de defunción que ocultara la muerte por torturas. No es ese tipo de médicos que necesita la sociedad. De igual manera, la gente armada que se precisa es la que cumpla con esos requisitos. Gente armada que sea consciente que las armas que la sociedad les entregó es para protegerla, y no para atacarla.
Y para eso falta aún cumplir algunas etapas: a) reconocimiento público y arrepentimiento por la agresión contra el pueblo uruguayo; b) exposición pública de la verdad sobre todo lo ocurrido, incluyendo el paradero de los uruguayos desaparecidos; c) anulación de la ley de impunidad, como actitud política previa del Uruguay entero, como sociedad ante el mundo; d) acción irrestricta de la justicia, y condenas acordes con los delitos cometidos. La responsabilidad por las dos primeras cosas corresponde a las fuerzas armadas. La tercera, es responsabilidad del gobierno y del Parlamento uruguayo, y en primer lugar del Frente Amplio porque cuenta con las mayorías para hacerlo. La historia será implacable con quienes no asuman esta responsabilidad.
Si estos pasos son dados (no importa el orden), los uruguayos estaremos en condiciones de analizar las propuestas de nuestro presidente. Hacerlo antes, es hacernos trampas al solitario; y cuando uno se hace trampas al solitario, cree que ganó, pero en realidad ya perdió antes de terminar la partida.

jueves, 15 de abril de 2010

LA DERECHA SE MUEVE


Tras un período prolongado en el que se pudo constatar un avance de las ideas progresistas en todo el mundo, ahora es posible ver –no comienza ahora, sino que se hace más visible- una contraofensiva de la derecha que no conviene tomar a la ligera. Entre otras razones, porque parece claro que esta derecha del siglo XXI es capaz de usar los métodos que otrora fueron prácticamente exclusivos de la izquierda (marchas, manifestaciones, etc.), pero además, porque sus recursos son infinitamente más poderosos que los de las fuerzas populares, aún cuando estas últimas estén en el gobierno. Pero además, porque uno de los elementos característicos es el tema de la agresividad de la ofensiva derechista. Son los casos de la derecha republicana en EEUU, de la oposición en Argentina, de la derecha berlusconiana en el poder en Italia, de las derechas reaccionarias insurgentes en Bolivia o Venezuela, y tantos otros ejemplos que muestran la reacción visceral y violenta de esa derecha mundial ante el mínimo avance, no ya de fuerzas revolucionarias, sino simplemente progresistas.
AL NORTE
En España, se ha llegado al límite ridículo – y dramático a la vez-, que tiene atónitos no solamente a los ciudadanos españoles decentes, sino a los del mundo entero, mediante el cual un juez de reconocido prestigio internacional como Garzón puede ser procesado -con casi total seguridad- por abrir una causa sobre el franquismo, en la que sus acusadores son la extrema derecha española (entre ellas Falange, la organización que sirvió de sostén ideológico y organizativo al régimen franquista). Lo que se intenta es que la Justicia no investigue los crímenes del franquismo, pero la campaña en contra del juez Garzón arreció hace poco más de un año a raíz de que el magistrado destapara el caso Gürtel, la red de corrupción en la que resultaron implicados dirigentes del PP de Madrid y Valencia. Pero por otra parte, cualquier medida del actual gobierno socialdemócrata español, sean leyes ampliando los derechos de minorías como los homosexuales o los inmigrantes, de ampliación de la ley del aborto, la retirada de Afganistán, o incluso una simple y tímida ley antitabaco han sido objeto de unas campañas mediáticas de un carácter manipulador y nauseabundo.
En Italia, Berlusconi ha obtenido de diputados una nueva ley que, en los hechos, al establecer la suspensión automática de los juicios por delitos punibles con menos de diez años de cárcel; estaría protegiendo al propio Berlusconi frente a los casos de corrupción que hay abiertos contra él.
Si alguien soñaba con la esperanza de un cambio progresista en Estados Unidos, con la elección de Obama como presidente, seguramente ya se habrá despertado. Nada ha cambiado. Obama inició su gestión con algunos anuncios progresistas como la anulación de las torturas por parte de la CIA o el cierre de Guantánamo. Pero se aclara que son anuncios y no medidas concretas, y esto es parte central de la gestión Obama: hacer anuncios progresistas que los medios hegemónicos reproducen, mientras en realidad se aplican medidas conservadoras, o se mantiene todo tal como está. Guantánamo sigue igual, sigue siendo un centro de torturas con la excusa de la lucha contra el terrorismo, pero su cierre fue noticia en todo el mundo. Las agresiones contra Afganistán e Irak continúan, y Obama estrenó su premio nobel de la paz viajando a Afganistán por primera vez y de manera sorpresiva, y desde allí volvió a manifestar su compromiso con la guerra y 3 días más tarde se lanzó una nueva gran operación en la ciudad de Kandahar. Al día siguiente la noticia fue que el presidente de EEUU impulsa la exploración petrolera de 1 millón de kilómetros cuadrados de plataforma marítima, un proyecto que había fomentado Bush durante su gobierno y que el propio Obama había criticado por sus consecuencias ecológicas. Obama tal vez afecte los intereses de algunas aseguradoras de salud (y esto despierta la furia de la ultraderecha republicana, que concurre armada a los actos en contra de la reforma de la salud), pero a la semana siguiente fortalece su alianza con los dos grandes sostenes del poder imperial: el militar industrial y el petrolero.
AL SUR
El arma principal de la derecha son los medios de información, con los cuales intenta reforzar su hegemonía político-cultural. Por eso asistimos a un golpismo mediático que se concreta por medio de la desinformación, de la tergiversación de los hechos, del uso de calificativos sin sustento, de la sátira malintencionada, de la creación de miedos a la inseguridad, a las pandemias, a la crisis económica, todas las cuales no serían resultado del sistema capitalista sino del populismo y de la ineficacia y corrupción de los gobiernos que no son simples peones del capital financiero (como, por ejemplo, el de Venezuela, el de Cuba, el de Bolivia, el de Ecuador y hasta el moderadísimo gobierno de Argentina). De manera que la derecha cuenta, para su contraofensiva ante los avances populares, con los grandes medios de comunicación a su servicio, con el sistema financiero como respaldo, con los sistemas políticos y judiciales corruptos, y cuando esto no alcanza, con la fuerza bruta desembozada o encubierta bajo diversos disfraces. Como ejemplos paradigmáticos de esto último, están los de Honduras y Haití. En este último país, unos 12 mil efectivos de las Fuerzas Especiales y de los Marines desembarcaron supuestamente para proporcionar “seguridad”. Se ha anunciado ya el incremento del número de tropas de la misión de de las Naciones Unidas de “mantenimiento de la paz” de unos 9 mil a 12 mil 500 efectivos. Esta enorme ocupación militar no tiene el propósito de suministrar auxilio sino de suprimir disturbios de los trabajadores y pobres de Haití. En Honduras, lo que existe es una abierta dictadura militar disfrazada de gobierno civil. El informe de la CIDH no deja dudas: “condena y lamenta los asesinatos de tres miembros activos de la resistencia al golpe de Estado, registrados el último mes en Honduras. Asimismo, la CIDH deplora los secuestros, detenciones arbitrarias, violaciones sexuales y allanamientos ilegales de que han sido víctimas personas de la resistencia contra el golpe de Estado y sus familiares.
La virulencia de la campaña contra Cuba desatada por la derecha con la excusa del caso Zapata se enmarca en una campaña sistemática y sostenida que va de la mano con una campaña contra Chávez.
POR CASA
En nuestro país, blancos y colorados están muy preocupados porque el Parlamento discuta sobre la muerte por huelga de hambre de un preso común en Cuba, pero no se les ha escuchado una preocupación semejante por los asesinatos diarios que ocurren en Honduras por parte de la dictadura de ese país. Días pasados, el Canal 4 muestró varios cadáveres desparramados en la vía pública, en Honduras, e informó que fue a causa de “enfrentamientos entre bandas rivales”. La derecha uruguaya cuenta además con sujetos como Danilo Arbilla, que defiende al canal golpista venezolano y escribe sobre “…atropello de la dictadura venezolana, que no respeta ningún tipo de fronteras ni límites; ya sean en materia de libertades y derechos, como los territoriales". Es el mismo Danilo Arbilla que fue funcionario de confianza de la dictadura en uno de los períodos más violentos de la represión contra la prensa y contra la ciudadanía en general. Algunos de sus méritos: 14 clausuras definitivas de medios de prensa, 159 transitorias, la requisa de tres diarios extranjeros, de un libro y de una revista de la Unesco. Fueron presos dos directores de periódicos y dirigente de APU, mientras que dos de ellos marcharon al exilio, y en años posteriores murieron tres periodistas en la cárcel a causa de las torturas recibidas; así como decenas de periodistas fueron encacelados. Y este sujeto se permite hablar sobre democracia.

jueves, 8 de abril de 2010

LOS LÍDERES Y LOS PARTIDOS


El nuevo presidente del PT, Eduardo José Dutra (ex senador y ex presidente de Petrobrás) fue elegido por el voto directo de unos 500 mil afiliados. No es poca cosa, pero hay que recordar que en 1989, cuando Lula disputó por primera vez la presidencia del Brasil, el PT tenía unos 800 mil afiliados, sobre una población de 150 millones (hoy son más de 190 millones) En comparación, el Partido Socialista Unido de Venezuela, cuenta hoy con más de siete millones de afiliados (Venezuela tiene unos 28 millones de habitantes), y un casco permanente de alrededor de un millón y medio de militantes. El PT ya no es el partido de mayor importancia del continente. Como dice Luis Bilbao “Dos períodos de gobierno petista en Brasil significaron un salto adelante en la historia de los de abajo. Sus logros sólo pueden ser desconocidos por ideólogos de la reacción. No obstante, al cabo de ocho años, aparte de no haber resuelto innumerables problemas básicos, el PT no fortaleció la estructura partidaria, no desarrolló un proceso de organización de masas con ejercicio concreto del poder, no ganó más espacio social en capas explotadas y oprimidas y, en consecuencia, no cuenta seguro siquiera el voto de la masa beneficiada por su gobierno” (1)
Los logros no son pocos: 20 millones de personas salieron de la pobreza; 350 mil familias campesinas fueron asentadas; 215 mil jóvenes están cursando en escuelas técnicas que pasaron de 140 a 354 luego de invertir en ello 1.1000 millones de reales; los programas sociales recibieron una inversión de 33 mil millones de reales, 189% más que en el período anterior; se crearon 11 millones de empleos; la inflación cayó al 4,5%, mientras que el PBI creció un promedio del 3,1% anual; las reservas de moneda internacional pasaron de 37.800 a 236 mil millones de dólares.
Pero como contracara, entre otras cosas, luego de 30 años de vida del PT, ya no se percibe en su seno la abrumadora presencia obrera, sindical y juvenil de sus comienzos. Hoy en día, casi todas las empresas consultoras señalan algo que resulta impactante para todo el mundo: más del 80% de la población brasileña respalda a Lula. Algunos señalan que hasta ahora, en el mundo Brasil era sinónimo de Pelé; ahora el símbolo nacional es Lula. Pero la misma opinión pública (sin distinción de clases) que pone por el cielo la figura de Lula, denuesta al PT, lo cual constituye una carga demasiado peligrosa y pesada en la próxima campaña electoral. De hecho, la candidata del PT, Dilma Rouseff (una ex militante del socialdemócrata PDT de Leonel Brizola) cuenta con el 25% de aceptación, según las encuestas, 10 puntos por debajo de José Serra, el candidato del PSDB. No estamos diciendo que las elecciones estén perdidas.
OTRAS EXPERIENCIAS PREOCUPANTES
No deja de ser significativo que el primer gobierno progresista latinoamericano en caer haya sido el de Bachelet, precisamente el que aparecía más a la derecha en el continente. “Victoria histórica de la derecha", "punto de inflexión en la democracia chilena", expresiones como estas han servido para resumir el balance de las últimas elecciones en Chile, que han dado la presidencia del país a Sebastián Piñera –una especie de Berlusconi a la chilena, uno de los capitalistas más ricos de Chile, propietario de medios de comunicación y representante de la ultraderecha pinochetista.
El apoyo del pueblo chileno a la Concertación en sus inicios era lógico: era vista como un primer paso frente a la dictadura. Ya vendrían después mejoras en las condiciones de vida, los derechos democráticos y el castigo a los responsables de la represión bajo Pinochet. Si bien es cierto que la economía chilena ha crecido y ha habido mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores y las masas en general en Chile, no es menos cierto que las expectativas de cambio a la caída de la dictadura poco tenían que ver con los resultados que finalmente ha habido. De hecho, períodos como el gobierno de Frei se recuerdan sobre todo por la ola de privatizaciones. La elección de Bachelet en 2006 volvió a generar expectativas, pero al poco tiempo se enfrentó al movimiento de los estudiantes de secundaria, y a diferentes luchas obreras, la última de ellas en plena campaña electoral. Como dice Constanza Morerira (2), “el modelo "chileno" era usado, por los organismos internacionales, como una suerte de sermón admonitorio contra todas aquellas izquierdas que quisieran practicar heterodoxia y soluciones "antisistémicas". El caso chileno aparecía como un éxito, por su moderación ideológica, su apertura unilateral al mundo, y su "liberalismo". Buena parte de la izquierda odiaba ese modelo (aunque otra parte, sólo quería parecerse a él)”.
Michelle Bachelet entregó el mando a Sebastián Piñera con una popularidad de 84%. Ni siquiera el trágico terremoto que asoló a los trasandinos pudo disminuir la imagen de la mandataria. Pero luego de 20 años de gobierno progresista, la inmensa mayoría de los chilenos (46%) no simpatiza con ningún partido: un 26% simpatizaba con la Concertación, un 18% con la Alianza, y un 7% con la izquierda extraparlamentaria. Uno de cada cuatro chilenos no se identifica ideológicamente (38%): es decir, no sabe si es de derecha, centro o izquierda. Pero eso no es lo más grave. Las cifras de participación dicen mucho más. Chile es una democracia peculiar: si no te registras en el censo, no votas. De algo más de doce millones de potenciales votantes, sólo se inscribieron 7.145.485; menos que los inscritos para el plebiscito de 1988 (7.251.930). El censo lleva estancado veinte años. Si miramos a la juventud: ¡sólo un 19% de jóvenes hasta los 34 años se registró para votar!
¿Y POR CASA?
Al finalizar el mandato del compañero Tabaré Vázquez, su popularidad ascendió al 80%, la mayor con la que culmina su gestión un gobernante uruguayo desde que existen estudios estadísticos, según un informe de la empresa Fáctum y que difundiera el diario La República. El mayor respaldo proviene de las personas de edades entre 18 y 32 años, con un 85%. Por detrás aparecen las personas de más de 56 años (76%) y las que tienen entre 33 y 55 (70 %). Entre los votantes del Frente Amplio, la aprobación es del 96%, mientras que entre los seguidores de los partidos tradicionales (Colorado y Nacional), la popularidad llega al 63% y la desaprobación solamente al 19%.
Los logros de nuestro gobierno sería un despropósito señalarlos acá, ya que han sido ampliamente difundidos en las recientes campañas electorales, y sin embargo, a pesar de esos avances y de la popularidad del presidente, el Frente Amplio no pudo obtener el triunfo en primera vuelta, y descendió su votación con respecto al 2005.
El tema que habrá que discutir, una vez pasadas las elecciones departamentales y municipales, es lo que ya señalara María Luisa Battegazzore: “Lo que aquí interesa es que el peso del elemento personal aumenta en razón directa a la devaluación de lo colectivo y de lo programático. Quién lo hará importa más en la medida que se percibe menos claro, definido y firme el qué se hará.”(3). Importa y mucho, entonces, discutir acerca del FA que necesitamos, con la mirada en lo alto, con miras a fortalecer la estructura partidaria, y no en base a intereses coyunturales. Sobre todo porque como también dice Constanza: “…habremos de advertir que el derrotero de la izquierda chilena, a diferencia de otros (del boliviano, por ejemplo), es uno de los derroteros posibles de las izquierdas: sin ir más lejos de la nuestra, o de la brasileña. Es la izquierda administrando responsablemente el capitalismo: sin intentar "socialismos del siglo XXI"

(1) Dudas y certezas después de ocho años de gobierno de Lula – Revista “América XXI” Nº 50 – marzo 2010
(2) Chile: anatomía de una frustración – La república 25 de enero 2010
(3) La victoria electoral – quehacer.com.uy

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...