sábado, 24 de julio de 2010

NO REPETIR LOS ERRORES


La Mesa Política del FA propone basarse –para el análisis autocrítico de los resultados electorales- en el documento surgido del Congreso “Héctor Rodríguez”: “Fuerza política, gobierno, trabajadores y organizaciones sociales”, y nos parece acertado, ya que de ese documento hay muchas puntas de donde ir extrayendo conclusiones sobre lo que nos pasó.

EL RELACIONAMIENTO

El documento establece que las reglas de relacionamiento entre el gobierno y la fuerza política “…deben estar dirigidas a dotar de racionalidad y eficiencia a la relación entre ambos ámbitos, que, obviamente, comparten los mismos objetivos estratégicos”.

Lo que está claro, es que lo de compartir los mismos objetivos estratégicos no siempre fue tan obvio. En más de un tema (uno se cansa de reiterarlo, pero digamos: Tratado de Protección de Inversiones, TLC, envío de tropas a Haití, maniobras Unitas, etc.) parecía que los objetivos de nuestro gobierno y los de la fuerza política eran absolutamente diferentes (hablando en términos de lo establecido en el Programa). Parecería claro para todo frenteamplista -los de la primera hora y los más nuevos- que uno de los objetivos estratégicos del Frente Amplio es romper la dependencia con el imperialismo, en alianza con los hermanos de Latinoamérica. Sin duda que son muchas las referencias que avalan esta afirmación; en los documentos fundacionales ni que decirlo, pero –para aquellos que sostienen reiteradamente que la realidad cambia- también son abundantes las citas que remiten a este carácter antiimperialista y de unidad latinoamericana en el propio Programa con que el FA obtuvo el apoyo ciudadano en 2004. En ese Programa emanado del Congreso “Héctor Rodríguez”, señalamos por ejemplo que “…nos sumamos a la lucha por un nuevo orden internacional más justo y solidario, reafirmando nuestra clara postura antiimperialista”. También decimos En los comienzos del siglo XXI, dentro del bloque imperialista, Estados Unidos ejerce un poder político militar unipolar que le permite un creciente intervencionismo en diversas partes del mundo, desnudando sus intenciones de dominación y hegemonía a escala mundial”. Y allí señalamos muy claramente que “Deberemos enfrentar este mundo de bloques con un relacionamiento basado en la cooperación y en la unidad de América Latina, que permita un relacionamiento de nuevo tipo con los organismos financieros internacionales como el FMI, las transnacionales y con la potencia hegemónica”. Y por cierto que era bien claro respecto de los acuerdos con los EEUU: “…rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de país productivo”. Y sin embargo -como ya hemos señalado en artículos anteriores- la primera medida importante de nuestro gobierno (año 2005) fue protegerle las inversiones al imperialismo (Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU), e inmediatamente se puso a trabajar en procura de un TLC, lo que hubiera aumentado aún más nuestra dependencia y nos hubiera dejado fuera del MERCOSUR, exactamente al revés de lo que decíamos en el Programa.

Esto es, las reglas de relacionamiento entre la fuerza política y el gobierno, que supuestamente estaban dirigidas a dotar de racionalidad la relación al compartir idénticos objetivos estratégicos, estaban siendo violadas flagrantemente por nuestro gobierno al cambiar esos objetivos contrariando el Programa. Es verdad que el documento señala que “…en el Programa hay cosas centrales, otras no tanto y otras menores, secundarias…” pero las cosas de las que hablamos son justamente de las centrales.

LA FUERZA POLÍTICA ESTÁ OBLIGADA A CONTROLAR

Muchas veces hemos sentido, cuando marcamos errores y desvíos de nuestro gobierno, que se nos señala como que estamos poniendo palos en la rueda o que no hacemos otra cosa que criticar. Y esto por cierto que no es así. Siempre hemos señalado los aciertos de nuestro gobierno, y somos de los que constantemente hemos reclamado y promovido la movilización en apoyo a las medidas que consideramos justas y a favor de las grandes mayorías. Pero entendemos que el buen relacionamiento entre la fuerza política y el gobierno se debe basar también en un adecuado control del rumbo, porque todos somos responsables de la marcha de nuestro gobierno. Y no somos nosotros los que lo afirmamos. El propio documento que estamos analizando es bien claro al respecto. Porque allí se señala muy claramente que una responsabilidad central de la fuerza política, en relación con el gobierno, es la definición del Programa y el Plan de Gobierno, y dice: “Esto implica que la orientación programática, el contenido de la propuesta de gobierno a realizar son fundamentales para entender las políticas de relacionamiento…”…”Compete además a la fuerza política…la instrumentación de mecanismos orgánicos de contralor de la aplicación del programa, seguimiento permanente y respaldo al gobierno”. Y por si esto no fuera lo suficientemente claro, más adelante dice: “…la fuerza política es la responsable de su propuesta, su programa, sus candidatos, su equipo y su gestión. Ella es la que, a través de sus organismos, establece y fija las líneas generales de su Programa Nacional y Plan de Gobierno y dentro de ellas el gobierno de la fuerza política se tiene que manejar”.

Y el control de lo que hace el gobierno en función de los compromisos programáticos, está allí establecido como un “deber” de la fuerza política. Dice textualmente: “La fuerza política deberá evaluar, permanentemente, lo que realiza el gobierno en función de lo definido en las instancias orgánicas, y su compromiso con la ciudadanía”.

NO REPETIR LOS MISMOS ERRORES

Hemos dicho muchas veces que los desvíos que señalamos más arriba son en buena medida responsables del estado de desmovilización de los frenteamplistas y de los sucesivos retrocesos electorales. A nadie puede llamar la atención que los militantes de izquierda, que se comprometen con un Programa y que dan la batalla para conseguir que la ciudadanía lo apoye, se sientan luego defraudados cuando su propio gobierno toma un rumbo diferente.

Y lo que permite el ejercicio autocrítico de cualquier fuerza política es -al analizar los errores cometidos y sus consecuencias- evitar la repetición de los errores. Es por eso que no dejamos de advertir cuando vemos que nos estamos apartando del Programa o que lo estamos soslayando como si fuera algo secundario. Es justamente por eso que nuestro Partido promovió recientemente una discusión en lo que tiene que ver con cuestiones de economía política y con la inclusión de cuestiones programáticas en el próximo Presupuesto Nacional.

Porque como bien dice el documento que la Mesa Política Nacional propone analizar, “Nuestro compromiso con la ciudadanía toda es el de gobernar para todos los uruguayos, en base a las definiciones y prioridades de nuestro programa…”, y también “El principal compromiso contraído por un gobierno del Frente Amplio es de hacer un buen gobierno y, de acuerdo a su programa, hacerlo en beneficio de los más postergados y las grandes mayorías”.

Nadie debería sentirse molesto cuando señalamos cuestiones que se apartan de lo que entre todos hemos definido. En nuestro Programa actual, elaborado en el Congreso “Zelmar Michelini”, decimos que “En esta etapa, la profundización de las reformas estructurales hacen necesario habilitar los marcos normativos adecuados para procesarlas. Para ello, entre otras medidas, será necesario incluso convocar una Convención Nacional Constituyente dentro del primer año de gobierno”. Cuando entrevistan al presidente del FA y le preguntan acerca de la Constituyente, y éste dice que no es una prioridad, y que la idea es en los próximos años discutir con los partidos de la oposición que reformas se le pueden hacer a la Constitución, uno tiene todo el derecho de preocuparse y la obligación de señalarlo.

jueves, 15 de julio de 2010

EL DEBATE IDEOLÓGICO FRENTEAMPLISTA


Días pasados, en una entrevista radial, el compañero Danilo Astori dijo que "… nosotros tenemos que asumir que la primera obligación que tenemos los frenteamplistas es la de tener una discusión ideológica, una discusión profunda; qué significa ser de izquierda en el Uruguay de hoy, del siglo XXI; qué significa ser frenteamplista, entendiendo que el FA es la mayor síntesis política que logró la izquierda en la historia del Uruguay". Y creemos que es buena la propuesta de Danilo, en momentos en que –como lo marcó la Mesa Política Nacional- los frenteamplistas abordamos un análisis serio, franco, autocrítico, y con el mayor rigor político posible, de un período cargado de avances y éxitos pero que contiene también errores y retrocesos políticos y electorales. Creemos que la propuesta es buena porque en el fondo, la discusión que hay que dar en el FA debe ser profundamente ideológica.
La izquierda y el enemigo principal
Astori decía en La Diaria del 23 de junio- “…ser de izquierda es crear condiciones de justicia en la sociedad para quienes tienen una posición de mucha inequidad en el acceso a las oportunidades de la vida en materia de salud, educación, vivienda”.
De acuerdo; pero no sólo eso. Definir izquierda y derecha, implica tener en cuenta el papel del capitalismo y del imperialismo. Atilio Borón sostiene que no hacerlo es “…tan absurdo como el intento de un astrónomo que quisiera predecir el curso de los planetas prescindiendo por completo de tomar en cuenta al sol”.
Desde nuestro punto de vista, ser de izquierda y frenteamplista en la actualidad y desde siempre, significa ser antioligarcas y antiimperialistas, tal como se define el FA. En ese sentido, supone dar la lucha contra la mayoría de los dogmas que el sistema capitalista ha introducido en la conciencia de la gente, abordando con pensamiento crítico la batalla de ideas para desenmascarar los aparatos ideológicos de la dominación. En lo que refiere a nuestra realidad, no podemos olvidar que aunque llegado y permaneciendo el FA en el gobierno, subsiste la fuerte incidencia de sectores representantes de los intereses antipopulares.
¿Cuánto ha cambiado el mundo?
Muchos compañeros señalan –y con acierto- que el mundo ha cambiado. Nosotros estamos de acuerdo, lo único permanente es el cambio. Pero otra cosa es sostener –como se ha vuelto prácticamente una muletilla- que como el mundo cambia entonces todo debe cambiar. Ni es cierto que todo deba cambiar, ni tampoco que todo lo nuevo haya que incorporarlo como válido.
El término original de “izquierda” tuvo su origen en la Asamblea Legislativa francesa en 1791, donde los partidarios de la revolución y del cambio se sentaban a la izquierda y los conservadores partidarios de la monarquía, a la derecha de dicho recinto. Luego, la izquierda se asocia con la lucha por el progreso social, en defensa de los excluidos, y el concepto estuvo vinculado con las tres grandes revoluciones del siglo XX: la Revolución Rusa de 1917 y la posterior instauración del llamado socialismo “real” en la Unión Soviética y la Europa del Este, después de la Segunda Guerra Mundial; la Revolución China en 1948 y la Revolución Cubana en 1959, además de todos los movimientos de inspiración marxista-leninista en América Latina, África y Asia en la década de los sesenta y principios de los setenta, que luchaban por la descolonización y la independencia.
Y claro que el mundo ha cambiado, pero la izquierda actual continúa enfrentándose al viejo dilema que tanto preocupó a sus antecesores en los siglos XIX y XX. El sistema de explotación del hombre por el hombre, que Marx y Lenin estudiaron en profundidad -pero que también combatieron como revolucionarios- es el dominante hoy en la mayor parte de nuestro planeta, y es cada vez más despiadado y además está poniendo en peligro inclusive la propia supervivencia de la especie humana. Uno tiende a pensar entonces que el sueño de aquellos revolucionarios de los siglos pasados, de una sociedad verdaderamente humana, sin explotación, en lugar de estar perimidos van adquiriendo cada vez mayor vigencia.
Como Miguel D’Escoto -canciller nicaragüense- lo decía no hace mucho: “... El orden mundial existe basado en la cultura capitalista que equipara el ser más con el tener más, promueve el egoísmo, la codicia, la usura, y la irresponsabilidad social. Estos anti valores de la cultura capitalista han sumido al mundo en un enjambre de crisis convergentes que, de no ser eficazmente atendidas de inmediato, ponen en peligro la continuación de la propia especie humana y la capacidad de sostener la vida en la Tierra.” Y luego agregaba: “En el fondo de todas las diferentes crisis que enfrentamos yace una enorme crisis moral, una gran crisis de valores y principios éticos. Todos hemos traicionado los valores emanados de nuestras respectivas tradiciones religiosas o ético filosóficas. Nos hemos traicionado a nosotros mismos al caer en la tentación capitalista, y al asumir sus valores anti-vida, de odio y egoísmo, nos hemos convertido en los peores depredadores, enemigos de nuestra Madre Tierra, nos hemos deshumanizado...”
El mundo que pronosticaban los liberales de la época de Marx y Engels, un mundo en donde la riqueza generada por el capitalismo iría a ser distribuida más o menos armoniosamente entre todas las naciones y, dentro de cada una de ellas, entre todas las clases sociales; lo que llamaban la “sociedad industrial” y que creían que iba a ser una sociedad de clases medias en donde los sectores trabajadores estarían muy bien remunerados y las desigualdades de clase iban a desaparecer, simplemente nunca apareció, aunque muchos sostengan hoy eso mismo dentro de la propia izquierda. La evidencia empírica señala que la evolución ha sido en el sentido de lo que Marx y Engels planteaban en el Manifiesto, que la dinámica del capitalismo inexorablemente conduce a la polarización económica y social tanto en lo nacional como en lo internacional.
Superar errores es avanzar
Por cierto que habrá que analizar los errores cometidos y lo que hay que incorporar de nuevo, porque existen nuevos y grandes retos que es necesario afrontar. Lo peor sería pensar que todo ha estado bien y que la trayectoria de la izquierda es irreprochable. Si queremos seguir construyendo y desarrollando la izquierda para avanzar, habremos de despojarla de aquellos vicios que en tantos lugares la hicieron colapsar, pero sin abandonar sus valores fundamentales: la justicia social; el privilegiar lo colectivo por sobre lo individual; la equidad, es decir, la igualdad de oportunidades para todos, y la lucha contra todo tipo de explotación y de dominación, que sin duda, son principios irrenunciables. Porque de lo que se trata es de romper con el orden de cosas que hacen posible la acumulación de riqueza de una minoría a costa de la marginalidad, la miseria y la pobreza de la mayoría.
Por último, el pensamiento de esa izquierda en avance hacia el poder popular tiene que estar acompañado de la acción. Una “izquierda” que solo piense y enarbole argumentos y puntos de vista, pero no actúe políticamente, quedaría en la contemplación de los problemas. De nada sirve hacer revoluciones sólo en el papel, en la pantalla de la laptop o en el discurso. El vínculo entre el pensar y el hacer constituye un principio de la existencia de la izquierda como fuerza del cambio.

jueves, 8 de julio de 2010

¿HASTA DONDE AVANZAN LAS PROPUESTAS?


Muchos compañeros frenteamplistas, en momentos en que se está dando esta discusión fermental acerca del proceso electoral posterior a nuestra primera experiencia como gobierno, manifiestan que el resultado de todo esto no puede ser otro que la mayor participación del “pueblo frenteamplista” en las decisiones importantes. Y hasta aquí, no creo que haya demasiadas voces discrepantes. Todos queremos que el “pueblo frenteamplista” participe de las decisiones importantes. Los problemas surgen –desde nuestro punto de vista- cuando hay que entrar a definir los tres conceptos claves de esa consigna: 1) quien es el “pueblo frenteamplista”, 2) cuales son las decisiones importantes, y 3) de que forma se participa en esas decisiones.
COMO VENIMOS FUNCIONANDO
Hasta el momento, el funcionamiento del Frente Amplio tenía reglas claras y aceptadas por todos, y ese funcionamiento no ha sido tan malo (no queremos decir que sea perfecto ni que no haya que hacerle modificaciones). Ese funcionamiento fue el que nos permitió crecer como opción de izquierda en el 71, atravesar los oscuros años de la dictadura y aparecer con mayor fuerza que nunca una vez recuperada la democracia. Pero además, ese modelo de funcionamiento (el actual) fue el que nos permitió acumular fuerzas para llegar a nuestro primer gobierno frenteamplista, y eso sucedió hace apenas 5 años, de manera que no parecería una estructura tan vetusta y esclerosada como algunos pretenden. Pero aceptamos que cualquier forma de funcionamiento es perfectible, y que la realidad es dinámica (somos materialistas dialécticos), por lo tanto somos los primeros en promover los cambios, cuando estos van en el sentido de mejorar lo que tenemos.
EL PUEBLO FRENTEAMPLISTA
El Estatuto que hoy nos rige, define en primer lugar que es el FA: “El Frente Amplio, fuerza política de cambio y justicia social, creación histórica permanente del pueblo uruguayo, de concepción nacional, progresista, democrática, popular, antioligárquica y antiimperialista, se integra por todos aquellos sectores políticos y ciudadanos que adhieren a los principios y objetivos establecidos en la Declaración Constitutiva del 5 de febrero de 1971, en las Bases Programáticas y en el Acuerdo Político, conformando una organización con el carácter de coalición movimiento y que se comprometen al mantenimiento y defensa de la unidad, al respeto recíproco de la pluralidad ideológica y al acatamiento de las resoluciones tomadas por los organismos pertinentes según lo estipulado por el presente Estatuto. El mismo está abierto a la incorporación de otras organizaciones políticas y de los ciudadanos que comparten su misma concepción”. Y luego define al adherente: “Se considerará adherente o afiliado del Frente Amplio a toda persona mayor de 14 años que exprese su voluntad, firme su conformidad y asuma la obligación de respetar el Estatuto y las decisiones de las autoridades de la organización, manifestar el compromiso pleno con el Acuerdo Político, las Bases Programáticas, la metodología y la línea política del FA”. Ese es entonces -en el lenguaje de los Estatutos- lo que hoy consideramos el pueblo frenteamplista.
LAS DECISIONES
Luego, el mismo Estatuto establece cuales son las decisiones en las que puede participar el pueblo frenteamplista, y hasta donde sabemos, no hay ninguna decisión que de alguna manera le esté vedada. Ya sea por vía directa, o por delegación, el pueblo frenteamplista puede participar en absolutamente todas las decisiones (no dice cuáles son las importantes y cuáles no) que adopta su fuerza política.
Y también, por supuesto, el Estatuto establece muy claramente cuales son las formas en que la participación del pueblo frenteamplista puede darse.
Estas son las reglas de funcionamiento que nos hemos dado los frenteamplistas hasta ahora (siguen vigentes) y que todos hemos aceptado como válidas. Aunque no siempre todos las respetan, eso hay que decirlo.
¿QUÉ CAMBIOS SE PROPONEN?
Todavía no está muy claro cuales son las propuestas que vendrían a modificar lo que hoy tenemos. Respecto de que es lo que se considera el “pueblo frenteamplista”, por ejemplo, es dudoso. Recuerdo la entrevista que se le realizara a Danilo Astori en El Espectador, pocos días después de finalizado el Congreso del FA. Allí decía Astori: hay “...una distancia importante entre la estructura de los órganos de dirección del Frente y lo que podríamos llamar el “pueblo frenteamplista”. Y Emiliano Cotelo le pregunta: ¿Qué es el “pueblo frenteamplista”?, y Danilo responde: “El pueblo frenteamplista son los que votaron al FA en 2004, un millón largo de votantes; los que manifiestan en las encuestas de opinión hoy su intención de votar al FA; los que podrían participar en una interna, fácilmente no menos de medio millón de personas, 600.000 personas tal vez. Ahí hay una distancia importante”.
Danilo parte de la base que la actual estructura del FA toma decisiones que en realidad van a contrapelo de la gran masa frenteamplista. No se sabe de donde saca esa conclusión, pero lo dice. También parece que para que las decisiones adoptadas por el FA sean válidas, debería expresarse todo el “pueblo frenteamplista”, porque el sistema de representación al parecer genera una gran distancia con los órganos de dirección. El tema es saber como se pretende dar participación a un millón de personas en las decisiones más importantes de la fuerza política. Y lo que también sería bueno saber, es cuáles son esas decisiones importantes en las que el “pueblo frenteamplista” debería participar. Porque a uno le cuesta imaginar a un millón de personas discutiendo el Programa (como se discute hoy en la estructura actual); la admisión de un nuevo grupo en el FA, ¿será decisión de ese millón de votantes y de los que en las encuestas aparecen como con la intención de votar al FA? ¿o seguirá siendo potestad del Plenario Nacional? ¿Es o no importante esa decisión? La exclusión de un sector político, que solo puede decretarse por violación gravísima de la Declaración Constitutiva, Bases Programáticas, Acuerdo Político, Estatuto, lineamientos políticos o metodología del Frente Amplio, ¿es o no una decisión importante? ¿seguirá siendo potestad del Plenario Nacional por las mayorías establecidas, o pasará a ser decisión del millón?
Se pretende ser tan abarcativo, al punto de que las decisiones las tomen, no ya los afiliados al FA (como debe ser), sino que además deberían participar los que en las encuestas “manifiestan la intención” de votar al FA Claro que la cuestión de los números tampoco cierra, porque convocados a las internas, ese millón largo de votantes del que se habla no se interesó en participar; tampoco las 600 mil que podrían participar. En realidad fueron poco más de 400 mil, pero además confirmaron lo que el Congreso había resuelto Pero tampoco está claro cuáles son las “decisiones importantes” que deberían someterse a la decisión de ese “pueblo frenteamplista”. En primer lugar porque ya el pueblo frenteamplista en 2003 había elaborado un programa, y sometido al veredicto popular fue aprobado por ese millón largo de votantes, y sin embargo hubo quienes no tuvieron ningún problema en llevar adelante propuestas radicalmente contrarias a ese programa. ¿Será porque el programa no es de las cosas importantes?
CANDIDATOS
Todo parecería indicar que para muchos de los que quieren ampliar el espectro de quienes tomen las decisiones, lo importante sería que pudieran elegir a los candidatos. Lo que en principio no estaría aportando ningún elemento nuevo, ya que los candidatos (la fórmula) para las elecciones nacionales se resuelven por el voto popular a padrón abierto, así que no es por ahí que parece ir la cosa. De manera que parece ser que la “gran democratización” del FA pasaría por permitir que los candidatos departamentales sean electos por la masa frenteamplista directamente. Independientemente de que no es posible sostener que los fracasos electorales sucesivos del FA se deban a que los candidatos departamentales no son electos de esa manera (en octubre no se había producido todavía ningún problema en ese aspecto, y sin embargo no pudimos ganar en primera vuelta como en 2004), se nos ocurre que hasta la propia propuesta es limitada. Porque nadie ha planteado hasta ahora (permítaseme dudar de que suceda) que los candidatos sean propuestos por la masa frenteamplista. Lo que se propone, hasta ahora, es que los frenteamplistas puedan elegir entre el candidato A, B, o C que proponga la dirigencia. Hasta ahí parece que se llega con la propuesta de “la mayor participación del “pueblo frenteamplista” en las decisiones importantes”.

jueves, 1 de julio de 2010

NO OCULTAMOS NUESTRAS DIFERENCIAS





La política económica del actual gobierno es prácticamente la misma (en sus rasgos más generales) a la aplicada por nuestro primer gobierno. Y como nuestra crítica a la política económica de nuestro primer gobierno era por todos conocida, no entendemos el revuelo que se ha armado en torno al informe del último Comité Central del Partido. Algunos dicen que Lorier se quedó solo, y eso puede ser verdad o no (habrá que ver, estos procesos son dinámicos), en todo caso quien estaría solo sería el PCU, y no su secretario general, puesto que el documento que se conoció a través de la prensa es un documento partidario. Pero de cualquier manera no sería la primera vez. Ya en diciembre de 2005 Lorier –y nuestro Partido- estuvo solo oponiéndose a la protección de las inversiones del imperialismo, en una actitud por demás digna y decorosa, que nos llena de orgullo.
Y luego ya no estuvimos tan solos cuando nos enfrentamos –comenzado el 2005- a las intenciones del equipo económico de concretar un TLC con los EEUU. Allí otros sectores y personalidades del FA se sumaron, pero sobre todo las organizaciones sociales y sindicales que conformaron una Comisión de Defensa de la Soberanía para frenar el proyecto que –entre otras cosas- nos hubiera dejado expuestos ante la crisis mundial, que ya en ese entonces estábamos alertando. TLC que no era un tratado comercial como pretendían hacernos creer, sino que era una carta de garantía para la libre circulación y protección de capitales e inversiones de las corporaciones norteamericanas.
En 2008 estábamos menos solos aún. Ya no eran sólo los comunistas, ni las organizaciones de jubilados y de trabajadores que reclamaban incrementos de sus ingresos, o modificar al alza las pautas salariales oficiales. Ahora se sumaban dirigentes socialistas y del MPP que coincidían en señalar que las excelentes cifras de la macroeconomía no distribuyen por sí solas ni automáticamente la riqueza, y que el programa frenteamplista iba bastante más allá que lograr el crecimiento o atender la emergencia social. En los pasillos del Palacio Legislativo circulaba una expresión atribuida al diputado Edgardo Ortuño: “Si no cumplimos con lo prometido, no hay candidato que nos salve”.
Nunca ocultamos nuestras discrepancias, sino que las fuimos poniendo en claro para que fueran discutidas en la fuerza política y en el gobierno, porque para nosotros esa es la forma de corregir el rumbo, y no diciendo amén a todo. Por eso manifestábamos nuestras críticas y destacábamos lo que se hacía bien, como debe ser. En junio de 2006 decíamos: “O empujamos todos juntos –gobierno y fuerza política- en el sentido de profundizar los cambios o lo que es lo mismo, en la aplicación del programa, o el resultado de la primera experiencia progresista tendrá un resultado incierto. Todo esto no invalida lo que hemos dicho en notas anteriores, respecto a los aciertos de nuestro gobierno en múltiples áreas, cuando hablamos de luces y sombras. Lo que decimos es que ahora hay que encarar las reformas de fondo, porque así nos comprometimos con la población, y porque si no lo hacemos no habrá una segunda oportunidad. Las luces amarillas que se han prendido son muchas”. Y las luces amarillas a que nos referíamos eran bien palpables; en mayo se habían difundido sondeos de opinión que marcaban una disminución del apoyo popular a la gestión del gobierno (del 60 al 44 por ciento); crecían en número y en profundidad las movilizaciones de los trabajadores, se movilizaban los gremios de la enseñanza, en reclamo de recursos imprescindibles para el funcionamiento normal del sector, la salud, reclamando la puesta en práctica de la tan anunciada reforma, una gran gama de tensiones, que iban desde los reclamos de la Federación Rural por el tema del endeudamiento hasta las manifestaciones de jubilados, pasando por las críticas a la reforma tributaria por parte de los cooperativistas y otros sectores, cuestiones que se sumaban a las tensiones a la interna, producto de temas como el TLC con Estados Unidos o la propia Reforma Impositiva. Y como marco general de todo esto, un gobierno que aparecía aislado en el MERCOSUR y lo que es peor aislado de su propio pueblo y de su militancia, cuando presentaba su posición sobre el tema de las plantas de celulosa encerrado en una cadena de radio y televisión rodeado de cúpulas pero sin calor popular, y hasta aislando a la propia prensa en una habitación y poniendo vallas alrededor del edificio Libertad. Como se ve, en este punteo de situaciones ni figura la oposición, sino que había un mar de fondo que surgía dentro del propio bloque alternativo de los cambios. Es decir, blancos y colorados ni se sentían, tampoco industriales, los grandes frigoríficos, el sistema financiero, los latifundistas, etc, y en cambio surgían protestas desde los sectores medios y el movimiento obrero, y como corolario, nos llevábamos de maravillas con Estados Unidos pero andábamos a las patadas con nuestros hermanos del MERCOSUR, entonces algo no andaba bien.
Recordemos que por ese entonces Danilo Astori señalaba que 2007 sería todavía un año de restricciones, mientras Tabaré Vázquez manifestaba que quería que el crecimiento económico se reflejara en beneficio para la gente, en sus vidas cotidianas. Nosotros apoyábamos esto último.
También advertíamos sobre las consecuencias que podía tener a la interna del FA las actitudes de nuestro gobierno. Decíamos: “Nadie puede pensar seriamente que se puede pasar olímpicamente por encima de las resoluciones orgánicas de la fuerza política, y además hacerlo en reiteración real (recordar Tratado de Protección de Inversiones, envío de tropas a Haití, maniobras UNITAS, etc) sin que ello tenga mayores consecuencias y sin que ello provoque heridas profundas en el Frente Amplio”.
No hablábamos por hablar. Nuestro Programa decía: “…rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de país productivo”. Pero nuestro ministro de economía decía: “Uruguay tiene que comenzar a hacer esfuerzos para llegar a tener un tratado de libre comercio con Estados Unidos. “…cuánto antes mejor”. Nuestro Programa decía: “Nuestro país debe sumar su voz y sus esfuerzos al conjunto de países con quienes comparte visiones para defender sus intereses en el contexto de los organismos multilaterales de comercio y de crédito”; pero el equipo económico decidía el pago por adelantado de la deuda con el FMI. En la década del 90, y siguiendo el rumbo del Consenso de Washington, se planteó la autonomía del BCU, y nuestro Frente Amplio sistemáticamente se opuso; pero cuando llegamos al gobierno, el equipo económico se planteó llevar adelante la autonomía (cosa que por cierto no estaba en el programa), y el proyecto ni siquiera fue redactado por los técnicos (muchos y muy buenos) del gobierno o de nuestra fuerza política, sino que fue encargado a un estudio jurídico privado especializado en el asesoramiento a empresas nacionales y extranjeras (el estudio del integrante del Opus Dei, Carlos E. Delpiazzo).
Ante todas estas situaciones –que son apenas un paneo del proceso de nuestro primer gobierno-, lo reiteramos: fuimos críticos, pero también destacamos lo que se hacía bien. Pero además mostrábamos los flancos débiles de nuestros avances. En 2008 los índices oficiales marcaban una evolución en la calidad de vida de los sectores más comprometidos, pero la distribución de la riqueza aparecía como un tema a mejorar. Los datos hablaban de una mayor distribución de la riqueza en el período 2006-2008, gracias a los Consejos de Salarios, la lucha sindical y las políticas sociales del gobierno, pero también señalaban que el sector más rico de la población había crecido mucho más con la política económica de nuestro gobierno que en los períodos del neoliberalismo.
Hoy, apenas comenzamos a andar con nuestro segundo gobierno, ya se prenden luces amarillas acerca de la voluntad de algunos para el cumplimiento del programa. Sólo a vía de ejemplo, digamos que prometimos en el primer año de gobierno la instalación de una Constituyente, que prometimos estudiar la posibilidad de un Frigorífico Nacional, que nos comprometimos a una mayor distribución de la riqueza por la vía del aumento de la masa salarial, a anular la ley de impunidad, etc.
Dentro de cinco años, habrá compañeros que no entenderán muy bien que nos pasó, y dirán que es extraño que, habiendo tenido un gobierno tan exitoso, cada vez nos vota menos gente. Y seguramente habrá compañeros -como hoy- que entenderán que la baja votación es el resultado de un mal funcionamiento de la estructura del FA, y que al parecer todo se arreglaría con una reforma de estatutos. Nosotros seguiremos diciendo lo que dice el programa: “Para la izquierda el programa sintetiza el compromiso que se asume frente a la ciudadanía”.

NI MITO NI LEYENDA (publicado esta semana en VOCES, en el 50 aniversario del asesinato del Che)

Si un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que ti...