viernes, 27 de agosto de 2010

¿TESIS PERIMIDAS?



El presidente de ANCAP, Raúl Sendic, ha dicho que “hay expectativas desmedidas en algunos casos” sobre el gobierno. “…en general hay un nivel bastante alto de conflictividad entre los trabajadores y la actual administración –dijo-. A mí me parece que hay un problema y es que desde la fuerza política, desde el gobierno no se ha explicitado exactamente cuál es el proyecto digamos. Tenemos definiciones de cómo vamos a avanzar en estos próximos años, pero hay gente que cree que estamos construyendo el Socialismo, hay gente que cree que esto es un capitalismo distributivo”.
EL PROYECTO DEL FA
Es difícil de creer que la gente no tenga claro el proyecto histórico del Frente Amplio, aunque tal vez pueda existir confusión entre los más jóvenes o entre quienes recién se acercan a la política. El Frente Amplio es la culminación del proceso de unidad de las izquierdas en el Uruguay, pero nunca se planteó, ni antes ni ahora, el socialismo. Los ciudadanos que firmaron el “Llamamiento del 7 de octubre de 1970”, estimaban “indispensable la concertación de un acuerdo sin exclusiones, entre todas las fuerzas políticas del país que se opongan a la conducta antipopular y antinacional del actual gobierno (el del Partido Colorado, de Pacheco Areco), con vistas a establecer un programa destinado a superar la crisis estructural que el país padece, restituirle su destino de nación independiente y reintegrar al pueblo la plenitud del ejercicio de las libertades individuales y sindicales”. Decía además que “la concertación de tal acuerdo surge como pre-requisito indispensable para enfrentar cualquier instancia electoral, y solamente su existencia y el puntual acatamiento a sus bases programáticas y organizativas abrirán realmente alternativas de poder a las fuerzas populares abocadas a enfrentar la situación de dependencia, acentuada bajo el actual gobierno y por la oligarquía nacional en connivencia con el imperialismo”. Esto es, el FA nacería con un programa popular, que rompiera con la dependencia, antioligárquico y antiimperialista. Y el documento que establece las 30 medidas de gobierno que propone el FA en el año 71 (y que surgen de las Bases Programáticas aprobadas ese año), señala que están destinadas a “…reconstruir el Uruguay, salvarlo de la crisis que atraviesa y abrir nuevos horizontes a la vida nacional”. Y especifica claramente que “Los objetivos de dichas bases tienen como sentido poner al pueblo uruguayo en las mejores condiciones para alcanzar la plenitud de su realización humana, levantando su nivel de vida y su formación cultural, obteniendo una completa participación en la sociedad uruguaya y en su gobierno". Nada de socialismo, como se ve. Como hemos señalado más de una vez, el FA tiene un programa de gobierno de carácter avanzado, nacional, popular y democrático. Y hemos dicho también que, fruto de la correlación de fuerzas desfavorable en la interna del bloque, el programa no ha sido llevado adelante a cabalidad y ha estado sometido permanentemente a presiones por propuestas ajenas a su contenido avanzado.
De manera que ningún trabajador, organizado en su sindicato, puede pensar que el proyecto del Frente Amplio es un proyecto socialista, y por cierto, nadie habrá escuchado a ningún sindicato reclamar la socialización de los medios de producción. Pero menos aún puede (nada menos que el movimiento sindical) llegar a pensar que “estamos construyendo el socialismo” como dice el compañero Raúl Sendic. Los trabajadores de este país tienen claro, además, que los objetivos que se planteó el FA cuando se constituyó –y que señalamos más arriba- aún están por cumplirse. Y menos que menos que estemos en un “capitalismo distributivo”. En primer lugar porque justamente, lo que le ha faltado al primer gobierno del FA -y no se avizora una clara voluntad de corregir en este segundo-, es la distribución de la riqueza.
Pero lo que los trabajadores no han abandonado, es su propio programa, el que surge en setiembre de 1964 desde el movimiento sindical cuando se constituye la Convención Nacional de Trabajadores (y del cual se nutre el programa del propio Frente Amplio en el 71) pero que se ha ido profundizando y desarrollando en los sucesivos Congresos y en el 2º Congreso del Pueblo. Los trabajadores podrán coincidir con los planteos de un gobierno progresista, pero nunca dejarán de luchar por su propio programa, porque además tienen muy clara y muy asumida su independencia de clase (que no es prescindencia, como bien lo ha señalado el PIT-CNT). En el último Foro Social Américas, el dirigente de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz decía: “Aunque esté el hermano Evo en el gobierno tenemos que seguir peleando, porque no obedecemos al gobierno ni al MAS sino a nuestras bases”. Clarito, ¿no?
PASANDO AL CENTRO QUE HAY LUGAR
Sin embargo, en el FA si hay sectores que tenemos un proyecto socialista, que tampoco abandonamos, pero que no pretendemos imponer a nadie. Se ha dicho con certeza que la ofensiva ideológica neoliberal ha sido de tal magnitud que terminó ejerciendo una gran influencia en la producción teórica y en la acción política de diversos sectores de la izquierda a nivel mundial. Se afianzó la idea de que la revolución social es irrealizable –o solo a muy largo plazo-, razón por la cual es necesario seguir las reglas del capitalismo y tomar distancia de los programas radicales. Es el planteo del periodista Carlos Santiago, quien escribió recientemente acerca de las preocupaciones del diario El País -el que habría cuestionado que Álvaro Rico impulse como un tema esencial de análisis de investigación académica, las salidas al capitalismo- tranquilizándolos respecto de que las investigaciones de la Facultad de Humanidades no terminarán en “…las tesis ya perimidas del marxismo leninismo”.
Es que en ciertas zonas de la izquierda algunos han renunciado al socialismo, y otros diluyen su esencia y lo convierten en una especie de capitalismo idílico (con rostro humano), dentro del cual será posible satisfacer los intereses de todos.
El cubano Roberto Regalado ha dicho que algunos sectores de la izquierda en América Latina sienten la necesidad de “correrse al centro”. “Su relación con los movimientos sociales y con las bases partidarias -dice Regalado- deviene en algo instrumental: los utilizan para movilizar a los votantes considerados cautivos, pero con miras a hacer concesiones a ciertos grupos dominantes, cuyo apoyo es el que supuestamente se necesita captar. Esta actitud genera descontento y abstencionismo en los sectores populares…” (algunos deberían tomar nota acerca de eso del descontento y el abstencionismo).
Según los propulsores de estas corrientes, quienes no renunciamos a la construcción del socialismo, estamos aferrados a ideas obsoletas (“tesis ya perimidas” las llama Carlos Santiago) y somos incapaces de interpretar la realidad circundante. Sin embargo no logran explicar porqué nuestro subcontinente es el que registra el mayor índice mundial de crecimiento simultáneo de la riqueza y la desigualdad. Dice la CEPAL que aproximadamente uno de cada tres latinoamericanos es pobre (definido como no tener suficientes ingresos para satisfacer sus necesidades básicas). Uno de cada ocho se encuentra en pobreza extrema (definido como no ser capaz de cubrir sus necesidades nutricionales básicas), aún si gastaran todo su dinero en alimentos. Y dice también que América Latina parece ser la región más desigual del mundo. ¿Estarán tan perimidas las tesis del marxismo leninismo?

jueves, 12 de agosto de 2010

REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA (2ª parte)


De nuestro artículo anterior, podemos concluir que el crecimiento espectacular del PBI en los últimos cuatro años, y las políticas sociales aplicadas por nuestro gobierno, no sólo no lograron reducir la desigualdad, sino que ésta ha seguido en aumento. Lo que sin duda viene a confirmar (por si alguien tenía alguna duda) que la pugna ideológica respecto a si el mercado puede regularse solo y distribuir de manera equilibrada la riqueza de un país o si debe intervenir el Estado, se contesta sola por la terca realidad. Según el “Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010” del PNUD, hay tres rasgos que caracterizan la desigualdad en esta región: “es alta, es persistente y se reproduce en un contexto de baja movilidad socioeconómica”. El informe dice que si bien a comien¬zos del siglo XXI se observó una reducción de la desigualdad en 12 de 17 países analizados en estudios recientes (desigualdad medida por ingreso), los tres rasgos mencionados constituyen una constante histórica a lo largo de distintos períodos de creci¬miento y recesión. Parecería que hasta ahora los altos niveles de desigualdad, salvo por algunas variaciones, han sido relativamente inmunes a las estrategias de desarrollo aplicadas en la región desde los años cincuenta.
También señala el informe –y es lo que hemos señalado en nuestro artículo anterior- que el enfoque de desigualdad requiere el desarrollo de una visión particular y la implementación de instrumentos específicos, diferentes de aquellos que se utilizan para lograr la disminución de la pobreza. La reducción de la desigualdad requiere el desarrollo de una política pública comprensiva, que tenga por objetivo lo¬grar la disminución de las grandes distancias que existen entre los distintos estratos que componen la sociedad.
EDUCACIÓN
Es bien sabido que uno de los medios para combatir la inequidad es la educación, aunque sus efectos se vean en el largo plazo. En una sociedad con una profunda desigualdad económica, social y cultural, que provoca que muchos niños y jóvenes no puedan acceder a la educación (o que abandonen antes de terminar el ciclo), la obligación del Estado es servir de vehículo para combatir esas desigualdades de oportunidades. Para lograr estos objetivos, es necesario actualizar los contenidos educativos, fortalecer los servicios en las zonas más apartadas, establecer programas permanentes de actualización para los maestros, distribuir más y mejores materiales didácticos dirigidos a alumnos y maestros, etc.
El sociólogo César Aguiar señalaba que "hay dos áreas centrales" de las políticas públicas "donde no se han obtenido resultados relevantes: la educación pública y el acceso a viviendas formales". En el tema de la vivienda hay planes en curso que se proponen revertir esa carencia, aunque no está muy claro cuanto estamos dispuestos a invertir. Pero en educación, no se vislumbra aún que estemos poniendo rumbo a cambios radicales. Aguiar decía también que Uruguay es "uno de los pocos países del mundo" que ha entrado en un proceso avanzado de deterioro del sistema educativo público. "Se ha deteriorado en forma regular en los últimos 15 años, y no hemos tenido capacidad alguna de encauzar ese deterioro", dijo.
Está claro que la educación es un tema clave para reducir la desigualdad, y, si bien no se trata únicamente de un problema de recursos, todo parece indicar que nuestro gobierno no está dispuesto a destinar más de lo que hasta ahora se ha destinado (en términos de porcentaje del PBI).
IMPUESTOS
Decíamos en la nota anterior, que el decil más rico es 17 veces más rico que el decil más pobre. Y es muy probable que en ese grupo de mayores ingresos se ubiquen sectores vinculados al agro y que se han beneficiado de los extraordinarios aumentos de los precios internacionales de los productos de exportación, como carne, lácteos, arroz, soja y trigo. También seguramente conformen este grupo los sectores importadores beneficiados por la caída del tipo de cambio nominal que generó un aumento del total de importaciones. Y sin duda lo integrarán también los intermediarios comerciales, incluidos los supermercados, que se aprovechan de situaciones oligopólicas para tener mayores beneficios en la suba de precios de los alimentos.
Si estos han sido los sectores beneficiados, y si lo que se quiere es redistribuir la riqueza, como dice el PIT-CNT, “La mejora en la productividad que se registre en la economía en su conjunto y en cada uno de los sectores de actividad debe ser destinada a mejorar la calidad de vida de los trabajadores”.
En la mayoría de los países existen impuestos progresivos sobre el nivel de ingreso de los agentes económicos individuales que son el medio más común usado por los gobiernos para reducir la desigualdad en la distribución renta.
Se ha señalado por parte de diferentes actores de la propia izquierda, que dos de las reformas más relevantes del actual gobierno, como la reforma tributaria y la de la salud, que tienen elementos positivos, pueden calificarse como muy amigables al capital. La reforma tributaria rebajó la tasa del impuesto a la renta de las empresas de 30% a 25% como estímulo a la inversión, “medida nunca solicitada ni festejada por los sectores empresariales” como ha señalado acertadamente Alberto Couriel. Además, la reforma tributaria establece un impuesto a la renta de carácter dual, diferenciando las formas de cálculo y las tasas de las rentas del trabajo con respecto a las rentas del capital. En los mayores niveles de ingreso, las rentas de capital pagan menos que las rentas del trabajo, lo que afecta –y seguirá afectando en el futuro- a la distribución del ingreso. Salvo la anunciada rebaja de dos puntos del IVA (que habrá que instrumentar para que no favorezca como siempre al comercio), el equipo económico se ha encargado de dejar claro que no se tocará el sistema impositivo. Es decir que, por esta vía, no habrá una distribución de la riqueza.
LOS SALARIOS
Después de recuperados (en promedio) los salarios perdidos en la crisis del 2002, y de mejorar el nivel de empleo, de lo que se trata ahora es de mejorar el proceso distributivo del ingreso. La política salarial pasa a ser entonces fundamental.
Los informes del Instituto de Economía, muestran que la masa salarial creció en el año 2007 como consecuencia de la notoria mejora del empleo y del salario real, pero se mantiene 5,6% por debajo de los niveles alcanzados entre 1998 y 2001. Este es un tema clave en la explicación del aumento de la desigualdad en la medida que la masa salarial, que bajó notoriamente durante la crisis de 2002, alcanzó en el año 2007 una menor participación en el PBI con respecto al período previo a la crisis de 2002.
El programa del FA dice que “…la política salarial del período 2010–2014 debe tener claramente un efecto redistributivo y para ello es necesario mejorar la relación entre masa salarial e ingreso nacional (indicador de la redistribución funcional de los ingresos).” Si nos planteáramos mantener (en lugar de mejorar) la relación masa salarial-PBI, ambos tendrían que crecer en el mismo porcentaje. Si el PBI crece más que la masa salarial, la relación se deteriora, no mejora. Y eso es lo que está anunciando el equipo económico (al anunciar un crecimiento del PBI de un 23% y un crecimiento de los salarios un 14%). Incluir la creación de nuevos empleos, como parte de la mejora, es igual a decir que habrá más invitados para repartir la torta, pero que los nuevos invitados comerán de la porción de los trabajadores.
Como hemos dicho otras veces, el problema no es la velocidad de los cambios, sino la dirección que tomamos. Y lo cierto es que el cambio evidente del ciclo económico (producto del mayor valor de las exportaciones y los bajos intereses financieros), o dicho de otra manera, el crecimiento de la torta, no ha significado un cambio de la tendencia en el proceso de concentración de la riqueza hasta ahora ni lo hará en el futuro de seguir por el camino anunciado.

jueves, 5 de agosto de 2010

REDISTRIBUIR LA RIQUEZA (1ª parte)


Al asumir la presidencia el 1º de marzo del año 2005, el compañero Tabaré Vázquez decía que el objetivo de nuestro gobierno sería construir un país diferente: “... Un país donde nacer no sea un problema; donde ser joven no sea sospechoso, donde envejecer no sea una condena; un Uruguay donde la alimentación, la educación y el trabajo decente sean derechos de todos y todos los días; un Uruguay confiado en sí mismo; un Uruguay que recupere la confianza de soñar y de hacer los sueños realidad”.
Y demás está decir que esos objetivos –a pesar de los logros alcanzados- siguen siendo los mismos, puesto que muchos de esos problemas siguen siendo una realidad para miles y miles de compatriotas. Porque sin duda nuestro primer gobierno fue exitoso en muchos aspectos, y sobre todo en lo que tiene que ver con algunos logros económicos que nos han puesto en el candelero mundial en estas épocas de crisis. Pero está claro que los logros económicos no son simplemente cifras para mostrar en las páginas de las revistas especializadas, sino que fundamentalmente deberían generar condiciones para mejorar la sociedad, que es el objetivo final y fundamental de todas las políticas de gobierno. Y hoy por hoy, envejecer sigue siendo una condena para demasiados uruguayos, y la alimentación, la educación y el trabajo decente no son derechos de todos ni de todos los días (no lo es para casi 700 mil uruguayos que siguen en la pobreza).
De manera que uno de los temas claves en este período de gobierno (segundo frenteamplista), debería ser la redistribución de la riqueza. Porque al renovar la confianza de la ciudadanía, se renueva también el compromiso del Frente Amplio con la justicia social y con la mejora permanente de las condiciones de vida de la población. En el Programa del FA lo decimos de esta manera: “La redistribución del ingreso y de la riqueza es un elemento de identidad de la izquierda”.
¿QUE RIQUEZA?
Generalmente, cuando se habla de la riqueza que se produce en el país, se refiere al Producto Bruto Interno (PBI). El producto bruto interno (PBI) es el valor monetario total de la producción de bienes y servicios de un país durante un período de tiempo (normalmente un año). Es una magnitud denominada de flujo, que contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante la etapa de estudio. Pero más allá de las definiciones técnicas, de lo que hablamos es de cómo se distribuye el valor creado por los trabajadores, de cómo se reparte esa torta que hoy en día anda en U$S31.532 millones de dólares (cifra de 2009).
¿Qué pasa con toda esa riqueza generada por el trabajo uruguayo? No vamos a llenar este artículo de cifras, porque sabemos que puede resultar tedioso, pero a aquellos interesados en profundizar en estos aspectos recomendamos el artículo de Eduardo Lorier que apareciera en el número anterior de EL POPULAR: “Sobre la base material de la sociedad uruguaya”, en donde se deja claro cuánto de esa riqueza es depositada por los grupos oligárquicos en la plaza uruguaya y cuanto se envía al exterior, cuanto pasa a transformarse en reservas internacionales del país, cuánto se destina al pago de la deuda, etc.
Pero sí digamos algunas cosas. Por ejemplo, que de esa riqueza generada por los trabajadores (y que en el primer gobierno del FA sumó la friolera de 137.500 millones de dólares) aproximadamente un 30% va a parar a las clases populares, esto es, a los asalariados públicos y privados, trabajadores por cuenta propia sin local, a los pasivos y jubilados, asignaciones familiares, canastas del MIDES y otras yerbas. ¿A dónde va a parar el resto?
LOS RICOS SON CADA VEZ MÁS RICOS
Los técnicos del Instituto de Economía de la Universidad de la República suelen hacer estudios sobre la distribución de la riqueza en el país. Uno de esos estudios, realizado en 2008 y llamado “Tendencias de la distribución del ingreso en Uruguay entre 1981 y 2007”, actualizado con datos de 2008, señala que la distribución de la riqueza en Uruguay se mantuvo estable entre 1981 y 2008. Allí se muestra, por ejemplo, que el 20% más rico de la población tiene la mitad de la riqueza, y el 20% más pobre solo el 5%. En términos del índice de Gini (que mide justamente como se distribuye el ingreso), el estudio señala que era de 0,40 entre 1987 y 1993 y, en 2008, sube a 0,44, lo que significa una evolución negativa de la distribución (cuanto más cerca de 1 peor se distribuye).
Hace pocos días, el INE revelaba datos con respecto a la disminución de la pobreza que por cierto nos alegran. Todos deberíamos alegrarnos de que cada vez existan menos pobres e indigentes en nuestro país. Pero sin embargo, en el mismo informe se señalaba que de 2008 a 2009 la desigualdad de ingresos se incrementó, pasando de 0,42 a 0,43. Si los datos se muestran en deciles (dividimos la población en diez partes), lo que tenemos es que hay un crecimiento en el primero y el último decil. En 2009, los hogares del decil más rico ganan casi 17 veces más que los hogares del decil más pobre.
Lo que estas cosas nos están mostrando, es que a pesar de los avances que indudablemente ha habido en los últimos años en cuanto al combate a la pobreza y la inclusión, esto no ha significado un cambio en términos de distribución de la riqueza. Para tener una cabal idea de lo que decimos, hay que decir que, a pesar de los esfuerzos del MIDES y de todas las políticas sociales que todos conocemos, en 2007 la desigualdad era mayor que en el pico de la crisis de 2002. O ver también que entre 2006 y 2007 la pobreza bajó en 16 de los 19 departamentos, pero que sin embargo la desigualdad aumentó. Y habría que decir además que, a pesar de todos los esfuerzos, hoy seguimos con más pobreza que en la década del 90: hoy se calcula la pobreza en un 20% aproximadamente (unos 650.000 pobres), mientras que en el 91 era de un 17,2%, y en el 94 bajaba a un 13,2%.
Para que se entienda lo que decimos: no estamos criticando las políticas sociales de nuestro gobierno. Nuestro gobierno aumentó considerablemente el gasto en políticas sociales; en 2004 representaba un 35,7% del gasto total del gobierno, y en 2009 alcanzó el 50%. El gasto en salud, educación y en el sistema de protección social aumentaron casi el doble. Eso es correcto. Lo que decimos, es que eso no tiene mayor incidencia en la distribución de la riqueza, como lo demuestran todas las cifras. Y lo que decimos es que mientras se continúe con un modelo económico concentrador de la riqueza y excluyente, seguirá creciendo la desigualdad. Mientras la especulación financiera continúe (ahora ya no tanto en el sector bancario, sino en el productivo: soja, forestación, celulosa, etc.), mientras el modelo económico siga permitiendo que la riqueza se siga acumulando en una punta de la escala social y la pobreza en el otro, las políticas sociales seguirán siendo funcionales a ese modo de acumulación, como lo demuestran los números del inicio (disminuye la pobreza pero los ricos aumentan su riqueza en un 10%). En suma, lo que hay que cambiar es el modelo.
INSTRUMENTOS
En el Programa del FA, definimos una serie de instrumentos para trabajar en la distribución de la riqueza, y estos van desde un adecuado gasto social, hasta políticas de empleo, pasando por medidas contra la concentración de la propiedad de los medios de producción, la mejora en la distribución de los aumentos de productividad de los trabajadores, etc. Estos son instrumentos claves para distribuir el ingreso, pero también el Programa destaca especialmente el tema salarial, y dice textualmente: “La política salarial del primer gobierno del Frente Amplio se basó en recuperar el salario perdido durante la administración Batlle. Fue una política de dignificación del salario, aún es necesario avanzar en redistribución del ingreso. Por ende la política salarial del período 2010 – 2014 debe tener claramente un efecto redistributivo y para ello es necesario mejorar la relación entre masa salarial e ingreso nacional (indicador de la redistribución funcional de los ingresos).” En nuestro próximo artículo encararemos el tema salarial y otros aspectos -como el impositivo- en los que aparentemente no habrá cambios y que desde nuestro punto de vista harán que la situación que acabamos de describir se siga manteniendo.