viernes, 26 de noviembre de 2010

UN "NO" QUE ASOMBRÓ AL MUNDO


El próximo martes se cumplen 30 años de aquel hito en la historia del pueblo uruguayo que fue el NO a la dictadura. Un NO que asombró al mundo porque no había antecedentes de que una dictadura hubiera perdido un plebiscito. Fue un intento de la dictadura cívico-militar de modificar la Carta Magna con el objetivo de legitimar el gobierno de facto y perpetuarse en una Constitución de corte fascista que limitaba las expresiones políticas, atropellaba a la justicia y la autonomía universitaria, reglamentaba la huelga y la organización sindical, y todo aquello que se pareciera a un sistema democrático.
LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA
Más allá de los delirios de un Luis Hierro López, que en junio del 2008 intentara lavar las implicancias de su partido con todas las dictaduras, diciendo que "La primera oposición la hizo el Partido Colorado a través de las páginas del diario 'El Día', que fue el faro de la libertad y la democracia en medio de la censura", y que salteándose las luchas populares desde el mismo día del golpe de estado agregó que su partido, a través de Enrique Tarigo en 1980 “casi en forma solitaria encabeza la oposición al texto constitucional en el semanario 'Opinar', siendo la vanguardia de la oposición a la dictadura", la realidad era muy otra.
Lo cierto es que el golpe fue dado sin apoyo político importante, que careció absolutamente de una base de masas, y que la huelga general de 15 días llevada a cabo por los trabajadores y su central, la CNT, y las luchas posteriores, profundizaron la brecha entre la dictadura y la inmensa mayoría de la población. Como analizaba Enrique Rodríguez en 1979, “…con todas las precauciones para no idealizar el proceso ni al movimiento democrático uruguayo, es que debemos observar el comportamiento del conjunto de las fuerzas políticas que intervinieron en aquel período (se refiere al período desde las medidas de seguridad y la represión de 1968 hasta el golpe de junio de 1973, así como al período de marcha hacia el fascismo que termina de imponerse en 1975). Y con las precauciones antedichas, podremos observar que, cuando llega la hora del golpe –y luego la del fascismo- el conjunto de lo que se denominan fuerzas o movimiento democrático, sufrieron el impacto, retrocedieron, pero no se pasaron al enemigo”.
En diciembre de 1977 se reunieron en Montevideo los miembros del Comité Central de nuestro partido y allí se aprobó un importante documento en el que se analizaba la situación nacional. Decía ese documento: “Con esta perspectiva, debemos ubicar nuestro empeño democrático y antifascista que hacia el quinto año de tiranía –en proceso de descomposición- viene abriendo perspectivas de unidad anti dictatorial, base imprescindible para una salida democrática”. Esta era nuestra táctica en la lucha contra la dictadura, la de unidad y convergencia de todas las fuerzas capaces de oponerse a la dictadura. Posición que era también la del Frente Amplio, que en su declaración del exterior de octubre de 1977 manifestó “Que el proceso progresivo que llevará a la caída de la dictadura pasa por la unidad y convergencia, sin sectarismo alguno, de todos los partidos opositores: el Frente Amplio, los demás sectores de la izquierda, los partidos tradicionales Blanco y Colorado, y todas las fuerzas sociales opuestas a la dictadura, concentrando la acción en torno a los principios básicos que, por encima de divergencias ocasionales o doctrinarias, deban unirnos en el objetivo común de la derrota de la dictadura”.
LOS FRUTOS DE LA TÁCTICA
Esta táctica unitaria y de convergencia democrática, fue dando sus frutos, y en diciembre de 1979 nuestro Partido decía: “Este objetivo (la derrota de la dictadura), reclama en el Uruguay, un nuevo cambio cualitativo tanto de la lucha interior como exterior, superar todo lo importante que se ha realizado en los años pasados, particularmente en el 78 y 79, hacer del año 1980, un año de la derrota del “cronograma” de la dictadura, erosionándolo de tal manera, que los planes de supuesta institucionalización en vez de fortalecerla, la debiliten mucho más con un fracaso rotundo”.
Cuando la dictadura militar -y los civiles que la apoyaban- intentaron legitimarse ante el mundo con un pronunciamiento plebiscitario, no hicieron más que acelerar el proceso de encuentro de importantísimos sectores de los partidos tradicionales para enfrentarlo, además de provocar la movilización de las organizaciones de izquierda que se mantenían clandestinas y a todo el entramado social que jugó un papel decisivo en la derrota del proyecto fascista.
La dictadura -según fuentes militares- tenía informes de Inteligencia que le advertían del crecimiento de la actividad de oposición y recomendaban incrementar la represión, sin embargo se impuso en los mandos militares la visión de que "el plebiscito se ganaba bien y después se continuaría la obra". Esto no significa que es fascismo hubiera cambiado su carácter; recordemos que en 1980 murió en la tortura Hugo Haroldo Demitt y murieron en la cárcel Emilio Férnandez, Miguel Almeida, Nelson Batalla, Gladys Yáñez, Jorge Antonio Debo y Edmundo Rovira. Y que siguió asesinando hasta el mismo año 84, en que matan al Dr. Vladimir Roslik, el último muerto de la dictadura.
Salvo contados medios escritos y algunas emisoras, los medios de comunicación se alinearon con el régimen. La revista mensual “La Plaza”, de Canelones, dirigida por Felisberto Carámbula, y el semanario colorado "Opinar" (aparece el 6 de noviembre de 1980), que dirigía Enrique Tarigo, eran excepciones, y Germán Araújo desde CX 30 se transformó en uno de los principales referentes de la resistencia popular al SI. Por supuesto que El País (nacionalista) y La Mañana (colorado) se jugaron enteros por el SI. El director de El País, Daniel Rodríguez Larreta, escribió un editorial titulado "Solo votando el SI quedará abierta ruta hacia recuperación institucional"; el diario El Día no se pronunció editorialmente y ofreció espacios a los defensores del NO. Búsqueda, que durante toda la dictadura apoyó al régimen, extrañamente no editorializó a favor del proyecto.
La inventiva y la creatividad popular dieron lugar a una vasta gama de recursos publicitarios para contrarrestar la campaña oficial. Pegotines que sólo decían “NO” y que se pegaban en los respaldos de los asientos de los ómnibus o en los baños de los bares, en las paradas de los ómnibus y en cualquier lugar en donde pudieran ser vistos, las pintadas en los muros, etc. Hay miles de anécdotas de la creatividad popular, cumpleaños inventados, fiestas de 15 y hasta los entretiempos en el Estadio fueron el escenario donde la dignidad popular reclamó votos para el NO y enfrentó el brutal aparato de la dictadura y los grandes medios. La propuesta fue rechazada por la población por un 57% de los votos, y esto aceleró el proceso de apertura democrática. El plebiscito tuvo dos papeletas, las del SI eran de color celeste y las del NO amarillas. Por el SI se contabilizaron un 42,51% de los votos válidos, por el NO un 56,83%, y un 0,66% de votos en blanco
La coincidencia del 30 de noviembre de 1980 hacia un objetivo único anti dictatorial revelaba claramente que la unidad era la clave para derrotar la dictadura.
Del 8 al 12 de diciembre de 1980 se reunieron los miembros en el exterior del Comité Central del PCU, y allí se valoraba: “Este pronunciamiento nacional es la cristalización de la acción coincidente de las más diversas capas de la sociedad uruguaya, de todos los partidos de oposición, de la clase obrera, de los estudiantes, de la intelectualidad, de religiosos y laicos, de civiles y militares, de todos los patriotas, del pronunciamiento del Partido Nacional, del Partido Colorado, del Frente Amplio, de la Convergencia Democrática, de otras fuerzas políticas y sociales, de la Iglesia, de dirigentes de la Federación Rural, de productores del campo y de pequeños y medianos comerciantes e industriales. La victoria del NO crea una nueva situación, y resultará muy difícil hacer volver atrás el proceso iniciado”.

Así fue como se escribió la historia de esta significativa etapa de la lucha heroica de nuestro pueblo contra el enemigo fascista.

viernes, 19 de noviembre de 2010

TOCO Y ME VOY


“Un cambio social profundo, que exige activismo y entrega con mucho riesgo, es un fenómeno que se alimenta de vínculos fuertes, mientras que los medios de comunicación social se basan en esencia en «vínculos débiles». De ahí que la revolución no se pueda realizar a través de Twitter o Facebook”, dice un artículo de Malcolm Gladwell publicado en The New Yorker (“Por qué la revolución no se hará a través de Twitter”).

LA MILITANCIA SEGÚN VAZ
Hace tiempo que tengo entre mis papeles una entrevista de Raúl Legnani (en La República) al ingeniero Eduardo Vaz, fundador de la red frenteamplista Proyecto Miramar, que quería comentar.
Vaz nos cuenta que el Proyecto Miramar se funda en julio de 2003, y que luego se fueron formando otras redes más pequeñas. Muy recientemente ingresan a facebook y twitter, lo que les permitió la masificación de las redes.
Es interesante ver el concepto de militancia de este ingeniero. No se si es el mismo concepto que tienen la mayoría de los integrantes de las redes, porque estos siempre aclaran que hablan a título individual, y esta es una de las características de los “redistas”, el individualismo exacerbado. Vaz lo dice así: “…en las redes existe esta sensibilidad, que lleva a que la gente hable a título personal. Ya no camina el "nosotros" de los partidos. Yo digo lo que digo y los compañeros me acompañarán o no. Esta es una diferencia radical”. ¡¡Y vaya que es una diferencia radical ¡! Permitiría, por ejemplo, a algunos senadores hacer lo que se les antoje el día que se vote la ley interpretativa de la ley de impunidad.
Para el Ing. Vaz, ya no corre aquello de que discutimos entre todos, intercambiamos opiniones y puntos de vista pero luego todos respetamos lo que decide la mayoría. No, discutimos, intercambiamos, y después, cada quien hace lo que le parece. Esta postura individualista surge claramente de la entrevista, pero además el Ing.Vaz lo recalca en forma explícita: “Hoy los anarquistas de principios del Siglo XX estarían encantados con las redes, porque son la forma más natural de expresión de la individualidad consciente”. Y no precisaba aclararlo.
Vaz nos dice que “Las formas de relacionarse fueron cambiando en la década del 90. Pasamos de una militancia muy activa, en muchos sentidos desgastante, a otra distinta. Es que la gente dejó de poner su proyecto de vida en la militancia”. Y luego agrega: “Las redes facilitaron estas otras formas de coparticipación: mucho más flexible, donde uno entra y sale de la militancia según los estados de ánimo. Esto fue un cambio radical de la forma de estructurarse: se terminaron las jerarquías al ser redes horizontales. La militancia, a través de las redes, pasó a tener mucho de deseo, de interés genuino”. De estos párrafos se puede deducir claramente cual es el concepto de militancia de este redista. En primer lugar, la militancia como un proyecto de vida propio: “su” proyecto de vida, dice Vaz, y no la militancia por un proyecto colectivo. Y en segundo lugar, la militancia según estados de ánimos, milito cuando tengo ganas, entro y salgo de acuerdo a mi estado de ánimo, “toco y me voy”. Tampoco asumo ninguna responsabilidad, porque nadie puede asumirlas si va a militar de acuerdo a sus estados de ánimo, que las responsabilidades las asuman otros.
UN CAPITALISMO QUE YA FUE
Vaz nos dice que como los peones en el campo usan celulares, el capitalismo cambió. “Hace uno días escuchando a un diputado del FA que denunciaba las condiciones de trabajo infames del campo” nos dice Vaz, “nos enteramos que los peones utilizan los mensajes de texto. Esta es la realidad, este es el cambio. Hoy es imposible pensar, sin tener en cuenta esto, sobre cómo se hace política”. La militancia cibernética, es defendida por el Ing.Vaz en función de un capitalismo que ya no existe, porque ahora los peones usan celulares. Dice Vaz: “No se puede seguir hablando de organizaciones políticas tradicionales para luchar en el Siglo XX, contra un capitalismo que ya no existe. El capitalismo de hoy es otro. ¡No podemos seguir haciendo lo mismo cuando todo ha cambiado! Con las clases dominantes queremos disputar en el terreno material y cultural el debate de las ideas”.
El Ing. Vaz, a partir de una denuncia de un diputado en cuanto a las "condiciones infrahumanas" en las que trabajan cientos de peones rurales en las grandes estancias ubicadas al norte del Río Negro, que entre otras cosas no disponen de agua potable, no tienen instalaciones para ducharse, no les proporcionan ropa de trabajo, no se les respetan los horarios de labor, además de irregularidades con las planillas de trabajo y los recibos de sueldo, concluye que el capitalismo del siglo XX ya no existe. El diputado que hizo la denuncia, dice que "Es una realidad muy dura. Estos peones no están organizados en sindicatos, ni siquiera conocen sus derechos, y la situación se agrava sobre todo para los que trabajan en las estancias ganaderas, porque están aislados”. Es decir, lo que el diputado describe es una situación perfectamente comparable a la del siglo XIX, pero el Ing. Vaz nos dice que todo ha cambiado, porque lo nuevo es que el peón ahora tiene celular.
Vaz no explica en lo más mínimo por qué el capitalismo que conocimos ya no existe, y se saltea olímpicamente que el capitalismo es un sistema económico basado en la explotación del hombre, que esa explotación sigue tan campante, y que para luchar contra la explotación se necesita algo más que una militancia en función de estados de ánimo, que se necesita organización, conciencia y lucha.
NO QUEREMOS CARGOS
Al Ing. Vaz le molesta también la cuestión de los cargos en el gobierno: “Hoy la política quedó reducida al reparto de los cargos, en forma bastante deprimente. El FA tiene, en este sentido, una hipocresía muy grande, desde que sabemos que los cargos se repartieron por cuota política sin tener en cuenta su preparación. Yo oigo eso todos los días. ¿Los dirigentes del Frente no lo oyen?”. Vaz asume que si los cargos se reparten por cuota política entonces no se tiene en cuenta la idoneidad, cuestión que no necesariamente tiene por qué suceder. Por otra parte, ¿qué significa para Vaz la idoneidad? ¿Quién puede decidir cuál es la idoneidad para ocupar un cargo? Yo no se si es más idóneo para ocupar el cargo de ministro de la Defensa un ingeniero, un médico, un abogado o un panadero. Hoy tenemos un panadero, y no ha resultado tan mal ministro, más allá de discrepancias con algunas de sus decisiones, y que no tienen que ver para nada con la idoneidad sino con la visión política.
Claro que esa crítica además se hace desde un escalón más alto, casi desde el Olimpo, ya que “Como Redes Frenteamplistas no disputamos cargos en la estructura del Frente Amplio, ni en el Estado. Pero hay montones de integrantes de las redes que están en cargos muy importantes”. Es decir, puedo criticar porque no disputo cargos en ningún lado. No los disputo como organización, pero sí como individuo (no sabemos si luego que aceptan los cargos también actúan a “título personal” o si respetan el Programa resuelto entre todos).
UN PARTIDO POLÍTICO NO ES CUALQUIER COSA
Por lo visto, el Ing. Vaz (no podemos decir que sea la opinión de los redistas en general) parece compartir la conocida tesis de Margaret Thatcher: "la sociedad no existe, sólo existen individuos".
Desde nuestro punto de vista, los partidos políticos llevan a cabo actividades que son clave para las democracias hoy en día, de manera que su funcionamiento interno adquiere una enorme relevancia. Algunos de estos aspectos son la formulación de políticas concretas, la elaboración programática y los procesos de toma de decisión, el nivel de participación de sus grupos y afiliados y la rendición de cuentas a que están sujetos sus dirigentes. Todas cuestiones que si fueran dejadas en manos de una militancia que “entra y sale de acuerdo a sus estados de ánimo”, tendrían como destino el fracaso más absoluto.
Decía E. Burke: “Un partido es un grupo de hombres unidos con el fin de promover, mediante sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional, sobre la base de algún principio particular en el que todos ellos coincidan”. Y otras definiciones dicen que: “Un partido es, ante todo, un intento organizado de alcanzar el poder, entendiendo por tal el control del aparato estatal”(Schattschneider).
En estas dos definiciones las redes (al menos en la visión de Vaz) seguramente encuentran un obstáculo, ya que como vimos, no son partidarios de la organización y no les interesa ni el poder ni el aparato estatal. Estamos en las antípodas del pensamiento del Ing.Vaz, lo que no implica despreciar las nuevas tecnologías aplicadas al debate político; todo lo contrario.

viernes, 12 de noviembre de 2010

QUERIAMOS TANTO A KIRCHNER


Leandro Grille escribió un excelente artículo en la Revista Caras y Caretas: “Elogio de Néstor”, el cual tiene una virtud no menor, y es que está escrito no desde un análisis politológico profundo, sino desde lo que puede ver un ciudadano común acerca de lo que fue el breve pasaje de Néstor Kirchner por la política, y de la huella que dejó en los argentinos y en los latinoamericanos.
NESTOR Y NOSOTROS
Claro que uno no puede dejar de leer acerca de la peripecia argentina durante el gobierno de los Kirchner sin hacer una comparación con la uruguaya, dada la cercanía en el espacio y en el tiempo, y llama la atención que no le haya provocado al autor cierto escozor al escribir el artículo, ya que esa comparación, casi inevitable, nos deja un sabor amargo.
Dice Leandro: “…en ese breve tránsito por el proscenio de la historia, supo cambiarla, mucho más allá de lo que nadie habría soñado…, habiendo cosechado apenas un puñado de votos”.
Esa es sin duda una de las sorpresas mayúsculas que nos dio Néstor Kirchner. Nos mostró a todos que es posible cambiar la historia, y que se puede ir incluso mucho más allá de lo soñado, incluso aunque el respaldo en las urnas no haya sido contundente. Lo que vemos por estos lares, son posiciones muchas veces timoratas y conservadoras, a pesar de contar con amplias mayorías para llevar adelante al menos lo que se promete a la población. Ya no digamos de ir un poco más allá.
El articulista dice que Néstor vino a estar “a la altura de la historia”. Y luego se pregunta: "¿Y qué carajo es estar a la altura de la historia cuando se asume la presidencia de un país devastado? ¿Cuándo no tenés ningún respaldo? ¿Cuándo la gente ya no cree en nada ni en nadie y apenas se aferra a una consigna repleta de bronca y de desesperanza: ¡qué se vayan todos!?”. Y entonces Leandro dice que “la altura de la historia” no se diluyó en discursos, sino que fue conformándose en hechos bien concretos. Y a pesar de que los hechos abarcan casi todas las esferas de la vida pública, Leandro pone en primer lugar los siguientes: “sacar el retrato de Videla,…la anulación de la Ley de Obediencia Debida y Punto Final, el juicio y castigo a los culpables del terrorismo de Estado, y el reconocimiento como ningún presidente lo había hecho hasta entonces a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.
Estas cosas pudo hacer un presidente que asumió un país devastado, con prácticamente ningún respaldo, donde la gente ya no creía en nada ni en nadie. En nuestro país, el Frente Amplio asumió el país con un respaldo enorme de la gente, y sin embargo la realidad es muy otra. Nuestro programa de gobierno, ya desde el IV Congreso Extraordinario “Héctor Rodríguez” del año 2003, es pródigo en referencias concretas en lo que tiene que ver con los derechos humanos y con las relaciones entre el derecho interno y el internacional, que están obligando a los legisladores frenteamplistas a anular la ley de impunidad. Allí decimos: “Comprometido con la verdad y la justicia –principios por los que el conjunto de nuestro pueblo ha bregado incansablemente- en relación con los crímenes de lesa humanidad cometidos antes y durante la dictadura, (el gobierno del FA) hará todos los esfuerzos que estén a su alcance para lograr el cumplimiento de dichos principios, en cumplimiento de la Constitución y la ley”. Y también: “El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país”. O en forma más contundente aún: “…la impunidad constituye un verdadero obstáculo a la normalidad democrática para poder superar traumas de un pasado reciente. Cuando ella funciona para proteger a agentes gubernamentales (civiles, militares y policías) que han violado seriamente derechos humanos, cometiendo con ello crímenes penales de suma gravedad. Esto implica un agravio a la Justicia y afecta seriamente la igualdad de las personas ante la ley”. No son las únicas referencias, pero alcanzan para mostrar el mandato ineludible.
Sin embargo, senadores de nuestra fuerza política se niegan a cumplir con lo que prometieron, y algunos manifiestan abiertamente no solo eso, sino que les importa tres carajos respetar o no a los organismos internacionales de derechos humanos.
“Perico” Pérez Aguirre, decía: “Triste es tener que conservar para siempre en la memoria colectiva el hecho fatal de que por la impunidad impuesta nos hemos convertido en un pueblo pusilánime, doblegado por abyectas amenazas de algunos delincuentes que obligan a olvidar y a dejar impunes sus crímenes”. Habría que agregar: triste es que quede en la memoria colectiva el hecho de que una fuerza política de izquierda, teniendo las mayorías para terminar con la impunidad, terminó lavándose las manos cual Pilatos.
LOS LÍDERES GUIAN
Como dice Leandro Grille en referencia a Néstor Kirchner: “…un hombre es lo que hace. Y sus actos, más allá de los claroscuros propios de la vida humana, se corresponden con los de un líder progresista, de izquierda, comprometido con las causas de los más débiles, la democracia y los derechos humanos”.
Lo extraño, es que Leandro no haga ninguna extrapolación con sus propios líderes (supuestamente de izquierda, o al menos progresistas), y no le llame la atención la distancia entre lo que sus líderes dicen y lo que hacen. Es una lástima, porque es ahí en donde radica el grave problema del Frente Amplio. Es por eso que no convoca, que no enamora, que no entusiasma.
Dice Leandro acerca de Néstor: “…fue un militante que contagió de ganas de militar a una generación entera que nunca había soñado en comprometerse con nada. Devolvió las ganas de construir y de creer en un proyecto colectivo a un montón de argentinos que hace rato habían abandonado todas las esperanzas”. Y sí, ese es el cerno de la cuestión Leandro. Hay quienes “no están a la altura de la historia”, y si un hombre “es lo que hace”, hay quienes son poca cosa. El compromiso con la causa de los derechos humanos contagia las ganas de militar, devuelve la pasión por construir un proyecto colectivo, sobre todo en los más jóvenes. Las defecciones, las agachadas y el no cumplimiento de lo prometido generan el efecto contrario: el desánimo, la bronca, el descreimiento.
Y hay que tener bien claro que la política también tiene un fundamento moral y ético, y la lucha contra la impunidad ha tenido y tiene (y lo seguirá teniendo en el futuro) ese componente que hace que un colectivo ponga el alma en lo que hace. Administrar el capitalismo mejor que los partidos tradicionales el Frente Amplio ha demostrado sobradamente que se puede. Pero eso no basta para convocar a las grandes mayorías a militar. Porque como dice Fidel, "Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio". Lo que mueve al compromiso e inyecta energías en los militantes de izquierda es el compromiso con los cambios profundos, la constatación diaria de que podemos siempre ir un paso más allá, avanzando hacia la utopía. Eso es lo que nos legó a todos Néstor Kirchner (y Cristina, sin duda), la sensación de que se puede más que lo que nos quieren hacer creer algunos, que se puede enfrentar al imperialismo en Mar del Plata, que se puede enfrentar el poder latifundista si se logra entusiasmar al pueblo para que sea el garante de los avances en democracia.
La anulación de las leyes de obediencia debida teniendo apenas un puñado de votos, es la prueba del nueve de la grandeza ética y moral de Néstor Kirchner. El mantenimiento de la ley de impunidad, teniendo la mayoría absoluta en el Parlamento, es lo opuesto, y proyecta una sombra oscura sobre el futuro de nuestra fuerza política, que por cierto no se arreglará con retoques de un Estatuto.

viernes, 5 de noviembre de 2010

LLOVIENDO SOBRE MOJADO


Algunos senadores del Frente Amplio se niegan a votar el proyecto interpretativo de la ley de impunidad, y su punto de vista puede expresarse básicamente así: “la ley de impunidad fue confirmada por el pueblo en dos plebiscitos, y en consecuencia, solo se puede anular o derogar mediante otro plebiscito”.
Reiterar los argumentos en contra de ese planteo es llover sobre mojado, pero lo resumiremos de la siguiente manera:
1) la derogación de la ley de impunidad fue puesta a consideración en el referéndum del año 89, bajo condiciones de presión y de miedo, con manipulación mediática (recordemos un video de Sara Méndez que los canales se negaron a difunidir), etc, y efectivamente, no se lograron los votos para su derogación;
2) en 2009 lo que estaba a consideración era otra cosa, era una reforma constitucional que, de haber sido aprobada hubiese tenido como consecuencia la anulación de la ley de impunidad. En este caso, la única opción posible era el SI a la reforma, y de ninguna manera puede extraerse la conclusión de que quienes no pusieron esa papeleta están de acuerdo con la ley de impunidad;
3) Lo que está a consideración con el proyecto actualmente en el Parlamento, no es ni la derogación, ni la anulación, sino la interpretación de la ley de impunidad.
De manera que la primera afirmación de quienes se oponen al proyecto (“la ley fue confirmada en dos plebiscitos”) es falsa. Pero aún en el caso de que fuera cierta esa afirmación, tampoco se podría extraer la conclusión de que “solo se puede anular o derogar mediante otro plebiscito”.
Todas las leyes son pasibles de derogación, modificación, y hasta remoción del ordenamiento jurídico bajo ciertas circunstancias. El punto es si compartimos la idea de que el Parlamento (órgano por antonomasia encargado de sancionar las leyes) es el indicado para derogar, modificar o remover las leyes, o si, como algunos sostienen, en el caso de que una ley haya sido convalidada por el cuerpo electoral necesariamente sebe ser este el encargado de hacerlo.
Sobre este último punto, dice Saúl D. Cestau en su tratado sobre Derecho Civil Uruguayo: “Toda ley puede ser derogada, en cualquier momento por otra ley. Quien ha tenido facultad para dictarla debe tener la de limitar su eficacia en el tiempo”. Parece sumamente claro, y Cestau solo agrega más adelante que “La derogación ha de ser practicada por una norma que no tenga rango inferior al de la derogada. En otros términos, la norma modificatoria debe ser de igual o superior jerarquía que la modificada”. Esto es, una ley no podría ser derogada por un decreto, por ejemplo, porque este último es de un rango inferior. Cestau agrega que “Quien tiene el poder de dictar una norma tiene el poder de suprimirla”. Nada que agregar. Solo decir que quien dictó la norma llamada “ley de impunidad” fue el Parlamento, y por lo tanto es este quien tiene el poder de suprimirla.
Quienes sostienen que cuando una ley fue confirmada por un referéndum solo puede ser modificada por el cuerpo electoral, se basan en que ese cuerpo electoral sería algo así como un poder por encima de todos los demás, y dicen estar asesorados (o seguir el razonamiento de) por el compañero José Korzeniak, quien dijo que: para eliminar la Ley de Caducidad se debe realizar a través de un plebiscito y no por una ley. "El cuerpo electoral está por encima de los tres poderes del Estado, según lo indica el artículo 82 de la Constitución", precisó el ex legislador socialista.
Lo decíamos en nuestro artículo anterior: la ley de impunidad fue votada por el Parlamento (Poder Legislativo) y además fue confirmada mediante un referéndum (en las condiciones que todos sabemos, pero lo fue). Y sin embargo, un tercer Poder –en este caso el Poder Judicial- puede decidir que esa ley no se aplica, por más que haya pasado por las instancias que mencionamos. Si la Suprema Corte de Justicia declara la inconstitucionalidad de la ley para cada caso concreto (en teoría puede hacerlo para todos los casos), la ley no se aplica. No he visto ni a Korzeniak ni a ninguno de los senadores que se oponen al proyecto, decir que la SCJ violenta la expresión soberana del pueblo cuando decide que la ley de impunidad no es aplicable (acaba de hacerlo para otros 19 casos).
Korzeniak pone al cuerpo electoral por encima de todo (lo pone él, no la Constitución) cuando por encima de los tres poderes del Estado solo se encuentra la Nación, que es donde reside la soberanía. Y el problema es que Korzeniak parece confundir al cuerpo electoral con la Nación, que no son lo mismo obviamente. Lo que dice el artículo 82 de la Constitución es que existen dos formas de ejercer la soberanía (que radica en la Nación como lo establece el art.4): la forma directa (a través del cuerpo electoral) y la forma indirecta (a través de los órganos del Estado). NO DICE que el cuerpo electoral esté por encima de ningún poder del Estado, NO LO DICE ni tampoco se puede deducir del texto. El hecho de que primero nombre la forma directa, no la hace estar por encima de la otra, y no se nos ocurre siquiera pensar que el simple orden en la frase sea la razón que un constitucionalista de la talla de Korzeniak esté esgrimiendo. Seguramente, a lo que se refiera Korzeniak sea a que el ejercicio directo de una potestad tenga cierta superioridad sobre el ejercicio indirecto de esa misma potestad (en este caso de la soberanía). Pero esto no tiene ningún asidero. En nuestro orden jurídico la actuación por medio de representantes es tan válida y tiene la misma categoría, en cualquier acto jurídico, que la actuación en forma directa. Y en el caso de la soberanía de la Nación, la Constitución no hace ningún distingo como el que caprichosamente hace Korzeniak. Y esto que yo sostengo –que no existe una forma de ejercer la soberanía que tenga una categoría superior a la otra- no es un capricho, sino que es lo que sostienen algunos constitucionalistas destacadísimos.
Uno de estos destacadísimos constitucionalistas, nos dice: “Creemos que el texto del art.82 permite admitir, con cierta generosidad conceptual, que (el Cuerpo Electoral) es otro poder, que expresa la soberanía de la Nación “en forma directa”, a diferencia de los Poderes representativos que expresan esa misma soberanía de la Nación de manera indirecta” (las negritas son nuestras).
Es decir, este renombrado y destacadísimo constitucionalista nos está diciendo enfática y contundentemente lo que he venido diciendo en artículos anteriores, que es la misma soberanía de la Nación la que se expresa de dos maneras diferentes, ninguna de un rango superior a otra. Y ese destacado constitucionalista, no es otro que el propio compañero José Korzeniak (Primer Curso de DERECHO PÚBLICO, Derecho Constitucional, segunda edición, FCU, pág.305), el mismo que ahora nos dice que el “El cuerpo electoral está por encima de los tres poderes del Estado”.
Pero Korzeniak nos dice también que “Las expresiones “en toda su plenitud” y “radicalmente”, enfatizan casi con vehemencia lingüística que es la Nación la titular de la soberanía. “…la Nación es el Pueblo pero sometido al orden jurídico”, ya que el propio texto del art.4º dispone que la Nación debe actuar “del modo que más adelante se expresará”, lo que equivale a algo así como “conforme a las reglas de la Constitución” (obra citada, pág.320). Esto –que nos viene a confirmar Korzeniak- es lo que sosteníamos en nuestro artículo anterior, en el sentido de que una ley que es nula e inconstitucional no se santifica por haber sido sometida a plebiscito. El titular de la soberanía no puede actuar por encima del orden jurídico, como bien dice Korzeniak.
¿OTRO PLEBISCITO?
Algunos compañeros ahora están planteando la posibilidad de votar una ley (el proyecto que ya tiene media sanción u otro nuevo) y luego someterla a plebiscito, idea que me parece absolutamente incomprensible. Y me parece incomprensible porque podría suceder que la situación, dentro de un tiempo, sea la misma que hoy tenemos, por lo cual habremos hecho todo esto inútilmente. Hoy queremos anular la ley porque la consideramos nula e inválida por tener vicios de consentimiento. La queremos anular porque viola flagrantemente la Constitución. La queremos anular porque se contradice con los tratados internacionales sobre derechos humanos que nuestro país ha suscrito y nos expone a severas sanciones de los organismos internacionales, la peor de la cual es la sanción moral, que nos expone ante el mundo como un gobierno de izquierda violador de los derechos humanos. Y si hoy votamos esta ley interpretativa que anula los efectos de la ley de impunidad, y mañana un plebiscito la derogara, todo volvería a estar como hoy, y seguiríamos con una ley nula, inconstitucional, violadora de los convenios internacionales, etc, y tendríamos que empezar de nuevo a luchar contra ella. ¿Qué es lo que se pretende entonces? ¿Solucionar el tema en forma definitiva, o conformar a dos o tres senadores?

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...