jueves, 26 de mayo de 2011

¿QUE HACEMOS CON LA CHANGUITA EN LA ONU?




Uno de los problemas centrales que afectan al Frente Amplio, y de alguna manera al país y su gobernabilidad, es la relación fuerza política-gobierno. Sobre eso parece no haber dudas. Y el problema ha quedado de manifiesto por enésima vez en el proceso que tiene que ver con la anulación de la ley de impunidad, tal vez en una forma más descarnada y evidente.
Nosotros lo hemos destacado y señalado más de una vez. Y cuando analizábamos el traspié electoral de mayo de 2010, decíamos: “...lo hemos reiterado muchas veces: hicimos un muy buen gobierno; el mejor en décadas –hemos escrito muchos artículos destacando nuestros logros-. Pero cuando lo que estamos analizando es un fracaso, no nos sirve de mucho regodearnos en lo que hicimos bien, porque los ciudadanos que dejaron de votarnos no lo hicieron por nuestros aciertos, sino por lo que hicimos mal. Y lo que sostenemos, es que también hicimos un montón de cosas que no debimos haber hecho, y tuvimos actitudes (desde nuestro gobierno) desconcertantes y contradictorias, algunas veces erráticas, que nos distanciaron del núcleo más militante. Ante estas señales contradictorias, algunos frenteamplistas directamente abandonaron el Frente Amplio. Otros de nuestros militantes, tuvieron como primera reacción irse para su casa, dejaron de militar, y seguramente después, muchos optaron por dejar de votarnos”.
Hoy en día, ese divorcio entre la fuerza política y el gobierno ha quedado aún más en evidencia, pero ha traído a la superficie otros divorcios que generalmente no son tan visibles, como el que a veces existe entre las bases del Frente Amplio y sus dirigentes.
TERMINAR CON LA RABIA
Algunas versiones de prensa (que generalmente no tienen nada de objetivas ni de inocentes), y algunas declaraciones de compañeros del Frente Amplio, nos preocupan sobremanera, porque están indicando que tienen una lectura de la realidad absolutamente sesgada, y que lo que pretenden es matar al perro para que se termine la rabia.
Una nota de UY.PRESS del 23 de mayo pasado, titulaba: “Frente Amplio camina hacia un cambio en su funcionamiento”. Y luego agregaba: “La secuencia de hechos políticos que enfrentaron a las estructuras del oficialismo, con su bancada legislativa y el Gobierno, es tema de análisis y ya se manejan varias propuestas de cambio”. Es decir, hay una fuerza política que llega al gobierno y obtiene mayorías en el Parlamento. Es esa fuerza política la que puso a los gobernantes en el sitio de gobernantes, y es esa fuerza política la que puso a los parlamentarios en sus bancas del Parlamento. Pero cuando no coincide lo que decide la fuerza política con lo que hacen los gobernantes entonces parece que lo que hay que modificar es la fuerza política. Toda una teoría. La fuerza política elabora un programa de gobierno, y con ese programa sale a dar batalla para obtener el gobierno. Cuando obtiene el gobierno y debe cumplir con sus promesas, y no las cumplen quienes deben hacerlo (el gobierno y los parlamentarios), se saca como conclusión que lo que hay que modificar es la fuerza política. Tal vez para que lo que esta decide empiece a coincidir de una vez por todas con lo que quiere el gobierno.
La nota de UY.PRESS, por otra parte, argumenta con una enorme falacia, y dice: “En tanto los legisladores y el Presidente de la República fueron votados por cerca de un millón de personas, la actual estructura del Frente Amplio solo fue votada por menos de 3 mil personas”. Omite decir, claro, que la papeleta rosada por el SI, en el plebiscito de 2009, obtuvo más votos que los legisladores del FA. Pero además, inventa una cifra de 3 mil que habrían sido los que votaron la actual dirección del Frente Amplio. El Plenario Nacional actual, máximo órgano del Frente Amplio entre Congreso y Congreso, órgano que decidió mandatar a los Parlamentarios de su fuerza política a votar el proyecto interpretativo que anulaba los efectos de la ley de impunidad, integrado además por todos los sectores representados en la bancada parlamentaria del FA, es el surgido de las elecciones internas de 2006, en las que participaron más de 220 mil frenteamplistas. Menuda diferencia la que hay entre 3 mil y 220 mil.
Dice también la nota: “Como se recordará, los grupos más numerosos del Frente Amplio, el MPP y Asamblea Uruguay junto con Alianza Progresista propusieron la fórmula de salida al tema de la ley de caducidad de derogar hacia adelante y anular actos administrativos hacia atrás”. Habría que decirle al autor de la nota (o a quién le dijo que escribiera eso), que esos mismos grupos numerosos mandataron a sus propios legisladores por dos veces consecutivas a votar el proyecto que se votó en diputados y luego en senadores, y que cambiaron de opinión cuando el presidente y el vice fueron al Parlamento a pedir que no se votara.
Una nota de La República del día de hoy, anuncia que “Ante la falta de avances en la comisión que debate la reestructura del Frente Amplio (FA) y la controversia que produjo el tema Caducidad, algunos sectores reformistas piensan que las elecciones internas pueden ser uno de los caminos viables, no solo para salir del embudo en que ingresó el oficialismo, sino para renovar las autoridades”. Reiteramos, la controversia respecto de la ley de impunidad no se produjo en la fuerza política, sus resoluciones fueron absolutamente claras. Pero se nos ocurre una pregunta ¿Qué pasa si al hacer las elecciones internas los que crecen son los sectores que mantuvieron una postura diferente a la del gobierno, y reducen su participación los grupos que tuvieron una postura vacilante y de seguidismo a algunos líderes? ¿Renunciarán esos líderes?
NUESTRA IMAGEN COMO PAIS
Es probable que aquellos que temían y pronosticaban una catarata de recursos de inconstitucionalidad si el proyecto interpretativo se transformaba en ley (olvidando, claro, que cualquier proyecto que se aprobara podía generar eso), ahora se encuentren con una catarata de juicios a través de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Porque no olvidemos que una de las razones que urgían a eliminar los efectos de la ley de impunidad a nuestro país, era el caso de la nuera del poeta Juan Gelman, cuestión que lo exponía a graves sanciones y al escarnio mundial. Pero tengamos en cuenta que hay más de doscientos casos de desaparecidos, más los casos de torturas y asesinatos, y que probablemente –agotadas las vías para obtener justicia en nuestro país- muchos de ellos tengan que terminar en dicha Corte internacional. Cuando el Estado uruguayo se presentó ante la CIDH por el caso Gelman, llevaba como argumento la media sanción en la Cámara de Diputados del proyecto de ley interpretativo que anulaba la ley de impunidad. Parecería que ahora nos presentaremos con un proyecto de reestructura del FA como forma de liquidar el problema.
De manera que, cuando el año que viene Uruguay vaya a asumir la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU tendremos dos alternativas: o vamos con una carta excusándonos de agarrar esa changuita, o la asumimos soportando la carga de vergüenza. Recordemos que Uruguay aceptó presidir el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a pedido de los países latinoamericanos y del Caribe. Nuestro canciller Luis Almagro contestó el ofrecimiento diciendo: “Es una enorme distinción que honra la tradición y la vocación del Uruguay de pleno respeto del derecho internacional, y también su compromiso con el sistema internacional de protección de los derechos humanos”, según indicaba una noticia del 31 de marzo. Y luego agregaba: “Quisiera recalcar que este compromiso del Uruguay con la causa de los derechos humanos a nivel internacional, que hoy se ve coronado con esta responsabilidad que asumiremos al frente del Consejo, no es más que la contracara del indeclinable compromiso que nuestro gobierno tiene con la vigencia de los derechos humanos en nuestro propio país”.
No queremos ni imaginarnos el papelón de ir a asumir un cargo como este, con una mochila cargada de denuncias ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y alguna condena por incumplimientos varios de Tratados internacionales sobre este tema.

jueves, 19 de mayo de 2011

RESUCITÓ OTRA VEZ SIN SER NOTADO (*)



Este es el artículo más difícil que nos ha tocado escribir desde que lo hacemos en este Semanario. Por el tema casi excluyente de la agenda, y porque cuando estamos escribiendo estas líneas aún no sabemos lo que va a pasar en el Parlamento; debemos entregar la nota antes del jueves (día en que se pondrá a votación el proyecto interpretativo) y por tanto, nos vamos a basar en meras especulaciones.
LOS ESCENARIOS POSIBLES
Dos cosas pueden haber pasado el día de ayer. Puede que haya primado la cordura, y que los legisladores del Frente Amplio –en su totalidad y sin fisuras- votaran el proyecto de ley interpretativa por el cual se eliminan los efectos de la ley de impunidad. Eso sería lo natural y deseable. Nuestro Frente Amplio ha venido batallando desde el primer día de recuperada la democracia por la verdad y la justicia, y a partir del año 86, también contra la impunidad. Batallas que se han dado en todos los planos, en una lucha que ha tenido avances y retrocesos, derrotas y victorias, pero que no han mellado la voluntad inquebrantable de vivir en un país digno, en el que todos seamos iguales ante la ley y en donde los crímenes más aberrantes que se hayan cometido en la historia no puedan quedar en la más completa impunidad. De manera que una vez encontrado un camino unitario, un camino que no fue fácil de hallar, que significó idas y venidas, diálogo continuo en la búsqueda de acuerdos, lo razonable y lógico sería que ayer se hubiese votado finalmente el proyecto interpretativo.
Si eso fue lo que pasó ayer jueves en el Parlamento, entonces hoy estamos en condiciones inmejorables para continuar la lucha por verdad y justicia, por recuperar la memoria colectiva, por seguir construyendo día a día una sociedad más justa, equitativa, solidaria, profundamente democrática y sin impunidad. Y decimos “continuar”, porque todos sabemos que la lucha por verdad y justicia no termina con la anulación de la ley de impunidad, que este es apenas un paso, muy importante, desde luego, pero no definitivo. Que los derechos humanos no es únicamente una cuestión de militares (y civiles) presos, o de desaparecidos, aunque estas cuestiones son sumamente relevantes. Que este es también un problema ético, que contiene el pasado pero que se manifiesta en los temas del presente y que tiene una enorme importancia hacia la sociedad que queremos construir para el futuro, para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Pero no se nos oculta, hoy miércoles, cuando escribimos este artículo, que ayer puede haber pasado otra cosa. Puede haber sucedido que la ley interpretativa no se haya votado, por la defección imperdonable de algún parlamentario frenteamplista. Es posible. Y más aún, de acuerdo a la información disponible al momento de escribir estas líneas, no solo es posible sino que es lo más probable.
EL PEOR ESCENARIO
Si lo que pasó es lo último, el escenario es diferente, pero no es el fin del mundo. Y la primer y primordial tarea y responsabilidad de nosotros, los comunistas, es cuidar la herramienta Frente Amplio, esa herramienta que es obra preciosa de tantos y tantos compañeros, herramienta política fundamental para seguir luchando, tanto por los derechos humanos como por un país productivo con justicia social, por un programa de cambios en beneficio de los trabajadores y los más desposeídos.
Todo el mundo reconoce el papel del Partido en la lucha contra la impunidad, estamos orgullosos de eso. Y eso es lo que nos alienta para continuar por ese camino, que es el camino de nuestro pueblo trabajador. Porque para nosotros no se termina la historia en ninguno de los dos escenarios, porque para nosotros no se termina ni siquiera cuando lleguemos al socialismo, mientras seamos comunistas estaremos luchando día a día por un mundo mejor. Los comunistas sabemos que es necesario que estemos, para aportar nuestro granito de arena, para apoyar y apoyarnos en los compañeros frenteamplistas para continuar la lucha. Porque en definitiva, el enfrentamiento es contra la derecha, y con los reflejos de la ideología dominante dentro del propio Frente Amplio, pero siempre sabiendo que el que tenemos al lado es un compañero.
A REDOBLAR
No somos indiferentes ante los posibles escenarios que hoy desconocemos, pero somos comunistas, y eso nos planta en cualquiera de los escenarios con la responsabilidad de siempre, con el ánimo constructivo de siempre, con la voluntad de seguir avanzando como siempre en el camino que colectivamente nos hemos trazado. Estamos profundizando la lucha de clases, y la derecha va a sacar todos sus recursos para enfrentar al campo popular. Los ataques desde la derecha no son gratuitos, hemos puesto sobre la mesa el tema de la distribución de la riqueza, y eso no se admite tan fácilmente por quienes se han apropiado a lo largo de la historia de la riqueza generada por nuestro pueblo. La impunidad no está desligada de todo esto, y lo que la derecha necesita es dividir al Frente Amplio, dividir al PIT-CNT, dividir al campo popular. Si revisamos los titulares de la prensa de la derecha de las últimas semanas, veremos repetidas constante e insistentemente algunas palabras: FRACTURA, DIVISIÒN, QUIEBRE. Y no es porque sí, es una necesidad para no perder sus privilegios. Estamos ante la presencia de toda una operación de la burguesía, que utiliza el mismo idioma de la izquierda, que aprovecha las propias contradicciones de la izquierda, y tenemos que ser capaces de enfrentarla con inteligencia.
No ha sido ni será una lucha fácil (ninguna lucha es fácil para los trabajadores y el pueblo). Ganar esta batalla es ganarle a la dictadura, es ganarle a la burguesía y al imperialismo, y para eso se necesita una acumulación que todavía no alcanza. Pero hemos avanzado enormemente, desde aquel referéndum que perdimos en el 89, a este plebiscito en que nos faltó un poquito para lograr el triunfo, y a esta situación actual, en la que hemos llegado a un Frente Amplio que en su máximo órgano de dirección (el Congreso) incluye en su Programa la anulación de la ley de impunidad, cuestión que por tanto es hoy patrimonio, obligación y responsabilidad de todo el FA. Pero además, los acontecimientos de las últimas semanas nos dejan el saldo de un Frente Amplio que con una gran madurez, en tres Plenarios Nacionales consecutivos aprueba por unanimidad la votación de la ley interpretativa que deja por el camino la impunidad. Y haya pasado lo que haya pasado el día de ayer, eso deja una fuerza política que discute con pasión, pero que discute buscando los acuerdos, y que finalmente adopta resoluciones que comprometen a todos.
De manera que la lucha continúa compañeros. Sentimos el orgullo de formar parte de un Partido que, ante la perspectiva de un escenario de derrota, se para a discutir la forma de seguir peleando.
Eduardo Galeano dice, en una pieza magistral en donde se ensambla junto a Alfredo Zitarrosa, Pablo Neruda (con el poema citado en el título de este artículo), Angel Oliva, Juan Capagorry y Milton Schinca: “Aplicaron un plan de exterminio: arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva, regar la tierra con sal. Después, matar la memoria de la hierba. Estaba prohibido recordar. Se formaban cuadrillas de presos. Por las noches los obligaban a tapar con pintura blanca las frases de protesta que en otros tiempos cubrían los muros de la ciudad. Pero la lluvia, de tanto golpear los muros, iba disolviendo la pintura blanca y reaparecían, poquito a poco, las porfiadas palabras”.
Hoy, viernes 20 de mayo, la marcha del silencio, el silencio más estruendoso e imponente que se escucha año a año por estas tierras, será de los primeros aguaceros que, de tanto golpear, irán disolviendo la pintura de la impunidad, y poquito a poco, reaparecerán las porfiadas palabras. Reaparecerán, sea lo que sea que haya pasado ayer. Verdad y justicia, nunca más, no a la impunidad, volverán y reaparecerán una y otra vez, porque este pueblo es bagual y va a encontrar su destino, este pueblo “resucitará otra vez sin ser notado”, al decir del gran Pablo Neruda. A redoblar compañeros.

(*) Del poema “El Pueblo”, de Pablo Neruda