miércoles, 13 de junio de 2012

HERMENÉUTICA POLÍTICA





El término hermenéutica, viene del griego hermen euein (interpretar), y de las funciones asignadas aldios Hermes. Porque a este le correspondía ser el mensajero que pone en comunicación a los dioses, pero sobre todo es quien se encarga de transmitir a los humanos la voluntad de los dioses. A diferencia de la adivinación, a la que acompaña un cierto estado de delirio (mantiké), al arte de la interpretación (hermeneutiké) la acompaña una sobriedad que reclama un esclarecimiento de la verdad que se transmite. Su función mediadora está cercana a la del profeta como anunciador directamente inspirado, pero se amplía también a la mediación humana.
Desde hace un buen tiempo, en la sociedad uruguaya, muchos actores políticos han desarrollado una especie nueva de hermenéutica; ésta, ya no está dirigida a interpretar y transmitir la voluntad de los dioses, sino la del electorado. Su arte es tan refinado, que a veces se parecen al propio Hermes, en la medida que son cuasi dioses que saben interpretar no solo lo que dijo el pueblo, sino también adelantarse e interpretar lo que diría “en caso de”. Aunque hay una diferencia sustancial entre éstos hermeneutas y aquellos griegos, porque aquellos, como dijimos más arriba, los acompañaba una sobriedad que reclamaba un esclarecimiento de la verdad que se transmitía, mientras que estos nuevos hermeneutas políticos simplemente se encargan de transmitir a los mortales la voluntad popular por ellos interpretada, pero nunca -jamás de los jamases- se molestan en explicar el por qué, y menos que menos se molestarán en explicar por qué se equivocaron cuando se equivocan (cosa que les sucede muy a menudo, curiosamente).
POLITOLOGOS HERMENEUTAS
Los principales hermeneutas políticos sin duda que son ciertos politólogos. Suelen predecir el comportamiento político de la gente con una habilidad espectacular (para errarle).
Puesto que en las internas el voto no es obligatorio, para que eso ocurra tiene que haber competencia real al interior de cada partido, de manera que la gente se sienta motivada a participar”, decía el politólogo Luis Eduardo González en abril de 2008. Y se equivocó de cabo a rabo. Recordemos que en 1999 hubo competencia en las internas del FA (competían Tabaré Vázquez y Danilo Astori), y el porcentaje de participación fue del 44%; en 2004 , cuando no hubo competencia interna, el porcentaje aumentó al 53%. Volvió a haber competencia en 2009 (esta vez con tres candidatos) y fue la interna con menos votantes desde que se realizan (el porcentaje estuvo en el entorno del 41%). Nadie escuchó, ni escuchará, al hermeneuta dar una explicación de por qué falló su interpretación de la voluntad de los electores.
Lo triste que algunos políticos repiten lo que estos hermeneutas dicen, y creen tener la verdad revelada. Lo repitieron muchos antes de estas elecciones internas pasadas, incluido el propio Danilo Astori, y se rompieron las narices contra la cruda realidad: en la elección donde hubo 4 candidatos se votó peor que en la que no hubo ninguno!!!!
POLITICOS HERMENEUTAS
A Astori (gran hermeneuta), le molestó haber sacado un 23% de los votos en el Congreso de 2008, en donde se definía la candidatura para las elecciones del año siguiente. Y en una entrevista con El Espectador, cuando Cotelo le pregunta si eso lo había molestado, dijo que lo que había pasado no era bueno, ...porque marca una distancia importante entre la estructura de los órganos de dirección del Frente y lo que podríamos llamar el “pueblo frenteamplista. Como vemos, el primer gran análisis de lo que había sucedido en el Congreso, difiere con lo que el hermenuta sabía y debía transimitir a todos los humanos, a saber: lo que decidió el Congreso está muy lejos de lo que decidiría el pueblo frenteamplista en caso de ser consultado.
El hecho es que el pueblo fue convocado (no solo el frenteamplista), y éste decidió lo mismo que había dicho el Congreso, es decir: queremos que nuestro candidato sea José Mujica.
Por cierto, el hermeneuta no dio ninguna explicación acerca de su mala interpretación de la voluntad frenteamplista. Ni en ese momento ni nunca.
Pero además, Emiliano Cotelo le pregunta (con buen criterio, sin duda): “¿Qué es el “pueblo frenteamplista”?, a lo que Astori responde: “El pueblo frenteamplista son los que votaron al FA en2004, un millón largo de votantes; los que manifiestan en las encuestas de opinión hoy su intención devotar al FA; los que podrían participar en una interna, fácilmente no menos de medio millón de personas, 600.000 personas tal vez. Ahí hay una distancia importante.
 Y por cierto, en esto también le erró, porque participaron apenas 441 mil, y estos ratificaron lo decidido por el Congreso. Y la elección del domingo 27 acaba de demostrar que tan errado no estaba el Congreso con aquel 23%, ya que Asamblea Uruguay no está ni cerca de ese porcentaje, y el FLS (del cual confieso mi ignorancia, no sabía que Astori era su líder) acaba de redondear una cifra parecida (25%). Y por cierto, ahora no le molesta que "el pueblo frenteamplista" se haya reducido a 170 mil, y que de ellos apenas unos 61 mil hayan votado por su candidata, faltaba mas, ahora son menos pero votaron lo que yo quería, parece que piensa el hermeneuta.
LA ULTIMA HERMENEUTA
La más reciente en estas lides de la hermenéutica política, es la flamante presidente del Frente Amplio, la socialista Mónica Xavier. En recientes entrevistas con la prensa, ha manifestado que Gané porque se visualizó en  un perfil más frenteamplista que en los otros tres candidatos.
Nada sabemos acerca de lo que afirma ni de donde saca esa conclusión, únicamente sabemos que lo afirma, y eso parecería bastar (el principio de la razón suficiente no aparece por ningún lado). Pero lo que pasa es que esa afirmación puede ser verdadera o falsa, y de ser verdadera le crea tremendos problemas al Frente Amplio.
Para empezar, establece la teoría de que hay dirigentes en el FA que son unos más frenteamplistas que otros, y esa tesis está siendo promovida nada menos que por su flamante presidenta.
Pero además, sugiere que también los frenteamplistas hacen esa distinción, y a la hora de votar eligen en función de quien es más frenteamplista. Eso no estaría mal, y no sería problema, en caso de ser cierta la teoría que explicamos más arriba. El problema, es que la mayoría de quienes votaron el domingo 27, no votaron por Mónica Xavier, sino que votaron mayoritariamente por los demás candidatos. Siguiendo su teoría, resulta que el la mayor parte votaron por los menos frenteamplistas. Y si a esto le agregamos los votos en blanco, tendríamos que de acuerdo a la hermenéutica de Mónica Xavier la mayoría de los frenteamplistas votan por los dirigentes menos frenteamplistas; o por ninguno (en el caso de los votos en blanco). Se necesita hermeneuta que explique este comportamiento del electorado de la fuerza política que gobierna el país.
Como decía al principio de esta nota, a diferencia de la adivinación, a la que acompaña un cierto estado de delirio, al arte de la interpretación (hermeneutica) la acompaña una sobriedad que reclama un esclarecimiento de la verdad que se transmite. 

miércoles, 6 de junio de 2012

MIRANDO MÁS ALLÁ DEL DOMINGO (4ª PARTE)



El nuevo gobierno del Frente Amplio sin duda tuvo el cambio más sustancial en lo que tiene que ver con las relaciones internacionales, y ya no se vio el acercamiento a los Estados Unidos y la constante rispidez con los vecinos que había caracterizado al primer gobierno. Sin duda esa fue una gran señal. Sin embargo, al igual que el primero, tiene aspectos en lo económico, y sobre todo en lo político, que han continuado el distanciamiento con las organizaciones sociales y con los militantes más consustanciados con las concepciones históricas de la izquierda y del propio Frente Amplio.
SEÑALES POLITICAS RARAS
El nuevo gobierno del FA asumió el 1º de marzo de 2010. Ocho días después, El Observador entrevistaba al novel ministro de Relaciones Exteriores, Luis Almagro, y le preguntaba que opinaba acerca de un TLC con los Estados Unidos, a lo que éste respondía que “no tiene un preconcepto con los Tratados de Libre Comercio” y que no se puede oponer a una negociación que puede ser una “tabla de salvataje de sectores estratégicos”.
Algo verdaderamente insólito, puesto que aquel problema que había tenido en vilo a la fuerza política y al gobierno en el primer período, que había provocado tantos y tantos dolores de cabeza, y que había sido, no solo zanjado en los hechos por el propio gobierno, sino que había sido reiterada su oposición en el Congreso del Frente Amplio del 2008 en un texto claro e inequívoco, era absolutamente ignorado por el flamante ministro y se mostraba abierto a estudiar el tema.
En el Frente Amplio había trabajado una Comisión integrada por representantes de los sectores políticos y de las bases durante meses elaborando un documento programático que sirviera de esquema para discutir a lo largo de toda la estructura de la fuerza política. El documento bajó a los Comités de Base y fue analizado y enriquecido con la participación de al menos 20 mil compañeros. Luego, esos compañeros eligieron más de 2 mil delegados que participaron en el Congreso “Zelmar Michelini” y discutieron nuevamente hasta aprobar el programa definitivo con el cual la el Frente Amplio se presentó a las elecciones y resultó elegido para gobernar por otros cinco años. Ese Programa consta de varios capítulos que abordan diferentes temas, uno de los cuales se titula: URUGUAY INTEGRADO, en cuyo numeral tercero se tratan los ASPECTOS POLÍTICOS COMERCIALES. El punto 48 de ese numeral dice textualmente: “Un tratado de libre comercio en los términos y con las condiciones de los que EEUU ha firmado con Perú o ha propuesto a Colombia es incompatible con las necesidades y los objetivos del desarrollo nacional. Tales términos y condiciones, referidos a normas de competencia, compras gubernamentales, propiedad intelectual, servicios, barreras técnicas al comercio, etc., tampoco son aceptables introducidos en otros acuerdos tipo TIFA o similares.” 
Esos son los conceptos previos (preconceptos) que Almagro debía manejar en el tema en cuestión. Por otra parte, estas definiciones programáticas en este tema específico no eran nuevas, sino que ya figuraban en el Programa emanado del Congreso “Héctor Rodríguez” del año 2003. Y decir que no se tienen preconceptos sobre los TLC, equivale a decir –una semana después de ser nombrado como ministro de un gobierno del Frente Amplio- que no tiene ningún problema en hacer exactamente lo contrario de lo que dice el Programa de la fuerza política que lo llevó a ese cargo. Entre otras cosas, sus declaraciones lograron el beneplácito de la secretaria de la Unión de Exportadores, Teresita Aishemberg (“Es positivo. Él está recibiendo el sentir de los exportadores…”, dijo Aishemberg), el rechazo del PIT-CNT (La central obrera “no dudará” al momento de movilizarse “por la unidad de América Latina” ya que para el PIT-CNT el rechazo al TLC con Estados Unidos es una “cuestión de principios”, dijo Marcelo Abdala), y un malestar generalizado en la fuerza política (“Hoy no están planteadas las condiciones para que el Frente modifique su posición respecto del TLC con Estados Unidos. No hay ninguna revisión posible”, dijo por ejemplo Mónica Xavier).Así arrancaba el nuevo gobierno.
Y no era solo desde el gobierno que se emitían señales de este tenor. Porque el programa del FA dice claramente que “En esta etapa, la profundización de las reformas estructurales hacen necesario habilitar los marcos normativos adecuados para procesarlas. Para ello, entre otras medidas, será necesario incluso convocar una Convención Nacional Constituyente dentro del primer año de gobierno”. Y sin embargo apenas un mes después de instalado el gobierno, un medio de prensa entrevistaba nada menos que al presidente del FA, a Jorge Brovetto, y le preguntaba sobre este tema, y el presidente aclaró que “una Asamblea Constituyente no está en los planes inmediatos del FA”. “Yo personalmente creo que hay que plantearlo”, opinó Brovetto, aunque admitió que “no es prioridad del año 2010”. Esto es, la Constituyente había sido una prioridad para el Congreso, tanto que lo ubicaba en el primer año de gobierno. Pero una vez instalado, ni el gobierno ni el presidente de la fuerza política lo consideraban una prioridad.
Reiteramos lo dicho anteriormente; estas cosas quizá no afecten la visión que doña María o don José tienen del gobierno y o de la fuerza política en el gobierno, pero afectan profundamente a la militancia más comprometida, a la que dedica horas, días, meses y años de su vida en la militancia para ver que después un dirigente ignora por completo todo su esfuerzo. Y además ponen en evidencia el problema central: la relación fuerza política-gobierno.
DERECHOS HUMANOS
A mediados del primer año de gobierno, comenzó la discusión pública del proyecto interpretativo de la ley de impunidad, y fue el comienzo de lo que sería el peor papelón cometido por un gobierno del Frente Amplio.
Recordemos que la anulación de la ley de impunidad formaba parte también de los mandatos del Congreso. En función de ello, y del fracaso del plebiscito en 2009, una Comisión integrada por todos los espacios de la fuerza política y también por delegados de las bases, trabajó en la elaboración de un proyecto, sobre la base de distintos proyectos que había en carpeta, incluido uno del propio Poder Ejecutivo, presentado por el canciller Luis Almagro.
El 24 de setiembre de 2010, el diario La República anunciaba que la Mesa Política del Frente Amplio aprobó un texto interpretativo para que lo impulsen sus legisladores. “La iniciativa resuelve –decía el artículo- la dificultad de anular los efectos de la Ley de Caducidad mediante tres artículos que "interpretan" obligatoriamente que los artículos 1, 3 y 4 de esa norma son "inaplicables" y que los juicios cerrados por su aplicación pueden ser reabiertos”. Astori señaló que "en esa propuesta hay participación de muchos compañeros y compañeras, incluso miembros del gobierno también, que han dado su opinión. Recuerden también que esto viene vinculado con una demanda que ha sufrido, o ha recibido mejor dicho, el Estado uruguayo en cuanto a acciones referidas al campo de Derechos Humanos".
El 20 de octubre de 2010, La República mostraba las opiniones dentro de la izquierda sobre el proyecto interpretativo que se iba a aprobar, y decía: “El vicepresidente argumentó que la Ley de Caducidad no debería estar en el ordenamiento jurídico del país porque es inconstitucional. Agregó que el texto propuesto no violenta las dos consultas realizadas a la ciudadanía. "Es un texto que la deja sin efecto y la declara inaplicable en orden a dos tipos de argumentos: la Constitución de la República y los tratados internacionales que ha suscrito el país", comentó. Agregó que "en el primer referéndum se le preguntó a la ciudadanía si se deseaba derogar la referida Ley y la ciudadanía contestó que no; en el segundo caso se le preguntó si se deseaba anular la Ley y la ciudadanía contestó que no". "Este texto no es ni una cosa ni la otra, es un texto que deja sin efecto la Ley y la declara inaplicable en orden a dos tipos de argumentos: la Constitución de la República y los tratados internacionales que ha suscripto el país", añadió Astori. Por consiguiente, indicó que votará favorablemente el mencionado proyecto de ley”.
Argumentación clara y contundente del vicepresidente Danilo Astori, que compartíamos de principio a fin.
El 12 de abril, y en consonancia con lo anterior, Danilo Astori levantó su mano en el Senado para aprobar el proyecto. Pero curiosamente, pocos días después, en una entrevista en el diario El País, salió a decir: “Pensaba y pienso que lo mejor para dejar sin efecto la impunidad de crímenes cometidos en el pasado es la derogación de la ley de Caducidad. Estamos viendo, en el trámite del proyecto interpretativo, las consecuencias negativas que puede tener desde el punto de vista político y jurídico el camino que hoy se está siguiendo y por eso este compás de espera que tenemos ahora".
Esto sucedía, entiéndase bien, luego de que el proyecto había sido aprobado en la Cámara de Diputados, y luego de que –con modificaciones- había sido votado en la Cámara de Senadores. Y pocos días después concurre al Parlamento, junto al presidente Mujica, a pedirle a los parlamentarios del FA que no voten el proyecto. El proyecto naufragó en el Parlamento el 19 de mayo de 2011, y al otro día se registró la mayor marcha por verdad y justicia desde que la misma se realiza, con más de 100 mil participantes. Si alguien creía que no iba a pagar costos políticos por esas bestialidades políticas, se equivocó de medio a medio.

lunes, 4 de junio de 2012

MIRANDO MÁS ALLÁ DEL DOMINGO (3ª parte)




 
Terminábamos nuestra nota anterior diciendo que estaban en lo cierto quienes decían en el documento previo al Congreso “Líber Seregni” que estábamos (todavía lo estamos) “… atravesando un período histórico, con un entorno político y social, sumamente favorable para el crecimiento de nuestra fuerza, para la expansión de nuestros valores, la consolidación del liderazgo político del Frente Amplio, el desarrollo de nuestro perfil público de acumulación y nuestra implantación en el escenario de la sociedad uruguaya”. Y decíamos también que el razonamiento era correcto, pero le faltaba llegar a la conclusión que estaba a la vista: la relación directa entre el decaimiento de nuestra fuerza política y la acción del gobierno.
LA COYUNTURA HISTÓRICA
¡¡Claro que estábamos, y estamos, ante una coyuntura histórica invalorable!! Que el FA llegara a obtener el gobierno en una coyuntura como aquella, seguramente no estaba en los planes de nadie. El documento de balance agregaba además algo nada menor: “El FA accede al gobierno nacional y a ocho gobiernos departamentales, que en conjunto contienen al setenta y cinco por ciento de la población y la mayor parte del PIB nacional. A la vez obtiene la mayoría absoluta en el parlamento, como consecuencia de un profundo cambio operado en la sociedad uruguaya”.
Y nosotros agregábamos en ese entonces: con una economía mundial creciendo a niveles nunca vistos en la historia, con nuevos y más amplios mercados, y con precios record de las materias primas que exportamos. Una América Latina que crecía, pero además girando a la izquierda e intentando llevar a cabo los sueños integracionistas de nuestros libertadores, con nuevos países que se sumaban, con gobiernos progresistas y con pueblos empujando los cambios. Un imperialismo desacreditado y acorralado en todos los frentes. De manera que estábamos realmente en un momento excepcionalmente bueno en el país, en la región y en el mundo; la recaudación había tenido un crecimiento espectacular; las reservas internacionales crecían a cifras récord; habíamos hecho ahorros significativos en el gasto del Estado simplemente terminando con las corruptelas; ya no perdíamos con las inversiones de ANCAP en Argentina, y estábamos ahorrando por la compra del petróleo a Venezuela.
Entonces, las preguntas correctas en ese momento eran: ¿no será que los avances de nuestro gobierno no están a tono con esas posibilidades de la coyuntura histórica? ¿No será que la militancia se desmoviliza porque no entiende por qué en un entorno latinoamericano antiimperialista y favorable a la integración, nuestro gobierno lo primero que hace es firmar un Tratado de Protección de Inversiones con los Estados Unidos y luego trabaja denodadamente por un TLC, aunque ello le provoque problemas con los hermanos del Mercosur? ¿No será que la militancia frenteamplista no entiende como es posible que en un entorno tan favorable económicamente y con un gobierno del FA quienes más ganen sean los grandes capitales y el sistema financiero? Incluir estas reflexiones en el balance, no significaba de ninguna manera no reconocer los avances del gobierno fundamentalmente en el combate a la pobreza y la indigencia, pero hay quienes al parecer prefieren contabilizar únicamente en el haber, e incluyen inmediatamente en el “eje del mal” a quienes intentan ejercer su derecho de critica y autocrítica. Y por ese camino, se sigue como está. Esto es, si se viene en caída, se sigue cayendo, como quedó demostrado el domingo 27.
EL PUEBLO SE CONVOCA SOLO
Porque en una coyuntura de las características que señalábamos más arriba, nadie puede extrañarse que la militancia frenteamplista se niegue a salir a combatir a las calles empuñando un volante que festeja porque rebajamos el IVA del pollo, aunque el pollo suba (esto por cierto que no es un invento, el volante existió; el gobierno había rebajado el IVA del pollo como forma de combatir el aumento del precio de la carne, pero mientras a los genios de propaganda se les ocurrió la brillante idea y la pusieron en práctica y los volantes bajaron a los comités para ser distribuidos, el comercio ya había subido el precio del pollo y se había embolsado la rebaja del IVA). O que esa militancia festeje como si fuera un acto revolucionario y anti oligárquico destinar 18 millones de dólares a la rebaja del boleto urbano, cuando eso significaba en el bolsillo de un trabajador aproximadamente 80 pesos por mes, y cuando los empresarios, en cambio, acababan de ser beneficiados con la rebaja de impuestos por 64 millones de dólares con la reforma tributaria.
Lo que queremos decir, es que si ante una coyuntura histórica, tanto en lo internacional como en lo nacional, la fuerza política no es capaz de movilizar al pueblo en apoyo de su gobierno, las causas no hay que buscarlas exclusivamente en la fuerza política. Porque hay algo que si no lo tenemos claro no vamos a llegar a ninguna conclusión correcta: cuando el pueblo tiene un gobierno que lo interpreta a cabalidad, se moviliza solo, sin necesidad de que lo convoquen. Y ejemplos de ello no faltan, basta mirar hacia Cuba, Venezuela o Bolivia. Por lo tanto, las invocaciones que hacía el documento de nuestra fuerza política respecto a “Sacudirnos, reaccionar cuanto antes y hacer los ajustes de enfoque y funcionamiento político,…” no deberían estar dirigidas únicamente a la estructura del FA (que sí necesitaba -y necesita- mejorar su funcionamiento), sino que también era necesario dirigirlas a nuestro gobierno, y no se hizo.
Estamos de acuerdo en que el rol de la fuerza política -como planteaba el documento- debe ser “controlar el cumplimiento de los grandes lineamientos, evaluar los resultados, generar objetivos y propuestas hacia el futuro, profundizar su rol de promoción de los principales logros del gobierno”, pero para eso es necesario que cuando la fuerza política controla el cumplimiento de los grandes lineamientos y evalúa los resultados y esta evaluación es crítica, sea tenida en cuenta. Y para promocionar los logros del gobierno el militante debe estar convencido de que vale la pena promocionarlos. Estos logros deben ser propios de una fuerza de izquierda, y no porcentajes o meras cifras macroeconómicas que nada dicen a doña María ni a don José. El documento señalaba como logros -entre otras cosas- la reestructuración de la deuda y el mejoramiento de su relación con el PBI (pero olvidaba decir que la relación mejoró por el aumento del PBI, porque en realidad la deuda ha seguido aumentando); el aumento de las exportaciones a un valor record de millones de dólares (sin decir que esto se debía fundamentalmente a la coyuntura internacional favorable). Y no mencionaba que a pesar del crecimiento del PBI a niveles previos a la crisis del 2002, los ingresos de la población no habían crecido de la misma manera, lo que estaba indicando que la torta crecía pero se seguía distribuyendo en forma desigual.
LOGROS SI, PERO…
En ese momento decíamos: “No desmerecemos los logros de nuestro gobierno, pero los militantes de izquierda siempre tuvimos claro que detrás de los números hay gente de carne y hueso que sufre y que son el motivo esencial de nuestra militancia. No consideramos una cosa menor que se haya reducido la pobreza del 31,9 al 24,3 % y el de indigencia del 3,9 al 1,4 % como señala el documento, pero nos duele que siga habiendo más de 700.000 pobres y 42.000 indigentes (casi 12 estadios centenarios repletos) en un gobierno nuestro. Y más nos duele cuando eso se da en simultáneo con el pago por adelantado al FMI. Porque mientras se nos dan porcentajes como demostración de logros, nosotros convivimos con la gente que no consigue empleo, o con los que sobreviven con trabajos precarios, o somos los que estamos en contacto con los que se siguen yendo del país buscando un futuro mejor.” ¿Alguien puede afirmar que las cuestiones que venimos recordando nada tienen que ver con el vaciamiento de los comités de base ni con los magros resultados electorales de hoy?
RESUMIENDO
Sostengo que en nuestro primer gobierno, el apartamiento de postulados históricos de izquierda, generó la pérdida de aquellos militantes…yo no diría más comprometidos (porque los más comprometidos con el proyecto fueron los que se quedaron), pero sí más entusiastas. Esa es la cuestión medular, porque tal vez a doña María y a Don José no les haya afectado en lo más mínimo todo lo que recordamos en las notas anteriores (TLC, tropas a Haití, Tratado de Protección de Inversiones, maniobras Unitas, etc…), pero si con eso se fueron para la casa los militantes que luego iban a ir a conseguir el voto de doña María y de don José, entonces estábamos en problemas.
Los síntomas más notorios, fueron el desprendimiento de sectores (el 26 de Marzo), el alejamiento de referentes históricos y éticos, fundadores del FA como Guillermo Chifflet y Helios Sarthou, el comienzo de la pérdida de votos en Montevideo y otros departamentos frenteamplistas, y la notoria pérdida de militantes (que se fue manifestando en el progresivo vaciamiento de los Comités de Base). Y si vemos este progresivo deterioro de nuestro capital político, y lo analizamos en el contexto de América Latina, veremos claramente que aquellos países cuyos gobiernos emprendieron cambios realmente profundos y democráticos (en el sentido de que esos cambios se hicieron con la gente), y siguieron siendo antiimperialistas coherentes, han ido creciendo sostenidamente en apoyo popular. Es el caso de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. En cambio, aquellos gobiernos que se limitaron a administrar las grandes variables macroeconómicas y repartir de una manera un tanto más equitativa la torta, sin afectar en lo más mínimo las relaciones de poder, fueron generando el desencanto, primero en su militancia y luego en los votantes. Algunos irremediablemente perdieron su oportunidad y cedieron el paso a la derecha (Chile) y otros se salvaron raspando (nosotros, claramente), mientras que resta saber aún el destino de hermanos como los brasileños.
En próxima nota expondremos algunas cuestiones de nuestro segundo y actual gobierno, que en lugar de modificar lo que hemos expuesto, siguieron por el mismo camino de expulsar a la militancia más comprometida con las ideas de izquierda.

domingo, 3 de junio de 2012

MIRANDO MÁS ALLÁ DEL DOMINGO (2ª parte)




LA DESMOVILIZACIÓN
Antes de proseguir con el análisis del documento hacia el Congreso “Liber Seregni” de 2007, tendríamos que mencionar al menos las primeras consecuencias electorales de lo que veníamos diciendo en la nota anterior. Nos referimos a las elecciones internas del año 2006. Si bien en esas elecciones superamos en un 10% la cantidad de votantes de las anteriores, realizadas en 2002, ya en ese momento –y sugestivamente, visto ahora en perspectiva- bajamos la votación en aquellos departamentos que gobernábamos: Montevideo, Canelones, Florida y Paysandú (todos ellos con intendentes frenteamplistas). En Canelones votaron 1.000 personas menos que en 2002 y en Paysandú la merma fue de 1.200 votos. Y como otra señal también significativa, en los barrios obreros de Montevideo como Cerro, La Teja, Paso de la Arena, Municipal y Malvín Norte, votó menos gente que en 2002. En cambio, la cantidad de adherentes creció un 5 % en las zonas donde predomina la clase media y alta, como ser Pocitos, Punta Carretas, Carrasco, y Punta Gorda.
SIGUIENDO CON EL CONGRESO
En ese entonces decíamos: “Compartimos lo que expresa el documento en cuanto a que “La movilización social no es solo para protestar, es también para apoyar y defender. Sirve para consolidar y corregir”. Pero decíamos también que para salir a la calle a apoyar y defender, la militancia se tiene que sentir consustanciada con los cambios. Debe sentir que los cambios van en el sentido de lo que elaboramos y propusimos entre todos. La militancia tiene que enamorarse del proceso de cambios y sentirlo profundamente.
Y sobre este punto debemos decir que no siempre ha sido así. Que no siempre los cambios han ido en el sentido de lo que habíamos definido en el programa ni con la profundidad que allí proclamábamos, y que muchas veces las acciones de nuestro gobierno han ido en sentido totalmente contrario, más allá de las razones que se esgrimieran en cada caso para adoptar esa actitud.
¿O es que la firma de un Tratado de Protección de Inversiones con los Estados Unidos, o los esfuerzos realizados para llegar a la firma de un TLC (mientras que se decía que no se estaba en eso) son en cumplimiento del Programa?... El envío de tropas a Haití, o la participación en las maniobras UNITAS, o la invitación a comer un asado al genocida más brutal de la época (George W. Bush) ¿son acciones de gobierno consustanciadas con la mística frenteamplista y que deberían generar manifestaciones incondicionales de apoyo y una eufórica alegría? Ningún frenteamplista consciente podría dar una respuesta positiva a estas preguntas.
Y en ese sentido, es extraño que a los compañeros que elaboraron el documento previo a ese Congreso no les haya llamado la atención que, si bien la fuerza política como tal había dejado de convocar, el pueblo no se había dejado de movilizar. Como botones de muestra, podríamos señalar los siguientes: 1) las marchas del 20 de mayo en reclamo de verdad, justicia y nunca más terrorismo de Estado (que fueron creciendo constantemente en número y sobre todo en cantidad de jóvenes); 2) las movilizaciones en torno al rechazo al TLC; 3) las manifestaciones de repudio a la visita del genocida Bush; 4) la movilización del PIT-CNT en rechazo al paro de los transportistas y a la arremetida de la derecha.
LA DESMOVILIZACIÓN Y SUS CAUSAS
Ya en ese momento (año 2007) –y como una confirmación de que los problemas en el FA no comenzaron en 2010 con la resolución de la candidatura a la intendencia de Montevideo, como algunos creen-, el documento preparatorio del Congreso consignaba que “Seguimos asistiendo a un proceso de dispersión de la militancia orgánica frenteamplista”. Pero cuando se analizaban las causas de ello, los compañeros cargaban prácticamente toda la responsabilidad en la fuerza política, cuando rompía los ojos que los niveles de participación tenían que ver con la falta de correspondencia entre lo que la fuerza política decía y lo que sus representantes en el gobierno hacían. El gobierno no lograba enamorar a la militancia.
El documento pretendía que una de las tareas fundamentales de la fuerza política era “… ayudar al gobierno a aplicar el Programa común acordado y difundir en el seno del pueblo sus realizaciones y proyectos en desarrollo o a desarrollar”. Y nosotros entendíamos -y lo seguimos sosteniendo- que si hay una tarea fundamental para la fuerza política, ella no es otra que seguir generando la participación y el compromiso de la gente desde abajo (para apoyar sí, cuando hay que apoyar, pero también para cuestionar cuando sea necesario). Ese es el compromiso que asumimos en nuestro programa: “…el compromiso con el desarrollo de una ciudadanía nueva, activa, participativa y responsable”. Y una ciudadanía responsable, es una ciudadanía necesariamente crítica, que piensa con cabeza propia. Es exactamente al revés de lo que planteaba ese documento: es la fuerza política la que necesita la ayuda del gobierno. El frenteamplista necesita que su gobierno aplique el programa que comprometimos ante la ciudadanía, para que cuando actúe entre la gente no tenga que estar dando explicaciones de por que no estamos haciendo lo que dijimos que íbamos a hacer. La fuerza política, sus comités de base, necesita tener el respaldo de un gobierno comprometido con las causas populares para trabajar entre el pueblo con credenciales incuestionables. Si esto se diera de esa manera, es decir: con un gobierno aplicando el programa democrático avanzado que entre todos elaboramos, con una fuerza política promoviendo la participación popular, haciendo que los ciudadanos ocupen los espacios de participación que se generan desde el gobierno, con un pueblo movilizado en la defensa de sus derechos, entonces los cambios se convierten en profundos e irreversibles.
LA RELACION FUERZA POLÍTICA GOBIERNO
Si como decía el documento, cuando no éramos gobierno, “la movilización y la efervescencia generaron en su momento niveles de participación que acercaron decididamente nuestra fuerza política a la gente”, y cuando somos gobierno “No hemos sido capaces de movilizarnos a la hora de defender y difundir los logros de nuestros gobiernos”, las razones que se nos ocurren para ello son dos: 1) La fuerza política no tenía suficientemente discutido su rol y su relación con el gobierno, y no supo encontrar su lugar en el espacio político al ganar las elecciones; 2) Los logros del gobierno no eran de tal magnitud como para generar el compromiso de la militancia frenteamplista (desarrollaremos esto en el próximo artículo), mientras que las acciones contrarias a la mística antioligárquica y antiimperialista (ya mencionadas) fueron lo suficientemente fuertes como para desmovilizar al núcleo más militante. Ese núcleo que es el que está en contacto con la gente, que sale a hacer barriadas, que genera debates en las organizaciones sociales, que conversa en el almacén con la vecina.
Salvo que haya compañeros que encuentren completamente lógico que la militancia frenteamplista cambió súbitamente al día siguiente de las elecciones, y de buenas a primeras decidió quedarse en su casa y ver por televisión como evolucionaba la marcha del gobierno. Como creemos que esta opción debería ser descartada, nos inclinamos a pensar que las razones habría que buscarlas en las dos que mencionábamos antes, o en una combinación de ambas (o en alguna otra que tendremos que encontrar entre todos).
El documento señalaba también que “la presencia habitual de los Ministros y jerarcas de gobierno en la Mesa Política, realzó la importancia del órgano de conducción política del Frente Amplio, y fortaleció el diálogo y la necesaria interacción entre gobierno y fuerza política”. Pero sin dudas que esto no siempre fue así. En temas de enorme trascendencia, como el TLC, la interacción entre gobierno y fuerza política fue nula. La información que la Mesa Política Nacional reclamaba, llegaba tarde y mal o no llegaba. La información que se requería por parte de la fuerza política para tomar posición sobre el TIFA llegó cuando los representantes de EEUU ya estaban en el país para firmar el acuerdo y cuando una resolución en contra hubiera significado desautorizar lo que el gobierno ya tenía resuelto. De manera que la presencia habitual de los ministros y jerarcas en la Mesa Política es positiva, sí, siempre que esa interacción sea de ida y vuelta y no para informar sobre cosas ya resueltas.
LA COYUNTURA HISTORICA
Quienes analizamos los acontecimientos políticos con las herramientas del marxismo, acostumbramos a ver los procesos de nuestro país insertos en el marco mundial y continental correspondiente. En el capítulo 3 del documento preparatorio del Congreso, titulado “Somos gobierno”, se  planteaba acertadamente que estábamos “… atravesando un período histórico, con un entorno político y social, sumamente favorable para el crecimiento de nuestra fuerza, para la expansión de nuestros valores, la consolidación del liderazgo político del Frente Amplio, el desarrollo de nuestro perfil público de acumulación y nuestra implantación en el escenario de la sociedad uruguaya”. Y a continuación se lamentaba de que “Sin embargo, frente a esta gran oportunidad, el accionar de nuestra fuerza política, no cuenta con la vitalidad y la dinámica necesarias. Lejos de ello, el trabajo organizado de los frenteamplistas denota cierto decaimiento, nuestra capacidad de movilización y articulación con la sociedad aparece deprimida, el mensaje político se dispersa en énfasis sectoriales, la fuerza política pierde protagonismo”.
Y el razonamiento era correcto, pero le faltaba llegar a la conclusión que estaba a la vista: la relación directa entre el decaimiento de nuestra fuerza política y la acción del gobierno. Retomaremos en este punto en nuestro próximo artículo.

MIRANDO MÁS ALLÁ DEL DOMINGO (1ª parte)


Lenin decía: “Lo que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a subsanarlos en más de la mitad”, y su sentencia es más que apropiada en estos momentos.
HAGAMOS MEMORIA
Ya hemos dicho antes que si tomáramos como elemento para el análisis lo que pasó el domingo 27 de mayo, como si fuera un hecho aislado, estaríamos viendo solo una parte del problema, e incluso podríamos llegar a no verlo como un problema.  Decíamos que no podemos olvidar que en octubre de 2009 el Frente Amplio no pudo ganar en primera vuelta, y que perdió dos diputados. Y que no podemos olvidar que en esa instancia también perdimos dos plebiscitos importantísimos, el de anulación de la ley de impunidad y el del voto epistolar. Y si vamos más atrás, recordemos que ya en las elecciones internas de ese año el FA obtuvo menos votos que el PN. Y tal vez tengamos que ir hasta el Congreso de diciembre de 2007 para encontrar otros problemas. Pero habría que ir aún más lejos, si es que consideramos como uno de los factores más problemáticos la relación de la fuerza política con el gobierno (para mi es el nudo de la cuestión), y entonces tal vez deberíamos comenzar por el año 2005, que marca el inicio del Frente Amplio en el gobierno nacional. Comencemos entonces por ahí, y en próximos artículos nos acercaremos más a los hechos más recientes.
PRIMER GOBIERNO DEL FA
Ya en el año 2005 hay hechos que comienzan a mostrar cierto malestar entre la militancia frenteamplista, al tomar el gobierno caminos que se alejaban de las definiciones programáticas previas, y en otros casos se apartaban de definiciones que, aunque no estuvieran dichas explícitamente en el Programa, formaban parte de nuestra historia previa como fuerza política de izquierda. No tenemos dudas que mucho del desencanto de buena parte de los frenteamplistas comienza en esos primeros pasos.
Recordemos algunas cosas. Durante la campaña electoral de 2004, en una de las conferencias del ciclo “La transición responsable”, Tabaré Vázquez expresaba: “Quiero decirlo claramente: el EP-FA-NM no ha sido consultado sobre los contenidos de dicho acuerdo (se refería al proyecto de Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU) ni lo conoce (…) Un acuerdo de este tipo negociado unilateralmente, significa un desconocimiento al MERCOSUR y a la necesidad de encarar estos temas como región”. Sin embargo, diez meses después de asumir el gobierno, el Parlamento aprobaba el Tratado. La gran mayoría de los sectores del FA, así como las bases, se oponían a la firma del tratado -salvo los ministros Astori y Lepra, y el vicepresidente Nin Novoa-. Las voces que se hacían oír a favor de la firma del mismo, provenían de los partidos tradicionales y de las cámaras empresariales. Es decir: la gran mayoría del Frente Amplio en contra del tratado; la gran mayoría del gabinete en contra del tratado, pero el tratado finalmente se firmó y se ratificó en el Parlamento (con el único voto en contra del Partido Comunista). Y, como frutilla de la torta, el gobierno firmó el dichoso tratado en medio de una cumbre del Mercosur (en Córdoba), siendo Tabaré Vázquez el único presidente que se reunió con Bush, en momentos en que todos los países del bloque gritaban un rotundo NO AL ALCA.
RUMBO AL TLC
Cuando aún no se había secado la tinta de las firmas estampadas en ese Tratado, ya nuestro ministro de economía estaba planteando la necesidad de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, “cuánto antes mejor” decía Astori. Nuevamente, al igual que con la firma del TPI, comenzaron a levantarse las voces en contra, y sin duda fueron mayoría, tanto a nivel de las bases como de los sectores de la fuerza política y en el gabinete ministerial. El propio Tabaré Vázquez se manifestó en contra de un TLC en más de una oportunidad. Recordemos por ejemplo lo que manifestara en Venezuela a principios de marzo de 2006: “El actual gobierno uruguayo no tiene, en carpeta o en agenda, la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”, mientras recordaba, además, que el programa de gobierno del FA es “un compromiso ciudadano donde se deja claro que las relaciones comerciales actuales con las potencias del primer mundo, entre las que se encuentra Estados Unidos, no son las adecuadas para firmar ningún Tratado de Libre Comercio”. También en este caso, las voces a favor de la firma de un TLC provinieron de las cámaras empresariales y de los partidos tradicionales. Y cual si fueran estos los que gobernaran, casi llegamos a concretarlo. Recordemos la instancia de Punta Cala, en donde Tabaré Vázquez (pocas semanas después) se desdijera de lo dicho en Venezuela y expresara su metáfora del tren: “…porque recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se detiene pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una sola vez”.
A partir de esa instancia, comenzaron las negociaciones en serio rumbo a un TLC. Como todos sabemos, el proceso desembocó en un TIFA, que para algunos es un trampolín para llegar al TLC. Y nuevamente, a pesar de estar la gran mayoría del gobierno y de la fuerza política en contra del TIFA, y toda la oposición a favor, el TIFA se firmó.
Si a estos elementos, le agregamos el envío de tropas a Haití, la participación en las maniobras Unitas, las vacilaciones a la hora de integrarse a organismos de unidad latinoamericana como el Banco del Sur, entonces veremos que estábamos ante un gobierno que, en forma notoria, se apartaba (más allá de que en otros aspectos actuaba con aciertos) de los grandes lineamientos programáticos de la fuerza política y sobre todo del carácter antiimperialista de ésta.
EL CONGRESO “LIBER SEREGNI”
Previo al Congreso “Liber Seregni” (año 2007), y analizando el documento preparatorio decíamos en un artículo de El Popular: “Es indudable que para profundizar los cambios cumpliendo con el programa se requieren las tres cosas que menciona el documento: “…una fuerte voluntad política desde el gobierno, un accionar decidido de la fuerza política y la participación activa de las fuerzas sociales”. Pero lo que también es indudable, es que los tres elementos (gobierno, fuerza política, fuerzas sociales) deben empujar en el mismo sentido. De lo contrario, es un tironeo en donde cada cual tira hacia su lado y las fuerzas se anulan. Porque aunque coincidamos en que hay “factores estructurales que debilitan la participación política”, no nos podemos hacer los distraídos y mirar hacia otro lado desestimando causas de esa desmovilización como las que tienen su origen en la propia acción del gobierno. No se puede desconocer que una gran cantidad de militantes frenteamplistas de toda la vida se han ido para sus casas decepcionados por lo que consideran acciones contrarias a definiciones básicas y originarias del Frente Amplio. No son pocos los militantes frenteamplistas que consideran que firmar un Tratado de Protección de Inversiones con el imperio, o enviar tropas a Haití a defender una situación creada por los Estados Unidos, o trabajar por la concreción de un TLC con ese país, sumarse a las maniobras Unitas, etc., es abandonar nuestra condición de antiimperialistas. O los que consideran que una reforma tributaria que rebaja los aportes de los capitalistas es abandonar nuestra condición de antioligárquicos. No son pocos los que no entienden algunos errores garrafales como la presentación del “proyecto García Pintos” sobre el nunca más. Y esto lo decimos más allá de que quienes así piensan tengan razón o no. La cuestión es si estos temas han sido discutidos en la forma adecuada. Si en estos temas se ha tenido en cuenta una correcta relación entre fuerza política y gobierno, o si se han resuelto por la vía de hechos consumados.”
Estos elementos que acabamos de reseñar, ya habían provocado el alejamiento en 2005 de un referente ético de la izquierda como el diputado socialista Guillermo Chifflet, que renunció a su banca al no votar el envío de tropas a Haití, habían generado malestar con otros referentes enormes como Reynaldo Gargano, generaron también algunas señales electorales en 2006 (que veremos en próximas notas), y en marzo del 2008 provocarían el alejamiento del Movimiento 26 de Marzo y parte de la CI, y de otro referente ético de la izquierda como el recientemente fallecido Helios Sarthou.

viernes, 1 de junio de 2012

¿TORMENTA DE VERANO?

Al parecer, muchos análisis de lo pasado el domingo 27 de mayo solo ven el hecho concreto. Es decir, organizamos unas elecciones internas, a mitad de un período de gobierno, por lo tanto no se podía esperar la misma cantidad de participación que cuando se hacen al comenzar un período; la cifra fue importante, así que: tout va très bien. Algunos, perciben claramente que algo anda mal, pero en lugar de plantearse “qué hicimos mal para que esto nos salga de esta manera”, piensan así: “qué hicieron otros mal para que a mí me suceda esto”. Son por ejemplo quienes acusan de la mala votación a la prensa (¿?), o los que muy sueltos de cuerpo –y muy deshonestamente- apuntan contra la gestión del gobierno de Montevideo.
En lo personal, no creo que se puedan analizar los hechos políticos fuera del contexto histórico. En la nota anterior solo queríamos marcar la sorpresa por las evaluaciones positivas acerca de la votación en las internas, y dejar en claro que sí se puede –y además se debe- comparar con instancias anteriores para encontrar las explicaciones de por qué pasan ciertas cosas. Porque sin dudas era absolutamente irreal pensar que se podía llegar a la votación del 2006. Incluso con las zanahorias que se ponían en la punta del palo. Pero lo que hay que hacer, es un análisis serio y sincero de por qué se llegó a la situación por la cual, 7 años después de llegados al gobierno, la gente cada vez se aleja más. ¿Es una tormenta de verano? Ese es el tema.
Un ejemplo futbolero para aclarar lo que digo. Si yo digo que me quedo tranquilo si mi equipo el próximo partido empata o pierde 2 a 0, debido a las lesiones sufridas por algunos de los titulares y a que otros están suspendidos y no pueden jugar, y termina perdiendo 1 a 0, eso puede ser bueno o malo, depende del contexto. Si vengo ganando todos los partidos, voy primero en la tabla, y estoy a 7 puntos del más cercano rival, entonces sí, puedo estar tranquilo. Pero si gané el primer partido, empaté el segundo, y perdí los últimos tres, entonces seguramente es malo, y tal vez pierda el campeonato.
LA HISTORIA
Porque lo cierto es que esta es la cuarta elección interna de autoridades que realiza el FA en sus 41 años. La primera fue en1997, y votaron 143.575 adherentes; la segunda en 2002 y participaron 195.702 frenteamplistas; la tercera en 2006, donde se alcanzó la máxima participación: 222.795 adherentes, y la última hace unos pocos días, en donde por primera vez desciende la cantidad de votantes. Y esto es lo que hay que ver y lo que hay que analizar. Por qué es justo ahora cuando baja la cantidad de votantes, cuando por primera vez en la historia los adherentes del interior votan en elecciones abiertas con adhesión simultánea a los integrantes de sus plenarios departamentales (en las anteriores solo votaban al Plenario Nacional, y los plenarios departamentales se elegían en las asambleas del 25 de agosto); cuando la oferta es tan grande que en algunos departamentos tenían para elegir entre cinco candidatos a presidente para su departamental y cuatro candidatos para presidente del FA central, más los diferentes plenarios por los sectores y por las bases.
Pero también es necesario analizar si este es un hecho aislado, o forma parte de una tendencia. Porque si solo vemos el hecho de las elecciones internas de autoridades del FA, nos podemos llegar a conformar y verlo como un simple traspié (como el ejemplo futbolero de más arriba), ya que es la primera vez que desciende la votación en estas instancias. Pero si lo vemos en una perspectiva histórica, y constatamos que en las elecciones internas para elegir el candidato a la presidencia del país también la tendencia es decreciente y que cada vez vota menos gente; y además constatamos que en las elecciones generales del 2009 tuvimos menos votos que en el 2004 y ya no pudimos ganar en primera vuelta y casi nos quedamos sin mayoría parlamentaria (además de perder dos plebiscitos importantísimos, como el de anulación de la ley de impunidad y el voto en el exterior); y constatamos además que en mayo de 2010 volvimos a bajar la votación y perdimos varias intendencias del interior del país, entonces estamos hablando de otra situación, de otro tipo de análisis.
Y eso sin entrar en detalles. Porque podríamos ver, a vía de ejemplo, algunos síntomas de que algo no andaba bien, ya en 2006, cuando se obtuvo la mejor votación en términos históricos. Si bien en esas elecciones superamos en un 10% la cantidad de votantes de las anteriores, realizadas en 2002, ya en ese momento bajamos la votación en aquellos departamentos que gobernábamos: Montevideo, Canelones, Florida y Paysandú (todos ellos con intendentes frenteamplistas). En Canelones votaron 1.000 personas menos que en 2002 y en Paysandú la merma fue de 1.200 votos. Y como otra señal también significativa, en los barrios obreros de Montevideo como Cerro, La Teja, Paso de la Arena, Municipal y Malvín Norte, votó menos gente que en 2002. En cambio, la cantidad de adherentes creció un 5 % en las zonas donde predomina la clase media y alta, como ser Pocitos, Punta Carretas, Carrasco, y Punta Gorda.
El año 2004 fue el último en que el Frente Amplio como tal creció electoralmente. Inmediatamente después, comenzamos un descenso que tuvo su pico más bajo en mayo de 2010, pero que no debió habernos sorprendido. Porque ya en mayo de 2005, los votos obtenidos en todo el país –a pesar de obtener siete nuevas intendencias que se sumaban a Montevideo- fueron menos que los de octubre de 2004. Y en las internas de 2009 obtuvimos una votación menor que en las internas anteriores, y en octubre de 2009 tuvimos un 4% menos que en octubre de 2004. Cualquier ola, hasta la más apacible, responde al gigantesco bullir en profundidad de fuerzas que tarde o temprano aparecen en la superficie. Y lo que queremos decir, es que los resultados del pasado domingo 27 son el último tramo de una cadena de traspiés electorales que hemos venido sufriendo reiterada y sistemáticamente y que hemos rehuido analizar como se debe
NI MUCHO NI POCO
Una pequeña digresión antes de continuar. Todo lo dicho en esta nota, y en la anterior (y en las posteriores), no significa de ninguna manera menospreciar el enorme trabajo desplegado por la militancia frenteamplista en estas instancias. Todo lo contrario. Si se llegó, a 170 mil votantes, es justamente debido al sacrificio militante de todos esos compañeros. No es hacia ellos la crítica. En realidad lo único que hasta ahora he hecho es explicar por qué considero que la votación está marcando y diciendo algo muy importante y que debemos decodificar inteligentemente, porque estamos al borde del precipicio y no analizar debidamente algunos mensajes es como dar un paso al frente.
Se puede decir que los 170 mil votos del domingo son mucho o son poco. Depende. Para poder evaluarlo hay que comparar con algo. Pero con algo que tenga algún sentido para el análisis. Se dice que ninguna otra fuerza política en el país es capaz de reunir esa cantidad de votantes en una elección interna donde votar no es obligatorio. Y es absolutamente cierto, no hay otra fuerza política que pueda hacerlo. Y eso puede ser una demostración de la respuesta que el partido obtiene del núcleo tal vez más consecuente de sus votantes. Pero no garantiza nada. Ese partido, con esa importante participación en una elección interna, puede perder las próximas elecciones sin problema.
Se dice que ese porcentaje de votación no lo logran ni los partidos más grandes del continente, como el PT de Brasil, en el que participan aproximadamente un 2% de los votantes en una interna, mientras que en el FA vota un 20%. Está bien, es absolutamente cierto. Eso puede ser un asunto interesante para sociólogos y politólogos, para estudiar los comportamientos políticos en los diferentes países del continente. Pero si el porcentaje viene en caída libre…¿hasta qué numero vamos a seguir festejando porque el porcentaje es mayor que el del PT? Porque si votara un 8% del electorado, sería cuatro veces mayor que en el PT. ¿Y? ¿Esos 80 mil votos serían también una muy buena votación? ¿lo serían 40 mil, el 4%? Por un lado, se dice que no se puede comparar el resultado del domingo con el resultado de 2006, porque son momentos diferentes, pero para demostrar que el resultado es bueno se dice que los partidos tradicionales no podrían lograrlo (se lo compara con un hecho inexistente en un momento inexistente), o se dice que votamos mejor que un partido brasileño. Francamente, por esa vía no sacaremos conclusiones que nos lleven a sacudir la modorra y a volver al FA a lo que en algún momento fue: cuna de participación política militante activa y comprometida con un proyecto de cambios verdaderos.
La única voz que va por el rumbo del que hablo, por ahora, es la de Juan Castillo, que luego de las elecciones dijo cosas como estas: “…la caída de la votación del Frente Amplio respecto al año 2006 muestra "un enojo de los frenteamplistas" hacia algunos temas. A nivel del interior hubo un 30% de votos menos y en Canelones se votó un 25% por debajo del 2006. Creo que esto está ligado a problemas que tiene la fuerza política, eso era lo que nos hacían saber los frentistas en las asambleas cuando recorrimos el interior del país en las giras que hicimos los candidatos". “Me parece que la tarea más inmediata, posterior a este acto electoral, es corregir algunos errores. Hay mucha confusión entre los dirigentes, hay discusiones entre el gobierno y la fuerza política, algunas cosas que se prometieron no se hicieron, y hay cosas que se están haciendo y no fueron consultadas".

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...