martes, 29 de octubre de 2019

A LA DERECHA QUE HAY LUGAR

(mi artículo de esta semana en Semanario VOCES)


Aunque suene extraño, la fuerza más votada en las elecciones del domingo pasado fue la gran derrotada. Y lo fué porque perdió las mayorías parlamentarias que tuvo durante tres períodos consecutivos y porque perdió casi 200 mil votos, lo que la dejó en situación precaria para enfrentar la segunda vuelta de noviembre.
Hay algo que está muy claro; el FA ha sufrido un sostenido descenso electoral a partir del año 2004, año en el que obtiene el gobierno en primera vuelta. A partir de ahí, no ha hecho otra cosa que perder votos elección tras elección. Ya en mayo de 2005 (elecciones departamentales), los votos obtenidos en todo el país -a pesar de obtener siete nuevas intendencias que se sumaban a Montevideo- fueron menos que los de octubre de 2004. En las internas de 2009 la votación fue menor que en las internas anteriores, y en octubre de ese año se obtuvo un 4% menos que en octubre de 2004.
A pesar de ese proceso constante que culmina con la debacle del domingo pasado, jamás esa fuerza política se hizo una mínima autocrítica para corregir rumbos. Todo lo contrario, lo que primó fue una enorme soberbia, que quizá esté plenamente representada en la frase de Tabaré Vázquez: “nos vemos en las urnas”. Nos vimos en las urnas, y los resultados están a la vista.
En esta oportunidad, además del cúmulo de errores en la gestión de gobierno, se sumó un pésimo candidato, muy mal orador, y que eligió una candidata a vice totalmente desconocida y que se tuvo que ocultar para no perder más votos. Se pretendió disimular las deficiencias con cánticos y bailes y banderas, pero eso nunca es todo para ganar una elección.
Al parecer nadie está dispuesto a admitir la enorme decepción de muchos frenteamplistas a partir de que el primer gobierno se apartó de postulados históricos de izquierda. Eso generó la pèrdida de miles de votantes, pero fundamentalmente de miles de militantes comprometidos con el proyecto de izquierda. Lo cual generó, además, el vaciamiento continuo de los Comités de Base.
Los síntomas más notorios de esa decepción, fueron el desprendimiento de sectores (el 26 de Marzo y parte de la CI), el alejamiento de referentes históricos y éticos, fundadores del FA como Guillermo Chifflet y Helios Sarthou, y el comienzo de la pèrdida de votos en Montevideo.
Este retroceso por izquierda, fue de alguna manera compensado por un cambio sustancial de la composición del electorado frenteamplista, que fue incorporando -a medida que el FA se iba corriendo hacia la derecha- a votantes de la derecha y del centro (y no solo votantes, hasta legisladores ex integrantes de la JUP). De hecho, el FA comenzó a perder fuerza en Montevideo y a aumentar su electorado en el interior, tradicional reducto conservador.
El FA del 71 era un conglomerado de izquierda con postulados de izquierda (antiimperialista, antilatifundista, antioligárquico). Pero se ha ido transformando, entre otras cosas para lograr llegar al gobierno, y el FA que llegó al gobierno no es ni la sombra de aquel. Se ha transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, se ha ido modificando en sus referencias ideológicas, y ni que hablar en su convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje).
Y cuando un partido de izquierda se corre hacia el centro para ampliar su apoyo electoral, y luego llega al gobierno y aplica un programa de centro, no es tan extraño que sus votantes -que a esa altura son mayoritariamente de centro o de derecha- puedan volcarse eventualmente hacia otro partido que los represente mejor.
Cuando un partido se transforma en “catch-all”, es posible que crezca electoralmente e incluso que obtenga el gobierno (el FA es una clara prueba de ello). Pero eso tiene sus costos. Fundamentalmente el lavado ideológico logra sin duda la ampliación de posibles electores, pero hacen cada vez más difícil las distinciones en clave ideológica entre unos partidos y otros (los signos de identidad quedan reducidos a cuestiones instrumentales, la agenda de derechos, etc,). De esta forma, las diferencias entre derecha e izquierda tienden a reducirse cada vez más y el concepto predominante es el centro político. El electorado que se consigue no es un electorado cautivo ni mucho menos.
De manera que si el FA sigue hoy perdiendo votantes de izquierda, y además votantes de derecha (que se van a Cabildo Abierto, entre otros), no puede ser ninguna sorpresa para nadie.



José Luis Perera

miércoles, 16 de octubre de 2019

NADA NUEVO BAJO EL SOL

(mi artículo de esta semana en VOCES Semanario)


Las encuestas son una fotografía de un momento, y aun con sus imperfecciones, ayudan a tener una idea aproximada de lo que puede pasar en una elección. 
En los últimos seis días, en donde la publicidad sigue influyendo -hoy en día multiplicada hasta el paroxismo por el fenómeno de las redes sociales-, la gente sigue tomando decisiones que ya no serán registradas por ninguna encuesta.
El “voto oculto”, que históricamente fue de votantes de los partidos tradicionales (la mayoría silenciosa), hoy en día es oficialista. En 2004 el 34% de los indecisos votó al PN y el 27% al FA. De ahí en más, la mayoría de los indecisos se volcó por el FA, y es probable que vuelva a pasar en esta elección. 
En 2014 había un enorme malestar entre los votantes del FA, muchísimos de los cuales tenían pensado un voto castigo; eso era lo que recogían las encuestas y por eso daban los números que daban.
Sin embargo, a medida que el resultado de las encuestas se iba instalando y comenzaba a mostrar la posibilidad cierta de que el FA perdiera las mayorías y finalmente el gobierno, se produjeron dos cosas: 1) despertó a la militancia frenteamplista (“el susto despertó al mamado” dijo Topolansky), y 2) desató una brutal campaña de miedo a un posible gobierno de la “derecha” (fundamentalmente a través de las redes sociales).
Sin duda, ambas cosas dieron sus frutos, y a último momento, muchos frenteamplistas (la enorme mayoría de quienes figuraban en las encuestas como indecisos) que pensaban castigar con su voto lo pensaron muy bien y optaron por “el mal menor”.
Esto no lo pudieron registrar obviamente las encuestas, y muchos de estos frenteamplistas que votaron con bronca, ni siquiera lo reconocieron en las encuestas a boca de urna.
De manera que el escenario de hoy puede variar en los últimos días, aunque esta vez parece difícil que el gobierno mantenga las mayorías.
En la segunda vuelta, seguramente el FA pueda captar votos del PC, aunque dificilmente lo pueda hacer de CA, cosa que sí podría lograr Lacalle. Esto en principio dejaría con ventaja a Lacalle para obtener el gobierno, aunque todas las hipótesis son posibles.
La gobernabilidad del pais no está en juego, por cierto, porque el partido se juega en el centro. Es decir, acá no hay un enfrentamiento entre dos proyectos de país antagónicos. El proyecto, en cualquiera de los casos es el proyecto del gran capital, el de los Organismos financieros y políticos mundiales, y la disputa es por quién será el encargado de llevarlo a la práctica.
El Uruguay es un país que se ubica en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades, una un poco más conservadora que la otra (el propio Tabaré Vázquez reconoció que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo) . Lo que está en juego en estas elecciones es cuál de esas dos mitades se impondrá.

COVIFANATISMO (mi artículo de esta semana en VOCES)

Que l a s autoridades -y el poder en general - suele n incurrir en censuras, presiones y persecuciones a opositores, pero también ...