¿Y SI NO NOS MANIPULAN?
Hay algunas teorías que sostienen que determinados hechos que la prensa y las redes divulgan, viralizan, etc, no son más que distracciones para que no nos concentremos en las cosas realmente importante que están pasando. De esa manera, el fenómeno therian, supongamos, sería una forma de distraer la atención del caso Epstein, por decir algo, o del genocidio palestino.
El mecanismo consiste en desviar la atención del público de los problemas políticos y económicos fundamentales mediante un flujo constante de informaciones insignificantes o temas que apelan más a lo emocional que a la reflexión racional. Algo que ya fue señalado, entre otros, por el lingüista Noam Chomsky, como una de las estrategias de manipulación mediática.
Chomsky, señala tácticas específicas para manejar la atención de las masas:
La Estrategia de la Distracción: Es el elemento primordial para mantener al público alejado de las decisiones importantes de las élites, inundando los canales de comunicación con distracciones continuas.
Apelar a lo emocional: Los medios utilizan el aspecto emocional mucho más que la reflexión crítica, lo que facilita el control del comportamiento y la inducción de ideas.
Mantener la ignorancia:Se busca que el público permanezca en la mediocridad para que no logre comprender las herramientas de control utilizadas sobre ellos.
El Papel de las Redes Sociales
Las redes sociales han potenciado la dinámica de distracción y viralización.
Están los algoritmos de "engagement", que son plataformas diseñadas para maximizar el tiempo del usuario, lo que favorece contenidos virales y, en ocasiones, desinformativos que capturan la atención masiva rápidamente.
También las “Burbujas de filtro”, espacios que pueden aumentar la polarización y facilitar que ciertos temas "distractores" dominen la conversación pública por encima de noticias de interés gubernamental.
Por otra parte, a menudo los medios tradicionales se ven obligados a retomar temas que se vuelven virales en redes sociales debido a la presión de la audiencia, lo que puede desplazar noticias de mayor importancia.
Todo esto es bastante conocido.
Ahora bien; hay algo que me parece de orden por lo menos pensar, para ubicar en contexto y darle verdadera dimensión a las cosas.
Supongamos que es cierto, que quienes manejan la información nos distraen con cosas vanales para que no pensemos, o no hablemos de lo realmente importante. Partamos de esa hipótesis sumamente realista de ingeniería social, por llamarla de alguna manera. Admitamos que los dueños del mundo utilizan la saturación como forma de censura, que vivimos la versión modernísima del “pan y circo”, y que el fenómeno therian, las peleas entre influencers y otros debates funcionan como el coliseo romano. Generan tribalismo: la gente se divide, pelea y gasta energía intelectual debatiendo si alguien se siente animal, mientras que temas como la desclasificación de archivos en el caso de Jeffrey Epstein o cambios en políticas financieras globales requieren un esfuerzo mental que el cerebro, ya agotado por la dopamina de las redes, prefiere evitar.
Mi duda
Mi duda es la siguiente: si esa distracción no existiera ¿todos estaríamos ocupándonos de solucionar lo importante? Es decir, si no nos inundaran las redes con los therians ¿estaríamos todos tratando de solucionar el conflicto Israel-Palestina, por decir algo?
Esa es la pregunta del millón. Si mañana apagaran el ruido, ¿seríamos ciudadanos ejemplares o simplemente nos quedaríamos mirando una pared vacía?
Mi visión -provisoria- es que en realidad el ruido no crea la apatía, pero la alimenta. Y que la apatía tiene una parte que es generada a propósito, y otra que es natural.
La capacidad cognitiva es limitada. Es decir, si la manipulación no existiera, no es que todos seríamos diplomáticos en Medio Oriente. Pero es cierto que si consumes 2 horas diarias debatiendo trivialidades, es energía que no usas en entender cómo te afectan las nuevas leyes que vota el Parlamento, o el Índice de Precios al Consumidor. La distracción no impide que "soluciones" el conflicto en Gaza, pero sí impide que tengas una opinión informada y que pueda formarse un movimiento que presione a quienes sí pueden solucionarlo.
El cerebro busca dopamina fácil. Problemas como el conflicto Israel-Palestina o EEUU-Cuba, son dolorosos, complejos y generan frustración porque no tenemos control directo sobre ellos. En cambio lo banal ofrece una recompensa inmediata: puedes opinar, burlarte o indignarte y sentir que "participaste" en algo. Sin la distracción, quizás enfrentaríamos una angustia existencial que hoy tapamos con scroll infinito.
Históricamente, el entretenimiento banal ha servido para que la gente no se rebele. Si la vida es dura y, además, solo piensas en problemas estructurales sin solución aparente, el sistema se vuelve inestable. La distracción actúa como un sedante; sin ella, la presión social subiría, pero no hay garantía de que eso derive en soluciones; también podría derivar en caos.
En resumen: pienso que probablemente no estaríamos todos salvando el mundo, pero seríamos mucho más difíciles de manipular. Una sociedad aburrida y sin distracciones empieza a hacerse preguntas incómodas sobre su propia realidad.

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