miércoles, 29 de mayo de 2019

DEMAGOGIA DE AMBOS LADOS (publicado esta semana en VOCES)


El Frente Amplio corre el riesgo de perder las elecciones, fundamentalmente por la pérdida de votos por izquierda, y ese dato está influyendo en la agenda parlamentaria y del ejecutivo.

La ley orgánica militar, del consejo de estado de la dictadura, siguió vigente durante 45 años, y si el gobierno actual se decidió por fin a modificarla hay que celebrarlo, aunque sea evidente el oportunismo; y apoyarlo con el voto. Esas y tantas otras rémoras de la dictadura, debieron ser modificadas o directamente eliminadas hace ya mucho rato. Las jubilaciones de privilegio, entre otras. Pero hemos tenido gobiernos que muy poco quisieron hacer a ese respecto, y prefirieron hacer la plancha para no molestar a los militares y así poder contar con su apoyo tácito.
La principal excusa esgrimida por parte de la oposición para no votar las modificaciones, fue que “no era el momento dada la cercanía de las elecciones”. No se entiende muy bien cuál sería el impedimento para votar algunas leyes en momentos previos a las elecciones. Si el impedimento es que se puede afectar las expectativas electorales de un partido entonces es un argumento fuera de lugar. Tanto los gobiernos, como los parlamentarios que los controlan, deberían tener claro que su función es gobernar y legislar, independientemente de intereses partidarios. Pero claro, eso es un ideal muy lejano de la realidad: que los partidos ponen en primer lugar sus propios intereses, y luego los del país.
¿Sería posible lograr consensos sobre este tipo de leyes si se hicieran a mitad o al principio de un período de gobierno? Quizá, no lo podemos ni afirmar ni negar, porque ha sucedido que los votos faltan en cualquier parte del período. La ley de impunidad intentó ser anulada mediante otra ley en el año 2011, a mitad de un período de gobierno, y por cierto que hubieran sido necesarios los más amplios consensos en esa instancia; sin embargo, ni siquiera se logró entre los promotores de la anulación y el proyecto naufragó.
La demagogia es de ambos lados, desde el oficialismo que impulsa medidas para recuperar votos, y desde el sector de la oposición que no da los votos al proyecto para no perder los suyos. También fue demagógico todo el accionar del presidente de la república en el “caso Gavazzo”, pretendiendo limpiar su conciencia con la baja de los militares que integraban el tribunal, o cesando al ministro de defensa, que había hecho su tarea como debía. Es indudable que el primero en ser cesado debió ser el secretario de presidencia, ya que es impensable la renuncia del propio presidente, que es lo que hubiera pasado en un país en serio.
Las mejores fuerzas armadas son las que no existen. Este proyecto, será un paso adelante en la democratización de las que tenemos, pero la real se logrará cuando se termine la impunidad, y aquellos que ensuciaron el honor de las fuerzas armadas paguen por los delitos aberrantes cometidos. La verdad y la justicia son los caminos idóneos para que las nuevas generaciones de militares encaren su vocación con una cabeza diferente.

José Luis Perera



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