jueves, 16 de diciembre de 2010

LAS LEALTADES POLÍTICAS



El Ñato me ha hecho leer más de la cuenta. Yo estaba casi seguro que no había leído en las tesis del Congreso el nombre del Ñato, y menos el del compañero Lorenzo, pero como uno a veces lee apurado, alguna cosa se le puede pasar. Me llamaba mucho la atención, pero si el Ñato lo decía, por algo debía ser. Y me volví a leer las tesis, de principio a fin, y nada. Entonces me dije: ah…no…debe ser en el informe del camarada Lorier en la apertura del Congreso…pero tampoco…allí no decía nada. Entonces debe ser en la declaración final…claro…es allí donde mencionamos su nombre…Y me leí también la declaración por segunda vez…y nada, tampoco allí.
Así que ahora puedo desmentir al Ñato con total convencimiento: no es cierto lo que dice en su artículo “VIEJO ERROR”, publicado en Montevideo Portal. En dicho artículo, Eleuterio Fernández Huidobro hace un análisis concienzudo de lo que “él piensa que nosotros pensamos”, y luego comenta nuestros documentos del Congreso diciendo: “…por si faltaba claridad a los efectos de llegar a entender, también nos comunican (los que comunicamos somos nosotros los comunistas), y públicamente, que las clases dominantes y el imperialismo resisten y resistirán ferozmente los cambios (como es obvio), agregando que ellas se expresan DENTRO del Frente Amplio (en especial a través del Ñato Lorenzo y otros) por lo que no sólo está "en disputa" el Gobierno sino también el Movimiento Social, el Estado, y el propio Frente Amplio...”.
¡¡Qué fácil sería si fuera como lo plantea Huidobro!! Que la expresión de la ideología dominante (que no de la clase, como dice el Ñato) fuera tan fácil de ubicar, algo así como: ¡¡ pica la burguesía atrás del Ñato!!! Pero no, no es así, es algo un poco más complicado, y tiene que ver con la hegemonía, y que la ideología dominante es la de la clase dominante, y que esa ideología se expresa de diversos modos en todos los planos de la sociedad (también en el político, también en el Frente Amplio).
Pero como parece que entendió eso, y por algún mecanismo mental que no estoy en condiciones de descifrar, se puso el sayo de que las clases dominantes y el imperialismo se expresan a través suyo y del compañero Lorenzo dentro del FA, entonces concluyó que “Estamos pues ante un retorno vicioso de Eugenio Gómez” (¡¿?!). Y por si fuera poco, sacó otra conclusión: “…este tipo de ideas, para nada exclusivas del Partido Comunista, están en la base de los problemas que hoy aquejan al Frente Amplio. Son una parte muy importante de sus causas”. Está claro, los problemas del FA no tienen nada que ver con quienes no aplican el programa elaborado entre todos, o se niegan a anular la ley de impunidad, como lo hace por ejemplo Eleuterio Fernández Huidobro (y no de ahora, sino desde hace años). No, los problemas del FA se deben a la forma que tiene el PCU de analizar la sociedad uruguaya.
OTROS ECOS DEL CONGRESO
El Ñato no fue el único que se refirió a nuestro Congreso. Comentando la apertura del mismo, el 4 de diciembre pasado, la página Espectador.com dice que: “Eduardo Lorier hizo un encendido llamado a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. La senadora del MPP, Lucía Topolansky, respondió solicitándole “lealtad” y pidió a los comunistas que si quieren convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (es decir, no es algo que esté en el Programa del FA, es algo que quieren los comunistas), presenten alguna propuesta concreta para avanzar en el tema. “A mí me preocupa porque yo espero lealtad de los compañeros. Nosotros somos una coalición; un frente no es un partido. Eso también algunos compañeros a veces lo olvidan” habría dicho Lucía Topolansky. No, estimada compañera, nosotros no nos olvidamos que somos una coalición. Es más, somos quienes más lo recordamos y tratamos de que todos los compañeros lo tengan presente. Y por eso, defendemos a la coalición defendiendo su programa (no el programa del PCU, el programa del FA). Y tanto no olvidamos que pertenecemos a una coalición, que nos hacemos responsables de sus aciertos y de sus errores, así como de los aciertos y de los errores de nuestro gobierno. Si la compañera Lucía hubiera escuchado o leído atentamente el informe del Congreso, lo tendría meridianamente claro. Allí los comunistas dijimos: “Así como no vemos como ajenos los avances, tampoco vemos como responsabilidad de otros los retrasos e inconsistencias y errores. Son también nuestros, producto de nuestra incapacidad para impulsar con más fuerza el programa del FA, de no poder ayudar con más energía y capacidad para que se cumpla con lo aprobado en los Congresos del FA”. Eso es lealtad política.
Sobre el reclamo de un llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, Topolansky dijo que los comunistas deberían plantear un texto o una propuesta antes de criticar: “Lorier entonces no leyó la Constitución, que prevé varios caminos para modificar la Constitución en el artículo 331. Y algunos de estos caminos necesitan mayorías especiales. Pero además, lo primero que tengo que hacer para reformar la Constitución es discutir un texto y eso es responsabilidad de la fuerza política -que en parte él integra- y no del Gobierno. Yo no he visto que el Partido Comunista proponga una comisión; que revisen el texto vigente, que elaboren uno nuevo y planteen modificaciones. Es muy fácil decir ‘hágase esto que no se hizo’, sin explicar cómo se hace”. Además de que parece que Lucía tampoco leyó la Constitución, porque el art.331 dice “Los Senadores, los Representantes y el Poder Ejecutivo podrán presentar proyectos de reforma…”, es llamativa la ajenidad con la que la compañera se refiere a un eje fundamental del programa de gobierno de su fuerza política. Lucía dice que eso es una responsabilidad de la fuerza política y no del gobierno (¿ella no integra la fuerza política?) y le traslada la responsabilidad al Partido Comunista. Nos dice que nosotros tenemos que pedir una comisión, que revisemos el texto constitucional vigente, que elaboremos uno nuevo y planteemos modificaciones. ¿Tendremos que poner la papelera también al final de todo ese proceso?
LAS COSAS EN SU SITIO
Nos parece que en primer lugar habría que ubicar lo que significa la “lealtad política”, para entender de alguna manera que es lo que se le está reclamando a los comunistas por parte de la compañera Topolansky. Se nos ocurre que una buena cosa sería plantear el tema en forma de pregunta; por ejemplo: ¿A quién debían lealtad los buenos militares en junio de 1973? ¿A las fuerzas armadas como cuerpo –aunque ese cuerpo estuviera infectado por el virus golpista- o a la Constitución y a la ley que se suponía debían defender?
Muchas veces se confunde incluso -hasta son considerados sinónimos- a la lealtad con la fidelidad, y algunas definiciones dicen que lealtad es el “Sentimiento de fidelidad o gratitud que muestran al hombre algunos animales: la lealtad del perro hacia su amo”. Hemos de suponer que no es este el tipo de lealtad que se les pide a los comunistas, es decir, ese tipo de lealtad irracional de los animales con las personas. Porque si bien es cierto que la lealtad es un término estrechamente relacionado con la fidelidad, la confianza y la amistad, la lealtad es una virtud, un compromiso con lo que creemos, con nuestros ideales y con las personas que nos rodean. La lealtad es con los principios. Ser parte de un partido político no significa renunciar a la capacidad de reflexión ni implica acomodar los propios principios a los que sostenga la colectividad a la que se pertenece. Es decir, la lealtad no es con los hombres, porque los hombres actúan bien o actúan mal, como dijera don José, “es muy veleidosa la probidad de los hombres”. La lealtad es con las ideas, con los compromisos políticos asumidos con la gente, con el pueblo. La lealtad política debe ser el principio básico que los representantes populares brinden, antes que nada, a sus electores, a su pueblo.
Pero es posible también, lo admitimos, la lealtad personal, aún dentro de la política. Es decir, aquella lealtad basada en el respeto hacia la persona, basada en el no ocultamiento de la verdad, en el sentido del honor. Pero ¿que tipo de lealtad? ¿Quien es más leal, el que le dice al líder que se está equivocando o aquel al que todo le parece bien porque viene de las alturas? La lealtad en política es para con aquellos a quienes se debe representar. La lealtad como la fidelidad no pretende premios o recompensas. Es convicción, identidad con aquello en lo que se cree.
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jueves, 9 de diciembre de 2010

DIA MUNDIAL DE LOS DERECHOS HUMANOS


Hoy, 10 de diciembre, es el Día mundial de los Derechos humanos, el que se origina en la aprobación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948. La Declaración fue el primer documento internacional que abordó en detalle la noción de que existe un conjunto de derechos universales y libertades fundamentales que los gobiernos están obligados a garantizar a sus ciudadanos.
El "Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos" es más reciente -entró en vigor el 23 de marzo de 1976-, forma parte también del cuerpo normativo internacional en la materia de derechos humanos, y hace referencia a derechos tales como la libertad de circulación, la igualdad ante la ley, el derecho a un juicio imparcial y la presunción de inocencia, a la libertad de pensamiento, conciencia, religión, expresión y opinión, derecho de reunión pacífica, libertad de asociación y de participación en la vida pública, en las elecciones y la protección de los derechos de las minorías.
Este pacto prohíbe la privación arbitraria de la vida, las torturas y los tratos o penas crueles o degradantes, la esclavitud o el trabajo forzado, el arresto o detención arbitraria y la injerencia arbitraria en la vida privada, la propaganda bélica y la instigación al odio racial o religioso.
POR CASA
Lo hemos dicho muchas veces: desde la llegada al gobierno de nuestro Frente Amplio, ha habido avances insospechados en la cuestión de los derechos humanos, incluso en lo que tiene que ver con su violación durante la dictadura (que no es el único aspecto de estos derechos, claro está).
El día mismo de su asunción -1º de marzo de 2005-, el compañero presidente Tabaré Vázquez señalaba que “en materia de derechos humanos el país tiene aún una asignatura pendiente, que me comprometo a saldar de inmediato”, y agregó que “nuestro gobierno cumplirá el mandato establecido en el Artículo 4º de la Ley número 15.848, procurando agotar la investigación sobre lo sucedido con los detenidos desaparecidos e investigando al efecto en los establecimientos militares correspondientes”.
Y hubo avances impensables poco tiempo atrás. Pocos días después ya se estaba entrando a los cuarteles y excavando en busca de los desaparecidos. Desde ese momento, el art.4º de la ley ya no fue el instrumento para evitar que cualquier militar pasara por un juzgado a declarar, para tratar de esa manera que la justicia pudiera avanzar, sino que pasó a ser la llave para que de una vez por todo se iniciaran las investigaciones. Los casos se comenzaron a excluir, y los jueces comenzaron a actuar, y los culpables comenzaron a ir presos, y algunos restos de compañeros desaparecidos comenzaron a aparecer.
VACILACIONES Y RETROCESOS
Claro que hubo luces y sombras, y entre estas últimas está el veto a la ley de salud sexual y reproductiva, que vulneró sin dudas el derecho de las mujeres a disponer de su propio cuerpo. En esa ocasión, escribimos un artículo que era una “carta abierta” al compañero Tabaré, y en la que manifestábamos lo siguiente: “No voy a entrar a analizar sus argumentos para vetar la ley uno por uno. A esta altura de la cuestión, ya no vale la pena. Ya el veto está firme y no hay ley. Pero si quiero referirme al menos a uno de ellos. Usted aduce que la ley iría en contra del Pacto de San José de Costa Rica -convertido además en ley interna como manera de reafirmar su adhesión a la protección y vigencia de los derechos humanos-. Dice también que si bien una ley puede ser derogada por otra ley no sucede lo mismo con los tratados internacionales, los que no pueden ser derogados por una ley interna posterior. Si Uruguay quiere seguir una línea jurídico-política diferente a la que establece la Convención Americana de Derechos Humanos debería denunciar la mencionada Convención (Art. 78 de la referida Convención). Yo comparto lo que usted afirma, compañero Tabaré. Pero quiero recordarle que hace pocos días estuvo sesionando en nuestro país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH) y que la misma instó al Estado uruguayo a que investigue la desaparición de María Claudia García, nuera del escritor argentino Juan Gelman, ocurrida durante la dictadura. La resolución fija un plazo de dos meses para que el Estado uruguayo cumpla con las recomendaciones del organismo de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y si ello no ocurre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos puede imponer una condena al Estado uruguayo que puede llegar hasta la expulsión de la OEA. …Por cierto, no podíamos esperar otra cosa de los gobiernos blancos y colorados que nos precedieron con sus mayorías parlamentarias. Ellos fueron los gestores de la impunidad y los encargados de evitar de cualquier manera que hubiera un mínimo de verdad y de justicia. Pero el reclamo también ha sido hecho a nuestro gobierno. El que usted encabeza, compañero Tabaré. Y su preocupación por los Tratados Internacionales está además reforzada por nuestro programa de gobierno: “El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país”. La única forma de adecuar la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país, en materia de derechos humanos, es anulando la ley de impunidad. No hay otra forma de hacerlo. Compañero Tabaré: cuanto me gustaría ver en usted una preocupación por cumplir con los Tratados semejante a la demostrada en el veto a la legalización del aborto”
LA IMPUNIDAD TAN CAMPANTE
Hace unos cuantos meses, el compañero Lalo Fernández se refería al tema de la anulación de la ley de impunidad, y decía lo siguiente: "Todo el FA está de acuerdo con que es una ley que no se quiere dentro de nuestra legislación, queremos que desaparezca, pero los caminos políticos los tiene que resolver la Mesa Política. La ley tiene que desaparecer, bueno, busquemos los pasos para darlos en conjunto y correctamente, y no dar una discusión que pueda parecer de fondo cuando en realidad es simplemente de forma”.
Sin embargo, los pasos se dieron, se encontró una fórmula, la aprobó la Mesa Política por unanimidad, ingresó a la Cámara de Diputados como proyecto, con la firma de los 50 diputados del FA, y se le dio media sanción con el voto de esos mismos 50 diputados. Pero luego, surgieron las defecciones por todos conocidas, y las excusas más variadas para no votar el proyecto en el Senado.
Recientemente, nuestro país estuvo por primera vez en su historia en el banquillo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y fue justamente en un gobierno de izquierda. Algo muy doloroso y humillante para muchos de nosotros, precisamente por ser un tema tan sensible para quienes nos consideramos de izquierda y hemos dado batalla contra la impunidad desde el momento mismo en que se instaló en nuestro país. La instancia de la Corte Internacional, nos aproximó a la posibilidad de recuperar la dignidad nacional hipotecada en octubre de 2009, cuando fracasó por una escasa cantidad de votos el último intento plebiscitario para anular esa monstruosidad jurídica que constituye la ley de impunidad. Pero nada dignificante sucedió. Algunos senadores se resistieron a votar el proyecto interpretativo, y nuestro gobierno reconoció en el organismo internacional apenas la violación de los derechos humanos de la familia Gelman durante la dictadura, cuando es obvio y evidente para toda la humanidad que hoy en día se están violando sus derechos, bajo nuestro gobierno. Para más tristeza, acaba de morir una de las “viejas” luchadoras, sin saber la verdad y sin tener justicia. Triste realidad en un día como hoy, que habrá que seguir luchando por revertir. Porque como decía María Ester Gatti, “No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar”.

jueves, 2 de diciembre de 2010

LA IZQUIERDA Y LOS SINDICATOS


El Ministerio del Interior debería tomar nota de algunas formas de reducción de los delitos que la creatividad de algunos uruguayos viene aplicando con excelentes resultados. Estos uruguayos, que no son otros que los dueños de los medios de comunicación, hacen desaparecer los delitos de las pantallas de los televisores o de las páginas de los periódicos como por arte de magia. Claro que hay que tener a mano algo que venda más, y esto sucedió por ejemplo cuando el mundial de fútbol, en donde por un buen tiempo disminuyeron drásticamente las rapiñas, los asaltos, los robos, los asesinatos y demás, y maravillosamente fueron sustituidos por goles de todos los colores. Ahora, desde hace un tiempito, los delitos referidos han desaparecido por obra y gracia de los conflictos sindicales. Parece que para los medios de difusión hay una especie de tsunami sindical que necesariamente debe ser anunciado a diario y, en lo posible, con títulos catástrofe. "Las huelgas se han convertido en el azote de la población", dijo por ejemplo el ex presidente Lacalle, y a uno le da como un chucho y miedo de salir a la calle por temor de encontrarse con una banda desaforada de sindicalistas con garrotes en sus manos.
¿CUAL ES LA SORPRESA?
En primer lugar, es obvio que la conflictividad está relacionada con dos factores importantísimos, y que no hay ni más ni menos conflictividad que la que hubo siempre que se dan estos factores: 1) Los Consejos de Salarios, muchos de los cuales aún no han laudado, y 2) el tratamiento del Presupuesto, instancia que en todo tiempo ha sido así, cuando se trata esta ley tan importante para todos los uruguayos y que afecta a los bolsillos de todos y cada uno.
El 24 de noviembre, La República titulaba: “Semana de alta conflictividad sindical” y luego decía: “Hasta ayer eran ocho los sindicatos que paralizaron algunos servicios en la salud, la banca pública, aduanas, aeropuertos, frigoríficos, en la Justicia ­con ocupación incluida-, y en la recolección de residuos. Por si algo faltaba, también se sumó FFOSE y una protesta en un Shopping. Movilizaciones. Paros en la Salud y protesta de usuarios. Una ola de conflictos sacude distintas áreas de actividad, sobre todo en el sector público”.
Sin embargo, si tomamos por ejemplo el mismo mes de noviembre, pero de 2007, podemos leer una noticia en El País digital que dice: “La conflictividad laboral cayó con relación a septiembre, según datos del programa de modernización de las relaciones laborales de la Universidad Católica, difundidos hoy martes 13 de noviembre. En el pasado mes se registraron 24 conflictos y se perdieron 71.317 jornadas laborales que afectaron a 65.750 trabajadores”. Es decir, en un mes en el que no se estaba en medio de negociaciones por los Consejos de Salarios, en donde no se estaba tratando el Presupuesto, se habían registrado 24 conflictos. Ahora, en medio de estos factores que describimos más arriba, se registran conflictos en ocho sindicatos y un periódico dice que “Una ola de conflictos sacude distintas áreas de actividad”.
Pero una semana después, el miércoles 1 de diciembre, La República vuelve a titular: “Nueva ola de paros” y entonces habla de conflicto en COFE (que no es nuevo, ya que hace más de un mes que está en conflicto), de AEBU (que en realidad lo que hace es presentar una fórmula y mantener las medidas que ya venía tomando, nada nuevo), del SUNCA (que tampoco es nuevo y que viene movilizándose por los Consejos de Salarios desde hace tiempo), de los judiciales (que tampoco es nuevo, y que ya incluso habían ocupado la SCJ), y de los escribanos, además de sumar a ADEOM Canelones, ya que no podía sumar nada más de la Capital. Como se ve, una “nueva y enooooorme ola de paros”.
¿ASOMBRO EN LA IZQUIERDA?
El nerviosismo y la manija en la derecha y en los medios, es hasta comprensible (mientras escribo este artículo, escucho el informativo del Canal 4, y veo que lanza una encuesta con la siguiente pregunta: ¿está de acuerdo en reglamentar el derecho de huelga?). Pero lo que no se puede comprender es que dentro de la propia izquierda se vea la conflictividad (repetimos, normal, ni mayor ni menor que en otros momentos) como algo fuera de lugar y prácticamente como un agravio al gobierno.
Que se entienda bien, no estamos diciendo que todos los conflictos se puedan defender (ni por asomo defendemos el conflicto de los anestesistas, por ejemplo), ni que siempre los sindicatos actúen correctamente (es un problema de los trabajadores y que debe ser resuelto por los trabajadores), pero algunas posiciones de gente de izquierda hacen recordar a las declaraciones de cualquier vocero de de los tiempos en que gobernaba la derecha. Y el manejo del tema desde los medios es realmente tendencioso. Seguramente si se hiciera una encuesta sobre por qué están parando los empleados públicos, la mayoría diría que es por mayores salarios y para trabajar menos horas, y no es que la gente sea ignorante, es que eso es lo que se les transmite.
El mensaje que se transmite, es que los trabajadores son todos egoístas y solo piensan en sus bolsillos sin importarles la suerte de los demás trabajadores. De esa manera, los paros de los docentes son únicamente por mejorar sus salarios, y no porque estén luchando (además) por mejorar el presupuesto como una de las formas de mejorar la educación de todos los uruguayos.
El conflicto en el Poder Judicial “pone en peligro el Estado de Derecho”, pero nadie se entera de que en un país que crece, que busca distribuir mejor la riqueza, que tiene los mejores índices de crecimiento del PBI, se establece en el Presupuesto un aumento de $ 500 para unos 3.000 trabajadores para todo el quinquenio (sí, $100 de aumento por año).
Y además, las noticias de los paros siempre vienen acompañadas de los trastornos que inevitablemente causarán a la población, pero rara vez se informa las causas del conflicto, las negociaciones previas, las posiciones de un lado y de otro, como si eso no importara absolutamente a nadie. De esa manera, la noticia que le llega al ciudadano es que tal sindicato hará paro (el inconsciente colectivo inmediatamente lo relacionará con la lucha por aumentos salariales) y que ese paro lo afectará de tal o cual manera.
INTEGRANTES DE UN MISMO BLOQUE
Y no se puede comprender, las críticas desde la izquierda, porque el Frente Amplio sabía que estas cosas iban a suceder en un gobierno nuestro, las tuvo en cuenta, las estudió y estampó por escrito sus conclusiones, que son muy valiosas y que hay que volver a leer para entender lo que está pasando.
El documento a que nos referimos es el denominado FUERZA POLÍTICA, GOBIERNO, TRABAJADORES Y ORGANIZACIONES SOCIALES, y que fuera aprobado por el Plenario Nacional en 2003. Documento que surgió de una preocupación común del ámbito político y del sindical, y que se elaboró con la participación democrática de grupos políticos y bases, y que fuera además altamente valorado por el movimiento sindical en seminarios y encuentros que se realizaran luego de su aprobación.
En el capítulo denominado Gobierno y fuerzas sociales, se dice: “El acceso de la Fuerza Política al gobierno, aun en lo exitoso del proceso iniciado, no elimina la contradicción de intereses entre el trabajo y el capital y entre el Estado y sus funcionarios asalariados y la diversidad de intereses y demandas en la sociedad. La propia idea de Acuerdo Social lo avala”. Esto es tan meridanamente claro que ni vale la pena comentarlo. Más adelante, dice que “Contemplar y articular los distintos sectores de la sociedad, castigados por las políticas tradicionales en torno a un proyecto alternativo es un desafío central de nuestro tiempo. El gobierno progresista debe reconocer desde un primer momento tales hechos y las luchas económicas y los conflictos que sin duda se han de generar”.
De manera que no puede haber sorpresas en ese sentido. Todos éramos conscientes que eso era lo que iba a suceder; lo sabíamos en el Frente Amplio y lo sabían en el movimiento sindical, y nadie dudaba que la llegada del FA al gobierno no eliminaba por sí sola las contradicciones de clase ni los conflictos entre el Estado y los funcionarios.
Pero no solo que lo sabíamos, sino que además veíamos como algo positivo el movimiento sindical unitario y combativo que tenemos. Dice el documento textualmente: “Uruguay cuenta con una gran ventaja al respecto, y es que, en principio, tiene una amplia y extendida red social a la que hay que estimular y apoyar, así como un movimiento sindical unitario y combativo. No se parte de cero y no hay que empezar a trabajar desde una red social inexistente”.
Porque además, no concebíamos al movimiento sindical y social como algo ajeno a nosotros, sino como parte de un todo. Y por eso el documento afirma: “La fuerza política y su gobierno, así como el amplio, multifacético y combativo movimiento de masas, integramos el bloque político y social alternativo (o las grandes mayorías nacionales), opuesto al bloque de poder. Como tales integrantes, tenemos todos un mismo proyecto que, en sus grandes líneas, puede ser caracterizado de popular, nacional y democrático, antiimperialista y antioligárquico. Proyecto que hemos ido elaborando en medio de duras luchas y que, por eso mismo, aplicaremos, controlaremos y defenderemos, todo a la vez. Integramos un gran bloque histórico y tenemos un proyecto esencialmente similar”.

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...