sábado, 16 de enero de 2016

ÍBAMOS BIEN,...LLEGAMOS?

Así como la impunidad de la gran mayoría de militares y civiles que actuaron en la dictadura se fue aceptando y hasta defendiendo desde el progresismo, hoy se está imponiendo la impunidad de los servidores públicos que se creen pueden hacer cualquier despilfarro económico sin tener que pagar sus consecuencias, ya que la disciplina partidaria los cobija.
La gestión de Ancap en estos años fue un rotundo éxito para los ex directores progresistas. Ni la nafta, ni la caña, ni el portland, ni la cal, ni los remolcadores, ni la amarga, ni los perfumes, ni los insecticidas, etc.; no, nada de eso, los mejores productos de Ancap fueron Sendic hijo, D. Martínez y De León.
¿Todo esto para qué “los más infelices sean los más privilegiados” y lograr la tan ansiada distribución de la riqueza? Al contrario, todo esto para llegar a este desaguisado salarial, educativo, social, y ni que hablar en lo estrictamente ideológico.
¡Festejen uruguayos, festejen, que hemos llegado a la meta! Esta parece ser la consigna adecuada al momento que vive la coalición progresista. Porque ya no hay ninguna expectativa de avances en serio en cuanto a justicia social, educación, equidad, inclusión real, política agraria, distribución de riquezas, DDHH, etc. Se bajó la bandera de casi todos los temas tan caros a la izquierda uruguaya, no solo se descendió de “zurdo” a “progre”, también se pergeñó una aristocracia progresista que frunce la nariz cuando trata con los pobres y menos privilegiados. Y para disciplinar a pobres, asalariados, estudiantes, se sobre dimensionó una fuerza represiva que jamás será usada en contra de los delincuentes de cuello blanco y sus socios locales.
Se llegó a la meta. Los explotados, seguirán siendo súper explotados y mas con el oportunísimo techo impuesto desde los consejos de salarios mientras los tarifazos recaudatorios están a la orden. No se vislumbra ningún cambio posible que cuestione a la realidad existente. La mitad de los asalariados apenas gana cuarta canasta, mientras que el oficialismo se desentiende de esa inequidad, y canta loas a la cultura de las tarjetas de crédito y a la bancarización obligatoria.
Se llegó a la meta. Los educandos pobres, seguirán siendo mal educados para sus propios intereses y muy bien educados para los intereses del capitalismo reinante, las patronales inescrupulosas y especulativas, no cuestionadas mayormente por el progresismo. Educación para pobres, para explotados. Así aseguran el reinado de los tuertos.
Se llegó a la meta. También en el agro. Casi la mitad de los campos del país son extranjeros. Los árboles y sobretodo la soja, aparte de contaminar, han expulsado a miles de compatriotas hacia las periferias de las ciudades. La reforma agraria a la inversa. Desiertos verdes donde sus dueños nunca pondrán un pié pues los manejan desde el exterior.
Se llegó a la meta. Se corrompió la ideología política de los llamados "partidos de ideas”, llámese PC, PS, y de gran parte de los “revolucionarios” sesentistas que se quedaron en el discurso atrapa votos y en los hechos son un flan doble discursante. Fueron deglutidos por la coalición junta votos que se rindió incondicionalmente al capitalismo globalizado y a sus socios locales. Al auto rebautizarse "progresismo" la antes llamada izquierda muestra la hilacha, hoy navega junto a los neoliberales en "el mismo lodo todos manoseados", liderando un progreso para los capitalistas, progreso para pocos.
Está claramente demostrado, en Uruguay, pero también en Latinoamérica, que cuando la izquierda no se anima, no puede, no quiere (que es lo que pasa aquí) desarrollar políticas reales de cambios en serio y se convierte en "progresismo", pierde toda su tónica revolucionaria, su ética histórica, su razón primigenia de ser, su visión solidaria de la realidad y por ende su poder transformador. Y se convierte en lo que se convirtió: un amasijo desideologizado que solo pelea por conservar los sillones, aún a costa de sus propios compañeros de bancada.
Y ni que hablar de la inmensa felonía de este progresismo a miles de luchadores sociales que han regado con sangre el camino hacia la justicia social. Se ha jerarquizado, por decirlo de alguna manera, una nueva agenda progresista, que aunque es importante para todos pues nos hace más justos y solidarios, y es muy importante para cada sector beneficiado, caso matrimonio igualitario, diversidad de género, afro descendientes, discapacitados y todas las demás cuotas, etc.; pero que no dejan de ser “derechitos” comparados con el gran derecho negado de la IGUALDAD (que los abarca a todos). Igualdad y justicia social que conllevan el derecho a vivienda y salarios dignos, derecho a la salud, y sobre todo derecho a educación de calidad para todos.


Raquel desde Paysandú

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