lunes, 24 de febrero de 2014

PORQUE NO TENGO UNA PRIMA VENEZOLANA (entrevista exclusiva al director ejecutivo del blog)

-         Ante la situación generada en los últimos días en la República de Venezuela, usted ha tomado partido públicamente por el gobierno de Maduro, ¿cuáles son sus razones?
-        En primer lugar, déjeme decirle que está equivocado; yo no he tomado partido por el gobierno de Maduro, yo he tomado partido por la institucionalidad política que se ha dado el pueblo venezolano, agredida desde adentro y desde afuera del país. Desde adentro por la ultraderecha fascista, y desde afuera por el imperialismo.
-   Desde adentro lo que ha habido es una protesta estudiantil...
-         Ese fue el comienzo, sí, y ya nadie podría recordar que era lo que reclamaban los estudiantes, porque a partir de allí el movimiento fue apropiado por grupos de la ultraderecha fascista con el propósito declarado de hacer caer al gobierno legítimamente electo por la ciudadanía venezolana. Movimientos fascistas apoyados además por el gobierno norteamericano y el colombiano.
-     La situación es muy confusa, y hay acusaciones cruzadas respecto de la violencia ¿cómo hace alguien que no está allí para poder tomar una posición en este tipo de conflictos?
-     Es confusa y no lo es. Para alguien totalmente ajeno a la política, que está en su casa mirando la comedia y llega el informativo y recibe la información de los grandes medios, desde luego que es confusa. Porque ese alguien tal vez converse con compañeros de trabajo, o participe en las redes sociales, y por allí se enterará de que lo que le dijo el informativo en realidad no es así, que aquella foto que le mostraron en realidad es trucada y pertenece a otra situación en otro país, etc. Y entonces ese alguien, bombardeado de un lado y de otro por informaciones contrapuestas, no sabe para donde agarrar. Posiblemente ese alguien termine hartándose del asunto y desinteresándose del tema, y allí habrán ganado su batalla quienes medran con la desinformación.
-         ¿cómo hace entonces para informarse?
-      En estos temas, hay para mi un principio básico y elemental para pararse, y es hacerse las primeras preguntas: ¿quiénes se benefician con esto? ¿qué clases sociales están detrás? ¿qué países tienen intereses detrás? Eso es lo primero; cuando uno tiene esas cosas más o menos claras, no tendrá dificultad alguna en separar la paja del trigo cuando recibe las informaciones y desinformaciones de todo tipo a las que será sometido. Si uno sospecha, y como sospecha averigua, y cuando averigua confirma, que el imperialismo norteamericano está interesado en derrocar por cualquier medio al gobierno bolivariano desde que asumió por primera vez Hugo Chávez, y que no ha dejado de desestabilizar al mismo desde el mismo momento en que fracasó el primer golpe en 2002, y que está detrás de la financiación de todos los grupos de ultraderecha que promueven la violencia en las manifestaciones, incluidos los grupos de estudiantes. Cuando uno ve que las clases interesadas en voltear este gobierno son las mismas que gobernaban antes Venezuela y que habían generado una pobreza escandalosa a pesar de la riqueza de un país rico en petróleo, etc. Cuando uno tiene claro todo eso, ya no es tan fácil ser engañado.
         Está bien, pero la información siempre será tendenciosa, y no es fácil identificar lo que es desinformación.
       Es cierto, pero cuando uno sabe que esto es así, deberá buscar los medios más confiables para obtener una información que a su vez lo sea. No es fácil, pero tampoco imposible. Digamos por ejemplo, que la CNN es un medio absolutamente consustanciado con las políticas de los gobiernos de turno de la Casa Blanca; de manera que si en un conflicto equis, uno sospecha que hay intereses de los EEUU en juego, la CNN no será un medio idóneo para informarse verazmente. En el caso de Venezuela, sin duda que no lo es, y muchas de las informaciones que ha difundido se han demostrado falsas y tendenciosas. Cuando uno se informa permanentemente de lo que pasa en el mundo, acostumbra a indentificar medios y analistas en los que depositar su confianza (de última siempre se trata de confianza). Desde luego que uno no puede formarse una opinión de lo que pasa en tal o cual situación en el mundo basándose en cualquier foto con un pequeño comentario que se publica en las redes sociales. Eso es absurdo. Cualquiera puede hoy en día en su casa bajar una foto de cualquier lugar y adjuntarle un comentario a su antojo, y eso circula inmediatamente por todo el mundo, y con eso se puede manipular la opinión de la gente.
-         ¿Y entonces?
-    Entonces, en primer lugar buscar medios confiables, esos que uno por experiencia sabe que no publican cualquier cosa sin verificar su origen. Y en segundo lugar, buscar la opinión de analistas conocidos y fiables, que también los hay. Volviendo al caso que nos ocupa: uno puede guiarse por la opinión de la prima sin nombre de un cantante, o por la de un sociólogo como el argentino Atlio Borón; los resultados serán muy diferentes.
-         Ahora bien, con todos esos datos obtenidos y verificados, con una información digamos que confiable, ¿cómo puede uno saber si el gobierno venezolano está haciendo las cosas bien, si la oposición no tiene también de alguna manera su cuota de razón?
-       Es que eso ya es harina de otro costal. Vuelvo a repetir lo de la pregunta inicial: no se trata de apoyar al gobierno de Maduro o a la oposición; se trata de defender la institucionalidad democrática, la opción elegida por el pueblo venezolano. Es algo que muy poco tiene que ver con la inflación o con la escasés que pueda haber de determinados productos en el mercado venezolano. Supongamos que sí hay inflación y sí hay escasez (la oposición tiene razón). ¿eso habilitaría a echar abajo un gobierno por métodos violentos? Claro que no, porque si permitimos eso, si avalamos eso con nuestra opinión e incluso con nuestra indiferencia, estaremos serruchando la rama donde estamos parados.
-         ¿A qué se refiere concretamente?
-      En nuestro país hoy, la oposición centra sus críticas en los temas de educación y seguridad, por ejemplo. Si mañana comenzaran manifestaciones estudiantiles por esos temas, y la derecha aprovechara para generar hechos violentos, prendiera fuego en las calles, la emprendiera contra los edificios públicos y paralizara el país, y expresara públicamente que su objetivo es derribar al gobierno ¿estaría bien? ¿el gobierno debería renunciar e irse y dejar los destinos del país en manos de la oposición? Ningún uruguayo contestaría que sí a estas preguntas. Porque el partido que hoy gobierna, el Frente Amplio, obtuvo las mayorías con el apoyo del 48% de la ciudadanía, y el gobierno en segunda vuelta con el 52% de los votos. Si esto lo consideramos válido y sin discusión para nosotros, aún cuando la mayoría de los uruguayos no votó por el FA sino por otras opciones (sí por Mujica en la segunda vuelta) ¿por qué deberíamos tener otra vara para medir a un gobierno como el venezolano que obtuvo el triunfo en primera vuelta con el 51% de los votos; y que por otra parte, ocho meses después obtuvo una nueva victoria electoral por un margen más amplio aún?. Lo que digo es que lo que hay que defender es la institucionalidad democrática que el pueblo venezolano se ha dado; que las diferencias entre los venezolanos no pueden dirimirse por la fuerza y la violencia, sino dentro de los carriles institucionales y democráticos; y que no podemos permitir de ninguna manera que otros países, como lo está haciendo abiertamente EEUU, -habiendo llegado al colmo de reclamar el senador John McCain la intervención para garantizar el flujo del petróleo hacia ese país- metan sus narices en los problemas de los latinoamericanos.
      ¿Su posición no tiene que ver entonces conque el gobierno bolivariano sea un gobierno de izquierda o progresista?
     Lo reitero: defendería al gobierno uruguayo si estuviera siendo agredido de la forma en que lo está siendo el venezolano, aunque estoy lejos, muy lejos del gobierno del FA y más lejos aún del presidente Mujica. Por estos días se ha equiparado la situación de Venezuela con la de Ucrania, y hay por cierto similitudes; existe allí un financiamiento por parte de EEUU a los extremistas, y también una intromisión de la Unión Europea, entre muchas otras cosas. Hay una derecha fascista minoritaria que ha robado armas y asesinado personas, asaltado edificios gubernamentales y que pide la disloución del gobierno elegido democráticamente. Rechazar la intromisión externa y la agresión de esos grupos fascistas, de ningún modo significa denfender las políticas neoliberales del gobierno, que representa a la oligarquía industrial y financiera, políticas que por otra parte son las que ha pedido el FMI que se apliquen y que han llevado a la  pobreza al pueblo ucraniano. Lo que hay allí es un golpe de estado, planificado, promovido y financiado desde el exterior, y eso debe ser rechazado sin importar la orientación política o económica del gobierno.
-     Una última pregunta: ¿Por qué recurre usted a una entrevista consigo mismo para dar a conocer sus opiniones?
-         Porque no tengo una prima viviendo en Venezuela que me mande una carta

domingo, 23 de febrero de 2014

A LA PRIMA DE JORGE

No se tu nombre (la carta no lo dice), solo que sos la prima de Jorge Drexler, venezolana, hija de exiliados políticos de la dictadura uruguaya, y que le escribiste una carta a Jorge explicando la grave situación en Venezuela.


Ya al comienzo de tu carta uno puede prever lo que vas a decir –y te juro que no soy adivino-, ya que te refieres al presidente Raul Castro como el “designado heredero de la monarquía cubana”. Dejame decirte que si para explicar la situación venezolana tienes que comenzar por hablar mal de Cuba y poner a la bloguera Yoani Sánchez como una mártir (esa que no esconde su simpatía por la dictadura de Fulgencio Batista, en la cual según sus palabras “había una libertad de prensa plural y abierta, programas de radio de toda tendencia política), y al bueno de Bush como quien le tendió una mano a la pobrecita, entonces uno presiente como viene la mano.
Entiendo cuando dices que no ibas a salir a protestar porque estaban llamando a tumbar al gobierno, y que tampoco lo ibas a hacer cuando salió Leopoldo López llamando a manifestar, porque no te gusta aunque tengan enemigos comunes (qué lástima que no aclaras quienes son esos enemigos comunes, me hubiese gustado saberlo).
Pero al parecer lo que te llevó a salir fueron los llamados “colectivos”, esos que en Mérida se llaman Tupamaros. “Todos los conocemos. Tienen motos, andan de a dos. El de atrás lleva el arma. Se cubren la cara. (...) Esa tarde salieron, rompieron las puertas de un edificio donde viven varios amigos míos, entraron con las motos. Disparando. Así en varios edificios donde viven estudiantes que salen a protestar siempre. Se pasearon por la ciudad, y las “ballenas” anti disturbios de la policía venían detrás de ellos apoyando. El patrón se ha repetido en todos estos días de manifestaciones en todo el país: sueltan a los colectivos adelante, con las motos, armados, y la guardia nacional viene atrás. Lo que pasa es que yo vivo aquí en Mérida y eso no lo vi en una foto de twitter: lo vi”.
Eso fue lo que te decidió, y está bien, a nadie le gusta la violencia, y cuando uno ve la violencia desatada tiene que salir a protestar. Por eso supongo que habrás salido a protestar en 2002 cuando la violencia opositora provocó el golpe de estado contra Chávez, y doy por descontado que habrás salido a protestar cuando en abril del año pasado, luego de las elecciones que legítimamente ganó Maduro, cuando la violencia opositora provocó 9 muertos y 78 heridos, entre las vícitmas dos niños de 11 y 12 años (busqué tu carta contándole a Jorge pero se ve que no la recibió o se olvidó de colgarla).


Y por eso te fuiste a la marcha “vestida de blanco como todos”. Me hiciste acordar a “las damas de blanco”, perdóname la digresión. Y fuiste a la marcha “No porque hay una conspiración del imperio para tumbar a Maduro en la que yo participo”....es raro, porque esa es la consigna de las marchas, y la intención declarada de los convocantes (te dejo por acá un artículo de Atilio Borón) , seguir manifestando hasta que caiga el gobierno; un gobierno elegido democráticamente hace menos de un año, y que volvió a ganar en diciembre nuevas elecciones por un margen aún mayor.
Tal vez tengas que informarte un poco más, porque mira que la conspiración existe y el objetivo es ese, y al participar estás siendo parte de eso.

http://www.atilioboron.com.ar/2014/02/la-amenaza-fascista-en-venezuela.html

Dices que saliste con miedo, porque las balas no te gustan (y a quien le gustan ¿no?), “a decirles a los criminales de las motos que la ciudad no es de ellos, es nuestra, que podemos caminar por sus calles cuando queremos, que no pueden decirnos con sus motos y sus pistolas adónde no ir”. Casualmente estaba leyendo que capturaron a una banda fascista que actuaba en motos, y que están identificados; supongo que no serán los que tu mencionas, o si?


Sabes, algo me llama la atención en tu carta. En un momento dices “Son gente a la que usted les dice que los políticos venezolanos de oposición no salen en ninguna televisión venezolana desde hace meses porque está prohibido, y dicen: ah, pero. Y uno sabe que si mañana en su país prohibieran aparecer a los políticos de oposición, se indignarían”.
Eso es realmente raro. Uno lee y escucha por acá el malestar del gobierno venezolano con los medios de la oposición que a diario difunden mentiras y tergiversaciones, pero los venezolanos no las pueden ver. No entiendo por qué se molesta tanto el gobierno entonces, si esos mensajes de la oposición están prohibidos y por lo tanto no se ven ni se oyen ni se leen.
A mi me da la sensación –con todo respeto te lo digo- de que estás viendo las cosas medio como al revés. Yo he leído por ahí que hay grupos armados financiados desde el exterior provocando disturbios y violencia en Venezuela, pero tu dices que “hay grupos armados financiados por el estado, disparando y matando”. ¿Para qué tendría que financiar grupos armados el estado si tiene la policía y el ejército armados hasta los dientes?
Te quejas de que “hay una censura informativa total” de que “cortaron internet”, etc. Sin embargo yo estoy leyendo tu carta ¿la mandaste por correo? Eso habla muy bien de la excelencia del correo venezolano. Yo mandé una carta a Perú por correo y demoró 26 días en llegar. La tuya llegó prácticamente al instante. Pero el corte de internet explica algunas otras cosas. Por ejemplo, explica por qué tanta información falsa y tanta foto trucada; es obvio, como allí no se pueden sacar fotos y los medios están censurados y no hay internet, entonces hay que sacar fotos de otras partes del mundo y publicarlas como si fueran sacadas en Venezuela.
Tu dices que “La gente aquí piensa que los gobiernos latinoamericanos no dicen nada ante las atrocidades de este momento en Venezuela porque tienen intereses económicos. Yo pienso que no, yo pienso que es por la misma razón por la que se sacaron la foto aquella: porque viven en el siglo pasado”. Pero estás equivocada, mira que los gobiernos latinoamericanos han dicho cosas sí. Claro, como no tienes internet y los medios están censurados tal vez por eso no las pudiste leer ni ver ni escuchar. Pero yo te cuento que por ejemplo el gobierno cubano (la monarquía según tu) ha dicho: “El gobierno cubano expresa pleno apoyo a la Revolución Bolivariana y Chavista y convoca a la más amplia solidaridad internacional con la convicción de que el pueblo venezolano sabrá defender sus irreversibles conquistas”; y te digo que el Gobierno de Ecuador condenó los hechos de violencia perpetrados por grupos de derecha en Caracas, capital venezolana, y en diversos estados del país, y se solidarizó con el pueblo y el Gobierno nacional, y te digo que el presidente de Bolivia, Evo Morales reiteró su rechazo a las acusaciones del Gobierno de los Estados Unidos, liderado por Barack Obama, contra los países progresistas y antiimperialistas de la América Latina. Pero también tu gobierno ha recibido el apoyo de los gobiernos de Panamá, de Uruguay, de Brasil, de Argentina, etc...



Dices finalmente: “Sí, Maduro dice que yo soy una fascista violenta de la ultraderecha que está en una conspiración internacional para tumbar su gobierno. Que lo diga (...)Y no, no les voy a explicar a los izquierdistas nostálgicos lo que pasa, ni les voy a mostrar los videos y a jurarles que es verdad, ni me voy a sentar a discutir con ellos cosas tan elementales como el derecho a la libertad de expresión, porque estoy, estamos, hartos. Está a la vista, mírenlo, mírennos"


No creo que seas una fascista violenta de la ultraderecha. Sí es obvio que sos de derecha, y que –tal vez sin proponértelo- estás participando de una conspiración internacional para tumbar al gobierno venezolano, gobierno democráticamete electo por el pueblo venezolano, aunque tu no te hayas enterado, lo cual es comprensible por la "censura informativa total" de la que hablas. Tu carta es parte de eso. Y no sos la única, todos estamos hartos, aunque por razones diferentes. Muchos estamos hartos de que se intente torcer el destino pacíficamente decidido por los pueblos y que haya que luchar todos los días por evitarlo, aunque más no sea desenmascarando las falsedades.

viernes, 21 de febrero de 2014

DUDAR O NO DUDAR, ESA ES LA DUDA


Ante el intento de una derecha golpista y antidemocrática de derribar a un gobierno progresista y democráticamente electo, hay reacciones que son inmediatas, y otras no tanto.

DERECHA

Del lado de la derecha, el alineamiento es casi instantáneo. No hay ningún dirigente ni militante o ciudadano cualquiera, de derecha, de este país ni de ningún otro, que tenga un mínimo de duda sobre como posicionarse ante un hecho de esa naturaleza.
Este ciudadano, de derecha, repetirá todas las noticias que los grandes medios de desinformación internacionales difundan y que confirmen que el gobierno en cuestión (el que en ese momento esté sufriendo la agresión) es un gobierno totalitario (por más que sea un gobierno electo democráticamente), un gobierno que reprime la protesta pacífica (por más que la protesta no tenga nada de pacífica), que impide la libertad de expresión (por más que los protestantes se expresen cada cinco minutos a través de todos los medios del prensa del mundo).
Este ciudadano de derecha, participante de las redes sociales, difundirá todas las fotos que le lleguen, sin detenerse un instante a pensar si son verdaderas o truchas; difundirá todo lo que contribuya a seguir desestabilizando a ese gobierno.
No lo inmutarán las noticias que hablen de que allí están interviniendo otros gobiernos, que hay intereses imperiales detrás, que los intereses económicos que están en juego son los que financian la intentona golpista, etc, etc. Y no lo inmutarán, porque sencillamente están de acuerdo en que las cosas sean así. La intervención imperialista para derrocar un gobierno de izquierda no solo que no está mal, sino que es deseable, y si no existe hay que reclamarla.
No hay espacio para la duda. El derrocamiento de un gobierno de izquierda, hará este mundo más seguro y más libre y más democrático, al verse libre de las ideas comunistas o filocomunistas o con olor a comunistas; el mercado podrá desarrollarse tranquilamente y a cada uno le tocará lo suyo según su esfuerzo.

IZQUIERDA

Del lado de la izquierda, la cosa no es tan sencilla.
No habrá una sola reacción, sino tantas como ciudadanos de izquierda existen. Por lo tanto solo mencionaré algunos ejemplos que ni de lejos agotan las posibilidades.
Están los que analizan las primeras noticias difundidas por los grandes medios, porque ponen en duda de antemano todo lo que esos medios difunden, porque normalmente lo que difunden es basura. Por lo tanto, buscan la versión de medios independientes del gran capital y que les resultan más confiables. Con esa información, y con su conocimiento de lo que es el papel del imperialismo y de la derecha en la historia, no dudarán ni un instante en apoyar al gobierno democrático en cuestión, puesto que su defensa es la defensa de la democracia y es al mismo tiempo enfrentar al imperialismo y a la derecha. No se desentienden ni se evaden, toman partido hasta mancharse.
Están los que primero toman distancia de unos y otros, los eternos equidistantes, los que antes de decidir si apoyan o no apoyan al gobierno democráticamente electo por su pueblo y agredido por la derecha y el imperialismo, entienden necesario hacer un decálogo de todos los defectos de ese gobierno. No importa si eso no tiene nada que ver con los hechos en cuestión. Todo lo pondrán en duda, y su apoyo a la democracia estará siempre sujeto con pinzas y condicionado.
Están los que de ninguna manera apoyan al gobierno en cuestión, y se mantienen al margen totalmente, ya que ese gobierno no ha hecho lo que a su juicio tenía que hacer, y por lo tanto, que el imperialismo y la derecha hagan lo que quieran, porque de todas maneras, para ellos no se trata de un gobierno de izquierda sino apenas progresistas. Probablemente esos mismos ciudadanos de izquierda se hayan escandalizado con el golpe de estado en otro país cualquiera, aunque tampoco haya sido un gobierno de izquierda, pero es muy cool ser de izquierda y criticar a un gobierno de izquierda; aunque ese gobierno esté siendo agredido salvajemente por la derecha fascista y el imperialismo yanqui.
Una variante de estos últimos, son los ciudadanos de izquierda que se mantienen totalmente al margen de palabra, aunque en los hechos, y tal vez para demostrar que su prescindencia tiene fundamentos, difunden toda la información que fabrican los grandes medios de la derecha y del fascismo. Son los que dicen que no se trata de un partido de fútbol y que por eso no forman parte de una de las hinchadas. La miran por TV. Se desentienden y evaden, lavándose las manos.
Otras variantes más simplonas son las de los supuestos ciudadanos de izquierda que se mantienen equidistantes (en el centro). Lo que sucede allí es un problema entre un fascismo de derecha y un fascismo de izquierda. Como en definitiva gane quien gane ganará el fascismo, ellos se mantienen neutrales. Para ellos nada tiene valor ni siquiera para ser considerado. No les hablen del imperialismo (consigna perimida de la época de la guerra fría) ni de embestida de la derecha (son opositores que quieren ser acallados por el fascismo de izquierda), no vale la pena ni siquiera interesarse por el tema, no tiene nada que ver conmigo.

QUIEN GANA

Por cierto, la derecha golpea como un solo puño.
Gana adeptos para la causa de los golpistas aún entre los ciudadanos de izquierda.
La izquierda mientras tanto discute, cabildea, se pelea consigo misma, teoriza, compite en sesudas elaboraciones, contrarresta como puede la tergiversación de la derecha, se acusa a sí misma e intenta acusar a la derecha, se divide mientras la derecha se multiplica, despilfarra energías, cerebros, militantes, tiempo, ganas, esperanzas...

martes, 4 de febrero de 2014

PODER O NO PODER (pensando en voz alta)

PODER Y GOBIERNO
Es común escuchar que tal o cual medida escapa a las posibilidades del gobierno, y muchos hablan de que no se pueden dar saltos al vacío, que se hace lo posible, que no se puede avanzar más que hasta determinado punto, etc.. La razón esgrimida es: “tenemos el gobierno pero no el poder”.
Pero si tener el gobierno, no es tener el poder, entonces tener el gobierno no les permite a los partidos políticos hacer transformaciones profundas, las que solo serían posibles cuando se tiene el poder. De manera que quienes piden el voto diciendo que harán esto, aquello y aquello otro, sabrían de antemano que eso no será posible.
Y si el poder es además una cuestión de clase, y hay clases que detentan el poder y clases que son dominadas por quienes lo detentan, entonces solo podrán hacer lo que prometen aquellos partidos que representan a las clases en el poder.
Cuando “el guapo” Larrañaga dice “Con nosotros en el gobierno las cosas serán diferentes. Diferente será la seguridad, porque crearemos una policía militarizada para combatir la delincuencia, porque llevaremos a 3.500 los efectivos de la Guardia Republicana para que los que tengan miedo de salir a la calle sean solamente los delincuentes, porque aumentaremos las penas contra los traficantes y porque duplicaremos las penas para los menores” estaría diciendo algo que seguramente podrá cumplir, puesto que es un fiel representante de las clases en el poder.
En cambio cuando el Frente Amplio promete un Frigorífico Nacional, estaría prometiendo algo que sabe que no va a cumplir, puesto que eso sería –al decir del presidente Mujica- “meterse con la oligarquía ganadera”, cosa que no se estaría dispuesto a hacer por temor a perder la pequeña parcela de poder obtenida al ganar las elecciones.
¿SERÁ TAN ASÍ?
La aseveración es parcialmente verdadera; cierto, es posible acceder al gobierno y eso no implica necesariamente tener “todo” el poder. Ahora bien, la frase no siempre es aplicable a todas las situaciones, y abusar de ella se asemeja más a una excusa para “no hacer” que a otra cosa.
Pongamos algún ejemplo para que se entienda lo que quiero decir. Si estoy en el gobierno y digo que no puedo abolir la propiedad privada de los medios de producción mediante un decreto o una ley, haciendo uso de las mayorías parlamentarias, porque “tengo el gobierno pero no el poder”, probablemente tenga razón. Pero si digo que no puedo sancionar una ley rebajando el porcentaje del IVA porque “tengo el gobierno pero no el poder”, estoy mintiendo. En un caso, todo el poder de la burguesía se descargaría sobre mi gobierno, y muy probablemente fuera desalojado de allí. En el otro caso, no recibiría más que aplausos de todos lados.
Está claro que los ejemplos son muy burdos y exagerados, porque lo que pretenden es dejar en claro que si bien la famosa frase es parcialmente valedera, no lo es siempre y en todos los casos.
EL GOBIERNO
Una definición sencilla de gobierno, podría ser que es “la autoridad que dirige, controla y administra las instituciones del Estado; la que tiene la conducción política y el ejercicio del poder del Estado”.  Es el que ejerce el poder político sobre una sociedad, el conjunto de órganos directores de un Estado a través del cual se expresa el poder estatal por medio del orden jurídico.
Ahora bien, ¿qué es el poder? ¿cómo se obtiene? ¿el gobierno es parte del poder? El gobierno, es algo concreto, y perfectamente accesible en el marco de las reglas de juego de la democracia liberal capitalista. Basta con obtener una suma de adhesiones que sea mayoritaria (dependiendo claro está de cada sistema electoral); alcanza con superar a los adversarios en cantidad de votos, uno más alcanza, no se precisa más.
Obtenido el gobierno, esto nos habilita a utilizar el aparato del Estado, incluso su fuerza coercitiva, para aplicar determinadas medidas para el cumplimiento de nuestro programa. Esto significa que estamos en posesión de, al menos, “una porción del poder”. Y esta es la primera cosa que debería ser tenida en cuenta: tener el gobierno, no es tener el poder, pero sí tener una buena parte de él. O lo que es lo mismo: tener el gobierno quizás no nos habilite a hacer el máximo de cosas que nos gustaría hacer, pero nos permite hacer mucha cosa. Luchamos por el gobierno, justamente porque obtenerlo es obtener buena parte del poder.
Cito a Rodney Arismendi: “Marx y Lenin se servían de una terminología bien característica tomada del Derecho Constitucional: identificaban hasta cierto grado, el proceso de configuración de la máquina burocrático-militar poderosa con el fortalecimiento del poder ejecutivo (o sea el órgano de fuerza por excelencia, ya que en sus manos se hayan policía, ejército y la mayoría de la burocracia)”
EL PODER
El poder, es algo que se construye, que se va conquistando día a día, mediante la lucha; nadie regala una porción de poder, ni es posible obtenerlo en la feria. Algo que incluso se debe ir construyendo antes de llegar al gobierno.
Como dijimos más arriba, el poder estatal se expresa a través fundamentalmente de sus tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Pero también a través de una serie de organismos de distinta índole a lo largo y ancho del territorio, que ejercen sus propias parcelas de poder (entes autónomos, intendencias, organismos de contralor, etc).
Pero además, es obvio que existe un poder oculto, no tan evidente ni institucionalizado, pero que es un “poder muy poderoso” y que suele tener incluso más poder que el propio Estado. Es el poder económico. Y también otro poder que es el ideológico, el poder que detentan quienes poseen saber, conocimiento, técnica, etc. Todo esto, desde luego, en el marco de una sociedad dividida en clases, y que se desarrolla en la lucha entre esas clases.
Decía no hace mucho el Prof. Julio A. Louis en un artículo publicado en La República: “Por eso, es una tontería creer que Obama cambiará por la sola voluntad del gobierno a EEUU, potencia imperialista, si así lo decidiera. O que, manteniendo el gobierno por sí solo, `seguiremos cambiando’ . Luchar por el gobierno es un imperativo político y ético. Pero ya no basta. Nos debemos otras preguntas: ¿gobernar para qué? ¿Puede un gobierno popular convivir con instituciones asentadas para afirmar al bloque del gran capital dominante? Los procesos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, promotores de sendas reformas constitucionales, dan la respuesta”.
De manera que podríamos resumir diciendo que hay al menos tres formas del poder:
el poder político (que se expresa en el gobierno)
el poder económico
el poder ideológico
Es posible ver también que quienes detentan el poder económico suelen tener también el poder ideológico, mediante los cuales les resulta más fácil obtener el poder político. No obstante lo cual, quienes no tienen ninguno de esos dos poderes (el económico y el ideológico), pueden obtener el gobierno.
La cuestión es entonces qué hacer cuando quienes no tienen el poder económico ni el ideológico, y obtienen el poder político, para quitar porciones de los otros poderes a las clases que lo detentan.
Una cuestión que puede ser clave, es la transferencia de ese poder estatal (obtenido legítimamente en las elecciones), a la sociedad civil organizada; esto es, una vez obtenida esa parcela importante de poder, que es el poder concentrado del Estado, descentralizarlo, transferirlo lo máximo posible a la sociedad, para que se transforme en poder popular. 
Claro que eso es algo a lo que no muchos están dispuestos: renunciar a parcelas de poder político partidario en beneficio del pueblo consciente y organizado.

domingo, 2 de febrero de 2014

CRÓNICA DE UNA PERSECUCIÓN

A mediados de 2011, diversos hechos que tienen que ver con los derechos humanos, desataron la indignación de muchos ciudadanos preocupados por el tema, los que se sintieron además desconcertados y atónitos. Y no era para menos. En primer lugar -y el hecho más notorio- el proceso que culminó en el naufragio del proyecto interpretativo que anulaba los efectos de la ley de impunidad. No vamos a entrar en detalles que todos ya conocemos sobre ese proceso. El proyecto interpretativo que anulaba los efectos de la ley de impunidad naufragó en la madrugada del viernes 20 de mayo, día de la marcha del silencio. El proyecto interpretativo que terminaba con la impunidad formal, había sido aprobado en la Mesa Política Nacional (integrada por los mismos sectores que están en el Parlamento) y enviado a la Cámara de Diputados donde fue votado por los 50 diputados, se le hicieron modificaciones por parte de los sectores políticos en el Parlamento para que pudiera ser aprobado en el Senado, y allí fue votado por todos los senadores, con el único voto contrario del traidor Saravia; luego el presidente Mujica y el vice Astori concurrieron van al Parlamento a pedir a sus legisladores  que no voten el proyecto, logrando convencer a otro traidor: Víctor Semproni.
EL ATAQUE A LA JUEZA MOTA
Luego que el semanario Búsqueda informara que la jueza Mariana Mota estuvo en la Marcha del Silencio, organizada por familiares de desaparecidos el 20 de mayo, la Suprema Corte le pidió a la jueza que en 48 horas informara si estaba en el lugar y en ese caso qué hacía allí. Hasta donde sabemos, nuestra Constitución de la República en su artículo 77, numeral 4º establece: “Los magistrados judiciales… deberán abstenerse, bajo pena de destitución e inhabilitación de dos a diez años para ocupar cualquier empleo público, de formar parte de comisiones o clubes políticos, de suscribir manifiestos de partido, autorizar el uso de su nombre y, en general ejecutar cualquier otro acto público o privada de carácter político, salvo el voto”.
Es evidente que cualquier juez que concurra a una Marcha en defensa de los derechos humanos no está formando parte necesariamente de ninguna comisión o club político, ni está suscribiendo ningún manifiesto (de hecho la marcha del silencio ni siquiera cuenta con una parte oratoria, y menos un manifiesto, y menos aún partidario), ni está ejecutando ningún acto público de carácter político. Un juez que concurra a una marcha en defensa de los derechos humanos universales, está manifestando su adhesión a esos principios universales, que deben estar por encima (y lo están) de cualquier bandería política. Lo que debería suceder, y lo que enorgullecería a la gran mayoría de los uruguayos, y lo que incluso les llevaría tranquilidad y confianza en la Justicia, sería que todos los jueces de nuestro país participaran de una marcha en defensa de los derechos humanos, de la verdad y la justicia.
Además del precepto constitucional, está también la Ley Nº Ley 15.750 (Ley Orgánica de la Judicatura y de Organización de los Tribunales), la que establece en su Artículo 94 que los Jueces se abstendrán:
1º) De expresar y aun insinuar su juicio respecto de los asuntos que por ley son llamados a fallar, fuera de las oportunidades en que la ley procesal lo admite.
2º) De dar oído a cualquier alegación que las partes o terceras personas a nombre o por influencia de ellas, intenten hacerles en forma distinta de la establecida en las leyes.
Y en este caso, menos se puede aún decir que el participar en una marcha en defensa de los derechos humanos, de la verdad y la justicia, sea expresar su juicio respecto de los asuntos en los que el juez o la jueza están llamados a fallar. Porque en el juicio, el juez se manifestará en cuanto a la culpabilidad o no del acusado, pero es de suponer que no se manifestará en cuanto a la pertinencia o no de los derechos humanos universales protegidos, y que todos los jueces tendrán en cuenta esto último.
DELITOS COMUNES
Para completar este panorama, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) ratificó por mayoría que las violaciones a los derechos humanos cometidas por la última dictadura militar son delitos comunes y no de lesa humanidad, por lo que prescribirían el 1 de noviembre de 2011.
Si, claro, eso es lo que dice la Corte. Que secuestrar a una persona en otro país con personal pago por el Estado, para luego traerla a nuestro país y someter a esa persona a las más terribles torturas en dependencias del Estado y por funcionarios del Estado, para luego asesinarla (puede ser por ejemplo castrándola y dejando que se desangre), y finalmente hacer desaparecer el cadáver, que un delito como ese, no tiene nada de diferente al robo de una gallina o a una rapiña. La única diferencia es que el ladrón de gallina y el rapiñero van a una cárcel común, a donde van todos los delincuentes, mientras que el secuestrador, torturador y asesino múltiple va a un lugar con todas las comodidades, especialmente acondicionado para él.
Es comprensible entonces la indignación, no ya de los militantes de izquierda, sino de todos aquellos ciudadanos que comprenden cabalmente la dimensión trágica de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
Y la indignación era comprensible, además, porque estas cosas que describimos no sucedían –como algún distraído podría llegar a pensar- en Honduras, por ejemplo, que vivía bajo una dictadura, o en algún país gobernado por la derecha más reaccionaria. No, estas cosas estaban –están- pasando en un país considerado ejemplo de democracia en muchas partes del mundo. La confirmación de la impunidad y su profundización en tres actos, sucedía en este Uruguay, en este país que pagó tan alto precio por la recuperación democrática, en este país que tuvo en su momento el record mundial de presos políticos en proporción a su población. Y bajo un gobierno de "izquierda". Es acá donde suceden estas cosas, en el país que –mientras esos hechos ocurrían- había sido elegido para presidir el máximo organismo de derechos humanos de las Naciones Unidas.
LA PERSECUCIÓN CONTINÚA
No es un tema nuevo, y tampoco es exclusivo de ningún lugar en particular. Cuando uno recorre la prensa mundial, se da cuenta que la persecución a los jueces es una forma más de manifestación del poder, y que se aplica en todas partes en forma más o menos desembozada. Desde la convulsionada Colombia, pasando por los jueces de Túnez, o por Honduras y España.
Nueve meses después, veíamos con sorpresa (o no tanto) que desde diferentes ámbitos se volvía a presionar a la jueza Mota, esta vez, por las declaraciones hechas en una entrevista al diario Página 12 de Argentina, a donde la magistrada viajó invitada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), para hablar sobre su experiencia como jueza penal de séptimo turno en donde investigaba los delitos cometidos por la dictadura.
¿Y qué cosas tan graves expresó la Dra. Mota en esa entrevista? Habló por ejemplo del delito de desaparición forzada y de su tipificación como tal en nuestro país, habló de la dictadura uruguaya , delos muertos, desaparecidos y presos políticos. Dijo que según un informe de Amnistía, uno de cada cincuenta uruguayos había sido interrogado, que los funcionarios públicos eran calificados según su vinculación con organizaciones sociales o políticas que fueron ilegalizadas, etc. Explicó lo ocurrido luego de la marcha del 20 de mayo de 2011: “Dijeron que había cometido delito al manifestarme políticamente y que debían excluirme de continuar conociendo en las causas. Antes que eso, cuando proceso a Calcagno, como no estaban de acuerdo con la tipificación del delito, el ex presidente Batlle y el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre fueron a hablar a la Corte para que me sancionaran. Señalaron ante la prensa que era una jueza hitleriana. La Corte no me sancionó, pero dijo que había faltado a la ética judicial, cuando en realidad la marcha es convocada por organizaciones sociales y de derechos humanos, sin ningún tinte político”.
Luego de eso, el presidente Mujica afirmó en la prensa que le “llamó la atención” que “ni la Suprema Corte de Justicia ni nada parecido” se haya pronunciado sobre los dichos de la jueza penal Mariana Mota, quien elogió al gobierno argentino por su política de derechos humanos y cuestionó al uruguayo.
Y ¿qué fue lo que molestó al presidente y por lo cual esperaba un pronunciamiento de la SCJ o de “algo parecido”?
El periodista argentino le preguntaba a Mariana Mota: “¿Cómo analiza el apoyo del gobierno uruguayo al proceso de Verdad y Justicia en su país?”, a lo cual la jueza respondía:
 “No hay una promoción de los derechos humanos para que esta situación que es nacional y nos marcó a todos se esclarezca. Es bien diferente al gobierno argentino en esa materia. Mujica y el ministro de Defensa fueron rehenes de la dictadura. Tal vez por eso no puedan ver con objetividad un proceso dictatorial que los tuvo como víctimas
Y la pregunta que hacíamos entonces –y seguimos haciendo- es: ¿Hay alguna duda que en nuestro país no hay un interés real por parte del gobierno de que estas cosas se esclarezcan? ¿Hay alguna duda de que la actitud del gobierno argentino es bien diferente a la del uruguayo? Una prueba contundente es que mientras en la Argentina por ese entonces la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación dictaminaba que un juez estaba “inhabilitado éticamente” para desempañarse en el alto tribunal “por su acreditada participación en organismos de poder” durante la última dictadura militar, en nuestro país se intentaba inhabilitar a una jueza por su compromiso con los derechos humanos. ¿Se puede dudar de que Mujica y Huidobro pierden objetividad en estos temas?
Y la otra pregunta: ¿Eran estas declaraciones político partidarias? Claro que no. Y como no lo eran, era evidente que se estaba  ejerciendo una presión absolutamente indebida e inmoral sobre la jueza Mota.
Y no eran solo Jorge Batlle, Gonzalo Aguirre, Mujica, Huidobro, la SCJ y la prensa de derecha quienes ejercían esa presión. En la tertulia del Espectador, un viernes por ese entonces, estaban Carlos Maggi, Juan Grompone, Matilde Rodríguez y Mauricio Rosencoff. Emiliano Cotelo propone como tema las declaraciones de la Jueza Mota al diario argentino página 12, y las lee. Pregunta quien empieza, y Carlos Maggi pide la volada para arrancar.
Y allí, este intelectual de derecha comenzó a vomitar insultos sobre la jueza Mariana Mota, entre los cuales destaco: "desbocada", "desequilibrada", "prejuzga y no puede seguir ejerciendo la justicia en un campo en el cual ella está totalmente embanderada de antemano", “no da garantías ninguna”. "Un juez fanático es un peligro público", "sería bueno que pasara a ejercer en el derecho civil, donde pueda hacer menos daño al honor y a la libertad de las personas".
En un determinado momento, hace mención a unas declaraciones anteriores en las que la jueza Mota comenta sobre los interrogatorios a mujeres víctimas de la represión, a veces les pregunta si fueron violadas y ellas contestan que no, pero que tiene la convicción de que sí. Y dice Maggi: "Lo que tiene es ganas de que las hayan violado para poder juzgar a más gente de una manera feroz".
Se podría tomar uno a uno los comentarios de Maggi, y analizar la pertinencia o no de la acusación hacia Mariana Mota. Se podría uno preguntar que significa para Maggi embanderarse de antemano en el campo de los derechos humanos ¿sobre qué hay que tomar partido en ese campo? ¿se debe elegir entre la defensa de los derechos humanos o la impunidad para sus violadores? ¿se debe embanderar alguien con la verdad y la justicia o debe optar por el bando de la impunidad y el silencio? Si esas son las opciones, entonces no se trata de un insulto sino de un elogio, puesto que al parecer la jueza Mota se habría embanderado de antemano con las banderas de la defensa de los derechos humanos, cosa que ojalá todos los jueces de este país sin excepción hicieran.
¿Condenar a asesinos múltiples como Juan María Bordaberry, acusado de crímenes perpetrados durante su período al frente de la dictadura de (entre otros) Fernando Miranda y Ubagesner Chaves Sosa, y la “desaparición forzada” de Arpino Vega, Luis Eduardo González González, Juan Manuel Brieba, Carlos Arévalo, Julio Correa Rodríguez, Otermin Montes de Oca, Horacio Gelós Bonilla y Eduardo Bleier, es la razón por la que Maggi acusa a Mota de “juez fanático y peligro público”?
Resulta que para la mente enferma de este fantoche de ultraderecha, el fanático y peligro público no es el que viola la Constitución, da un golpe de Estado y se convierte en asesino múltiple de trabajadores y militantes sociales, sino que es la jueza que lo manda en cana.
Pero no vale la pena hacer ese análisis, porque más que acusaciones, cuando se largan todas juntas y en cascada pasan a ser insultos, y los insultos no son tema de análisis.
MAURICIO ROSENCOFF
A continuación, habló Mauricio Rosencoff quien dijo: "me tiene sin cuidado los comentarios de la jueza Mota, en una justicia donde hay una característica de sobriedad, de no hablar de los temas cuando los temas se están tratando, que es una de las características de la justicia que tenemos en este país. Creo que lo de ella es una especie de desacato, a algo que es una ley general. creo que es un tema de desacato".
Este señor, ignora (¿será que lo ignora?) que la jueza no puede hablar de los casos concretos que está tratando, pero que en las declaraciones a Página 12 no habló de ningún caso en particular sino de los derechos humanos en general. Pero Rosencoff igual la acusaba, y además ya le adjudicaba hasta el nombre del delito por el cual habría que condenarla: desacato.
Y luego Rosencoff -este señor que supo ser de izquierda- se quejaba de que la jueza Mota comparara la situación de los derechos humanos de Argentina y Uruguay diciendo que “...hace comparaciones y no se por qué no las hace con Brasil o con España”, soslayando (¿por descuido?) que Mota estaba haciendo declaraciones a un medio argentino, en Argentina, sobre la justicia en el tema derechos humanos.
Pero luego, Rosencoff descubría la pólvora, y agregaba: “Cuando los temas llegan a la justicia, que no sientan los jueces o las juezas, como “la Mota”, que ellas son las que han llevado al estrado los cuestiones punibles”. Además de hablar con desprecio de Mariana Mota (Rosencoff dice “la Mota”) dice algo muy obvio, ya que los jueces no son quienes llevan los casos a sus sedes, sino los fiscales, ante denuncia o de oficio, pero nunca los jueces.
MATILDE RODRIGUEZ (de Gutierrez Ruiz)
Matilde Rodriguez Larreta de Gutierrez Ruiz fue quien intervino a continuación. “La jueza Mota cometió un error, casi diría yo de incontinencia verbal, ante periodistas que le buscan la boca sobre estos temas que están en el candelero y venden”, dijo Matilde. Acusación en realidad hacia los periodistas, que serían quienes preguntan sobre estos temas "porque vende" (curiosamente nada dijo Emiliano Cotelo al respecto, siendo que él mismo estaba preguntando sobre ello), pero que pone a la jueza en el lugar de un pelele que no se da cuenta de por donde viene la mano.
Luego dijo : “creo que el argumento que hace con respecto a Mujica y a Fernández Huidobro es -como dice Carlos (por Maggi) al revés, dice que ellos por estar involucrados son más rencorosos, y es al revés”, “me parece que ahí hay una tergiversación que no tiene nada que ver con la lógica”.
Y obviamente la tergiversación proviene de Matilde y no de Mariana Mota. Porque la jueza no dijo en ningún momento que Mujica y Huidobro sean más rencorosos por estar involucrados. Lo que dijo textualmente fue: “Mujica y el ministro de Defensa fueron rehenes de la dictadura. Tal vez por eso no puedan ver con objetividad un proceso dictatorial que los tuvo como víctimas”. Una cosa es decir que tal vez no puedan ver con objetividad y muy otra decir que son rencorosos. Seguramente Matilde Rodriguez sabe que hay una diferencia.
JUAN GROMPONE
Y hablando de tergiversaciones, Juan Grompone aportó lo suyo en su intervención “Decir que la línea argentina sobre los derechos humanos es fantástica y maravillosa, y no es como en el Uruguay que es mala es un error de apreciación”.
Que obviamente no fue lo que dijo Mariana Mota, sino textualmente: “No hay una promoción de los derechos humanos para que esta situación, que es nacional y nos marcó a todos, se esclarezca. Es bien diferente al gobierno argentino en esa materia”.
Dejo para el final unas palabras de Maggi dichas luego de las intervenciones de Rosencoff y Matilde, porque dicen mucho respecto de los contertulios. Cotelo le va a dar la palabra a Juan, pero Maggi pide para decir algo, y dice lo siguiente:
“Yo en este tema esperaba la palabra de Mauricio y la palabra de Matilde, y he quedado prendado de lo que dijeron, y muy orgulloso de estar en la misma mesa que ellos”.
Nada que agregar.
EL TRASLADO
Mariana Mota dirigía también la investigación judicial sobre el accidente en junio de 2012 del avión de la empresa Air Class que se estrelló en el río de la Plata. En este siniestro murieron los pilotos Walter Rigo y Martín Riva. Tras una primera búsqueda y rescate de los restos del avión, Mota ordenó al Ministerio de Defensa continuar la búsqueda de más restos, pero el ministro Fernández Huidobro desobedeció el mandato judicial.
La magistrada cuestionó al ministro en el programa Santo y Seña de canal 4, y dijo que Fernández Huidobro podía incurrir en desacato al desconocer su orden de continuar con la búsqueda de los restos del avión accidentado el 6 de junio de 2012.
Tras meses sin cumplir la orden judicial, a fines de enero de 2013, el ministro decidió retomar la búsqueda y por orden de la jueza Mota convocó nuevamente al buzo y rescatista Héctor Bado, pero faltando pocos días para retomar la búsqueda, el 13 de febrero, la Corte decidió remover a Mota del juzgado penal que ejercía y la trasladó a un juzgado civil.
El presidente de la Corte, Jorge Ruibal, aseguró que el traslado no tenía nada que ver con las diferencias que tuvo Mota con el gobierno de Mujica y con el ministro de Defensa.  
NO SE ACABA EL MUNDO
La senadora Lucía Topolansky afirmó en esos momentos a Montevideo Portal que “el mundo no se acaba por el traslado de un juez”, y agregó: “Me preocupa mucho más la resolución sobre el impuesto a la tierra”. También dijo que “…quienes están movilizados en contra del traslado se olvidan de que en el Uruguay los poderes son independientes"
No se hubiera acabado tampoco si la dictadura duraba 40 o 50 años, ni el mundo hubiera implosionado si el pueblo uruguayo hubiera ignorado los sufrimientos de quienes estaban presos en las mazmorras de la dictadura. Pero fuimos muchos los que, a pesar de que no era el fin del mundo, dimos una dura lucha por acabar con la dictadura y por lograr la liberación de los presos políticos (incluida la señora Lucía Topolanski). Así como luego dimos y seguimos dando (somos porfiados) una dura batalla por la vigencia y el pleno respeto de los derechos humanos, por la investigación de los sucedido, por la aparición de los desaparecidos. 
Sin embargo, era evidente que con el traslado de una jueza como Mariana Mota, podían suceder muchísimas cosas, que aunque menos graves que el fin del mundo, eran gravísimas para el sistema democrático en su conjunto, y afectaban a cientos de personas que desde hace muchísimos años luchan por lograr esos dos elementos que van unidos y que son insoslayables: verdad y justicia. Cosas que afectan al sistema democrático porque ponen en duda la independencia tan mentada del Poder encargado de administrar la justicia, porque tienden a mantener la impunidad de los crímenes más aberrantes cometidos en este país a lo largo de su historia, y porque esa impunidad en definitiva es funcional a las clases en el poder. 
Porque además le daban un golpe bajo a la esperanza. Afectaban al sistema democrático porque además, no se trataba simplemente del “traslado de una jueza”, sino de la jueza que tenía a su cargo más de 50 casos de violaciones de los derechos humanos, la que había puesto tras las rejas a asesinos múltiples como Juan María Bordaberry, el dictador, y la que había demostrado y sostenido un criterio acorde al derecho internacional de los derechos humanos.
De conformidad al art. 99 de la ley 15.750 Ley Orgánica de la Judicatura: "Los Jueces Letrados con efectividad en el cargo, durarán en sus funciones todo el tiempo de su buen comportamiento hasta el límite establecido en el artículo 250 de la Constitución. No obstante, por razones de buen servicio, la Suprema Corte de Justicia podrá trasladarlos en cualquier tiempo de cargo o de lugar...". 
Y uno tiende a pensar que tal vez habían sí razones de "buen servicio"....que llevaron a la SCJ a trasladar a la Jueza Mota de lo penal a lo civil….si lo que se pretendía era prestar un buen servicio a la impunidad de los violadores de los derechos humanos 
Topolansky nos advertía a quienes nos movilizamos en defensa de la jueza Mota, pero también en defensa de los derechos humanos y contra la impunidad, que la Justicia es independiente. Independencia que, desde luego, no está en cuestión cuando un presidente (representante del Poder Ejecutivo) insinúa públicamente que la SCJ debe hacer algo con una jueza que se atreve a criticar al gobierno por su nula colaboración con la justicia en el tema de los derechos humanos. 
Independencia que, desde luego, no es avasallada por un ministro de Defensa que impide que esa jueza pueda tomar fotografías en un cuartel como pruebas para una causa sobre violación de los derechos humanos.
El parlamento pidió a la SCJ que concurriera a explicar las razones del traslado y la Corte se negó a hacerlo. Luego se hicieron pedidos de informe que la SCJ contestó por escrito, reiterando las razones de "buen servicio"
El 15 de febrero, día que se efectivizaba el traslado de Mariana Mota con un acto en la sede de la SCJ, diversas organizaciones sociales convocaron a concentrarse para brindarle el apoyo.
Como es sabido, hubieron forcejeos y desalojo por parte de la policía a quienes ingresaron al recinto a dar el apoyo a la jueza.
Un artículo de La Diaria del 19 de febrero decía lo siguiente: “…ayer se lanzó una campaña para que quienes estuvieron el viernes en la sede de la SCJ lo asuman públicamente y justifiquen los motivos”.
Como estuve allí, escribí un artículo que decía lo siguiente:
LA INDIGNACIÓN
La primera razón por la que concurrí ese día, es seguramente la indignación. Indignación que es producto de lo arbitrario y hasta prepotente del traslado de la jueza Mota; aún admitiendo su legalidad. Creo que en principio esa es la reacción natural y lógica de un montón de gente, que siente, ante arbitrariedades como esa, indignación, dolor y decepción. Y por cierto, me consta que el viernes 15 no estaba allí toda la gente indignada por ese hecho.
Y la indignación, en este caso, no es producto de un hecho sorpresivo. Es producto de un conocimiento de lo que está en juego, y de la participación y el seguimiento a lo largo de muchos años de lo que es la lucha por los derechos humanos y el reclamo de justicia por los crímenes cometidos por la sangrienta dictadura que asoló nuestro país.
No es una indignación sorpresiva, si uno se decepcionó hasta el llanto cuando se votó la ley de impunidad, cuando uno trabajó denodadamente para recolectar las firmas para que hubiera referéndum contra esa ley, cuando militó activamente por el voto verde y se volvió a decepcionar, cuando trabajó nuevamente para que hubiera un plebiscito para anular la ley en 2009 y luego por la papeleta rosada y sufrió una nueva decepción. Cuando se decepcionó y se indignó nuevamente al ver que una ley de anulación fracasaba por la traición de un diputado, pero traición conseguida por el presidente y el vicepresidente que concurrieron al Parlamento a pedirles a los legisladores de su partido que no la votaran.
Lo que quiero decir, es que uno puede indignarse aún cuando en el hecho no haya sorpresa. Seguramente me indignaré nuevamente cuando, en muy poco tiempo, la Corte declare inconstitucional la ley interpretativa de la ley de impunidad. Y si hay una manifestación ante la SCJ allí estaré, indignado (*).
LA ARBITRARIEDAD
Porque la indignación viene de la arbitrariedad del hecho. No es que la SCJ haga algo ilegal; no. Lo que indigna, es que la Corte haga algo “simplemente porque puede hacerlo”, aún cuando todos sus miembros seguramente son conscientes del daño que están produciendo. Es eso lo que indigna.
La Corte sin duda puede hacer traslados de jueces por “razones de mejor servicio”. Pero la Corte sabe, como sabemos todos, que no se mejora el servicio sacando a un juez que tiene en sus manos asuntos importantísimos relacionados con la violación de los derechos humanos y colocando en su lugar a alguien que tendrá que pasar meses o años volviendo a leer todos esos expedientes.
Y esa arbitrariedad es la que indigna, porque las razones "de mejor servicio" están más que claras; el traslado de la jueza Mariana Mota es el “mejor servicio” que se le puede prestar a los violadores de los derechos humanos y a la impunidad
Porque el traslado está justificado en una reestructuración de los juzgados, como si esa fuera la cuestión más importante que la SCJ y el país tienen en sus manos. Digámoslo así: la SCJ tiene dos problemas a resolver: 1) la reestructuración de los juzgados; 2) Uruguay ha sido condenado por la CIDH (caso Gelman) y tiene la obligación de facilitar un proceso de justicia ágil y eficiente, con el objeto de esclarecer los hechos ocurridos durante la dictadura y de investigar, juzgar y sancionar a los responsables.
La SCJ, entre esos dos problemas, opta por solucionar el primero. Porque retirar a una jueza que conoce muy bien el tema de los derechos humanos, que se ha especializado en ello, y que tiene más de cincuenta casos en su despacho, no parece destinado a solucionar el segundo problema. Antes bien, parece todo lo contrario, parece destinado a evitar que los hechos sean esclarecidos y que los responsables sean juzgados. Y también parece –aunque esto se niegue- una sanción por haber aplicado el derecho internacional de los derechos humanos en sus decisiones judiciales.
De manera que haber estado allí el viernes 15, es también una manera de brindarle  solidaridad y apoyo a la jueza Mariana Mota por un traslado arbitrario que ella no pidió. Es también un reconocimiento a su dignísima actuación desde que está a cargo de los casos, pero también a su coraje y dignidad al participar en la marcha del 20 de mayo, y a su coraje y dignidad por sus declaraciones en Buenos Aires, esas que tanto molestaron al presidente al punto de reclamar que la Corte hiciera algo con la jueza.
PORQUE TENEMOS DERECHO
Y también estuve allí, el viernes 15, porque tenemos derecho a estar, porque el derecho a disentir es lo propio de las sociedades democráticas. Y la protesta es el ejercicio activo de la libertad de expresión, forma parte de la vida en democracia y constituye una forma de participación política.
Está claro que desde el punto de vista de los gobiernos no todas las protestas son iguales. Algunas son bien vistas, son “progres”, y no quedaría bien repudiarlas abiertamente, pero hay otras que son sin duda problemáticas o incómodas, y también las hay intolerables, las que desestabilizan la comodidad del sistema. Pero la protesta, en general, no debería ser considerada como un atentado contra la democracia sino más bien un indicador de la calidad de esa democracia.
El pataleo, muchas veces es la única vía que algunos sectores tienen para expresar su voz frente a canales institucionales cerrados y con serias dificultades para acceder a los medios de comunicación. Muchas veces es la única forma de decir que no se está de acuerdo, que así no, que eso no se tolera.
Dice Frank La Rue, relator Especial de las Naciones Unidas sobre Libertad de Opinión y Expresión: “En ningún caso puede un gobierno o autoridad de Estado limitar la movilización o protesta social para silenciar la crítica a su gestión o a hechos o acciones que afecten los derechos de la población. Cabe mencionar, que en muchos países del mundo la movilización o protesta no tiene requisitos previos, más que informar oportunamente de su recorrido por razones de organización del tránsito”.
En nuestra Constitución, el derecho está consagrado en el artículo 38: “Queda garantido el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no podrá ser desconocido por ninguna autoridad de la República sino en virtud de una ley, y solamente en cuanto se oponga a la salud, la seguridad y el orden públicos”.
Pero se ha puesto de moda la criminalización de la protesta, que consiste en “…una estrategia del Estado, aplicado por gobiernos o la fuerza pública, que implicaría la modificación y el uso de las leyes para detener y condenar con altas penas a los llamados activistas sociales, manifiestándose también en otras medidas que —fuera de la ley y gradualmente— consistirían en señalar, hostigar, perseguir, encarcelar, y hasta torturar y asesinar a quienes actúan motivados por opciones de vida políticas, comparándolos con delincuentes y/o terroristas. Desde este punto de vista, la detención de activistas pretendería inhibir la protesta social; en sus manifestaciones más extremas constituirían una forma de terrorismo de Estado. Quienes estarían a cargo de inducir a la deslegitimación de los activistas y movimientos sociales serían políticos, jueces, policías y medios de comunicación” (Criminalización de la protesta - Wikipedia).
Y DESPUÉS
Luego, sucedió lo previsto, la Suprema Corte declaró inconstitucional algunos artículos de la ley interpretativa de la ley de impunidad, y poco después, la jueza Merialdo persiguió y procesó a algunos militantes sociales que estuvieron presentes ese día en apoyo a la jueza Mariana Mota. Los procesados, por el delito de “asonada”, fueron Jorge Zabalza, Irma Leites, Aníbal Varela, Patricia Borda, Alvaro Jaume y sus hijos Diego y Eduardo.
A punto de cumplirse un año del traslado de Mariana Mota, y cuando el nuevo comandante en Jefe del Ejército designado por el poder ejecutivo, Juan Villagrán, en su primer aparición pública declara que sobre los desaparecidos “no hay mucho más que decir”, es bueno recordar.


(*) Cosa que efectivamente sucedió



CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...