martes, 28 de noviembre de 2017

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta revolución industrial”. “La industria tradicional no es más el motor del cambio tecnológico” -dijo- y aseguró que en Uruguay “estamos preparando los industriales del mañana y del pasado mañana”, en rubros como inteligencia artificial, biotecnología, electrónica y química, los cuales, aseguró, han “invadido” la actividad industrial del mundo.
Para saber de qué estamos hablando, preguntémonos: qué es la cuarta revolución industrial?
Así como a fines del siglo XVII el meollo de la cuestión fue la máquina a vapor, esta vez le toca el turno a los robots integrados en sistemas ciberfísicos; ellos serán los responsables de una transformación radical a la que los economistas le han dado el nombre de “cuarta revolución industrial”.
Es la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, y anticipan que cambiará el mundo tal como lo conocemos. "Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes", vaticina Klaus Schwab, autor del libro "La cuarta revolución industrial", publicado este año. 
La manufactura, tal como la conocemos, cambiará de un modo radical y, con ella, el mundo del empleo. Los "nuevos poderes" del cambio vendrán de la mano de la ingeniería genética y las neurotecnologías, dos áreas que parecen extrañas y lejanas para el ciudadano de a pie.
Los cambios impactarán además en cómo somos y nos relacionamos: la revolución afectará "el mercado del empleo, el futuro del trabajo, la desigualdad en el ingreso" y sus coletazos impactarán la seguridad geopolítica y los marcos éticos.
La primera revolución industrial permitió pasar a la producción mecanizada, gracias a novedades como el motor a vapor. Para la tercera hubo que esperar a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones.
Ahora, el cuarto giro trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura. De hecho, su nombre proviene de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de Alemania, sobre el que trabajan desde 2013 para llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana.
La automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos, hechos posibles por el internet de la cosas y el cloud computing o nube.
Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.
Lo que veremos, dicen los teóricos, es una "fábrica inteligente". Verdaderamente inteligente. El principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.
"El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que usan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado", resume David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico, en una columna sobre la cuarta revolución para el diario británico The Guardian.
DE VERDAD CAROLINA?
Sin embargo, en una carta abierta al presidente Vázquez, firmada por un grupo de investigadores (*) se plantea lo siguiente: 
La firma en Agosto de 2014 de un acuerdo entre los candidatos de todos los partidos y la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay generó un espacio de esperanza entre los investigadores. Esperanza del reforzamiento de los instrumentos generados y de la aparición de otros que subsanaran los efectos del estancamiento, asegurando un horizonte previsible para el desarrollo de las actividades de los investigadores. En estos documentos se planteaba, concretamente, arribar a un 1 % del PBI en inversión en Ciencia y Tecnología.
Sin embargo, nada de esto ocurrió. Por el contrario y contra el acuerdo mencionado, la inversión en CyT no pasó de 0,4 % del PBI. Los países que apuestan al desarrollo Científico-Tecnológico de tamaños comparables al Uruguay, invierten entre un 2 % y un 4 % de su PBI".
Y uno se pregunta: ¿es posible plantear que “estamos preparando los industriales del mañana y del pasado mañana, en rubros como inteligencia artificial, biotecnología, electrónica y química” como dice la ministra Cosse, cuando se niegan los recursos para la investigación en ciencia y tecnología a la que se comprometieron todos los partidos, pero en especial el partido de gobierno?
¿Es posible hablar en términos tan ambiciosos en un un país que dedica el 0,4% del PBI a la investigación en ciencia y tecnología, mientras destina mil millones de dólares a cumplir con las exigencias de una empresa extranjera que producirá comodities, como lo es UPM? O qué dedica casi el 2% del PBI a defensa?
¿Cómo se insertaría un pequeño país subdesarrollado en este mundo de alta tecnología cuando se viene regateando por un 6% del presupuesto para la educación (nada menos que para la educación) desde hace más de una década, mientras invierte el 8% en defensa? Con una educación que -de más está decirlo- se viene deteriorando a pasos agigantados sin que nadie atine a hacer nada que no sea hablar de ello, o a perorar con latiguillos como “educación, educación, educación”.
La carta abierta de los investigadores alerta sobre esta situación y dice que “amenaza con hacer retroceder de forma importante los avances logrados en los últimos años” en materia de “consolidación de grupos de investigación” y “retención en el país de jóvenes investigadores”.
No es posible insertarse en una revolución de estas características con inversiones de cuarta, y con un proyecto de país basado en el agronegocio y en el sometimiento a los mandatos de empresas extranjeras.
José Luis Perera
(*) Carta Abierta de los Investigadores al Presidente Dr. Tabaré Vázquez
Estimado Sr. Presidente, Dr. Tabaré Vázquez.  
De nuestra mayor consideración:
Los abajo firmantes, investigadores de diversas áreas del conocimiento, queremos hacer notar a usted y a la población en general, la complicada situación que atraviesa la Investigación Científica en nuestro país, producto de las decisiones presupuestales del Gobierno y de gestión de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación. La situación a la que hacemos referencia amenaza con hacer retroceder de forma importante los avances logrados en los últimos años, en lo que refiere a la consolidación de grupos de investigación y la retención en el país de jóvenes investigadores.
Desde hace un tiempo se sabe en el mundo que la experticia cientìfica no se logra de un día para el otro, que mantenerla y mejorarla precisa de esfuerzos sostenidos, políticas claras y consensuadas, que apunten al mantenimiento de la diversidad y la calidad. Es también claro que un desarrollo científico potente, sin ser suficiente, es necesario para garantizar el establecimiento de sistemas de Innovación basada en la Ciencia y la Tecnología.
Nuestro país ha decidido en repetidas ocasiones avanzar por este camino. Lo que inicialmente fue un impulso de los académicos uruguayos, a través de la Universidad de la República y del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, fue paulatinamente incorporado como una política de Estado, con hitos como el establecimiento del Sistema de Investigadores, la creación de la ANII y el Gabinete de la Innovación.
A modo de ejemplo, el Sistema Nacional de investigadores, creado en 2006, es un sistema de calificación que otorga un incentivo económico a los investigadores que lo integran. Para ingresar y permanecer en el sistema es necesario alcanzar un alto grado de formación, demostrar una producción científica sostenida, la dirección de proyectos y la formación de recursos humanos para la investigación. Lo que ha hecho la comunidad científica es responder al instrumento, incrementando su formación y su productividad, tanto en el diseño y dirección de proyectos, así como en la formación de recursos humanos y la publicación de los resultados de la investigación. Esto ha sucedido en todas las áreas del conocimiento, constituyendo una importante base sobre la que sustentar procesos de desarrollo en todas las dimensiones que el país entienda conveniente.
Luego del fuerte impulso inicial, la política nacional de Ciencia Tecnología e Innovación se volvió impredecible y sus mecanismos cada vez más tortuosos. Aún peor, esto se acompañó del congelamiento de los fondos en pesos corrientes y la división de esos fondos en un sinnúmero de instrumentos parcelados que imponen la fragmentación y multiplicación de los esfuerzos para conseguir financiamiento. La más de las veces esos esfuerzos terminan en convocatorias en las que solo una pequeña parte de los proyectos es financiada.
La firma en Agosto de 2014 de un acuerdo entre los candidatos de todos los partidos y la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay generó un espacio de esperanza entre los investigadores. Esperanza del reforzamiento de los instrumentos generados y de la aparición de otros que subsanaran los efectos del estancamiento, asegurando un horizonte previsible para el desarrollo de las actividades de los investigadores. En estos documentos se planteaba, concretamente, arribar a un 1 % del PBI en inversión en Ciencia y Tecnología.
Sin embargo, nada de esto ocurrió. Por el contrario y contra el acuerdo mencionado, la inversión en CyT no pasó de 0,4 % del PBI. Los países que apuestan al desarrollo Científico-Tecnológico de tamaños comparables al Uruguay, invierten entre un 2 % y un 4 % de su PBI.
Esto tiene consecuencias muy negativas y muy concretas. Si los investigadores actuales somos cada vez más eficientes en formar recursos humanos, pero estos no tienen inserción ni fondos para trabajar, es claro que lo que va a pasar, lo que ya está pasando, es la exportación de investigadores en los que el país ha invertido una gran cantidad de recursos. Estamos montados sobre una maquinaria perversa que impulsa a formar más investigadores pero no prevé ningún mecanismo de retención y financiación de su trabajo.
Al estancamiento presupuestal hay que sumarle la política de la ANII. Su presidente, el Ingeniero Brum, ha sostenido repetidamente que la ANII no toma decisiones políticas. Eso no es cierto. A modo de ejemplo, el Fondo Clemente Estable, uno de los más importantes instrumentos de apoyo a la investigación fundamental, pasó de financiar proyectos por algo más de 56 millones de pesos corrientes en 2015 a algo menos de 37 millones en 2017. La caída de los fondos destinados no se debe a la falta de propuestas de calidad. En 2017 se presentaron 217 propuestas, siendo financiadas solamente 29 (un 13 %) un porcentaje mucho menor que el aprobado en ediciones anteriores, aunque el nivel de los proyectos fue mayor. Eso implica definiciones políticas por parte del directorio de la Agencia, definiciones que quitan fondos a un programa exitoso y lo distribuyen entre otros de temáticas diversas.
El presidente de la ANII ha declarado que el directorio ha logrado incrementar los fondos de investigación por la vía de destinar dinero a programas específicos que sirven de espejo de otros organismos que de esa forma aportan fondos. No nos oponemos a esta estrategia; nos parece de hecho una muy buena idea. Sin embargo, no parece razonable vaciar los fondos de un programa para financiar otro, al menos no sin una evaluación que indique que el programa no cumple sus objetivos. Las decisiones políticas del directorio de la ANII implican desvestir un santo para vestir a otro.
Por cierto, la ANII puede tomar las decisiones que estime oportunas; es parte de la política y forma parte de las decisiones de un gobierno democráticamente electo. Lo que sí decimos es que una política razonable de Ciencia y Tecnología debe ser lo suficientemente transparente en sus intenciones, orientaciones y mecanismos. Debe asimismo, ser suficientemente estable como para que quienes constituyen uno de los actores principales de la política, los investigadores, puedan prever, planificar y organizar su trabajo. Está también en juego el destino de los jóvenes que optan por estas actividades, y sus posibilidades de tener un futuro en este país. Nada de eso asegura la gestión actual de la ANII, que parece ignorar los problemas que generan sus decisiones.
Uruguay debe hacerse cargo de su política científica. Ya no es posible apelar a la válvula de escape de la ayuda internacional. Debido al sostenido crecimiento económico de los últimos años, para los organismos internacionales ya no somos pasibles de ayuda en este tema. Hacemos notar que otros asuntos que ocupan últimamente la agenda política nacional implican montos muy superiores a los que hoy dedica el país a la Ciencia y la Tecnología. Esto muestra que el estancamiento no es un tema económico o financiero: es una decisión política.
Cumplir con la promesa pre-electoral de llegar al 1 % del PBI que suscribieron todos los partidos sería una excelente señal. ¿Qué permitiría hacer un incremento planificado de los fondos?
En primer lugar permitiría crear mecanismos que aseguren la retención de los jóvenes formados. Por otro lado proveería los recursos para que los grupos que vienen trabajando de forma correcta lo puedan seguir haciendo. Para ello es necesario destinar una partida previsible y actualizada a los instrumentos más importantes, evaluando de manera abierta el impacto y pertinencia de estos y otros instrumentos.
Por último, creemos que parte de los problemas que evidenciamos son producto de que el diseño institucional que comenzó con la creación de la ANII y el Gabinete de la Innovación precisa hoy de una profunda revisión y actualización. En ese sentido, saludamos la constitución de la Secretaría de Ciencia y Tecnología como parte esa nueva institucionalidad y nos parece muy relevante que se haya designado a un destacado académico para su conducción. Para avanzar en el mediano plazo es necesario asegurar la participación de los investigadores en la discusión de las políticas y las instituciones y que esa participación sea tomada en cuenta, no como la verdad revelada, sino como una voz importante en la definición de objetivos posibles.
Como siempre, los investigadores estamos dispuestos a colaborar en la creación de un nuevo marco que asegure la sostenibilidad de las políticas y su impacto sobre el bienestar de todos los integrantes de la Nación.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

LOS HOMBRES DE LA BOLSA



(publicado esta semana en semanario VOCES)

El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. Al menos desde el año 2006 se viene hablando de la cotización en bolsa de las empresas públicas, y en ello han estado de acuerdo los grandes líderes gestores del capitalismo de todos los partidos (Lacalle, Bordaberry, Larrañaga, Mujica, Astori, etc,) además de ser obviamente una recomendación del Banco Mundial, faltaba más.
En 2009 se aprobó una ley para reactivar el mercado de valores de la Bolsa, y allí había un artículo que justamente impedía que las empresas públicas cotizaran en bolsa. El Partido Nacional pidió que ese artículo fuera retirado pero todo el Frente Amplio se opuso. El entonces candidato Mujica, a pesar de que había votado en contra, se mostró sin embargo partidario de lo contrario, es decir, de que las empresas pudieran emitir acciones (hago una cosa y te digo la otra).
Es sin duda muy parecido a lo que propuso Luis A. Lacalle cuando fue presidente y que los uruguayos rechazaron mediante un plebiscito de defensa de las empresas públicas. Y es, como dije antes, una recomendación del BM. En el documento del organismo financiero denominado notas de política, Uruguay: desafíos y oportunidades 2015-2020” se dice lo siguiente: Opción 3: creación de un mercado de capitales para las empresas públicas. Como ya se señaló, Uruguay carece de un mercado de capitales para las EP, lo que dificulta que amortigüen riesgos, diversifiquen sus fuentes de financiamiento, y se hagan de mayor liquidez y acceso a inversión y tecnología”.
Si no tuviéramos en cuenta que la Constitución de la República impide eso, y que habría que reformarla, hay que saber que las acciones son anónimas, y que nunca se puede saber a que manos van a parar. Eso es sin duda privatizar (toda o en parte) las empresas públicas, por más que el inefable Mujica haya dicho alguna vez que su propuesta bursátil es “socializadora” (nada más socializador que el BM). Se supone que todos los uruguayos somos propietarios de las empresas públicas, y el gobierno elegido por los propietarios designa a quienes las van a gestionar por el período de gobierno; de cotizar en bolsa, quien comprara acciones (no sabemos si uruguayo o extranjero) tendría el derecho a definir una orientación cualquiera qu Nada e nada tendría que ver con lo que el pueblo (sus propietarios) quieren. Las empresas públicas hoy son el brazo ejecutor de políticas de gobierno. Desde el momento en que comiencen a cotizar en bolsa, deberán rendir cuentas ante sus ahorristas, por lo cual tendrían que resignar la posibilidad de no trasladar los aumentos del combustible a las tarifas, o de congelarlas, o de postergar los aumentos, o brindar sus servicios gratis como forma de redistribuir la riqueza o contemplar situaciones especiales, y hasta transferir recursos a Rentas Generales. Nada de eso sería posible, ya que las empresas al cotizar en bolsa deberán funcionar como empresas privadas, aunque tengan como socio al Estado.
Ingresar las empresas públicas en el mercado de valores, es ingresar nuestros más preciados valores a la ruleta capitalista. 

José Luis Perera 

jueves, 9 de noviembre de 2017

CONTRADICCIONES


Transcribo una publicación en las redes sociales por parte de un amigo comunista, ya que me servirá de pie para hacer algunos comentarios:

“Los revolucionarios de sobaco..siempre están, nunca faltan a la cita.. y por mi parte redoblo la apuesta.. porque acá no se trata de justificar o no justificar.. se trata de que los mismos que corren presurosos a comprarse un coche.. aunque sea viejo y descangallado como dice el tango.. y llenan su tanque con nafta o gasoil sin interpelarse sobre la contaminación que genera el combustible fósil.. son los mismos que ponen el grito en el cielo por la contaminación probable de la extracción de petróleo (si se concreta algún dia) en el Uruguay. Son los mismos que utilizan marcas de ropa o calzado sin interpelarse sobre el trabajo esclavo que hay detrás.. son los mismos que ahora descubren lo negativo de una ley de riego.. veinte años después de su aprobación.. pues es ley desde 1997. Son los mismos que hablan de la bancarizacion como algo terrible para los trabajadores cuando hace décadas que este proceso se viene dando.. son los mismos que hablan de la extranjerizacion de la tierra como si hubieran descubierto la pólvora.etc. etc. El tema es que todas estas cuestiones y muchas más forman parte de las "bondades" del capitalismo.. y "descubrirlas" ahora desatando una ofensiva contra este gobierno por sus responsabilidades en esto me suena a oportunismo del más rastrero. Utilizar esto como una forma de demostrar lo pernicioso que es este gobierno es jugar objetivamente en la trinchera del enemigo.. y no me vengan con blablabla para intentar demostrar lo contrario.. la práctica y no sólo en el Uruguay ha demostrado más de una vez donde se terminan parando los defensores del purismo ideológico. Acá hay que debatir en serio.. pero además hay que embarrarse las patas y entender que si no es el pueblo organizado, de todas las formas posibles el que empuje, no habrá transformación alguna.. sigue siendo el tema la cuestión de con las masas o sin ellas y con petulantes esclarecidos”.
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Y bien, es innegable que esas contradicciones que menciona pueden eventualmente existir. Lo que también es innegable es que las contradicciones no invalidan las críticas. Esto es, si alguien critica la explotación de los trabajadores, y además se compra championes Nike, la explotación no deja de ser mala, y la crítica no deja de ser acertada. Si uso papel higiénico tengo todo el derecho de criticar las mega inversiones que solo traen una riqueza aparente por determinado tiempo y que después dejan un saldo más que negativo. Se entiende?
La ley de riego, es de 1997, sí, pero quienes estamos criticando hoy esa ley, lo que criticamos es la reforma de la misma, que lo que hace es privatizar el agua, en contra de lo que establecimos en la Constitución. No se puede confundir el chancho con la tormenta porque son cosas diferentes.
Que la extranjerización de la tierra, la concentración de la propiedad de los medios de producción en cada vez menos manos, la bancarización de la sociedad, etc, son parte de las “bondades” del capitalismo, no es por cierto ninguna novedad, no estamos descubriendo la pólvora. Lo que sí venimos descubriendo desde hace un buen tiempo, es que quienes se dicen de izquierda (en particular los comunistas, porque quien escribe lo de arriba lo es) aceptan estas cuestiones como si nada, y no solo las aceptan sino que las profundizan desde el gobierno y no encuentran ninguna contradicción en ello.
Es decir, lo que asombra no es la extranjerización de la tierra y el aumento de los tatifundios (propia del capitalismo), lo que asombra es que los comunistas integren el gobierno que lo favorece y se hagan los tontos como si integrar el gobierno que lleva a cabo esas políticas no fuera una complicidad.
Lo que asombra no es la bancarización, proceso que se viene dando desde hace tiempo, lo que asombra es que el gobierno que la hace obligatoria -es decir, que obliga a los trabajadores a entregar su dinero al capital financiero- es un gobierno integrado por comunista.
Y atacar todas estas lacras del capitalismo, no es de ninguna manera un purismo ideológico, sino ser fieles a la lucha que se supone que estamos dando para cambiar el sistema. Los comunistas, más allá de que quieran aceptarlo o no (comprendo que es doloroso aceptarlo), están siendo cómplices de lo que en teoría dicen combatir. Llamaron a los trabajadores a votar por Tabaré y Astori... "para que los cambios no se detengan" , votan las tropas en Haití, votan las PPP, votan la bancarización obligatoria, votan los recortes al presupuesto, el desalojo de estudiantes, la privatización del agua, el subsidio a Sendic y cuánta cosa más hace el gobierno, pero ellos son totalmente inocentes, y solo están esperando que “las masas” se decidan a cambiar lo que ellos están haciendo.
Es de locos. Los que juegan en la trinchera del enemigo no somos precisamente los que criticamos esas lacras capitalistas que están llevando a cabo desde el gobierno, sino justamente los que están en el gobierno, que son quienes las están llevando a cabo. Entre ellos los comunistas.
De acuerdo con lo del final: hay que debatir en serio. Y para debatir en serio lo primero que deberían hacer es reconocer su complicidad en todo lo que se señala como malo. Porque decir que los males son del capitalismo y omitir olímpicamente que se integra el gobierno que lleva a cabo todas esas medidas, es una lavada de manos bastante deplorable.
En cuanto a lo de que la tarea se hace con las masas, sí. Lo que no me queda claro es como van a convocar a las masas para hacer lo contrario de lo que están haciendo en el gobierno. Salvo que las masas estén dormidas, los van a mandar a pasear.
Volviendo a lo del principio. Hay contradicciones en la sociedad, sin duda, pero algunas son más flagrantes que otras y más incomprensibles. Mucho más inexplicable que alguien que usa championes Nike critique la explotación, es que alguien que se dice anticapitalista integre un gobierno capitalista como el que más; que alguien que se dice contrario a las privatizaciones integre un gobierno que privatiza el agua, que privatiza el BROU; que alguien que se dice antiimperialista proponga y pelee por la candidatura de un asesor del FMI y alcahuete del imperio.

domingo, 29 de octubre de 2017

NO SOY UN DESENCANTADO


Últimamente se habla mucho de los “desencantados”, tanto como un nicho de mercado político en donde salir a conseguir votos, como de sujetos a recuperar para el oficialismo. También como de tema de conversación y de análisis de politólogos y hasta de gobernantes (“El frenteamplista desencantado no tiene justificación de mi parte”, Juan Castillo dixit).
Si desencantar es deshacer el encanto, entonces para ser desencantado hay que haber estado previamente encantado. Y en política es posible que haya gente encantada con el partido al que vota o en el cual milita, no lo dudo, por lo general es la gente que toma a la política como si fuera un deporte y se hace hincha de tal o cual partido. Es posible que si esa gente ve que su cuadro no juega bien y se come alguna goleada de vez en cuando pueda desencantarse.
Pero quienes consideran a la política como un lugar de lucha por determinados valores sociales que quiere llevar a la práctica por medio del gobierno, como un espacio de lucha ideológica por lograr avances en la conciencia popular, para generar las condiciones subjetivas que permitan cambios radicales de justicia y equidad, esos difícilmente se encanten. Porque esa lucha es dura, difícil, despiadada, compleja y cansadora, sin demasiado espacio para el encanto.
De modo que para estos últimos (entre los que me incluyo), lo más adecuado sería hablar de “defraudados” y no de desencantados. Entendiendo por defraudar (del latín defraudare: resultar una persona o una cosa menos buena, interesante o importante de lo que se esperaba).
Los defraudados, en algún momento comenzamos a militar en una fuerza política que se proponía cambios radicales en esta sociedad. Nos comprometimos con un discurso que hablaba de antiimperialismo, de combate a la oligarquía (de un lado la oligarquía, del otro lado el pueblo), de combate al latifundio y de reforma agraria, de lucha frontal contra el capital financiero, de justicia social, de una democracia auténtica, etc.
Y naturalmente, si bien ya en el camino a obtener el gobierno se fueron dejando prendas por ahí tiradas (con el fin de obtenerlo), seguimos confiando en que se podía dar la lucha para torcer el rumbo que se venía delineando, porque nada se obtiene sin lucha.
Y primero nos defraudó (ahora hablo por mí) el gobierno.
Su antiimperialismo lo tiró por la borda en su primer gran medida de gobierno: el Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU. Es decir, en lugar de antiimperialismo, protección de las inversiones del imperio. Luego maniobras con las tropas yanquis, envío de tropas a Haití, etc. También la búsqueda incansable de un TLC con ese mismo imperio, cosa que habíamos expresamente dicho que no queríamos hacer.
Pero luego todas sus medidas fueron en el sentido de gobernar para la oligarquía, tanto la latifundista como la financiera. Se fue concentrando y extranjerizando la propiedad de los medios de producción como la tierra, los frigoríficos, se fue gobernando para el agronegocio sojero y los cultivos transgénicos, exonerando de impuestos a las inversiones extranjeras, ampliando y generalizando las zonas francas, regalándole el dinero de los uruguayos al sistema financiero con la bancarización, estableciendo las PPP, etc.
Por más que algún dirigente diga que Estamos en una etapa de avance en la profundización de la democracia, de tránsito hacia una democracia avanzada que profundice los derechos, la equidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social” (Juan Castillo dixit), la democracia en lugar de profundizarse se banaliza, puesto que las decisiones de fondo se toman en conciliábulos en las alturas (instalación de plantas de celulosa, privatización del agua, obligación de darle nuestros dineros a los bancos, TLC con Chile, etc), y se pretende hacer creer que profundizar la democracia es el casamiento homosexual o la venta libre de marihuana.
De manera que no estamos desencantados, porque nunca estuvimos encantados. Sí tuvimos la esperanza de que la lucha interna entre las diferentes capas sociales que integran la coalición llamada Frente Amplio (que no es ni la sombra de lo que se creó en el 71) podía torcer el rumbo más hacia la izquierda, más a favor de la lucha frontal contra el sistema. Pero triunfó la concepción más consustanciada con lo que es la historia de los partidos tradicionales, esto es, gestionar lo mejor posible el capitalismo, que traducido al español significa gobernar para los ricos y esperar que algo de lo que los enriquece derrame hacia abajo. Y esa fue nuestra segunda decepción.

Y por eso nos defraudaron.
Pero principalmente, en mi caso, me defraudaron los que sabiendo que esa lucha fue perdida continúan haciendo de cuenta que no pasa nada, y en los hechos se han plegado a la estrategia ganadora, y gobiernan para los ricos haciendo por lo bajo el discurso contrario para captar incautos. Desarrollan una estrategia esquizofrénica, con un discurso revolucionario al interior de las organizaciones sociales y con uno conservador y hasta reaccionario en el gobierno. Amparados en la “disciplina partidaria” (algo así como la obediencia debida) dicen amén a todo lo que dicen no querer.

miércoles, 4 de octubre de 2017

NI MITO NI LEYENDA (publicado esta semana en VOCES, en el 50 aniversario del asesinato del Che)


Si un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad, y si leyenda es una narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso adornado con elementos fantásticos o maravillosos, el Che no es ninguna de las dos cosas. El Che es un ser humano ejemplo de revolucionario, y cuya vigencia se expresa en una de las mayores obras de la que fue partícipe: la revolución cubana.
Cuando Fidel dice -entre otras cosas- que “si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: !que sean como el Che!, está expresando no solo un deseo, sino una necesidad. Porque si algo está siendo demostrado medio siglo después de su muerte es que sin hombres como él difícilmente cualquier intento revolucionario llegue a buen puerto.
Sin duda era un hombre de acción, pero también de un muy elaborado pensamiento, un hombre de ideas, de una insuperable sensibilidad humana, pero sobre todo de una intachable conducta y virtudes morales, y a esto quiero referirme, por tomar algún aspecto de su vida.
El Che dijo: “El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación… Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”.
Esta idea, que el che asumía para su práctica cotidiana, implicaba que toda acción humana, desde la más cotidiana hasta la más compleja, es una acción en potencia revolucionaria, transformadora y liberadora, y que la revolución de los oprimidos en contra del sistema es una revolución que, para frenar y extinguir el capitalismo, tiene que atravesar y transformar todos los ámbitos de la vida humana.
Todo el accionar y la concepción revolucionaria del Che, su lectura crítica y creativa de los clásicos del Marxismo Leninismo, está impregnado absolutamente de una intención permanente de forjar al Hombre Nuevo, de construir la nueva moral comunista.
En su ensayo “el Socialismo y el Hombre en Cuba decía: Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo. De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social”.
Cuando se multiplican por dos los salarios de los ministros de un gobierno porque “no se les puede pedir tanta poesía”, o cuando se exponen como grandes logros porcentajes de crecimiento, obtención de grado inversor, aumentos del PBI o puntos de más o de menos en el empleo o en la pobreza, pero se dejan de lado como valores la honestidad, la rectitud, la entrega y la austeridad, se está yendo en el sentido contrario de lo que el Che predicaba. “No me interesa” diría el Che.

jueves, 14 de septiembre de 2017

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN


(publicado esta semana en VOCES)

Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo había metido al FA.
El Plenario se encontraba en un gran problema. El desprestigio creciente del vicepresidente, más el informe del Tribunal de Conducta Política (TCP) ponía al Plenario Nacional ante la alternativa nada sencilla de sancionar (o no) a uno de sus más encumbrados dirigentes, en incluso ante la casi obligación de pedirle la renuncia.
En caso de no sancionarlo, estaría desautorizando la opinión del TCP, lo que probablemente habría significado la renuncia de sus integrantes, así como la del presidente del FA Javier Miranda. Habría quedado además el FA desprestigiado como fuerza política, al no ser capaz de establecer los límites de la ética y el decoro en sus representantes en cargos públicos. Máxime teniendo en cuenta que como fuerza política no había actuado, sino que el propio Sendic fue quien pidió someterse al Tribunal.
En caso de que hubiera sancionado a Sendic, y este hubiese cumplido con su promesa de permanecer en el cargo pese a todo, se habría visto cuestionada no solo la autoridad del TCP, sino también la del Plenario Nacional (máximo organismo entre Congreso y Congreso), y el gobierno se habría visto enfrentado a la situación de tener un vicepresidente que no era aceptado ni por la oposición ni por su propia fuerza política, con el consecuente desprestigio y desgobierno de aquí al final del período.
La renuncia de Sendic evitó estas situaciones dramáticas y complejas para el FA, y el asunto se saldó con una declaración (no hubo sanciones de ningún tipo) en la que apenas se toma nota de la promesa de renuncia del vicepresidente, se respalda lo actuado por la institucionalidad frenteamplista, habla de la unidad, y se llama a los frenteamplistas que estén en cumplimiento de funciones de gobierno a ser "celosos guardianes y atentos vigilantes " de sus funciones y a "velar fielmente por la unidad, integridad y los valores" de transparencia, honestidad y ética en la gestión.
Una salida inesperada por lo sencilla, sin duda. Un accidente que se preveía con varios muertos y heridos terminó sin mayores consecuencias, con apenas algunos lesionados de consideración (más allá del cadáver político del propio Sendic, que ya lo era antes del Plenario).
Habrá que ver de aquí en más cuál será el papel de quien suplante a Sendic en la vicepresidencia (todo indica que será Lucía Topolansky), de como será su relación con la oposición y con el presidente y si será capaz de mandarse menos macanas que su antecesor (ya arrancó con un gol en contra ya que fue la única persona en este mundo que vio el título de Sendic).
El daño más grave es hacia la interna, que ha sentido el impacto, y habrá que ver hasta donde las acusaciones cruzadas de traición y otros adjetivos que se escucharon por estos días y las heridas que dejaron puedan cicatrizar. No será fácil, por más que los frenteamplistas insistan en la manida unidad. Hay gente a favor y en contra del TCP, a favor y en contra de Miranda, a favor y en contra de Sendic. Faltan varios capítulos en ese aspecto.

viernes, 28 de julio de 2017

EL OPORTUNISMO POLÍTICO


Cuando salió a la luz pública la mentira de Sendic acerca del ya famoso célebre título adornado con medallas de oro, fuimos muchos los que lo condenamos por su conducta alejada de toda ética.
Lo condenamos sin pruebas? No, las pruebas estaban allí a la vista, las había brindado el propio Sendic que había dejado en su trayectoria un reguero de mentiras al respecto para luego desmentirlas él mismo ante las preguntas directas y sin vueltas de una periodista con ovarios.
Sin embargo, cuando el asunto llegó al órgano máximo del FA, el Plenario Nacional, la enorme mayoría de la dirigencia frenteamplista cerró filas para proteger al mentiroso. Lo hacían porque estaban convencidos de que Sendic era inocente y una víctima de ataques injustificados de la derecha y los medios? No, está claro que no, la mentira de Sendic era demasiado obvia. Lo estaban defendiendo a él porque a un compañero se lo protege? Si eso fuese así, lo sería hasta el final.
La dirigencia frenteamplista defendió a Sendic, en ese momento, porque creía estar defendiendo al FA. Su ceguera política les impedía ver que el efecto era el opuesto, que protegiendo a un mentiroso se estaban haciendo cómplices de la mentira y de la falta de ética. Ni hablemos de la senadora Topolansky que manifestó haber visto el título, que eso ya es para el libro Guiness de la inmoralidad (junto al diputado de la 1001 que dijo luego del Plenario, en su cuenta de facebook, que quienes habían ofendido a Sendic deberían pedir disculpas luego de sus explicaciones).
No solo se hicieron cómplices de la mentira y la falta de ética, sino que por añadidura acusaron a la oposición y a los medios de querer desestabilizar las instituciones, intentando confundir al Sendic político, al Sendic persona, con la institución Vice Presidencia, que obviamente no son los mismo. Y quien hace daño a las instituciones es quien ocupándolas las utiliza en su provecho personal.
Digámoslo también y muy claramente: no todos los sectores votaron la declaración de aquel Plenario. Hasta donde sabemos, ni Asamblea Uruguay ni el Nuevo Espacio lo hicieron. Porque tenían claro que Sendic mentía? Probablemente. Pero entonces, por qué no llevaron el caso al Tribunal de Conducta? Por la misma razón que los demás, por oportunismo político.
Sin lugar a dudas, mentir, y hacerlo en forma tan descarada cuando uno es un político que ocupa un cargo por demás relevante, es un asunto ético que debería ser combatido con firmeza para desterrarlo de la actividad política. Sin embargo, el Tribunal de Conducta del FA, cuyo papel es precisamente ese, y que puede actuar de oficio, no hizo absolutamente nada. Esa es la triste realidad. Y digo triste porque se supone que allí está lo mejor de esa fuerza política.
Ahora, y a partir de la compra de un colchón con la tarjeta corporativa de ANCAP (parece que para muchos comprar un colchón o un equipo deportivo es infinitamente más grave que mentir) en una nueva muestra de oportunismo político del peor, diferentes sectores del FA han comenzado a desmarcarse del bochorno que ellos mismos crearon.
Este lunes la Vertiente Artiguista emitió un comunicado en el que indica que el Frente Amplio, como organización política, debe "tomar las decisiones que correspondan en relación a eventuales conductas inapropiadas por parte de dirigentes y gobernantes". También el PDC hace lo propio y dice que cuando las “prácticas y errores” de los gobernantes pasan límites que “quiebran la credibilidad y la confianza pública, hay que tomar decisiones”.
Sí, muy bien, y tuvieron que esperar hasta hoy para darse cuenta?
El propio presidente de la república Tabaré Vázquez le dio su apoyo explícito a Sendic sabiendo perfectamente que mentía, y ahora a comenzado a dar señales de que estaría dispuesto a aceptarle la renuncia. Claro, en este caso es entendible, era un mentiroso que protegía a un mentiroso. Pero hasta ahí llega la solidaridad entre colegas.
Por si fuera poco el bochorno de la dirigencia, buena parte de la militancia frenteamplista ha dado muestras de una obsecuencia a prueba de pruebas, defendiendo lo indefendible primero, y ahora pidiendo que también se hable de la corrupción de sus rivales políticos, como si ello suavizara la propia.
En definitiva, un espectáculo patético que muestra a las claras que la corrupción, la mentira y la politiquería está en todos lados. No es lo mismo que decir que todos son iguales, que no se mal interprete. Hay gente muy bien intencionada y muy respetable en la política. Generalmente se terminan yendo para su casa. Voy a mencionar solo a uno en nombre de todos ellos: Guillermo Chifflet.

miércoles, 19 de julio de 2017

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)


La aseveración de Sendic: “si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda”, es falsa (como tanta cosa que ha dicho). La gente es corrupta o no lo es, y no depende de su orientación política. Hay gente en la izquierda que es absolutamente corrupta (ver cuantos petistas hay metidos hasta el cuello en los escándalos del lavajato y el mensalao), y hay gente de derechas que es muy honesta.
Por lo tanto, no pongo las manos en el fuego ni por Lula ni por nadie. Los hechos están ahí: el PT está mezclado con el PMDB, el PSDB, el PP y otros de la misma calaña, en un enorme proceso de corrupción.
Esa alianza y otras, más o menos coyunturales, que Lula se vio obligado a tejer para garantizarse una gobernabilidad que le permitiese sacar adelante su Presidencia, fue el peaje que los poderes fácticos le impusieron; y no es retórica. Los votos que Lula consiguió durante años para sus propuestas legislativas se obtuvieron a cambio de dinero. En algo así de ‘simple’ consistió el mensalao, el gran escándalo de corrupción que azotó las presidencias de Lula (2003-2010).
No es útil defender a las personas por lo que dicen sino por lo que hacen. Y lo hecho por Lula y el PT deja mucho que desear. Dicen que “el que se acuesta con niños amanece mojado”. Muchos de los corruptos comprobados que están ahora en el gobierno Temer, fueron también parte de los gobiernos del PT, son sus aliados. La dirección del PT traicionó el sueño de la clase obrera brasileña al resolver gobernar el sistema junto con la burguesía y para la burguesía.
Que A planee hacer B, no significa necesariamente que todos los B son producto de la acción de A. Lo que quiero decir es que la derecha internacional siempre estará coordinando acciones para echar abajo gobiernos progresistas o de izquierda, así como las izquierdas siempre estarán coordinando acciones para luchar contra los gobiernos de derecha (las izquierdas internacionales también coordinan sus acciones, no otra cosa es el Foro de San Pablo, por ejemplo). Pero las caídas de estos gobiernos no necesariamente son el producto de estas coordinaciones. Muchos caen por su propio peso, porque no cumplen con sus promesas, porque se muestran incapaces de transformar lo que se suponía que iban a transformar, porque se corrompen, etc.
Quien quiera adjudicar la condena de Lula a una venganza de la derecha, a un producto de la lucha de clases, debería tal vez explicar por qué el mismo juez que lo condenó metió preso a Odebrecht antes que a Lula.
El juez federal Sergio Moro condenó a Marcelo Odebrecht a más de 19 años de cárcel por corrupción pasiva, lavado de dinero y asociación para dilinquir, culpable por el pago de millones de dólares (durante el gobierno de Lula) en sobornos a funcionarios de Petrobras (empresa del estado) a cambio de obtener contratos e influencia.
Tampoco es una maniobra para evitar que Lula sea candidato, ya que no tiene ningún impedimento para serlo. Las cortinas de humo funcionan para aquellos que están dispuestos a no ver; si pretendió serlo, con los trabajadores brasileños no ha funcionado, ellos están dando batalla contra las medidas del gobierno de Temer; curiosamente (o no tanto) Lula ha estado ausente de esas luchas.
José Luis Perera

domingo, 2 de julio de 2017

PROGRESISTAS


Hay algunas constantes características de los votantes y militantes oficialistas, que pueden ubicarse en tres grandes grupos (algunos más grandes que otros).
a) los que consideran que los gobiernos progresistas de los últimos 12 años son lo mejor que le ha pasado al país en toda su historia, y que lo que queda es asegurar y profundizar los cambios que se han generado en estos años;
b) los que entienden que se han hecho cosas buenas pero que también son evidentes los desastres tanto de gestión como de política económica y hasta morales y éticos, y si bien defienden lo hecho, critican y protestan abiertamente contra lo que está mal;
c) los que llevan una procesión interna que les dice que las cosas no están para nada bien, pero que no critican abiertamente, y reclaman a quienes sí lo hacen que además hagan propuestas, que no basta con criticar sino que hay que proponer alternativas.

VEAMOS

EL GRUPO a)
No me voy a detener demasiado en el primer grupo. Su forma de ver la realidad es más bien la de un hincha de fútbol, son camiseteros y no hay forma de hacerles comprender que el país no comenzó cuando llegó el FA al gobierno. Aplauden todo lo que venga de su gobierno y de su fuerza política sin detenerse demasiado a analizar si está bien o está mal; si lo hizo el FA en el gobierno está bien, si no tienen argumentos para defenderlo aguardan pacientemente a que vengan de arriba, y aunque sean una guarangada lo repiten cual si fueran las sagradas escrituras.
Cito a mi amigo Eduardo Ancho: Socialmente y mirando con objetividad, más allá de cada una de nuestras peripecias personales, nuestro país está mal. Somos hoy más vulnerables, hemos envenenado peligrosamente el agua, el aire y la tierra, nuestra soberanía está en cuestión, jamás la extranjerización de la tierra ha llegado a los actuales niveles, un alto porcentaje de los trabajadores tiene ingresos equivalentes a un tercio de la canasta familiar. Pero una cantidad de bienes, antes vistos como lujos o ni siquiera existentes, constituyen un espejismo que confundimos con la realidad. Hay mas autos y posibilidades de llegar a más cosas, ya que a través de sutil propaganda, combinada con un tremendo descenso de precios por incremento de la productividad, el capitalismo se nutre de voraces consumidores que de cualquier forma buscan acceder a la felicidad en lugares diseñados par comprar, en los dominios del Dios MERCADO. Esta nueva religión ha encontrado adeptos por todos lados y no parece compatible con los clásicos postulados de izquierda, como la justicia social, el rechazo a la explotación y la igualdad, percibidas hoy casi como reliquias del pasado”.
Prefieren hablar de otra cosa, en especial de las cosas malas que sucedieron hace más de doce años, cuando el FA no era gobierno. NO importa si esas cosas son archisabidas, o si los episodios pasaron por la justicia como corresponde y ya se expidió; la cuestión es no hablar del presente. El mensaje es el siguiente: antes era igual o peor.
Este grupo seguirá votando e hinchando por el FA pase lo que pase, porque no están dispuestos a cuestionar ni a cuestionarse.


EL GRUPO b)
Son un grupo absolutamente necesario; son los que pueden hacer pensar a los del primer grupo, puesto que critican desde adentro y son naturalmente escuchados (aunque muchísimas veces son tildados de “traidores” por los del grupo a, por atreverse a cuestionar a su partido y a su gobierno).
Tienen claro que la única forma de avanzar es la crítica y la autocrítica, la corrección inmediata del rumbo cuando la dirigencia apunta hacia otro lado, cuando se desconocen los lineamientos colectivos y se llevan adelante proyectos y ambiciones personales.
No son camiseteros, y son capaces de ver con ojos críticos para deslindar lo que está bien de lo que está rematadamente mal.
Su permanencia como militantes y/o votantes del FA estará determinada por el grado de recepción a sus demandas y por parte de la dirigencia, el gobierno y sus compañeros de ruta.
Obviamente, muchos de ellos son también partidarios de la teoría del “mal menor”, por lo que seguirán votando al FA de cualquier modo ante la eventualidad de que este pierda el gobierno. No perciben que con esa actitud hipotecan cualquier posible cambio, ya que mientras el FA siga ganando elecciones seguirá por el mismo rumbo (justamente por eso, porque le asegura ganar elecciones que es su único objetivo).

EL GRUPO c)
Es el más sufrido. Saben que esto que está haciendo su fuerza política en el gobierno no tiene absolutamente nada que ver con lo que eran sus sueños, que el rumbo era hacia el sur y el barco rumbeó directo al norte desde el principio.
Les duele en el alma lo que ven, pero su amor por el FA les impide hablar abiertamente de lo que está mal, consideran eso una traición a sus principios. Son los que proclaman que “los trapos sucios se lavan en casa”. Creen que muchos compañeros dieron su vida, fuero torturados y desaparecidos por querer llevar adelante este proyecto, y creen que abandonarlo es abandonarlos. No se dan cuenta de que dieron su vida por otro proyecto radicalmente diferente; no por esto. Sufren en silencio los desastres de su gobierno. Saben que ellos querían una reforma agraria y que su gobierno amplió los latifundios y extranjerizó la tierra; saben que estaban contra el capital financiero y tienen que sufrir la bancarización obligatoria de su gobierno; son antiimperialistas y tienen que sufrir que su gobierno le proteja las inversiones al imperio o quiera un TLC hasta con los marcianos si fuera posible.
Cuando alguien critica, reclaman propuesta. Es una especie de grito desgarrador que significa algo así como: “ya se que esto es una mierda, proponeme algo y me salgo”.
No se dan cuenta que la propuesta existe desde hace décadas, que no hay que inventarla, que está en los propios documentos fundacionales del FA, que solo hay dos caminos: o se obliga a sus dirigentes a girar 180 grados, o se abandona definitivamente el proyecto traicionado y se empieza a construir algo nuevo.

OTROS
No hay que engañarse, existen obviamente otros grupos. Están (y son legión), los que están absolutamente conformes con lo que hace este gobierno, sin tener ninguna camiseta puesta, simplemente porque se ven favorecidos con sus políticas. Cambiarán si un día este gobierno los deja de favorecer.
Están (y son legión) los votantes conservadores, que esto es lo que quieren. De los tres o cuatro partidos conservadores que existen en la oferta electoral, eligen este porque consideran que hace mejor las cosas. No quieren ni en sueños ningún cambio que signifique riesgos a su buen vivir. No les hagan olas.

miércoles, 21 de junio de 2017

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)


Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene).
Nuestra sociedad se parece cada día más a una selva (donde reina la ley del más fuerte). El tránsito es solo una muestra muy visible de esto. La ley de la selva, la ley del más fuerte (o la ley del revólver, ahora que algunos quieren volver a la ley de duelo para resolver problemas de honor), son lo contrario a una sociedad, la que debería estar organizada en torno a principios, valores e ideales, como pueden ser la solidaridad, la justicia, la razón, etc.
La forma de ser de una sociedad se va conformando en torno a una multiplicidad de factores de la vida cotidiana: el maltrato en el transporte, las veredas en mal estado, la despersonalización de la atención telefónica con contestadoras y musiquitas, la explotación laboral, la radio a todo volumen en el ómnibus, el pungueo diario en las calles, el abuso de los precios, la prepotencia en el tránsito, etc.
El tránsito en nuestro país es una muestra clara de lo que es nuestra sociedad. Allí se ve claramente la falta de respeto por las normas, el individualismo, la falta de solidaridad, la prepotencia, la viveza criolla, la violencia a flor de piel y hasta cierto instinto asesino. 
Las bicicletas son un vehículo más en la calle, y tienen que circular cumpliendo normas debidamente establecidas. Sin embargo, los ciclistas reconocen que casi ninguno las respeta, aunque prefieren diluir su responsabilidad apuntando a la prepotencia (indudable) de los automovilistas. Como si la cuestión se redujera a una pelea por la supervivencia en la selva del tránsito capitalino.
Así somos los uruguayos. Festejamos nuestra viveza y nuestra impunidad. Nos regocijamos de evitar un gol con la mano, y nos enojamos si no dejan impune a nuestro crack que mordió al rival. Porque nos hemos acostumbrado a la impunidad y a la viveza. Somos ese jugador y somos el político que se compra cosas para sí con la tarjeta corporativa. Somos el que quiere arreglar las diferencias a los tiros, como barrabravas en el estadio. 
Y somos también el que se afana la guita de los demás, a través de un cambio o sin él. Somos el ministro de defensa promoviendo que la población se arme para defenderse, el productor rural que fumiga sobre la gente, el milico que prepotea en la comisaría, el que se saltea la cola, el que te pasa por la derecha, el que circula por la izquierda tan campante, el que te basurea en las redes sociales, te putea y después te elimina, los que linchan a un niño por el robo de un celular, y todo eso junto.
El aumento del parque automotor es una mínima parte del problema; el problema es el aumento de la grosería, de la prepotencia, del individualismo, del “hago la mía” y los demás que se arreglen.
No somos lo que parecemos. Ni tan democráticos, ni tan derechos ni tan humanos, ni tan solidarios, ni tan igualitarios. Somos frustrados y temorosos, egoístas y discriminadores aunque no lo admitamos. Somos eso que nos devuelve el espejo de la prensa a diario; lo que hacen y dicen “los otros”.
No solo la equidad depende en gran medida de la educación; la convivencia civilizada también.

José Luis Perera

miércoles, 7 de junio de 2017

RED DE INTELECTUALES, ARTISTAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD ¡CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA POR SIEMPRE! ¿Quién acusará a los acusadores?

Respuesta al comunicado de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela

Bajo la implícita formula del “yo acuso” y unas horas antes de la reunión de la OEA en la que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”. Dicha solicitada constituye toda una declaración de principios de su posición respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades, y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país caribeño.

No ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas “vacas sagradas” del mundo académico crítico) poniendo en tela de juicio su compromiso político o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmación de la solicitada como lo que es, como una tesis errónea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela. Y como tal, la someteremos a análisis, dando cuenta de que también los acusadores pueden y deben ser acusados. También los intelectuales, además de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, deberán dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la región. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejará de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgánica, en su incapacidad pedagógica, o en sus desinteligencias a la hora de calibrar juicios certeros. 

El concepto de “guerra de cuarta generación” o de “guerra de baja intensidad”, es mucho más que una hipérbole para señalar la intensidad de una coyuntura específica. Es, más bien, la descripción de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya más dura de la corona: la porfía de una revolución venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Más aún si consideramos la vital importancia económica y geopolítica de Venezuela para la reciente administración republicana de Donald Trump. Demostrada está la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los límites de lo posible con una audaz política de integración latinoamericana, así como su control soberano sobre importantes recursos estratégicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los países centrales como el petróleo o la biodiversidad. Sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos.

Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso tránsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus análisis de situación y correlaciones de fuerza (es decir, en el análisis del grado de organización, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagónicos). Hace tiempo que Venezuela se desplazó eficazmente de un momento meramente económico-corporativo hacia un momento político, con la formación de una identidad popular común al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontación global con las clases dominantes. El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asunción de un socialismo para el siglo XXI señalan este derrotero. Ahora bien, este momento político sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemónico entre bloques sociales, comenzó a desmoronarse con la muerte de Hugo Chávez Frías y se consumó con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil. El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento político-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradójicamente, alcanzado no sólo por la radicalización endógena del chavismo, como por la reacción envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al más descarnado de los revanchismos.
       
Ahora bien, analizar este momento político-militar en ciernes, implica considerar que las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unión cívico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes, son mucho más que testimonio de la desbordada pasión caribeña. Son, en cambio, síntomas de toda una etapa que amerita categorías de análisis específicas, para entender la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático. 

Por supuesto que hay un proceso de militarización y una escalada de violencia, pero lejos de ser el resultado de factores internos, esta militarización es permanentemente inducida por la agresión imperialista en todos sus niveles (diplomático, político, económico, militar, mediático, financiero). ¿O debemos enumerar acaso los golpes de estado en Honduras, Paraguay y Brasil que anteceden la presente arremetida? De nada valen las groseras teorías de los dos demonios para analizar las causas de la violencia venezolana: ¿o qué significa entonces el “origen complejo y compartido de la violencia” señalado por la solicitada? ¿O la identificación, aparentemente simétrica, de “extremistas” de derecha y totalitarios de izquierda, que redunda al finalizar el texto en el señalamiento de un único e inaudito responsable de la violencia: ¡el estado y el gobierno bolivariano! ¡Justo quienes insisten en una estrategia de paz!¿Qué deberían haber hecho, según estos intelectuales, Fidel Castro y los revolucionarios cubanos ante la invasión de Playa Girón? ¿Sentarse a parlamentar con diplomáticos inexistentes mientras las bombas atronaban en Bahía de Cochinos? ¿Enfrentar con papeletas electorales los fusiles de los mercenarios? ¿Peticionar cautamente ante la OEA?

El más elemental de los análisis críticos ha de ser capaz de separar la paja del trigo, de distinguir la violencia fundante y la mera violencia reactiva de las clases y los gobiernos populares, y de entender, como Antonio Gramsci, que no hay resolución pacífica o democrática (en el sentido estrictamente liberal del término) a la lucha de clases. Tarde o temprano las clases dominantes, en su impotencia electoral, acudirán a golpes blandos comandados por las corporaciones judiciales o mediáticas, y cuando también estos se muestren inútiles, harán sonar nuevamente la hora de la espada.

Por eso, la pretendida mirada “más allá de la polarización”, ese vano intento de otear una realidad límpida tras las nieblas de una lucha política sin cuartel, se demuestra imposible. Se trata, nuevamente con Gramsci, de “tomar partido”, lo que no significa apoyar enceguecidamente a un proceso político o a su conducción eventual, sino de elegir el campo desde el que se enuncian las críticas y desde el que se cumplen las tareas específicas de la praxis intelectual. El intelectual “orgánico” no es un modelo de intelectual de izquierda, sino el único en sentido estricto: es decir, aquel que reflexiona en conjunto, codo a codo, sin la mediación de pedestales odiosos, con los sujetos populares organizados. No deja de resultar sugestivo que una solicitada firmada por académicos de tan alto nivel prescinda de las más elementales categorías de análisis del arsenal político crítico, dando por tierra con el intento de fundar una caracterización certera sobre el proceso bolivariano. Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras éstas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario político, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratización (y de socialización del poder) bien radical. 

Creemos encontrar en la solicitada, en cambio, una fetichización notable de la democracia en sus formatos liberales. Porque, ¿desde qué otra concepción de la democracia es posible juzgar como antidemocrático a un proceso que combate a una Asamblea Legislativa en desacato por juramentar a diputados elegidos de manera fraudulenta, y que ha intentado, sin tener atribuciones constitucionales para ello, destituir cuatro veces al Presidente Maduro, lo que sin duda constituyen intentos de golpe de Estado, pero que, sin embargo, la sostiene plenamente en funciones?¿Desde dónde se intuye una deriva antidemocrática en un proceso que aún moviliza activamente a cientos de miles de personas y que sostiene y amplía elementos democráticos cualitativos como las Comunas y los Consejos Comunales? ¿Dónde están los elementos autoritarios de un gobierno que responde a la agresión institucional y a la violencia callejera con la más protagónica de las respuestas, es decir, con una convocatoria re-constituyente que relance hacia adelante la radicalidad de un proceso largamente estancado por el asedio externo y los errores internos?

Volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes, resulta imprescindible para no caer presa de una valoración liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qué es lo democrático. Es más, creemos que ni siquiera desde una visión liberal consecuente es posible criticar al proceso bolivariano que, como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos. No hay democracia a secas, democracia pura, democracia al margen de la historia y de las determinaciones clasistas, nacionales, étnicas y sexo-genéricas de la lucha política. Hay, o habrá democracia de los trabajadores, los campesinos, los pobres, los indígenas, los afrodescendientes, los estudiantes, los migrantes, los jubilados, las mujeres. Y ésta solo se conquistará cuando los intereses de las clases populares se impongan: si será por las buenas o por las malas, por métodos consuetudinarios o violentos, por vía electoral o a través de una dolorosa guerra civil, lo decidirán como siempre, los que tienen todo que perder, pero también todo que ganar en Venezuela y en el conjunto de Nuestra América.

miércoles, 24 de mayo de 2017

SOLO ENRIEDA A LOS CHICOS (publicado esta semana en Semanario VOCES)



En términos generales, podemos decir que la noción de justicia es histórica, relativa a un modo de producción específico. La esclavitud no es injusta desde el punto de vista de una sociedad esclavista, ni la explotación sería injusta según las reglas contractuales propias de la producción mercantil generalizada. 
 El marxismo entiende al Estado como un órgano de dominación de una clase sobre otra. La división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en las repúblicas burguesas compone un sistema de engranajes para mantener esta dominación sobre el pueblo trabajador, junto a otras instituciones, como las Fuerzas Armadas, la Iglesia, entre otras. 
Ninguno de estos poderes es imparcial, sino que defienden a su clase, es decir la clase explotadora, aunque se disfracen como poderes independientes.

No obstante, dentro del propio derecho burgués es evidente que la justicia actúa de modo diferente con los pobres y los ricos.
Si un pobre comete un hurto, seguramente que usted no lo verá al poco tiempo paseando por Gorlero o viviendo en una chacra de José Ignacio. Sin embargo, un señor que fue el jefe de la banda que cometió la estafa más importante de los últimos 40 años, que en el año 2002 condenó a la pobreza a casi un millón de uruguayos, que provocó el suicidio de unas 500 personas y se quedó con unos 1.500 millones de dólares de ahorristas uruguayos, argentinos y paragüayos, apenas estuvo en la cárcel 5 años. Se llama Juan Peirano y lleva una apacible vida en Punta del Este.
Si usted es joven y pobre y comete un delito, seguramente dormirá tras las rejas por el tiempo que marca el código. Nadie lo verá por la rambla paseando a su perrito en brazos como lo hace un señor llamado Eugenio Figueredo, procesado por una causa internacional de corrupción, lavado de activos y estafa.

Alí Primera cantaba: “La policía es siempre eficiente cuando se trata de los pobres”. Y mucho antes el gaucho Martín Fierro afirmaba: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”.

Hay una muy buena película argentina llamada Relatos Salvajes. En la misma, el actor Oscar Martínez compone a un millonario al que un día su hijo lo despierta llorando y diciéndole: “Atropellé a alguien con el coche”. A partir de ahí se desespera por evitar que ese hijo vaya a la cárcel, por más que para ello deba apelar a diversos ilícitos”.
Y el actor explica: “la ley no es igual para todo el mundo. Hay una Justicia para ricos y otra para pobres. Para empezar, una persona rica puede contratar un abogado que el de pocos recursos no. Amén de los vínculos y conexiones que tiene alguien así. Los que pueden hacer eso son una minoría”.
Y lo más interesante: “Mirá, no voy a decir dónde filmamos, por lo que te voy a contar. Nosotros rodábamos en un barrio muy caro, en una casa que sale más de US$ 10 millones. Las de por ahí ninguna bajaba de los US$ 3 o US$ 4 millones...Un señor muy amable se asomaba. Muy simpático. Un vecino lindante. Y resulta que ese vecino era un ex juez. Todos sabemos lo que cobra un juez. Con el sueldo de un juez no te podés comprar una casa de 3, 4 o 5 millones de dólares. Salvo que los haya heredado. Es imposible que con su sueldo se la haya comprado ”.

CUARTA REVOLUCIÓN CON INVERSIÓN DE CUARTA

En el marco de la Semana de la Industria 2017, la ministra Carolina Cosse, se refirió a lo que calificó de “continuación de la cuarta rev...