martes, 28 de octubre de 2014

PRIMERAS REFLEXIONES POST ELECTORALES


Terminó la primera parte de las elecciones, y es oportuno hacer un primer análisis, en lo que tiene que ver  con lo ideológico y lo político, y alguna primera aproximación a unas cifras que no terminan de completarse.

PANORAMA IDEOLÓGICO

El año pasado escribíamos un artículo –“Impunidad en el país de la cola de paja”- en el que decíamos: mal que nos pese, y aunque no nos guste, vivimos en "el país de la cola de paja", un país gris, cómodo y de medias tintas, pusilánime y timorato”. Y agregábamos lo siguiente: “El Uruguay es un país que se puede ubicar en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades que no son derecha e izquierda, como algunos interesados quieren hacer creer, sino una mitad más conservadora y una mitad menos conservadora, en donde derecha e izquierda son expresiones mínimas”.
Estas afirmaciones por cierto que han sido más que confirmadas en las pasadas elecciones. Elecciones en las que el panorama político parece congelado en cifras casi idénticas a las elecciones de 2009.
El Frente Amplio, por medio de la rebaja de su programa y de su discurso, logró en su momento captar a la mitad menos conservadora, y lo que muestran las recientes elecciones es que logra mantener esa mitad.
En uno de nuestros últimos artículos previos a las elecciones hablábamos d cuál es sin duda el razonamiento que hacen la enorme mayoría de los uruguayos -sean conscientes de ello o no-, fundamentalmente a la hora de decidir su voto: “Este es el mejor mundo posible, y no hay alternativas viables al capitalismo, por lo tanto, de lo que se trata es de elegir (porque es obligatorio, si no, seguramente más de la mitad ni se molestarían en elegir) a quienes mejor administrarán, gestionarán o gerenciarán los intereses de los capitalistas evitándonos, en la medida de lo posible, los males que sabemos que son inherentes al sistema. Y a la hora de decidir el voto, la elección –para la mayoría de los ciudadanos- es una cuestión simple: elegir al que suponen que hará mejor esa tarea administrativa”.
Casi la mitad del país cree que administrarán mejor los partidos más conservadores, y la otra casi mitad opina que lo harán mejor los menos conservadores (el propio Tabaré Vázquez reconoció en una entrevista unos días antes de las elecciones, que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo). Ese es el panorama que quedó plasmado en números el domingo.

ELEMENTOS POLÍTICOS

En el último artículo que escribimos, describíamos cuatro escenarios políticos, y descartábamos dos de ellos, los que suponían un Frente Amplio con un programa de izquierda, cosa que quedó descartada en el Congreso.
Decíamos que uno de ellos era “el más probable”: Tabaré presidente, con programa conservador, y sin mayorías. Casi ningún problema para los conservadores, puesto que un programa conservador se negocia muy fácilmente con la derecha. Una tragedia irremediable para la izquierda del FA. Este último escenario es el que más probablemente se de, una vez culminada la segunda vuelta de noviembre. Tendremos en ese caso un presidente tremendamente conservador –confesado por él mismo hace pocos días en entrevista con Gabriel Pereyra-, con un programa conservador que además, para poder ser llevado a la práctica deberá ser negociado con la derecha, la que intentará obtener alguna ventaja política simplemente por dar su voto a algo con lo que está de acuerdo”.
Al parecer, ese escenario que considerábamos como el más probable, no es el que se dio, ya que el FA habría obtenido las mayorías parlamentarias.
Decíamos que el otro escenario probable era: “Tabaré presidente imponiendo previamente en la interna su propio programa conservador, y con mayorías parlamentarias. Un escenario aún más favorable para una política continuista de los gobiernos anteriores. En este escenario, el ala izquierda del FA se hundiría en el desprestigio, por aceptar y promover un candidato y un programa conservadores y llamando a la izquierda votarlo.Tabaré puede llegar a la presidencia, sin duda, y ya impuso su propio programa conservador en la interna, pero a esta altura es difícil asegurar que gobernaría con mayorías parlamentarias”.
Sin embargo, lo difícil ocurrió, y el FA habría obtenido las mayorías nuevamente, con una votación casi idéntica a la de 2009. Y seguramente obtendrá la presidencia en la segunda vuelta.
¿Esto cambia mucho el panorama político? No, prácticamente nada. Las elecciones pasadas fueron prácticamente un calco de las de 2009, y más allá del aumento de la bancada del PI y del ingreso de un legislador de UP absolutamente testimonial, el Parlamento seguirá siendo una institución conservadora al servicio de un gobierno conservador.

ALGUNOS NÚMEROS

En junio de este año; lejos aún de las encuestas (que luego terminarían pareciéndose mucho a mis anuncios), y basándome puramente en datos estadísticos, arriesgué unos números para estas elecciones, y dije textualmente: “en las elecciones de octubre el Frente Amplio no llegaría al 45% de los votos (diría que andará entre el 43 y el 45), frente a un aproximadamente 33% del Partido Nacional y un 11% del Partido Colorado. Esto estará determinando dos cosas: 1) la pérdida de las mayorías parlamentarias para el FA, y 2) una segunda vuelta en noviembre.Para la segunda vuelta, el final será cabeza a cabeza, ya que ambos partidos crecerán hasta aproximadamente el 47,5%”. 
Al parecer, en lo que tiene que ver con los números, tuve una diferencia de dos puntos en los resultados finales del Partido Nacional (en lugar de 33 habría obtenido 31), también de dos puntos respecto del Partido Colorado (en lugar de 11 habría obtenido 13), y de 3 puntos en el caso del Frente Amplio (en lugar de 45 habría llegado al 48).
En el caso de los partidos tradicionales, sin duda no anduve tan errado, puesto en definitiva la suma de ambos me dio exactamente lo mismo (44), punto en el cual la mayoría de los polítólogos y sus proyecciones erraron.
En cuanto a los números del FA, si bien 3 puntos no es mucho, sí lo son sus consecuencias, porque en elecciones tan reñidas, uno o dos puntos pueden significar la pérdida u obtención de las mayorías parlamentarias.
El FA perdió sin duda unos cuantos miles de votos, los cuales fueron compensados por dos vías: 1) los nuevos votantes, y 2) votantes del Partido Colorado
Si el FA hubiera captado apenas la mitad de los nuevos votantes, debería haber logrado unos 90 mil votos más que en las anteriores elecciones, y solo obtuvo unos 6 mil más, por lo cual evidentemente perdió varios miles de votos, lo que no le impidió tener la votación que tuvo.

MIS ERRORES

En mi pronóstico es evidente que cometí varios errores, fundamentalmente en la evaluación de la votación del FA; algunos de ellos simplemente numéricos, otros, más de fondo.
Si además de calcular los posibles números del FA, el PN y el PC, hubiera calculado los del PI, hubiera llegado (aplicando el mismo método) que este último obtenía lo que realmente obtuvo, un 3% y poquito más. Por lo tanto, si hubiese hecho la cuenta me daría que el total sumaba 92%, por lo cual me restaba un 8% de votos para repartir entre anulados y en blanco (que si aumentaban no llegarían a un 3%), la UP, el PERI y el PT, cosa que hubiera sido harto difícil, obviamente.
Tampoco tuve en cuenta los nuevos votantes. Se calculaba que había 260 mil nuevos votantes, de los cuales habían tramitado la credencial algo así como 185 mil, y debía suponer que la mitad de esos votos irían al FA.
Hubo otros factores adicionales para que el FA llegara finalmente al 48% y obtuviera las mayorías parlamentarias. Uno importantísimo fue sin duda el miedo. La campaña del miedo a un probable gobierno de Luis Lacalle Pou (desarrollada fundamentalmente en las redes) fue realmente efectiva, y seguramente los indecisos que registraban las encuestas no eran otra cosa que frenteamplistas desilusionados que a último momento decidieron de todas formas darle su voto para frenar esa posibilidad.
En ese sentido, las encuestas jugaron a favor del Frente Amplio. Todas ellas daban que los partidos tradicionales sumados eran más que el FA, y eso abría una posibilidad cierta de que perdiera no solo las mayorías parlamentarias sino también el gobierno. Y esos pronósticos vinieron a reforzar aún más el miedo, llevando a que muchos que dudaban terminaran volcándose a favor del FA.
Por mi parte, cometí un error infantil, y fue subestimar la capacidad de resistencia al manoseo de los frenteamplistas. Evidentemente los dirigentes pueden hacer muchas más barbaridades de lo que yo suponía, y aún así seguirán recibiendo el respaldo de las urnas. Muy a mi pesar, quedó demostrado que somos muy pero muy poquitos los que nos negamos a permitir que los dirigentes nos mientan, que actúen en contra de lo que decidimos en colectivo o que se desvíen en sentido contrario al proyecto.
La capacidad de indignación de los frenteamplistas sigue intacta, pero se dirige hacia quienes cuestionan al oficialismo, y eso les permite apenas ver inconsistencias hacia fuera, y jamás hacia adentro. Pueden indignarse porque un Gonzalo Moreira le haga el jingle a blancos colorados y frenteamplistas por igual, y son capaces de manifestarlo a viva voz, pero no se indignan de igual manera cuando un Scavarelli o un Borrelli pasan a ser asesores en materia de seguridad de su propio candidato, o cuando se nombra como ministro a un ex gerente de la Texaco, o cuando sus dirigentes almuerzan alegremente en el quincho de Varela con lo más graneado de la oligarquía local y extranjera.

La utopía está cada vez más lejos en el horizonte, pero habrá que seguir caminando.

jueves, 23 de octubre de 2014

SOLUCIÓN A NADA

(publicado hoy en Semanario VOCES)


La baja de la edad de imputabilidad no es solución a nada. El endurecer las penas, el hacer imputables a los niños, no va a resolver el problema de la inseguridad. Solo va a reducir la presión que ejerce un segmento de la sociedad. Solo apunta a descomprimir la inmediatez y exigencia mediática y a captar apoyo electoral.
Gran parte del problema radica en las profundas desigualdades sociales de estos tiempos. El mayor asesino serial de todos los tiempos, anda suelto por las calles del mundo, es el hambre y la malnutrición, matando 26 mil niños por día. Y no hay ninguna responsabilidad de los menores de edad en ello. Hablamos de mayores que son responsables de la muerte de 26 mil niños al día.
La disyuntiva es: convertir el sistema de justicia en un instrumento contra los pobres, utilizar la represión para apartar a los menores pobres; o políticas que otorguen posibilidades de inclusión social, que apueste a otra sociedad, más democrática y con mayores niveles de equidad.
No hay rehabilitación posible sin políticas que apunten a reducir la inequidad, si no hay políticas de empleo digno que habiliten la integración social de los excluidos, y entre ellos de los jóvenes pobres.
No se rehabilita profundizando la exclusión e inadaptación, sino al contrario, haciendo que el joven se responsabilice por sus actos, garantizando sus derechos.
El problema de la delincuencia juvenil no se puede reducir al facilismo "los sacamos de las calles, los encerramos". Si por algún milagro se lograra encerrar de una sola vez a todos los jóvenes de entre 16 y 18 años, el delito seguiría tan campante.
Estamos hablando de ciudadanos, que tienen derechos, y que son parte de la generación de recambio de nuestro país. O trabajamos desde la perspectiva de Derechos para la promoción social o generamos mayores niveles de exclusión, y con ello seguramente cosechemos una sociedad más violenta e insegura para nuestros hijos.



ACERCA DEL VOTO EN BLANCO Y ANULADO Y SU INCIDENCIA SOBRE LAS MAYORÍAS

Es un error lo que se repite insistentemente por las redes sociales: que el voto en blanco a o anulado favorecen al partido mayoritario para que obtenga la mayoría. No es así de ninguna manera.
Lo primero que hay que decir es que no hay ninguna diferencia entre ambos votos en lo que tiene que ver con su incidencia: AMBOS INCIDEN DE LA MISMA MANERA.

Antes de comenzar a adjudicar las bancas, se separan los votos anulados y en blanco; se restan del total.
Supongamos que del 100% que van a votar, un 3% lo hacen anulados. 100-3=97
Obtendrá la mayoría quien obtenga la mitad más uno de 97, es decir, un 48,5% de los votos.
Eso más o menos fue lo que ocurrió en 2009. En las elecciones pasadas el FA obtuvo la mayoría a pesar de no llegar al 48,5%, llegó al 47,8%. Y lo logró, gracias a los restos de otros partidos (del PI y el PC). Esto es así porque los votos no se pierden. Si queda una banca para adjudicar y ninguno llegó a obtenerla, se le adjudica a quien tiene mejor cociente, a través de una fórmula que es la que menciona Botinelli.
En ese caso, quienes ayudaron al FA a obtener la mayoría parlamentaria no fueron los votos en blanco y anulados, sino quienes votaron al PI o al PC. 
Primera conclusión: es más factible que colabore con el partido mayoritario el voto a un partido menor, a que lo haga el voto en blanco y anulado que ni siquiera se toman en cuenta.

Pero supongamos ahora que en 2009 muchos frenteamplistas hubieran decidido votar en blanco o anulado para castigarlo (el voto en blanco es un voto castigo, y un 99% de las veces castiga al partido en el gobierno, obviamente). Veamos si el FA se hubiera visto beneficiado.
Eso hubiera llevado la cantidad de votos en blanco y anulado al 6%, por lo que la cuenta hubiera sido la siguiente: 100 – 6 = 94. Por lo cual hubiera obtenido la mayoría quien tuviera la mitad de 94, es decir, quien hubiera tenido el 47% de los votos.
Si dijimos que el FA obtuvo un 47,8, pero fue castigado con un 3% que votaron en blanco, entonces ahora tendría 44,8; muy lejos del 47 necesario para lograr la mayoría parlamentaria.
Por lo tanto, no es cierto de ninguna manera que el voto en blanco o anulado favorezcan al partido mayoritario

Es hasta obvio y evidente, el partido que pierde votos no es favorecido nunca jamás.
Muy por el contrario, se pueden ver favorecidos los partidos pequeños, que han tenido votos pero no le han alcanzado para llegar a una banca por poquito. O que las han obtenido pero les sobran demasiados votos.
Pongo un ejemplo para que se vea.
Supongamos Montevideo. La capital tiene algo así como un millón de votantes, y le corresponden unas 40 bancas de diputados. Razón por la cual cada banca estaría costando en Montevideo 25 mil votos (un millón dividido cuarenta).
Supongamos que un partido grande, que tuvo 250 mil votos, y obtuvo por ende 10 bancas.
Y supongamos un partido pequeño que llegó a 24 mil votos, por lo cual no llegó a obtener su banca.
Si por efecto del voto castigo hubieran en Montevideo 50 mil votos en blanco y anulados, de ex votantes de ese partido grande, entonces la banca pasa a costar 23.750 votos (950 mil dividido 40).
En ese caso, el partido grande apenas logra 8 bancas, y el partido pequeño, aunque no crezca ni un voto, con los mismos votos que tenía antes, llega a obtener su banca.
Lo reitero, es absolutamente falso decir que los votos en blanco y anulado favorecen al partido mayoritario. En última instancia favorecen a todos por igual (al bajar la cantidad necesaria para obtener una banca y por ende la mayoría), pero al que menos favorece es obviamente al que los pierde.
Y el voto en blanco y anulado son votos castigo, que provienen justamente del partido mayoritario, y mal podría beneficiarse quien pierde los votos.


martes, 21 de octubre de 2014

PREMISAS Y CONCLUSIONES (Artículo de Andrés Figari)

“No podemos solucionar nuestros problemas con la misma forma de pensar que usamos cuando los creamos”.  Einstein

Hay algunos que piensan que estamos en la senda correcta; hay otros que saben que no pero no quieren reconocerlo; por ultimo están los que saben que le erramos y se preguntan por qué; para estos es lo que sigue.
Estamos donde estamos porque partimos de algunas premisas:
a) que palabras tales como “desarrollo”, “cambio”, “evolución”, “crecimiento”, “progreso”, significaban más o menos lo mismo;
b) que la “Historia” apuntaba en una dirección y que esa dirección iba en el sentido correcto;
c) que el crecimiento de las “fuerzas productivas” impulsaba el desarrollo histórico y que eso conduciría al socialismo;
d) que para pasar al “Socialismo” había que transitar previamente por el “Capitalismo” y agotar sus posibilidades;
e) que el “proletariado” en tanto que “sujeto histórico”, era la clase social destinada a provocar el pasaje al “Socialismo”;
f) que en donde el “proletariado” fuese minoría debía formar alianzas con otras clases sociales afines -incluida la “burguesía nacional-” para disputarle el poder a la “oligarquía” (terrateniente);
g) que la oligarquía era una categoría social atrasada, “semi feudal” aliada al imperialismo (británico o yanqui) y contraria al desarrollo de las “fuerzas productivas”;
h) que el capitalismo subdesarrollado y dependiente no tenía posibilidades de crecer y simultáneamente, dar satisfacción a las aspiraciones de consumo de las masas;
 i) que en el “Estado nacional” fiel representante de los “intereses” de esa (“oligarquía apátrida), era donde se concentraba su poder, razón por la cual era necesario transformarlo y/o destruirlo.
 Palabras más, palabras menos, eso era lo que se pensaba por los años 60 cuando se definieron las estrategias  políticas de la mayoría de los actuales partidos de izquierda.  De acuerdo con esas premisas teóricas y con apenas diferencias de matices se empezaron a formar los frentes políticos para luchar por la liberación nacional primero y por el socialismo después. Pues bien, la mayoría de esas premisas (por no decir todas) estaban básicamente equivocadas.
Ahora sabemos que “cambio”, “evolución”, “desarrollo”, “crecimiento” y “progreso” no son sinónimos a menos que se los encuadre en una perspectiva occidental europeizante, contaminada por la ideología de la ilustración y su filosofía de la historia.  Ahora sabemos que la Historia no es ni el desarrollo dialéctico del espíritu objetivo (razón), ni tampoco el resultado del crecimiento de las fuerzas productivas, por lo que tendríamos que ser extremadamente cuidadosos a la hora de usar esas palabras que pueden tener tantos diferentes significados.  Seguro que para los indoamericanos, los africanos y los asiáticos ingresados a sangre y fuego en la historia capitalista europea y norteamericana, la Historia ha sido todo menos el tránsito a un mundo más razonable, culto, rico y pacífico o sencillamente mejor, como se nos pretende hacer creer. El futuro no será necesariamente “mejor” independientemente de lo que hagamos; todo lo contrario.  Más vale que hagamos lo correcto y lo hagamos bien antes de que sea demasiado tarde.
Ahora sabemos que el desarrollo de las fuerzas productivas, en la versión de “más y mejor capitalismo” o de “Socialismo real” no es lo mismo que mayor “progreso” o más “libertad”, sino que en las actuales circunstancias equivale a más consumismo, más violencia, más alienación, más calentamiento global, más destrucción de la biosfera y hasta puede llegar a ser una hecatombe nuclear y el fin de cualquier forma de vida humana. No podemos seguir apostando al crecimiento material indefinido y a la superabundancia como la panacea que resolverá las contradicciones sociales. Si no somos capaces de construir una sociedad sin clases, armónica y austera, pobre si se  quiere del punto de vista material, pero rica espiritualmente, no tenemos futuro como especie.
Ahora sabemos que el “proletariado” hambriento de principios del siglo XIX en el que se depositaban tantas esperanzas, lejos de ser el portaestandarte de la justicia social y de la libertad para todos los oprimidos, ha devenido por diferentes circunstancias, en soporte pasivo de los proyectos colonial-imperialistas de sus respectivos Estados cuando no en cómplice complaciente.  En los países “atrasados” el proletariado es una categoría privilegiada en relación a la masa desarrapada que suele apoyar los proyectos “desarrollistas” de sus respectivas burguesías y como consecuencia refractaria a lo que pudiera hacerlo peligrar. Eso significa que no podemos seguir confiando ingenuamente que el crecimiento de la clase obrera será la principal fuerza social en la lucha por un mundo post capitalista. Podrá serlo, pero previamente deberá romper con el consumismo introyectado por el capitalismo dominante y su fuerza no dependerá tanto de su número, como de su capacidad  organizativa.
Ahora sabemos que la “oligarquía latifundista” lejos de ser un obstáculo (o un enemigo) para el “desarrollo” en su versión capitalista, es un factor insoslayable del mismo.  Que la agricultura extensiva y mecanizada (soya, arroz, trigo, eucaliptus) requieren de grandes superficies y de inmensos capitales para viabilizar su producción en gran escala y que si para eso no es suficiente con los terratenientes locales se los trae de afuera. También sabemos que esos grandes monocultivos son indispensables para generar las exportaciones que permitirán pagar los intereses de la deuda pública e importar lo que no producimos para hacer posible el necesario consenso y de esa forma legitimar la máquina que reproduce el “modelo”. A diferencia de lo que antes pensábamos, ahora también sabemos que esa manera de producir no es necesariamente un “atraso”, todo lo contrario.  La agricultura “moderna” basada en la ingeniería genética, los agro tóxicos, la híper mecanización, constituye la vanguardia de lo que en materia de tecnología se refiere, y que por lo tanto la concentración y extranjerización del agro negocio lejos de ser visto como una muestra de atraso y sometimiento al gran capital (nacional y extranjero) es bienvenido, ya que desde la perspectiva desarrollista simboliza todo lo contrario.
Eso significa que si queremos modificar el modelo productivo concentrador de tierra en grandes superficies para exportar soya, pasta de celulosa, carne y arroz vamos a tener que ser capaces de proponer y de convencer a las grandes mayorías de que existe uno alternativo con mayores virtudes y  menores defectos.  Lo que está claro es que la crítica al modelo dominante no podrá basarse en su escasa productividad sino en otras consideraciones ¿Cuál podrá ser el alternativo en un país eminentemente urbano y sin masas que reclamen tierra?
Ahora sabemos que hasta el capitalismo subdesarrollado puede en ciertas circunstancias dar relativa satisfacción a las aspiraciones de consumo de vastos sectores populares y de ese modo integrarlos subjetivamente al sistema, al punto de   de hacerlos refractarios a las políticas que lo pongan en peligro y de esa manera condicionar las estrategias que apunten a captar su interés. La mayor victoria del sistema sobre los que pretenden desestabilizarlo ha sido en el terreno subjetivo. Las aspiraciones de las masas son las que suministra el imaginario del mundo burgués.
Ahora sabemos que las “fuerzas populares”  pueden llegar al gobierno, hacerse de las riendas del Estado y sin embargo no hacer absolutamente nada para destruirlo ni para transformarlo porque las mismas masas que hicieron posible la victoria electoral no están dispuestas a arriesgar sus “conquistas” por aventuras revolucionarias.  Que llegar al gobierno podrá ser una condición necesaria para avanzar, pero que ni por asomo es suficiente para tener la fuerza (material y moral) que se requiere para que las transformaciones superadoras del capitalismo se lleven a cabo, especialmente cuando los “partidos del cambio” con el pretexto de que no existen “condiciones subjetivas” (como si esas condiciones pudiesen surgir de la nada) están dispuestos a permutar banderas por votos.
En conclusión: si queremos otros resultados de nuestra práctica política deberíamos empezar por cambiar las premisas teóricas que la sustentan.

Andrés Figari Neves

20-10-2014   

lunes, 20 de octubre de 2014

ESCENARIOS

En mayo de 2013, cuando todavía no se había llevado a cabo el Congreso del Frente Amplio que definiría las candidaturas y el programa,  escribí un artículo en el que analizaba 4 posibles escenarios futuros, descontando obviamente que el candidato sería finalmente Vázquez.

ESCENARIOS POSIBLES
El primero de ellos era el siguiente: Tabaré presidente con un programa de izquierda y mayorías parlamentarias. Este escenario, sería muy parecido al que se dio en 2005-2010; escenario que no le impidió a Vázquez llevar adelante asuntos que no eran de izquierda, aunque es cierto que otros temas (como el TLC) no pudo lograrlos por más que quiso. Tendría además el manejo exclusivo de la economía, junto a Astori y su equipo. La izquierda comprometería nuevamente su credibilidad, llamando a votar por un candidato que decepciona a sus votantes”.
Ese escenario ya quedó descartado al finalizar el Congreso, puesto que una de las condiciones no se cumple: no hay programa de izquierda. Aquellos que pretendían un giro a la izquierda en lo programático no pudieron incluir prácticamente nada de lo que se proponían.

El segundo escenario que planteaba era: Tabaré presidente imponiendo previamente en la interna su propio programa conservador, y con mayorías parlamentarias. Un escenario aún más favorable para una política continuista de los gobiernos anteriores. En este escenario, el ala izquierda del FA se hundiría en el desprestigio, por aceptar y promover un candidato y un programa conservadores y llamando a la izquierda votarlo”.
Tabaré puede llegar a la presidencia, sin duda, y ya impuso su propio programa conservador en la interna, pero a esta altura es difícil asegurar que gobernaría con mayorías parlamentarias. Este escenario ya pocos lo sostienen, salvo Vázquez y los dirigentes del FA (que siguen sosteniendo la ilusión de que ganarán en primera vuelta con mayorías).

El tercer escenario: Tabaré presidente con programa de izquierda, pero sin mayorías parlamentarias. Este escenario no es descartable, puesto que muchos votantes de izquierda, en caso de ser Tabaré Váquez el candidato, difícilmente voten al FA. Un Vázquez conservador con un programa de izquierda que no quiere llevar a cabo y que además no puede porque no tiene mayoría (excusa perfecta). Obligado a buscar acuerdos con la derecha, moderará convenientemente el programa y aplicará un programa conservador. También sucumbiría la izquierda, que llamó a votar por un programa de izquierda que no se aplica”.
Igual que el primer escenario, ya no es posible puesto que no hay programa de izquierda.

El último escenario que planteaba era el siguiente: Tabaré presidente, con programa conservador, y sin mayorías. Casi ningún problema para los conservadores, puesto que un programa conservador se negocia muy fácilmente con la derecha. Una tragedia irremediable para la izquierda del FA”.
Este último escenario es el que más probablemente se de, una vez culminada la segunda vuelta de noviembre. Tendremos en ese caso un presidente tremendamente conservador –confesado por él mismo hace pocos días en entrevista con Gabriel Pereyra-, con un programa conservador que además, para poder ser llevado a la práctica deberá ser negociado con la derecha, la que intentará obtener alguna ventaja política simplemente por dar su voto a algo con lo que está de acuerdo.

La novedad, es que hay otro escenario posible, que no figuraba en la cabeza de nadie: que el FA no solo pierda las mayorías, sino que además pierda el gobierno en la segunda vuelta. Es un escenario para nada descabellado.
Y que el Frente Amplio, luego de 10 años de gobierno, esté ante la posibilidad cierta de perderlo a manos de un personaje como Lacalle Pou, es la constatación más patente del estrepitoso fracaso de la experiencia progresista.
Y ello, más allá de que pierda o no el gobierno. Porque el argumento más fuerte que ha tenido el progresismo, en lo que va de la campaña, para recuperar terreno perdido en la intención de voto, es el miedo a lo que vendría si volviera a gobernar la derecha. Un argumento demasiado parecido al que usaba la ultraderecha en el 71 cuando asustaba a la gente con los comunistas llevándose a los niños para Cuba o la Siberia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL CAPITALISMO

Cuando Francis Fukuyama, director de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, planteó su conocida tesis acerca del fin de la historia –a partir de la caída de los regímenes de Europa Oriental y la perestroika de Gorbachov- estaba diciendo -además de un tremendo disparate- algo muy fuerte ideológicamente.
El contenido hegemónico y triunfalista de su tesis, es que el mundo está felizmente terminado y acabado, es el mejor de los mundos posibles, y lo que resta es, como el mismo Fukuyama dijo: poner "el clavo final en el ataúd de la alternativa marxista-leninista a la democracia liberal".
En definitiva, no solo no existirían alternativas viables al capitalismo como sistema económico – lo que por otra parte estaría demostrado por el restablecimiento de relaciones de producción capitalista en Rusia, China y Europa del Este y su inclusión en la economía de mercado-, sino que además se trata del triunfo de la idea occidental de una sociedad de consumo.
Y como el mundo está felizmente como tiene que estar, y las alternativas que se han planteado para cambiarlo han fracasado en forma estrepitosa, lo que corresponde es abandonar toda tarea en ese sentido. Los ciudadanos del mundo (consumidores, para ser más precisos), debemos dedicarnos a comprender como funciona el sistema (sin la necesidad de plantearnos como mejorarlo o cambiarlo) y como mejor nos adaptamos a él para ser exitosos.
Simplemente hay que aceptar los conocimientos que ya han adquirido otros y que se encargarán de transmitirnos a través del aparto de dominación cultural instituido, mientras dejamos que nos gobiernen quienes deben gobernar porque saben hacerlo, etc.
Este es sin duda es el razonamiento que hacen la enorme mayoría de los uruguayos -sean conscientes de ello o no-, fundamentalmente a la hora de decidir su voto.
Este es el mejor mundo posible, y no hay alternativas viables al capitalismo, por lo tanto, de lo que se trata es de elegir (porque es obligatorio, si no, seguramente más de la mitad ni se molestarían en elegir) a quienes mejor administrarán, gestionarán o gerenciarán los intereses de los capitalistas evitándonos, en la medida de lo posible, los males que sabemos que son inherentes al sistema.
Y a la hora de decidir el voto, la elección –para la mayoría de los ciudadanos- es una cuestión simple: elegir al que suponen que hará mejor esa tarea administrativa.
DECIDIENDO EL VOTO
Los uruguayos, en su gran mayoría, entienden el mundo y el país de la forma en que describo más arriba. Y por lo tanto, deciden en función de esa visión.
Los blancos, los colorados, los independientes, creen que sus partidos administrarían mejor los negocios del capitalismo, y por eso votan a sus partidos.
Los frenteamplistas entienden que el Frente Amplio es quien mejor administra los destinos del país (los negocios del capital), y quien mejor logra evitar los males que el sistema genera (desocupación, indigencia, pobreza, exclusión, explotación, etc.). Y por eso es que lo votan. No hay demasiados misterios.
¿Están equivocados? Sí y no.
No lo están porque su decisión es coherente con esa visión fukuyamista del presente. Si el mundo es como es y no puede ser de otra manera, y tienen que elegir a quien mejor pueda gerenciar esto, y si el FA les ha demostrado que lo puede hacer mejor que los otros, lo votan. Es simple.
Pero claro...yo sostengo que están históricamente equivocados, por razones que no son para discutir en este artículo porque son de un contenido más profundo. Están equivocados porque creen que el FA siempre podrá administrar las cosas como lo ha hecho hasta ahora, y no comprenden que si los vientos cambian, el capital (que es quien realmente gobierna) hará pagar los platos rotos a los de siempre. Si se detuvieran a mirar por un instante la experiencia de la socialdemocracia europea, lo verían claramente. No llegan a comprender que la pobreza y la miseria son la contracara de la riqueza, y que el padre de todos los males se llama capitalismo, y que no hay una solución definitiva a esos males en el marco de este sistema.
Hay una minoría de frenteamplistas que, desde mi punto de vista, sí creen que hay alternativas al capitalismo, pero curiosamente, están convencidos que votar al FA es el mejor camino para llegar a esa meta. Algo totalmente descabellado, en mi opinión, ya que no se puede llegar a algo diferente al capitalismo gobernando con medidas que profundizan el capitalismo. Pero bueno....ellos están convencidos de que si. 
Hay una muy pequeña minoría (sobre todo dirigentes), que sabe que eso es imposible, que no se llegará jamás a algo diferente al capitalismo con un programa capitalista, con políticas capitalistas y gobernantes capitalistas, por más que sus partidos tengan nombres rimbombantes de prosapia marxista. Pero reconocerlo les haría perder pie, significaría tener que comenzar de cero nuevamente, desde el llano, cosa a la que obviamente no están dispuestos, por lo cual continúan con un discurso que ni ellos creen. Discurso que por otra parte está cada día más vacío de contenido y que cada vez recurre en mayor medida al miedo, al cuco de lo que vendrá si no se los vota a ellos.
Otros sostenemos porfiadamente que hay vida más allá del capitalismo, aunque no lo parezca, y que no se puede llegar allí por la misma senda que lleva al capitalismo, porque son caminos divergentes
. Porque como dijo aquel científico de bigote espeso y de pelo revuelto, es una locura esperar resultados diferentes haciendo lo mismo que se viene haciendo.
Y por eso no votamos a quienes sabemos que harán lo que no queremos que se haga (extranjerizar y concentrar los principales medios de producción, favorecer al capital extranjero, primarizar la economía, profundizar el modelo agrotóxico y contaminante, etc). Porque una forma de empezar a cambiar es dejar de hacer lo que hemos venido haciendo. No hay demasiado misterio en esta decisión tampoco, y no debería ser tan difícil de entender y de respetar.


miércoles, 8 de octubre de 2014

CARTA A LOS COMPAÑEROS FRENTEAMPLISTAS (DISCULPEN LA EXTENSION Y EL DESORDEN, ES UN TEMA QUE DUELE Y MUCHO)

(por Jorge Daniel Díaz)
Queridos compañeros frenteamplistas:

Siempre saco mal las cuentas. Pero creo que este año cumplí 31 años en el ejercicio de este maravilloso oficio de charlatán de radio. Una tarea a la que solo ustedes, mis compinches, mis compañeros de comunicación, dieron sentido. Algunos, increíblemente, desde que di mis primeros pasos junto a Gloria Levy allá en el 80. Me han hecho el aguante durante todo este tiempo y aún cuento con la fortuna de ser parte de sus vidas.

Quienes me han escuchado, al menos alguna vez, saben que nunca jugué el rol de periodista “objetivo”. Siempre me jugué, nunca fui neutral. Entendí, entiendo, que cuando uno está frente al micrófono, lo hace con una escala de valores, con una ideología, con dudas y certezas, que sería deshonesto ocultarles. Ustedes saben quien soy, como pienso, conocen de mis contradicciones, creo ser transparente con ustedes. Pueden estar de acuerdo conmigo, pueden discrepar, pero saben quien soy. Y me sigue pareciendo un acto de honestidad no ocultarlo o disimularlo.

Tampoco jugué el rol de periodista “independiente”, ropaje con el cual muchas veces se revisten medios y funcionarios de los mismos, ocultando su accionar y pensamiento de derecha, bajo un manto de “profesionalismo”. Soy un hombre de izquierda, lo fui, lo seguiré siendo. Pero no respondo a ningún sector de la izquierda, no traslado “línea” de partido alguno. A duras penas, comparto con ustedes mi “línea”, tan llena de contradicciones.

Opino, me juego, en el acierto y en el error.

No voy a relatar aquí los bemoles que esta actitud me ha generado (despidos, fuertes discusiones con directores de medios, puertas cerradas, etc.). Fue y es mi opción, y me hago cargo de sus consecuencias en el terreno laboral.

Fui, desde que tengo uso de “razón política”, frenteamplista. Primero, en la adolescencia, intuitivamente. Me reconocía en el recién nacido Frente Amplio, sin demasiados fundamentos teóricos. Allí vino la dictadura y ese proceso fue reafirmando una identidad, aún clandestinamente.

Luego la experiencia de la resistencia desde la 30 con el querido petizo Araujo (Germán), con quien tantas veces charlamos, discutimos, compartimos “secretos” de vida, esos que solo que comparten con amigos. Y política, mucha política en esas charlas. Fue Germán quien me instó a ocupar un lugar en una lista, por única vez en mi vida. Fue a la salida de la dictadura, en la 10001, con la condición que le puse: que ni por un “milagro del señor” yo resultara electo en algo. Qué mi nombre figurara como suplente del último candidato a lo que fuera. Se trataba de cubrir un lugar, que legítimamente le habría correspondido a compañeros proscriptos en aquel entonces.

Tampoco les oculté nunca, que siempre voté al Partido Comunista. No por ser comunista (me queda grande!), sino porque mi forma de ver el país y el mundo siempre la vi reflejada en esa colectividad. Pero nunca fui trasmisor de su línea. Trabajando en la 30, ya definitivamente del PCU, muchas veces me enfrenté (fraternalmente y, a veces, no tanto) a su dirección para que no “bolchevizaran” mis programas.

La caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, produjo un fuerte impacto en nuestra izquierda. No sólo en los comunistas, en toda la izquierda. Acá y en todas partes. A partir de allí, muchos compañeros fueron bajándose de la utopía, algunos más rápida y otros más lentamente. El compromiso de construir un Uruguay distinto, ese que era el destino, el objetivo, del Frente Amplio, fue trasmutando. Fuimos cambiando nuestros objetivos transformadores en profundidad, por un pragmatismo que derivaría en lo que hoy estamos viendo: la pérdida de los valores que dieron razón de ser a nuestro Frente.

Apareció en aquel tiempo la teoría de la “nueva izquierda”, se acuerdan? Todo el Frente la rechazó, comenzando por el Gral. Liber Seregni. Aquello produjo una gran crisis que terminó en el alejamiento del Hugo (Batalla), y del PDC.

Pero aquella nueva visión de una izquierda, quedó como un virus dentro de nuestra fuerza, y se fue multiplicando. Y lo que conocíamos como “coalición y movimiento de izquierda”, devino en una fuerza “progresista”. Con todo lo que ello implica.

Para quien está en una postura de derecha, llegar al Progresismo es un gran avance. Para quien está en la Izquierda, llegar al Progresismo es un duro retroceso. Y eso, es lo que ha pasado con demasiados compañeros del Frente Amplio.

Dejaron de ser de izquierda para ser progres; borraron de sus vocabularios términos que hoy suenan hasta como pecaminosos: imperialismo, oligarquía, lucha de clases, latifundio, rosca oligárquica, etc., etc. El diccionario de la Real Academia de la Izquierda Uruguaya fue tachando términos, borrando conceptos. Y ojo de quien los usara: la nueva inquisición progresista los acusaría de nostálgicos, cavernarios, paquidérmicos y no se cuantas calificaciones despectivas.

Pero, la realidad es terca. Las palabras que exorcizamos siguen refiriendo a fenómenos que allí están. Acaso no tenemos una oligarquía en nuestro Uruguay? Acaso desapareció el Imperialismo que auspició nuestras dictaduras, y hoy sigue masacrando pueblos en el mundo? Ahora creemos que la rosca financiera es buena, hasta el punto de ser adoradores del Fondo Monetario Internacional?

Qué nos pasó?

Pese a todo seguí siendo frenteamplista, y celebré con ustedes el momento tan esperado: la llegada del Frente Amplio al Gobierno Nacional. Pah, y ahí se puso brava la cosa. Para que me entiendan: en algunos aspectos ese primer gobierno me hizo sentir orgulloso de ser frenteamplista. En otros, el desconcierto comenzó a ganarme. Usando la expresión del Pepe, me tragué (no sin criticarlos) algunos sapos. El Uruguay estaba hecho pedazos por obra y gracia de blancos y colorados (sin dejar de lado las herencias de la dictadura fascista), por lo tanto había que esperar. Y en ese primer gobierno de Tabaré, se hicieron cosas formidables, pero se dieron pasos que iban en directa colisión con nuestros principios y valores (al menos los que yo pensaba que todavía teníamos).

Finalizaba nuestro primer gobierno y, cuando no, me volví a jugar. Ta, nos habíamos sobrepuesto al desastre, ahora si… un gobierno de izquierda! Ingenuamente, como tantos di la pelea, desde cada espacio que tuve, para que el Pepe fuera el candidato del Frente, y luego para que fuera el Presidente de todos los uruguayos.

Pero aquel gobierno “ahora sí de izquierda” no apareció. Apenas una continuidad (desordenada, caótica), de nuestra primera administración.

Ganó el Pepe y nos seguimos abrazando con culebras, pero el estómago ya no me da para tragar más sapos, no puedo más compañeros!

No puedo seguir admitiendo que nos abracemos con empresarios tránsfugas que bancan nuestras campañas (desde Buquebús a Fripur). Qué hasta le bancaron la Banda Presidencial del Pepe!

Me equivoqué. Fue como si hubiese votado: Pepe al Gobierno, Danilo al Poder. Porque así resultaron las cosas.

Hoy tenemos un Uruguay donde el 20% se lleva el 50% de la riqueza. Esto es izquierda? Nos bajamos los calzones y abrimos de patas (para usar otra metáfora del Pepe), y seguimos dejando que vengan los santos inversores extranjeros a depredar nuestro país. Y, como siempre digo, bienvenidas las inversiones extranjeras. Pero no cualesquiera, ni a cualquier costo.

Multiplicamos las Zonas Francas, las exenciones impositivas de los oligarcas; eso es Izquierda?

Llenamos el país de pinos, eucaliptos, soja y maíz transgénicos, y ahora nos arrodillamos ante la mega minería?

Nuestro Frente, el que propuso la Reforma Agraria, ahora muestra y promueve con orgullo los más grandes latifundios de la historia. No lo puedo aceptar.

Nuestro Frente Amplio celebra como un gran logro la extranjerización masiva de las tierras orientales. No, ese no es el Frente Amplio.

Nos trampearon. Aún quienes discrepamos con la metodología tupamara, confiamos en el Pepe para que nos arrimara, aunque sea un poquito, a la Liberación Nacional. Qué pelotudo que fui!

Muchos, demasiados golpes…

Nuestro Frente Amplio perdió rebeldía, cambio el ser de izquierda por ser progresista. Por ser una “izquierda correcta” para el capitalismo. No lo digo yo, lo dicen los principales exponentes del capitalismo que una y otra vez felicitan a nuestro gobierno. Lo dijo un buen escritor, pero exponente del pensamiento más reaccionario: Vargas Llosa. Nos elogió! No, algo, muchas cosas, estamos haciendo mal.

Y llegamos a un punto clave, definitorio. La Impunidad. Fue muy doloroso ver que en la recolección de firmas para la Reforma Constitucional que Anulara la maldita ley, el Frente Amplio estuviera ausente. Las únicas excepciones: el Nuevo Espacio, el Partido por la Victoria del Pueblo y el Partido Comunista. También fueron excepción queridos compañeros que estuvieron a título personal. Pero… el resto del Frente mirando hacia otro lado.

Charlando en su momento con los militantes que recogían firmas, nos contaban como otros frenteamplistas (correctos y progresistas), los discriminaban, los estigmatizaban por hacerlo! Sí, como leen. Era un “pecado” luchar contra la impunidad.

Cuando ya se veía que las firmas estaban, muchos de esos indiferentes, en una práctica oportunista, pusieron su firma.

El Congreso del Frente Amplio llamaba a comprometerse en la campaña, pero salían los Nin Novoa a bombardear la misma.

Sectores que no pusieron la papeleta rosada con sus listas, otros que lo hicieron parcialmente.

Y la frutilla de esta triste torta: en el acto final de campaña del Frente Amplio, el Pepe en su discurso eludió el tema. Pahh…. Es duro, no? Y, para peor, quien si lo hizo fue Danilo, que todo el mundo sabía que no había firmado y que estaba en contra de la Nulidad. Era una tomadura de pelo.

Y llegamos a este triste mayo del 2011. El Frente está a punto de cruzar una línea que no tiene retorno. Me refiero a la Ley Interpretativa, claro. Producto de arduas negociaciones de todos los sectores, tratando de llegar a un consenso y de convencer a los progresistas que (dejemos de mentirnos), no quieren anular la Impunidad.

Cuando todo se discutió, cuando se llegó al consenso, cuando todos pudieron opinar, cuestionar, prevenir…, aparece esta dura y nociva jugada política. Asegurándose la mayor difusión mediática, Pepe, Danilo y Breccia, desembarcan en el Palacio Legislativo como un escuadrón de elite, juntan a los 50 diputados y bombardean la Ley.

Dicen que con la anuencia de Tabaré, si es así, que pena!

Y aquí estamos. Con un Frente Amplio que está a punto de consolidar un Uruguay con Impunidad. De quebrar todos sus valores, la ética que le dio sentido y que le hizo resistir y sobrevivir a la propia dictadura.

El Frente Amplio, la mayor parte de sus dirigentes (no todos, pero la mayoría), están dispuestos a entregar también las banderas de la Verdad y la Justicia. La puta, como duele escribirlo, pero todos sabemos que es así. Dejémonos de eufemismos.

No quiero entrar, porque esto ya se fue muy largo, en otros temas: los pactos secretos entre algunos tupas y algunos genocidas, el triste argumento del “costo político”, etc., etc.

Están manoseando valores esenciales, no del Frente, sino del Uruguay. Están manoseando la memoria, la vida, la muerte, las desapariciones de entrañables compañeros. No puede ser!

Cómo dice el tango: estoy desorientado y no se que “trole” hay que tomar para seguir.

Con honestidad les digo queridos compañeros: yo me tomé un trole llamado Frente Amplio, y aporté a él lo mejor que pude y tuve. Pero como veo que el trole está cambiando de destino, no va hacia donde iba, prefiero bajarme y seguir a pie, sólo o con otros.

En resumidas cuentas, me siento más frenteamplista que nunca, pero… a “este” Frente, no lo voto más.

Esto que escribo en pocas palabras, es producto de muchas noches sin dormir, de muchas discusiones, de rabia, de bajones, tristecías, de llantos (por qué lo voy a ocultar?), de meditaciones largas. Seguramente como muchos de ustedes.

Y, me olvidé, también de autocríticas a nivel personal. Yo colaboré también en dejar que nuestro Frente Amplio termine en este esperpento que estamos viendo. No por haberme callado, sino por no haberme plantado con mayor fuerza y capacidad (que no son muchas, por cierto), frente a esta dilución de un proyecto histórico en el que varias generaciones depositaron sus mejores esfuerzos, hasta su vida.

En el 2014 habrá un voto en blanco o anulado más, será el mío. Porque solo o con muchos, sigo a pie rumbo a la Patria de Artigas que alguna vez nos comprometimos a construir. El trole cambio de destino, yo no.

Tal vez nos tengamos que juntar para volver a empezar. No sé, ojala pudiéramos recrear un Frente Amplio, un Frente Artiguista con lo mejor de nosotros. La vida y la historia lo dirá.

Paradoja anecdótica: en el año del bicentenario, el Frente Amplio sigue exiliando al Padre de la Patria. Acá están solo sus huesos. Nosotros teníamos la tarea histórica de traer no sus restos, sino sus ideas, su ética.

Más frenteamplista que nunca, un abrazo compañeros. Y especialmente para los que aún dentro del Frente, creen y luchan que podrán revertir la decadencia ideológica de este instrumento. Para mí, los dados están echados.

No tengan la menor duda de que nos encontraremos en las calles o donde sea, defendiendo muchas causas. Allí estaré, como siempre y, si puedo, con un micrófono para registrarlo.

Finalizo esta demasiado larga carta, homenajeando al compañero Gral. Víctor Licandro quien nos llamó a no dejar que nos siguieran arriando las banderas del Frente Amplio. Paradojalmente, a 40 años de aquel 1971, se están por arriar la de la Verdad y la Justicia. En mi nombre, no.

Salú, la lucha continúa!

Jorge Daniel Díaz

EL VOTO DISCREPANTE

Por Hoenir Sarthou

Habría querido que este momento no llegara nunca, porque lo que voy a decir me resulta muy doloroso.
No voy a votar al Frente Amplio en la elección de octubre. Por primera vez, en más de cuarenta años, siento que no puedo ni debo hacerlo.
Es una decisión individual e íntima (todas las decisiones lo son, en el fondo) pero no solitaria. Muchas personas de izquierda han decidido adoptar la misma actitud o la tienen en su horizonte y la están considerando. 
En mi caso, los motivos no son sorprendentes. Han sido anunciados con preocupación, desde hace años, en esta misma columna.
Sintéticamente, no comparto las políticas que implican someter al país y a su población al modelo económico “global” de los capitales transnacionales, en el que, a pesar de los discursos, la mitad de los trabajadores gana menos de $15.000. Discrepo con el proceso de concentración y extranjerización de la propiedad de la tierra, que se ha permitido en estos años. No estoy de acuerdo con los privilegios abusivos (exoneraciones tributarias, puertos, zonas francas, leyes hechas a la medida) concedidos a la gran inversión extranjera y negados en cambio a la inversión y al trabajo nacionales. No creo que un gobierno de izquierda deba condicionar al país, al grado en que lo han hecho los dos últimos gobiernos, a inversiones estratégicamente discutibles y ambientalmente peligrosas, como las de UPM, Montes del Plata o Aratirí. Me indigna la ley de bancarización obligatoria (hipócritamente denominada “de inclusión financiera”), que favorece el endeudamiento de la población de menos recursos y significa la intromisión inevitable del capital financiero (los bancos) en todas las transacciones económicas, incluido el pago de los sueldos.
En materia de políticas sociales, se ha incurrido en algo que es –y será todavía más, en pocos años- una verdadera tragedia social: permitir la decadencia de la enseñanza pública. Cuando uno se entera de que más del 60% de la población juvenil no completa la enseñanza secundaria, hay poco más para decir. Significa que más de la mitad de la población no estará en condiciones de acceder a puestos de trabajos medianamente bien remunerados. ¿En qué clase de sociedad viviremos, entonces? ¿Alguien cree que se podrá seguir sobrellevando la marginalidad cultural creciente con subsidios del MIDES, internaciones en el INAU y más policía? Un gobierno que no jerarquiza a la enseñanza pública es, objetivamente, un gobierno reaccionario. Se diga lo que se diga.
A esas dos grandes discrepancias sustanciales (con el modelo económico y con las políticas sociales) se suma el abuso del secreto y la mentira, o el grosero maquillaje de la realidad.
Lo que pasó en PLUNA, lo que pasa en ASSE, lo que sigue pasando en el SIRPA, no habría sido posible si no se cultivara el secreto, la práctica de “barrer hacia adentro”. Tampoco son casos aislados. El secreto y la distorsión de la realidad, practicados desde el poder, son la antesala y el caldo de cultivo de la corrupción. Hay demasiados secretos y reservas en la gestión de gobierno. Los acuerdos con Montes del Plata y con Aratirí, los propósitos y la adjudicación de las obras de la regasificadora, su relación con el proyecto de Aratirí, lo que realmente pasará con Aratirí, las nuevas megainversiones en curso, las transacciones para traer al país a presos ilegítimos de los EEUU, el enorme crecimiento de la deuda externa del país, las tratativas con organismos internacionales, como la OCDE, para salir de las listas negras y grises, son temas de los que no se habla lo suficiente y sobre los que no se dispone de la información necesaria.
La exposición clara de la realidad, el planteamiento sincero de los problemas y de las estrategias propuestas para enfrentarlos, es, desde mi punto de vista, un requisito esencial para un gobierno democrático y popular. Todo problema, por grave que sea, todo error, por inexcusable que parezca, pueden ser entendidos y disculpados por una población a la que se le habla claro, con respeto, valor y honestidad intelectual. Los secretos, las ocultaciones, las verdades a medias, las estadísticas maquilladas, las simplificaciones abusivas, la publicidad aturdidora, en cambio, podrán engañar a los ilusos o ingenuos durante un tiempo. Pero a la larga caen y generan el descrédito de los gobernantes y la desmoralización de la sociedad.
Desde hace algunos años me está pasando que no creo en las versiones de la realidad que se difunden desde el gobierno. Siento que hay motivaciones y decisiones que no se expresan con franqueza. 
Quizá es eso lo que no me permite votar al Frente en octubre. Uno no puede ni debe consentir algo en lo que no cree. Que me disculpen algunos amigos que no comparten mi escepticismo y están entusiasmados con volver a votar al Frente Amplio. Soy sincero y, como diría Vaz Ferreira, no estoy dispuesto a pasar por encima de un estado de mi conciencia.
Llegado este punto (lo he hablado con otras personas que también comparten el dilema), dado que en octubre no se decidirá el gobierno sino la integración del Parlamento, para quien jamás votaría a una opción más conservadora que el Frente Amplio, se abren dos opciones: a) votar en blanco; o b) votar a alguno de los partidos testimoniales de izquierda.
Las dos opciones me parecen moralmente respetables. Votar en blanco, porque es la sincera expresión de una falta de identificación con las propuestas políticas existentes y, de alguna forma, preanuncia la necesidad de cambios en el escenario y en los discursos políticos. Votar a una de las opciones de izquierda extrafrentista, porque, sin favorecer el ingreso de más legisladores blancos o colorados, es una forma de posibilitar el ingreso al Parlamento de una voz crítica de izquierda que hoy no existe. 
Ninguna de las opciones es fácil ni perfecta. Pero nada en estos tiempos es fácil ni perfecto. De hecho, para muchas personas que no votarán al Frente en octubre (entre las que me incluyo), eso no significa renegar de la tradición frenteamplista. En muchos sentidos, es una expresión de fidelidad a la tradición de izquierda que históricamente encarnó el Frente Amplio, aunque implique cuestionar a las autoridades y a la gestión de gobierno del Frente. 
La actual dirección del Frente Amplio reclama el voto basado en tres argumentos: que el país ha crecido materialmente durante sus gobiernos, que los asalariados y los pobres están mejor que antes, y que un gobierno blanco sería peor que lo que hay.
La semana próxima intentaré analizar esos argumentos, confrontándolos con los problemas que la actual gestión del Frente genera. Y –aunque no lo aseguro- hilar más fino sobre las opciones que se nos presentan a los discrepantes de izquierda.
Hoenir Sarthou, - Voces

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)

Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene). Nuestra sociedad se parece ca...