viernes, 24 de septiembre de 2010

EL DEBATE CONTINÚA



Los temas que ha venido tratando nuestro Frente Amplio luego del proceso electoral del pasado año y principios de éste, son de una enorme complejidad. Y son complejos porque se trata de la actividad de los hombres en sociedad, de las decisiones que toman, de por qué las toman, de cómo promover algunas conductas y combatir otras, y de cómo lograr que las actividades y las decisiones de la gente confluyan hacia un fin común: un futuro mejor para todos. De manera que no son fáciles ni el diagnóstico ni las decisiones.
De todas formas, los frenteamplistas hemos estado haciendo un enorme esfuerzo por superar las carencias, modificar lo que está mal, mejorar lo que se puede mejorar y eliminar lo que definitivamente no funciona. Siempre ha sido así, a lo largo de la historia del FA, y en estos momentos en que emprendemos el segundo gobierno de nuestra fuerza política, con más razón aún.
LOS TEMAS EN DEBATE
Si tuviéramos que sintetizar los temas centrales que hemos estado debatiendo (y que seguiremos haciéndolo por un buen tiempo), diríamos que ellos son: a) el gobierno, b) la fuerza política, c) la participación de los frenteamplistas. El problema radica en querer encarar estos temas como si fueran fenómenos separados, para de esa forma encontrar cuáles son los factores que están afectando a cada uno de ellos y las posibles soluciones. Desde nuestro punto de vista, el todo es algo más (y diferente) que la suma de las partes. Así como una melodía no es nunca la suma de las notas que la componen, sino que es, en realidad, un fenómeno nuevo, el fenómeno del Frente Amplio y su gobierno debe verse como un todo, con sus partes interrelacionadas.
Hay un párrafo del documento de Asamblea Uruguay –que analizábamos en nuestro artículo anterior- que de alguna forma plantea esto que venimos diciendo. Dice así: “por supuesto que una buena gestión de gobierno y el peso de sus figuras principales inciden en las posibilidades que se generen para que el FA se fortalezca en la sociedad. No puede crecer una organización que se identifique con un mal gobierno. Pero una excelente gestión, como la de nuestro gobierno, no genera por sí misma acumulación política. Esto es clave para comprender por qué los logros en el gobierno no se traducen mecánica y automáticamente en crecimiento de la fuerza política (en crecimiento electoral, en militancia, en adhesiones, en incidencia en la vida del país)”.
El planteo de AU es válido, más allá de los matices acerca de si nuestro primer gobierno realizó una “excelente gestión”, y más allá de las diferencias acerca de que cosas pueden considerarse “logros”. Esto lo decimos porque a renglón seguido el documento agrega que “tal vez en torno a este aspecto hayamos padecido algunos errores y omisiones que, de una u otra manera, nos hayan debilitado en la batalla política (en la acumulación), esperando con una actitud pasiva que los buenos números del gobierno se tradujeran sin más en buenos números electorales.” Creemos que ese justamente es uno de los gruesos errores de algunos compañeros frenteamplistas; el creer que todo es una cuestión de números. El no terminar de comprender que detrás de los números hay gente de carne y hueso, que no come promedios, que no paga el alquiler con porcentajes del PBI, que no soluciona la educación de sus hijos ni el pan ni la leche con un punto más o un punto menos de déficit fiscal.
EL GOBIERNO
Ya hemos hablado lo suficiente acerca de la gestión de nuestro primero gobierno. Y creemos que hemos dejado en claro nuestro punto de vista acerca de cómo los errores cometidos han influido en buena medida en los otros temas que mencionamos. Porque esos errores sin duda han tenido incidencia en el funcionamiento orgánico del FA, y hasta en su agenda. Pero también han tenido incidencia, como hemos dicho, en la pérdida de militancia, y sin dudas en la pérdida de votos. A los trabajadores por la cuenta (pongamos por caso un carpintero) se les suele aconsejar de la siguiente forma: “trate de cumplir en todos los aspectos siempre. Si usted trabaja en forma correcta, hace trabajos de un nivel aceptable, y lo entrega en los plazos prometidos, su cliente casi seguro que lo va a recomendar a dos o tres conocidos. Pero si usted hace alguna de esas cosas mal, por ejemplo entregar un trabajo mucho más tarde de lo prometido, tenga la seguridad que ese cliente se lo va a contar por lo menos a diez personas, y hasta le va a dar una dimensión mayor de la real a la falla cometida”. Puedo dar fe que eso es realmente así. Y eso es también válido para un gobierno. Un gobierno puede hacer las cosas muy bien, y la gente considerará que eso es lo correcto, que para eso los votó. Pero si comete un error, un solo error, puede costarle las elecciones (ver, si no, lo sucedido en España con Aznar).
LA PARTICIPACIÓN
Hemos escrito acerca de la participación, y no específicamente en relación con el FA y los Comités de Base, sino de una forma más general. Dijimos alguna vez que “No todos quieren participar aunque puedan, y no todos pueden participar aunque quieran”. Y también que “Hay un difícil equilibrio entre las razones que animan a la gente a participar, y sus posibilidades reales de hacerlo. Aunque el entorno político sea el más estimulante posible, y aunque haya un propósito compartido por la gran mayoría de la sociedad en un momento dado, habrá siempre quienes encuentren razones más poderosas para abstenerse de participar que para hacerlo”. Esto creemos que es de alguna manera válido en todo tiempo y circunstancia, y para cualquier sociedad conocida. Pero sin duda que hay factores que estimulan esa participación y hay factores que no. Si logro que la gente participe, si la gente al participar lleva adelante iniciativas en un sentido determinado, y luego desde el gobierno hago lo contrario, seguramente la participación va a disminuir. Pero también se promueve o se desestimula la participación desde la fuerza política. Y no estamos diciendo ninguna novedad si decimos que en nuestro FA hay sectores y partidos que promueven decididamente la participación e impulsan a sus militantes a concurrir a los Comités de Base, y hay otros sectores que francamente no mueven un dedo para que eso suceda. Casualmente, los sectores menos interesados en que la gente participe activamente en la vida política del FA, son los que más preocupados parecen estar por la falta de militancia.
LA FUERZA POLÍTICA
El Frente Amplio sin duda que se ve afectado por la marcha del gobierno y por la mayor o menor participación de sus militantes. Porque el FA es históricamente una construcción militante, ya que los acuerdos a nivel de la dirigencia eran una necesidad que venía empujando desde abajo. De manera que a su vida orgánica clásica, de coalición y movimiento, hoy se le agrega el componente nuevo de ejercer el gobierno, y eso genera sin duda problemas. Ahora bien, para encontrar las posibles soluciones al estancamiento, hay que creer en la necesidad histórica de esta fuerza política y en su desarrollo, en el valor del pueblo organizado como fuerza del cambio. Un reciente artículo del compañero Couriel parece ir en el sentido opuesto. Dice Couriel: “¿Cómo se gana políticamente a sectores sociales beneficiados por los planes de emergencia y equidad social, que no son trabajadores clásicos y sindicalizados donde la izquierda tiene experiencia? ¿Cómo incorporar a los jóvenes en la elaboración de este nuevo proyecto nacional? Los comités de base no están en condiciones de elaborar propuestas de esta naturaleza”(*). La propuesta de Couriel (ya que los Comités no sirven) es: “…la participación de cientistas políticos, sociólogos, economistas, antropólogos, filósofos, los hombres de la cultura, los propios políticos frentistas, pero sobre todo aprovechar la instancia del FA en el gobierno, para convocar a los altos funcionarios frentistas a esta tarea fundamental”. Todo un llamado a la participación popular, a tomar el destino en sus manos.

(*) La República, 15 de setiembre 2010

jueves, 16 de septiembre de 2010

LUEGO DEL PLENARIO


No estuvimos presentes en el Plenario Nacional que se desarrolló el fin de semana pasado, ya que no integramos ese organismo de dirección del Frente Amplio. Pero hemos leído la resolución final y hemos escuchado a algunos compañeros que participaron en el mismo, además de haber leído muchos de los aportes previos para la discusión, de manera que haremos algunos comentarios al respecto.
ALGUNOS DOCUMENTOS
Sinceramente, uno debe manifestar en primer término su orgullo de ser frenteamplista. Porque sin dudas no debe haber en el país una fuerza política que discuta con la amplitud de miras y con la altura con que lo hace nuestro Frente Amplio. Lo que no excluye de ninguna manera el apasionamiento en el análisis, en la crítica y la autocrítica, pero en un clima de respeto a las diferentes visiones, fraternalmente y con amplitud. Es con ese sentimiento de orgullo que intentaremos analizar algunos aspectos del excelente documento elaborado por los compañeros de Asamblea Uruguay.
En uno de sus pasajes, el documento de AU expresa que: “…no puede haber confusiones en cuanto a que el rumbo que marca el programa del FA es el que está definido en los documentos fundacionales, en las resoluciones de sus congresos y en sus plataformas electorales, sin perjuicio de los programas finalistas de los sectores que lo integran”. Y lo compartimos plenamente. En uno de nuestros últimos artículos recordábamos el documento de las 30 Medias del año 71: “Los objetivos de dichas bases tienen como sentido poner al pueblo uruguayo en las mejores condiciones para alcanzar la plenitud de su realización humana, levantando su nivel de vida y su formación cultural, obteniendo una completa participación en la sociedad uruguaya y en su gobierno". Y además decíamos: “Como hemos señalado más de una vez, el FA tiene un programa de gobierno de carácter avanzado, nacional, popular y democrático. Y hemos dicho también que, fruto de la correlación de fuerzas desfavorable en la interna del bloque, el programa no ha sido llevado adelante a cabalidad y ha estado sometido permanentemente a presiones por propuestas ajenas a su contenido avanzado”. De manera que coincidimos con lo expresado por AU, el rumbo debería ser ese, el de los documentos fundacionales, el de las resoluciones de sus Congresos, etc.
DEBATIR: ¿SI O NO?
No compartimos en cambio lo que agrega el documento a continuación: “Los planteos de algunos frenteamplistas de ir a “un proyecto diferente”, o “alternativo”, en el marco de lo que se dio en denominar “gobierno en disputa”, pueden sugerir la intención de introducir un debate que el FA no tiene en su agenda ni le haría bien promover en su interna.” Y no estamos nosotros de acuerdo, pero tampoco lo están los propios compañeros de AU, ya que inmediatamente después de esa afirmación, ensayan una introducción a lo que sería “ser de izquierda” hoy en el Uruguay, y dicen: “Por lo anteriormente expresado, el Frente debe estar en permanente renovación. No sólo en cuanto a su programa, a su estrategia, sino también desde el punto de vista ideológico. Y esto también es ser de izquierda. Izquierda es renovación. La adhesión al programa concebida con un criterio de izquierda significa estar interrogándonos permanentemente si conocemos bien la realidad que pretendemos cambiar, porque, de lo contrario, no podríamos hacer propuestas viables, rigurosas y con resultados efectivos. Debemos preguntarnos si las propuestas que hacemos son realmente las que permiten avanzar, en los hechos y no de palabra, hacia una sociedad que tenga prosperidad y justicia social. Al mismo tiempo, concebir esto desde la izquierda, es decir, democráticamente y aspirando siempre a la superación, no puede hacerse con un pensamiento único: debe haber discusión”.
Es evidente que los compañeros de AU entran en una flagrante contradicción. Por un lado encuentran que plantear alternativas, caminos diferentes, es introducir un debate en la Agenda y que eso no le hace bien al FA; pero a renglón seguido se introduce un tema en el debate de enorme trascendencia, nada menos que acerca de lo que significa “ser de izquierda”. Pero además, se dice que el FA debe estar en permanente renovación, no solo en cuanto a su programa y estrategia sino también desde el punto de vista ideológico. Y con esto sí estamos de acuerdo, con la renovación constante, con la discusión ideológica permanente, con la corrección de los rumbos cuando esto es necesario. Es lo que siempre hemos hecho. Es lo que muchas veces dijimos cuando, en el período anterior, alertábamos acerca de cambios profundos en la economía mundial y del advenimiento de una crisis económica sin precedentes, y proponíamos un cambio de rumbo en la política económica. Compartimos también que esa constante renovación, cuando se concibe desde la izquierda, no puede hacerse con un pensamiento único, y que debe haber discusión. Es lo que reclamamos en su momento cuando nuestro gobierno se apartaba del programa en algunas de sus propuestas: una discusión abierta en los organismos del FA.
NI DOGMA NI APOSTASÍA
El documento de AU dice: “El programa no puede ser un dogma sino una guía para la acción, y creemos que así lo ha entendido el gobierno en su gestión”. Y se pregunta: “¿Todo el Frente Amplio lo ha entendido de la misma manera?”. Buena pregunta. Yo diría que no, que no lo entendemos todos de la misma manera. Nosotros también pensamos que no es un dogma, en el sentido de que no es una verdad revelada. No consideramos un dogma al marxismo, menos podríamos considerar un dogma a un programa de gobierno. Ahora bien, tampoco lo consideramos una apostasía (que supone un abandono o negación total de la doctrina original). Consideramos que el Programa es una elaboración colectiva, que conlleva un proceso participativo de enorme trascendencia, y que está hecho con un sentido de largo plazo (al menos por un período de gobierno), por lo cual, cualquier cambio o desvío del mismo que pueda ser considerado sustancial, no debe estar librado al criterio de los compañeros en el gobierno. En esto también deben aplicarse los conceptos que contiene el propio documento de AU: “…concebir esto desde la izquierda, es decir, democráticamente y aspirando siempre a la superación, no puede hacerse con un pensamiento único: debe haber discusión”.
Por poner un ejemplo por todos conocidos. La frase “…rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de país productivo”, contenida en el programa, puede no ser un dogma, pero si nuestro gobierno entiende que hay que llevar adelante un TLC con los EEUU (exactamente al contrario de lo que dice el programa), la discusión en el seno de la fuerza política debe ser profunda.
EL CAMBIO DE DISCURSO
Asamblea Uruguay se pregunta: “¿No practicamos a veces el discurso de cuando éramos oposición e, incluso, el de la época de la dictadura? ¿Le estamos hablando al uruguayo del siglo XXI, con sus inquietudes, interrogantes y aspiraciones actuales? ¿Es nuestro discurso un elemento que nos esté vinculando a la juventud? ¿No será que ese desfasaje en el discurso es la manifestación del desfasaje entre algunas ideas que se mantienen en el Frente y las nuevas realidades?”.
En primer lugar, habría que ver si la situación del uruguayo del siglo XXI es tan diferente a la del siglo XX, y por lo tanto, si sus inquietudes, interrogantes y aspiraciones son también distintas. Porque las condiciones económicas en las que vive no han variado sustancialmente. Si bien hemos logrado reducir las cifras de desempleo, de indigencia y pobreza, no hay dudas de que las condiciones de vida de muchísimos uruguayos siguen siendo iguales o peores que las del siglo pasado. De manera que tal vez el problema no sea que haya que adaptar el discurso, sino que justamente, a muchísimos uruguayos les llame la atención el cambio del discurso (ahora que estamos en el gobierno), cuando su situación sigue siendo dramática.
Como dice muy bien el documento de Asamblea Uruguay: “…debemos ser exigentes, procurando no perder el equilibrio en la evaluación de los acontecimientos políticos, alejando tanto el triunfalismo o la ligereza a la hora de los balances, como el derrotismo o actitudes pesimista…”. Totalmente de acuerdo, es lo que hay que hacer, sin apresuramientos, pero sabiendo que si no tomamos las riendas de nuestro destino, de pronto nos encontraremos con que la carroza se transformó en calabaza. Todavía no es medianoche, hagámoslo con calma.

lunes, 13 de septiembre de 2010

ACERCA DE ALGUNAS PROPUESTAS


En nuestro artículo anterior, analizábamos el documento del Nuevo Espacio sobre la situación del Frente Amplio, y finalizábamos diciendo que “Quienes ponen el acento en la responsabilidad de la fuerza política por los fracasos electorales, señalan el descaecimiento de la militancia, como una de los síntomas más visibles de la problemática que nos afecta. Y estamos de acuerdo en que ese es un problema a solucionar. En lo que no podemos estar de acuerdo, es en que para solucionar ese problema se proponga achicar más aún la participación.” Y señalábamos que algunas propuestas son, por ejemplo “…que en el Congreso, se reduzca la participación de las bases a la mitad. Y se propone también que el organismo de dirección permanente, el Plenario Nacional y los plenarios departamentales (en donde las bases tienen una representación del 50%), desaparezcan, y se sustituyan por las Convenciones, en las que casualmente las bases no están representadas oficialmente”. Lo que debemos aclarar, porque se presta a confusión, es que la propuesta de sustituir los Plenarios por las Convenciones no es del Nuevo Espacio, sino de Banderas de Líber. Lo decimos porque leyendo el artículo luego de publicado nos dimos cuenta que se prestaba a confusión.
LOS ORGANISMOS DE DIRECCION
El documento del Nuevo Espacio plantea que “El Congreso del Frente Amplio es su máxima contradicción pues representa un Congreso de militantes sectorizados orgánicos y disciplinados, que discuten y resuelven desde la estricta perspectiva del sector al que pertenecen. Es la negación del movimiento, entendido como expresión ciudadana de frenteamplistas cuyo punto de referencia político es el Frente como tal y su ámbito de inserción y contenido es la propia sociedad civil”. Y dado que esa es la situación, el NE propone: “La integración del Congreso debería modificarse, para hacerla más equilibrada y representativa de la realidad. La representación de los Comités de Base debería reducirse al 50%.”
Banderas de Líber, en cambio, ni siquiera propone reducir a la mitad la representación de las bases en el Congreso, directamente propone que el Congreso desaparezca. En su lugar, propone la “Primacía de las convenciones” que “Los órganos deliberativos nacionales y departamentales dispuestos por la Constitución deben ser los órganos máximos del Frente. Son los organismos más democráticos que tenemos; las eligió medio millón de frenteamplistas”. Es decir, lo más democrático que tenemos es la democracia representativa. Le decimos adiós a aquella visión de la izquierda que decía que teníamos que ir de una democracia electoral a una democracia participativa. La insatisfacción con democracias sólo electorales y con ciudadanías meramente espectadoras heredadas de décadas de neoliberalismo explica en buena medida el ascenso de gobiernos de izquierda en América Latina, pero al parecer nosotros deberíamos ir en sentido contrario. La democracia por esencia es participativa, no existe democracia sin participación, es lo que define y caracteriza al sistema, por ello mientras mayores son las posibilidades reales de participación de los ciudadanos, la democracia es más profunda. El Frente Amplio, que es ejemplo en el mundo por su organización democrática y participativa, pero al parecer debería abandonarla para retroceder a una democracia meramente representativa, según lo que proponen los compañeros. Sería el paso que nos faltara para terminar de ser iguales a los partidos tradicionales.
El NE supone que los delegados de los Comités de Base a los Congresos, en realidad son militantes sectorizados orgánicos. Supongamos que tiene razón. ¿Cuál sería el pecado? ¿Es que los militantes de los Comités de Base no pueden estar sectorizados? Y si esos compañeros que son capaces de dedicar buena parte de su tiempo a la militancia en su barrio, junto a los vecinos, palpitando los problemas de la gente, son militantes a su vez de un sector político, ¿cuál es el problema? Si además, sus compañeros del Comité consideran que son buenos representantes de las posiciones de todos, y lo eligen como sus delegados a un Congreso ¿está mal? ¿habría que definir que si un frenteamplista de un Comité, es además militante del sector tal o cual, no puede ser delegado ni concurrir a un Congreso? ¿Por qué? ¿Cuál es la razón por la que un militante de un sector político no puede tener como punto de referencia al Frente como tal ni tener su ámbito de inserción y contenido en la propia sociedad civil? ¿Cuál es la contradicción insalvable entre el militante de un sector político del FA y un frenteamplista a secas? El compañero Carlos Baráibar dijo alguna vez con gran acierto, hablando de la creación del FA: “…se crean los comités de base que son una estructura muy importante, muy valedera en cuanto a la unidad del pueblo en la base, donde confluyen gente de los partidos políticos y gente independiente que se adhiere al proyecto frenteamplista. Esta es otra de las razones de la solidez del Frente Amplio, porque los frenteamplistas de los comités de base son más unitarios que el propio sector político en el que algunos militan”.
SE PROMUEVE LA NO MILITANCIA
Creemos que justamente, una fuerza política de izquierda debe luchar para que sus adherentes participen y militen junto al pueblo, para que se inserten en los barrios y sean el nexo entre la fuerza política y la gente. Pero al parecer, si algunos compañeros lo hacen, es un problema. En lugar de estimularlos a que lo sigan haciendo y a que promuevan aún más la participación entre los demás compañeros; en lugar de darles elementos para que la participación se multiplique, se los estigmatiza. Parecería que el problema no es los que faltan sino los que están. Y eso, con todo el respeto por los compañeros del NE, es trastocar los valores que han sido tan caros para la izquierda a lo largo de su historia. La izquierda ha venido luchando –aquí y en todas partes- por promover una ciudadanía activa, responsable, participativa en los asuntos de la comunidad, una ciudadanía militante. Y cuando esa participación mengua, cuando por la razón que sea los militantes comienzan a decaer, lo que algunos compañeros creen conveniente es cerrarles el paso a los que van quedando. En ese sentido, el planteo de Banderas de Líber es terminante: “…desterrar la idea de que el voto de los militantes vale más que el de los demás”. El mensaje parece ser, no importa si militas o no, no importa cual sea el grado de inserción que tengas en tu barrio, en las organizaciones sociales y políticas de tu entorno, tu voto vale lo mismo que el que se queda en la casa.
AVANZAR, NO RETROCEDER
El Frente Amplio no es una suma de partidos solamente, es a la vez coalición y movimiento; es unidad porque hay vocación de Partidos y Sectores políticos de unirse por arriba, pero porque hay una gran experiencia social de unidad por abajo que esos dirigentes recogen. Es con el Frente Amplio que por primera vez se rompe la historia de un partido de izquierda aislado de la sociedad y empieza a existir una fuerza política que puede aparecer, debatir, insertarse, crecer y desarrollarse en los barrios, en los centros de trabajo y estudio. La idea, era evitar –justamente- que se levantara un proyecto exclusivamente electoral, y que fuera un proyecto verdaderamente de izquierda, inserto en la base de la sociedad, que promoviera la participación ciudadana. Lo que sostenemos, es que en nuestro país habrá cambios si se desarrolla la organización popular; que se precisa fortalecer la organización política, que es el sujeto histórico de los cambios. Que todo lo que signifique quitarle protagonismo a la gente organizada, sustituyéndola por el individualismo (sea éste la expresión de un voto cada cinco años o la opinión solitaria detrás de una laptop) es un paso atrás.

viernes, 3 de septiembre de 2010

ANALIZAR TODO



Los documentos elaborados por muchos de los sectores del FA, por comités, coordinadoras y hasta los aportes personales, acerca de los problemas que afectan a nuestra fuerza política, hace rato que están circulando. Y eso está bien, porque la circulación horizontal de las ideas es lo que enriquece el debate y hace que se vaya conformando una visión global del estado de opinión de los frenteamplistas en su conjunto.
GOBIERNO-FUERZA POLÍTICA
Uno de esos aportes que circulan (del Nuevo Espacio, disponible en su pág. web) dice: “Es que no podemos cargar las tintas en la acción de gobierno, ya que los logros del mismo, fueron de tal magnitud y de tal dimensión, que pocas veces nuestro país vivió épocas de bonanza y distribución como se vivieron en el gobierno del Frente Amplio y de Tabaré Vázquez.” Y luego, más adelante, agrega que “El disgusto de la gente y lo que motivó en parte su alejamiento se dirige fundamentalmente hacia la fuerza política. Están aquí los problemas por los que nuestra propia gente no se ve reflejada ni representada por la estructura que dirige nuestra fuerza política”.
No es este el único planteo en donde se descarga el peso de la responsabilidad del fracaso electoral exclusivamente en la fuerza política. Nosotros hemos dicho ya, y lo hemos reiterado muchas veces: hicimos un muy buen gobierno; el mejor en décadas –hemos escrito muchos artículos destacando nuestros logros-. Pero cuando lo que estamos analizando es un fracaso, no nos sirve de mucho regodearnos en lo que hicimos bien, porque los ciudadanos que dejaron de votarnos no lo hicieron por nuestros aciertos, sino por lo que hicimos mal. Y lo que sostenemos, es que también hicimos un montón de cosas que no debimos haber hecho, y tuvimos actitudes (desde nuestro gobierno) desconcertantes y contradictorias, algunas veces erráticas, que nos distanciaron del núcleo más militante. Ante estas señales contradictorias, algunos frenteamplistas directamente abandonaron el Frente Amplio. Otros de nuestros militantes, tuvieron como primera reacción irse para su casa, dejaron de militar, y seguramente después, muchos optaron por dejar de votarnos.
Un segundo error en el que incurre el documento del NE, a nuestro modo de ver, es considerar que el único fracaso fue el de mayo de 2010. Dice: “Fue por esos logros (los del gobierno) que nos acompañó en octubre de 2009 con la fórmula Mujica Astori. Y si bien es cierto que ya en octubre se tuvo una votación menor a la esperada, el pueblo uruguayo dejó a la izquierda con mayoría parlamentaria y apoyó con creces en la segunda vuelta a la izquierda, para que siguiera gobernado”. Para más adelante señalar: “La derrota o retroceso de mayo de 2010, y derrota es una palabra muy pesada y cuesta llevarla encima de los hombros, no fue casual”. Es decir, en octubre y noviembre nos fue bárbaro (gracias a lo fantástico de nuestro gobierno), pero fracasamos en mayo (por los problemas en la estructura del FA).
Muchas de las cosas que en el documento del NE se mencionan como problemas, y que se adjudican en forma exclusiva a la fuerza política, sucedieron en los últimos dos años de gobierno, pero el vaciamiento de los Comités de Base, o el alejamiento de la “gente de a pie” –como dice el documento- comenzó mucho antes.
NO ERRAR EN EL DIAGNÓSTICO
Nosotros no negamos (no estamos ciegos) los problemas que atraviesan a la fuerza política, lo que queremos decir, es que debiéramos analizar ambas cosas –la fuerza política y el gobierno-, y la relación entre ambas. Porque si solo tomamos una parte de la cuestión, las soluciones serán incompletas y posiblemente no lleguen a ser soluciones sino parches. El documento del NE dice que “Quienes se encierren en ese exitismo” (refiriéndose a quienes dicen que aquí no pasa nada, que está todo bien), poco podrán avanzar en la reflexión y es ahora que estamos a tiempo de corregir los errores para enfrentar el futuro”. Y nosotros estamos de acuerdo, pero hay que aplicar el concepto también al análisis del primer gobierno del FA. Decir que todo lo que hicimos estuvo fantástico, y enfocar toda la batería de críticas y reformas a la fuerza política también es un grueso error.
Porque además, hay un punto sobre el que nos parece que deberíamos reflexionar. Cuando finaliza una gestión de gobierno, y la ciudadanía tiene que decidir sobre el futuro, sobre quien gobernará los próximos cinco años, lo primero que juzga es justamente a quien está gobernando, y en función de su valoración decidirá si lo mejor es cambiar de partido en el gobierno o si lo mejor es renovar el mandato. De manera que la carta de presentación del partido que está en el gobierno es su gestión. Si esta no conforma, el ciudadano irá a analizar las propuestas de los demás partidos. Si la gestión es satisfactoria (comparada con anteriores gestiones) se renovará la confianza en ese partido. Si no lo conforma la gestión del gobierno ni las propuestas de los otros partidos, tal vez opte por votar en blanco o anulado. En trazos muy gruesos (el voto no expresa únicamente una opinión coyuntural, sino que da cuenta de actitudes políticas profundas en relación con los fenómenos políticos y sociales), es así como funciona la democracia que conocemos por estos lares. En la decisión del voto influyen sobre todo y en primer lugar, lo que se denominan “actitudes políticas fundamentales” (la identificación partidaria, el grado de interés por la política, la actitud frente al cambio, la autoidentificación frente a los conceptos de izquierda y derecha, la satisfacción o no con quien gobierna, etc), y después, por supuesto, las opiniones circunstanciales, la percepción del momento político, el grado de confianza hacia hombres y partidos y grupos políticos, etc. Pero en resumen, lo que queremos decir es que no se puede sostener de ninguna manera que en octubre, en noviembre y en mayo la ciudadanía haya juzgado el funcionamiento interno del Frente Amplio o de cualquier otro partido. En esas instancias lo que la ciudadanía juzgó fue nuestro gobierno, y no verlo así nos llevará a conclusiones falsas. En todo caso, los partidos políticos fueron juzgados en junio de 2009, en las internas, y ahí si se avizoró una crítica de la que nadie quiso hacerse cargo. Nosotros lo planteamos y fracasamos con un éxito total. Decíamos en ese momento: “…el Frente Amplio fracasó en el objetivo principal que se había propuesto en las pasadas elecciones internas, esto es, obtener más votos que toda la oposición sumada, lo que nos pondría en inmejorables condiciones para obtener el triunfo en octubre. No solamente no logramos ese objetivo; ni siquiera pudimos ganarle al partido de oposición que logró más votos, el Partido Nacional. De manera que un balance y perspectiva, con un gran sentido autocrítico se hace imprescindible y urgente. Hasta ahora, no se ha dado. Al menos no se ha escuchado ni leído por los medios de comunicación, y tampoco se ha difundido por las vías orgánicas”.
NO TIRAR AL BEBÉ CON EL AGUA SUCIA
Quienes ponen el acento en la responsabilidad de la fuerza política por los fracasos electorales, señalan el descaecimiento de la militancia, como una de los síntomas más visibles de la problemática que nos afecta. Y estamos de acuerdo en que ese es un problema a solucionar. En lo que no podemos estar de acuerdo, es en que para solucionar ese problema se proponga achicar más aún la participación. Es como si, para solucionar el problema de la deserción escolar, se propusiera cerrar unas cuantas escuelas. Se propone por ejemplo que en el Congreso, se reduzca la participación de las bases a la mitad. Y se propone también que el organismo de dirección permanente, el Plenario Nacional y los plenarios departamentales (en donde las bases tienen una representación del 50%), desaparezcan, y se sustituyan por las Convenciones, en las que casualmente las bases no están representadas oficialmente. En próximos artículos intentaremos abordar estos temas, el de las soluciones.

NI MITO NI LEYENDA (publicado esta semana en VOCES, en el 50 aniversario del asesinato del Che)

Si un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que ti...