jueves, 23 de febrero de 2012

LA ALTERNANCIA EN EL GOBIERNO


Desde hace bastante tiempo se oyen voces de compañeros que entienden que el Frente Amplio se debe una discusión ideológica profunda, y nosotros estamos de acuerdo. No rehuimos la discusión, y creemos además que ese debate debe ser permanente.

Uno de esos temas de orden ideológico que ha estado presente últimamente, es el de la “alternancia en el gobierno”.

Y el razonamiento expuesto parece ser el siguiente: hay determinados valores que son inherentes a la democracia, como la justicia y la libertad, que no admiten jerarquías, esto es, no se puede hacer justicia sin libertad. La convivencia democrática se defiende como un fin en sí mismo, y esos valores son del mismo nivel de jerarquía. No existen unos sin los otros, y segundo: no dependen de las circunstancias, son fines en sí mismos.

Admitido esto, los frenteamplistas asumimos que somos parte de este sistema político, no venimos de afuera. Y como somos parte del sistema político, no tenemos enemigos en el sistema político, tenemos adversarios que piensan distinto a nosotros, y que en el gobierno actúan de una forma diferente a nosotros. Esa sería la única diferencia, y junto a ellos componemos el sistema democrático de Uruguay y por lo tanto, creemos en la alternancia de los partidos en el poder. Hoy estamos nosotros en el gobierno, y mañana están ellos.

Obviamente no es posible agotar el tema en una nota, pero queremos al menos dejar dichas algunas cosas.

EL CONTEXTO

Los pueblos adoptan formas de organización y de vida que mas tienen que ver con la base material y con las circunstancias históricas concretas y menos con su carácter intrínseco o con valores inmutables. Por poner algunos ejemplos, digamos que Palestina ha sido y es una tierra de cruce de culturas, y que los dos pueblos, palestino y hebreo, son semitas. Sus religiones, judaísmo e Islam, son comunes. Han ocupado el territorio como Estados en períodos diferentes, pero en circunstancias muy diversas y que no tienen similitud con la actualidad, y ha habido épocas de convivencia mutua. Los pueblos se muestran hostiles con los demás, debido a las circunstancias históricas concretas y no al carácter intrínseco de esos pueblos. Cuba ha tenido que vivir de una manera que seguramente no eligió, y no se puede juzgar su modelo sin tener en cuenta la circunstancia histórica que le ha tocado vivir desde el triunfo de la Revolución, sin tener en cuenta la cercanía geográfica con los EEUU y el hecho mismo del bloqueo a que ha sido sometida durante todos estos años.

Decir que La convivencia democrática se defiende como un fin en sí mismo y que no depende de las circunstancias, es desconocer que no siempre es así, y que muchas veces para defender la democracia, la libertad y la justicia, los pueblos se ven obligados a adoptar medidas que no quisieran. Aplicar ese concepto a rajatabla, sin duda que deja por fuera de la calificación de democráticos a muchos países y pueblos. Muchos de quienes afirman que los conceptos de “libertad”, “democracia”, “justicia”, no dependen de las circunstancias, se negarían por ejemplo a calificar a los EEUU como un país no democrático. Sin embargo, la Ley Patriota (en inglés USA PATRIOT Act), fue aprobada por una abrumadora mayoría tanto por la cámara de representantes como por el senado estadounidense después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con el objetivo declarado de ampliar la capacidad de control del Estado en aras de combatir el terrorismo (esto es, obligados por las circunstancias). La Ley Patriótica ha sido duramente criticada por diversos organismos y organizaciones de derechos humanos, debido a la restricción de libertades y garantías constitucionales que ha supuesto para los ciudadanos, tanto estadounidenses como extranjeros.

EL SISTEMA POLITICO

Pero aún si aceptáramos que esos son valores que no dependen de las circunstancias, es más difícil aún sostener que admitirlo supone formar parte de un sistema político que, en su conjunto, lo acepta, y que por tanto no hay enemigos en él, y solo adversarios que piensan y actúan diferente. Decir algo así, supone –además de saltearse sin más el tema de la lucha de clases- al menos cierto grado de amnesia, ya que no hace tantos años que muchos actores de ese sistema político recurrieron sin tapujos a una dictadura como forma de imponer una determinada política económica y social.

Al iniciar el primer capítulo del Manifiesto Comunista se señala que “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días -exceptuando el régimen de la comunidad primitiva- es la historia de la lucha de clases”; esta hipótesis que fue señalada en 1848 por Marx y Engels no es una frase descabellada y fuera de vigencia como mucho ideólogos posmodernistas, socialdemócratas y revisionistas pretenden, sino que es una realidad, y su vigencia se acentúa cada vez más. La lucha entre explotados y explotadores, dominados y dominantes, es inherente a todas las sociedades en las que existe la división de clases sociales, y lo que existe entre las diferentes clases es un antagonismo de intereses, no una mera “forma de pensar” diferente. Es un tremendo error reducir las diferencias de clase a diferencias ideológicas y presentar la sociedad, no como una sociedad dividida en clases, sino como un conjunto de ciudadanos que piensan y actúan de formas diferentes. Es lo que Marx expresaba en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: “El carácter peculiar de la socialdemocracia se resume en el hecho de exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía”. O de esta otra manera: “No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña burguesía quiere imponer, por principio, un interés egoísta de clase. Ella cree, por el contrario, que las condiciones especiales de su emancipación son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases”.

LAS BONDADES DE LA ALTERNANCIA

Quienes sostienen que la alternancia en el poder (en realidad es en el gobierno) es consustancial a la democracia, se saltean cuestiones nada menores. En primer lugar, que la alternancia no es ajena a los gobiernos dictatoriales o autoritarios. El ejemplo uruguayo es claro; no encontraremos a nadie capaz de sostener que la alternancia Jorge Pacheco Areco-Juan María Bordaberry-Alberto Demicheli-Aparicio Méndez-Gregorio Alvarez fue una demostración de vitalidad democrática. Y al contrario, muchas de las democracias consideradas exitosas en el mundo, muestran cierta estabilidad de un partido en el gobierno. Noruega cuenta con un predominio socialdemócrata entre los años 1945 y 1977, con apenas una derrota en 1965, y Suecia muestra la permanencia de un solo partido que comienza en 1932 y solo tiene un traspié en 1976, por poner solo dos ejemplos.

En el caso de Estados Unidos, se puede constatar que desde 1861 hay, más que alternancia en el gobierno, largos períodos de permanencia de un solo partido. Desde Lincoln hasta Franklin D. Roosevelt los republicanos ocuparon 14 presidencias y los demócratas solo 5. Desde 1933 hasta Nixon en 1968, los demócratas ganaron siempre, salvo el gobierno de Eisenhower que no era ni republicano ni demócrata.

Pero las preguntas son: ¿la renovación política, la alternancia en el gobierno, son consustanciales a la democracia? si falta la alternancia, ¿falta la democracia? Quienes sostienen que es así, no se atreverían a calificar de no democráticos a los países que pusimos como ejemplos. Desde nuestro punto de vista, no hay ningún elemento que pueda llevar a la conclusión de que democracia y alternancia sean sustancialmente coincidentes. Muy por el contrario, y a partir de los ejemplos mencionados más arriba, es posible sostener lo contrario: puede haber alternancia sin democracia, y puede haber democracia sin alternancia. Si la alternancia en el poder no es un fenómeno exclusivo de la democracia, entonces cuando ocurre una renovación política no necesariamente es prueba de la calidad democrática de ese régimen político. En un sistema político basado en elecciones, puede ocurrir obviamente que exista una alternancia de partidos o personas en el gobierno, pero para que ese sistema político sea considerado democrático, es necesario analizar otras cosas que no tienen que ver con la alternancia.

La alternancia no es condición suficiente para hablar de democracia, y ni siquiera es condición necesaria. Hay otras condiciones previas que exigen ser satisfechas para que exista democracia. Es necesario asegurar la igualdad de todos los ciudadanos en el goce de todos los derechos, y no solo a la libertad sino a los más elementales derechos sociales como a la salud, a la educación, a la vivienda, etc. Y es necesario que los mecanismos políticos, las reglas de juego, estén estructuradas de tal manera que aseguren que las decisiones políticas se tomen con el máximo de participación social, con el máximo posible de consenso y con el mínimo de imposición, y que sean el resultado de un asunto en el cual participan y controlan los mismos ciudadanos. Si estas condiciones no se dan, puede haber alternancia, pero será una alternancia sin democracia.

jueves, 16 de febrero de 2012

CUANDO MÁS ES MENOS



Somos partidarios de las candidaturas únicas. No es una postura nueva, siempre hemos dicho que cuando se trata de elecciones internas dentro del Frente Amplio, preferimos llegar a acuerdos e ir con candidatos de consenso. Entendemos que la competencia, cuando es a la interna, no es buena, y que no existen disputas de guante blanco. No nos parece bueno repetir los
errores que cometimos en el Congreso “Zelmar Michelini” (diciembre de 2008), cuando habilitamos a cuatro compañeros para que pudieran competir en las elecciones internas. Aunque dos de ellos finalmente no participaron, el hecho es que el Frente Amplio se embarcó en una competencia interna que la gran mayoría del pueblo frenteamplista no deseaba y rechazó. “Una competencia interna abre las puertas a distanciamientos, diferencias, enojos, heridas, pérdida de energías y entusiasmo militante, que perfectamente podríamos ahorrarnos”, decía Rafael Michelini en agosto de 2008, y nosotros lo compartimos en ese momento y lo reafirmamos ahora.
LAS INTERNAS DE MAYO
Según informa La Diaria del lunes pasado, “El Frente Liber Seregni (FLS) dará batalla en las internas del Frente Amplio (FA) del 27 de mayo. Propondrá una actualización ideológica de la fuerza política y un mayor acercamiento entre ésta y el gobierno. El vicepresidente Danilo Astori estaría de acuerdo en lograr un candidato único para la presidencia del FA, pero admitió que "la competencia es más atractiva" para el electorado”.“El FLS, según su líder, no se opone a la búsqueda de un candidato único por acuerdo ...pero dejó entrever que le atrae más la competencia interna. "...si se da esa posibilidad estamos dispuestos a sumarnos a ella", dijo, aunque luego admitió que "quizás la competencia sea lo más atractivo para contribuir a la mayor participación posible".
No compartimos ese análisis. Es posible que sea necesaria una actualización ideológica, y sin dudas que un mayor acercamiento entre el FA y el gobierno; pero esa actualización no se va a realizar a través de las elecciones de mayo, y el acercamiento entre el FA y el gobierno será una discusión que habrá que dar, pero tampoco tiene que ver con la elección del presidente del FA. El compañero Astori dice (en ese mismo artículo de La Diaria) que “el gobierno y el FA han tenido una distancia "importante", algo que se verifica objetiva y cuantitativamente en algunas decisiones importantes”. Indudablemente que ha sido así. Recordemos, sin ir más lejos, cuando se trató la anulación de la ley de impunidad. Allí la fuerza política estuvo analizando durante meses la mejor forma de terminar con esa ley infame, y lo hizo en contacto con el gobierno, tanto, que uno de los proyectos base era el elaborado por la propia cancillería. La fuerza política elaboró y llegó a acuerdos resolviendo por unanimidad en varias instancias, pero cuando llegó el proyecto al Parlamento, el gobierno se alejó de la fuerza política nada menos que a través del presidente y del vicepresidente, que concurrieron allí a presionar a los legisladores frenteamplistas para que no votaran el proyecto, haciendo fracasar el mismo. Ahora bien, eso requerirá de análisis profundos, de discusiones y de acuerdos, pero no se va a resolver en mayo.
MÁS CANDIDATOS ¿MÁS VOTOS?
Astori dice que la competencia es más atractiva para contribuir a la mayor participación posible. Y no es el único que opina en ese sentido. Otro artículo de La Diaria señala que “el Comité Central del PS emitió una declaración en la que anuncia que es "necesario y deseable" que en las elecciones del 27 de mayo la ciudadanía frenteamplista pueda decidir la presidencia del FA entre más de un candidato o candidata, y resolvió promover un candidato del sector", y además informa que “El MPP seguirá "trabajando en la concreción de candidaturas múltiples que favorezcan la mayor amplitud y diversidad de las propuestas”.
Respetamos las opiniones de los compañeros, pero no hay ningún dato empírico que demuestre que cuanto más candidatos se presenten, la participación sea mayor, ni tampoco ha sido demasiado notorio que a más candidatos haya más amplitud o diversidad de propuestas. La experiencia demuestra exactamente lo contrario: a mayor cantidad de candidatos, menor participación del electorado frenteamplista.
Se equivocan quienes creen que la política se debe manejar con criterios de mercado, y que por tanto hay que ofrecer competencia para que se genere más demanda.“Puesto que en las internas el voto no es obligatorio, para que eso ocurra tiene que haber competencia real al interior de cada partido, de manera que la gente se sienta motivada a participar”, decía el politólogo Luis Eduardo González en abril de 2008. Y se equivocó de cabo a rabo. Recordemos que en 1999 hubo competencia en las internas del FA (competían Tabaré Vázquez y Danilo Astori), y el porcentaje de participación fue del 44%; en 2004 , cuando no hubo competencia interna, el porcentaje aumentó al 53%. Volvió a haber competencia en 2009 (esta vez con tres candidatos) y fue la interna con menos votantes desde que se realizan (el porcentaje estuvo en el entorno del 41%).
Hubiéramos preferido que los equivocados fuéramos nosotros, porque el error de ir a una competencia interna nos hundió todavía un poquito más, y como resultado no pudimos ganar en primera vuelta en octubre, tal como era nuestro objetivo.
Pero supongamos por un instante que la competencia y la multiplicidad de candidatos provocaran más participación, ¿eso sería bueno? ¿es eso lo que una fuerza de izquierda tiene que promover, la participación en política mediante el incentivo de la competencia de unos contra otros? ¿cuáles serían los avances en conciencia de la ciudadanía -que supuestamente toda fuerza de izquierda desea- si la participación estuviera supeditada a la competencia? ¿cuánto mejor sería que la participación se diera porque los frenteamplistas se sienten comprometidos con su fuerza política, porque se sienten reflejados en la fraternidad y en la búsqueda de acuerdos? La experiencia indica que el supuesto (más competencia = más participación) es falso; pero si fuera verdadero, en realidad sería indicativo de un gran retroceso.
En el 71, destacábamos que la existencia misma del Frente Amplio era posible“...por tener al pueblo como protagonista,...”. Para nosotros eso sigue siendo válido. Apostamos a la
formación de ciudadanía consciente y comprometida, y no a la generación de simples votantes. Porque en el fondo la discusión no es sobre formas, es ideológica: que tipo de sociedad queremos construir y que tipo de ciudadanía estamos generando con nuestra acción. ¿Queremos una ciudadanía comprometida y participando? ¿O solo queremos generar un ámbito en donde cada tanto tiempo los frenteamplistas concurran a las urnas para elegir candidatos?
El propio José Mujica lo planteó no hace mucho de esta forma: “¿Qué queremos, partido de opinión o fuerza que contenga militantes? El partido es el futuro; como yo lo concibo, es el pacto intergeneracional, es los que van a venir y van a recoger la bandera. Lo otro es la agencia de publicidad, es la consultora, son los asesores”. “¿Se precisan militantes o no? Eso es lo que hay
que definir. Yo sostengo que un partido históricamente no existe si no genera militancia, si no genera pasión, si no genera compromiso en cascada” (*).
APRENDER DE LOS ERRORES
Luego de aquellas internas de 2009, se escucharon explicaciones de todo tipo para la baja votación, y muy poca autocrítica. Desde el frío hasta el miedo a la gripe porcina, cuestiones que al parecer solo habrían afectado a los frenteamplistas. En su momento, dijimos que la baja votación se debió fundamentalmente a que los frenteamplistas no estaban motivados por una contienda que les era ajena. Ya habían manifestado en diciembre a quien querían de candidato, y por eso las mesas repartiendo listas brillaron por su ausencia en muchos lugares, y por eso no se conseguían delegados para cubrir los circuitos, y por eso se suspendieron actos, y tantas otras cosas. Porque hay algo que no debe olvidarse: cuando hay un candidato de consenso, los Comités de Base juegan un rol central en la campaña, mientras que si hay multiplicidad de candidaturas, los Comités quedan al margen. Y mientras en muchos lugares tuvimos dificultades para lograr que compañeros de diferentes sectores se pusieran a repartir listas todos juntos en una sola mesa, la burguesía festejaba el triunfo a la noche cantando: “los blancos unidos jamás serán vencidos”.
Nuestra interpretación fue que el grueso de los frenteamplistas estaba desconforme y defraudado por las candidaturas múltiples, puesto que eso era contrario a toda una tradición unitaria dentro del FA. Este hecho atravesó a todos los sectores sin distinción. La gran mayoría de los que no estaban conformes con la multiplicidad de candidaturas, o no estaban conformes con la decisión de su sector político, optaron por manifestar esa disconformidad de la manera más natural que tenían de hacerlo, con la abstención. Lisa y llanamente, ese frenteamplista, sectorizado o no, dijo: esto a mi no me interesa, no cuenten conmigo para esto. De ahí la baja votación del Frente Amplio y la caída de la mayoría de sus sectores respecto de la interna anterior.
Creemos que el consenso es posible, aquel que Seregni impulsaba, y que al decir de Soledad Platero “...suponía una voluntad de fraternidad y armonía que nacía de la convicción de estar buscando lo mejor para todos, aunque en ese camino debieran hacerse concesiones y renuncias” y seguiremos bregando por lograrlo. Porque en definitiva el mejor candidato sigue siendo el Frente Amplio.

(*) Semanario Brecha, 19/12/2008

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)

Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene). Nuestra sociedad se parece ca...