jueves, 25 de septiembre de 2008

NO TENEMOS DERECHO A EQUIVOCARNOS


Los análisis que tienen que ver con los pasos que el Frente Amplio debe dar de aquí en adelante, (lo que resta de gobierno, la elaboración del programa para el próximo período, los candidatos para las próximas elecciones, etc.) necesariamente deben hacerse desde una perspectiva más amplia y profunda, que integre la situación actual del capitalismo, las perspectivas mundiales y de la región y nuestra propia realidad.
Nuestro Partido ha venido planteando desde hace mucho tiempo –desde que la crisis asomaba en el horizonte- los problemas de la crisis capitalista y su incidencia en los países de la periferia. Hoy ya son muchos los analistas económicos y políticos que a nivel mundial sostienen que esta crisis vino para quedarse por un buen tiempo y que exhibe síntomas que la diferencian de crisis anteriores. Parecería ser que la actual no tiene las apariencias de esas crisis cíclicas que suele desatar el modo de producción capitalista y para las cuales el sistema ha encontrado formas más o menos rápidas de salida, y haciendo pagar los costos a los países menos desarrollados. Los analistas coinciden en que, aún en el caso de que se lograse evitar un desplome de características brutales, el mundo recorrerá un largo período de dificultades muy serias. Gracias a los adelantos tecnológicos y científicos del último medio siglo, el capitalismo es capaz de producir hoy en día mucho más bienes en menos tiempo y con menos trabajo humano (aumento de la producción y la productividad). Y eso, que podría servir para que el hombre mejore su calidad de vida, solo ha traído una alta concentración económica y consecuencias sociales terribles que no se van a solucionar por los mecanismos tradicionales. La crisis actual nos está señalando claramente que, para salir de esta fase decisiva que sacude al capitalismo, habrá que tomar medidas diferentes y drásticas, que vayan contra la esencia misma del sistema, antes de que el mundo se sumerja en la barbarie. Hablamos de medidas que tienen que ver con el control del capital financiero especulativo, de una redefinición del papel del Estado, de medidas concretas de redistribución y de un papel preponderante de la integración regional.
LA INVERSION EXTRANJERA
Las características salientes de este capitalismo en crisis son, por un lado la alta concentración del ingreso y de la propiedad, y por otro una gran especulación a nivel mundial. El gran capital huye de los países desarrollados escapando de los altos salarios y los controles, se refugia en la especulación financiera y se traslada a los países menos desarrollados en donde las exigencias y las regulaciones son menores o inexistentes y en donde los salarios son más bajos. Y desde luego, esas inversiones tienen una gran incidencia en el crecimiento y hacen que las cifras macroeconómicas luzcan brillantes. Eso es lo que ha sucedido con las “maquilas” en México, por ejemplo, en donde se crearon miles y miles de puestos de trabajo con salarios miserables, y luego estos capitales huyeron hacia China, en donde los salarios son más bajos. Un ejemplo tal vez más apabullante sea el de Adidas, que desde China ahora se iría a la India en busca de salarios aún más bajos. Pero estos fenómenos no sólo están provocando desastres en los países en donde se instalan, sino que por añadidura llevan la crisis a los países de origen, dado que generan desocupación y un aumento de las desigualdades. Sin ir más lejos, en Alemania se supo recientemente, por documentos oficiales, que ha venido aumentado la riqueza, en forma simultanea a un aumento de la pobreza. En la Alemania de hoy día el 13 por ciento de la población está bajo el nivel de pobreza, y otro 13 por ciento no cae en la pobreza porque cobra un subsidio del Estado. El traslado del capital productivo desde los países desarrollados (junto a otras causas) produce allí un desempleo estructural y una caída de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Y ya no producen en los países subdesarrollados en donde se instalan, beneficios sociales o aumento de salarios ni mejoras en el nivel de vida de la gente, aunque si inflan las cifras “macro”. Es lo que señala muy claramente Carlos Gabetta: “…los países subdesarrollados que hoy se benefician con el arribo de inversiones y empresas y el aumento del precio de sus materias primas, no deben confiar demasiado en que la situación vaya a prolongarse y mucho menos en que este ciclo vaya a concluir en su propio desarrollo durable” (*).
LO QUE SE VIENE
Seguramente en pocos años más ya no habrá un lugar del planeta en donde ir a buscar salarios más bajos, y la lucha entre la tasa de ganancia del capitalista y el precio del trabajo será a escala planetaria y permanente. El pasaje que se viene dando desde una economía productiva a una esencialmente especulativa nos ha sumergido en un profundo deterioro social e institucional que no hace otra cosa que favorecer a los capitales más concentrados. Por lo tanto, de lo que se trata es de modificar radicalmente las relaciones de producción capitalistas, de generar formas de distribución del ingreso y de reducir las desigualdades. Los comunistas venimos planteando en ese sentido fundamentalmente tres cuestiones centrales: 1) un papel preponderante del Estado como agente del desarrollo; regulando y controlando, pero también participando directamente en la producción; 2) un impulso vigoroso al mercado interno, en contraposición a la apuesta a la inversión extranjera directa; y 3) un énfasis en el fortalecimiento de la integración regional (MERCOSUR, UNASUR, ALBA). Y para ello las condiciones son reales e inmejorables. Para nuestra América Latina es vital, hoy por hoy, frenar la lógica de explotación del sistema, mientras se resuelven los problemas del desarrollo y el enorme atraso social. Pero se hace absolutamente necesario para que eso sea posible, una orientación económica, política y social que sea radicalmente diferente al rumbo que el capitalismo le imprimió a la región en los años de plomo y en los años del neoliberalismo rampante. Y radicalmente diferente del rumbo actual de catástrofe del capitalismo mundial. Esto pasa naturalmente por superar las dificultades que los gobiernos progresistas de la región enfrentan para llevar a cabo una verdadera integración. América Latina tiene recursos materiales y humanos, culturales y políticos inmejorables para afrontar esta peculiar circunstancia histórica de crisis mundial. En ese sentido, todo lo que nuestro Frente Amplio haga hacia un futuro gobierno, deberá tener en cuenta esas cuestiones. En lo programático no es posible dejar de lado un papel central del Estado, la limitación del mercado como árbitro, hay que hincarle el diente a la propiedad social sobre los bienes comunes como la tierra, el agua y la energía, y también sobre la educación, la salud, la cultura, y fundamentalmente no es posible dejar de lado una distribución real de la riqueza generada por la gente que nos lleve en los plazos más breves a una mayor igualdad. La decisión sobre cual es el candidato apropiado para llevar adelante ese programa, tampoco es ajena a estas cuestiones.


(*) Carlos Gabetta/el Dipló/setiembre 2008

jueves, 18 de septiembre de 2008

FORMULAS CANTADAS (2ª Parte)



FORMULAS CANTADAS (2ª parte)

En nuestra nota de la semana pasada analizábamos un artículo del compañero Rafael Michelini acerca de lo que el considera una “fórmula cantada”, y decíamos que una afirmación del compañero –la de que el FA necesita captar los votos del centro para ganar en primera vuelta- merecía un análisis más detenido. No pretendemos agotar ese análisis en esta nota, pero si tirar sobre la mesa algunos elementos a tener en cuenta en la discusión.
Cuando se hace un programa que sea potable para los votantes del centro, y se presenta a las elecciones una fórmula que sea atractiva para los votantes del centro, irremediablemente el resultado será un gobierno de centro (en caso de ganar las elecciones con una propuesta de ese tipo, cosa por demás dudosa). El propio Michelini lo sabe, ya que gracias a cuestiones como estas hoy estamos juntando firmas (él mismo lo está haciendo) para anular la ley de impunidad. Ese tema podría haber sido resuelto de manera muy diferente si compañeros de nuestra fuerza política no hubieran propuesto en el Congreso previo a las elecciones de 2004 la necesidad de no plantear la derogación de la ley (no se hablaba en ese momento de anulación) ya que eso nos podía hacer perder las elecciones (en definitiva, captar votos del centro). Se rebajó el programa para obtener votos del centro. Un programa de izquierda hubiera sido realmente claro y transparente en ese sentido, y hubiera planteado la derogación de la ley. Pero como vemos, rebajar el programa significó dejar de lado una reivindicación histórica de las fuerzas de izquierda. Y si la izquierda llega al gobierno para no llevar a cabo sus reivindicaciones históricas entonces no queda claro para qué lo hace, y eso es también un flanco débil ante la opinión pública. Y lo mismo sucede –quiérase o no- con los candidatos. Rafael Michelini dice en su artículo que la fórmula (Astori-Mujica) “…aumenta la capacidad de penetración de la propuesta electoral frenteamplista hacia el centro, en aquellos electores tradicionalmente más esquivos y renuentes. Y para ganar en primera vuelta, resulta imprescindible inclinar el apoyo de esos ciudadanos sin afiliación ni pertenencia política, que definen su voto en cada elección según el grado de confianza que les despierta el candidato. Son los electores que se ubican al centro del espectro político, son muchas decenas de miles y definen, nos guste o no, las elecciones nacionales”. Creemos que si, que eso es indudablemente así. Pero hay que ser conscientes de lo que significa tratar de ganar por cualquier medio algunos miles de esos votantes (es obvio que no se los puede conquistar a todos). Uno puede entender que el candidato que diga que vamos a traer inversión extranjera directa porque esa es la forma de generar puestos de trabajo y mejorar el nivel de vida de la gente pueda ser más atractivo para ese sector del electorado que otro que plantee un mayor peso del Estado y un énfasis superior en el mercado interno. Pero tengamos claro que el candidato que gane llevará adelante la propuesta que dijo y no otra. Tal vez un candidato que proponga acuerdos comerciales tipo TLC con los Estados Unidos sea más atractivo para esos votantes de centro, en contraposición con el candidato que sostenga que está bien comerciar con quien sea pero sin las ataduras de un acuerdo y menos con el imperialismo. Pero con esos planteos suceden dos cosas: por un lado, que cuando se llega al gobierno luego hay que aplicar lo que se dijo, y por otro lado, que mientras se rebaja el discurso para ganar votos por el centro se van perdiendo por la izquierda. Y eso nos lleva de la mano a analizar lo que ha sucedido con nuestro gobierno.
¿POR DONDE PERDIMOS VOTOS?
El Frente Amplio ganó las elecciones con más del 50% del electorado en octubre de 2004. Hoy las encuestas (esas que tanto gustan de esgrimir algunos compañeros) indican que la oposición suma un 43% contra el 42% del FA, que del 50% de las elecciones pasadas hoy baja 8 puntos porcentuales. Por cierto, este tipo de encuestas maneja en sus cuestionarios la fórmula tan exitosa y arrolladora para algunos compañeros. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ese 8% del electorado que perdimos por el camino, ¿es un electorado del centro? ¿lo perdimos porque hicimos un gobierno tan de izquierda que no pudo satisfacer a aquel electorado del centro que habíamos captado en el 2004? ¿no cabe la posibilidad de que sea exactamente al revés? ¿que por hacer un gobierno demasiado hacia el centro hayamos perdido los votos de izquierda? Cuando días pasados el compañero Baráibar de Asamblea Uruguay en una entrevista dice que “Hoy tendría que haber centenares de militantes que salgan a convencer a la gente en los barrios sobre la gestión del gobierno”. Y se queja de que eso no se está haciendo: “Vamos a los comités de base, a las coordinadoras, al plenario, a la mesa política, y es una larga lista de cuestionamientos, de observaciones o de desconfianza con relación a la gestión de gobierno”, ¿se está refiriendo al descontento de votantes de centro? ¿o más bien está señalando una cruda realidad: el descontento de muchos votantes de izquierda con algunos de los rumbos tomados por el gobierno, muchos de los cuales directamente abandonaron el FA y otros se fueron para sus casas? Si no analizamos correctamente estas cosas, corremos el riesgo de equivocarnos feo, y si nos equivocamos el resultado será perder las elecciones, cosa que nadie en el FA quiere.
Lo reiteramos, para nosotros lo primero es el programa. Pero fundamentalmente un programa que profundice los cambios, no un programa cuyo objetivo sea captar votos. Baráibar lo planteaba de esta manera: “Puede haber un candidato “X” que interprete muy adecuadamente determinado programa, pero que después resulta derrotado en las elecciones de 2009, y el programa que se aplica en las elecciones de 2010 a 2015 no es el programa más a la izquierda que se pretendía, sino que es el programa restaurador de la coalición blanquicolorada”. La conclusión parecería ser: rebajemos el programa para que quienes ganemos las elecciones seamos nosotros…aunque después tengamos que aplicar un programa que no es el nuestro. No hay que olvidar que el objetivo principal de una campaña política es el de determinar cómo un candidato, o un partido político, responderán mejor a las necesidades y expectativas de los potenciales votantes para lograr, primero, su adhesión; segundo, su voto el día de las elecciones y, tercero, su apoyo durante el desempeño del cargo que haya ganado mediante ellas. Es decir, no se puede hacer un planteo de centro y después hacer un gobierno de izquierda porque no se lograría el tercer objetivo. Tal vez esa pueda ser la opción para algunos compañeros frenteamplistas. No nos engañamos al respecto, y somos conscientes de que el Frente Amplio es un conglomerado de capas sociales diferentes y sectores con propuestas políticas que abarcan un espectro muy variado de objetivos. Algunas de esas propuestas sin duda que son de centro. Pero de lo que tampoco tenemos dudas es que la más amplia mayoría de nuestro Frente Amplio está decidido a girar hacia la izquierda en su propuesta de gobierno para 2010, y eso se da de bruces contra la intención de ganar votos del centro por la vía de fórmulas potables y programas light.

jueves, 11 de septiembre de 2008

FORMULAS CANTADAS


El compañero Rafael Michelini tiene razón; en los próximos 90 días, los frenteamplistas tendremos que elaborar y construir nuestros acuerdos y decisiones, para que tanto el Plenario Nacional del 6 de diciembre próximo, como el Congreso fijado para los días 12 y 13, sean una verdadera fiesta de unidad y entusiasmo militante. Son instancias decisivas para determinar los contenidos de nuestro programa y los candidatos que integrarán la fórmula electoral del Frente Amplio en octubre de 2009 para llevar adelante ese programa. Hasta aquí estamos de acuerdo con lo escrito por Rafael en la contratapa de La República del sábado pasado.
Pero luego, el compañero se hace una serie de preguntas: “¿Tendremos la visión y la claridad de objetivos necesaria? ¿Existirá hoy la capacidad de liderazgo para construir un consenso estratégico que nos conduzca a una nueva victoria electoral? ¿El Partido Socialista, la Alianza, la Vertiente, el Partido Comunista y el Nuevo Espacio estaremos a la altura de las circunstancias para facilitar los acuerdos? ¿Los compañeros "Pepe" Mujica y Danilo Astori son concientes de toda la responsabilidad que tienen sobre sus hombros?”
Como vemos, ya desde las propias preguntas Michelini establece dos papeles diferentes: por un lado, al PS, a la AP, a la VA, al PC y al NE les correspondería facilitar los acuerdos, mientras que a los compañeros “Pepe” Mujica y Danilo Astori les adjudica otra responsabilidad. Es decir: Astori y Mujica son los candidatos “cantados”, y los demás grupos políticos tienen el papel de facilitar que esa fórmula se concrete.
Por otro lado, Michelini hace otra afirmación con la que volvemos a coincidir. El compañero dice que, de no alcanzar un consenso, el candidato se deberá resolver en las elecciones internas de junio de 2009, y que ese es un camino poco indicado. “Una competencia interna abre las puertas a distanciamientos, diferencias, enojos, heridas, pérdida de energías y entusiasmo militante, que perfectamente podríamos ahorrarnos” -dice Rafael-, y estamos de acuerdo. Y luego agrega que “El Frente Amplio es una construcción política basada en el consenso, que determina un gran respeto por las minorías, sin el cual no es posible entender una organización de tal magnitud. El consenso da garantías a todos. Las dio en 1971 y las brinda en 2008” y luego se pregunta: “pero ¿es posible definir nuestros candidatos por consenso?”
La conclusión a la que llega Michelini es que debería ser fácil llegar al consenso, si partimos del mismo diagnóstico y tenemos el mismo objetivo: ganar en primera vuelta con más del 50%. Y luego agrega otro elemento por el cual deberíamos alcanzar rápidamente el consenso: “Pero si además sabemos que hay dos candidatos cantados, que junto a nuestro Presidente son los dirigentes más destacados por la opinión pública de nuestro país, y que juntos, los dos, representan el poder de convocatoria electoral capaz de conseguir el objetivo principal, entonces, ese consenso debería construirse con total decisión”.
Por cierto, para el compañero Michelini los candidatos “cantados” son Astori y Mujica (en ese orden) y más adelante da sus razones para apoyar la fórmula: 1) simboliza la unidad; 2) convoca como ninguna otra; 3) mantiene los equilibrios internos; 4) asegura gobernabilidad, y 5) es la que mejor expresa la popularidad del gobierno.
VAMOS POR PARTES
1) Construir un consenso estratégico que nos conduzca a una nueva victoria electoral es una responsabilidad de todos. También de Asamblea Uruguay y del Movimiento de Participación Popular.
2) El Frente Amplio es una construcción política basada en el consenso y en el respeto de las minorías. Sin embargo, eso ni por asomo significa hacer lo que las minorías desean, sino por el contrario, que las minorías se avengan a los planteos de las mayorías como forma de permitir avanzar. Y en este caso concreto (el de las candidaturas) es por lo menos temerario afirmar que esa fórmula sea la que apoya la mayoría de los sectores del Frente Amplio. Por lo que se puede ver, hay un solo sector que ha adoptado una actitud militante a favor de dicha fórmula, y es precisamente el Nuevo Espacio.
3) Decir que hay candidatos cantados, no tiene demasiado rigor político. Se lo presenta como una especie de axioma, como algo que no tiene que ser demostrado. Habría que analizar al menos de donde surge la fórmula (quienes la “cantaron”). Hasta donde sabemos, nadie ha hecho un planteo concreto en los organismos del FA proponiendo esa fórmula, y muy por el contrario, la misma surge de la prensa y se ha mantenido en el tapete gracias a ella.
4) Cualquier fórmula a la que llegue el FA en sus instancias orgánicas será el “símbolo de la unidad” y no solo la que hasta ahora ha manejado la prensa y algunos compañeros. La unidad y sus símbolos siempre los hemos construido dentro del FA, y no es bueno que permitamos que se nos impongan desde afuera.
5) Decir que esa fórmula convoca como “ninguna otra”, puede ser verdadero o falso. Para saberlo, habrá que confrontar esa con otras que puedan surgir y analizar los criterios con los que vamos a medir el poder de convocatoria. Hasta ahora, la prensa no ha manejado otras, y por lo tanto la afirmación no tiene forma de ser comprobada.
6) No queda muy claro cuál es la razón por la que esa fórmula garantiza la gobernabilidad, definida por Michelini como “el trabajo unitario de todos los sectores, sin que nadie se sienta ajeno, ignorado o desplazado, en la conducción y en el ejercicio de la gestión”.
7) El compañero dice que “Tabaré Vázquez registra la mayor aprobación de opinión pública conocida en nuestro país, para un presidente de la República en su cuarto año de mandato”. Y luego agrega que “el reconocimiento a su gestión ronda el 60%, un guarismo superior al porcentaje de ciudadanos que votaron por él, en octubre de 2004”. Está bien, esos son hechos, pero… ¿como llega Michelini a la conclusión de que “la fórmula Astori - Mujica es la que mejor expresa esa aprobación y ese sentimiento”? Si eso fuera así, la fórmula concitaría la adhesión del 60%, y sin embargo, las últimas encuestas le dan poco más del 40. Salvo que lo que Michelini quiera decir es que Tabaré es tan popular gracias a la gestión de los compañeros Astori y Mujica, lo cual sería por lo menos discutible. Creemos que los hechos que hacen popular a nuestro gobierno y a Tabaré son aquellos que fundamentalmente han favorecido a las capas más necesitadas de nuestra población (plan de emergencia y equidad, reforma de la salud, consejos de salarios, etc.) y que la gente no identifica precisamente al compañero Astori con estas reformas sino con la más controvertida: la reforma tributaria.
Otra afirmación de Michelini –la de que el FA necesita captar los votos del centro para ganar en primera vuelta- merece un análisis más detenido que excede este espacio. Tal vez lo hagamos en la próxima.

jueves, 4 de septiembre de 2008

LA IMPUNIDAD SIGUE EN EL TAPETE


En los últimos días, y por variadas circunstancias, el tema de la anulación de la ley de caducidad ha estado en el tapete. Recordemos que estuvo sesionando en nuestro país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH) y que la misma instó al Estado uruguayo a que investigue la desaparición de María Claudia García, nuera del escritor argentino Juan Gelman, ocurrida durante la dictadura. La decisión de la CIDH, responde a una petición presentada por Gelman y su nieta y fue notificada formalmente a nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores. La resolución fija un plazo de dos meses para que el Estado uruguayo cumpla con las recomendaciones del organismo de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y si ello no ocurre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos puede imponer una condena al Estado uruguayo que puede llegar hasta la expulsión de la OEA. Recordemos que en 1992 la CIDH ya había realizado un pronunciamiento en contra de la ley votada en 1986 que amnistió a los responsables de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura en Uruguay (1972-1985), pero la norma se ha mantenido vigente hasta hoy.
Por otro lado, se han producido algunos hechos muy notorios, como la firma de la papeleta por la anulación de la ley por parte de un connotado dirigente de nuestra fuerza política como lo es sin duda el Pepe Mujica, hecho que se dio con afirmaciones suyas que generaron polémica. Asimismo hemos asistido a declaraciones públicas del ministro José Bayardi, del vicepresidente Nin Novoa y del propio Jorge Brovetto que motivaron duras reacciones de parte de las bases de Montevideo en la Mesa Política Nacional.
Creemos que es bueno que este tema se discuta y que se lo haga a la luz pública, porque no se trata de un tema interno del Frente Amplio sino de un problema de Estado, de un problema nacional, y hasta si se quiere, por su relevancia, de un problema internacional.
NUESTRA IMAGEN INTERNACIONAL
Como sabemos, en el informe 29/92 (hace ya 16 años), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) declaró que la ley de caducidad es incompatible con el artículo XVIII (derecho de justicia) de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, y los artículos 1, 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Sin embargo, los sucesivos períodos de gobierno hasta ahora se ha mantenido vigente la ley. Por cierto, no podíamos esperar otra cosa de los gobiernos blancos y colorados que nos precedieron con sus mayorías parlamentarias. Ellos fueron los gestores de la impunidad y los encargados de evitar de cualquier manera que hubiera un mínimo de verdad y de justicia. Pero la pregunta es: ¿qué podía esperar el ciudadano uruguayo común y corriente de un gobierno del Frente Amplio? Un ciudadano común, basado en los antecedentes de la izquierda uruguaya, no dudaría en afirmar que, de llegar el Frente Amplio al gobierno, eliminaría de un saque la ley de impunidad. Porque desde el mismo momento en que la ley fue creada, la izquierda uruguaya luchó por su eliminación. Y porque durante todos estos años no ha cejado en su reclamo de verdad y justicia. Reclamo que justamente impide cumplir esa ley. Porque ese mismo sentido tienen las marchas del 20 de mayo que año a año vienen sumando más y más apoyo popular. Pero si ese ciudadano además está bien informado, y conoce el Programa del Frente Amplio, no dudará ni un instante que la suerte de la ley está echada. Bastaría con que hubiese leído el párrafo del Programa que dice: “El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país”. La única forma de adecuar la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país, en materia de derechos humanos, es anulando la ley de impunidad. No hay otra forma de hacerlo. El derecho internacional se ha desarrollado mucho desde aquel informe de la CIDH de 1992, y ahora es aun más claro que la ley de caducidad es incompatible con los principios internacionales a los que ha adherido Uruguay como país soberano. Recordemos lo que decía el año pasado Paolo Carozza, el encargado de supervisar los casos de Uruguay en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: “Hay casos en los que se ha establecido la violación, y en otros se deberá investigar. Pero si hay una ley que prohíbe o pone obstáculos graves para la investigación y derivación de los hechos, hay que adoptar medidas. En ese sentido, la Corte Interamericana afirmó muy claramente que cualquier obstáculo de derecho interno debe ser eliminado”.
VERDUGOS
Para el compañero Mujica, "No es posible para muchos ni olvido ni perdón, pero menos cabe cultivar la imagen de verdugos sobre quienes nos 'verduguearon' hace más de 30 años", y por ello propone que, a quienes "asuman las responsabilidades jurídicas y morales que les correspondan, sus eventuales penalidades carcelarias les deberían ser conmutadas". No lo compartimos. Un verdugo (para Wikipedia) es la persona encargada de llevar a cabo la ejecución de un reo condenado a la pena de muerte o penas corporales por la justicia civil o eclesiástica. Y ese no es el papel que asumiría ni el gobierno ni el pueblo anulando la ley de impunidad. Lo que permite la anulación de la ley es un abanico de cosas. Entre otras, cumplir con los tratados internacionales. Pero también cumplir con la Constitución, y por añadidura cumplir con un compromiso moral de la ciudadanía de nuestro país al eliminar de su ordenamiento jurídico una ley inmoral. Pero fundamentalmente, lo que significa anular la ley de impunidad es abrir un ancho cauce a la justicia. De ninguna manera se trata de “veduguear”.
En cuanto a lo manifestado por el ministro Bayardi, respetamos su posición, pero realmente no la comprendemos y nos preocupa. Bayardi reconoce que “La fuerza política del Frente Amplio ha definido una posición en su plenario nacional” (la posición es del Congreso, y lo que hizo el Plenario fue instrumentarla, aclaremos), pero agrega que “como miembro del Poder Ejecutivo- voy a seguir defendiendo los criterios que el Poder Ejecutivo ha mantenido que es el de mantener la Ley de Caducidad durante este período de gobierno”. Lo que esta forma de razonar trasunta, al parecer, es que cuando un militante político del Frente Amplio pasa a integrar el Poder Ejecutivo ya no responde más a la fuerza política que lo puso en ese lugar. Pero además parece ignorar que esta es una decisión que de ninguna manera corresponde al Poder Ejecutivo. Quien elabora las leyes, las anula, las deroga, las vota, en nuestro ordenamiento jurídico es el Parlamento y no el Poder Ejecutivo. Por lo tanto, las posiciones que pueda haber en cuanto a anular o no la ley de impunidad en el Poder Ejecutivo son posiciones personales –muy respetables todas ellas- pero nunca pueden ser una posición del Poder Ejecutivo como tal. Cuando se es partidario de sacar la ley de caducidad de nuestro ordenamiento jurídico (como dice serlo el compañero Bayardi), lo que hay que hacer es trabajar en ese sentido. Y con más razón cuando se pertenece a una fuerza política que ha decidido hacerlo y lo ha hecho en sus instancias democráticas superiores.

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)

La aseveración de Sendic: “si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda” , es falsa (como tanta cos...