jueves, 23 de agosto de 2018

MEDIA CLASE


El último estudio del PNUD sobre nuestro país, denominado “Progreso multidimensional en Uruguay: dinámica del bienestar de las clases sociales en los últimos años”, elaborado por los economistas Martín Leites y Gonzalo Salas, indica que entre 2004 y 2017 la pobreza pasó de 60% a 21%.
También da cuenta de que la clase media se incrementó de 10% a 39%, lo que se debería al gran crecimiento en los ingresos de los hogares con una distribución progresiva.
Para el estudio en cuestión, los hogares según su clase social se dividen de la siguiente manera:

- 21,3% dentro de la línea de pobreza

- 39,4% en sectores de vulnerabilidad

- 38,6% para la clase media consolidada y

- 0,7% para la clase alta.

Para los encargados del estudio, nuestro país se encuentra en un lugar destacado comparado con la región. Para el economista Leites, “Uruguay ha tenido los procesos de movilidad ascendente más importantes de América Latina”.

Visto así, uno se siente tentado a comenzar con hurras y vítores a quienes gobiernan este bendito país desde el año 2005 hasta ahora, artífices de tan impresionantes logros.
Pero conviene adentrarse un poco más en el fondo del asunto.

Los lectores deben saber, para acompañarme en el razonamiento, que los susodichos economistas utilizan para llegar a esas conclusiones los parámetros que les dicta el Banco Mundial. Faltaba más. Y ¿cuáles son esos parámetros?

Para el BM las personas con un ingreso per cápita al día inferior a US$ 4 son "pobres", las que tienen ingresos diarios per cápita entre US$ 4 y US$ 10 son consideradas "vulnerables".
Para integrar la "clase media" el BM estima que se necesitan ingresos de entre US$ 10 y US$ 50 y los que superan ese umbral son considerados de "clase alta".

Para que quede claro al lector, pasemos esos dólares a pesos (considerando un dólar a $30 para el cálculo). De esa manera tenemos que si usted gana:

- menos de $120 diarios, usted es pobre (si no fuera por el BM usted no se daba cuenta, agradezca)

- entre $120 y $300 diarios, ya salió de la pobreza (aunque es vulnerable)

- entre $300 y $1500, usted ya es clase media consolidada; está salvado

- de ahí en más, si usted ganara digamos que $1550 diarios (unos $46 mil mensuales), ya está en la clase alta; olvídese de los problemas.

De manera que ese 21,3% de familias pobres (familias de 2 personas mayores con dos niños), son compatriotas que sobreviven con menos $240 diarios, o lo que es lo mismo, con menos de $7.200 en el hogar. ¿Se hace usted una idea de lo que es vivir con ese dinero en una familia? ¿verdad que ya no le dan tantas ganas de aplaudir?

Pero además, digamos que el 39,4% de las familias que ya no son pobres, viven (sobreviven) con un ingreso de entre $240 y $600 diarios ($12.600 en promedio mensualmente). Imagine usted como hace una familia con dos hijos si a ese hogar ingresan $12.600 mensuales, lo que no les alcanza ni para pagar un alquiler. Para el BM, para el PNUD, pero lo que es peor, para estos economistas que son uruguayos y que viven acá en este país, una familia que tiene un ingreso de ese monto ya no es pobre. Eso es lo que dice el informe.

Tenemos entonces que el 21,3% sobrevive con menos de $7 mil mensuales, y otro 39,4% que sobrevive con un ingreso promedio de $12.600 mensuales, lo que implica que más del 60% de las familias uruguayas están en una situación de catástrofe. ¿Verdad que se le fueron totalmente las ganas de aplaudir?

Finalmente llegamos al sector de la “clase media consolidada”. Cuando uno lee “clase media consolidada” (al menos a mí me pasó), piensa en una familia con sus problemas relativamente resueltos: un buen trabajo, una vivienda digna, puede alimentar, vestir y educar a sus hijos, tal vez contar con dinero para esparcimiento etc.
Pero de acuerdo a los parámetros del BM que vimos más arriba, una familia “clase media consolidada” es aquella que tiene un ingreso en el hogar de entre $18 mil y $45 mil.

¿Se imagina usted y su pareja manteniendo una familia con dos hijos en edad escolar, con un ingreso de $18 mil?
No, seguramente que no, pero el BM, el PNUD, y nuestros queridos economistas sí. No solo que se lo imaginan sino que lo proclaman con boato en estos informes. ¿No está tentado de darles a estos economistas $9 mil a cada uno e invitarlos a que vivan mensualmente con ese ingreso y mantengan a sus hijos?

Es a todas luces evidente que los parámetros que utiliza el BM no sirven para absolutamente nada. ¿Por qué se los utiliza? No lo se. Creo yo que porque si no se les utiliza nunca se llegaría a hacer un informe para el PNUD, y eso contará en el currículum, vaya uno a saber, otra cosa no se me ocurre. Porque cualquiera con medio dedo de frente puede darse cuenta que esos números no dicen absolutamente nada de la realidad. Es como ver la realidad a través de un vidrio empañado, sucio, embarrado.

Yo no soy ni economista ni sociólogo. Apenas carpintero; eso sí, con cartoncito. Pero se me ocurre que si lo que se quiere medir es el “progreso multidimensional”, o “la dinámica del bienestar de las clases sociales” como dice pomposamente el título del informe, el parámetro más ajustado sería el de la “Canasta básica familiar”, esa que hoy -si no me equivoco- ronda los $76.700.
Y si tomamos ese parámetro, concluiríamos que cerca del 90% de los hogares uruguayos no llegan a cubrir con sus ingresos la canasta básica familiar.
¿Verdad que nadie publicaría un informe con esa conclusión?

MIS CONCLUSIONES

1) CERCA DEL 90% DE LOS HOGARES URUGUAYOS NO LLEGAN A CUBRIR CON SUS INGRESOS LA CANASTA BÁSICA FAMILIAR

2) QUE MAL ESTAMOS DESTINANDO LOS RECURSOS DE LA EDUCACIÓN SI ES PARA FORMAR ESTOS ECONOMISTAS

3) EL INFORME DEL PNUD, TIENE DOS UTILIDADES SEGÚN SEA EN PAPEL O EN FORMATO ELECTRÓNICO:

a) en formato electrónico solo ocupa memoria en su equipo, elimínelo
b) en formato papel: guárdelo, nunca se sabe cuando se puede quedar sin papel higiénico.



miércoles, 8 de agosto de 2018

RECIÉN EMPIEZA


Tres de cada 10 colombianos toman la justicia por mano propia vengándose de su agresor antes de denunciar. Esa es la principal conclusión de una reciente investigación de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre. La “ley del talión” es ya una cuestión del día a día en ese país; solo en Bogotá el 64% de las personas justifican el uso de la violencia en defensa propia, y se registra un muerto por estos hechos cada tres días; entre 2014 y 2017 cerca de 300 personas fallecieron por linchamiento.
En septiembre de 2016 Clarín daba cuenta de que se registraba un hecho de esa naturaleza por semana en Argentina. 
Y desde luego, nosotros no somos una isla, y las luces amarillas hace rato se encendieron. 
Es preciso decirlo con todas las letras: La justicia por mano propia es inadmisible; significa un retroceso de siglos para la vida en sociedad, aceptar la ley de la selva, y remplazar la justicia por la revancha y la venganza.
El ojo por ojo, siglos atrás, era la forma de hacer justicia. Hoy en día, es el método que aplican las mafias y los narcotraficantes; jamás puede ser el método de la gente común y corriente.
Lo que estamos viendo aquí y en todos lados es también un muy fuerte llamado de atención. Estas conductas irracionales -que por otra parte son también delictivas- suelen crecer al amparo de un Estado que no da las respuestas adecuadas al crecimiento de la inseguridad, sea esta real o amplificada por los medios, que también juegan su cuota parte. Son muchos los derechos vulnerados cuando los vecinos toman en sus manos la justicia; derechos que debiera garantizar el Estado; sin embargo, éste falla tremendamente en dicho propósito y la sociedad, como cualquier ser viviente, al sentirse indefensa reacciona, la mayoría de las veces de manera violenta. Lo decía Voltaire: “Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más tarde o más temprano”.
Si a la ineficacia del Estado para proteger a sus ciudadanos, le agregamos una violencia cada día más instalada, en donde nadie es capaz de pensar por un momento antes de actuar de acuerdo a los pulsos de la sangre, tenemos un cóctel realmente explosivo y una situación pronta a escaparse de las manos.
Por cierto, no se puede responsabilizar exclusivamente a este gobierno de la situación a la que estamos llegando. No en vano pasaron once años de dictadura, veinte de neoliberalismo puro y duro (los del sálvese quien pueda) y trece de progresismo sin ideas (la falta de ideas es tan grande como la incapacidad para aplicar las pocas que se tienen), todos ellos atravesados por un par de denominadores comunes: el profundo deterioro de la educación y la impunidad. Pero es a quienes gobiernan hoy a quienes corresponde empezar a revertir el estado de cosas antes de que la marea nos tape.
Lo dijo Hoenir Sarthou hace un mes atrás en un artículo sobre este mismo tema: “el problema al que me refiero no ha hecho más que empezar”, y así parece ser.

José Luis Perera

UPM2 EL FIN A LA INCERTIDUMBRE (QUE NUNCA FUE)

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