miércoles, 14 de septiembre de 2016

ERAMOS TAN PUROS (Publicado esta semana en VOCES)


Para calibrar en su justa dimensión el descontrol en la administración de los dineros públicos hay que agregar hechos que rodearon la gestión de los gobiernos progresistas todos.

Solo por nombrar algunos: corrupción en casinos y procesamiento de Bengoa; cierre de PLUNA con su parodia de remate, procesamiento de Campiani (inversor traído por Danilo Astori para salvar la empresa) así como de Calloia y Lorenzo; manejo a nivel de boliche de los dineros de ANCAP y sus colaterales, que culminó con una pérdida millonaria en dólares que tuvimos que cubrir todos los uruguayos; empresas fundidas (FRIPUR) que dejan clavos al Estado para que luego el mismo Estado le compre energía a otra empresa de los “fundidos”.

Es admisible -sería necio no admitirlo- los errores en la gestión; nadie está libre de cometerlos. Lo que no es admisible -al menos no forma parte de la cultura de izquierda- es la falta absoluta de autocrítica, la negación patética de los hechos y hasta el encubrimiento patotero y mafioso de los responsables, cuando no el juego del gran bonete negando las culpas propias y adjudicándoselas a sus propios correligionarios.

Pero la desprolijidad no tiene que ver solo con lo económico, sino que también es política y ética. Un Frente Amplio que hace su campaña electoral diciendo que todo está bien, y cuando llega al gobierno “se entera” que Mujica dejó de regalo el peor déficit fiscal desde la crisis del 2002; una medida loable, como la participación en la liberación de los presos de Guantánamo que luego nos enteramos que fue para venderle naranjas a los EEUU; un vicepresidente que miente descaradamente acerca de un título que no posee mientras el presidente le da su respaldo y el plenario de su fuerza política lo aplaude de pie; una ministra de educación que destrata a los educadores y los menosprecia; un ex ministro de defensa que destrataba e insultaba a los defensores de los derechos humanos; una diputada socialista que se refiere al presidente de su fuerza política con un “Viejo de mierda te vamos a romper el culo te guste o no”, un ministro del interior que en lugar de investigar a los barrabravas protege a su esposa implicada y amenaza con investigar a periodistas que ponen el tema en la opinión pública, etc. Hoy nos enteramos que El ingeniero químico Alejandro Nario, director de DINAMA, será denunciado la próxima semana en Crimen Organizado por presuntos delitos de “conjunción del interés público con el privado” y “uso de información privilegiada”.

LA CENTRAL Y LA OPOSICIÓN

En cuanto al rol de la central obrera y de la oposición, sin duda ocurren dos fenómenos; por un lado, los dirigentes de la central han dejado de lado su independencia de clase y han llamado abiertamente a votar a estos gobiernos. No solo eso, sino que la enorme mayoría de sus dirigentes son también dirigentes o activos militantes de los partidos que integran los gobiernos del FA. Eso sin duda limita su capacidad crítica y la toma de posiciones condenatorias de los hechos de despilfarro y mala administración de sus propios compañeros. Por si fuera poco, la corrupción y los demás fenómenos que afectan al sistema político han salpicado también al movimiento sindical (recordar al dirigente de la salud Alfredo Silva y la corrupción en ASSE, el sonado caso del plan de viviendas sindicales, etc.).

La oposición obviamente tiene cola de paja, y no solo por hechos del pasado. El ensordecedor silencio de los partidos de oposición ante el escándalo de la falta de aportes en la secretaría de Asamblea Uruguay, nada menos que el grupo que lidera el ministro de economía, ameritaría sin más trámite un llamado a sala o una interpelación, algo a lo que son tan afectos. Ese llamativo silencio ameritaría una profunda investigación del BPS.

La devaluación del sistema democrático en el imaginario colectivo, tiene que ver mucho con estas cosas. Sin duda desprolijidades, corrupción y mal manejo de los dineros públicos ha habido siempre, y si lo que vemos los últimos años preocupa, es tal vez porque muchos teníamos esperanzas de que un gobierno “de izquierda” mostrara una forma diferente de cristalinidad, transparencia y honestidad en la administración de los bienes colectivos. Los hechos parecen reforzar la opinión generalizada de que “todos son iguales”.


lunes, 22 de agosto de 2016

ETAPA DE AVANCE?


Estuve leyendo el inicio de una entrevista que le hace Brecha a Juan Castillo, dirigente comunista hoy en el Ministerio de Trabajo del gobierno frenteamplista. Aclaro que solo leí el inicio puesto que no soy suscriptor del semanario online y tampoco puedo comprarlo. Pero de todas formas quiero enfocarme en una frase que dice al comienzo mismo de la entrevista:
Estamos en una etapa de avance en la profundización de la democracia, de tránsito hacia una democracia avanzada que profundice los derechos, la equidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social. Para generar un país con esa concepción vine transitoriamente hasta que mi ministro quiera”.

DEMOCRACIA AVANZADA

Si bien el Partido Comunista desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Recurriré, para mostrar lo que quiero decir, a María Luisa Battegazzore que lo hace mejor que yo:

A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:

- el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
- el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
- la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
- una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.

Es a todas luces evidente que la clase trabajadora no es quien conduce hoy ni el FA ni el gobierno, y si bien tiene importancia en un hipotético bloque social de los cambios, en los hechos actúa como socio del gobierno (llamando incluso a los trabajadores a votarlo hipotecando su independencia de clase).

Es también evidente que el programa que “efectivamente” pone en práctica el FA en el gobierno no tiene nada de radical, y en lo que tiene que ver con la conducción económica, es el programa que aplicarían cualquiera de los partidos tradicionales matiz más matiz menos (protección de las inversiones del imperialismo, TLCs, incentivos al gran capital, extranjerización de la tierra y otros medios de producción, zonas francas, primarización de la economía, monocultivos, etc). Ni hablar de la participación efectiva y no solo formal del pueblo en las tareas de gobierno.

No existe, es más que obvio, una acción de las masas populares conscientes y movilizadas sosteniendo e impulsando el proceso y marcando rumbos (cuando hay movilizaciones en general son en contra del rumbo del gobierno). Y es que a las masas populares no les interesa en lo más mínimo movilizarse para sostener este tipo de gobiernos, por más que los vote en función de elegir el mal menor.

De más está decir que no hay una orientación subjetivamente socialista ni voluntad de trascender y superar los marcos del capitalismo. Por el contrario, el capitalismo se ha visto notablemente fortalecido con los gobiernos del FA, y nunca el capital se vio más favorecido que con estos gobiernos. Por primera vez en la historia de la izquierda uruguaya se hace la defensa cerrada, no solo de un proyecto de desarrollo capitalista, sino de una estrategia basada en la inversión extranjera y desestimando el concepto y la realidad del imperialismo.

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada como lo afirma Castillo y el PCU.
Porque lo que importa en la expresión es justamente el “rumbo”, y el rumbo que ha tomado el FA en el gobierno (con la invalorable ayuda del PCU) apunta a cualquier lado menos a una democracia avanzada.

Decía en 1970 Rodney Arismendi: “En este momento de su desarrollo, lo vemos (al FA) como un frente democrático avanzado. Entendemos por tal un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo...”
Es importante subrayar lo de “en este momento”, porque denota una visión histórica del FA. Su contenido programático y social puede variar y de hecho ha variado. Tanto ha variado que es el propio PCU quien propone como candidato a Tabaré Vázquez, el que le pidió ayuda a Bush -uno de los representantes más inmundos del imperialismo más abyecto- contra un país hermano latinoamericano, el menos indicado para oponerse a la oligarquía y al imperialismo, como es notorio.

miércoles, 10 de agosto de 2016

NI NI (NI QUIERE NI PUEDE)


(publicado esta semana en Semanario VOCES)

Los cambios en las orientaciones de los partidos polítcos son infrecuentes. En la mayoría de los casos, los elementos fundamentales del funcionamiento político interno -de la cultura política interna- inhiben transformaciones bruscas y profundas. Para que los partidos políticos se transformen, son necesarios los líderes, o las circunstancias (determinados acontecimientos o crisis) que lo favorezcan. Por poner algún ejemplo: las sucesivas derrotas y la aparición de un líder como Tony Blair hicieron posible la reconstrucción del Partido Laborista británico, así como las circunstancias polítcas y un Felipe González hicieron posible la reconstrucción del PSOE en España.
No parece que eso pueda estar ocurriendo en nuestro país con el Frente Amplio. Viene de obtener el gobierno por tercera vez consecutiva y con mayoría parlamentaria, el gobierno no ha tenido mayores problemas ni con la oposición ni con las disidencias internas (más para la tribuna que otra cosa), y no se ven en el horizonte dificultades políticas importantes, más allá de la crisis económica que muy posiblemente se siga agravando, y este podría ser su talón de Aquiles.
En cuanto a un liderazgo que posibilitara esas transformaciones, el novel presidente surgido de las internas, Javier Miranda, no parece tener ese perfil (el tiempo lo dirá).
El panorama para la fuerza política de gobierno sigue incambiado, y las internas no arrojaron cambios significativos, más allá de la baja contundente en la cantidad de votantes (en 2006 participaron 222.795 adherentes, en 2012 se perdieron 53 mil votos, llegando apenas a los 170 mil, y en esta última vuelve a mostrar un abrupto descenso de casi 80 mil votantes. Las correlaciones internas permanecen prácticamente incambiadas en lo que tiene que ver con el Plenario Nacional, y el FLS cuenta ahora, además del manejo exclusivo de la economía (desde el año 2005), con la presidencia del FA.
En este sentido podría decirse que las fuerzas más conservadoras (del presidente hacia abajo) siguen acaparando los puestos de dirección, pero esto tampoco es demasiado novedoso y viene sucediendo lenta pero sostenidamente desde antes de acceder al gobierno. Recordemos que en plena campaña electoral el propio Vázquez reconoció que él puede ser más conservador que Lacalle Pou, y que “el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo”.
El Frente Amplio ya no es hoy el partido de masas que era puesto que su militancia -si bien sigue siendo la más importante- se ha reducido drásticamente y aquello de coalición y movimiento ya es una simple etiqueta que no tiene sustento en la realidad. Las decisiones más importantes son tomadas por las cúpulas dirigentes y no han tenido problema alguno en desconocer las resolucines tomadas por los organismos máximos de la fuerza política (integrados mayoritariamente, en teoría, por el denominado movimiento).
Recordemos por ejemplo cuando en el primer gobierno del FA se comenzó a negociar un TLC con los EEUU a pesar de que el Congreso (órgano máximo) había definido exactamente lo contrario; o cuando el Congreso decide el retiro de las tropas de Haití pero el gobierno las sigue enviando; o cuando dos Plenarios consecutivos resuelven la anulación de la ley de impunidad y Mujica y Astori van al parlamento a decirles a sus legisladores que no lo hagan.
Esto nos lleva a otra cuestión. Como dijimos, no se ven las condiciones para que el FA tenga una transformación importante en su funcionamiento interno o en su relación con el gobierno y las organizaciones sociales. Pero lo que es claro, es que la mayoría de los sectores y dirigentes tampoco quieren ninguna transformación que les quite sus pequeñas cuotas de poder. Los sectores más pequeños y de más tradición militante seguramente desearían una mayor participación popular que les permitiera manejar mayores cuotas de poder de decisión en la estructura interna, pero para ello no requieren de ningún cambio de esa estructura. Lo que necesitan es un viraje del gobierno hacia la izquierda que entusiasme y genere mayor participación (su conservadurismo es una fuerza centrífuga que constantemente aleja a los militantes más de izquierda), y eso es impensable en un gobierno de este FA.
Y los sectores de menor incidencia a nivel de las bases por el contrario, quisieran modificaciones que quitaran protagonismo a los comités (los pocos que van quedando) y sus delegados, pero no tendrían suficiente correlación de fuerzas a la interna para siquiera planteárselo como posibilidad. Este estado de situación deja las cosas tal como están, por lo que no deberían esperarse mayores novedades.
El dilema de hierro del FA en algún momento fue continuar por el camino de parecerse cada día más a los partidos tradicionales (un partido conservador más, partido de ideas), o retornar a sus raíces de izquierda antiimperialista, antioligárquica, antilatifundista. El segundo camino, más allá de que algunos grupos lo reivindiquen como la razón de su permanencia en la coalición, es un imposible, y sostener esa teoría es una zanahoria para incautos (que los sigue habiendo).
El Frente Amplio es un NINI (ni puede ni quiere cambiar); continuará inconmovible (no nos moverán) porque su único objetivo, en la actualidad, es ganar elecciones y permanecer en el gobierno. Y eso no parece estar en cuestión más allá de lo que digan las encuestas. Siempre habrá algún susto para despertar al mamado.

martes, 9 de agosto de 2016

CONTRA TODA ESPERANZA (artículo de Andres Figari)


Se conoció el resultado de las internas: ganó Miranda, uno de cada cinco votantes lo hizo en blanco y el sector más votado fue el MPP. ¿Qué conclusiones se pueden sacar? Que del total de los que todavía “creen y esperan”, una parte quiere “más de lo mismo”, otros abogan por un “giro a la izquierda”, y uno quinto no está contento con el menú que se le ofrece. 
¿Cuál es la perspectiva de la fuerza “transformadora”? “Difícil para Sagitario”; la inoperancia, el desgaste y la desmoralización de la base militante están en su futuro. Los que especulan con reformas internas que hagan posible revertir el proceso de deterioro y apuestan al “debate fraterno” para superar las diferencias, no comprenden lo que llevó a esta situación.
La razón de fondo no son las diferencias entre fulano y zutano; ni siquiera la confrontación entre los que se conforman con retoques (Astori y su combo) y los que con “más y mejor capitalismo” pretenden trascenderlo (Mujica, bolches y ainda mais). Tampoco lo son el estancamiento económico y la frustración de las expectativas al respecto; eso en todo caso, es apenas la consecuencia.
Lo verdaderamente de fondo es el fracaso de una estrategia que se apoya en la premisa de que una fuerza política de esas características puede ser viable, transformar las estructuras económicas y acumular adhesiones indefinidamente, independientemente de las condiciones históricas concretas que la hagan posible.
Es imposible entender el fin de esta etapa, el agotamiento del progresismo, las razones de esta crisis en la izquierda local y su irremediable futuro, sin considerar lo subyacente, lo que teóricamente la hizo concebible y transitoriamente viable.
La convicción de que la multiplicación de los panes y de los peces para todos es posible mediante la acumulación de capital, es tan vieja como Adam Smith y constituye el cerno de la utopía burguesa. La creencia de que el crecimiento económico es una condición necesaria pero no suficiente, para la “felicidad pública” -razón por la cual el “proletariado” debe arrebatarle el poder a la burguesía- es el aporte de Marx. Pero la idea de que en países periféricos, semicoloniales o subdesarrollados en donde el proletariado es muy pequeño, se necesita una etapa previa de desarrollo capitalista, es un invento ruso que se difundió durante la III Internacional.
Es con esa visión y desde esa época que se acepta dogmáticamente que si se apunta al Socialismo, las fuerzas políticas que aspiren a representar al Proletariado y a sus intereses históricos, deben procurar aliarse con los representantes de las clases “interesadas” en hacer crecer el capitalismo, para más adelante…derribarlo. La idea central es que el desarrollo capitalista provocará “necesariamente” el crecimiento del proletariado y, consecuentemente, su fortaleza política. Cuando las “fuerzas productivas” se hayan desarrollado, habrá llegado la hora de tomar el poder; pero mientras tanto –paradójicamente- hay que fortalecerlo. Hacer crecer el capitalismo y simultáneamente dar satisfacción a las demandas populares son las dos moscas que esa estrategia intenta atar.
Pero en la realidad las cosas no son tan simples. En los países periféricos la burguesía realmente existente no se ha interesado en el tipo de desarrollo que al proletariado le sirve. Antes de acumular mediante la industrialización local y tener un desarrollo colectivo, “nacional”, prefiere hacerlo en el exterior exportando capitales, o materias primas o asociándose con capitalistas extranjeros. ¿Conclusión? La alianza que permitiría conciliar los diferentes intereses no funciona.
En el mundo globalizado de hoy, en la Latinoamérica de hoy y en el Uruguay de hoy, no hay otro capitalismo posible que el existente. Especular con otro capitalismo, con uno que genere “trabajo de calidad”, que no se subordine al capital transnacional, que no contamine y que de paso nos acerque al Socialismo, es soñar con quimeras.
Resumiendo, apostar a perfeccionar alianzas con los que se conforman con lo dado, o con los que quieren corregir el capitalismo, es alimentar esperanzas en un futuro imposible. Señalarlo –aún siendo poco- es empezar a caminar en la dirección correcta.
ANDRÉS FIGARI NEVES 9-08-2016

lunes, 25 de julio de 2016

CERO AUTOCRÍTICA


Desde que se realizan las elecciones internas de los partidos luego de la reforma constitucional, la evolución de la votación del Frente Amplio fue la siguiente: Recordemos que en 1999 hubo competencia en las internas del FA (competían Tabaré Vázquez y Danilo Astori), y el porcentaje de participación fue del 44%; en 2004 , cuando no hubo competencia interna, el porcentaje aumentó al 53%. Volvió a haber competencia en 2009 (esta vez con tres candidatos) y la votación bajó considerablemente (el porcentaje estuvo en el entorno del 41%). En 2014 volvió a bajar abruptamente (competían Vázquez y Constanza Moreira) y no llegó al 35%.
En lo que tiene que ver con la elección de autoridades propia del FA, la evolución es aún más dramática. Esta es la quinta que realiza el FA en sus 45 años. La primera fue en 1997, y votaron 143.575 adherentes; la segunda en 2002 y participaron 195.702 frenteamplistas; la tercera en 2006, donde se alcanzó la máxima participación: 222.795 adherentes. En 2012 por primera vez se eligió la presidencia en elecciones abiertas (en flagrante violación del propio estatuto del FA) y se perdieron 53 mil votos, llegando apenas a los 170 mil. La de este domingo vuelve a mostrar un abrupto descenso de otros 70 mil votantes. Sin embargo, parece que todo el mundo está feliz. Al parecer el problema fue el frío. Nada tienen que ver el abandono de principios históricos, una política económica que ha generado la concentración y extranjerización de los medios de producción, el corrimiento hacia la derecha, etc.
Es importante este descenso continuo de la cantidad de votantes en la elección interna de un partido político? Bueno, debería serlo. Especialmente en una fuerza política que se considera de izquierda. En el 71, se destacaba que la existencia misma del Frente Amplio era posible “...por tener al pueblo como protagonista...”. Es decir, había una izquierda que apostaba a la formación de ciudadanía consciente y comprometida, y no a la generación de simples votantes. Porque en el fondo la discusión no es sobre formas, es ideológica: que tipo de sociedad queremos construir y que tipo de ciudadanía estamos generando con nuestra acción.
Pero lo más grave, es la falta de autocrítica y de reflexión de la mayor parte de la dirigencia de esa fuerza política ante un hecho que es innegable: la pérdida constante de aquellos votantes más comprometidos y participativos. En internas anteriores llegó a adjudicarse la baja votación al miedo a la “gripe porcina”; en las internas de 2012 se dijo que había sido un error organizar unas elecciones internas a mitad de un período de gobierno, y que por ello no se podía esperar la misma cantidad de participación que cuando se hacen al comenzar un período; ahora se hicieron a un año de comenzar el gobierno y la participación bajó casi a la mitad y la culpa es del frío.
En las pasadas internas la única voz que planteó un esbozo de autocrítica fue la de Juan Castillo, que dijo: “…la caída de la votación del Frente Amplio respecto al año 2006 muestra "un enojo de los frenteamplistas" hacia algunos temas. A nivel del interior hubo un 30% de votos menos y en Canelones se votó un 25% por debajo del 2006. Creo que esto está ligado a problemas que tiene la fuerza política, eso era lo que nos hacían saber los frentistas en las asambleas cuando recorrimos el interior del país en las giras que hicimos los candidatos". “Hay mucha confusión entre los dirigentes, hay discusiones entre el gobierno y la fuerza política, algunas cosas que se prometieron no se hicieron, y hay cosas que se están haciendo y no fueron consultadas".
 
Nadie parece querer reconocer que el FA está en una seria crisis, que el descontento es generalizado. En las internas de 2014, Vázquez pidió que las diferencias internas no se hicieran públicas y se procesen en los ámbitos internos correspondientes. Lo cual no es más que un modo de evitar el debate de ideas, y de ocultar a los votantes frenteamplistas las diferencias de todo tipo (ideológicas, metodológicas, políticas y hasta personales) que existen en su interior.
Si el debate se da en la interna, como pide Vázquez, lo que se quiere es que el votante se guíe por una imagen, por la cantidad de gente que se puede acarrear a un acto o a otro, tal vez por la cantidad de vehículos en una caravana, por el jingle vistoso en el spot televisivo, etc...
No es nuevo. Permanentemente, desde que el FA está en el gobierno, se ha pretendido acallar las diferencias, remitir la discusión de las mismas a una interna que termina siendo una caja negra en donde se guardan cosas sin resolver.

Y mientras se pretende que no se discuta en público a quienes tienen diferencias, el oficialismo difunde a diario sus ideas por los grandes medios de difusión o lleva adelante cosas que nunca nadie debatió en ninguna interna. Tal vez alguien por ahí sepa en que interna se discutió el pedido de ayuda a Bush, la búsqueda de un TLC con los EEUU, el ingreso al TISA o el intento actual de ingresar a la Alianza del Pacífico, por decir algo. O lo que es peor aún, por qué en la interna se deciden cosas como el retiro de las tropas de Haití y en el gobierno se decide lo contrario. Por qué en los ámbitos internos se decide la anulación de la ley de impunidad y el presidente Mujica y el vice Astori van al parlamento a decirles a los legisladores que no lo hagan. Tal vez por ahí se llegue a alguna conclusión que exclarezca la pérdida del voto comprometido.

jueves, 23 de junio de 2016

UNA SOCIEDAD VIGILANTE

(Publicado hoy en Semanario VOCES)

Cuando se discutió en el Parlamento la propuesta de Bordaberry sobre corrupción, la senadora frenteamplista Daisy Tourné dijo que todos coincidimos en que Uruguay no tiene problemas serios de corrupción en este momento, ni siquiera sospechas. Por más que existan problemas en la región no son de impacto directo y que involucren al país".
Bueno...todos no...somos muchos quienes no coincidimos con esa visión idílica del Estado uruguayo, y tenemos serias sospechas de que existe corrupción en este país, y que la caja de Pandora que se abrió en la región tarde o temprano salpicará por estas tierras. El caso ANCAP es sospechoso por donde se lo mire, por ejemplo.
Que no existiera ese flagelo en nuestro país sería un verdadero milagro. La corrupción no es algo exclusivo de nuestra época, ha existido desde la noche de los tiempos. Por ejemplo, la purificación del templo que mencionan los cuatro evangelistas, destapa un caso de corrupción por parte de las autoridades religiosas en connivencia con los mercaderes. Los hebreos piadosos realizaban en el templo de Jerusalén ofrendas y sacrificios de animales con el fin de alabar a Dios. Como la Ley determinaba que los animales destinados al sacrificio no podían tener defectos físicos, los sacerdotes inspeccionaban meticulosamente aquellos animales que los oferentes traían. Con demasiada frecuencia, encontraban pequeñas imperfecciones que les servían de excusa para rechazar los corderos, terneros, bueyes o palomas que los fieles trasportaban desde sus alejadas aldeas. Para “solucionar” tales inconvenientes, ofrecían la posibilidad de volver a adquirir, en el mismo templo, otros animales con garantías de perfección pero, claro, a un precio bastante más elevado. Las ganancias proporcionadas por este negocio de los animales sin defectos se repartían entre vendedores y sacerdotes.
La corrupción se ha dado tanto en las dictaduras como en las democracias, en el sistema feudal y en el absolutismo, en el capitalismo como en el socialismo, en países ricos y en países pobres. En nuestro país existió corrupción -por hablar de las últimas cinco décadas- en dictadura, en los gobiernos rosados y también en los progresistas (no es necesario recordar los procesados y presos de todo pelaje).
Sin embargo, para Tourné habríamos llegado, con los gobiernos del FA, no solo al fin de la historia sino al “fin de la corrupción”.
La mala noticia es que la corrupción ha existido siempre, existe y seguirá existiendo mientras exista la sociedad tal como la conocemos, y lo que hay que buscar es la forma de castigar a los corruptos, de la misma manera que se castiga a los punguistas, a los violadores o delincuentes de cualquier monta. La impunidad de los casos de corrupción hiere a la sensibilidad colectiva y facilita la aparición de un imaginario social en donde "todo está permitido", ya que si los que roban millones de dólares no son inculpados, ¿Por qué razón yo no me puedo llevar unas hojas de papel de la oficina a mi casa para que las usen mis hijos?
Y el castigo debe ser ejemplar, porque el corrupto -si entendemos la corrupción como la práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole, y la corrupción política como el mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima- en el 99,9/% de los casos es el pueblo quien termina pagàndola. Quien crea que las coimas las pagan los empresarios, vive en el limbo. El dinero para las coimas se obtiene de los sobreprecios que se pagan en los contratos con el Estado, lo que es lo mismo que decir que los corruptos se llenan los bolsillos con dinero de la gente.
Y el daño no es solo económico, porque la corrupción produce una desconfianza generalizada frente a las instituciones estatales, y esa pérdida de credibilidad social es uno de los costos más graves, porque afecta la relación entre el ciudadano y el Estado, y privatiza la vida pública.
Pero las posibilidades de avanzar en el castigo de la corrupción son bastante escasas si nos atenemos a los antecedentes. Basta tener en cuenta que practicamente la única ley que ha permitido procesar y encarcelar a un puñado de corruptos es la que castiga el delito de “abuso innominado de funciones” (desde 2001 hasta el año 2012 la Justicia uruguaya procesó a 106 jerarcas públicos por ese delito. Casi nueve procesados por año; de ellos, fueron a prisión 56, mientras que los 50 restantes lograron evitar la cárcel). Siendo esta la única ley, todos los partidos han intentado derogarla.
De todas maneras, cualquier estrategia anticorrupción debería enfocarse hacia la prevención del delito. Y en ese sentido, la estrategia ha de contener un elemento fundamental: la participación activa de la sociedad civil en el control. Si la corrupción proviene del ámbito estatal, la lucha contra ella no puede descansar justamente en el Estado. Muchos de los integrantes de la sociedad civil tienen un interés especial en lograr un Estado no corrupto, incluyendo el sector privado, los medios de comunicación, profesionales y, sobre todo, el ciudadano común que sufre las consecuencias de la corrupción. Por ello, no cabe duda de que la sociedad civil constituye un elemento fundamental en una estrategia contra la corrupción.

jueves, 9 de junio de 2016

IMPUNES IMPARTIENDO VALORES (como el Uruguay no hay)




Hace ya un año, la página web del Ministerio de Defensa daba cuenta de una Resolución de la ANEP, por la cual el Consejo de Educación Inicial y Primaria autorizaba la distribución del CIMARRÓN en las Inspecciones Departamentales de todo el país.


El CIMARRÓN es un personaje de historieta que aparece en la revista producida por el Ejército Nacional “La Fuerza de todos”, una publicación mensual hecha íntegramente por la Institución. “La Fuerza de todos” integra diferentes temáticas del ámbito militar y su relación con la sociedad, cada número aborda diferentes aportes, “La Fuerza de la Música”, “La Fuerza de Nuestra gente”, “La Fuerza del entrenamiento”, “La Fuerza de la Paz” entre muchas otras”, es lo que explica la página del MDN.


“CIMARRÓN, el perro autóctono de Uruguay, que acompañó a Artigas en todas sus hazañas –nos explican-, se ha convertido en el personaje ideal para narrar el pasado y contar sobre las distintas actividades del Ejército Nacional. Su vestimenta se adapta al contexto histórico en que se encuentra, ya que vivió el nacimiento del Prócer, la Batalla de las Piedras, la Declaratoria de la Independencia y la Jura de la Constitución o acompaña a nuestro Cascos Azules a las Misiones Operativas de Paz. CIMARRÓN estará entonces según la Resolución en apoyo en el área de campo disciplinar de construcción de ciudadanía”.


Ahora el ejército propone (y según parece todos los partidos políticos están chochos con la idea) hacerse cargo de los “ni ni” , que son aquellos que NI trabajan NI estudian (y tampoco NI secuestran NI torturan NI hacen desaparecer NI violan mujeres NI hombres indefensos). Lo que propone el comandante en jefe del ejército es "Darles una educación cívica, prepararlos en valores, darles cierta disciplina, normas de higiene, primeros auxilios, enseñarles oficios... en cierta forma, darles la posibilidad de poder transitar por la vida con ciertas herramientas que, hoy, en su estado de marginalización, no tienen".


La propuesta es que una institución enferma de cobarde impunidad sea la que prepare a jóvenes en valores.


Todos sabemos que los militares uruguayos, las fuerzas armadas como institución, fueron responsables de crímenes monstruosos, jamás conocidos en este país. Durante diez años se dedicaron a secuestrar ciudadanos, a encarcelarlos, torturarlos, violarlos, matarlos y hacerlos desaparecer. Llegaron al colmo del sadismo brutal y asesino de secuestrar una madre embarazada con el único propósito de robarle el bebé y luego matarla y hacerla desaparecer.

Y uno se pregunta: ¿Les explicará el Cimarrón a los niños como hacían los militares para torturar seres humanos indefensos, cómo eran capaces de violar mujeres y hombres atados y encapuchados? ¿será capaz el Cimarrón de contarles la verdad a nuestros gurises? ¿les dirá el sabueso dónde están los desaparecidos? Serán esos los valores, la disciplina que inculcarán a los NI NI?

Puede quizá causar asombro que un país que pasó por una atroz dictadura, en donde los militares violaron y pisotearon todos los derechos humanos y jamás mostraron arrepentimiento por ello, se autorice a que ese mismo ejército (en tanto no sea depurado, en tanto no se sepa la verdad, en tanto no se aclaren definitivamente sus crímenes seguirá siendo el mismo ejército) imparta enseñanza a sus niños, o lo que es lo mismo, ese ejército sea el que “apoye en la construcción de ciudadanía”. Y puede causar aún más asombro en aquellos que crean que ese país está gobernado por la izquierda.

Pero solo se asombrará quien no conozca al Uruguay. Uruguay es el país de la impunidad, y es el país en donde el ministro de defensa acusa de enfermitos y enfermitas a los defensores de los derechos humanos y nadie se anima a tocarlo. Es el país de la cola de paja, en donde ahora dejamos a nuestros niños y jóvenes en las manos de los impunes.

Quienes al día de hoy, insisten en el olvido, quieren a los “pobres viejitos” libres, como Mujica o Topolansky; quienes quieren un “nunca más enfrentamiento entre hermanos” como Tabaré Vázquez; quienes tratan de “enfermitos y enfermitas” a quienes con toda razón condenan los crímenes aberrantes de la dictadura, como el ministro Fernández Huidobro, ahora dan un nuevo paso, pretenden que a través de la enseñanza las nuevas generaciones olviden hasta el último rastro de la ignominia de los asesinos y torturadores. Y para ello al parecer cuentan con el beneplácito del sistema político mayoritario.

A algunos seguramente les causará asombro. Otros, como siempre, aplaudirán a rabiar. Muchos callarán avergonzados.

A otros nos causa un profundo asco.

miércoles, 25 de mayo de 2016

NO ES DEL CHANCHO (publicado esta semana en Semanario VOCES)


Desde que Chávez llegó al gobierno, se ha intentado voltear al chavismo por los métodos más diversos, incluido un golpe de estado (de los de verdad). Y quienes han estado detrás de estos intentos son los conocidos de siempre: los que despojaron a México de buena parte de sus más ricas tierras, los que han invadido un día sí y otro también su patio trasero cuando ya los otros métodos no surten efecto, los que han tirado abajo gobiernos electos por los pueblos e instalado títeres a su antojo, los que hicieron “crujir la economía” del Chile de Allende y luego lo asesinaron a él y a su pueblo, etc.
El premio Nobel de la Paz, Barack Obama, lo dijo impúdicamente el año pasado: “tenemos el ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que torcer el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos a través métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”. Y sabemos que antes de decir eso había calificado a Venezuela como un “peligro para EE.UU.”
Venezuela ha estado sometida a una campaña nacional e internacional en su contra desde hace años, y en ella participan agencias internacionales de prensa, cadenas de radios y TV., no solo en nuestra América sino también en Europa. A diario acusan al gobierno del presidente Maduro de las dificultades económicas que ellos mismos provocan; una guerra económica llevada a cabo por el poder económico venezolano, a lo que se agrega la inducida baja del precio internacional del petróleo.

Al pueblo venezolano, y al mundo entero se lo desinforma y se le oculta los gigantescos logros sociales y estructurales, de los gobiernos bolivarianos, de Chávez y de Maduro. Por eso defender a Venezuela es defender la dignidad. Y no se debe confundir con defender a Maduro. La democracia participativa y protagónica, las formas novedosas de propiedad, la garantía irrestricta a los derechos humanos, los derechos sociales y políticos que allí se establecen, hicieron de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela una hoja de ruta de la que nunca se alejó el presidente Chávez. Esa Constitución expresó un proyecto -perfectible por cierto, pero emancipador-. Se trataba del sueño de completar la independencia política, de alcanzar la soberanía económica y de construir la justicia social. Una revolución política en un marco democrático.
Hoy ese proyecto está agonizando. Pero analizar el bochornoso episodio protagonizado por Maduro y Almagro desde el ángulo de quien tiene razón, de si uno es traidor o si los dos o si ninguno no tiene sentido. Sería quedarse en la anécdota, ver el árbol e ignorar el bosque que está detrás y que para peor se está incendiando. Ambos son ejemplares patéticos de los estertores de una izquierda que derivó en progresismo y que fue perdiendo prendas en el camino para llegar a esta cosa amorfa que es hoy en la mayoría de los países de la región.
Almagro es un ex ministro del gobierno mujiquista y que como tantos otros no era un militante del FA sino un amigo del presidente. El día que asumió como canciller, un periodista le pregunto que opinaba de un posible TLC con los EEUU, y Almagro le respondió que no tenía ningún preconcepto al respecto y que estaba dispuesto a analizarlo. Ni siquiera había leído el programa del FA, que expresamente rechazaba este tipo de acuerdos; o lo había leído y le importaba un carajo (cosa que también es posible ya que es algo común entre la dirigencia progresista). Ni lo intentó (al menos no lo sabemos), pero nos metió de cabeza en el TISA. 
Ahora bien, decir que estas son cosas de traidores, es ignorar que detrás hay una fuerza política que se calló la boca en su momento ante estas cosas, que las toleró y que luego lo premió con una candidatura a la OEA. Igual que se premió a quien pidió ayuda a Bush con una nueva presidencia, o a quienes fueron a evitar que se anulara la ley de impunidad (Astori, Mujica) con un nuevo ministerio de economía o con una banca en el senado.
Estos personajes surgen, dirigen, ascienden y gobiernan porque hay partidos que los cobijan, dirigentes que los toleran porque aportan votos, y pueblo que los vota y los aplaude. Un dirigente político miente descaradamente acerca de un título que soñó tener y su fuerza política lo protege y o aplaude mientras al pueblo le importa un comino.
La culpa no es del chancho.

miércoles, 20 de abril de 2016

RÉQUIEM PARA UN MODELO (publicado esta semana en VOCES)


 
Se suele decir por ahí que los proyectos progresistas han fracasado al no haber logrado cambiar las sociedades en las que gobernaron y gobiernan. Y eso no es del todo correcto. Los progresismos no han fracasado en ese aspecto puesto que nunca se lo propusieron. Nunca aspiraron a trascender el capitalismo, y apenas se propusieron administrarlo, sin apartarse ni un milímetro del modelo financiero y extractivista. Y ahí si está el fracaso. Creyeron que era posible hacer del capitalismo algo humano.
Los movimientos populares -que en un principio sostuvieron determinado nivel de expectativas- han vuelto a desarrollar sus luchas reivindicativas en contra de un modelo que sigue concentrando la riqueza y los medios de producción, frente a gobiernos que no han realizado ninguno de los cambios estructurales que esperaban.
Esto no significa necesariamente un revés en las urnas -aunque el mismo se haya dado ya en algunos países-. Lo que está señalando a las claras el fin de la era progresista es el notorio agotamiento del modelo.
El fin de esta era progresista es la conclusión lógica de la aceptación de un modelo conservador que se consideró necesario para la estabilidad y continuidad política. Las encuestas y el cálculo electoral determinan un proyecto político que sigue los dictados de los organismos internacionales elaborados por los tecnócratas de turno, aunque se propale un discurso que recluta el electorado a partir del énfasis en lo social.
Y mas allá de las consecuencias sociales del retorno de la derecha y el conservadurismo en este lado del mundo, lo frustrante para aquellos militantes de la izquierda de nuestros países es ver la enorme pérdida de acumulación que se había logrado durante décadas de lucha y de batalla continua cultural e ideológica.
Por otro lado, la desacumulación y la desideologización tienen como contrapartida una sociedad despolitizada y desmovilizada, lo que abre una perspectiva terrible para enfrentar el retorno de las derechas.
Porque los progresismos no solo primarizaron y extranjerizaron la economía, sino que despolitizaron las sociedades dedicándose a administrar y gestionar, con la complacencia del sindicalismo que le era afín.
Las derechas vuelven por sus fueros, y para ello cuentan con las armas que siempre han empleado, por supuesto, como los grandes medios de comunicación y el poder empresarial de las oligarquías. Pero encuentran un terreno próspero para actuar dado el desencanto de los movimientos sociales, una ciudadanía afecta al consumismo y despolitizada y un elemento devastador como es la corrupción, cuestión para la que algunos consideraban que la izquierda estaba vacunada.
Además de los riesgos de retroceso a la interna de los países, hoy en día está en riesgo -por la deriva ideológica de los progresismos- lo que se ha avanzado en materia de integración, gracias a los instrumentos de desintegración latinoamericana como la Alianza del Pacífico, el TPP o el TISA.
Una derecha reciclada avanza, apelando sobre todo a nuevos actores de la política, la juventud y las clases medias; una juventud que no ha vivido el terrorismo social neoliberal y clases medias que tienen la “ilusión” de continuar su ascenso social y para ello se les hace atractiva la idea de votar por un gestor, normalmente un candidato proveniente del mundo empresarial.
Y mientras tanto, el progresismo -que por otra parte ya no tiene a su favor el tan mentado “viento de cola”- pretende transitar por los mismos caminos de la derecha, inventando liderazgos personales y evitando caminar por senderos de izquierda: construir liderazgos colectivos y fortalecer el poder popular.

sábado, 19 de marzo de 2016

ANTIIMPERIALISMO PROGRESISTA

la izquierda se identifica por el antiimperialismo. No todo el antiimperialismo pudiera ser de izquierda, pero para ser de izquierda es imprescindible ser antiimperialista” 
(Silvio Rodríguez)

El Estatuto del Frente Amplio dice en su art.1: “DEFINICION: El Frente Amplio, fuerza política de cambio y justicia social, creación histórica permanente del pueblo uruguayo, de concepción nacional, progresista, democrática, popular, antioligárquica y antiimperialista, se integra por todos aquellos sectores políticos y ciudadanos que adhieren a los principios y objetivos establecidos en la Declaración Constitutiva del 5 de febrero de 1971, en las Bases Programáticas y en el Acuerdo Político...”.
En las citadas Bases Programáticas se dice por ejemplo: “Expresamos nuestro hondo convencimiento de que la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial es imposible en los esquemas de un régimen dominado por el gran capital.

Pero bien, qué es el antiimperialismo?

Silvio Rodríguez también nos dice de una forma muy sencilla acerca del antiimperialismo: “eso no quiere decir antinorteamericano ni anti Estados Unidos. Eso quiere decir en contra de las políticas imperiales hegemónicas de dominación global y regional”.

El pensamiento antiimperialista está estrechamente vinculado al cuestionamiento de los mecanismos de dependencia neocolonial, caracterizados por mecanismos de sujeción económicos y financieros.
Curiosamente, la primera expresión de un pensamiento antiimperialista nació en Estados Unidos, a impulsos de Mark Twain, que en 1898 (mucho antes de “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, de Lenin) fundó la Liga Antiimperialista de los EEUU, inicialmente para combatir la acción estadounidense en la Guerra de Cuba. “El cubano José Martí puede considerarse como el primer formulador de un pensamiento antiimperialista en América Latina, en gran medida porque la lucha por la independencia de Cuba del colonialismo español coincidió con el ascenso de las nuevas formas de dominación que comenzaba a desarrollar Estados Unidos”, escribía por entonces Mark Twain.

Unas de las manifestaciones actuales del antiimperialismo, es la desarrollada por los movimientos que en toda América Latina se opusieron al ALCA promovida por los EEUU. Oposición que se basaba en los efectos destructivos que el libre comercio ejerce sobre el trabajo en general, así como sobre los campesinos. El ALCA era parte de una estrategia global estadounidense para conquistar y dominar las economías y la política de América Latina y del resto del mundo. Los movimientos anti ALCA se oponían a un aspecto muy importante del imperialismo estadounidense: su intento de dominar el comercio e inversión de toda la región por medio de su control formal del entramado político legal que rige las relaciones económicas.

La mayoría de los TLCs tienen en común dos cosas: el secretismo y la presencia de EEUU.
Algunos aprobados hace más de dos décadas, como el NAFTA que incluye a Canadá, Estados Unidos y México, otros de recientísima firma, como el TransPacífico (TPP), otros próximos como el Trans Atlántico (TTIP) que ahora se negocia a puerta cerrada entre Estados Unidos y la Unión Europea. El TISA, que también se negocia secretamente entre 50 países. Todos ellos tienen a Estados Unidos como denominador común y todos ellos se caracterizan por el secretismo de los términos de negociación de los mismos y por lo inconsultos que son para los distintos pueblos y países afectados.
El gobierno estadounidense figura como protagonista en todos y cada uno de los acuerdos, pero en realidad, el denominador común son las grandes corporaciones transnacionales. Son ellas las que imponen sus términos, son ellas las directamente interesadas y son ellas, las que por consiguiente, se están erigiendo en auténtico gobierno planetario.
Es así como se explican las negociaciones secretas, las imposiciones que van más allá de las cuestiones estrictamente comerciales como la liberalización de los mercados, la desaparición de los aranceles, etc.
En realidad, las imposiciones alcanzan ámbitos tan diferentes como la eliminación de protecciones y seguridades que tienen que ver con derechos de la población a la universalización de la atención médica o a la educación, o derechos a una alimentación sana y libre de transgénicos. Pero también con los ataques y presiones para reducir las legislaciones en materia de protección social, laboral o ambiental. Ni que hablar de la eliminación de barreras de protección a la explotación desenfrenada del planeta y a la contaminación de éste, que lleva al agravamiento de problemas tan centrales hoy como es el cambio climático
Por último, y quizás como uno de los puntos de imposición más graves, está la eliminación de la soberanía de los estados. Éstos podrán ser denunciados por las transnacionales si consideran atacados, por cualquier ley nacional o ven afectadas sus posibilidades de obtener un máximo de beneficios. Es decir, el interés público y social se verá sometido al privado de las grandes empresas. Y, por si fuera poco, contarán además para ello con tribunales también privados que podrán asegurar el fallo a su favor en las consiguientes reclamaciones, lo que además supondrá un paso más en la privatización de la justicia.

Algunos ejemplos ilustrativos de hechos ya ocurridos, citados recientemente en un texto de Susan George: “el caso de Occidental Petroleum en Ecuador, que ganó un contencioso de 1.800 millones de dólares ante un tribunal de arbitraje de tres jueces privados porque el país se negó a permitir la perforación para buscar petróleo en una zona natural protegida. Otros casos son amenazas directas a la salud pública o al deber de los gobiernos de proteger el bienestar de” la ciudadanía. “Como el de Philip Morris contra Australia y Uruguay por requerir cajetillas sin marcas y avisos ostensibles de los graves peligros del tabaco para la salud. O el caso de Veolia contra Egipto porque el Gobierno egipcio aumentó el salario mínimo”.

En suma, los términos de los Tratados de Libre Comercio van mucho más allá de meros acuerdos para favorecer el comercio y el desarrollo, y son una amplia relación de imposiciones que las grandes corporaciones transnacionales están definiendo para construir un nuevo orden mundial. En éste, la democracia y los derechos humanos, en el mejor de los casos, estarían total y absolutamente supeditados a los intereses de los mercados y a la búsqueda de ese máximo de beneficios.

Así las cosas, es posible que gobiernos que se dicen de izquierda se desvivan por firmar tratados de este tipo sabiendo como saben que esta es la cruda realidad y no los versos que venden?
Cómo es posible que una fuerza política que en sus bases programáticas advierte que “la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial es imposible en los esquemas de un régimen dominado por el gran capitalquiera a toda costa un tratado de libre comercio con el imperialismo? Quiénes serán los favorecidos por un TLC con los EEUU? No es obvio que ese tipo de tratados que promueven los países del norte tienen como único objetivo favorecer al gran capital? Alguien puede creer que es para favorecer a doña María o a don José?

En fin, seguramente los progresismos, codo a codo con las derechas del mercosur, trabajarán duro por un TLC con los EEUU y con la UE. Los gobiernos de derecha que se vienen, eternamente agradecidos por el camino allanado.


miércoles, 16 de marzo de 2016

PROTEGIENDO A LA FAMILIA (publicado en semanario VOCES)

En su primer gobierno, Tabaré Vázquez negociaba un TLC con los EEUU, pero lo negaba permanentemente (mentía). En Venezuela, se entrevistó en privado con Hugo Chávez, y el presidente venezolano le preguntó si él firmaría un TLC con los EEUU, a lo que Vázquez le respondió que sí (contado por el propio Vázquez); ese mismo día, la prensa venezolana lo consulta sobre el mismo tema y le hace la misma pregunta, a lo que Vázquez responde que no, porque el programa del FA no lo permite. Un gran mentiroso, por cierto.
Vázquez le ocultó a su gobierno, a su fuerza política y a sus conciudadanos que había pedido ayuda a Bush contra los argentinos, por el conflicto con Botnia, esto es, para proteger los intereses de una multinacional.
También vetó un par de leyes que promovía su propia fuerza política, y por si fuera poco, luego se unió a la derecha (esa que al parecer ahora ataca a los gobernantes y a las instituciones democráticas), para intentar hacer caer la segunda ley de aborto mediante un plebiscito.
Tabaré Vázquez fue castigado por estas cosas? No, al contrario, fue premiado con una nueva candidatura y llevado a la presidencia de la república por segunda vez.
Cuando Vázquez estaba “retirado de la vida política activa” y se apareció por el Plenario Nacional, allí fue ovacionado. El mentiroso, el maniobrero, el que actuó a escondidas, el que se unió a la derecha en contra del FA, fue ovacionado por el órgano de conducción.
Por qué razón deberíamos esperar entonces que ese mismo organismo ahora reaccionara de forma distinta ante una mentira evidente como la del vicepresidente Raúl Sendic?
El FA trabajó en un proyecto para anular la ley de impunidad. Cuando lo tuvo listo, fue aprobado por la Mesa Política, y luego por el Plenario Nacional. El proyecto fue votado en el senado, pero antes de que se votara en diputados, el entonces presidente Mujica y el vice Astori fueron al Parlamento a intentar que los legisladores de su fuerza política no lo votaran, esto es, que actuaran en contra de lo que habían decidido los frenteamplistas en sus organismos estatutarios. Fueron sancionados Mujica y Astori por actuar en contra de decisiones de su fuerza política? No, claro que no. Uno es senador y el otro ministro de economía; ambos fueron premiados por su deshonestidad.
Cuando el desastroso papelón de PLUNA terminó con el ministro de economía y el presidente del BROU procesados, el FA hizo lo que suele hacer, premiar a los implicados, esa vez organizando una caravana hasta la casa del ministro para demostrarle su apoyo.
Cuando ahora el Plenario Nacional escucha las “explicaciones” (en realidad la reiteración de mentiras) de Raúl Sendic, y dice lo que dice, parece ignorar que la imagen y credibilidad del gobierno la menoscaban los mentirosos y deshonestos de esa fuerza política y no la oposición ni los medios que simplemente recogen y publican lo que sucede. Y digo parece porque no lo ignoran, no voy a cometer la torpeza de creer que son estúpidos. Lo saben y lo saben bien. Pero hacen lo que siempre han hecho, proteger en una actitud mafiosa a los suyos, a los integrantes de “la familia”.
La institucionalidad democrática no se debilita porque los medios investiguen y difundan lo que sucede. La democracia se debilita por la corrupción, por la mala gestión que se quiere hacer pasar por fantástica, por la falta de información o por el intento de ocultar la misma, por la intolerancia política, por la protección a los tránsfugas, por la politiquería barata, por el doble discurso de los gobernantes.

Lo que debilita la democracia es que los partidos protejan a sus correligionarios cual si fueran un conglomerado mafioso, no importando para nada la verdad o no de las acusaciones sino la defensa lisa y llana en el marco de un corporativismo mediocre, patotero y despreciable. Debilita terriblemente la democracia que los gobernantes mientan. Pero se le asesta un golpe de gracia cuando quienes deberían velar porque eso no ocurra lo primero que hacen es proteger y rodear al político mentiroso. Eso, además de ser una mala payasada que todo el mundo contempla atónito, es un mazaso brutal a la democracia.  

martes, 8 de marzo de 2016

LA RAZÓN DEL COCINERO (artículo de Andrés Figari)



Hay episodios en la vida de la gente, de los pueblos, de los partidos, que son reveladores de su temple o de su debilidad; el asunto del título de Sendic es uno de esos. A esta altura después de todo lo que se ha dicho en uno y otro sentido es poco lo que se puede agregar, por lo que me voy a concentrar en un punto; en lo que para muchos frenteamplistas sería la “ultima ratio” de su defensa. No sobre la tenencia del título, (que al fin y al cabo no importa), tampoco sobre la “embestida baguala”, menos de que es una víctima inocente de un plan de la derecha, Washington y “cierta prensa”, sino al hecho de que al FA hay que defenderlo a como dé lugar porque… con el FA “se vive mejor”.
No importa si Sendic mintió urbi et orbi, si con su conducta se burló de la gente y comprometió a la fuerza política que integra; eso ya se reconoce como un daño irreparable. Lo importante, se dice, es apoyar al FA en este trance y la mejor manera de apoyarlo es encolumnarse tras la farsa de Sendic. Cuando uno pregunta ¿y porqué solidarizarse con las decisiones de la cúpula sabiendo que son lamentables? Porque al FA no se lo puede dejar caer. ¿Y por qué no se lo puede dejar caer? Insiste uno; porque, -y aquí aparece el argumento “mata”- porque con el Frente se “vive mejor” (y tras cartón la estadística demostradora).
Es decir que uno habla de ética política o ética a secas y se le contesta con el evolución del salario real. El problema es que esa manera de razonar entraña una forma de valorar que asusta, no tanto por sus repercusiones inmediatas, sino por la cultura política que esto genera y sus consecuencias futuras. Parecería que la actual dirigencia ha logrado convencer a una gran cantidad de sus seguidores, que no importa lo que haga el FA (engañe, mienta, defraude a sabiendas) siempre y cuando eso sirva para mantenerse en el gobierno, y que la gente “viva mejor”, entendiendo por eso, más plata en el bolsillo. Parecería que se está convirtiendo en cosa normal y hasta correcta, reconocer que se puede ser “cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón” a condición de que sirva para llenarse la panza. La cuestión es que este “pragmatismo”, o quizás convendría llamar “política del vientre”, corroe hasta destruir cualquier partido que no sea una simple agrupación mafiosa y no hablemos de una fuerza política que se preciaba de convocar a los “orientales honestos”. Porque no estamos hablando de engañar “al enemigo” (lo que en “la política que es la continuación de la guerra por otros medios” es necesario y honorable) estamos hablando de hacerse cómplice de una mentira cuyo objetivo es el propio pueblo, a ese pueblo al que supuestamente se quiere “salvar”. ¿De quién? Y además, de acostumbrar a ese pueblo a tolerar la corrupción, lo deshonesto “siempre y cuando le convenga”.
Los griegos tenían un profundo desprecio por los esclavos, especialmente por aquellos que habían nacido libres. El motivo de su desprecio era que teniendo la oportunidad de escapar a la esclavitud mediante la lucha o el suicidio, habían preferido salvar la vida. Entre el honor de la libertad o la ignominia de las tripas habían optado por lo segundo. Es obvio que hoy en día estamos muy lejos de esos dilemas, (al menos aparentemente). Por eso cada vez se hace más difícil no perder de vista cual es la razón fundamental que justifica la lucha política en los tiempos actuales para todos aquellos que estamos contra el sistema; la aparición de una humanidad que asuma que “la vida es algo más que un simple plato de comida”. En su defecto, seguiremos siendo y pariendo esclavos.
Andrés Figari Neves
6-03-2016




domingo, 6 de marzo de 2016

COMO SE DEBILITA LA DEMOCRACIA

La democracia es una de las tantas formas de relacionarse entre los humanos. Como el amor, como la amistad, hay cosas que las fortalecen y otras que las debilitan.
Qué cosas la debilitan?
La democracia se debilita cuando los ciudadanos no participan, cuando se sienten ajenos al sistema democrático. En general la gente participa cuando siente que vale la pena hacerlo, que sus opiniones serán tenidas en cuenta, que quienes gobiernan son sensibles a sus reclamos y que valoran la opinión de los demás. Los partidos políticos en general suelen fomentar la participación ciudadana cuando están en la oposición, pero cuando llegan al gobierno la desalientan, quieren que los dejen gobernar en paz. Por eso Tabaré Vázquez en su discurso en 2013 (aniversario del FA) les pide a los frenteamplistas, no que militen, no que se movilicen, les pide confianza, que “tengan fe”: "Confianza como una actitud permanente de creer, de saber, que podemos tener fe en el proyecto político y también en los compañeros en los cargos de gobierno para llevar a cabo ese proyecto” .
La corrupción debilita la democracia, sin duda; porque la corrupción conlleva el uso indebido de las instituciones y los dineros de todos en beneficio propio, de familiares, de amigos, de correligionarios o de quien sea. Y eso generaliza el descrédito de la democracia como sistema.
La mala gestión de los gobernantes también en alguna medida debilita la democracia. Sobre todo cuando la gestión es mala a ojos vistas pero los gobernantes quieren que la ciudadanía la considere buena. Cuando por ejemplo en la gestión de una empresa pública se pierden cientos de millones de dólares (millones que pone el pueblo) y el gobierno y el partido político que gobierna quiere hacernos creer que por el contrario, eso es signo de lo bien que se gestiona. Eso debilita la democracia porque a la gente no le gusta ser tratada como si fuera estúpida (como suelen pensar los gobiernos), se siente maltratada, y eso hastía y hace que la gente se desentienda de la política y de los asuntos públicos, debilitando terriblemente la democracia.
La economía y su marcha es una cuestión que puede fortalecer o debilitar la democracia, sin duda. Cuando en las épocas de bonanza los que ganan son los que más tienen y cuando viene la crisis los que pagan son los que menos tienen, la democracia se debilita, puesto que no es vista como un sistema que garantice la equidad y la justicia social.
La falta de información o el ocultamiento de la misma también son elementos que debilitan la democracia y la degradan. Cuando la gente quiere y necesita estar informada y esa información se retacea o hay que reclamarla por vías legales, la ciudadanía presiente que por algo se le oculta, y descree en la democracia. Sucede eso con las mega inversiones en minería, con las fumigaciones y sus nefastas consecuencias, con el estado del agua, etc.
Los tránsfugas debilitan la democracia. Los que llegan a cargos de gobierno por ser amigotes de los gobernantes o porque arriman algún votito. La ciudadanía se da cuenta que la política es algo muy poco limpio, y comienza a descreer en la democracia.
La intolerancia política y el doble discurso. El sostener cuando se es oposición que las comisiones investigadoras son buenas y sostener que son un circo cuando se está en el gobierno. El decir que pasar los resultados de una investigadora a la justicia es una mala cosa que le hace mal a las instituciones democráticas, olvidando que cuando se estaba en la oposición se hizo exactamente lo mismo. La gente no es estúpida -lo reitero por si alguno lo sigue creyendo-, y como no lo es, comienza a ver que todos son iguales y se debilita la confianza en el sistema democrático.
La politiquería debilita las instituciones democráticas. No es lo mismo la Política (la que resuelve eficazmente los problemas de la sociedad, o intenta hacerlo), que la politiquería, que los agrava y multiplica. La primera fortalece la democracia y la confianza ciudadana en su gobierno, la segunda provoca recelos y alejamiento ciudadano de la vida política, y en algunos lugares también enormes protestas y movilizaciones (los ocupy Wall Street o los Indignados, por ejemplo).
No debilita para nada la democracia que los medios de comunicación se esfuercen en hacer luz sobre las cuestiones opacas del gobierno. Por el contrario, eso la fortalece, porque una ciudadanía informada es una ciudadanía responsable y que participa. Los medios a veces acertarán y otras no, y la ciudadanía no es estúpida -que les entre señores- y sabe diferenciar.
Lo que debilita la democracia es que los partidos protejan a sus correliginarios cual si fueran un conglomerado mafioso, no importando para nada la verdad o no de las acusaciones sino la defensa lisa y llana en el marco de un corporativismo mediocre, patotero y despreciable. Debilita terriblemente la democracia que los gobernantes mientan. Pero se le asesta un golpe de gracia cuando quienes deberían velar porque eso no ocurra lo primero que hacen es proteger y rodear al político mentiroso. Eso, además de ser una mala payasada que todo el mundo contempla atónito, es un mazaso brutal a las instituciones democráticas.