lunes, 13 de enero de 2020

América Latina/Debates Entrevista con Alberto Acosta "Ya no se trata de ganar elecciones, sino de construir una nueva historia desde abajo"

Gabriel Brito
Correo de la Ciudadanía, 10-1-2020
Traducción de Correspondencia de Prensa

Es uno de los críticos más persistentes de los gobiernos de izquierda que gobernaron países latinoamericanos, especialmente por sus métodos de desarrollo económico. Explica, a la vez, dónde se ha producido la brecha para el retorno de la derecha. Fue uno de los principales constructores del movimiento Alianza País que elevó a Rafael Correa a la presidencia de Ecuador, y ejerció como presidente de la Asamblea Constituyente que otorgó a este país una nueva Constitución. Vivió, desde dentro, el proceso de burocratización y destitución de los movimientos sociales, promovido por las izquierdas hegemónicas del continente. Alberto Acosta está entusiasmado, pero no se engaña, por los recientes levantamientos populares, que en su opinión, refuerzan que toda una sociabilidad y un modelo económico se han agotado. Economista y autor de varios libros, advierte del espectro de la militarización en todo el continente y proporciona algunos elementos que considera fundamentales para construir un nuevo momento político positivo para las masas.

-Correio da Cidadania: El llamado fin del ciclo de gobiernos progresistas fue sucedido por el retorno de la derecha, en algunos casos, como en Brasil, el más reaccionario y virulento desde el fin de la dictadura militar. ¿Qué explica esta dinámica en su visión y qué podemos visualizar como expectativas generales para el 2020?

Alberto Acosta: Para entender lo que está sucediendo en este momento en América Latina, especialmente en los países donde la derecha ha reemplazado -en algunos casos increíblemente rápido- a los gobiernos progresistas, como en los casos de Brasil y Bolivia, hay preguntas complementarias: ¿Por qué se han derribado estos procesos tan rápidamente? ¿Cómo se explica el ascenso de una ultraderecha que ya ha dejado de ocultar o esconder sus propuestas autoritarias, conservadoras y también neoliberales con prédicas homofóbicas y racistas?

Más allá de las indiscutibles acciones desestabilizadoras del Imperio, que se suman a la influencia del "cristo-neofascista internacional", en palabras del teólogo español Juan José Tamayo, algo no funcionó en la América Latina progresista en los años anteriores. Se ha hablado mucho sobre la revolución y el socialismo, incluyendo la democracia. Sin pretender agotar el tema, es evidente que los gobiernos progresistas no han logrado democratizar sus sociedades, en algunos casos incluso han pulverizado la institucionalidad política a la que se proponían cambiar a través de procesos constituyentes, como en Venezuela y Ecuador.

La corrupción ha estado presente de manera escandalosa en toda la región, incluso en esos gobiernos. Y el deseo de mantenerse en el poder contribuyó a la configuración de regímenes caudillistas y autoritarios, que en algunos casos para mantenerse terminaron por coincidir con las fuerzas conservadoras y la derecha corrupta, como ocurrió en Brasil en las alianzas del PT con el PMDB.

Pero hay más en el fondo. Los gobiernos progresistas no intentaron superar las estructuras tradicionales de sus economías primarias exportadoras, al contrario, las profundizaron: el extractivismo fue la fuente de ingresos para sostener los esquemas neo-desarrollistas y expandir las políticas sociales, en un marco de creciente consumismo financiado, mientras duró el ciclo de altos precios de las materias primas.

En resumen, el financiamiento de estas economías descansaba cada vez más en las exportaciones de productos primarios y en la atracción de inversiones extranjeras, aceptando una inserción subordinada en el comercio mundial y, de paso y en la práctica, una acción limitada por parte del Estado; la expansión del extractivismo vino de la mano de claras tendencias desindustrializadoras y un aumento de la fragilidad financiera. Y como bien sabemos, han consolidado un Estado que no sólo es rentista, sino también prácticas empresariales rentistas, esquemas que van acompañados de relaciones sociales clientelares y gobiernos autoritarios. El resumen es: más extractivismo, menos democracia, independientemente de si son gobiernos neoliberales puros o progresistas.

Para completar este escenario, con los gobiernos progresistas la lógica de la acumulación de capital no se ha visto afectada: a pesar de haber reducido la pobreza mientras había recursos para sostener las políticas sociales, y el consumismo, la concentración de la riqueza ha alcanzado niveles crecientes (tendencias que también se han registrado en los países de los gobiernos neoliberales).

Como señalamos con Eduardo Gudynas -en la búsqueda de causas para entender la derrota del PT en Brasil y las secuelas del triunfo del Bolsonaro para la región- todo esto explica por qué el neo-desarrollo -mientras duró el largo ciclo de altos precios de las materias primas- fue apoyado tanto por los sectores populares como por la élite empresarial: Lula da Silva fue aplaudido, por diferentes razones, tanto en los barrios pobres como en el Foro Económico de Davos.

En la práctica, uno de los dispositivos que posee el capitalismo para construir hegemonía, es su capacidad -especialmente durante el pico del ciclo capitalista- de reducir la desigualdad entre los trabajadores sin tocar la desigualdad entre ellos y las clases dominantes; tal capacidad es reconocida como -en palabras del gran economista peruano Jürgen Schudt- la hipótesis del "hocico de lagarto": un hocico compuesto de una mandíbula superior que refleja la alta desigualdad de la riqueza, que es rígida (casi estructural) y sólo se mueve ante cambios igualmente estructurales en las relaciones de propiedad de esta riqueza; y una mandíbula inferior que recoge la cambiante desigualdad de ingresos, que disminuye gracias a la amplitud de las etapas de pico (el "lagarto capitalista" suelta su presa cuando tiene mucho que comer), y aumenta debido a la escasez en las etapas de crisis (el "lagarto" aprieta su presa); todo ello en medio de un ciclo capitalista que se vuelve más volátil e inestable en sociedades extractivistas como las latinoamericanas.

Al mismo tiempo, el desarrollismo progresista, establecido en profundas raíces coloniales y sobre bases extractivistas cada vez mayores, se sustentó en controles crecientes y severos sobre la movilización ciudadana, en la criminalización de quienes se oponían a la expansión del extractivismo, así como en la flexibilización de las normas ambientales y laborales para atraer la inversión. Esto debilitó la base de las fuerzas sociales con capacidad de transformación. Todo esto ha abierto el camino para el surgimiento de la actual restauración conservadora, que en realidad comenzó durante los propios gobiernos progresistas -basta recordar cómo el correaísmo se opuso a la introducción de la posibilidad legal del aborto por violación en el Ecuador.

Aceptemos, por lo tanto: los progresistas, que surgieron de matrices de izquierda, al final simplemente administraron gobiernos que en esencia buscaban modernizar el capitalismo.

-Correo de la Ciudadanía: Sin embargo, donde la derecha ha recuperado el poder central, las tensiones sociales y los levantamientos populares han aumentado. ¿Qué explica esta dinámica en su opinión y qué expectativas podemos tener para el 2020?

Alberto Acosta: Con la llegada de la crisis económica desatada por la caída de los precios de las materias primas en el mercado mundial, las condiciones sociales se deterioraron y con ello la estabilidad política: si bien el consumismo era bastante desbordante, dicha estabilidad parecía segura y el progreso estaba en buena salud. La estabilidad política se vio afectada por este cambio de ciclo económico.

Un caso digno de mención es el de Argentina: en este país se sustituyó un gobierno progresista por uno neoliberal, el de Macri, que al fracasar rotundamente permitió el retorno del progresismo, contradiciendo a quienes creían que la fase de tal espectro había terminado. Desde otra perspectiva, es interesante observar que en Ecuador, donde el cambio de gobierno tuvo lugar dentro del mismo partido progresista, al concluir una fase de autoritarismo exacerbado -al pasar del gobierno de Correa al de Lenin Moreno- muchas organizaciones sociales anteriormente reprimidas con dureza pudieron reconstruir sus fuerzas.

Y, ciertamente, una vez terminada la bonanza progresista, el neoliberalismo encontró el terreno propicio para su resurgimiento con creciente fuerza; aunque también hay que señalar que en ciertos casos, como en el mismo Ecuador, se dejó la puerta entreabierta para este retorno, en la medida que el correaísmo alentó las privatizaciones de los grandes puertos o la entrega de los campos petroleros a las empresas transnacionales, abrió de par en par la puerta a la megaminación, reintrodujo elementos de flexibilización laboral, firmó un TLC (Tratado de Libre Comercio) con la Unión Europea... Finalmente, el país experimentó una especie de "neoliberalismo transgénico": un Estado fuerte sirvió para introducir algunos de los objetivos neoliberales más esperados.

Es decir, con los progresistas no hubo paso a las transformaciones estructurales que permitieran -al menos para empezar- construir bases económicas, sociales y políticas más sólidas para superar la dependencia extractiva y sus secuelas. Tampoco se han visto afectadas las estructuras de acumulación de capital, exacerbadas por el extractivismo desvergonzado: la minería, el petróleo, la agroindustria... Además, el progresismo, con sus políticas de disciplina social y de criminalización de los defensores de la naturaleza, ha debilitado las bases de la organización social, afectando a aquellos grupos que alguna vez se enfrentaron al neoliberalismo.

En este escenario, aprovechando el debilitamiento del progresismo y ante el deterioro de las fuerzas sociales con capacidad transformadora, las derechas retoman   directamente al poder y desde allí emprenden políticas económicas que en esencia buscan aumentar aún más las condiciones de acumulación de capital, transfiriendo el costo del ajuste a los sectores populares y a la naturaleza, como ocurre una y otra vez en nuestra historia. Es decir, el "hocico de lagarto" se cierra de nuevo.

En este punto surgen muchas de las recientes luchas populares, exacerbadas también por la inviable promesa de progreso y desarrollo propia de la Modernidad. Así, tales acciones, con múltiples expresiones simbólicas, con contenidos diversos y particulares en cada país, caracterizaron el turbulento año 2019 y marcarán el del 2020, en el que la represión en sus múltiples formas estará en manos de la derecha y la sorpresa -como veremos más adelante- a cargo de las masas.

Este será un año en el que, sobre todo, debemos tener la capacidad de diferenciar lo que el progresismo realmente propone de lo que presentan los izquierdistas. Para enfrentar al neoliberalismo y sobre todo a las fuerzas de la ultraderecha, se pueden construir amplias alianzas que, aun así, no deben confundir a la izquierda en la conquista de su objetivo postcapitalista.

-Correio de la Ciudadana: ¿Cómo vio los levantamientos masivos en Colombia, Ecuador y Chile y qué es lo que tienen de más profundo?

Alberto Acosta: Son procesos alentadores. Son definitivamente alentadoras. A pesar de ciertos rasgos comunes, son procesos únicos y en cierto modo irrepetibles. Tales levantamientos son demostraciones de la capacidad de las sociedades en movimiento, con potenciales enormes e incluso impredecibles. De hecho, estos levantamientos no surgen de planes preconcebidos, y menos aún están inspirados en la lógica repetitiva del funcionamiento de muchas organizaciones sociales y políticas tradicionales. Estos levantamientos sorprendentes e innovadores, muestran que se puede dar un nuevo impulso a muchas acciones de lucha que de tan agotadora repetición, han pasado del ámbito de la constancia a convertirse sólo en una somnolienta y hasta tediosa obstinación.

Una característica de estos levantamientos es la sorpresa, no tanto por el asombro que han causado, incluso para aquellos que buscan leer con atención la evolución política y social, sino porque han influido en varios gobiernos? Este es el mayor potencial: la sorpresa como herramienta indispensable para lograr el progreso, que perdurará mientras la sociedad en movimiento mantenga una alta creatividad y, ciertamente, que haya claridad en los objetivos estratégicos a alcanzar, lo cual, insistimos, no puede ser una simple reedición actualizada de viejas propuestas, y menos aún la repetición cansadora de las mismas tácticas.

En estos países, a los que podemos añadir a Haití, se han producido varias situaciones explosivas durante mucho tiempo, pero no parecían tan potentes como para que pudiéramos anticipar una explosión de la magnitud que hemos experimentado en los últimos tiempos. En cada caso hay varios detonantes, como la eliminación de los subsidios a los combustibles en Ecuador o el aumento del precio del metro en Santiago, que encendieron la chispa para descubrir realidades muy complejas. En el caso colombiano y chileno, la cultura de la protesta es la dura experiencia del neoliberalismo, sin duda. En otros casos, como el ecuatoriano, la receta no sólo se nutre de ingredientes neoliberales, sino de una perversa mezcla de neoliberalismo con elementos propios del progresismo, que en el caso boliviano construyó el escenario del golpe de Estado por la falta de respeto del gobierno de Evo Morales a sus propias construcciones institucionales.

-Correio de la Ciudadana: ¿Hay algún elemento que pueda explicar estos levantamientos en América Latina relacionados con otros procesos en el planeta?

Alberto Acosta: Ese es un punto clave. El mundo, y no sólo América Latina, se ve sacudido por levantamientos que van más allá de los escenarios predecibles y que no pueden ser leídos con las herramientas tradicionales.

Por lo tanto, es urgente abordar tal evolución sin caer en análisis simplistas o generalizaciones que borren las especificidades, ni esperar a tener todos los elementos que permitan comprender la plenitud de tales procesos. Es el momento de interpretar lo que sucede para sacar conclusiones y lecciones al mismo tiempo que nos permitan actuar frente a desafíos de gran complejidad.

Este enfoque debe hacerse desde una perspectiva latinoamericana, tratando de identificar los mínimos denominadores comunes de estos procesos. Esta es la tarea urgente para construir alternativas de izquierda y enfrentar a la derecha.

Existen múltiples focos de indignación y frustración en un mundo que está experimentando una crisis multifacética: ecológica, social, económica, política... Una crisis que supera en todos los aspectos las conocidas crisis cíclicas propias del capitalismo y prefigura los cambios civilizadores. Las causas pueden ser diversas en cada caso, pero algunas reacciones y muchas de las confrontaciones con el orden establecido muestran algunos rasgos similares.

La institucionalidad política está en crisis. La democracia, independientemente del número de elecciones que se celebren, parece estar en modo avión, es decir, desactivada en la práctica. Los partidos políticos se han atrincherado en la defensa de sus intereses, al igual que los grandes medios de comunicación, que se niegan a entender lo que significan las sociedades en movimiento y el origen profundo de los levantamientos en marcha. La corrupción corre libre.

Las promesas de bienestar de la modernidad se ahogan en una realidad cada vez más deshumanizada y destructiva. Las élites gobernantes - políticas y empresariales - responden con una violencia creciente y profundizan los conflictos con su vandalismo neoliberal. Y en este escenario la frustración, especialmente en la juventud, en sus múltiples facetas alimenta las acciones de resistencia y protesta.

-Correio da Cidadania: ¿Por qué estas revueltas son difusas e involucran a diversos sectores de la sociedad, relegando a un segundo plano a los partidos, sindicatos y movimientos sociales más hegemónicos?

Alberto Acosta: Estos nuevos procesos se están llevando a cabo en muchas partes de nuestra América. Definitivamente, la frustración popular creada y acumulada por la civilización de la desigualdad y el daño que está dejando en la periferia del mundo, han generado las condiciones para una explosión social que hace temblar la escena política. “Esta movilización popular -como escribí en un artículo para introducir la lectura de la realidad ecuatoriana, con John Cajas-Guijarro- equivale a un terremoto que mueve y cuestiona los fundamentos de nuestras sociedades injustas e inequitativas, e incluso cuestiona las viejas formas y conceptos utilizados para entender a los sectores populares y su sufrimiento”.

Aquí -como ya se ha señalado- el reduccionismo es inadmisible, ya que oscurece el panorama e impide la construcción de estrategias que potencien esta ola de luchas de resistencia y de re-existencia. La lista de problemas y frustraciones acumuladas es larga y no se reduce a una u otra medida económica o política en particular, que, como ya se ha mencionado, pueden ser los detonantes de una explosión social, no su última causa.

Por lo tanto, sin que ello signifique la única o mayor explicación, el deterioro económico está en la raíz de muchos de estos procesos. Al desempleo y la miseria que surgen de este empeoramiento se suman las políticas económicas que aumentan la explotación del trabajo y la naturaleza. Pero la raíz del problema tiene muchas más aristas. El peso de las estructuras clasistas, patriarcales, xenófobas, racistas, etc. persiste e incluso emerge con doble fuerza, en oposición a las múltiples protestas libertarias, ya sean feministas, indígenas, ecologistas, campesinas, laborales

A su vez, la propia violencia extractiva es un proceso interminable de conquista y colonización, que explica tanto el autoritarismo -progresista o neoliberal- como la corrupción, y da paso a una creciente resistencia territorial. Luchas que también están empezando a inundar las zonas urbanas: la reciente revuelta en Mendoza, Argentina, contra las megaminas es uno de los ejemplos más recientes. Definitivamente, la pobreza, la desigualdad, la destrucción de las comunidades y la naturaleza van de la mano de las frustraciones de grandes grupos - especialmente los jóvenes - movilizados sin nada que perder, porque incluso el futuro les ha robado.

Entender tal complejidad no es fácil. Aunque acojo con satisfacción estos levantamientos, en ningún caso surgen mecánicamente de ellos claras salidas democráticas; por ejemplo, el controvertido proceso constituyente chileno sigue siendo una oportunidad llena de amenazas aunque esté controlado por las mismas élites gobernantes. Lo que es más evidente es que la violencia estatal está creciendo rápidamente y hasta las sombras de la militarización de la política se ciernen como una constante en varios rincones de Nuestra América, desde Brasil hasta Ecuador, desde Venezuela hasta Bolivia, desde Chile hasta Colombia.

Dentro de esta complejidad observamos el agotamiento de una modalidad de acumulación y sus sistemas políticos -progresivos o neoliberales- sustentados en profundas estructuras injustas y coloniales y forzados a niveles explosivos por las insaciables demandas del capitalismo global. Como bien observa Raúl Zibechi: "las revueltas de octubre en América Latina tienen causas comunes, pero se expresan de manera diferente.

Responden a los problemas sociales y económicos que generan el extractivismo o la acumulación por despojo, la suma de los monocultivos, la minería a cielo abierto, las megaciudades de infraestructura y la especulación inmobiliaria urbana”.

Son problemas que nacen de las contradicciones del capitalismo periférico, bajo el cual los países latinoamericanos se ven constantemente empujados a perpetuar su carácter de economías primarias de exportación, siempre vulnerables y dependientes, que tienen tanto el autoritarismo, como la violencia y la corrupción, como condiciones necesarias para su cristalización. Al mismo tiempo, persiste la lógica perversa de que se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, siempre con la complicidad entre el Estado y los grandes grupos de poder económico y político. Mientras tanto, la posibilidad de cristalizar patrones consumistas propios de un "modo de vida imperial" se diluye en la imaginación de amplios segmentos de la población, lo que sólo puede lograrse mediante la sobreexplotación del trabajo y de la naturaleza, lo que de hecho es algo irrepetible en general.

Ante tal injusticia e indolencia de poder, cuando las estructuras políticas se han vuelto hambrientas de poder por el poder, ¿qué le queda al pueblo más allá de la resistencia y la protesta?

-Correo de la Ciudadanía: ¿Está usted de acuerdo con la idea de que América Latina pierda su papel global en la actual reorganización económica que está sufriendo el planeta? ¿A qué estamos relegados?

Alberto Acosta: Aceptémoslo: América Latina nunca ha tenido un verdadero liderazgo mundial en términos de una reorganización de la economía mundial. Esta región ha sido condenada desde las horas más remotas del capitalismo - hace más de 500 años - como un sumiso proveedor de materias primas. La realidad no ha cambiado en absoluto. Por el contrario, con los regímenes neoliberales y progresistas, como ya se ha mencionado, la lógica del extractivismo y el desarrollismo ha dominado el imaginario político de la región en las últimas décadas. Las conquistas y la colonización son constantes en Nuestra América.

En este punto es lamentable ver la incapacidad de los gobiernos progresistas para dar paso a una sólida evolución integracionista. Esto habría permitido que la región se posicionara como un bloque poderoso en el contexto mundial. Los discursos sonoros no superaron las acciones de sumisión neoliberal. La neoliberal IIRSA (Iniciativa para la Integración Regional Sudamericana) se convirtió en COSIPLAN (Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planificación), en esencia también neoliberal al asegurar la vinculación de varios recursos de la región con las demandas del capital transnacional y los mercados metropolitanos.

Brasil, por ejemplo, durante el largo período de gobierno del PT, lejos de ser un motor de un proceso de integración regional, ha profundizado sus prácticas subimperialistas en el continente, mientras que en el interior ha expandido el extractivismo, generando un proceso de clara desindustrialización. Todo esto ha profundizado las condiciones tradicionales de dependencia del mercado mundial.

-Correio da Cidadania: ¿Cuáles serían las alternativas al marco político y económico imperante? ¿Qué ventanas parecen ofrecerse para la apertura de un nuevo período histórico que va en la dirección opuesta a las imposiciones de este modelo de capitalismo y por qué son necesarias?

Alberto Acosta: Mientras los diferentes grupos de poder, aparentemente, se preparan para imponer el capitalismo total a través de varias formas de autoritarismo, incluyendo la de corte fascista, las luchas populares necesitan organizarse y verse a sí mismas como luchas de múltiples dimensiones. Deben asumir simultáneamente una dimensión clasista y ambiental (trabajo y naturaleza contra el capital), una dimensión descolonial (como la histórica reivindicación indígena), una dimensión feminista y antipatriarcal, una dimensión opuesta a la xenofobia y al racismo... Definitivamente, una lucha múltiple que debe buscar un mañana más justo para todos y todas. Una lucha que, partiendo de la rebelión, es la semilla de un nuevo futuro.

Dentro de este nuevo futuro, un elemento clave es la urgente necesidad de construir y planificar una nueva economía, al servicio de la vida humana -individuos y comunidades- y siempre en estrecha armonía con la naturaleza: la justicia social debe ir siempre acompañada de la justicia ecológica, y viceversa. La construcción de esta nueva economía es crucial, ya que la economía dominante en la civilización actual ahoga el mundo humano y natural, mientras acumula capital y poder en beneficio de pequeños segmentos de la población. Y mientras tanto, los desposeídos del sistema no tienen otro remedio para evitar morir en el olvido que luchar por el colapso de una economía que, siempre, busca salir de su crisis sacrificando vidas -e incluso la naturaleza- para sostener el poder de unas pocas élites.

En definitiva, lo que está claro es que la premisa descolonizadora y despatriarcalizadora, elementos fundamentales para superar la explotación de los seres humanos y la naturaleza por el capital, exige la refundación de los Estados nacionales coloniales, oligárquicos y capitalistas para que estas transformaciones no queden simplemente en los discursos. No se trata simplemente de ganar elecciones para acceder al poder, sino de construir el poder desde abajo, desde la izquierda y siempre con la Pachamama (la madre tierra) para impulsar un proceso de radicalización permanente de la democracia.

Por consiguiente, es urgente construir una nueva historia en el camino, que necesita una nueva democracia, pensada y sentida a partir de los aportes culturales de las diferentes comunidades, en particular de los pueblos marginados, ya que ellos son los creadores; es decir, una democracia inclusiva, armoniosa y respetuosa de la diversidad.

Todo ello en el marco de propuestas de transformaciones profundas y civilizadoras, en las que se debe hacer hincapié en garantizar simultáneamente la pluralidad y la radicalidad. Una tarea que no será posible de la noche a la mañana, sino a través de sucesivas aproximaciones, que enfrenten a todas aquellas máquinas de muerte que amenazan la supervivencia humana y la vida en el planeta. Requerimos acciones que fusionen las luchas de resistencia con acciones de re-existencia a nivel local, nacional, regional e internacional... Para hacer frente a la "internacional de la muerte" necesitaremos una "internacional de la vida", de una vida digna para todos los seres humanos y no humanos. Este esfuerzo debería liberar a las fuerzas sociales que ahora están atrapadas en diversas instituciones del poder estatal, mejorando sus capacidades de autosuficiencia, autogestión y autogobierno. Todo esto exige no sólo inteligencia en la crítica, no sólo profundidad en las alternativas, sino sobre todo la acción creativa de las fuerzas políticas que hacen posible estos procesos emancipatorios.

sábado, 4 de enero de 2020

SE ACABÓ EL RECREO (por Jorge Zabalza)


País de los amortiguadores, de instituciones políticas para atemperar las consecuencias sociales del capitalismo. ¡Qué lindo este Uruguay del republicanismo y la democracia representativa! De la ficción electoral donde los pobres se creen iguales a los ricos porque votan en la misma urna y elijen a quien se encargará de hacerles pagar la Deuda. Las elecciones son, de verdad, un acto de prestidigitación.
La concordia entre liberales alcanza su punto culminante en la rambla, entre Punta Carretas y Malvín, en el país de las banderas frenteamplistas que se abrazan sin pudor con las de la coalición multi reaccionaria. Un coro de estómagos rebosantes que entonan el himno nacional.
Sin embargo, pocas cuadras al norte hay otro país, el de las panzas vacías, el del millón con ingresos menores a veinte mil pesos, los que no pueden dejar de pensar en el pesito nuestro de cada día, los que voten a quien voten seguirán con su vida de anestesiados, alimento de lobos y lobas, carne de cañón de las cárceles, víctimas del sistema por haber nacido lejos de la vidriera para turistas.
Tampoco está en la rambla el tendal que dejó la política económica del astorismo: 160.000 desempleadas y desempleados, otro tanto cuyos empleos bajaron de calidad, los dueños de pequeños comercios en concordato, los pequeños productores que debieron abandonar el agro. Esas capas medias que, mientras financian vía IRPF el asistencialismo social, ven que las grandes multinacionales no dejan nada para el país.
No hay índice de Gini ni línea de pobreza que puedan disimular las consecuencias de haber subordinado la economía a los intereses financieros internacionales. 
Sin embargo, como las y los sacrificados en el altar del grado inversor son mayoría, los partidos compiten para obtener su consentimiento. Entre todos, los arrean hacia el matadero, testuz inclinada y chiflando bajito. Es el modo de dominar pacíficamente.
Empero, en esta ocasión, más de 50.000 electores del área metropolitana, que habían votado al Frente Amplio en 2014, cambiaron de arriero y fugaron hacia otros partidos. El electorado uruguayo navega a contracorriente de los pueblos que, para librarse de la dependencia del capital financiero, tomaron el control de las calles, avenidas y plazas de América Latina. Mientras ellos enfrentan balas de goma, tortura, violaciones y gases lacrimógenos, el pueblo del Uruguay parece haber elevado al gobierno la representación más vinculada al agronegocio, al capital financiero y la mano dura.
¿La victoria de la coalición multi reaccionaria se debe a la mala comunicación o a que la gente se cansó de versos? Si, señores, dejaron de votarlos porque disienten con ustedes. No fue la forma en que se comunicó, sino el contenido de la comunicación.
Véase por ejemplo lo que ocurrió con los derechos humanos. Aunque de manera diferente que los gobiernos anteriores, los progresistas también cumplieron con el pacto del Club Naval. Este es un país donde el político de izquierda más avezado es quien mejor sabe transar, en secreto y sin escrúpulos, con los propios criminales, la impunidad de los delitos de lesa humanidad. Con mucha prudencia y sin ofender a nadie, las marchas del 20 de mayo expresaron masivamente su disidencia con el Olvido y Perdón que se adivina en las actitudes y los gestos con que los gobernantes respaldan la impunidad.
¿Qué habría ocurrido si Tabaré, Mujica y Astori se hubieran puesto al hombro la lucha por Verdad y Justicia? ¿Si no hubieran tenido tantas contemplaciones con el centro militar y los comandantes en jefe del ejército? ¿Si hubieran dejado de pagar las jubilaciones a los oficiales procesados y los recluyeran en cárceles comunes? Serían gestos entendibles, actitudes educadoras para la lucha por Verdad y Justicia y no sus incomprensibles mensajes que convocan a aguantar pacientemente al militarismo.
Seguramente las consignas de las marchas habrían cambiado la desconformidad por los aplausos y la fuga de votantes habría sido muchísimo menor. ¿Quién dijo que el gobierno desgasta necesariamente la fuerza política? La gente no piensa sólo con el bolsillo, necesita creer, tener esperanzas. Solamente se precisaba desterrar el Olvido y el Perdón.
La derrota comenzó cuando los apóstatas se convirtieron en operadores de su versión de neoliberalismo suavizado con asistencia social. ¿Qué hubiera pasado si, en cambio, hubieran gobernado a lo Salvador Allende? ¿Si no hubieran cambiado los paradigmas del gobierno? Si hubieran rescatado del olvido el imaginario transformador, el del Congreso del Pueblo, el que dio origen a la CNT y al propio Frente Amplio.
Los actuales partidos políticos progresistas han dejado de expresar y representar la lucha contra el poder, contra la clase dominante y los centros del capitalismo mundial. Están integrados al sistema institucionalizado de dominación. ¡¡En Chile, Bachelet llegó al colmo de mantener el mismo modelo de producción y distribución que Pinochet!!
Hay una crisis de representatividad, dicen los politólogos, valoración que, en el fondo, significa que ellos mismos no creen que el resultado de las elecciones represente realmente la voluntad del pueblo.
Lo más probable es que el progresismo continúe colaborando con el neoliberalismo sin lubricante que ahora accedió al gobierno nacional. Hace rato que eligieron jugar de “oposición responsable” y acordar aquello que en la campaña descalificaron como antipopular. Gobierne quien gobierne, lo esencial continuará por los mismos carriles, unos en la rambla de Pocitos y otros sobreviviendo como pueden en el Pantanoso. Hasta que el pueblo, por sí y ante sí, diga basta y arranque a caminar.
Tal vez, aunque es poco probable, el retorno al viejo horizonte transformador pueda venir desde abajo, desde las bases frenteamplistas.
Pese a la sistemática política de desvalorizar y desarticular el Frente-movimiento, se produjo la avalancha militante entre octubre y noviembre del 2019. La dirigencia progresista quiere atribuirse la convocatoria, pero, en realidad, ella fue organizada desde los comités de base. Su irrupción significó la derrota de la estrategia de reducir la vida política al círculo central de los caudillismos y abre las puertas a la integración del “pueblo frenteamplista” a los movimientos que lucharán a muerte contra el neoliberalismo puro y duro.
Es que la conducción del progresismo ha demostrado su incapacidad para tomar la iniciativa en la lucha por la liberación de la mujer o por la defensa del aire, el agua y la tierra. No pueden hacerse cargo de la agenda de derechos porque quieren medrar en el espacio que les permite la clase dominante, sin salirse de los políticamente correcto. No quieren transformar la sociedad, revolucionarla. Nunca van a llamar a conquistar en la calle lo que se perdió en las urnas.
Ya pasó en Ecuador y Chile, en Bolivia y Colombia. Sus pueblos mestizos debieron asumir, por sí y ante sí, la conducción de la lucha con el capitalismo. Movimientos sociales multiétnicos, capaces de poner de relieve los aspectos más soterrados por la ideología dominante, el patriarcalismo, la violencia doméstica, el racismo, la destrucción de los recursos naturales, del agua, la tierra y el aire. Que han logrado comprender que mientras haya capitalismo habrá patriarcalismo y violencia contra las mujeres. Que mientras se cabalgue tras la tasa de ganancia la depredación será el modo de producir. Movimiento s sociales que han sido capaces de reunirse y organizar la batalla, de constituir organismos políticos de base popular, dejando a un lado los progresismos que concilian con el poder económico y militar. El recreo terminó, la lucha espera.

Jorge Zabalza


miércoles, 4 de diciembre de 2019

LA IDONEIDAD ES UN CUENTO (mi artículo de esta semana en semanario VOCES)


Cuando un partido queda en minoría en primera vuelta, una de las opciones es formar una coalición, negociar con otras fuerzas la creación de un gabinete de gobierno que contenga miembros de todos los partidos del acuerdo. El presidente que resulta electo le ofrecerá obviamente los cargos a sus socios de la coalición, pero quien designe la persona para ese cargo será el partido que recibe la propuesta y no el presidente. Así las cosas, éste tendrá la posibilidad de nombrar a aquellos de su propio partido, y deberá conciliar las diferentes fuerzas de los distintos sectores que lo llevaron a la presidencia.
De manera que la idoneidad para el cargo, tanto en ministerios como en los diferentes entes, es un cuento chino que nadie se cree, más allá de que eventualmente en algún caso pueda haber una coincidencia entre idoneidad y cargo. Por otra parte, es indudable que son cargos políticos, y que el presidente de turno lo que intenta es rodearse de gente con respaldo político para poder gobernar. Luego, quien ocupa el cargo político se rodea de asesores que lo ayuden en la tarea específica cuando esta tiene un carácter técnico.
Por otra parte, ¿cómo se puede evaluar la idoneidad para determinados cargos? Uno diría que tal vez un buen ministro de salud pública sea un médico, pero no necesariamente es así. Ni el mejor ministro de educación y cultura tiene por qué ser un educador. El ministro de vivienda, ¿tiene que ser un arquitecto? ¿un albañil? ¿Cómo se mide la idoneidad para ser ministro de defensa? ¿un militar sería el más idóneo para ese cargo? ¿tal vez un policía para el ministerio del interior? No lo creo. Son cargos fundamentalmente políticos.
Y desde luego, todos los gobiernos no hacen otra cosa que repartir los cargos políticamente. Lo hacen cuando tienen mayorías (lo hicieron siempre los gobiernos del FA y todos los anteriores), y con más razón aún lo hacen cuando son gobiernos de coalición, en donde el juego de intereses y objetivos políticos es sumamente complejo y en permanente tensión.
Lacalle Pou incluso afirmó que «el gobierno que viene necesita fortalezas y estabilidad”, y agregó que para sostenerla habría para el FA una integración de los organismos de entes autónomos, servicios descentralizados, como forma de contralor, en las políticas macro de los organismos. Y después un diálogo con las organizaciones sociales, con los sindicatos, con las cámaras empresariales.
Sea como fuere, lo cierto es que el funcionamiento de los gobiernos de coalición descansa en la necesidad de llegar a acuerdos interpartidarios, de construir consensos y, a fin de cuentas, en la negociación entre los diferentes actores, lo que deja un márgen muy pequeño para buscar el combo idoneidad/cargo.

martes, 29 de octubre de 2019

A LA DERECHA QUE HAY LUGAR

(mi artículo de esta semana en Semanario VOCES)


Aunque suene extraño, la fuerza más votada en las elecciones del domingo pasado fue la gran derrotada. Y lo fué porque perdió las mayorías parlamentarias que tuvo durante tres períodos consecutivos y porque perdió casi 200 mil votos, lo que la dejó en situación precaria para enfrentar la segunda vuelta de noviembre.
Hay algo que está muy claro; el FA ha sufrido un sostenido descenso electoral a partir del año 2004, año en el que obtiene el gobierno en primera vuelta. A partir de ahí, no ha hecho otra cosa que perder votos elección tras elección. Ya en mayo de 2005 (elecciones departamentales), los votos obtenidos en todo el país -a pesar de obtener siete nuevas intendencias que se sumaban a Montevideo- fueron menos que los de octubre de 2004. En las internas de 2009 la votación fue menor que en las internas anteriores, y en octubre de ese año se obtuvo un 4% menos que en octubre de 2004.
A pesar de ese proceso constante que culmina con la debacle del domingo pasado, jamás esa fuerza política se hizo una mínima autocrítica para corregir rumbos. Todo lo contrario, lo que primó fue una enorme soberbia, que quizá esté plenamente representada en la frase de Tabaré Vázquez: “nos vemos en las urnas”. Nos vimos en las urnas, y los resultados están a la vista.
En esta oportunidad, además del cúmulo de errores en la gestión de gobierno, se sumó un pésimo candidato, muy mal orador, y que eligió una candidata a vice totalmente desconocida y que se tuvo que ocultar para no perder más votos. Se pretendió disimular las deficiencias con cánticos y bailes y banderas, pero eso nunca es todo para ganar una elección.
Al parecer nadie está dispuesto a admitir la enorme decepción de muchos frenteamplistas a partir de que el primer gobierno se apartó de postulados históricos de izquierda. Eso generó la pèrdida de miles de votantes, pero fundamentalmente de miles de militantes comprometidos con el proyecto de izquierda. Lo cual generó, además, el vaciamiento continuo de los Comités de Base.
Los síntomas más notorios de esa decepción, fueron el desprendimiento de sectores (el 26 de Marzo y parte de la CI), el alejamiento de referentes históricos y éticos, fundadores del FA como Guillermo Chifflet y Helios Sarthou, y el comienzo de la pèrdida de votos en Montevideo.
Este retroceso por izquierda, fue de alguna manera compensado por un cambio sustancial de la composición del electorado frenteamplista, que fue incorporando -a medida que el FA se iba corriendo hacia la derecha- a votantes de la derecha y del centro (y no solo votantes, hasta legisladores ex integrantes de la JUP). De hecho, el FA comenzó a perder fuerza en Montevideo y a aumentar su electorado en el interior, tradicional reducto conservador.
El FA del 71 era un conglomerado de izquierda con postulados de izquierda (antiimperialista, antilatifundista, antioligárquico). Pero se ha ido transformando, entre otras cosas para lograr llegar al gobierno, y el FA que llegó al gobierno no es ni la sombra de aquel. Se ha transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, se ha ido modificando en sus referencias ideológicas, y ni que hablar en su convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje).
Y cuando un partido de izquierda se corre hacia el centro para ampliar su apoyo electoral, y luego llega al gobierno y aplica un programa de centro, no es tan extraño que sus votantes -que a esa altura son mayoritariamente de centro o de derecha- puedan volcarse eventualmente hacia otro partido que los represente mejor.
Cuando un partido se transforma en “catch-all”, es posible que crezca electoralmente e incluso que obtenga el gobierno (el FA es una clara prueba de ello). Pero eso tiene sus costos. Fundamentalmente el lavado ideológico logra sin duda la ampliación de posibles electores, pero hacen cada vez más difícil las distinciones en clave ideológica entre unos partidos y otros (los signos de identidad quedan reducidos a cuestiones instrumentales, la agenda de derechos, etc,). De esta forma, las diferencias entre derecha e izquierda tienden a reducirse cada vez más y el concepto predominante es el centro político. El electorado que se consigue no es un electorado cautivo ni mucho menos.
De manera que si el FA sigue hoy perdiendo votantes de izquierda, y además votantes de derecha (que se van a Cabildo Abierto, entre otros), no puede ser ninguna sorpresa para nadie.



José Luis Perera

miércoles, 16 de octubre de 2019

NADA NUEVO BAJO EL SOL

(mi artículo de esta semana en VOCES Semanario)


Las encuestas son una fotografía de un momento, y aun con sus imperfecciones, ayudan a tener una idea aproximada de lo que puede pasar en una elección. 
En los últimos seis días, en donde la publicidad sigue influyendo -hoy en día multiplicada hasta el paroxismo por el fenómeno de las redes sociales-, la gente sigue tomando decisiones que ya no serán registradas por ninguna encuesta.
El “voto oculto”, que históricamente fue de votantes de los partidos tradicionales (la mayoría silenciosa), hoy en día es oficialista. En 2004 el 34% de los indecisos votó al PN y el 27% al FA. De ahí en más, la mayoría de los indecisos se volcó por el FA, y es probable que vuelva a pasar en esta elección. 
En 2014 había un enorme malestar entre los votantes del FA, muchísimos de los cuales tenían pensado un voto castigo; eso era lo que recogían las encuestas y por eso daban los números que daban.
Sin embargo, a medida que el resultado de las encuestas se iba instalando y comenzaba a mostrar la posibilidad cierta de que el FA perdiera las mayorías y finalmente el gobierno, se produjeron dos cosas: 1) despertó a la militancia frenteamplista (“el susto despertó al mamado” dijo Topolansky), y 2) desató una brutal campaña de miedo a un posible gobierno de la “derecha” (fundamentalmente a través de las redes sociales).
Sin duda, ambas cosas dieron sus frutos, y a último momento, muchos frenteamplistas (la enorme mayoría de quienes figuraban en las encuestas como indecisos) que pensaban castigar con su voto lo pensaron muy bien y optaron por “el mal menor”.
Esto no lo pudieron registrar obviamente las encuestas, y muchos de estos frenteamplistas que votaron con bronca, ni siquiera lo reconocieron en las encuestas a boca de urna.
De manera que el escenario de hoy puede variar en los últimos días, aunque esta vez parece difícil que el gobierno mantenga las mayorías.
En la segunda vuelta, seguramente el FA pueda captar votos del PC, aunque dificilmente lo pueda hacer de CA, cosa que sí podría lograr Lacalle. Esto en principio dejaría con ventaja a Lacalle para obtener el gobierno, aunque todas las hipótesis son posibles.
La gobernabilidad del pais no está en juego, por cierto, porque el partido se juega en el centro. Es decir, acá no hay un enfrentamiento entre dos proyectos de país antagónicos. El proyecto, en cualquiera de los casos es el proyecto del gran capital, el de los Organismos financieros y políticos mundiales, y la disputa es por quién será el encargado de llevarlo a la práctica.
El Uruguay es un país que se ubica en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades, una un poco más conservadora que la otra (el propio Tabaré Vázquez reconoció que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo) . Lo que está en juego en estas elecciones es cuál de esas dos mitades se impondrá.

jueves, 15 de agosto de 2019

UPM2 EL FIN A LA INCERTIDUMBRE (QUE NUNCA FUE)

Con las cartas vistas se comprueba que teníamos razón

Autor: William Yohai
26 de julio de 2019

Hace pocos días UPM aprovechó su presentación trimestral a los accionistas[i] para dar a conocer la famosa “Decisión Final de Inversión”.Construirá una planta de celulosa en Uruguay con capacidad para 2.1 millones de toneladas anuales.
1) En la versión en inglés se afirma que el  de la tonelada de celulosa será de U$S 280. Hemos calculado, junto a Gustavo Melazzi, en estudios publicados desde 2007 hasta la actualidad, que el costo de producción de las pasteras uruguayas debía aproximarse a U$S 300 la tonelada. La empresa nos da la razón.
Esto sitúa las ganancias previsibles de la empresa, a valores actuales de la celulosa de unos U$S 700 la tonelada, de U$S 800 millones anuales. Si recalculamos a un precio aproximado promedio los últimos 10 años de U$S 550[ii] la ganancia no bajaría de U$S 500 millones anuales. Como el mismo informe r esalta, no hay en el mundo, grandes inversiones en producción de celulosa previstas para los próximos años. Se puede afirmar que las estimaciones de ganancias serán mucho más cercanas o superiores a los niveles máximos que a los mínimos.
Como UPM afirma que invertirá en total U$S 3.050 millones (2.700 en la planta, y 350 entre el puerto y Paso de los Toros) se presume que recuperará la inversión entre 3 y 6 años. Todo un récord para grandes inversiones de este tipo. También podemos afirmar que, al exencionar a la empresa de IRAE el estado uruguayo dejará de percibir entre U$S 125 y 200 millones por año. Este es un aporte que no se ha mencionado para la instalación de la planta. Si tomamos un horizonte de 20 años (tiempo de vida útil estimado de la planta) Uruguay aporta-pierde entre U$S 2.500 y 4.000 millones como resultado de esta generosa exención[iii].
2) Entre las razones esgrimidas por los jerarcas del gobierno y aceptadas por la gran mayoría de la prensa y la oposición política (con matices) para las inmensas concesiones que el estado uruguayo aceptó en el contrato ROU-UPM[iv] hay una que predomina y dice aproximadamente así: “Esta es la mayor inversión de la historia del país, reactivará el centro de la República que exhibe los peores indicadores económicos y sociales….si no concedíamos todo eso la inversión no se llevaba a cabo
El informe de UPM desmiente en forma implicita pero al mismo tiempo categórica ese razonamiento: “La disponibilidad de eucaliptus está asegurada a través de las propias plantaciones propiedad de UPM, de las arrendadas así como de acuerdos de suministro con proveedores privados. Hoy las plantaciones propias y arrendadas cubren 382.000 hectáreas capaces de suministrar tanto la planta de Fray Bentos como la nueva de Paso de los Toros”. Si no hacía la planta: ¿que iba a hacer UPM con los 7-8 millones de toneladas de troncos que estaban creciendo aceleradamente? De allí el título: la incertidumbre que nunca fue.
3) Más adelante el informe se jacta de que, a U$S 1.286 por tonelada de producción instalada la de PdT es una de las más baratas de las existentes en el mundo….¿cómo podría ser de otra manera si el estado uruguayo está invirtiendo no menos de  U$S 3.000 millones para facilitarle la logística[v] a la empresa y encima la está subsidiando con U$S 1.450 millones, a razón de 72.5 anuales para pagar una energía eléctrica que no necesita ni necesitará por lo menos por 15 años?[vi]
4) Podríamos abrir un capítulo “delirios varios”. Ya demostramos con la información oficial (OPYPA)[vii] que, considerando la historia del empleo en la cadena forestal y especificamente en la forestal celulósica, la cantidad de empleos que se puede esperar genere la nueva planta una vez instalada y funcionando es magra. No más de 500. De 4.000, que menciona el contrato ROU-UPM ahora crecen, mágicamente a 10.000. En la construcción de la planta el informe de viabilidad ambiental (documento de la empresa) habla de un promedio de 2.850, con máximos de 4.000. O sea, mínimos de mucho menos que eso.  Comparemos: desde 2014  se perdieron 50.000 empleos. El total de asalariados en el país ronda los 1.600.000….¿cuánto cambiarán esos 2.850 la situación global? Dudamos mucho que la construcción del ferrocarril y el viaducto empleen más de 500 personas durante 2 o 3 años. Son obras que se realizan a partir de maquinaria pesada con poca gente trabajando.
5) El ministro Astori se ufana del crecimiento del pbi que traerá el año que viene el comienzo de la construcción de la fábrica y demás obras. Toda la construcción de aquella implicaría, en dinero, un gasto de entre U$S 600 y 700 millones. Unos 200 anuales. Eso es un 0.33% (aproximadamente) del pbi anual del país. Menos aún impactarán las demás obras. Cabe aclarar que, desde el punto de vista de la inversión (formación bruta de capital, fbk,  en términos técnicos) el impacto en el pbi se corresponde mucho más con la masa salarial empleada que con la inversión total (U$S 2.700 millones). En efecto, el grueso de esta cifra se genera a partir de maquinaria importada. Computa como “maquinaria y equipos” dentro de la fbk pero se debe deducir del pbi como importaci&oacu te;n. Y por supuesto, el próximo año comenzaremos a pagar intereses por los desembolsos que ya están generando las inversiones en curso (viaducto, traslados portuarios, etc.).
Eso sí, una vez funcionando la planta hará crecer el pbi nacional en poco menos (y en esto somos más optimistas que el gobierno) del 3%[viii]. un impacto puramente numérico y que se debe a la masa de dólares que figurarán como exportados. Escasísima repercusión interna.
Lo que también es claro: frente a este crecimiento del pbi se produce un considerable aumento de la deuda pública. El país no tiene “resto” económico lo cual se manifiesta en un déficit fiscal global cercano a 5% del pbi. Por tanto todas las inversiones ocasionadas por el proyecto causarán un aumento de la deuda mayor al 8% del producto[ix]. Por algo en el  conjunto de informes que publicó Búsqueda[x] el día 25/7 se lee: “La nueva planta de UPM promete dar un empuje a la economía uruguaya en un contexto de estancamiento. Sin embargo, esta buena noticia ya la habíamos incorporado en nuestra línea de base cuando revi samos a ‘negativa’ la perspectiva (de la deuda pública) el año pasado. No proyectamos que el impacto económico y recaudatorio de la planta, por sí solo, ayude mucho con el creciente déficit fiscal o estabilice el ratio deuda/PBI. Esto depende de medidas de ajuste fiscal que todavía están ausentes, aunque anticipamos que esto podría aclararse después de las elecciones”, declaró a*Búsqueda* el analista de Fitch Ratings Todd Martínez.”
Ese informe de Ficht es el que comentamos en el trabajo citado (nota final vi)
6) Visto todo lo anterior….¿tenemos los uruguayos algo para festejar del anuncio del 23 de julio?
Los lectores sabrán extraer sus propias conclusiones. 


[iii]      Para ver una comparación internacional. www.resonandoenfenix.blogspot.com “New York Times, UPM y nosotros”
[iv]      Hemos escrito abundantemente sobre el tema ver www.resonandoenfenix.blogspot.com . Algunos de estos trabajos han sido publicados además por BRECHA y VOCES. También hemos participado en múltiples mesas redondas en todo el país y en algunos programas de radio y televisión.
[v]      Un breve resumen: el ferrocarril nos cuesta U$S 2.400 millones, viaducto sobre accesos a Montevideo, traslado de puerto pesquero y dique Tsakos 300, dragado en 20 años no menos de 200, obras viales no menos de 100, et c. Cabe aquí precisar un concepto: cuando se suman los costos que se llevarán a cabo durante varios años se acostumbra calcular el valor actual de esos pagos. Nos parece que en este caso no corresponde: Uruguay pagará intereses por todos y cada uno de ellos. Por lo tanto la reducción de montos que cabría al aplicar el valor actual se anula al tener en cuenta los intereses generados por la deuda contraída.
[vi]             “El factor de carga anual, o sea, entendido como la relación entre el consumo durante un período de tiempo determinado y el consumo que habría resultado de la utilizaci&oacut e;n permanente de la potencia máxima, fue de 64,3%, lo que representó un decremento de 0,77% en relación al año anterior” así reza el informe de UTE disponble en: https://portal.ute.com.uy/sites/default/files/generico/Memoria_2017.pdf (Págs. 16/17). Proyectando el crecimiento actual de la demanda  de energía, recién después de 2035 haría falta agregar nuevas fuentes de generación. Sin contar con el hecho de que el mismo será cubierto cada vez más a expensas de desarrollos dispersos en base a eólica y fotovoltaica con contrato de compra-venta con UTE.
[vii]     Ver en www.resonandoenfenix.blogspot.com “UPM2 ANATOMÍA DE LA MENTIRA: EL EMPLEO”
[viii]    Ver también el blog “resonando” “La insoportable levedad de los análisis económicos del gobierno parte 2”
[x]      Se puede consultar en www.resonandoenfenix.blogspot.com

América Latina/Debates Entrevista con Alberto Acosta "Ya no se trata de ganar elecciones, sino de construir una nueva historia desde abajo"

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