domingo, 20 de octubre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

                                                                                      -  SÉPTIMA PARTE -

¿QUÉ HACER?

Lo primero es analizar estas cuestiones, ver lo que que se ha avanzado –si es que se ha avanzado-, y si no se avanzó, por qué, qué es lo que hay que modificar de la estrategia y la táctica. Si hace más de medio siglo, se planteó como estrategia la unidad de la clase obrera y de las fuerzas de izquierda, para lograr determinados objetivos básicamente anticapitalistas, antilafundistas, antioligárquicos y antiimperialistas, y habiendo logrado la unidad hoy estamos parados en el mismo punto que hace medio siglo atrás (siendo generosos), algo necesita ser analizado.
Y lo que digo y propongo no es una genialidad que se me haya ocurrido a mi, puesto que eso no es algo que suela pasarme. Lo que digo y propongo ya lo decía Lenin hace bastante tiempo:

“Lo más seguro, cuando se trata de un problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este problema en forma correcta, sin perdernos en un cúmulo de detalles o en la inmensa variedad de opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema científicamente, es no olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y, desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy”. (V. I. Lenin. "SOBRE EL ESTADO". Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov el 11 de julio de 1919).

Si elaboramos una línea política cuya estrategia central era una línea de lucha antimonopolista, antilatifundista, antiimperialista, como forma de acumulación de fuerzas para crear la base para la política de alianzas del partido y su actividad en el movimiento obrero y popular con el objetivo de resolver la cuestión fundamental del poder; poder popular que crearía la base económica cuya característica básica sería la socialización de los medios de producción concentrados y la planificación central, y hoy estamos integrando un gobierno cuyo norte es el libre mercado y se asusta hasta de construir un frigorífico multimodal que no asustó al batllismo, allí hay cosas para analizar.

La realidad objetiva nos dice que no existe un sistema socioeconómico intermedio entre el capitalismo y el socialismo, y por lo tanto no existe un poder intermedio. El poder lo ejercen las clases dominantes. Si bien el Partido desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Y en este punto quisiera transcribir unas reflexiones de María Luisa Battegazzore en lo que tiene que ver con la categoría “democracia avanzada” en Rodney Arismendi:

DEMOCRACIA AVANZADA

“En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...” Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo, dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica”.

Y más adelante:
“A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:
· el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
· el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
· la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
· una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.
Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores, crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada.

Y no quiero dejar de darle la importancia que se merece a la mención a la transformación moral. Es bueno pensar en cuales son los valores que estamos inculcando cuando un presidente (Tabaré Vázquez) le miente a su fuerza política y a los miembros de su gobierno (cuando decía que no estaba gestionando un TLC), o cuando le oculta a su gobierno y a su fuerza política cuestiones tan relevantes como el pedido de ayuda a Bush (pero lo cuenta graciosamente en un colegio del Opus Dei), actúa abiertamente contra resoluciones de su propia fuerza política (veto de TV a dos leyes votadas por el FA, la del aborto y la del seguro que beneficiaba a los trabajadores, y Mujica y Astori concurriendo al parlamento a decirles a los legisladores que no votaran la ley de anulación de la impunidad que expresamente había mandatado el Congreso, la Mesa Política Nacional y tres Plenarios Nacionales consecutivos). 

Y es bueno plantearse estas cuestiones morales cuando está en la agenda la más que probable segunda candidatura de uno de esos siniestros personajes.

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  SEXTA PARTE -

SEGUNDA CARTA A LOS SOCIALISTAS
 
En la segunda carta a los compañeros socialistas (año 1956), el PCU decía:
“Cuando tantas ilusiones quiebran en las masas por la conducta de las clases dominantes, la actuación concertada de comunistas y socialistas aglutinará a todos los sectores patrióticos con la vista puesta en las transformaciones democráticas, antiimperialistas y antifeudales, que las relaciones económico-sociales del país reclaman”.

Sin embargo, vemos –lamentablemente- en lo que se han quedado las “transformaciones antiimperialistas” y antifeudales, cuando hemos tenido que asistir a un presidente de nuestro gobierno (casualmente perteneciente al Partido Socialista en ese momento), que firmó un Tratado de Protección de Inversiones con ese imperialismo; que buscó por todos los medios firmar un TLC, que envió tropas a Haití a hacerle el trabajo sucio al imperialismo, y que puso la frutilla de la torta arrodillándose ante el imperio para pedir al mayor genocida de la historia de los EEUU que asustara a nuestros hermanos argentinos. Pero que además vuelve ahora a ser promovido fervientemente como candidato para las próximas elecciones, hasta por el propio Partido Comunista.

No quiero abundar en estas cuestiones, que se repiten a lo largo de la historia del PCU, y que tienen que ver con su concepción de una lucha frontal contra los problemas centrales de nuestro país: el imperialismo, el latifundio y el gran capital. Pero es bueno por ejemplo citar a Arismendi en el Informe al XVII Congreso:

“La persistencia de la opresión nacional y de tareas económico-sociales de la revolución democrático-burguesa en el aspecto agrario, definen el doble carácter de la revolución y de las fuerzas que se le alinean. b) Partiendo de estos datos objetivos, concentra el fuego contra el imperialismo norteamericano, principal opresor del país y de América Latina y organizador de la guerra y la reacción en escala internacional, y contra los grandes terratenientes y grandes capitalistas antinacionales. Los objetivos de la revolución consisten primero, en la liberación económica total del país de la dominación imperialista; se asegura así una base sólida para una política consecuente de paz e independencia. De este modo, liquida a la vez, toda forma de subyugamiento a los monopolios imperialistas, particularmente norteamericanos y el conjunto de pactos y medidas políticas y militares que comprometen la República a la política bélica norteamericana. Los objetivos antiimperialistas (nacionales), de la revolución se entrelazan con sus objetivos agrarios y antifeudales (democráticos): efectuar una reforma agraria radical que concluya con la propiedad latifundista de la tierra y los resabios semifeudales. Ello impulsará el amplio desarrollo de las fuerzas productivas, el desenvolvimiento de la industria, la ganadería y la agricultura, y cambiará las condiciones de atraso social, miseria y sufrimiento que afecta a las grandes masas de la población”.

Más de 50 años después, y además de lo ya dicho respecto del imperialismo, del gran capital y el latifundio, el gobierno que integramos tiene en manos un proyecto (aún no descartado) de acuerdo de defensa con el imperialismo yanqui, lo que deja por el camino además el objetivo de liquidar el conjunto de pactos y medidas políticas y militares que comprometen la República a la política bélica norteamericana.

UNA CONTRAREFORMA AGRARIA
Medio siglo después, ahora codo con codo, no solamente con los socialistas, sino con aquellos que empuñaron las armas al grito de “Por la tierra y con Sendic”, el problema de la tierra se ha profundizado con nuestros gobiernos.

En la última década hemos asistido a una profunda transformación de la estructura agraria de la mano de la expansión e intensificación de las relaciones capitalistas en el campo, con el protagonismo de empresas regionales y transnacionales financiadas por el capital financiero. Estamos asistiendo a la consolidación del agronegocio en rubros como la soja, el trigo, la forestación, la ganadería y el arroz, todos rubros orientados a la exportación.

En el caso de la forestación, hemos llegado a un escenario en el cual tres empresas extranjeras controlan 650.000 hectáreas, cerca del 70% de la superficie forestada en el país. Estas mismas empresas también controlan la fase industrial y de comercialización: UPM (ex-Botnia) y Montes del Plata montaron, gracias a la concesión estatal de zonas francas libres de impuestos, mega-industrias de producción de pulpa de celulosa.

En el caso de la agricultura (soja y trigo fundamentalmente) 8 empresas, 7 extranjeras y una nacional, controlan 600.000 hectáreas, 50% del área sembrada. Las principales transnacionales agrícolas están presentes en Uruguay, en particular controlando la venta de insumos (Monsanto, Nidera, BASF) y el acopio y comercialización de los granos (Cargill, ADM, Bunge). Recientemente se conoció que estamos en el 10º lugar en el mundo en cuanto a superficie destinada a la producción de transgénicos.

La ofensiva del capital transnacional en el sector agropecuario provocó un intenso dinamismo en el mercado de tierras. América del Sur es una de las zonas del planeta más codiciadas por los compradores de tierra, lo que agudiza la concentración de la tierra en la zona del mundo donde este recurso está peor distribuido.

Las cifras del Censo General Agropecuario no hacen más que confirmar el proceso: entre 2000 y 2011 los uruguayos pasaron de controlar del 90,4% al 53,9% de la superficie productiva nacional, mientras que las personas jurídicas (sociedades anónimas en su mayoría) pasaron de controlar 1% a un 43,1% del territorio, apropiándose de casi 7 millones de hectáreas en sólo 11 años; mientras tanto la concentración de la tierra aumentó siendo que el 70% de los productores más chicos controlan sólo el 10% de la superficie, al tiempo que el 10% más grande acapara el 61% de la superficie nacional.

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  -  QUINTA PARTE -


PRIMERA CARTA AL PARTIDO SOCIALISTA

En la carta que el PCU enviara en 1955 al Partido Socialista, haciendo un fraternal llamado a la unidad, les decía que “El monopolio de la tierra por una pequeña minoría, agrava todos los elementos de la crisis que se acentúa en la economía nacional”. Cincuenta y ocho años después, y en parte gracias a un gobierno en el que están juntos, codo con codo, comunistas y socialistas, la minoría que detenta la propiedad de la tierra es todavía más pequeña, y además extranjera.

Les decían los comunistas a los socialistas:
“Aspiran (los trabajadores) a que las riquezas que el Uruguay posee y produce, estén destinadas a brindar mejores condiciones de vida a las masas trabajadoras. Estas justas aspiraciones son frustradas por la existencia de un régimen de grandes propietarios feudales de la tierra y un puñado de potentados del gran capital, que aliados a los monopolios imperialistas extranjeros realizan formidables ganancias, mientras condenan a las masas a una doble explotación nacional y social, y se oponen a todo progreso social”.

Cincuenta y ocho años después, comunistas y socialistas integran un gobierno que favorece la concentración de la tierra y a los potentados del gran capital trasnacional que siguen acumulando formidables ganancias, gracias a las exenciones impositivas, zonas francas y otras medidas que los favorecen.
Hoy en día pululan los fondos de inversión, algunos de ellos yanquis, que invierten en nuestro país comprando tierras. Cuando queramos hacer algo con eso, seguramente sacarán a relucir el famoso Tratado de Protección de Inversiones.

En 2010, la REDIU mostraba que entre 2003 y 2009 los terratenientes de este país se habían enriquecido, por concepto de renta de la tierra y aumento del valor de sus campos en más de 30 mil millones de dólares. Actualizado ese dato, luego del último Censo Agropecuario, da que entre 2003 y 2013, por concepto de aumento del precio de la tierra los terratenientes de más de 200 hectáreas se enriquecieron en 46.451 (cuarenta y seis mil cuatrocientos cincuenta y un) millones de dólares. Si se le agrega la renta de la tierra, lo hicieron en 13.631 (trece mil seiscientos treinta uno) millones de dólares. Por lo cual la suma total en la que se enriquecieron los terratenientes en este país en los últimos 10 años es de 60.082 millones de dólares. En buena medida gracias a los gobiernos del FA.

Para colmo, el pago de impuestos sobre la tierra (contribución inmobiliaria, aportes patronales al BPS e impuesto al patrimonio) entre 2003 y 2012 alcanzará 665 millones de dólares. Esto representa prácticamente el 1% del enriquecimiento en el período. Y si se calcula la proporción del total de los impuestos pagados por el sector, (1.711 millones de dólares) es menos del 3%.
Y la redistribución de la riqueza sigue esperando a que algún día llegue la izquierda al gobierno, porque los propietarios de esta masa de tierra, 15 millones y medio de hectáreas sobre un total nacional de 16,5 millones, y beneficiarios de ese colosal aumento de riqueza, son menos de 14.500 personas y empresas nacionales y extranjeras.

Le decía el PCU a los socialistas:
“La experiencia histórica enseña que la clase obrera es la fuerza social llamada a conducir a las masas populares a la conquista de una nueva sociedad. Del mismo modo, la experiencia histórica enseña que el poder de la clase obrera es mayor cuanto más poderosa y fuerte es la unidad del proletariado, la unidad sindical y la acción común de los Partidos Comunista y Socialista”.

Pero 58 años después, habiendo logrado la unidad del proletariado en una sola Central, y la acción común de los Partidos Comunista y Socialista, no está tan claro que estén conduciendo a las masas populares a la conquista de una nueva sociedad. ¿Era falsa la premisa? ¿En qué fallamos? Creo firmemente que estas cosas son las que tenemos que estudiar si queremos avanzar. ¿Será que el problema estuvo en el resto de las fuerzas que sumamos? Porque en la carta también decíamos:

“Por otra parte, comunistas y socialistas no podemos olvidar que proclamamos que nuestra aspiración es el socialismo. Bien que existan diferentes concepciones de cómo alcanzar esa meta socialista, esa simple comunidad de postulados no puede menos que hacer posible unir nuestros esfuerzos para luchar contra la explotación capitalista…”

¿No será que luego terminamos sumando fuerzas y sectores que por su condición de clase no solo que no aspiran al socialismo ni contra la explotación capitalista, sino que se opondrán con energía a quienes queramos ese rumbo? Porque allí decíamos que “Se puede agregar que todo cuanto suponga elevar la conciencia socialista de los trabajadores, liberarlos de la influencia ideológica de la burguesía, se traduciría en fortalecimiento de los partidos de la clase obrera, de socialistas y comunistas”. Y sin embargo, es obvia la dificultad de liberar a los trabajadores de la influencia ideológica de la burguesía, cuando participamos de un gobierno en el cual, la mayoría de sus integrantes, defienden con energía y abrazan con pasión la ideología de la burguesía.

Invitábamos a los compañeros socialistas a una lucha común “…por los aumentos de salarios para los trabajadores, aumentos de sueldos para los funcionarios públicos y municipales y de las jubilaciones y pensiones para las clases pasivas, por una política impositiva que no recaiga sobre los sectores populares sino sobre el gran latifundio, las grandes empresas y los monopolios extranjeros; en defensa de las libertades sindicales; por una política exterior independiente…”.

Pero 58 años después, y habiendo dejado miles de compañeros en la lucha, torturados, muertos, desaparecidos, presos, exiliados, integramos juntos un gobierno que hace recaer el peso impositivo sobre los salarios más que sobre el capital (al cual se le rebajaron impuestos), que apenas logra poner un impuesto simbólico a las grandes extensiones y tiene que transar en que ese dinero les sea devuelto en caminería a ese mismo latifundio, que a las grandes empresas y monopolios extranjeros los exime del pago de impuestos, etc…

Porque tanto el actual, como el anterior gobierno del FA, han sido gobiernos que tiemblan ante el poder. El caso del impuesto al agro es un ejemplo claro, pero hay otros. No se ha querido enfrentar al poder de los grandes medios de comunicación, demorando interminablemente una ley de medios, y llegando a un proyecto que mantiene intacto el poder que ya tenían los dueños de los canales de televisión.
Y otro ejemplo claro, es también el de la negativa de Mujica a la creación del Frigorífico Multimodal, en donde sin ambages admitió que no quería hacerlo porque eso sería enfrentar a la rosca ganadera, como si no hubiésemos luchado y perdido vidas de valiosos camaradas y compañeros de otras tiendas, justamente para eso, para enfrentar al poder de la oligarquía.

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  CUARTA PARTE -

LOS GOBIERNOS DEL FA

Es claro que tanto el primer gobierno del FA, como el que está transcurriendo, no solo no han siquiera intentado oponerse al imperialismo, ni a la oligarquía ni a nada, sino que, muy por el contrario, hicimos algo que hasta ahora no se había hecho por parte de los gobiernos burgueses y ni siquiera por parte de la dictadura: protegerles las inversiones a los yanquis mediante un Tratado.

Y no llegamos a hacer un Tratado de Libre Comercio, gracias a la denodada lucha del PIT-CNT, de organizaciones sociales de variada índole, del PCU y de otros sectores de izquierda, pero está claro que nuestro gobierno (los máximos exponentes, Tabaré Vázquez, Astori, Lepra, etc…) trabajaron intensamente para lograrlo. Creo no equivocarme si digo que algunas señales están indicando que el gobierno del FA volverá a intentar los caminos de un TLC.

Ayer y hoy nuestros ministros de economía reciben los elogios y los premios de cuanto organismo capitalista hay en el mundo. Hoy los grandes medios de prensa internacionales al servicio del capitalismo más salvaje se fascinan con el discurso de nuestro presidente, y nuestro gobierno recibe elogios de cuanto organismo financiero capitalista existe, y el propio presidente de los EEUU quiere reunirse con Mujica cuanto antes.
No es una casualidad que nuestros gobiernos y el de la concertación chilena hayan sido promovidos en el mundo como ejemplos de una izquierda pragmática y sensata, en contraposición a los “populismos” de los gobiernos del ALBA.

Eso en cuanto al enfrentamiento al imperialismo yanqui. Pero cosas parecidas podemos decir en cuanto a la “destrucción del régimen actual de terratenientes y grandes capitalistas” (objetivo que nos proponíamos a través de la estrategia de la unidad), ya que como es público y notorio, en los gobiernos del FA se ha agudizado fantásticamente la concentración de la tierra y su extranjerización, y los grandes capitalistas (sobre todo extranjeros) han encontrado en nuestros gobiernos un caldo de cultivo apropiado para instalarse y desarrollarse a la vez que expoliar nuestros recursos (Botnia, Aratirí, Montes del Plata, frigoríficos, toda la cadena de la soja, etc…).

Pero luego agregaba Arismendi en el informe que venía citando en el artículo anterior:
“Masas cada vez más considerables, expresan su descontento por la situación económica y social del país, por la carestía inaguantable, por las empeoradas condiciones de existencia y aspiran clara o confusamente a un cambio. Estos elementos del despertar acentuado de grandes masas a la lucha, y en primer término de radicalización y de unidad creciente del proletariado, deben ser advertidos claramente por nuestro Partido, como el carácter más importante de la situación nacional, rasgo a tener en cuenta por todos nuestros militantes para ponerse al frente, con audacia y combatividad, sin sectarismos y sin disquisiciones esquemáticas, de las luchas reivindicativas de la clase obrera, de los campesinos, de las amplias masas populares, para elevarlas políticamente y poner en marcha así, por todos los caminos, la formación del Frente Democrático de Liberación Nacional. Si no comprendemos claramente que este es el carácter más notable de la situación nacional, no comprenderemos las posibilidades que se abren para el Partido, siempre a condición de una actuación combativa y firme al frente de la lucha reivindicativa de las masas, ni comprenderemos hasta el fin las tareas tácticas que nos fijamos ante el momento político del país”.

Sin duda que hay allí elementos como el despertar de grandes masas a la lucha, una radicalización y unidad creciente del proletariado, que debían y podían ser capitalizadas por el Partido para ponerse al frente y dirigir esas masas combativas. No tengo que decir que hoy en día la situación es claramente diferente. Las condiciones subjetivas están lejos de ser las de entonces, ya no hay grandes masas radicalizadas y en lucha para ponerse al frente y dirigir, y si las hubiera no existe un Partido Comunista –por su tamaño, militancia, etc.- capaz de eventualmente dirigirlas si las hubiera.

Muy por el contrario, las grandes masas se encuentran hoy adormecidas por un discurso progresista que canta loas al capitalismo y los logros obtenidos en el marco de ese modelo socio económico (loas que también cantan dirigentes sindicales comunistas). El FA se ha convertido hoy en un conglomerado de agrupaciones liberales y socialdemócratas, las que en su gran mayoría se han deslizado por el camino de la conciliación de clases, del oportunismo, y han tomado claras posiciones: han elegido el camino de defender y gestionar el capitalismo independientemente de las excusas y los pretextos que utilizan.

Y EL PARTIDO

Y tenemos un Partido Comunista que, por estar formando parte de esa coalición gobernante, no se muestra como lo que debería: como el Partido de la clase obrera, el que conducirá al proletariado a su emancipación, contra el capital, para derrocar la barbarie capitalista y por el socialismo.

Y esa es la cuestión más preocupante y que requiere un análisis profundo. Porque la  responsabilidad histórica como Partido Comunista, educado y formado en los principios de la lucha de clases, en la necesidad histórica de la lucha por el derrocamiento del régimen de la explotación del hombre por el hombre, en la construcción de la nueva sociedad, el socialismo, el comunismo, es adoptar la estrategia mas apropiada para el logro de estos objetivos que son la esencia y la razón de ser de un partido comunista, la mayor contribución posible a los intereses de la clase obrera y de los sectores populares.

Porque ese informe del Congreso, hablaba de la maduración de las condiciones para la organización del Frente Democrático de Liberación Nacional, pero ponía el centro en algunas cuestiones centrales:
“La cuestión consiste en saber cómo nuestro Partido une a la clase obrera y a las masas populares, encabeza su lucha reivindicativa y facilita su pasaje a las posiciones revolucionarias, es decir, como organiza el gran movimiento de liberación contra el imperialismo yanqui y la oligarquía vendepatria que oprimen a nuestro pueblo. La tarea central del Partido en estas condiciones, es hallar las vías concretas para unir a estas grandes masas, aún dispersas, y encauzarlas por los distintos senderos de su propia lucha, hacia el gran caudal del Frente Democrático de Liberación Nacional”.

La pregunta es, lo que se logró construir en los casi 60 años que van desde aquel congreso, ¿se parece en algo a lo que requería el proceso que vislumbrábamos? El  Partido ¿ha facilitado el pasaje de las masas hacia posiciones revolucionarias? ¿Tenemos hoy un movimiento de liberación contra el imperialismo yanqui y la oligarquía vendepatria?

Al parecer, nada de esto ocurre hoy, y bien podría decirse todo lo contrario, son grandes masas las que hoy se sienten indiferentes a la palabra imperialismo, y poca o ninguna reacción generó un Tratado que le protege las inversiones a ese imperialismo, ni siquiera desde la central de trabajadores. Recientemente se produjo un episodio bochornoso y lamentable, en el cual un policía de civil patrullando en un coche de la embajada yanqui detuvieron a un joven para pedirle documentos, y el hecho no ameritó ni siquiera un comunicado del PIT-CNT, tampoco del FA, pero ni siquiera de nuestro propio Partido.

Sin duda que hay razones que explican en parte el enorme retroceso ideológico del pueblo uruguayo en todos los sentidos. No pasaron en vano once años de dictadura y otros 20 de neoliberalismo. Pero esa no puede ser la única explicación. Porque el pueblo boliviano, que hoy mayoritariamente apoya las medidas radicales de Evo Morales, tiene en su historia tal vez más años en dictadura que en democracia. Los argentinos vivieron en dictadura entre el 62 y el 63, y tres años después otro golpe de estado y dictadura hasta el 73. Y nuevamente dictadura entre 1976 y 1983. Para luego pasar por la patria financiera del menemismo y otros atorrantes por el estilo. Sin embargo, eso no ha sido excusa para que los gobiernos de Néstor y Cristina hayan sido por lejos mucho más avanzados que los del FA. Por tanto, no es válido argumentar por los años de dictadura y de neoliberalismo para explicar los retrocesos de la izquierda uruguaya.

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)




-  TERCERA PARTE -


                                                                              EL XVI CONGRESO

En su informe al XVI Congreso, Rodney Arismendi iniciaba como es costumbre con la situación internacional, y en lo que tiene que ver con el capítulo sobre América Latina, decía:

“América Latina es escenario de grandes luchas de masas contra el enemigo fundamental de nuestros pueblos, el imperialismo yanqui, a cuyo servicio se han entregado una pequeña casta de latifundistas y grandes capitalistas y los gobiernos que los representan. La política de guerra y colonización de los imperialistas yanquis ha traído la desgracia a nuestros pueblos; sus riquezas son saqueadas, su soberanía es pisoteada desvergonzadamente; se quiere transformar a sus hijos en carne de cañón para la agresión que preparan los incendiarios de guerra. Los imperialistas yanquis no ocultan que procuran el dominio y el contralor absoluto de las riquezas naturales de nuestros países, de su comercio exterior, de sus fuentes de energía, de sus transportes, etc.. Por medio de los acuerdos militares, el Punto IV, pretenden transformarnos en simples proveedores de materias primas, carne de cañón barata y bases de guerra. Los monopolistas estadounidenses apelan a todos los recursos para destruir las incipientes industrias nativas, o mediante hombres de paja y compañías mixtas, apoderarse de su contralor; la penetración de sus capitales marcha paralela con la introducción de sus agentes en los puestos llaves de la vida económica de nuestros pueblos.
[...]
La realidad muestra que fuerzas cada vez más amplias entran en conflicto diverso –más o menos agudo- con la dominación norteamericana; comprenden que la política de los bloques militares, de apropiación barata de las materias primas con pretextos político-militares, las imposiciones yanquis en materia de comercio exterior, encubren la más cínica explotación de nuestras naciones y precipitan a los países de América Latina a la catástrofe.
[...]
Crecen así las condiciones para que fuerzas cada vez más considerables se persuadan de que sólo con un vasto frente democrático de liberación nacional, dirigido a lograr la expulsión de los imperialistas yanquis y a la destrucción del régimen actual de terratenientes y grandes capitalistas, se podrán resolver finalmente los problemas de América Latina”.

Como vemos, allí se hace referencia al imperialismo yanqui como el enemigo fundamental de nuestros pueblos, a cuyo servicio estaban los latifundistas y grandes capitalistas a quienes representaban los gobiernos latinoamericanos (el nuestro incluido, claro está). Pero el hecho es que la oposición al imperialismo yanqui generaba las condiciones para que fuerzas cada vez más considerables, que se podían agrupar en un vasto frente democrático de liberación nacional dirigido a lograr la expulsión de los imperialistas yanquis y a la destrucción del régimen actual de terratenientes y grandes capitalistas.

Y seguramente el Frente que se logró conformar en 1971, tenía las características que señalaba Arismendi, puesto que los documentos fundacionales hablan claramente de un conjunto de ideas antiimperialistas y antioligárquicas. La pregunta que surge es: El Frente Amplio actual, el de 42 años después de su fundación ¿mantiene alguna de esas características? Hablo de los hechos concretos, de la acción en el gobierno, no de los documentos, que claro está, nadie ha renegado de ellos públicamente.

UNA REALIDAD DIFERENTE

Los cambios en América Latina, desde el momento en que el PCU elaboró su teoría de la revolución uruguaya, han sido múltiples y multifacéticos. En ese entonces, la Revolución Cubana no era una realidad triunfante, pero además, desde su triunfo, han tenido lugar sucesos de todo tipo, triunfos revolucionarios o progresistas, como los de Chile, Nicaragua, Grenada, procesos que han avanzado y otros que han retrocedido

El capítulo de América Latina es el que sin duda habría que estudiar más detenidamente, puesto que los cambios económicos ocurridos son de magnitudes tremendas, y las consecuencias sociales e ideológicas de los mismos perdurarán por largo tiempo.
Quien crea que las dictaduras que asolaron estas tierras durante décadas, y luego los años del más crudo neoliberalismo, no han cambiado la cabeza de la gente, está obviamente equivocado. Pero además ha cambiado también el comportamiento y la forma de pensar de los colectivos sociales, y los partidos de izquierda de hoy nada tienen que ver con aquellos otros, a la vez que han cambiado los movimientos sociales, el sindicalismo, y han cobrado un protagonismo nuevo los movimientos indigenistas, los ecologistas y todo tipo de movimientos no tradicionales.

En nuestro continente encontramos algo sustancialmente diferente, con gobiernos de izquierda que básicamente se agrupan en torno al ALBA, y que se oponen de manera firme al imperialismo, y con gobiernos más bien progresistas, que en general concilian con el imperio, cuando no directamente se arrodillan ante él. Otros son directamente de derecha.
Se diría que aquello que el PCU pretendía lograr en nuestro país con “un vasto frente democrático de liberación nacional” (expulsión de los imperialistas y destrucción del régimen de terratenientes y grandes capitalistas), se está en camino de lograrlo en un conjunto de países (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador) en donde se está llevando a cabo por partidos o movimientos que eran minúsculos pero que se apoyaron en la movilización popular.

En América Latina hay hoy una izquierda que apuesta a los cambios revolucionarios, que se involucra activamente en los debates con los países centrales, con las oligarquías y con el imperialismo, con sus representantes políticos y mediáticos y en general con el pensamiento hegemónico en todos los planos. Y lo hace en medio de la polarización, identificando claramente al enemigo social, económico y político de las transformaciones, y promoviendo medidas que afectan directamente los intereses concretos de esos sectores, tanto nacionales como trasnacionales.

Y esa es la izquierda que ha logrado avanzar. Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa, Lula o Dilma, y hasta los Kirchner, comenzaron sus mandatos con un porcentaje de respaldo electoral que no ha hecho más que incrementarse elección tras elección. Hay solamente dos casos de reducción del electorado y de la intención de voto en el ejercicio del gobierno: Chile y Uruguay, y eso debería ser parte del análisis.

Porque no es solo el retroceso electoral. Comparando los procesos que avanzan (Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, y en buena medida Brasil y Argentina) con el nuestro o el chileno, vemos que aquellos que avanzan se han afirmado en las masas y logran un constante crecimiento en el apoyo popular movilizado. Por el contrario, en nuestro país, las masas se alejan día a día del FA y del gobierno. No hace falta, creo yo, demasiadas pruebas al respecto; basta ver la enorme desmovilización popular y el retroceso electoral progresivo.

También sería interesante analizar por qué razón se han logrado mayores avances en aquellos procesos que no tenían en lo previo un gran partido detrás -salvo tal vez el caso del PT en Brasil-, ni eran coaliciones de partidos. Los demás han sido pequeños partidos e incluso, en el caso de Rafael Correa, ni siquiera presentó candidatos al Congreso en su primera elección, y comenzó a construir su respaldo después de obtenido el gobierno. Algo similar al caso de Chávez.

El caso de Evo es notable. Pierde las elecciones con un 20% en 2002, para triunfar en 2005 con un 53%. Y luego de una campaña escandalosa en su contra por parte de los medios de comunicación y la derecha internacional, y la intervención directa de Bush a través de su embajador, en 2009 trepa a un espectacular 63%.

Ni que decir de Hugo Chávez, que rompió todos los records mundiales en cuanto a elecciones ganadas (ganó 15 y en todas logró superar la anterior). Nestor Kirchner accedió al gobierno con un 20% de los votos, y luego Cristina en 2007 trepa al 45%, logrando en 2011 (luego de una campaña feroz de los medios liderados por Clarín y de todo el sector del agro) la friolera del 54% de los votos.

Rafael Correa, en la primera vuelta del 2006 obtiene el 23%, logrando la victoria en segunda vuelta. Sin representantes en el Congreso, convoca a una Constituyente en donde obtiene el 70% de los escaños. La nueva Constitución es refrendada por el 63% del electorado, y al someterse a una nueva elección Correa obtiene el 51% de los votos. Y en las elecciones recientes obtiene el triunfo nuevamente con el 57%. Pero hay que tener en cuenta, además, que en Ecuador, desde 1996 ningún gobierno había logrado siquiera terminar su mandato de 4 años.

NOSOTROS

Si comparamos esas performances con la del Frente Amplio en nuestro país, es evidente el abismo entre aquellos procesos y el nuestro. La última elección en la cual el FA crece electoralmente, es la del 2004. A partir de allí, no ha hecho otra cosa que ir perdiendo votos elección tras elección. En las nacionales del 2004 el FA gana en primera vuelta con casi el 51%, y desciende en el 2009 teniendo que ir a una segunda vuelta y estuvo a punto de perder las mayorías parlamentarias. También perdió luego el gobierno de varios departamentos del interior. Además de ir descendiendo también en las votaciones de las elecciones internas.

Las explicaciones que se han dado al respecto son dos, a cual de ellas más banales: 1) no se ha sabido explicar lo bien que se ha gobernado (la gente sería corta de entendedera, y si no se le explica, no entiende lo bien que le está yendo); 2) El ejercicio del gobierno desgasta (lo cual se da de patadas con lo que acabo de decir sobre los otros gobiernos del continente). Si no se analizan los por qué, pero en serio, no se podrá avanzar ni un solo paso en la corrección de los rumbos, y seguramente el FA perderá la mayoría en las próximas elecciones, y quien sabe si no también el gobierno.

Al menos, habría que ver si la explicación de los diferentes procesos está en la gestión, en la política, en la administración de la cosa pública, o si al menos está asociada a la capacidad de generar identificación, entusiasmo, esperanza e identidad transformadora de las medidas que se promueven y se llevan a cabo.
La identificación y el apoyo que han logrado los otros gobiernos del ALBA, y hasta el gobierno argentino, tienen mucho que ver con la correspondencia estricta entre el discurso y la práctica de gobierno, e incluso con ir más allá aún de lo prometido.

Por el contrario, el discurso de la izquierda uruguaya se mostró totalmente inconsistente con lo actuado a la hora de gobernar, con el agravante de que las condiciones políticas y económicas, y el entorno mundial ameritaban llevar las acciones mucho más allá del discurso.

Por cierto, tampoco se trata de idealizar los procesos de los gobiernos del ALBA, o el argentino o el cubano. No se pueden ignorar los claroscuros que también son propios de esas experiencias y hasta elementos conflictivos con los movimientos sociales. Pero la diferencia notoria con el nuestro, es sin duda el amplio apoyo en las masas de aquellos y el progresivo alejamiento de las mismas en nuestro caso.

sábado, 19 de octubre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

 

- SEGUNDA PARTE -

LA UNIDAD COMO ESTRATEGIA
No hay ninguna duda de que el PCU ha desarrollado a lo largo de su historia, pero particularmente luego del XVI Congreso, una lucha permanente y sistemática por la unidad en su dimensión estratégica. Esto es, unidad total de la clase obrera, unidad de las fuerzas de izquierda, democráticas y avanzadas, y unidad de todo el pueblo, en el ámbito nacional; unidad del movimiento comunista, unidad y acción concertada de todas las fuerzas políticas y sociales progresistas para enfrentar al imperialismo, en el ámbito internacional.

En primer término, la unidad total de la clase obrera, que a través de un prolongado proceso transformó un movimiento sindical partido en tres y con fuerte impronta de amarillismo e intromisión de la embajada de los EE.UU., en un movimiento unido y clasista, que agrupó en una central única, la CNT (y luego el PIT-CNT), a la totalidad de los obreros de la industria y el transporte, los gremios de docentes a todos los niveles, las organizaciones de la cultura, de los trabajadores rurales, en suma la totalidad de los asalariados.

En segundo término, la unidad total de las fuerzas de izquierda, que habría de culminar el 5 de febrero de 1971 con la conformación del Frente Amplio. A partir del golpe de estado de 1973, el objetivo fundamental de derribar la dictadura puso el tema de la unidad en su máxima amplitud, y a la vez en la mayor profundidad. El objetivo cardinal pasó a ser la derrota de la dictadura a través de la más amplia unidad de todos los sectores políticos y sociales de oposición.

Y sin duda que esa lucha por la unidad se desarrolló en todo tiempo y lugar durante los años de la dictadura, porque el PCU peleó por defender la continuidad del Frente Amplio en el interior del país y en el exilio, enfrentando las diversas tendencias a minimizar su influencia, a diluirlo, a declararlo caduco, a despreciar su lucha por la libertad o a reemplazarlo por otras cosas.

No se trataba, está claro, de una batalla por la unidad por la unidad en sí, cual si fuera un fetiche. El PCU analizó las bases económicas de la sociedad, las relaciones de clase que se generaban dentro de esas relaciones de producción, y en consecuencia, desarrolló una teoría de la revolución uruguaya, de su carácter y de la estrategia a desarrollar, en donde la unidad era el factor determinante.

Como lo explica Jaime Yaffé (¿LAS URNAS DE LA REVOLUCIÓN? Democracia y estrategias revolucionarias en Uruguay (1959-1967)) “...a partir de una caracterización de la estructura económico-social del Uruguay como un capitalismo deformado por la dominación imperialista y con rasgos semifeudales, y del reconocimiento de la necesidad de recorrer por ello una primera etapa en el proceso revolucionario que, bajo conducción obrera, tendría carácter agrario y antiimperialista, se proclamó el carácter estratégico de la unidad de las distintas corrientes ideológicas que constituían el sindicalismo y de la unidad política de todos los actores políticos y sociales que compartiesen con el comunismo posturas antiimperialistas y progresistas”.

Se trataba de unir, en torno a la clase obrera –la clase revolucionaria por su condición de explotada, según Marx- a todos aquellos sectores y capas de la sociedad (capas medias de la ciudad y el campo, estudiantes, intelectuales, pequeña burguesía emprendedora, etc…) objetivamente aliadas en buena parte del camino a recorrer, concretamente en una primera etapa liberadora, con objetivos claramente antiimperialistas, antioligárquicos y antilatifundistas. Hoy diríamos, objetivos antisistema; subjetivamente socialistas.

La cuestión que hoy en día está planteada, desde mi modesto punto de vista (y como lo señalaba en la primera parte de este trabajo), es si las condiciones objetivas del país y el mundo siguen siendo las mismas que engendraron nuestra estrategia, o si los cambios ocurridos a lo largo de casi sesenta años en esa realidad objetiva, ameritan una revisión de la misma.

Pero ver y analizar detenidamente que es lo que NO se ha logrado y por qué. Lo que no se logró, por qué no se logró ¿fue la estrategia errada o su aplicación inadecuada? ¿O los objetivos a lograr con determinada estrategia? Porque nadie podrá decir que la estrategia para lograr la unidad no dio sus frutos y que el Partido Comunista no ha sido el artífice principal de esa unidad. Pero la unidad era la estrategia para lograr determinados objetivos, ¿estos objetivos se lograron? Y si no se lograron más de medio siglo después, ¿se ha avanzado al menos algo hacia esa meta? ¿es sensato seguir festejando y defendiendo a toda costa y eternamente la unidad como si la unidad fuera el objetivo y no parte de la estrategia?

Pero además, la unidad que expresada hoy en el Frente Amplio, ¿es la que en principio buscaban los comunistas? ¿Realmente el FA representa hoy la unidad en torno a la clase obrera de los sectores y capas medias de la ciudad y el campo, de los intelectuales? ¿de cuáles intelectuales? ¿Dirige la clase obrera el proceso; o al menos: el proceso está fuertemente influido por la ideología de la clase obrera? Cuando la clase obrera dice “Frigorífico Nacional”, y el presidente de un gobierno del FA dice: “ni lo sueñen, no nos vamos a meter con la rosca ganadera” ¿qué está significando?

TEORIA Y PRAXIS

Recientemente, en una intervención en Cuba en la Conferencia sobre el Equilibrio en el Mundo, decía el actual secretario general del PCU, Eduardo Lorier: “Y en Martí ambas cosas se dieron indisolubles, pues cumplió con aquello que tan acertadamente mencionaba Adolfo Sánchez Vázquez, de “transformar, sí, y en primer lugar, pero transformar sobre la base de la interpretación, del conocimiento, de la teoría. Interpretar, conocer, teorizar, también, pero en relación con la práctica. De este modo, la teoría cumple una función no de por sí, por sí sola, pues las ideas por sí solas no cambian nada, no transforman el mundo, sino en virtud de su nexo con la práctica. Trincheras de ideas valen tanto como trincheras de piedras, nos dice Martí”.

Y de eso creo que se trata ahora, desde mi punto de vista, de analizar la relación de la teoría con la práctica concreta, porque solo con la teoría no se cambia nada, y porque si la práctica demuestra que la teoría está errada, algo se debe hacer con eso.

Lenin decía (en Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo) que “Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de unas u otras clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a los elementos que puedan -y, por su situación social, deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo”.

En el plano político, ¿será el FA de hoy, la conjunción de los elementos que –por su situación social deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo? Porque se lo defiende como si lo fuera. ¿Y si fuera la fuerza que está frenando de algún modo la creación de lo nuevo?

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

-  PRIMERA PARTE -

LA CARACTERIZACIÓN DE LA ETAPA
Cuando en "Lenin, la revolución y América Latina", Rodney Arismendi analiza el tema de las vías de la revolución, dice que deberemos delimitar dentro de qué perímetro obligatorio deberá manejarse toda previsión científica -ni oportunista, ni subjetivista- si intentamos fijar los contornos del método marxista-leninista. Y para ello, nos señala dos líneas de referencia principales:
- debemos situar concretamente nuestro análisis en la época histórica, captar sus tendencias fundamentales y la manifestación de éstas en el cuadro internacional;
- debemos caracterizar el aparato estatal -su configuración burocrática y represiva-, es decir, las posibilidades potenciales -armadas o no- de acceso al poder de las masas revolucionarias que encabezará la clase obrera.

Más adelante Arismendi habla de la previsión estratégica y advierte los peligros que acechan al partido de vanguardia de no seguir las coordenadas metodológicas para analizar el desarrollo histórico:
“El desarrollo histórico -ni las revoluciones que lo aceleran- no se asemeja a un montón de casualidades, o de hechos imprevisibles. Por ello, las coordenadas metodológicas a que se remiten Marx y Lenin para prever la vía de la revolución no están situadas sólo en lo más inmediato y contingente; permiten la previsión estratégica. De lo contrario, el partido de vanguardia de la clase obrera descendería teóricamente hasta un empirismo sin horizonte, a la función de espejo de una práctica histórica que sólo puede reflejar con rezago. En vez de vanguardia, el partido revolucionario de la clase obrera se relegaría a una defensiva estratégica permanente, a la reacción tardía frente a problemas que una realidad compleja, difícil y abigarrada, siempre poco propicia a mostrarse sin velos, le estaría promoviendo, en un eterno curso de azares imprevisibles”.

Algo que por cierto también señalaba Lenin: “El marxismo exige de nosotros que tengamos en cuenta con la mayor precisión y comprobemos con toda objetividad la correlación de clases y las peculiaridades concretas de cada momento histórico. Nosotros, los bolcheviques, siempre nos hemos esforzado por ser fieles a este principio, incondicionalmente obligatorio si se quiere dar un fundamento científico a la política”. (Lenin, “Cartas sobre táctica”).

Y sin dudas el primero de los aspectos (la caracterización de la época histórica) es muy importante, y cada vez más complejo de establecer, ya que la realidad planetaria cambia hoy en día a velocidades que eran difíciles de prever hace unas cuántas décadas. Podemos decir que los acontecimientos económicos, políticos y sociales que conmueven al mundo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, se suceden a un ritmo vertiginoso, afectando cada vez más al mundo en su conjunto.
Por eso, una teoría revolucionaria no puede mantenerse estática, y debe ser permanentemente contrastada con la realidad, de lo contrario, corre el riesgo de estancarse y transformarse en una traba para avanzar.

AQUELLA REALIDAD HISTÓRICA

En el Informe de Balance del Comité Central del PCU al XVII Congreso (agosto de 1958), el primer capítulo se titula “LINEAMIENTOS DE LA SITUACIÓN INTERNACIONAL”, y comienza con este subtitulo: “El tránsito del capitalismo al socialismo, rasgo distintivo de nuestro tiempo”.
Arismendi recordaba en dicho informe que “Lenin caracterizó nuestro tiempo como la época del derrumbe del capitalismo y de la victoria del socialismo. Las previsiones del marxismo-leninismo han encontrado una clamorosa confirmación en la realidad contemporánea. La revolución rusa de 1917 inició el proceso del tránsito del capitalismo al socialismo. La victoria de la revolución rusa dirigida por el Partido de los comunistas, encabezado por Lenin, cambió el curso de la historia universal.”

Arismendi se explayaba luego sobre el papel de la revolución rusa que el imperialismo había intentado ahogar en la cuna y luego mediante intervención militar, para finalmente pretender desterrarla de las relaciones internacionales. Pero aquella revolución “venció en la tarea de Hércules de construir la sociedad socialista”, decía el secretario general. “La antorcha de su ejemplo salió de las fronteras de un país para iluminar hoy la realidad de un sistema de Estados desde Praga a Pekín, con casi mil millones de habitantes en impetuoso ascenso económico y cuya producción rebasa ya el tercio de la producción industrial mundial”.
Y agregaba: “En 40 años, el mapa del mundo se ha encogido para el capitalismo, para sus relaciones de producción basadas en la explotación de los trabajadores y el sometimiento de los pueblos débiles o económicamente atrasados”.

Cuando uno lee un informe como este, por un lado debe hacer el esfuerzo para ubicarse en aquel contexto histórico-social, ya que sin duda la situación mundial ha virado 180 grados. Pero es necesario saber que sobre la base de este análisis (imprescindible si se quiere elaborar una teoría científica de la revolución) fue que el Partido Comunista de Uruguay elaboró sus Bases Programáticas y la Plataforma política inmediata. Un análisis esencialmente correcto para dicha época histórica, y que derivó en una estrategia esencialmente correcta, desde luego.

Pero hoy, como ya señalamos, la realidad es otra. Y si revisamos dicho documento, ya desde el subtitulo vemos la profundidad de los cambios ocurridos. Difícilmente podamos decir que el rasgo distintivo de nuestra época sea el tránsito del capitalismo al socialismo. La revolución rusa es historia, ya no existe la URSS ni el sistema de Estados socialistas que mencionaba el informe, “desde Praga a Pekín”, y difícilmente podamos calificar a este último como socialista.

Hoy tenemos un mundo multipolar, donde el sistema capitalista campea por todo el planeta, con honrosas excepciones como la valiente Cuba y algunos procesos que intentan caminar a los tumbos hacia sistemas diferentes.

Decía además el informe que comentamos: “Hoy, la clase obrera, al frente de las masas populares, ha llegado al poder en numerosos países de Europa y Asia; las ideas del marxismo-leninismo no son ya sólo el programa inspirador de la lucha de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, sino la realidad triunfante de la edificación de un nuevo mundo”.
Cincuenta y cinco años después, las masas populares en Europa y Asia ya no están en el poder, y por el contrario, luchan contra la explotación capitalista que pretende hacer recaer sobre ellas el peso de la crisis del sistema, porque ya el marxismo-leninismo no es la “realidad triunfante” en esos lugares.

Más adelante señalaba: “La victoria del socialismo en la URSS y la formación del sistema socialista mundial acentúan la crisis del sistema capitalista, uno de cuyos índices más notables es la quiebra de los imperios coloniales, el auge del movimiento de liberación nacional de los pueblos dependientes y la gravitación de estos pueblos en la política internacional”.
Sin duda que el panorama mundial cambió positivamente en ese aspecto y muchos pueblos lograron liberarse del colonialismo, pero el sistema capitalista logró recomponerse, para luego entrar en una nueva crisis actualmente. Luego de la segunda guerra mundial, China expulsó a los imperialistas, luego Viet Nam y Corea, y otros 700 millones de asiáticos y africanos rompieron sus cadenas coloniales y conquistaron su “independencia” política, aunque muchos luchan todavía por la independencia económica.

Decía también el informe que “El tercer índice a destacar consiste en el auge del movimiento comunista y obrero mundial”. Quien sostenga esto mismo hoy en día sería un delirante. El derrumbe de la URSS y todo el campo socialista provocó crisis en todos los partidos comunistas a nivel planetario, y algunos más otros menos, todavía luchan por salir. Y hoy en día en muchos lugares el movimiento social en general, los grupos anti sistema y organizaciones de toda índole ocupan el lugar en la lucha que antes cumplía el movimiento obrero organizado. “La era de los regímenes comunistas y partidos comunistas de masas tocó a su fin con la caída de la URSS, y allí donde aún sobreviven, como en China y la India, en la práctica han abandonado el viejo proyecto del marxismo leninista” nos dice el historiador marxista Eric Hobsbawm en “Cómo cambiar el mundo”.

El informe habla luego de “La lucha por preservar la paz”, y dice que “La realidad mundial se define hoy por la existencia de dos sistemas sociales contrapuestos, regidos por leyes antagónicas de desarrollo: el socialismo y el capitalismo. (...) La emulación y la competencia entre ambos sistemas cubre la escena contemporánea e influye decisivamente en la vida política internacional, sobre el pensamiento de los pueblos, sobre la acción de las masas, sobre las posibilidades de salvaguardar la paz mundial”.
Está muy claro que hoy en día no existen en la práctica dos sistemas sociales contrapuestos, y que la emulación y la competencia entre ambos ya no es posible y no influyen como antaño en la vida política internacional ni sobre el pensamiento y la acción de los pueblos. Aspecto que sin duda es bien relevante, ya que en su momento la confrontación de ambos sistemas en toda la vida social, económica, política y cultural de un sistema con otro, mostraba la capacidad del socialismo de desenvolver las fuerzas productivas y asegurar la felicidad de los hombres.

A este respecto señala Eric Hobsbawm: “Aquella crisis (la del capitalismo entre 1914 y finales de los 40) iba a servir para que muchos dudasen de si el capitalismo podría recuperarse. ¿Acaso no estaba destinado a ser reemplazado por una economía socialista tal como predijo el para nada marxista Joseph Schumpeter en la década de 1949? De hecho, el capitalismo se recuperó, pero no en su antigua forma. Al mismo tiempo, en la URSS la alternativa socialista parecía ser inmune al colapso. Entre 1929 y 1960 no parecía descabellado, ni siquiera para los numerosos no socialistas que no estaban de acuerdo con la parte política de estos regímenes, creer que el capitalismo estaba perdiendo fuelle y que la URSS estaba demostrando que podía superarlo. En el año del Sputnik esto no sonaba absurdo”. Pero enseguida agrega: “Que sí lo era (absurdo), se hizo harto evidente después de 1960”.

En 1956, el 20 Congreso del PCUS (Partido Comunista de la URSS) decía que se amplían las posibilidades del tránsito “pacífico” al socialismo, y menos de dos años después, 57 partidos comunistas aprueban una declaración proyectada conjuntamente por el PCUS y el PC de China. Allí hay un extenso párrafo acerca de las “vías”. Rodney Arismendi lo explicaba así: “Una breve introducción precede al texto. Se han creado en el mundo -dice- condiciones más favorables para la victoria del socialismo a raíz de los profundos cambios históricos, a los progresos radicales a favor del socialismo experimentados en la correlación internacional de fuerzas, y por la atracción de las ideas del socialismo en la clase obrera, los campesinos, trabajadores y la intelectualidad”. Hoy, esa favorable correlación de fuerzas a nivel internacional ya no existe, porque no existe siquiera el campo socialista.

BARAJAR Y DAR DE NUEVO

Lo que quiero señalar, es que un partido comunista elabora una teoría de la revolución, siguiendo la metodología marxista-leninista, en un contexto histórico determinado, con una caracterización de la época histórica, con un análisis pormenorizado de las correlaciones de clase a nivel planetario, con un análisis de la situación continental y regional y de los procesos revolucionarios de todo tipo que se desarrollan contemporáneamente. Lo correcto, sería volver a analizar la estrategia revolucionaria trazada, cuando ese marco histórico cambia tan radicalmente y cuando al menos habría que volver a caracterizar la época histórica.

Las preguntas que me hago, y que creo deberían hacerse todos aquellos que de algún modo tienen al marxismo-leninismo como guía para la acción, son las siguientes:
- ¿Es posible mantener la misma estrategia cuando el marco de época ha cambiado tan radicalmente?
- Cuando la URSS y todo el campo socialista dejaron de existir; cuando el mundo dejo de ser bipolar y pasó a ser multipolar, con el poder concentrado en manos del imperialismo y las trasnacionales; cuando se acabó la Guerra Fría y cayó el muro de Berlín, ¿No se hace necesario al menos revisar la estrategia y sus resultados para ver si es posible mantenerla o si hay que hacerle modificaciones?

El contexto internacional es hoy de derecha. La desaparición de la URSS y el campo socialista es un duro golpe para el pensamiento de izquierda en general (y mucho más para los comunistas en particular), por lo cual parecería necesario un nuevo análisis.

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)

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