sábado, 1 de agosto de 2009

NO LO DECIMOS NOSOTROS


Muchas cosas diferencian a nuestro gobierno del gobierno del Partido Nacional. Una diferencia no menor, es el apoyo popular con el que cada uno llegó a ser gobierno. Hay que recordar que en 1989 aún no se había reformado la Constitución de la República y regía la Ley de Lemas, y por lo tanto no había balotaje, es decir, el Partido que obtenía mayor cantidad de votos era el que accedía al gobierno. El Partido Nacional ganó las elecciones en 1989 con 765.990 votos (el 37.25%). Nuestro Frente Amplio accede al gobierno en 2004 con el 50.45 % de los votos emitidos, alcanzando la suma récord de 1.124.761 votos sobre un total de 2.229.611 de sufragios. Y hay que recordar también que ese mismo Partido Nacional que accedió al gobierno con un 37.25%, cinco años después, en las elecciones de 1994, descendió al 29.75% y obtuvo 633.384 votos. Aquello de que “con los blancos se vive mejor”, parece que no fue bien percibido por la mayoría de los uruguayos, ni siquiera por los mismos que pensaban que se iba a vivir mejor y los votaron en el 89. Si comparamos esto con la imagen pública que tiene hoy nuestro gobierno, que es bastante superior a la que el Frente Amplio obtuvo en las elecciones de 2004 (un 55% manifiesta que aprueba la gestión, un 22% ni la aprueba ni desaprueba y un 21% la desaprueba), podemos concluir fácilmente que obtendremos un segundo triunfo en octubre y también en primera vuelta, o lo que es lo mismo, que el Partido Nacional saldrá derrotado. Y en esto no estamos solos. La opinión es compartida por amplios sectores del Partido Nacional, encabezados por el Dr. Larrañaga, quien dijera hace poco más de un mes que “Si en junio vencen los extremos, (lease Lacalle –Mujica) se prolongará la estadía de la izquierda en el gobierno”. Y Larrañaga se basaba en las percepciones que el mismo había obtenido en sus recorridas por el país. En un reportaje aparecido en “La Democracia” del 25/06/09, el ahora candidato a vicepresidente decía: “Yo he estado en 700 asambleas en los últimos 180 días; he estado con unas 120 mil personas. Es mucha gente con la cual uno ha hablado. Y de todas esas conversaciones se extrae la conclusión de que seguramente todos los votantes de Lacalle en la interna votarían a Larrañaga en octubre, pero quizás no todos los votantes de Larrañaga terminen votando a Lacalle si él ganara la interna. Eso nos lo expresan”. Es decir, no lo decimos nosotros, lo dicen ellos.
EL NEOLIBERALISMO
Lo que en el fondo está en debate, es la diferencia esencial entre los gobiernos de derecha y neoliberales que han asolado los países de América Latina y el mundo en las últimas décadas, y la nueva ola de gobiernos progresistas y de izquierda que se instauró en los últimos años. Gobiernos que han venido a demostrar en la práctica que se puede alcanzar el gobierno y desarrollar políticas sociales en sintonía con las naturales aspiraciones de sociedades que históricamente han vivido expoliadas hasta en su propia dignidad. En el nuevo escenario regional y continental, estamos observando procesos de cambio político importantes, los partidos de izquierda se han convertido en nuevas opciones para gobernar. Y esto ocurre en forma muy especial en los países donde se ha impulsado las políticas neoliberales que han provocado un grave deterioro económico, mayores desigualdades y descalabros sociales y ambientales. Pero además, estamos ante la presencia de movimientos sociales fuertemente organizados y con una gran capacidad de movilización, que no solo han propiciado la retirada de los gobiernos neoliberales, sino que han demostrado su fuerza en defensa de gobiernos que han intentado ser derrocados por la intervención de los Estados Unidos, los militares y los grupos de poder, como hemos visto en Venezuela, Bolivia y ahora en Honduras.
El neoliberalismo ha debilitado los aparatos económicos de nuestros países, reduciendo la capacidad de sus principales motores de crecimiento. Simultáneamente ha arruinado a miles de productores de distintos sectores y ha excluido a la mayoría de la población de los supuestos beneficios de este esquema de economía. Miles de trabajadores y trabajadoras se vieron forzados a incorporarse al sector informal, o se vieron sometidos a formas de flexibilización laboral que precarizaron sus condiciones de trabajo. Mientras las actividades especulativas, especialmente financieras, de servicios y del gran comercio de importación y exportación pasaban a predominar en la economía. Esto ha generando un reducido circulo de grandes empresarios que aprovechándose del Estado, y vinculado a las transnacionales, a los bancos extranjeros y los grandes medios de comunicación, se han configurando en grupos de poder que concentran cada vez más las riquezas de nuestros países. El neoliberalismo ha deteriorado las condiciones de vida de los asalariados agropecuarios, industriales y de servicios, de empleados privados, estudiantes, maestros y capas medias en general, y muchos trabajadores estatales han perdido sus empleos a causa de las privatizaciones de las empresas públicas más rentables. El desastre económico al que ha conducido la apertura comercial, las privatizaciones y la desregulación por el neoliberalismo, ha traído consigo el desempleo masivo y la emigración a los centros urbanos y el exterior de millones de personas por falta de oportunidades de trabajo y condiciones de vida dignas. La pobreza y la exclusión social son muy graves en nuestros países, la desigualdad económica y social se ha acentuado, la destrucción y deterioro de los recursos naturales y del medio ambiente, siguen generando una precaria gobernabilidad. Con el esquema neoliberal, se expandió una ola de violencia en general y delincuencial en particular, la corrupción estatal y privada, el narcotráfico, el lavado de dinero y el crimen organizado, son parte inherente del neoliberalismo. Esto ha arrastrado a nuestros países a una situación de inseguridad ciudadana que ha desbordado la institucionalidad estatal y presenta grandes limitaciones para cubrir las tareas básicas de seguridad pública, así como para satisfacer el derecho de los pueblos a una eficiente y eficaz atención en educación y salud. En resumen, el neoliberalismo ha acentuado la división social y aumentado la marginación y la consecuente “polarización social” que es la causa fundamental de la “polarización política”, ha debilitado profundamente los procesos de democratización en marcha y la frágil institucionalidad de los países. Fundamentalmente son tres los graves problemas provocados por la aplicación de las políticas neoliberales: la falta de una verdadera democracia ciudadana, la mayor desigualdad económica y la pobreza y exclusión social.
POR LA VUELTA
Ahora el mundo está inmerso en una gran crisis, y como en toda gran crisis, junto a la radicalización de los explotados y oprimidos, se produce el recrudecimiento de las alas extremas de la derecha, que temen perder nuevas franjas de poder y deciden pasar a la ofensiva antes de que sea demasiado tarde, contando con sus fuerzas económicas, sociales y políticas para ganar posiciones. En nuestro país, esa derecha (que en caso de ganar en octubre nos harían retroceder a la situación que describíamos más arriba) está representada nítidamente por los sectores que salieron triunfantes dentro de los partidos tradicionales en las pasadas elecciones internas, es decir, Pedro Bordaberry y Luis Alberto Lacalle. Y esto no lo decimos nosotros. En junio, Emiliano Cotelo entrevistaba a Jorge Larrañaga, y este decía: “Es la percepción que tiene la gente de la postura y el proyecto del doctor Lacalle. Es evidente que de su gobierno, del período 90-95, quedan lecturas en el imaginario de la gente hay la percepción de un gobierno que tuvo posturas conservadoras, de derecha, que no estuvo de acuerdo con la negociación colectiva, con los Consejos de Salarios, que en el sector productivo tuvo atraso cambiario, ajuste fiscal, políticas que desde muchos sectores políticos del país se decía que eran muy cercanas a posturas neoliberales, con una conducción que muchas veces terminó siendo soberbia y distinta. (…). El doctor Lacalle ha venido haciendo enormes esfuerzos por maquillarse con una postura de centro; pero si centro es tener el influjo económico de las posturas de De Posadas, de Caumont o de Végh Villegas, quizá yo esté equivocado, si me demuestran lo contrario”.

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