sábado, 25 de enero de 2014

NEOLIBERALISMO Y DESPUÉS


El neoliberalismo buscó reducir al mínimo el Estado para de esa forma ampliar el espacio del capital. Para ello, promovió la privatización de servicios públicos, recortó derechos laborales y sociales, al tiempo que llevó a su mínima expresión las políticas sociales. Contra estos gobiernos, la actitud del movimiento popular fue de clara confrontación. El descontento popular terminó encaminándose hacia la superación del modelo que proponía la derecha política, y en base a una gran capacidad de movilización y de construcción de agenda política y promoviendo un proyecto alternativo, llevó al Frente Amplio al gobierno, iniciando una nueva etapa.
¿QUÉ HAY DE NUEVO VIEJO?
En cuanto a la política económica aplicada del 2005 a esta parte, no modificó para nada el régimen de acumulación forjado en el neoliberalismo, basado en crecer mediante la inversión extranjera directa; por el contrario, esa política se continuó y profundizó. No modificó en nada las políticas macroeconómicas ni sustituyó el andamiaje jurídico heredado del neoliberalismo, el cual fue utilizado como palanca para el crecimiento. Prácticamente no se eliminaron ninguna de las leyes del período neoliberal (ley forestal, zonas francas, arrendamiento rural, promoción y protección de inversiones, de puertos, etc), e incluso se promovieron otras que sostienen aún más el régimen de acumulación (reducción del impuesto a las ganancias empresariales, PPP, puerto de aguas profundas, minería de gran porte, etc..).
La política macroeconómica se orientó a generar un “clima de negocios” amigable para los capitales trasnacionales, contener la inflación y reducir el déficit fiscal.
Aprovechando un contexto internacional favorable que demanda materias primas en el mercado mundial (dinamizado fundamentalmente por China), y una afluencia de capitales hacia los países en desarrollo, se logró un importante crecimiento económico y un efecto derrame. Se redujo la pobreza y la indigencia, se aumentó el salario real y el mínimo, se redujo el desempleo, la informalidad y el subempleo.
El escenario favorable para la reproducción del capital, dio al mismo tiempo espacio para una mejora de los sectores más empobrecidos, lo que explica en buena medida la estabilidad social, ya que cuenta por un lado con el beneplácito del sector empresarial nacional y trasnacional, y por otro lado con un gran apoyo popular.
Aún dando garantías para la reproducción del capital en escala ampliada, moderó las aristas más agresivas del modelo: marginación social, pobreza, indigencia, desempleo, informalidad y bajos salarios.
Ahí radicaría su éxito, en posibilitar al mismo tiempo un gran dinamismo económico y una mejora de importantes sectores populares que habían padecido las consecuencias sociales más negativas de la crisis.
Mientras el neoliberalismo se caracterizó por el intento de reducir al estado a su función más elemental -la defensa de la apropiación privada de las ganancias- el modelo progresista uruguayo asumió la “compensación social” de los efectos más regresivos del modo de producción capitalista, aumentando el gasto público social.
Se incrementó el salario mínimo, se protegieron especialmente a los trabajadores más sumergidos y desprotegidos, como los rurales o las domésticas; se aprobó la Ley de Libertad Sindical, una nueva ley de negociación colectiva, se creó el MIDES, el PANES, la tarjeta alimentaria, Uruguay Trabaja, etc....
LOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES
Es lógico preguntarnos entonces sí, el dinamismo señalado y la mejora en la situación económica de buena parte de las sociedad, ocurrió en el marco de una modificación de las estructuras económicas y de poder, o por el contrario, tendió a reproducirlas.
Las economías latinoamericanas son dependientes y desiguales. La dependencia es el resultado de la inserción subordinada de nuestras economías en una estructura mundial dominada por las potencias centrales, y se expresa en dos aspectos: la permanente transferencia de excedentes hacia esas economías centrales a través del intercambio desigual, el pago de intereses de deuda y la transferencia de ganancias desde las filiales locales de las empresas extranjeras, y un condicionamiento de la estructura productiva, primarizada y agroexportadora.
En cuanto a la desigualdad, es inherente al modo de producción capitalista. La necesidad del capital de expandirse y ampliarse implica la extracción creciente de plusvalía, cuya consecuencia inevitable es la reproducción de la pobreza absoluta y/o relativa.
Nuestro país no escapa a los fenómenos de la dependencia y la desigualdad, y el modelo aplicado por el progresismo no ha modificado el carácter dependiente, aún en el contexto de crecimiento económico señalado. Lejos de atenuarse, se consolidó la primarización de la economía, especializada en bienes agroindustriales de bajo valor agregado (soja, carne, arroz, trigo, derivados de la leche, pasta de celulosa), mientras las importaciones tienen un carácter de bienes industriales de media a alta tecnología (autos, teléfonos, insecticidas, máquinas automáticas).
Por otra parte, hay un claro proceso de extranjerización de la propiedad y de la producción, especialmente en el sector agroindustrial, con el consiguiente flujo de ganancias al exterior.
En cuanto a la desigualdad, la distribución del ingreso no muestra modificaciones sustanciales en los últimos años. Desde 2005, si bien se ha producido una recuperación de los niveles salariales aún se está lejos de compensar el deterioro sufrido durante el período neoliberal (más del 50% de los trabajadores ganan menos de $14.000).
Tampoco se han producido cambios significativos en la proporción del ingreso apropiado por los sectores populares, manteniéndose en el entorno del 40%.
Es decir, el modelo aplicado desde 2005 es un nuevo modo de regulación del capitalismo en Uruguay, con un marco macroeconómico y normativo tendiente a favorecer la acumulación de capital, sin modificar las características estructurales de la sociedad uruguaya. Se consolidó una economía con clara orientación agroexportadora, con procesos de concentración y extranjerización de su aparato productivo, que tiende a perpetuar su inserción dependiente en la economía mundial. No se avanzó en la reducción del espacio del mercado como regulador de las relaciones económicas ni se cuestionó en nada la propiedad privada. Muy por el contrario, aún en el contexto de mejora de la situación de amplios sectores de la población y de gran dinamismo económico, la tendencia ha sido a reproducir la desigualdad social, manteniendo casi inalterada la proporción de riqueza que es apropiada por los sectores populares, y por tanto su situación relativa con respecto al capital.
¿UNA ETAPA NECESARIA?
Existe en las filas del progresismo, la idea generalizada de que esta es una etapa necesaria en un supuesto tránsito hacia el socialismo en el cual estaríamos inmersos.
Mujica lo expresó en algún momento de esta manera: “Hemos aprendido a lo largo de muchos años (...) que el advenimiento de sociedades mejores requiere como presupuesto básico y mínimo sociedades decentes del punto de vista económico, que por lo tanto tienen que desarrollar al máximo en esta etapa las fuerzas productivas (...)Con eso solo no va a haber condiciones para una sociedad mejor, además hace falta la organización política definida de la gente, pero sin eso previamente, no se crea ninguna sociedad mejor”.
Esta noción de etapa se confunde con la idea de desarrollo de las fuerzas productivas, idea también fetichizada al identificar el desarrollo de las fuerzas productivas con desarrollo capitalista. Suele concluir (como lo hace Mujica) que si el capitalismo no agotó sus fuerzas creativas (o destructivas) no habrá nueva sociedad.
Esta noción genera la idea de que el avance del agronegocio, de la megaminería a cielo abierto y otros mega emprendimientos en manos del capital son una etapa necesaria y favorable a los intereses populares. Es propio de la consideración de las nociones de modernización y progreso como aspectos buenos en sí mismos. Esta concepción ve en el capitalismo el mejor ordenador de la economía, que llegado el momento podremos socializar, sin trastocar sus bases tecnológicas. En la etapa que transcurre hay que crecer económicamente y educar al pueblo, ya que la etapa socialista ocurrirá cuando las “fuerzas productivas maduren”.
ALGUNOS PROBLEMAS
Este modelo aplicado hasta ahora, es el que se seguirá aplicando los próximos cinco años si triunfa el candidato de la mayoría del FA en las internas (y si el FA gana las elecciones) tal como lo ha anunciado el propio candidato –Tabaré Vázquez-, quien ha dicho que no habrá “locas pasiones” y que se continuará con la política económica del contador Danilo Astori.
El problema es que este modelo y esta concepción genera algunos efectos en la militancia de izquierda. Entre otras cosas genera confusión y crisis de identidad de una parte de los militantes que se ven multiplicando la fuerza del enemigo de clase como tarea política, y que son llamados a defender acciones que históricamente rechazaron. Genera además un descreimiento en las fuerzas propias, en el poder histórico de la voluntad humana, muy cercano a la derrota que propinara el “fin de la historia”, que legitima al capital como organizador de la sociedad porque “no podemos hacerlo distinto ni mejor”. También un empobrecimiento intelectual y político en la medida que no estimula la creatividad político-organizativa frente a los desafíos de la acumulación de fuerzas en los tiempos que corren
La disyuntiva para el movimiento popular uruguayo es que si asume como tarea militante sostener este modelo, no generará condiciones para consolidar otro.
El PCU decía en su XXVI Congreso (año 2001): "El capitalismo es una formación económico social, la última basada en la explotación del hombre por el hombre...En este marco, la consolidación de la democracia, la defensa de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, no nos conducen por sí mismas, a la transformación de la base económica, y si apenas nos conformáramos con su abstracta vigencia estaríamos en pleno en el campo del liberalismo burgués, y si nos propusiéramos medidas que dejaran intactas las bases materiales del sistema nos pondría en el campo del reformismo".


viernes, 24 de enero de 2014

QUERIDO AMIGO:

En tu última carta me pediste que te de una interpretación de la situación por acá, y me preguntaste que pienso hacer.
Intentaré hacerlo. Obviamente, será una interpretación mía, puramente subjetiva, aunque me basaré en hechos objetivos para explicarte por qué pienso lo que pienso.
Desde ya te advierto que quizá no te guste lo que te diga. Hace muchos años que no estás en el país, y desde aquella época en que obligadamente tuviste que exiliarte con tus padres, las cosas han cambiado y mucho. Uno tiende a idealizar ciertas cosas, y si vuelve a toparse mucho tiempo después con la cruda realidad, a veces es muy chocante y duro. Vos seguramente te quedaste con “la foto de aquella noviecita de los 15”, pero la noviecita de los 15 tiene hoy 60, algunas arrugas, muchos achaques, camina con bastones, lleva cicatrices de golpes recibidos en el cuerpo y en el alma, y no la reconocerías. Es una metáfora, pero no se me ocurre otra forma de graficar lo que te voy a contar acerca del Frente Amplio que conociste.

LO QUE FUE

El Frente Amplio que tu conociste (que conocimos), no existe más. Diría mejor: la izquierda que conocimos no existe más. Yo diría que El Frente Amplio que surgió en el 71, dejó de existir en el 73, con el golpe de estado. A partir de allí, con dirigentes presos o en el exilio, desaparecidos o en la clandestinidad, con militantes perseguidos y torturados, etc -lo que todos conocemos-, lo que siguió existiendo fue la mística, los símbolos, reforzados por el heroísmo de tantos y tantos compañeros que siguieron en la lucha. Y existió, claro está, una dirigencia organizada en el exterior, con la finalidad primordial de luchar contra la dictadura, pero muchos daban por finalizado el ciclo del FA ya por ese entonces.
Esto estuvo claro cuando las elecciones internas del 82. Allí no fue posible lograr una unidad de criterios, y mientras algunos seguimos la estrategia del Gral. Liber Seregni, preso por la dictadura, que era la del voto en blanco como forma de marcar la presencia y la supervivencia del FA a pesar de la represión y la persecución, otros elegían votar por los sectores más progresistas dentro de los partidos tradicionales (¿te acordás aquellas discusiones en la azotea de tu casa sobre este asunto?); el voto en blanco tuvo en esa oportunidad alrededor de 80 mil votos.
Una vez recuperada la democracia, renacieron las esperanzas de conseguir aún avances mayores. No eran esperanzas descabelladas. Si el pueblo uruguayo había sido capaz de decirle un NO tremendo a la dictadura en el 80, que había asombrado al mundo; si la izquierda había votado significativamente en blanco en el 82 y allí habían sido mayoritarios los sectores progresistas dentro de los partidos tradicionales (apoyados sin duda por votos frenteamplistas), si ese pueblo había ido creciendo en organización y lucha para derrotar al fascismo, no era una quimera pensar que se podía arañar el triunfo.
Pero en el 85 el pueblo uruguayo optó nuevamente por los partidos tradicionales, y en particular por el partido que más estaba comprometido con la dictadura. Y tanto fue así, que en el primer parlamento de allí surgido había connotadas figuras que habían integrado directamente organismos de la dictadura como el nefasto Consejo de Estado. Esta fue una primera decepción para las fuerzas de izquierda reunidas en el FA.
Sin embargo, restaba aún recibir el golpe más duro, que ocurrió al año siguiente cuando los partidos tradicionales orquestaron y votaron la ley de impunidad. No conformes con eso, expulsaron del Parlamento al legislador del FA que estaba encabezando la pelea por los derechos humanos, por la verdad y la justicia: José Germán Araújo.
No obstante ello, los frenteamplistas fuimos capaces de reaccionar y de dar una nueva batalla por la dignidad, y salimos a juntar firmas para someter la ley de impunidad a referéndum. Logramos reunirlas en una batalla increíble, en la que hubo que disputar firma a firma hasta el último momento. Pero en el 89 se realizó el referéndum y recibimos el golpe más duro: el pueblo uruguayo, ese por el que habían dado la vida tantos y tantos compañeros, eligió por la impunidad. Es cierto que fue una campaña desleal, que todavía persistía el miedo, que hubo censura para nuestras voces, etc...todo eso es cierto. Pero se perdió. Y creo que de allí surgió otro FA diferente, en otro país diferente también.

UN NUEVO PAÍS

El neoliberalismo, envalentonado con sus victorias, tenía vía libre para hacer a su antojo, y lo hizo. El país no volvió a ser ni la sombra de lo que era. No habían pasado en vano 11 años de dictadura. La consigna de “hacé la tuya” del neoliberalismo caló hondo.
Pero otros hechos vinieron a colaborar con el sombrío panorama. La caída del muro de Berlín y el derrumbe de la URSS hicieron estragos en un panorama ya pobre de la izquierda. Se acabó la Guerra Fría, el mundo dejó de ser bipolar, y el capitalismo “triunfante” campeaba por todo el planeta. Eso sin duda repercutió negativamente sobre la izquierda reunida en el FA, fuera o no fuera marxista o marxista-leninista.
Claro que todo eso es dialéctico, tiene avances y retrocesos, y la lucha contra el neoliberalismo permitía conservar la organización y, sobre todo, la unidad. Hubo que luchar contra las privatizaciones de las empresas públicas, había que salvar ANCAP, y también ANTEL, etc... Y allí hubo también victorias del lado del campo popular.
En lo político, se logró obtener el gobierno de Montevideo, y se había podido demostrar que el FA podía gobernar y que podía hacerlo mejor que sus tradicionales rivales, aunque ya entonces empezaron a surgir señales de que algo no andaba bien. Cosas que antes criticábamos pero que ahora las hacíamos nosotros, como la privatización de servicios, por ejemplo.
Pero además comenzó a surgir la ansiedad por llegar al gobierno nacional, y comenzó a generalizarse la idea de que había que ampliar las alianzas para llegar al electorado del centro. Y a partir de allí, todo comenzó a confluir hacia ese objetivo.
Te reitero que el FA ya no era el mismo del 71, y ni siquiera era el que surgió luego de recuperada la democracia, se había transformado radicalmente y en varios sentidos. Se había transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, pero también se habían ido modificando sus referencias ideológicas sin dudas, así como su estructura orgánica, y ni que hablar su convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje).
Desde la recuperación de la democracia, hasta las elecciones de 2004 (20 años), lo característico del Frente Amplio fue su constante crecimiento político y electoral,  basado entre otras cosas –y al contrario de lo que algunos afirman- en una renovación constante. El crecimiento electoral prácticamente ininterrumpido (salvo las elecciones del 89, en donde el PGP y el PDC abandonan el FA, y las del 2009), se debe sin dudas a la constante renovación (entendida como el limado de aquellos vértices más revolucionarios), y eso fue –entre otras cosas- lo que le permitió expandir sus fronteras electorales y su llegada a cada vez más amplias capas de la población.
Si tomamos el período que va desde 1971 a 1989 (que incluye los 11 años de dictadura), veremos que los contenidos programáticos prácticamente se mantienen, y que hacen énfasis en las transformaciones “estructurales”. Sin embargo, para las elecciones del 94 y de ahí en más, es visible una tendencia a limar los aspectos que iban hacia cambios realmente estructurales, aquellos más decididamente transformadores.
Muchos sostienen que lo que se ha dado desde entonces es una “tradicionalización” del Frente Amplio (en el sentido de creación de una tradición propia), la que unida a su moderación programática ha llevado al FA a un corrimiento hacia el centro del espectro político incrementando su apoyo electoral.

VOLVIENDO ATRÁS

Pero volviendo un poco hacia atrás. En el programa del 84 hay dos cambios notorios: si bien se mantiene la propuesta de “reforma agraria”, desaparece la referencia expresa a la eliminación del latifundio, y desaparece la mención a la “nacionalización del comercio exterior”. El programa del 89 no presenta grandes cambios, pero ya no se habla del no pago de la deuda externa, sino de “evitar el pago” de los intereses de la misma, debido a su carácter ilegítimo e impagable. En el año 94, la discusión programática más profunda se dio sobre dos temas centrales: la deuda externa y la estatización de la banca. El resultado fue que se eliminó la “estatización de la banca” y se volvió a la formulación del año 84: nacionalización de la banca. Y por otro lado, no se incluyó la moratoria de la deuda externa, y se mantuvo el llamado a la constitución de “un frente de países deudores…para el no pago de los intereses”.
Por cierto que se retira cualquier referencia a la reforma agraria, y se establece que “se estudiará la productividad especialmente de las tierras en manos de extranjeros no residentes y dedicadas a la ganadería extensiva”.
Pero bueno, no te la voy a hacer tan larga la historia. Digamos que ese año (94) se creó el Encuentro Progresista, y que eso influyó notoriamente en la moderación del programa del FA. El programa del Encuentro Progresista de 1999, tiene un énfasis indudable en los aspectos sociales y políticos por sobre los económicos, que eran el eje del programa del 71.

EL FA EN EL GOBIERNO

Lo cierto es que con la estrategia de una fuerza de izquierda, de conseguir alianzas del centro para obtener votos del centro, lo que llega al gobierno en el año 2005 es un FA que va a desarrollar un gobierno de centro izquierda, siendo muy generosos con la aplicación del término.
Porque yo no tengo dudas de que el primer gobierno del FA, fue un buen gobierno, en relación con lo que habíamos vivido antes los uruguayos, pero difícilmente se pueda decir que fue un gobierno de izquierda. No hablo de socialismo, hablo de izquierda. Muchas cosas que se hicieron fueron buenas, y eran necesarias, como la atención a la emergencia social. Los partidos tradicionales habían literalmente destruido el tejido social.
Lo mismo puede decirse del segundo gobierno, en el que hubieron leyes avanzadas en algunos sentidos, pero también desastres en otro sentido, con sus mega inversiones, mega capitalismo, mega explotación.
Yo creo que lo más que puede decirse es que, de los tres partidos tradicionales, el que demostró administrar mejor fue el Frente Amplio. Aunque esto también debería ser relativizado, teniendo en cuenta lo que pasó con PLUNA.
Pero aquello que alguna vez fue nuestro ideario básico de izquierda, como la definición de antioligárquicos y antiimperialistas, quedó por el camino. Para que te hagas una idea, la primer gran medida del FA, en el primer año de gobierno, fue protegerle las inversiones al imperialismo yanqui mediante la firma de un Tratado, algo a lo que no habían llegado ni blancos ni colorados. Y para mayor bochorno, el Tratado lo firmó Tabaré en una cumbre americana en Mar del Plata, cuando se enterraba definitivamente el ALCA, el proyecto imperialista de Bush. Tabaré fue el único presidente que ese día se reunió con el genocida en privado, para firmar ese Tratado.
Y no fue lo único; también se hicieron maniobras militares con la marina de los EEUU, algo a lo que siempre nos habíamos opuesto cuando éramos oposición; y mandamos tropas a Haití, haciéndole los mandados al imperialismo. Por este hecho renunció a su banca y se fue para su casa el compañero Chifflet, uno de los mejores y más honestos legisladores que teníamos por entonces.
Así como nos emocionamos viendo como aquellos barbudos cubanos tiraban abajo los carteles de la TEXACO, tuvimos que tragarnos que el primer gobierno del FA pusiera como ministro a un ex gerente de la TEXACO, ministro que tuvo un papel muy activo en las negociaciones para hacer un TLC con los EEUU, y que después terminó de gerente de la PLUNA saqueada.
Esas negociaciones por el TLC, mostraron lo peor de algunos personajes de nuestro gobierno. Algunas mentiras fueron públicas y basta leer los portales de la época para comprobarlo, pero las bajezas más increíbles hay que ir a leerlas en los cables de wikileaks. Si tienes tiempo y estómago te recomiendo que los leas. Podrás ver allí que los negociadores uruguayos se desesperaban pidiéndole a los yanquis que le cambiaran el nombre al TLC para así poder pasar gato por liebre al FA y a los uruguayos; algo realmente deprimente por lo ruin y degradante.
También en esos cables se puede leer la opinión que tenían los yanquis sobre Mujica, destacando su poder moderador para ponerle un freno a los impulsos de izquierda en el FA.
Es probable que no hayamos sido engañados, y que simplemente no supimos ver lo que otros sí tenían claro. En una nota de Búsqueda de noviembre de 2003, se reproducían comentarios del Citigroup en el sentido que “los partidos políticos tradicionales han sido incapaces de impulsar reformas que incrementen el rol del sector privado en la economía", como hicieron otros países de la región en la década pasada. Para el grupo financiero norteamericano, un eventual gobierno del Frente Amplio (FA) a partir de 2005 podría "liberalizar sectores clave en los que el gobierno tiene monopolio y expandir el rol del sector privado en la economía".
Y también es cierto que otros compañeros lo vieron venir mucho antes. En una entrevista que le hiciera Búsqueda, en febrero de 1993, decía Germán Araújo: “Estoy muy preocupado por el futuro del Frente Amplio porque veo que de continuar algunas líneas que vienen exponiéndose, el Frente corre el grave riesgo de perder su esencia. Yo concebí siempre al Frente Amplio como la fuerza de cambio de este país y es la última esperanza que nos va quedando. En ese sentido, nadie aguarda que un gobierno Colorado o uno del Partido Nacional pueda modificar esencialmente las cosas. Sin embargo, hay un cierto pragmatismo que está ganando a algunos compañeros del Frente y se está desestimando la posibilidad de promover un cambio profundo. Da la impresión que algunos compañeros están más preocupados por sus ambiciones personales que por los problemas colectivos”.
Y en el año 2004, Helios Sarthou, advertía que el principal factor que ponía en duda la vocación de cambio del FA era la contradicción entre el proyecto electoral y el proyecto político que vivía la coalición de izquierda. "Me parece -sostuvo Sarthou- que se ha encarado un proyecto electoral en detrimento del proyecto político. Tal vez sea una enfermedad de crecimiento que la izquierda enfrenta en determinado momento histórico. El riesgo es que el proyecto electoral pueda crecer predominando sobre el político. El proyecto electoral es no perturbar el logro del apoyo de sectores, cualesquiera sean estos, y componer lo ideológico para captar a todos."
No quiero aburrirte con detalles de cada una de las medidas de los gobiernos del FA. Hay mucho y de todos los colores. Pero supongo que sabrás que en el año 2006, Danilo Astori recibió el premio al mejor Ministro de Economía del mundo, por parte de la revista "The Banker" del grupo británico "Financial Times" (flor y nata del capitalismo mundial), un galardón similar al recibido el año anterior por el  Ec. Isaac Alfie cuando  detentaba el mismo cargo en el gobierno del Dr. Jorge Batlle; o que finalizado su mandato, Tabaré Vázquez pasó a integrar el Grupo Asesor Regional del FMI para el Hemisferio Occidental.
En otros planos, podría decirte que Tabaré Vázquez promovió el ascenso a general a Dalmao, el asesino de Nibia, a pesar de que se le advirtió reiteradamente de quién era, o que puso al gral. Barniex, el asesino de Perrini, a investigar el destino de los desaparecidos. Que legisladores del FA se negaron a anular la ley de impunidad, que Vázquez vetó leyes que el propio FA había promovido y votado en el parlamento, etc.
La frutilla de la torta la puso el propio Tabaré Vázquez cuando contó en un colegio del Opus Dei que siendo presidente le había pedido ayuda al genocida Bush para asustar a los argentinos. Ese único hecho, debería bastar para que nunca más en su vida Tabaré participara en política; al menos no en filas de la izquierda. Había dicho que se retiraba de la vida política activa, y yo apostaba que no volvería; me parecía lógico que no lo hiciera. Alguien que le había mentido a su fuerza política y al país, que había vetado las leyes que había votado su propia fuerza política, y que confesaba en un colegio del Opus Dei cosas terribles que jamás le había dicho ni a su gobierno ni a su fuerza política, no podía tener el rostro de volver. Pero aunque no lo creas, fueron los propios dirigentes del FA quienes fueron a buscarlo a su casa para que volviera, y hoy es el precandidato que apoya la enorme mayoría de los sectores. El mensaje es claro: no importa lo que hagas, todo te será perdonado si me garantizas un nuevo gobierno.

CONTESTANDO TU PREGUNTA

Me preguntaste que voy a hacer en las elecciones. Te lo digo. Antes de las elecciones generales están las internas en junio. Allí seguro que iré a apoyar la candidatura de Constanza Moreira; creo que es una especie de acto de dignidad, una forma de manifestar mi apoyo a todo un movimiento de gente que todavía lucha por generar algún cambio en el sentido de volver a las raíces frenteamplistas; un movimiento que sobre todo nuclea a mujeres y jóvenes, y eso de por sí me genera simpatía. Mi compromiso no va mucho más allá de eso.
Pero en las elecciones de octubre primará la preservación de ciertos valores éticos que hacen también a quienes nos consideramos todavía militantes de izquierda. Todavía creo en el Che y muchas de sus enseñanzas,  aunque para muchos haya pasado de moda.
"El primer acto de libertad es decir NO frente a lo inaceptable", dijo alguna vez Albert Camus. Y para mi es inaceptable votar a un sujeto que me mintió descaradamente, que actuó en contra de lo que entre todos resolvimos, que traicionó abiertamente los ideales latinoamericanistas de la izquierda uruguaya, pidiendo ayuda en secreto al genocida presidente del país más imperialista de la historia para asustar a nuestros vecinos.
No es válido enumerar logros de nuestro primer gobierno para justificar la candidatura de un tipo como ese.
Te repito que los gobiernos del FA han hecho cosas buenas, y está lleno de frenteamplistas honrados y con principios trabajando en muchos lugares haciendo buenas cosas. Pero como decía el Che No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse por la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”.
Y también: “El hombre debe transformarse al mismo tiempo que la producción progresa; no realizaríamos una tarea adecuada si fuéramos tan sólo productores de artículos, de materias primas y no fuéramos al mismo tiempo productores de hombres”.
No se me escapa que esas cosas serán plenamente posibles, en toda su magnitud, cuando lleguemos al socialismo. Pero es necesario preservar a toda costa los valores éticos y morales que harán que esas cosas sean posibles, y no se llegará algún día a construir un hombre nuevo si desde ahora vamos despojando al hombre actual de sus valores más esenciales.
Sigo creyendo sobre todo en aquella otra frase del Che: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”. Y hoy, y acá, los avances revolucionarios parece que ya no se miden con esos parámetros, sino en porcentajes de PBI, o si tenés o dejás de tener el “investment grade”.
Como no me llevaré a la tumba ningún porcentaje de PBI, ni habrá lugar en mi cajón para ninguna tasa de desempleo ni me llevaré al más allá ningún índice de desocupación, ni tampoco tendré allí lugar para un salario, por más mínimo que fuera, intentaré conservar para el momento de la partida lo único que podré llevarme: principios y valores éticos.
Por lo tanto, si la próxima elección supone el tener que elegir entre el “mal menor” (y dando por cierto que Tabaré Vázquez sea el mal menor, que no estoy tan seguro), no elegiré nada, esto es, votaré en blanco. No lo haré contento, por cierto. Una sola vez en mi vida voté en blanco, cuando las elecciones internas del 82, y todos sabemos que significaba en ese momento votar por la vigencia del Frente Amplio. Tal vez ahora, de alguna manera, vuelva a significar lo mismo, votar por la vigencia de un proyecto colectivo de izquierda de verdad, con un sentido anticapitalista y humano, como debe ser.
Un abrazo enorme, y no te quedes con mi visión. Pregúntale a otros, pero sobre todo consulta con tus principios, con tus valores, que los sé iguales a los míos, esos no fallan. Un abrazo.

jueves, 23 de enero de 2014

LA CONVENIENCIA DE UN ENEMIGO DIFUSO

LA DEFINICIÓN DEL ENEMIGO
Hubo una época en que los textos que leíamos quienes militamos en las filas de la izquierda nos hablaban de los enemigos principales, el imperialismo, la burguesía aliada a ese imperialismo, la oligarquía, el latifundio, etc...
Claro que no había una sola izquierda, al igual que ahora (aunque se quiera hacer creer que existe una sola). Hubo muchas izquierdas, muchas miradas, propuestas, estrategias y caminos para lograr aproximarse a “la utopía”, incluso muchas de ellas generalmente enfrentadas entre sí.
La izquierda marxista solía hacer una análisis de clase, una análisis que permitía determinar –al ubicar claramente al enemigo- cuales eran los aliados, reales o potenciales, para acumular fuerzas en el camino hacia la utopía. Así, por ejemplo el Partido Comunista le propuso una alianza al Partido Socialista, cuyo objetivo era enfrentar juntos al imperialismo y a la oligarquía latifundista, que constituían un freno al desarrollo de las fuerzas productivas y del país como tal. Y cuando se llegó finalmente a la unidad de la izquierda en el Frente Amplio, ella reflejaba la unión de la clase obrera con las capas medias de la ciudad y del campo, la intelectualidad, los estudiantes, los pequeños productores agropecuarios e industriales, la pequeña burguesía no comprometida con el imperialismo, etc. Es decir, la unidad de todos aquellos interesados en luchar contra el imperialismo, el latifundio y la oligarquía (los enemigos de entonces).
Obviamente que no se necesitaba ser un experto marxista leninista, o de cualquier otra variante de izquierda, pero había un esfuerzo por estudiar la sociedad con herramientas de análisis más o menos científicas.
BUENOS Y MALOS
Los tiempos han cambiado, ahora la cosa es mucho más sencilla, y la forma de ver los asuntos están al alcance de cualquiera que haya cursado un año en el jardín de infantes del barrio.
Entre tantas cosas que se van transformando en lugares comunes por su uso continuado, está la frase “el enemigo está afuera”. Es la frase estrella cuando en las redes sociales se establece una discusión entre gente de izquierda. Invariablemente, a determinada altura de la discusión, aparece alguien que estampa la famosa sentencia. Ese alguien puede que ni siquiera haya participado de la discusión, es simplemente la voz que trae cordura al lugar en donde no la hay. Cuando aparece esta voz, suelo mirar hacia fuera por la ventana intentando ubicar al enemigo, pero no he tenido éxito hasta ahora; una vez vi a mi vecina, pero estoy seguro de que es mi amiga.
Otra sentencia, tal vez más antigua en el tiempo, es la siguiente: “el enemigo es la derecha”.
Ambas expresiones tienen una intención explícita: no hay que discutir entre militantes de izquierda; entre los militantes de izquierda solo debe haber coincidencias, por lo tanto, hay que discutir con los de “afuera”, con “la derecha”. El enemigo está afuera, el enemigo es la derecha.
Pero la que señala a la derecha es más concreta, y por lo tanto, más útil. Si decimos que el enemigo está afuera, no estamos siendo demasiado claros, porque afuera hay de todo; ¿cómo saber si el señor que está allá afuera es enemigo o no? No es tan fácil determinar cual es el afuera y cual el adentro. Cuando nos aclaran que es “la derecha”, ya nos tranquilizamos un poco más, ahora es más fácil, el mundo se divide en dos, izquierda y derecha, nosotros somos la izquierda, y los de afuera son la derecha (el enemigo); el enemigo común es una herramienta eficaz para establecer vínculos emocionales, la izquierda somos los buenos, y la derecha son los malos (el enemigo).
No obstante, quienes plantean así las cosas, admiten la existencia de un tercer subgrupo, el de aquellos que, sin ser de derecha (en rigor no pertenecen al grupo de los malos), con sus opiniones “le hacen el juego a la derecha” (sin ser malos, estarían jugando para los malos, o haciéndose goles en contra, digamos). Un subgrupo nada desdeñable por cierto, ya que todo aquel que intente emitir algo que se parezca a una crítica al gobierno o al partido del gobierno o a algún grupo integrante del partido de gobierno, o que recuerde algo malo hecho en algún momento por algún miembro del gobierno o por el gobierno como tal, será incluido en el acto entre quienes “le hacen el juego a la derecha”.
¿QUÉ ES LA DERECHA?
El problema se presenta cuando alguien pregunta: ¿y qué es la derecha? Porque cualquiera puede aceptar la sentencia: el enemigo es la derecha. Pero tiene obviamente el derecho de saber como hace para identificar a ese enemigo, como hace para saber quién es de derecha y quién no.
¿son definiciones de tipo económico lo que marca la pertenencia de una persona o de un grupo político a la derecha?
Es muy común escuchar por ejemplo frases del tipo: “si gana la derecha, adiós a los consejos de salarios”, lo que estaría indicando que los consejos de salarios son una conquista de la izquierda, y que la derecha estaría en contra de los mismos. Pero sucede que los consejos de salarios fueron creados en 1943 (gobierno colorado), y fue aplicado por los gobiernos colorados y blancos desde esa fecha hasta que Jorge Pacheco Areco dejó de convocarlos a fines de los 60, y los volvió a implantar el colorado Julio María Sanguinetti en 1985, dejándolos nuevamente sin efecto el blanco Luis Alberto Lacalle, para reimplantarlos el FA en 2005. No es un buen elemento para diferenciar izquierda y derecha, al parecer.
“Con la izquierda mejoraron los salarios como nunca”, dicen algunos, con lo cual al parecer eso podría diferenciar un gobierno de derecha de uno de izquierda; un gobierno de izquierda mejora los salarios de los trabajadores, uno de derecha los rebaja. Sin embargo, esto también es relativo. En el primer año de gobierno del Frente Amplio, el salario del sector privado registró un incremento del 15% nominal. Comparando con períodos anteriores, los mayores aumentos (también nominales) se dieron durante igual período del primer gobierno de Sanguinetti y de la administración Lacalle: 142% y 168% respectivamente (en el primer caso con consejos de salario, en el segundo sin). Pero si tomamos el salario real, los datos arrojan que la mayor recuperación salarial se dio en el correr del primer año y medio del primer gobierno de Sanguinetti, con un aumento del poder adquisitivo de los trabajadores uruguayos del 10.6%. En los siguientes tres períodos (Lacalle, Sanguinetti, Batlle, y con referencia siempre al primer año y medio de gobierno, y no la totalidad) hubo una leve pérdida salarial situada en el entorno al 1.5% en cada caso. En el primer año y medio de la administración Vázquez, volvió a aumentar: 5.7%, lo cual constituye un resultado positivo pero lejos de marcar un hito en la materia (representa casi la mitad de los resultados obtenidos en 1985-1986 por la administración Sanguinetti). Además, si se toma el último año de la administración Batlle, con la recuperación económica, se observa un aumento del 4.4% en términos reales, comparable al primer año de Vázquez, con una recuperación que también se sitúa en el entorno del 4%. De manera que el salario tampoco sería un derechómetro.
¿Son los temas sociales entonces los que definen a un ciudadano o a un grupo político como de derecha o de izquierda? Siempre creímos que el tema de los derechos humanos era una línea demarcatoria firme entre derecha e izquierda, pero el tema de la impunidad a mostrado a las claras que en todas partes se cuecen habas, que quienes ponen trabas y peros para terminar con la impunidad se encuentran por todos lados (adentro y afuera). Y la ley del aborto, votada por el FA, fue vetada por Vázquez, presidente del FA, quien después se juntó con quienes se supone son la derecha para anularla cuando se votó nuevamente.
Sin ir más lejos, en octubre próximo, además de elecciones, el pueblo tendrá que decidir si apoya o no la iniciativa colorada de bajar la edad de imputabilidad de los menores, y las encuestas dicen por ahora que más del 60% de la población apoya la propuesta. Si eso fuera un derechómetro, la izquierda debería ir despidiéndose del gobierno.
¿Es entonces la lucha contra el latifundio esa línea divisoria que divide izquierda y derecha? Complicado de explicarlo por esa vía, ya que nunca se extranjerizó y se concentró tanto la propiedad de la tierra como en los gobiernos del FA.
¿Es la lucha frontal contra el capital? No es sencillo encontrar por ese lado la diferencia entre izquierda y derecha, ya que nunca se concentró tanto la propiedad de los medios de producción como en los gobiernos del FA. Y cuando el FA hace una reforma tributaria, le rebaja los impuestos al capital sin que siquiera lo haya pedido.
¿Es la preocupación por los temas ambientales? Difícil también. La soja transgénica (con sus problemas debido a la fumigación, etc,) transformada en uno de los principales productos de exportación es un “logro” de los gobiernos del FA, al igual que la industria de la celulosa, o la minería a cielo abierto.
¿Es entonces la postura antiimperialista la que parte aguas entre derecha e izquierda? Algún dirigente  de izquierda amenaza, por ejemplo, con que si gana la derecha, habrá un TLC con los Estados Unidos. Pero el problema es que quienes han intentado hacer un TLC con los EEUU han sido gobernantes del Frente Amplio (los mismos que ese dirigente apoya para un nuevo gobierno), y no los partidos tradicionales. El problema surge cuando uno ve que quien le protegió las inversiones al imperialismo mediante un tratado fue un gobierno del FA, y no de un partido tradicional. El problema es que quienes nos quieren llevar a la Alianza del Pacífico (nuevo instrumento del imperio), son dirigentes del FA, los mismos que proponen para gobernar nuevamente quienes dicen que “el enemigo es la derecha”.
¿Es la vocación por la unidad latinoamericana, ligada fuertemente al antiimperialismo? No parece serlo, cuando el primer presidente del FA le pide ayuda al asesino serial George W. Bush contra un hermano y vecino latinoamericano. No parece serlo cuando la enorme mayoría de los grupos del FA apoya una nueva candidatura de quien cometió esa acción digna de la más rancia derecha proimperialista.
EL MIEDO
¿Será esa dificultad de explicar esas cosas, lo que lleva a la simplificación, lo que lleva a evitar confrontar ideas dentro del campo de la izquierda? Es posible; intentar explicar estas contradicciones pone en aprietos a más de uno, porque debería explicar por qué se está apoyando todo eso y a quienes llevaron y llevan a cabo todo eso y quieren seguir haciéndolo. Hay en todo ese asunto una buena dosis de miedo a debatir, miedo tal vez a encontrarse con los valores perdidos.
Eduardo Galeano recordaba a Domitila Barrios, a quien conoció en Bolivia en una asamblea de obreros mineros. Domitila era la única mujer. Se levantó y dijo: “¿Cuál es nuestro enemigo principal, compañeros? La burocracia, respondían. ¡El imperialismo!, gritaban. “No compañeros, se equivocan. Nuestro principal enemigo es el miedo, y lo tenemos dentro”.


martes, 14 de enero de 2014

EL MOLDE DONDE SE FABRICÓ EL FRACASO


En 2005, y antes de que el Frente Amplio iniciara su primer gobierno, Hugo Cores planteaba  en un artículo tres maneras de encarar el porvenir según su visión, aclarando por cierto del riesgo de caricaturizar en exceso. Esas tres maneras posibles, las describía así:

PRIMERA OPCIÓN: Molde

 

 “Una primera es centrar las preocupaciones y los debates en las cuestiones económicas que un gobierno frenteamplista tendrá que enfrentar. (...) la economía, que todo lo manda, nos lanza al ruedo estableciendo limitaciones infranqueables. Hay que transitar los márgenes posibles. ¿Cuáles son? Los pretiles estrechos que nos dejan los otros: los organismos internacionales, los especuladores financieros, los hipotéticos inversores, las consultoras de riesgo, los manipuladores de imágenes y noticias. Un margen en el cual actuar conforme a lo que pide el llamado "sentido común". Ese paquete de ideas, sentimientos y temores, de fabricación ajena y en serie, que presentado como una papilla de conocimiento a la que se accede sin esfuerzo, no contraría ni los puntos de partida conceptuales ni los puntos de llegada funcionales para la sobrevivencia del poder establecido. (...) Estas muestras de buen comportamiento, economicista y conformista, podrían ser presentadas como una actitud de madurez, como si, por fin, la izquierda hubiera aceptado "el-mundo-tal-cual-es". Es la opción de cambio que no inmuta. La opción "Molde" no aguanta el tinguiñazo de una pregunta digna de un párvulo " y entonces... ¿para qué todo?" Los años de lucha, la bandera de Otorgués flameando en los barrios, los presos y las familias deshechas. La imposibilidad de responder a la pregunta ¿para qué todo? es tan demoledora, tan definitiva, que liquida cualquier tránsito fluido por los lineamientos de este encare. Que, más que encare, ante la masa frenteamplista, sería un descare. Y que además fracasaría, porque presentándose como viable y apacible, sembraría la confusión, el descrédito y la pérdida de sentido.

SEGUNDA OPCIÓN (Módico): Un gobierno con buen elenco y pueblo quieto


Para Cores, en esta segunda opción bastaba con “mejores leyes, honestidad administrativa, fin del despilfarro, atención a las situaciones de desesperación social, política exterior con sentido de la dignidad nacional. Tarea principal: negociaciones políticas destinadas a ampliar los respaldos parlamentarios del nuevo elenco y a no desentonar demasiado con las indicaciones externas. Neutralizar la artillería mediática de las derechas, presentándose como muy distintos a Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Fidel Castro.
La sede principal del quehacer político se limitaría al ejercicio del gobierno en las instituciones tradicionales de la democracia representativa al uso "uruguayensis": Poder Ejecutivo, Parlamento, administración de los Entes Autónomos.
¿Supone cambios esta opción?
Claro que sí. Cambios sumamente positivos, una suave brisa de aire puro. Nada desdeñable, por cierto.
¿Alcanza ese encare, llamémoslo módico? Creo que para eso es un poco tarde.
No descarto la necesidad de ampliar las bases políticas del gobierno. Pero creo que, si esa ampliación se hace exclusivamente como acuerdo entre las autoridades de los partidos y el nuevo gobierno, conduce a quedar presos de un juego conocido.
Hugo Cores agregaba además que esta opción “dejaría intactas, o casi intactas, las bases ideológicas de la pasividad ciudadana, de la cultura consumista y conformista. Una ciudadanía apenas para ejercer en algunos aniversarios. Nuevas caras (y nuevos estamentos y nuevos grupos familiares) para el viejo conformismo uruguayo”.

TERCERA OPCIÓN: Pueblo movilizado


Esta última opción era, para Cores, el “único encare responsable”, además de ser la idea contenida en el propio programa del Congreso “Héctor Rodríguez”, programa que bregaba por la profundización de la democracia, el acrecentamiento del protagonismo obrero y popular, y el estímulo a otra prensa con otro clima de debates culturales y políticos.
Para Cores, esta última era la opción “De la movilización de las cabezas, de la acción crítica y creativa de la Universidad (la pública, la del país) en una resuelta toma de partido por los intereses populares para cambiar la realidad uruguaya. De la acción sin temores por parte de los críticos, de los creadores de inquietudes, de los contestatarios. De los enemigos jurados de toda forma de alcahuetería. De la ampliación, en Montevideo y en el interior, de las instancias de organización popular.
De encarar el plan de emergencia no como una acción de arriba abajo, sino como una instancia de reparación --de devolución de lo indebidamente apropiado-- basada en el protagonismo de la gente organizada. No como una acción oficial intermediada por infinitas instancias estatales, o municipales (...), sin presencia y sin decisión ni contralor de pueblo.
Con un sindicalismo clasista, con fuero sindical y negociación colectiva, consciente que este será su gobierno, tanto para defenderlo como para alertarlo y, si es del caso, para criticar a los malos funcionarios”.
Era la opción por un gobierno del FA “...con el apoyo de un pueblo organizado y consciente, (...) la única responsable, viable, sensata (...) la única que está a tono con la necesidad de desarrollar los cambios en paz, con el apoyo entusiasta y arrollador de las grandes mayorías nacionales”.

LO QUE OCURRIÓ


El primer gobierno del FA (y también el segundo, sin duda) transitó por la opción “Molde” (encare que al decir de Hugo Cores "más que encare, ante la masa frenteamplista, sería un descare"); lo que mandó fue la economía, el discurso de “esto es lo que se puede, no hay otra opción”; el paquete de ideas de fabricación ajena para una perfecta sobrevivencia del poder establecido. Basta recorrer los discursos lisonjeros de los grandes centros del poder capitalista mundial para comprender la funcionalidad política de los primeros gobiernos del FA.Cierto que con algunos toques de la segunda opción (Módico), como aquello de "Neutralizar la artillería mediática de las derechas, presentándose como muy distintos a Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Fidel Castro".
Y la pregunta que se hacía Hugo Cores está pendiente de respuesta: " y entonces... ¿para qué todo?" Los años de lucha, la bandera de Otorgués flameando en los barrios, los presos y las familias deshechas”. Pregunta que nos hicimos y nos seguimos haciendo muchos. Recuerdo una reunión en un local del PS en Ciudad de la Costa en donde fui a escuchar a Gargano. El tema era la distribución de la riqueza, y el Polo dijo algo más o menos así: “¡¡¡ Claro que si tocamos al poder éste va a saltar y se va a poner como loco..claro que sí!!! Pero para eso queríamos el gobierno...o no?”.
Y las consecuencias de haber transitado por ese “Molde”, están a la vista y son las que preveía Cores: "...además fracasaría, porque presentándose como viable y apacible, sembraría la confusión, el descrédito y la pérdida de sentido". Una gran decepción y confusión recorre hoy por hoy la militancia más activa y más comprometida del Frente Amplio. Y en general, en la sociedad en su conjunto, las consecuencias están bien descriptas en la nota de Cores: “dejaría intactas, o casi intactas, las bases ideológicas de la pasividad ciudadana, de la cultura consumista y conformista. Una ciudadanía apenas para ejercer en algunos aniversarios. Nuevas caras (y nuevos estamentos y nuevos grupos familiares) para el viejo conformismo uruguayo”.

¿Y EL FUTURO?

Había una posibilidad, todavía, de rescatar viejos valores frenteamplistas del 71. Existía una posibilidad, difícil sí, complicada sí, pero honesta, de intentar transitar por el tercer modo de Cores, “De la movilización de las cabezas, de la acción crítica y creativa (...)  en una resuelta toma de partido por los intereses populares para cambiar la realidad uruguaya. De la acción sin temores por parte de los críticos, de los creadores de inquietudes, de los contestatarios. De los enemigos jurados de toda forma de alcahuetería. De la ampliación (...) de las instancias de organización popular”.
Pero esa posibilidad fue enterrada sin honores fúnebres por quienes hoy creen que lo único importante es ganar una elección, al precio que sea.
Existía la posibilidad de llevar adelante un gobierno del FA “...con el apoyo de un pueblo organizado y consciente, (...) la única responsable, viable, sensata (...) la única que está a tono con la necesidad de desarrollar los cambios en paz, con el apoyo entusiasta y arrollador de las grandes mayorías nacionales”.
Pero esa posibilidad fue negada abierta y tajantemente por quienes promovieron entusiastamente las mismas caras y los mismos personajes y las mismas propuestas del 2005. Difícilmente sea posible un gobierno de esas características cuando se habla de renovación y se promueve a Tabaré Vázquez a la presidencia, quien ha dicho y repetido que no habrá cambio alguno; Tabaré Vázquez que anuncia a un Danilo Astori como su mano derecha y gurú. Difícil cuando algunos le agregan a ese cóctel la candidatura de Lucía Topolansky a la vice presidencia.
Hay luchas todavía, y las respeto y las valoro y las apoyo, por parte de gente que confía en revertir esta caída libre a la que llevan la enorme mayoría de los sectores del FA. Pero debo ser honesto: dudo que esta realidad pueda ser revertida. El triunfo del Dr.Vázquez generará una fuga considerable de votos de izquierda, lo que llevará al FA a perder las mayorías parlamentarias. De ahí en más, tendremos un gobierno de un presidente conservador (T.Vázquez) que conformará un gabinete conservador, sin mayorías parlamentarias, y negociando ese programa conservador con la derecha. El daño hecho al proyecto histórico de la izquierda, desde mi punto de vista, es irreversible, y habrá que barajar y dar de nuevo, llegado el momento.

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)

Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene). Nuestra sociedad se parece ca...