miércoles, 21 de junio de 2017

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)


Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene).
Nuestra sociedad se parece cada día más a una selva (donde reina la ley del más fuerte). El tránsito es solo una muestra muy visible de esto. La ley de la selva, la ley del más fuerte (o la ley del revólver, ahora que algunos quieren volver a la ley de duelo para resolver problemas de honor), son lo contrario a una sociedad, la que debería estar organizada en torno a principios, valores e ideales, como pueden ser la solidaridad, la justicia, la razón, etc.
La forma de ser de una sociedad se va conformando en torno a una multiplicidad de factores de la vida cotidiana: el maltrato en el transporte, las veredas en mal estado, la despersonalización de la atención telefónica con contestadoras y musiquitas, la explotación laboral, la radio a todo volumen en el ómnibus, el pungueo diario en las calles, el abuso de los precios, la prepotencia en el tránsito, etc.
El tránsito en nuestro país es una muestra clara de lo que es nuestra sociedad. Allí se ve claramente la falta de respeto por las normas, el individualismo, la falta de solidaridad, la prepotencia, la viveza criolla, la violencia a flor de piel y hasta cierto instinto asesino. 
Las bicicletas son un vehículo más en la calle, y tienen que circular cumpliendo normas debidamente establecidas. Sin embargo, los ciclistas reconocen que casi ninguno las respeta, aunque prefieren diluir su responsabilidad apuntando a la prepotencia (indudable) de los automovilistas. Como si la cuestión se redujera a una pelea por la supervivencia en la selva del tránsito capitalino.
Así somos los uruguayos. Festejamos nuestra viveza y nuestra impunidad. Nos regocijamos de evitar un gol con la mano, y nos enojamos si no dejan impune a nuestro crack que mordió al rival. Porque nos hemos acostumbrado a la impunidad y a la viveza. Somos ese jugador y somos el político que se compra cosas para sí con la tarjeta corporativa. Somos el que quiere arreglar las diferencias a los tiros, como barrabravas en el estadio. 
Y somos también el que se afana la guita de los demás, a través de un cambio o sin él. Somos el ministro de defensa promoviendo que la población se arme para defenderse, el productor rural que fumiga sobre la gente, el milico que prepotea en la comisaría, el que se saltea la cola, el que te pasa por la derecha, el que circula por la izquierda tan campante, el que te basurea en las redes sociales, te putea y después te elimina, los que linchan a un niño por el robo de un celular, y todo eso junto.
El aumento del parque automotor es una mínima parte del problema; el problema es el aumento de la grosería, de la prepotencia, del individualismo, del “hago la mía” y los demás que se arreglen.
No somos lo que parecemos. Ni tan democráticos, ni tan derechos ni tan humanos, ni tan solidarios, ni tan igualitarios. Somos frustrados y temorosos, egoístas y discriminadores aunque no lo admitamos. Somos eso que nos devuelve el espejo de la prensa a diario; lo que hacen y dicen “los otros”.
No solo la equidad depende en gran medida de la educación; la convivencia civilizada también.

José Luis Perera

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