jueves, 6 de diciembre de 2018

PATOTERISMO VULGAR



Lo primero es lo primero: El ocultamiento del asesinato de un recluso en el penal de Libertad por parte de la guardia, al que mataron como animal, indigna. Desde el que apretó el gatillo hasta el Ministro, todos mintieron y ocultaron. Y como dice un amigo, “esa sí que es una línea roja que el FA no debería dejar cruzar” en esto de permitir y justificar todo lo que venga de su gobierno. Mi amigo no tiene ninguna esperanza, yo tampoco.

La destitución del director del INR no debería ser el cierre del asunto, sino el comienzo, y debería terminar con la renuncia del ministro, algo que sucede en los países civilizados con gobiernos decentes. Por cierto, no sucederá acá.

En cuanto a lo que pasó en Artigas, fue un patético sainete que incluyó al ministro Bonomi reculando para tapar una pancarta, actitud ridícula por donde se la mire, aunque admite una serie de calificaciones más: infantil, estúpida, ordinaria, patotera, intolerante, grotesca, en fin, lamentable. Porque estos mismos señores que se arrodillan frente al capital extranjero se envalentonan ante un puñado de ciudadanos con una pancarta.

Lo grave, es que además culminó con la prisión de uno de los manifestantes (criminalización de la protesta), y luego la difusión pública de cosas que tienen que ver con la vida de las personas que protagonizaron los hechos.

La INDDHH expresó su “profunda preocupación” por el uso de los datos que realiza el gobierno con manifestantes opositores y recordó que ya había advertido sobre este tipo de prácticas.

La divulgación de antecedentes de un ciudadano, con fines políticos, es una actitud merecedora también de calificativos como los mencionados más arriba; además de ilegal.

Al parecer, uno de los manifestantes sería un ex preso, y otro un militante de un partido político. Por cierto, ninguna de las dos cosas impide manifestar; no es ilegal ser un ex preso, ni tampoco ser un militante político. De hecho, el propio ministro Bonomi es la prueba viviente de que se puede ser ambas cosas a la vez.

Un ex delincuente, que fue condenado y cumplió su pena y hoy está en libertad, tiene todos los derechos. Incluso hasta puede ser ministro, como es notorio, incluso presidente de la república.

En puridad, ya no es un delincuente. Delincuente es por ejemplo alguien, que está procesado por el delito de peculado, y que aún no ha cumplido ninguna pena. Sin embargo el gobierno no le prohíbe concurrir a ningún acto, ni es proclive a difundir sus antecedentes.

En cuanto a ser un militante político e ir a un acto del gobierno con una pancarta, no solo que no es un delito, sino que debe ser lo más común de las cosas comunes en este país. Claro, en general son afines al gobierno, y esos no son tapados por un ministro que recula ni escrachados en los medios.

Todo eso no hace más que demostrar la intolerancia y el autoritarismo de un ministro que hace rato ya, es impresentable.


José Luis Perera


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