miércoles, 16 de octubre de 2019

NADA NUEVO BAJO EL SOL

(mi artículo de esta semana en VOCES Semanario)


Las encuestas son una fotografía de un momento, y aun con sus imperfecciones, ayudan a tener una idea aproximada de lo que puede pasar en una elección. 
En los últimos seis días, en donde la publicidad sigue influyendo -hoy en día multiplicada hasta el paroxismo por el fenómeno de las redes sociales-, la gente sigue tomando decisiones que ya no serán registradas por ninguna encuesta.
El “voto oculto”, que históricamente fue de votantes de los partidos tradicionales (la mayoría silenciosa), hoy en día es oficialista. En 2004 el 34% de los indecisos votó al PN y el 27% al FA. De ahí en más, la mayoría de los indecisos se volcó por el FA, y es probable que vuelva a pasar en esta elección. 
En 2014 había un enorme malestar entre los votantes del FA, muchísimos de los cuales tenían pensado un voto castigo; eso era lo que recogían las encuestas y por eso daban los números que daban.
Sin embargo, a medida que el resultado de las encuestas se iba instalando y comenzaba a mostrar la posibilidad cierta de que el FA perdiera las mayorías y finalmente el gobierno, se produjeron dos cosas: 1) despertó a la militancia frenteamplista (“el susto despertó al mamado” dijo Topolansky), y 2) desató una brutal campaña de miedo a un posible gobierno de la “derecha” (fundamentalmente a través de las redes sociales).
Sin duda, ambas cosas dieron sus frutos, y a último momento, muchos frenteamplistas (la enorme mayoría de quienes figuraban en las encuestas como indecisos) que pensaban castigar con su voto lo pensaron muy bien y optaron por “el mal menor”.
Esto no lo pudieron registrar obviamente las encuestas, y muchos de estos frenteamplistas que votaron con bronca, ni siquiera lo reconocieron en las encuestas a boca de urna.
De manera que el escenario de hoy puede variar en los últimos días, aunque esta vez parece difícil que el gobierno mantenga las mayorías.
En la segunda vuelta, seguramente el FA pueda captar votos del PC, aunque dificilmente lo pueda hacer de CA, cosa que sí podría lograr Lacalle. Esto en principio dejaría con ventaja a Lacalle para obtener el gobierno, aunque todas las hipótesis son posibles.
La gobernabilidad del pais no está en juego, por cierto, porque el partido se juega en el centro. Es decir, acá no hay un enfrentamiento entre dos proyectos de país antagónicos. El proyecto, en cualquiera de los casos es el proyecto del gran capital, el de los Organismos financieros y políticos mundiales, y la disputa es por quién será el encargado de llevarlo a la práctica.
El Uruguay es un país que se ubica en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades, una un poco más conservadora que la otra (el propio Tabaré Vázquez reconoció que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo) . Lo que está en juego en estas elecciones es cuál de esas dos mitades se impondrá.

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