REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA EN EL PRIMER PUNTO DEL ORDEN DEL DIA



En los próximos días, el Frente Amplio comenzará a abordar los aspectos macroeconómicos del programa. Si hay una tarea de primer orden, y un compromiso ineludible para un futuro nuevo gobierno del Frente Amplio, es profundizar la disputa por la distribución de la riqueza. Lo que implica a su vez hablar del problema de la riqueza y de su concentración en pocas manos. Por cierto, no es un tema que incumba solamente al gobierno (aunque en buena medida, los instrumentos de política económica válidos para ello estén en manos del gobierno). No es una tarea que la podamos -ni la debamos desarrollar solos-, sino que necesita de la construcción de alianzas con sectores que históricamente han compartido con nosotros la lucha por las demandas populares y democráticas. No es descargando sobre el grueso de las capas medias el peso de las cargas fiscales, por ejemplo, que conseguiremos los aliados necesarios para esta batalla fundamental. Es necesario para ello contar con los trabajadores, con las organizaciones sociales, con los pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo, con los pequeños y medianos empresarios, etc. Porque si la producción no se canaliza por aquellos que son los que comparten intereses de clase con nosotros, la riqueza no se va a distribuir democráticamente. Va a seguir concentrada y va a concentrarse cada vez más.
Por lo tanto, habrá que ver como mejoramos la reforma tributaria, que es mejor que lo que había, no tenemos dudas, pero que no va en el sentido de redistribuir la riqueza. Si a pesar de los instrumentos que nuestro gobierno viene aplicando y que supuestamente iban en el sentido de redistribuir –léase reforma de la salud, reforma impositiva, plan de emergencia y de equidad, etc.- no tuvieron ese efecto (las últimas estadísticas dicen que la brecha entre pobreza y riqueza ha seguido aumentando), entonces el problema está en otro lado.
Por otra parte, si no somos capaces de distribuir la riqueza a medida que la economía crece, probablemente ingresemos en el círculo vicioso que nos lleve a una nueva crisis y a injusticias aún mayores. Las cifras del crecimiento del PBI por habitante, comparadas con el crecimiento del ingreso por persona nos dicen que cada vez un sector más minoritario se beneficia del esfuerzo de todos los uruguayos. Si en el quinquenio 2003/2007 el salario prácticamente no varía (la variación es de 0,07 %) pero el PBI aumentó un 37,6 %, alguien, algún sector de la sociedad (que no es el de los trabajadores ni el de los jubilados) se llevó ese crecimiento de la riqueza generada.
POBREZA Y DESIGUALDAD
Tengamos en cuenta además la incidencia que en los últimos tiempos ha tenido en los sectores más pobres de la población el aumento del precio de los alimentos. En la medida en que los hogares más pobres son los que dedican mayor parte de sus ingresos a la compra de los alimentos, el aumento de éstos incide en mucho mayor medida en esos hogares. El IPC -que mide la evolución de una canasta media de los hogares del país- no da cuenta de la evolución del poder de compra de los pobres, por la razón antes señalada. En 6 años el IPC aumentó un 78.9%, mientras que los precios de los alimentos se elevaron más del 103%. En el 2007 el incremento de estos últimos más que duplican a los anteriores. Y esto sin duda causa estragos en los hogares más pobres.
Sin embargo, hablar de superar la desigualdad y de combatir la pobreza no es lo mismo. Tanto la pobreza como la desigualdad son relevantes, pero la superación de una no involucra necesariamente el mejorar la otra. El ejemplo más claro es que si en una sociedad todos son igualmente pobres, la desigualdad sería cero. Y si de alguna manera, mediante una transferencia externa se pudiera lograr que alguien en esa sociedad superara su condición, se reduciría la pobreza pero aumentaría la desigualdad. Hecha esta aclaración entre distribución y pobreza, es conveniente recalcar que este artículo se ocupará solamente de la distribución.
ALGUNAS HERRAMIENTAS
Las medidas económicas más comúnmente mencionadas como idóneas para modificar la distribución del ingreso son las destinadas a la educación, los impuestos y el gasto social. Es indudable que las políticas de educación en los sectores de menores recursos incrementan la productividad y los ingresos de los beneficiarios. Sin embargo, este tipo de políticas requieren de un buen tiempo de maduración, y sólo tienen efecto sobre la distribución en el largo plazo. Entre las de corto plazo están los impuestos. Las políticas impositivas progresivas, que gravan más a los de mayores ingresos, generan recursos que luego pueden ser invertidos en políticas sociales en los hogares de menor ingreso permitiendo superar situaciones de pobreza y mejorar la distribución. Esto que en teoría puede funcionar, es cuestionable como vemos en la práctica. Porque ¿es posible llevar a cabo reformas impositivas lo suficientemente agresivas como para afectar la distribución de los ingresos? ¿Cuáles serían los costos de tales medidas? Y por otro lado, ¿tiene el gasto social un efecto real sobre la distribución del ingreso? En principio, hay estudios que demuestran que al combinar un impuesto regresivo como el IVA, que significa un porcentaje muy alto de la recaudación, y cuya base imponible afecta a toda la población, con un impuesto progresivo como el Impuesto a la Renta, que afecta a un segmento más pequeño de la población, las reformas impositivas no tienen ningún efecto sobre la distribución. Y no incide en la distribución porque los deciles más ricos de la población pagan una fracción menor de su ingreso por concepto de IVA que los deciles más pobres. Esto no significa restarle importancia a la cuestión de los impuestos, porque de todas maneras estos ingresos que tiene el Estado y que luego puede dedicar a políticas son los que si inciden en la distribución. Las políticas sociales sí generan una reducción significativa de los niveles de desigualdad. Y dentro del conjunto de las políticas sociales, aquellas destinadas a educación son las de mayor impacto en cuanto a su efecto distributivo.
Pero tanto para el actual gobierno, como para cualquier otro en el mundo hay algo que siempre es válido: En primer término, una estrategia de ingresos progresiva; esto es, que quienes más tienen más paguen, que quienes menos tengan menos paguen, y quienes no tienen nada, no paguen nada. En segundo término –pero tan importante como el primero- una estrategia de gastos igualmente progresiva; esto es, que quienes más tienen reciban menos beneficios sociales, que quienes menos tienen reciban más beneficios, y quienes no tengan nada, reciban todo.
En nuestra próxima nota abordaremos otros aspectos que tienen que ver con políticas distributivas de la riqueza, como pueden ser las políticas de subsidios, el control del capital financiero y otras.

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