APUNTES PARA LA DISCUSIÓN (1ª parte)



Lenin decía: “Lo que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a subsanarlos en más de la mitad”, y su sentencia es más que apropiada en estos momentos.
HAGAMOS MEMORIA
Ahora bien, si tomáramos como punto de partida del análisis lo que pasó el domingo 9 de mayo, estaríamos viendo solo una parte del problema. No podemos olvidar que en octubre no pudimos ganar en primera vuelta, y que perdimos dos diputados. Pero además, no podemos olvidar que en octubre también perdimos dos plebiscitos importantísimos, el de anulación de la ley de impunidad y el del voto epistolar. Y si vamos más atrás, recordemos que ya en las elecciones internas el FA obtuvo menos votos que el PN. Y tal vez tengamos que ir hasta el Congreso de diciembre de 2007 para encontrar otros problemas. Pero no habría que descartar ir aún más lejos, si es que consideramos como uno de los factores problemáticos la relación de la fuerza política con el gobierno, y entonces tal vez deberíamos comenzar por el año 2005, que marca el inicio del FA en el gobierno nacional.
Comencemos entonces por ahí, y en próximos artículos nos acercaremos más a los hechos más recientes.
PRIMER GOBIERNO DEL FA
Desde nuestro punto de vista, ya en el año 2005 hay hechos que comienzan a mostrar cierto malestar entre la militancia frenteamplista, al tomar nuestro gobierno caminos que se alejaban de las definiciones programáticas previas, y en otros casos se apartaban de definiciones que, aunque no estuvieran estampadas explícitamente en el Programa, formaban parte de nuestra historia previa como fuerza política de izquierda. No tenemos dudas que mucho del desencanto de buena parte de los frenteamplistas comienza en esos primeros pasos. Recordemos algunas cosas. Durante la campaña electoral de 2004, en una de las conferencias del ciclo “La transición responsable”, el compañero Tabaré Vázquez expresaba: “Quiero decirlo claramente: el EP-FA-NM no ha sido consultado sobre los contenidos de dicho acuerdo (se refería al proyecto de Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU) ni lo conoce (…) Un acuerdo de este tipo negociado unilateralmente, significa un desconocimiento al MERCOSUR y a la necesidad de encarar estos temas como región”. Sin embargo, diez meses después de asumir el gobierno, el Parlamento aprobaba el Tratado. La gran mayoría de los sectores del FA, así como las bases, se oponían a la firma del tratado -salvo los ministros Astori y Lepra, y el vicepresidente Nin Novoa-. Las voces que se hacían oír a favor de la firma del mismo, eran provenientes de los partidos tradicionales y de las cámaras empresariales. Es decir: la gran mayoría del Frente Amplio en contra del tratado; la gran mayoría del gabinete en contra del tratado, pero el tratado finalmente se firmó y se ratificó en el Parlamento (con el único voto en contra del camarada Lorier). Y, como frutilla de la torta, nuestro gobierno firmó el dichoso tratado en medio de una cumbre del Mercosur (en Córdoba), siendo Tabaré el único presidente que se reunió con Bush, en momentos en que todos los países del bloque gritaban un rotundo NO AL ALCA.
RUMBO AL TLC
Luego de esas instancias, cuando aún no se había secado la tinta de las firmas estampadas en el TPI, ya nuestro ministro de economía estaba planteando la necesidad de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, “cuánto antes mejor” decía Astori. Nuevamente, al igual que con la firma del TPI, comenzaron a levantarse las voces en contra, y sin duda fueron mayoría, tanto a nivel de las bases como de los sectores de la fuerza política y en el gabinete ministerial. El propio Tabaré se manifestó en contra de un TLC en más de una oportunidad. Recordemos por ejemplo lo que manifestara en Venezuela a principios de marzo de 2006: “El actual gobierno uruguayo no tiene, en carpeta o en agenda, la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”, mientras recordaba, además, que el programa de gobierno del FA es “un compromiso ciudadano donde se deja claro que las relaciones comerciales actuales con las potencias del primer mundo, entre las que se encuentra Estados Unidos, no son las adecuadas para firmar ningún Tratado de Libre Comercio”. También en este caso, las voces a favor de la firma de un TLC provinieron de las cámaras empresariales y de los partidos tradicionales. Y cual si fueran estos los que gobernaran, casi llegamos a concretarlo. Recordemos la instancia de Punta Cala, en donde el compañero Tabaré se desdijera de lo dicho en Venezuela y expresara su metáfora del tren: “…porque recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se detiene pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una sola vez”. A partir de esa instancia, comenzaron las negociaciones en serio rumbo a un TLC. Como todos sabemos, el proceso desembocó en un TIFA, que para algunos es un trampolín para llegar al TLC. Y nuevamente, a pesar de estar la gran mayoría del gobierno y de la fuerza política en contra del TIFA, y toda la oposición a favor, el TIFA se firmó.
Si a estos elementos, le agregamos el envío de tropas a Haití, la participación en las maniobras Unitas, las vacilaciones a la hora de integrarse a organismos de unidad latinoamericana como el Banco del Sur, entonces veremos que estábamos ante un gobierno que, en forma notoria, se apartaba (más allá de que en otros aspectos actuaba con aciertos) de los grandes lineamientos programáticos de la fuerza política y sobre todo del carácter antiimperialista de ésta.
EL CONGRESO “LIBER SEREGNI”
Previo al Congreso “Liber Seregni” (año 2007), y analizando el documento preparatorio decíamos: “Es indudable que para profundizar los cambios cumpliendo con el programa se requieren las tres cosas que menciona el documento: “…una fuerte voluntad política desde el gobierno, un accionar decidido de la fuerza política y la participación activa de las fuerzas sociales”. Pero lo que también es indudable, es que los tres elementos (gobierno, fuerza política, fuerzas sociales) deben empujar en el mismo sentido. De lo contrario, es un tironeo en donde cada cual tira hacia su lado y las fuerzas se anulan. Porque aunque coincidamos en que hay “factores estructurales que debilitan la participación política”, no nos podemos hacer los distraídos y mirar hacia otro lado desestimando causas de esa desmovilización como las que tienen su origen en la propia acción del gobierno. No se puede desconocer que una gran cantidad de militantes frenteamplistas de toda la vida se han ido para sus casas decepcionados por lo que consideran acciones contrarias a definiciones básicas y originarias del Frente Amplio. No son pocos los militantes frenteamplistas que consideran que firmar un Tratado de Protección de Inversiones con el imperio, o enviar tropas a Haití a defender una situación creada por los Estados Unidos, o trabajar por la concreción de un TLC con ese país, sumarse a las maniobras Unitas, etc., es abandonar nuestra condición de antiimperialistas. O los que consideran que una reforma tributaria que rebaja los aportes de los capitalistas es abandonar nuestra condición de antioligárquicos. No son pocos los que no entienden algunos errores garrafales como la presentación del “proyecto García Pintos” sobre el nunca más. Y esto lo decimos más allá de que quienes así piensan tengan razón o no. La cuestión es si estos temas han sido discutidos en la forma adecuada. Si en estos temas se ha tenido en cuenta una correcta relación entre fuerza política y gobierno, o si se han resuelto por la vía de hechos consumados.”
Estos elementos que acabamos de reseñar, ya habían generado algunas señales electorales en 2006, y en marzo del 2008 provocarían el alejamiento del Movimiento 26 de Marzo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

CORRUPCIÓN Y PARTIDOS (publicado hoy en Semanario VOCES)

IMPUNES IMPARTIENDO VALORES (como el Uruguay no hay)

CERO AUTOCRÍTICA