miércoles, 5 de mayo de 2010

TRAGEDIA GRIEGA: ¿DRAMA LATINOAMERICANO?

Los anuncios con bombos y platillos, que pretendieron convencernos el año pasado de que el estallido de la crisis de 2008 ya había sido superado, resultó ser tan falso como tantas otras cosas que la gran prensa mundial difunde por estos días. Tan falso, que el fantasma de una crisis financiera europea, similar a la de EE.UU. en el 2008, con sus consecuentes efectos a nivel mundial, fue creciendo mientras Grecia se acercaba a la quiebra. No es para menos, ya que la agencia financiera Standard and Poor's rebajó la calificación de la deuda a largo plazo de España, colocando a otro país de la zona euro en la tormenta. Antes, esta agencia había degradado la nota de la deuda portuguesa y la griega, relegándola a la categoría de “inversiones especulativas”, y calificando a los documentos de su deuda como “bonos basura”. Tras la baja en la calificación, la situación griega empeoró y una cifra inicial ofrecida por la Unión Europea (UE), de 45 mil millones de euros (58.500 millones de dólares), terminó siendo insuficiente, por lo que el paquete de ayuda trepó a unos 110.000 millones de euros (algo así como 146 mil millones de dólares).
Y como sucede siempre, los costos de la crisis -con la cual se enriquecieron el capital financiero y sus cómplices- se descarga sobre los trabajadores y los sectores medios de la sociedad. Hace poquito, Frank Schaffler, diputado liberal alemán aconsejaba: “Para superar su endeudamiento, el Estado griego debe desprenderse de sus participaciones en empresas y también vender, por ejemplo, sus islas deshabitadas”.
Este es el panorama con la crisis de Grecia, que amenaza con extenderse a España, Irlanda, Portugal, Italia e Inglaterra, pero que puede ser un adelanto de lo que viene incubándose en las economías más grandes de la Unión Europea, como lo son Alemania y Francia. La crisis entra en su segunda fase, el pase de factura de los mismos que la provocaron a los países y gobiernos que salvaron su situación, obligando a estos a un ajuste fiscal fenomenal que deberán pagar los trabajadores y sus conquistas laborales y sociales.
LO QUE SE VIENE
Rápidamente el FMI ha recuperado el comando en la aplicación de medidas, y ya anunció un entendimiento con el gobierno de Grecia (aporta 40 mil millones de los 146 mil) para respaldar un préstamo de contingencia “excepcional”, préstamo considerado “el mayor otorgado a un país miembro”. Las medidas del FMI no son más que la única respuesta del capital ante la crisis estructural: despidos masivos, congelación y reducción de salarios, aumento de la productividad, eliminación de los beneficios obtenidos en años de luchas obreras, presión a la baja para las materias primas, y todo lo ya conocido. Medidas que sin duda lo que lograrán -al achicar la demanda- es acelerar el rumbo a una gran depresión. Los aprendices de brujo no pueden controlar las terribles fuerzas que ha conjurado, y han puesto al mundo al borde del abismo. La OIT prevé que unas 50 millones de personas pasen a engrosar el ejército de desocupados, a la vez que el numero de trabajadores pobres (trabajadores que no poseen ingreso suficiente para mantenerse a si mismo y a su familia) aumentaría significativamente hasta alcanzar los 1.400 millones (45% de los trabajadores del mundo se encontrará en situación de pobreza). Esta paradoja (ya que la crisis no es más que una crisis de sobreproducción), es producto de la anarquía de la economía capitalista, donde la producción de mercancías se hace sin planificación alguna, produce tanta cantidad de productos que no hay quien las compre. Y aquel que piense que como esto pasa en el norte, no nos afecta, se equivoca. El mercado mundial es uno solo, y el derrumbe de los países más desarrollados arrastrará inexorablemente al resto. La crisis que afecta a Grecia rápidamente se extenderá por todos los países desarrollados, y la farsa montada contra Cuba muestra hacia donde están mirando en la búsqueda de una salida.
EL PELIGRO GUERRERISTA
En época de crisis, las relaciones entre las distintas burguesías nacionales luchan por el reparto del mercado, ya que la torta se reduce y hay muchos con ganas de repartírsela. Por tanto, la burguesía más fuerte opta por destruir a la más débil para destruir sus fuerzas productivas y arrebatarle mercados donde colocar sus mercancías. Así se resolvió la gran depresión de los años 30 arrastrando al mundo a la segunda guerra, a una feroz carnicería interimperialista que regó al mundo entero de sangre trabajadora.
La burguesía imperialista ha perdido, por su propio proceso de decadencia, la base social que pudo tener en su momento. Hoy, a lo sumo que aspira, y es lo que intenta desesperadamente a través de sus aparatos ideológicos, es a conseguir neutralizar a las masas trabajadoras, por medio de la desinformación y el terror psicológico, para que acepten el orden de cosas establecido. En efecto, para formar -alienar- la opinión pública es necesario un tratamiento desinformativo planificado y reiterado, acompañado de gigantescas campañas de difamación, calumnias y guerra psicológica. Y a eso es a lo que se encuentra abocada en este momento. Sin descuidar lo demás, por supuesto. Y por eso despliega también a la IV Flota y multiplica las bases terrestres por América del Sur. Ese es uno de los aspectos, el militar, que no podemos determinar cuando se desarrollará en toda su magnitud. Pero el otro aspecto, el de la guerra mediática, el que prepara el terreno creando una opinión pública favorable a la escalada bélica, ya hace un buen rato que está en curso. De todo esto forma parte la desestabilización a través de Colombia, la injerencia en Paraguay, la ocupación de Haití, el golpe en Honduras, y fundamentalmente los ataques y calumnias contra Cuba y Venezuela.
Como bien dice Luis Bilbao: Acusar a Chávez como dictador desquiciado, a Fidel y Raúl como monstruos impiadosos a la cabeza de un régimen represor, a Evo como indio bruto que se acopla a los dictados de La Habana y Caracas, no es únicamente un acto de vesania y cinismo sin límites: es un paso imprescindible de intoxicación de masas en pos de la creación de una opinión pública mundial dispuesta a admitir que el aparato bélico del imperialismo se descargue contra estos pueblos” (*). Y es que los estrategas del Departamento de Estado no se equivocan al atacar en forma simultánea a Venezuela y Cuba, porque es allí en donde está la vanguardia (que también incluye a Bolivia) del movimiento que en América Latina lucha por su segunda independencia, y que se expande a los países del Alba y que se multiplica en miles de organizaciones sociales y políticas. Es en este marco que se lleva a cabo toda la feroz campaña política y mediática desarrollada actualmente contra Cuba, que busca fabricar patriotas entre mercenarios y delincuentes, o que inventa feroces represiones contra damas de blanco. Campaña que se coordina a escala mundial y que abarca también a la Unión Europea. Por eso la resolución adoptada por la eurocámara que "insta a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas la transición política" en Cuba. Asimismo, "insta a que entablen de inmediato un diálogo estructurado con la sociedad civil cubana y con aquellos sectores que apoyen una transición pacífica en la isla... utilizando los mecanismos comunitarios de cooperación al desarrollo". Es decir, convoca abiertamente a los gobiernos europeos a intensificar sus actividades subversivas y a sus Embajadas en La Habana a implicarse aún más en el aliento, el apoyo y el financiamiento a los mercenarios, proponiendo descaradamente que los proyectos de cooperación entre la Comisión Europea y Cuba se utilicen con propósitos subversivos.

(*) Luis Bilbao, Bicentenario en Revolución, Revista América XXI Nº60

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