lunes, 3 de diciembre de 2012

ACERCA DE LA COHERENCIA


He escuchado reiteradas veces que la posición de Tabaré Vázquez respecto del aborto es una demostración de su coherencia. El hombre estaba en contra de la despenalización del aborto y avisó: si votan una ley despenalizando el aborto, la veto. Y así lo hizo, la vetó. Ahora la derecha promueve un referéndum contra la nueva ley, y Tabaré Vázquez dijo que firmará (Mujica dijo que también, que capaz que firma, aunque dijo que no nos vamos a enterar porque si firma no lo va a decir. Fantástico). Esto no haría más que demostrar la coherencia de TV.

Tengo mis dudas acerca de si la coherencia es un valor en sí mismo, y por ello digno de aplauso. Serias dudas. Y me explico: los violadores de los derechos humanos, esos que mataron, torturaron, robaron niños, hicieron desaparecer personas, y cometieron los crímenes más aberrantes que nos podamos imaginar, siguen pensando que estuvo bien lo que hicieron. En ese sentido son coherentes. No me pidan que los aplauda.
Ahora bien. ¿Una persona es coherente porque mantiene su posición eternamente igual sobre un mismo tema? A mi no me parece que eso sea coherencia. Yo he cambiado de forma de pensar sobre algunas cuestiones a lo largo de mi vida, aunque ciertamente, hay un hilo conductor básico que no ha cambiado, y que me hace ser como soy.
Pero además ¿es suficiente con ser coherente a lo largo del tiempo en un solo tópico? ¿qué pasa si esa persona es coherente en un tema en particular pero cambia constantemente de opinión en otros? ¿Hay que aplaudirla igual?
En el caso de Tabaré, hay cosas que me sorprenden por su incoherencia, pero parece que no sorprenden a nadie. El caso del fallido TLC es un ejemplo clarísimo, y lo voy a exponer en sus propias palabras:
En marzo de 2006, en Caracas, Tabaré está  junto a Chávez en una conferencia de prensa, un periodista le pregunta si es verdad que Uruguay está negociando un TLC con los EEUU, y Tabaré volvió a reiterar (ya lo había hecho otras veces) –esta vez en un tono muy firme y golpeando la mesa- que el tema no estaba en la agenda del gobierno: “Los países grandes siguen fijando cuotas, aranceles altos y subsidios a su producción. ¿Cómo vamos a firmar así un TLC? ¿Dónde está el libre comercio?” dijo Tabaré. Luego nos invitaría a subir al tren.
Sin embargo, en el ya famoso video en el colegio del Opus Dei, la versión fue otra; allí recordó que Chávez le dijo: “Tabaré, vas a firmar un tratado de libre comercio con el imperio...” “Sí, si es favorable para Uruguay, sí. ¿Tu no le vendés petróleo a Estados Unidos? ¿Cuánto le vendés? Un millón de barriles por día”, recordó que le dijo. “Eso significa 38.500 millones de dólares. “Si vos no le vendés más petróleo, yo le declaro la guerra a Estados Unidos”, afirmó ante las risas de la juvenil platea.
Seguramente no es una muestra de gran coherencia, al menos en el cohesiómetro mío.
Pero como estamos hablando de política, hay otra cuestión fundamental para analizar, y es la de si los gobernantes deben ser coherentes consigo mismos, o si por el contrario es necesario que sean coherentes con lo que prometen a sus electores. Y aún más, si no deben ser coherentes con lo que la fuerza política que los lleva al gobierno ha decidido en colectivo.
Me pregunto si por ejemplo Mujica, que siempre ha sostenido que “los pobres viejitos” (eufemismo para designar a los más crueles violadores de los derechos humanos) deben estar en su casa cuidando a sus nietos, los liberara y los mandara para su casa (en caso de que pudiera, claro), ¿tendríamos que aplaudir su coherencia?
Tengo para mi que los gobernantes, deben poner por encima de todo los intereses colectivos, y no sus posiciones personales (válidas y respetables todas ellas), porque los votamos por lo que prometen que van a hacer sus partidos, y no por lo que íntimamente piensen sobre cualquier tema.

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