martes, 4 de febrero de 2014

PODER O NO PODER (pensando en voz alta)

PODER Y GOBIERNO
Es común escuchar que tal o cual medida escapa a las posibilidades del gobierno, y muchos hablan de que no se pueden dar saltos al vacío, que se hace lo posible, que no se puede avanzar más que hasta determinado punto, etc.. La razón esgrimida es: “tenemos el gobierno pero no el poder”.
Pero si tener el gobierno, no es tener el poder, entonces tener el gobierno no les permite a los partidos políticos hacer transformaciones profundas, las que solo serían posibles cuando se tiene el poder. De manera que quienes piden el voto diciendo que harán esto, aquello y aquello otro, sabrían de antemano que eso no será posible.
Y si el poder es además una cuestión de clase, y hay clases que detentan el poder y clases que son dominadas por quienes lo detentan, entonces solo podrán hacer lo que prometen aquellos partidos que representan a las clases en el poder.
Cuando “el guapo” Larrañaga dice “Con nosotros en el gobierno las cosas serán diferentes. Diferente será la seguridad, porque crearemos una policía militarizada para combatir la delincuencia, porque llevaremos a 3.500 los efectivos de la Guardia Republicana para que los que tengan miedo de salir a la calle sean solamente los delincuentes, porque aumentaremos las penas contra los traficantes y porque duplicaremos las penas para los menores” estaría diciendo algo que seguramente podrá cumplir, puesto que es un fiel representante de las clases en el poder.
En cambio cuando el Frente Amplio promete un Frigorífico Nacional, estaría prometiendo algo que sabe que no va a cumplir, puesto que eso sería –al decir del presidente Mujica- “meterse con la oligarquía ganadera”, cosa que no se estaría dispuesto a hacer por temor a perder la pequeña parcela de poder obtenida al ganar las elecciones.
¿SERÁ TAN ASÍ?
La aseveración es parcialmente verdadera; cierto, es posible acceder al gobierno y eso no implica necesariamente tener “todo” el poder. Ahora bien, la frase no siempre es aplicable a todas las situaciones, y abusar de ella se asemeja más a una excusa para “no hacer” que a otra cosa.
Pongamos algún ejemplo para que se entienda lo que quiero decir. Si estoy en el gobierno y digo que no puedo abolir la propiedad privada de los medios de producción mediante un decreto o una ley, haciendo uso de las mayorías parlamentarias, porque “tengo el gobierno pero no el poder”, probablemente tenga razón. Pero si digo que no puedo sancionar una ley rebajando el porcentaje del IVA porque “tengo el gobierno pero no el poder”, estoy mintiendo. En un caso, todo el poder de la burguesía se descargaría sobre mi gobierno, y muy probablemente fuera desalojado de allí. En el otro caso, no recibiría más que aplausos de todos lados.
Está claro que los ejemplos son muy burdos y exagerados, porque lo que pretenden es dejar en claro que si bien la famosa frase es parcialmente valedera, no lo es siempre y en todos los casos.
EL GOBIERNO
Una definición sencilla de gobierno, podría ser que es “la autoridad que dirige, controla y administra las instituciones del Estado; la que tiene la conducción política y el ejercicio del poder del Estado”.  Es el que ejerce el poder político sobre una sociedad, el conjunto de órganos directores de un Estado a través del cual se expresa el poder estatal por medio del orden jurídico.
Ahora bien, ¿qué es el poder? ¿cómo se obtiene? ¿el gobierno es parte del poder? El gobierno, es algo concreto, y perfectamente accesible en el marco de las reglas de juego de la democracia liberal capitalista. Basta con obtener una suma de adhesiones que sea mayoritaria (dependiendo claro está de cada sistema electoral); alcanza con superar a los adversarios en cantidad de votos, uno más alcanza, no se precisa más.
Obtenido el gobierno, esto nos habilita a utilizar el aparato del Estado, incluso su fuerza coercitiva, para aplicar determinadas medidas para el cumplimiento de nuestro programa. Esto significa que estamos en posesión de, al menos, “una porción del poder”. Y esta es la primera cosa que debería ser tenida en cuenta: tener el gobierno, no es tener el poder, pero sí tener una buena parte de él. O lo que es lo mismo: tener el gobierno quizás no nos habilite a hacer el máximo de cosas que nos gustaría hacer, pero nos permite hacer mucha cosa. Luchamos por el gobierno, justamente porque obtenerlo es obtener buena parte del poder.
Cito a Rodney Arismendi: “Marx y Lenin se servían de una terminología bien característica tomada del Derecho Constitucional: identificaban hasta cierto grado, el proceso de configuración de la máquina burocrático-militar poderosa con el fortalecimiento del poder ejecutivo (o sea el órgano de fuerza por excelencia, ya que en sus manos se hayan policía, ejército y la mayoría de la burocracia)”
EL PODER
El poder, es algo que se construye, que se va conquistando día a día, mediante la lucha; nadie regala una porción de poder, ni es posible obtenerlo en la feria. Algo que incluso se debe ir construyendo antes de llegar al gobierno.
Como dijimos más arriba, el poder estatal se expresa a través fundamentalmente de sus tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Pero también a través de una serie de organismos de distinta índole a lo largo y ancho del territorio, que ejercen sus propias parcelas de poder (entes autónomos, intendencias, organismos de contralor, etc).
Pero además, es obvio que existe un poder oculto, no tan evidente ni institucionalizado, pero que es un “poder muy poderoso” y que suele tener incluso más poder que el propio Estado. Es el poder económico. Y también otro poder que es el ideológico, el poder que detentan quienes poseen saber, conocimiento, técnica, etc. Todo esto, desde luego, en el marco de una sociedad dividida en clases, y que se desarrolla en la lucha entre esas clases.
Decía no hace mucho el Prof. Julio A. Louis en un artículo publicado en La República: “Por eso, es una tontería creer que Obama cambiará por la sola voluntad del gobierno a EEUU, potencia imperialista, si así lo decidiera. O que, manteniendo el gobierno por sí solo, `seguiremos cambiando’ . Luchar por el gobierno es un imperativo político y ético. Pero ya no basta. Nos debemos otras preguntas: ¿gobernar para qué? ¿Puede un gobierno popular convivir con instituciones asentadas para afirmar al bloque del gran capital dominante? Los procesos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, promotores de sendas reformas constitucionales, dan la respuesta”.
De manera que podríamos resumir diciendo que hay al menos tres formas del poder:
el poder político (que se expresa en el gobierno)
el poder económico
el poder ideológico
Es posible ver también que quienes detentan el poder económico suelen tener también el poder ideológico, mediante los cuales les resulta más fácil obtener el poder político. No obstante lo cual, quienes no tienen ninguno de esos dos poderes (el económico y el ideológico), pueden obtener el gobierno.
La cuestión es entonces qué hacer cuando quienes no tienen el poder económico ni el ideológico, y obtienen el poder político, para quitar porciones de los otros poderes a las clases que lo detentan.
Una cuestión que puede ser clave, es la transferencia de ese poder estatal (obtenido legítimamente en las elecciones), a la sociedad civil organizada; esto es, una vez obtenida esa parcela importante de poder, que es el poder concentrado del Estado, descentralizarlo, transferirlo lo máximo posible a la sociedad, para que se transforme en poder popular. 
Claro que eso es algo a lo que no muchos están dispuestos: renunciar a parcelas de poder político partidario en beneficio del pueblo consciente y organizado.

No hay comentarios:

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)

La aseveración de Sendic: “si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda” , es falsa (como tanta cos...