jueves, 17 de diciembre de 2015

¿PARTIDO, QUÉ PARTIDO? (por Andrés Figari)

En las postrimerías de la revolución francesa, algunos descubrieron que la tan ansiada Revolución había sido un fiasco; que sólo había servido para sustituir a unos poderosos por otros, que el pueblo llano, los que no eran propietarios, el “proletariado”, seguía tan pobre y oprimido como siempre. No tenían discrepancias con los “ideales” de la revolución (Libertad, Igualdad y Fraternidad), tampoco con sus motivos profundos (mejor distribución de la riqueza).
Así que no se conformaron y resolvieron modificar la situación de la manera que les parecía más acertada: organizarse como un “partido” que apoderándose del Estado, les permitiera imponer su gobierno. A pesar de que la conspiración fue descubierta y que la “revolución de los iguales”-como así se llamaba- no se llevó a cabo, no impidió que algunas de sus ideas básicas – vía marxismo primero y leninismo después- pasaran a formar parte de las “verdades reveladas” del pensamiento revolucionario. Entre esas verdades (o premisas) se destacaban: 1) el proletariado (clase obrera) debía organizar su propio “partido”, independientemente de los partidos de “la burguesía”; y 2) su objetivo estratégico sería la “toma” del poder del Estado (“burgués”). Era la época de la primera internacional, la de los “parias de la tierra” y de la “famélica legión”.
Al principio, como el “proletariado” no tenía derecho al voto, tampoco tenía sus propios representantes; el “partido” era ilegal y su método de lucha era necesariamente, conspirativo. Más adelante, cuando lo dejan votar, el “partido” se hace público y se organiza como los partidos “burgueses” para competir por las bancas parlamentarias, con la esperanza de alcanzar la mayoría que le permita formar su propio gobierno y mientras tanto hacer aprobar leyes que mejoren su situación económica. Es el origen de la carrera por los cargos y de la burocracia partidaria. (Segunda Internacional)
Concomitantemente a su progreso en el terreno legal y a su integración al sistema político, el “proletariado” empieza a dejar de ver el Estado como el estado de los “patrones” y pasa a sentirse integrado a la “nación”. Por otro lado, las mejoras que obtiene por el saqueo de las colonias y/o por las políticas “inclusivas” surten sus efectos; el “proletariado” sin patria deviene patriota, el nacionalismo y el racismo se consolidan y la conquista del poder político por la vía legal -el “cretinismo parlamentario”,- (Lenin dixit) se constituye en el método de lucha política por excelencia.

Dejando de lado las diferentes maneras que esta visión del “partido” fue aplicada según el momento y lugar, partía de dos premisas básicas: 1) que la “contradicción” a dirimir con la burguesía era la cuestión de la propiedad y consecuentemente, el del acceso a la riqueza y 2) que el obstáculo que se interponía era su fuerza bruta concentrada en el Estado. Se creía que si algún día el partido llegaba al gobierno el resto sería mucho más fácil. Bastaría con poner los “medios de producción” al servicio del pueblo para que la revolución del proletariado triunfara (y el mundo fuese más justo). En ningún lugar ocurrió eso; ni donde el proletariado fue gobierno por la fuerza de las armas, ni donde su “partido” resultó el más votado. Si dejamos de lado la casuística, la Historia enseñó otra cosa.
 1) Que la fuerza que se requiere para terminar con la propiedad privada de los medios de producción y consecuentemente con el poder de los propietarios, es infinitamente más grande de lo que se suponía y es mucho más difuso de lo que se pensaba. 2) Que la mayor parte del poder de los propietarios reside no tanto en el control que ejercen sobre los medios de producción, sino en el que ejercen sobre la “cabeza” del “proletariado” y gracias a ello, en la totalidad de las instituciones, Estado incluido.
Resumiendo, desde que la burguesía ejerce el poder político, la clase obrera –salvo contadas y efímeras ocasiones, no ha sido capaz de derrotarla, entre otras cosas porque aspira a lo mismo. Paralelamente a la evolución del capitalismo también ha evolucionado el “sujeto” de la revolución. El proletariado miserable y rebelde se ha convertido en clase media integrada, consumista y dócil, que si algo desea no es justamente una revolución, sino a un parte de eso que consumen los burgueses y a la que no tiene acceso. Por ese motivo, cada paso adelante, cada conquista, ha sido - políticamente hablando- un retroceder hacia el conformismo.
A esta altura es evidente que el “proletariado” subestimó el carácter de la guerra que tenía por delante y fracasó en su objetivo estratégico. No era, (o por lo menos ahora no es) cuestión de “tomar el cielo por asalto” como se pensó en algún momento, sino de algo muy diferente; se trata de una guerra de desgaste donde el que tiene mayores reservas morales gana. En todo caso y si la metáfora bélica sirve para algo, se trata de una guerra cultural donde la victoria política vendría como consecuencia de un largo asedio y después que el “proletariado” haya conseguido imponer sus propios dioses.
La conclusión que se desprende de todo esto, es que en ese caso, el “partido” debería parecerse mucho más a una iglesia que a un ejército y que su lucha (política) debería estar más cercana al proselitismo religioso que a las campañas electorales. Si este fuese el camino correcto, si se lograra derrotar las ideas de la burguesía que nos aplastan, si fuésemos capaces de imaginar un mundo que no sea una réplica del que habitamos, no sería tanto por un cambio de “método” como por una re valuación
de los objetivos.

Andrés Figari Neves
16-12-2015

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El Uruguay es un pais en conflicto permanente, no se acaba de resolver uno - por el engaño, la traición o los mangos - cuando estalla el otro. La desocupación crece a pasos agigantados, sin que nadie pueda preveer el mañana. La gente se moviliza en defensa de su fuente de trabajo perdida o amenazada. La lista es larga y no es necesario insistir en ella, basta con leer los medios o informarse, para tener una idea de la situación. Pero sin embargo estas luchas no han generado hasta ahora una toma de conciencia, que identifique la raíz del problema y actúe en consecuencia. No ignoramos por supuesto, que la identificación del problema no está en la agenda del PIT-CNT, más preocupado de hacer coincidir los intereses de los trabajadores con los del gobierno progresista neo-liberal. O sea que por este lado no hay mucho que esperar, con el agravante que cualquier intento por parte de los gremios de ir un poco más allá de la negociación salarial, será dejado de lado y librado a su suerte. Que nadie pretenda cuestionar al gobierno, parece ser la consigna.
Pero y el resto de la población que opina? El progresismo ha inaugurado una forma de evadir responsabilidades y justificarse por sus fracasos, que le viene arrojando muy buenos dividendos: Enfrentan a los gremios con el resto de la población, dando la idea que la gente hace paros o huelgas por placer. De este modo este gobierno afiliado al capitalismo más salvaje poniéndole el pais a su servicio, pasa a ser la víctima. Y de este modo los fracasos de esta política anti-nacional, pasa a ser culpa de quienes reclaman lo que el "gobierno de todos" no les puede dar.Y dentro de este panorama desolador, tenemos a los que votaron a esta gente pero que no se animan a reconocer su error, y siguen aferrados cual hincha que sigue sus colores, a pesar de las derrotas. . No por casualidad llegan a diputados o senadores, ministros o presidentes. Con la complicidad claro está, de los dueños de la información, de los formadores de opinión, de los que deciden los gustos de la gente. Ellos son los encargados de presentar un escenario democrático, donde los "discrepadores" ocupan un lugar de privilegio. Es muy importante dar la idea que el elector pueda tener varias opciones. Pero que los que despiertan no despierten demasiado..... y continúen en el equipo más a la izquierda de la derecha. Y allí tenemos entre otros personajes a Constanza Moreira y sus muchachos, a Mujica pasado al capitalismo y la oposición al gobierno (tomar estas cosas con pinza), a algunas figuritas blancas y coloradas ahora reinventados como la esperanza. ? Muchas veces no entendemos a que responden ciertas conductas. Será la necesidad de "pertenecer a algo", de saberse integrado a un grupo que profesa las mismas simpatías? No lo sabemos pero no nos deja de asombrar. Mujica fue Presidente y más allá de la marihuana idiotizadora y su odio a los gremios de la enseñanza o su participación activa en el traslado de la Jueza Mota, no tenemos mucho más para agregarle a su brillante foja de servicios.
Somos así los uruguayos, hasta cuando correremos como el burro detrás de la zanahoria? Cuando nos tomaremos la tarea en serio, para acabar con los charlatanes de feria y vivillos a 200.000 mensuales que ya ni van al Parlamento, pues ha comenzado la etapa playera en el Este? Cuando tomaremos conciencia del poder que tenemos, si nos tomamos la cosa en serio y mandamos al Seguro de Paro a los que se pelean por "representarnos", los que juegan a la "discrepancia", los que venden el País y condenan a nuestros hijos a la esclavitud moderna de un salario de hambre?

Anónimo dijo...

Mientras las Banderas permanezcan en manos de individuos, que lo único que aspiran es a sus logros personales y sus viajes alrededor del mundo, estaremos lejos, muy lejos de la Patria que el viejo soñó, de la que fue desvelo de tanta gente honrada que entró a la política pobre y se fue como llegó, de tantos jóvenes que regaron las calles y los cuarteles con su sangre y por una Patria en donde todos tuvieran su lugar, sin explotados ni explotadores, sin proxenetas de la política y sin vivillos piquitos de oro.
Al mismo tiempo somos conscientes que estas cosas poco importan. En un mundo complejo donde se dan cita otros actores, ganados a la indiferencia y la aceptación, es común escuchar: "Eso ya fue, yo quiero vivir ahora", sin importarles cómo. No saben tal vez, que los Pueblos que olvidan su pasado, más temprano que tarde pagarán tremenda omisión.
Pero por ahora nada parece inquietar al Pueblo Uruguayo. El Carnaval ya llegó a las calles, el verano nos espera....Ya se ha anunciado con júbilo, la llegada de 170 cruceros que arrimarán a las costas uruguayas, unos 300.000 pasajeros, tal vez dispuestos con sus cámaras fotográficas a testimoniar para el recuerdo, el país que Mujica vendió en el exterior. Seguramente no tendrán oportunidad pues no figura en la agenda, de visitar las villas miserias del país encantador. Tal vez no percibirán si es que el guía no los aviva antes, que estarán siendo observados por rapiñeros y arrebatadores que les seguiran los pasos. Tal vez regresen a sus paises con una imagen distinta a la que les ofreció el Cantinflas oriental.
La vida continúa como de costumbre, queremos hacer una reflexión: Hasta dónde tenemos derecho de arruinarle la fiesta a la gente, no es acaso el fin de todo gobierno tener a su Pueblo contento? Si esto fuera cierto, deberemos reconocer que el Progresismo cumplió y está haciendo muy bien las tareas para las que fue votado.

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)

Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene). Nuestra sociedad se parece ca...