jueves, 20 de noviembre de 2008

EL CONSENSO NO SOLAMENTE ES DESEABLE



La crisis mundial sigue avanzando. En los últimos días, también la economía japonesa se ha unido a las otras naciones industrializadas en proceso de recesión, pues los expertos prevén que el producto interno bruto (PIB) de Japón se contraiga por segundo trimestre consecutivo. Esto sería el resultado del impacto de la crisis financiera sobre las exportaciones y la inversión de capital. Por cierto, los economistas habían previsto que Japón obtendría un crecimiento reducido en el tercer trimestre, pero como les suele suceder, se equivocaron. Las bajas de las exportaciones a los países golpeados por la crisis y la debilidad de la inversión empresarial eliminaron dos motores clave del crecimiento japonés. Gran parte del mundo desarrollado ahora está en recesión, de acuerdo con funcionarios y economistas, en base a la definición más común, de dos trimestres seguidos de reducción del PIB. Y no es de esperar que vaya a producirse una mejora pronto. En este marco, es imperioso que en nuestro país estemos alertas, y que nuestro Frente Amplio asuma la actitud propia de esta circunstancia mundial. En un escenario de crisis, los pueblos –en general- lo que reclaman es “seguridad”. Y para transmitir seguridad, los partidos políticos necesariamente tienen que tener ante la opinión pública una imagen sólida, de unidad interna –que estamos lejos de transmitir por estos días-. Y de esa manera, el consenso en el Frente Amplio (en cuanto a las candidaturas) se torna en algo no solamente deseable, sino en una imperiosa necesidad.
¿QUE ES EL CONSENSO?
La palabreja ha venido resonando desde hace bastante tiempo en todos los medios de comunicación, casi exclusivamente en relación a la posibilidad de que el Frente Amplio llegue o no a ese famoso “consenso” sobre quien será su candidato(a) en las elecciones del año próximo. Por cierto, habría que decir que, de los partidos que se presentarán en la próxima elección, únicamente el Frente Amplio decide tradicionalmente su candidatura por este sistema; aún antes de la reforma constitucional que estableciera las elecciones internas obligatorias y simultáneas para todos los partidos. Los partidos tradicionales simplemente lanzan sus precandidaturas y luego resuelven sin más en las internas. De manera que se equivocan aquellos que piensan que el FA se encuentra en desventaja porque todavía no ha definido su candidato, porque ninguno de los partidos lo ha hecho. Y es más: lo más probable es que sea justamente el FA quien tenga su candidato definido antes de las internas.
Ahora bien, ¿de qué se trata el consenso? El consenso es un proceso de decisión que, por un lado, busca el acuerdo de la gran mayoría de los participantes, pero que por otro también persigue el objetivo de atenuar o, de alguna manera incorporar, las objeciones de la minoría, de forma de alcanzar la decisión más satisfactoria para todos. Se ha dicho que el verdadero consenso implica “satisfacer las necesidades de todos”. La toma de decisión por consenso intenta promover la expresión de todas las voces, pero además aumenta la probabilidad de soluciones imprevistas o creativas al tener en cuenta ideas y propuestas sin importar lo disímiles que estas sean, ya que uno de sus objetivos es minimizar la objeción de la minoría. De manera que las opiniones minoritarias deben tomarse en consideración, a diferencia de aquellas circunstancias en donde la mayoría puede tomar la decisión y obligar a la minoría a acatar la misma. Quiere decir que el consenso no es la aceptación o rechazo por algún porcentaje establecido previamente, de alguna alternativa conocida dentro de una lista, sino que es un proceso que implica, identificar y discutir las inquietudes, y las expectativas, generar nuevas posibilidades, combinar elementos de múltiples alternativas y confirmar que las personas entienden una propuesta o un argumento y lo aceptan.
Esto significa que aquellas posturas que indican que la única alternativa es la que ellos proponen, o “yo soy el único”, de ninguna manera están aportando al consenso, sino que van en sentido totalmente contrario, al desalentar el surgimiento de alternativas novedosas que puedan destrabar situaciones complicadas como la actual. Hay quienes dicen que la toma de decisión por consenso puede llevar a cierta dinámica patológica de grupo. Por ejemplo, se puede desalentar a las personas a expresar opiniones contrarias por la preocupación que puedan romper con el consenso (algo así está sucediendo en el FA). Al igual que cualquier toma de decisión grupal, la toma de decisión por consenso puede quitar poder a aquellos que no están presentes en el debate, pues no se puede esperar que aporten algo a las alternativas que se proponen. Por lo tanto, la mayoría de los sistemas de toma de decisión por consenso ponen énfasis especial en la participación. Este seguramente es uno de los puntos débiles del proceso hacia el consenso en la candidatura del FA, puesto que quienes van a decidir en el Congreso, es decir, las bases (recuérdese que es un Congreso de Comités de Base y no de sectores) prácticamente no tienen ningún papel en las negociaciones. Pero sin duda que el consenso tiene sus ventajas: a) todas las personas quedan satisfechas con la decisión, b) la decisión es más efectiva, ya que todos estarán dispuestos a cumplirla, c) la decisión es fruto de diversas perspectivas, y por tanto mejor, d) se basa en principios de participación y equilibrio en la distribución de poder, e) es una manera de construir confianza mutua, fundamentales en el funcionamiento de un colectivo.
En resumen, podríamos decir que: el consenso es un proceso de toma de decisiones en grupo, en el que se intenta incorporar las opiniones y preocupaciones de todos, para lograr soluciones con las que todos se sientan comprometidos. En vez de votar, y que la mayoría del grupo imponga su voluntad, el grupo se compromete a encontrar la solución con la que todo el mundo esté de acuerdo (o por lo menos la que todo el mundo puede aceptar). Esto asegura en teoría que las opiniones, ideas, y reservas de todos se tengan en cuenta. Puede verse que, además de ser un sistema muy democrático para tomar decisiones, es un proceso cooperativo, no competitivo; se parte del supuesto que todos quienes participan en el proceso de toma de decisiones comparten un objetivo común y no están en competencia (esta cuestión a veces no es tan clara en nuestra fuerza política, y muchos tenemos la sensación de que en realidad algunos sí están compitiendo). El objetivo común, en cambio, sí se está discutiendo en los Comités de Base, y es nada menos que el Programa. El objetivo común es el que Carlos Quijano decía en 1978: “Hace dos años fueron asesinados Michelini y Gutiérrez; otros cayeron antes, otros después, y de algunos ni siquiera nos entregaron sus cadáveres. Pienso en Miranda, pienso en Liberoff y recuerdo a quien fue mi hermano en la lucha y en la esperanza, a Julio Castro. Tanto dolor no puede haber sido en vano. No será en vano si cumplimos con nuestro deber, y nuestro deber es claro: unirnos sin retórica para hacer el Uruguay que nuestros muertos soñaron, el Uruguay por el que sufrieron prisión y tortura, el Uruguay por el que murieron”.

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