viernes, 18 de junio de 2010

APUNTES PARA LA DISCUSIÓN (5ª parte – Cero autocrítica)


INTERNAS
Luego de las internas, se escucharon explicaciones de todo tipo para la baja votación. Desde el frío hasta el ¡¡miedo a la gripe porcina!!), y muy poca autocrítica. En su momento, dijimos que la baja votación se debió fundamentalmente a que los frenteamplistas no estaban motivados por una contienda que les era ajena. Ya habían manifestado en diciembre a quien querían de candidato, y por eso las mesas repartiendo listas brillaron por su ausencia en muchos lugares, y por eso no se conseguían delegados para cubrir los circuitos, y por eso se suspendieron actos, y tantas otras cosas. Y mientras en muchos lugares tuvimos dificultades para lograr que compañeros de diferentes sectores se pusieran a repartir listas todos juntos en una sola mesa, la burguesía festejaba el triunfo a la noche cantando: “los blancos unidos jamás serán vencidos”.
Nuestra interpretación fue que el grueso de los frenteamplistas estaba desconforme y defraudado por la multiplicidad de candidaturas, puesto que eso era contrario a toda una tradición unitaria dentro del FA. Es más, también lo estábamos la mayoría de quienes fuimos de todas formas a votar, aún con nuestra disconformidad a cuestas. Muchos, además, estaban desconformes con el candidato por el que había optado su propio sector político, y hubieran preferido a otro. Este hecho atravesó a todos los sectores sin distinción. La gran mayoría de los que no estaban conformes con la multiplicidad de candidaturas, o no estaban conformes con la decisión de su sector político, optaron por manifestar esa disconformidad de la manera más natural que tenían de hacerlo, con la abstención (así como en mayo último manifestaron su disconformidad votando en blanco). Lisa y llanamente, ese frenteamplista, sectorizado o no, dijo: esto a mi no me interesa, no cuenten conmigo para esto. De ahí la relativa baja votación del Frente Amplio y la caída de la mayoría de sus sectores respecto de la interna anterior. OCTUBRE
Así las cosas, arrancamos la campaña electoral hacia octubre, no sin pasar por dificultades en la conformación de la fórmula, que todos disimulamos para no complicar aún más las cosas. Y como parece ya una norma establecida por decreto en nuestro Frente Amplio, comenzamos una nueva etapa sin hacer el más mínimo análisis crítico de la anterior. Recordemos que el comienzo fue una recorrida que en un principio pretendió ser una charla con la militancia, como forma de promover el entusiasmo y el compromiso militante que se encontraba por demás alicaído. El primer punto elegido fue Ciudad de la Costa. Se anunció a la Coordinadora de la zona que la fórmula quería tener un activo de militantes, para intercambiar opiniones acerca de la realidad del Frente Amplio, pero sin embargo, cuando los militantes de esa Coordinadora ya habían acordado las posiciones que cada Comité llevaría a ese encuentro, se modificaron los ejes y se les comunicó que solo hablarían los integrantes de la fórmula, y que a lo sumo podría hablar un representante de la Coordinadora y no más de 5 minutos. Esto –que recién ahora lo exponemos porque no hubiera sido bueno hacerlo en ese momento- es tan solo un ejemplo de la forma en que se ha venido desvirtuando la esencia misma del Frente Amplio. Ese Frente Amplio que Zelmar Michelini concebía como “el instrumento que promoverá hondos cambios en el país. Un arma de lucha antes, durante y después de la elección, con amplia participación popular: con bases organizadas y cuerpos opinando. Que además, al alcanzar el Gobierno deberá llevar a cabo esa gran tarea con el pueblo en la calle”.
La campaña fue naturalmente ganando en calor, aunque nunca llegó a movilizar como en otros momentos, y pese a todos los esfuerzos por tratar de comunicar a la ciudadanía los logros del gobierno (los que no había sido posible explicar en los cinco años anteriores, aparentemente), no se pudo ganar en primera vuelta y se hizo necesario la segunda (se obtuvo un 4% menos que en 2004). Se obtuvo la mayoría parlamentaria por muy poquito (se perdieron dos diputados), y se perdieron los dos plebiscitos, el de anulación de la ley de impunidad y el del voto epistolar. Habría mucho para analizar de octubre, pero creemos que se pueden señalar al menos dos o tres cosas esenciales. En primer lugar, habría que decir que ganamos gracias a los tremendos errores cometidos por el adversario. La motosierra de Lacalle fue una bendición, así como las duchas en los asentamientos, el sucucho de Mujica y todo lo demás, que parecía hecho a propósito para perder. También habría que decir que ganamos “pese” a los tremendos errores nuestros, y como muestra solo vaya un botón: el compañero Tabaré Vázquez, en plena campaña electoral, declarando ante los medios de prensa que nuestro candidato estaba diciendo “estupideces”. Y respecto a los plebiscitos, hay que decir que no hubo mayores esfuerzos por difundir el tema del voto epistolar (tal vez porque las encuestas lo daban como un hecho su aprobación), y que la anulación de la ley de impunidad no estuvo en la agenda de los candidatos. El esfuerzo por ganar el voto para los plebiscitos recayó sobre los hombros de los militantes de las organizaciones sociales y de algunos sectores políticos. Esto provocó que aparecieran muchos sobres de sectores frenteamplistas que no contenían las papeletas por el SI, y que en cambio muchos sobres de votantes de los partidos tradicionales sí habían apoyado los plebiscitos. Esto demuestra que si los dirigentes frenteamplistas (en particular la fórmula, que era la que estaba en los medios de comunicación permanentemente) hubieran tomado esos temas, los plebiscitos se ganaban sin problemas.
NOVIEMBRE
Digamos además que el casi nulo trabajo de la fórmula frenteamplista por la anulación de la ley de impunidad significó, ya para la segunda vuelta de noviembre, una campaña en Internet por el voto en blanco como castigo. Los votos en blanco y anulados que habían sido un 2,8 % en octubre, pasaron al 4,1 % en noviembre (un aumento de 1,3). En las elecciones nacionales de 1999 (único antecedente con balotaje) el voto en blanco y anulado solo creció 0,6 en la segunda vuelta (había sido de 2,03% en la primera vuelta). Sin hacer un mínimo de autocrítica (nuevamente), pero corrigiendo algunos errores cometidos en octubre, logramos obtener el gobierno. Hay que decir que en esa etapa todo el mundo se puso las pilas, y al parecer se comprendió por parte de la militancia (y de los dirigentes) lo que estaba en juego, y se puso toda la carne en el asador. También, hay que decirlo, fue la ciudadanía la que comprendió lo que estaba en juego, y ante la disyuntiva Mujica o Lacalle, no lo dudó. Pero inmediatamente, muchos compañeros hicieron un análisis absolutamente equivocado: adjudicar los votos de noviembre al Frente Amplio.
EL TOBOGÁN ELECTORAL
Tenemos entonces que 2004 fue el último año en que el Frente Amplio como tal creció electoralmente. Inmediatamente después, comenzamos un descenso que tuvo su pico más bajo en mayo pasado, pero que no debió habernos sorprendido. Porque ya en mayo de 2005, los votos obtenidos en todo el país –a pesar de obtener siete nuevas intendencias que se sumaban a Montevideo- fueron menos que los de octubre de 2004. Y como vimos, en las internas de 2009 obtuvimos una votación menor que en las internas anteriores, y en octubre tuvimos un 4% menos que en octubre de 2004. Cualquier ola, hasta la más apacible, responde al gigantesco bullir en profundidad de fuerzas que tarde o temprano aparecen en la superficie. Y lo que hemos querido significar con nuestros artículos anteriores, es que los resultados del pasado 9 de mayo no pueden ser adjudicados (al menos no únicamente) a factores inmediatamente previos a la elección, sino que más bien son el último tramo de una cadena de traspiés electorales que hemos venido sufriendo reiterada y sistemáticamente y que hemos rehuido analizar como se debe

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