jueves, 5 de agosto de 2010

REDISTRIBUIR LA RIQUEZA (1ª parte)


Al asumir la presidencia el 1º de marzo del año 2005, el compañero Tabaré Vázquez decía que el objetivo de nuestro gobierno sería construir un país diferente: “... Un país donde nacer no sea un problema; donde ser joven no sea sospechoso, donde envejecer no sea una condena; un Uruguay donde la alimentación, la educación y el trabajo decente sean derechos de todos y todos los días; un Uruguay confiado en sí mismo; un Uruguay que recupere la confianza de soñar y de hacer los sueños realidad”.
Y demás está decir que esos objetivos –a pesar de los logros alcanzados- siguen siendo los mismos, puesto que muchos de esos problemas siguen siendo una realidad para miles y miles de compatriotas. Porque sin duda nuestro primer gobierno fue exitoso en muchos aspectos, y sobre todo en lo que tiene que ver con algunos logros económicos que nos han puesto en el candelero mundial en estas épocas de crisis. Pero está claro que los logros económicos no son simplemente cifras para mostrar en las páginas de las revistas especializadas, sino que fundamentalmente deberían generar condiciones para mejorar la sociedad, que es el objetivo final y fundamental de todas las políticas de gobierno. Y hoy por hoy, envejecer sigue siendo una condena para demasiados uruguayos, y la alimentación, la educación y el trabajo decente no son derechos de todos ni de todos los días (no lo es para casi 700 mil uruguayos que siguen en la pobreza).
De manera que uno de los temas claves en este período de gobierno (segundo frenteamplista), debería ser la redistribución de la riqueza. Porque al renovar la confianza de la ciudadanía, se renueva también el compromiso del Frente Amplio con la justicia social y con la mejora permanente de las condiciones de vida de la población. En el Programa del FA lo decimos de esta manera: “La redistribución del ingreso y de la riqueza es un elemento de identidad de la izquierda”.
¿QUE RIQUEZA?
Generalmente, cuando se habla de la riqueza que se produce en el país, se refiere al Producto Bruto Interno (PBI). El producto bruto interno (PBI) es el valor monetario total de la producción de bienes y servicios de un país durante un período de tiempo (normalmente un año). Es una magnitud denominada de flujo, que contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante la etapa de estudio. Pero más allá de las definiciones técnicas, de lo que hablamos es de cómo se distribuye el valor creado por los trabajadores, de cómo se reparte esa torta que hoy en día anda en U$S31.532 millones de dólares (cifra de 2009).
¿Qué pasa con toda esa riqueza generada por el trabajo uruguayo? No vamos a llenar este artículo de cifras, porque sabemos que puede resultar tedioso, pero a aquellos interesados en profundizar en estos aspectos recomendamos el artículo de Eduardo Lorier que apareciera en el número anterior de EL POPULAR: “Sobre la base material de la sociedad uruguaya”, en donde se deja claro cuánto de esa riqueza es depositada por los grupos oligárquicos en la plaza uruguaya y cuanto se envía al exterior, cuanto pasa a transformarse en reservas internacionales del país, cuánto se destina al pago de la deuda, etc.
Pero sí digamos algunas cosas. Por ejemplo, que de esa riqueza generada por los trabajadores (y que en el primer gobierno del FA sumó la friolera de 137.500 millones de dólares) aproximadamente un 30% va a parar a las clases populares, esto es, a los asalariados públicos y privados, trabajadores por cuenta propia sin local, a los pasivos y jubilados, asignaciones familiares, canastas del MIDES y otras yerbas. ¿A dónde va a parar el resto?
LOS RICOS SON CADA VEZ MÁS RICOS
Los técnicos del Instituto de Economía de la Universidad de la República suelen hacer estudios sobre la distribución de la riqueza en el país. Uno de esos estudios, realizado en 2008 y llamado “Tendencias de la distribución del ingreso en Uruguay entre 1981 y 2007”, actualizado con datos de 2008, señala que la distribución de la riqueza en Uruguay se mantuvo estable entre 1981 y 2008. Allí se muestra, por ejemplo, que el 20% más rico de la población tiene la mitad de la riqueza, y el 20% más pobre solo el 5%. En términos del índice de Gini (que mide justamente como se distribuye el ingreso), el estudio señala que era de 0,40 entre 1987 y 1993 y, en 2008, sube a 0,44, lo que significa una evolución negativa de la distribución (cuanto más cerca de 1 peor se distribuye).
Hace pocos días, el INE revelaba datos con respecto a la disminución de la pobreza que por cierto nos alegran. Todos deberíamos alegrarnos de que cada vez existan menos pobres e indigentes en nuestro país. Pero sin embargo, en el mismo informe se señalaba que de 2008 a 2009 la desigualdad de ingresos se incrementó, pasando de 0,42 a 0,43. Si los datos se muestran en deciles (dividimos la población en diez partes), lo que tenemos es que hay un crecimiento en el primero y el último decil. En 2009, los hogares del decil más rico ganan casi 17 veces más que los hogares del decil más pobre.
Lo que estas cosas nos están mostrando, es que a pesar de los avances que indudablemente ha habido en los últimos años en cuanto al combate a la pobreza y la inclusión, esto no ha significado un cambio en términos de distribución de la riqueza. Para tener una cabal idea de lo que decimos, hay que decir que, a pesar de los esfuerzos del MIDES y de todas las políticas sociales que todos conocemos, en 2007 la desigualdad era mayor que en el pico de la crisis de 2002. O ver también que entre 2006 y 2007 la pobreza bajó en 16 de los 19 departamentos, pero que sin embargo la desigualdad aumentó. Y habría que decir además que, a pesar de todos los esfuerzos, hoy seguimos con más pobreza que en la década del 90: hoy se calcula la pobreza en un 20% aproximadamente (unos 650.000 pobres), mientras que en el 91 era de un 17,2%, y en el 94 bajaba a un 13,2%.
Para que se entienda lo que decimos: no estamos criticando las políticas sociales de nuestro gobierno. Nuestro gobierno aumentó considerablemente el gasto en políticas sociales; en 2004 representaba un 35,7% del gasto total del gobierno, y en 2009 alcanzó el 50%. El gasto en salud, educación y en el sistema de protección social aumentaron casi el doble. Eso es correcto. Lo que decimos, es que eso no tiene mayor incidencia en la distribución de la riqueza, como lo demuestran todas las cifras. Y lo que decimos es que mientras se continúe con un modelo económico concentrador de la riqueza y excluyente, seguirá creciendo la desigualdad. Mientras la especulación financiera continúe (ahora ya no tanto en el sector bancario, sino en el productivo: soja, forestación, celulosa, etc.), mientras el modelo económico siga permitiendo que la riqueza se siga acumulando en una punta de la escala social y la pobreza en el otro, las políticas sociales seguirán siendo funcionales a ese modo de acumulación, como lo demuestran los números del inicio (disminuye la pobreza pero los ricos aumentan su riqueza en un 10%). En suma, lo que hay que cambiar es el modelo.
INSTRUMENTOS
En el Programa del FA, definimos una serie de instrumentos para trabajar en la distribución de la riqueza, y estos van desde un adecuado gasto social, hasta políticas de empleo, pasando por medidas contra la concentración de la propiedad de los medios de producción, la mejora en la distribución de los aumentos de productividad de los trabajadores, etc. Estos son instrumentos claves para distribuir el ingreso, pero también el Programa destaca especialmente el tema salarial, y dice textualmente: “La política salarial del primer gobierno del Frente Amplio se basó en recuperar el salario perdido durante la administración Batlle. Fue una política de dignificación del salario, aún es necesario avanzar en redistribución del ingreso. Por ende la política salarial del período 2010 – 2014 debe tener claramente un efecto redistributivo y para ello es necesario mejorar la relación entre masa salarial e ingreso nacional (indicador de la redistribución funcional de los ingresos).” En nuestro próximo artículo encararemos el tema salarial y otros aspectos -como el impositivo- en los que aparentemente no habrá cambios y que desde nuestro punto de vista harán que la situación que acabamos de describir se siga manteniendo.

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