viernes, 2 de septiembre de 2011

CAMBIO DE FRENTE (6a parte) La estructura



Como vimos, los cambios sucedidos en el mundo –en todo caso- han empeorado la situación de explotación de las grandes mayorías, y han puesto al planeta al borde de la catástrofe ambiental, en tanto que en nuestro país, la estructura económica es prácticamente la misma desde hace décadas. Sin embargo, oímos permanentemente decir que el mundo ha cambiado, y que el FA debe renovarse para acompasar esos cambios. Y cuando alguien escucha una afirmación de esa naturaleza, inmediatamente piensa que la estructura actual es la misma que el FA tenía en el 71, y que los cambios que se están proponiendo van en un sentido más moderno y renovador.
LAS SUCESIVAS ACTUALIZACIONES
La noticia es que ninguna de las dos cosas es cierta. Lo primero es absolutamente falso, ya que el Frente Amplio ha sufrido varios cambios en sus estatutos y en lo que es su estructura orgánica desde su fundación hasta hoy. Y lo segundo, no solo que es falso sino que es exactamente al contrario: algunas de las propuestas que se han hecho van en sentido opuesto, y buscan restablecer el estado de cosas de varios años atrás. Es más, algunos parecería que quieren volver al FA del 71, lisa y llanamente; en lo que tiene que ver con la estructura orgánica –claro-, no en lo programático.
El FA de hoy, no solo no es el mismo que el del 71, sino que se ha transformado radicalmente y en varios sentidos. Se ha transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, se ha ido modificando en sus referencias ideológicas sin dudas, pero también en su estructura orgánica, y ni que hablar en convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje). No vamos a analizar aquí el período que va desde su conformación en el 71 hasta la recuperación democrática, ya que es evidente que no fue el mismo el FA del 71 al 73, que el que tuvo que atravesar el período dictatorial en la cárcel o el exilio. Pero el FA que surge a la salida de la dictadura tampoco es el mismo.
Desde la recuperación de la democracia, hasta las elecciones de 2004, la trayectoria del Frente Amplio ha tenido la impronta de un constante crecimiento político y electoral, el que se ha basado entre otras cosas –y al contrario de lo que algunos afirman- en una renovación constante. El crecimiento electoral prácticamente ininterrumpido (salvo las elecciones del 89 y las del 2009), se debe sin dudas a la constante renovación y actualización del Frente Amplio, que es –entre otras cosas- la que le ha permitido expandir sus fronteras electorales y su llegada a cada vez más amplias capas de la población.
EN LO PROGRAMÁTICO
Si tomamos el período que va desde 1971 a 1989 (que incluye los 11 años de dictadura), veremos que los contenidos programáticos prácticamente se mantienen, y que hacen énfasis en las transformaciones “estructurales”. Sin embargo, para las elecciones de 1994 y de ahí en más, es visible una tendencia a limar los aspectos que iban hacia cambios realmente estructurales, aquellos más decididamente transformadores. Muchos sostienen que lo que se ha dado desde entonces es una “tradicionalización” del Frente Amplio (en el sentido de creación de una tradición propia), la que unida a su moderación programática ha llevado al FA a un corrimiento hacia el centro del espectro político incrementando su apoyo electoral.
En el programa del 84 hay dos cambios notorios: si bien se mantiene la propuesta de “reforma agraria”, desaparece la referencia expresa a la eliminación del latifundio, y desaparece la mención a la “nacionalización del comercio exterior”. El programa del 89 no presenta grandes cambios, pero ya no se habla del no pago de la deuda externa, sino de “evitar el pago” de los intereses de la misma, debido a su carácter ilegítimo e impagable. En el año 94, la discusión programática más profunda se dio sobre dos temas centrales: la deuda externa y la estatización de la banca. El resultado fue que se eliminó la “estatización de la banca” y se volvió a la formulación del año 84: nacionalización de la banca. Y por otro lado, no se incluyó la moratoria de la deuda externa, y se mantuvo el llamado a la constitución de “un frente de países deudores…para el no pago de los intereses”. Por cierto que se retira cualquier referencia a la reforma agraria, y se establece que “se estudiará la productividad especialmente de las tierras en manos de extranjeros no residentes y dedicadas a la ganadería extensiva”. No hay que olvidar por otra parte que ese año (94) se creó el Encuentro Progresista, que influyó notoriamente en la moderación del programa de la izquierda. El programa del Encuentro Progresista de 1999, tiene un énfasis indudable en los aspectos sociales y políticos por sobre los económicos, que eran el eje del programa del 71. Desde luego que no estamos dando una opinión sobre ese proceso, sino simplemente dejando constancia del mismo.
LA RENOVACIÒN IDEOLÓGICA
Y no hay dudas, el Frente Amplio que accedió al gobierno en 2005 no es el del 71, si bien es una fuerza política que por su integración y programa debe caracterizarse de popular. La mayoría de los militantes y votantes son trabajadores asalariados, y en el plano político, el programa sintetiza las reivindicaciones históricas del pueblo trabajador. Y eso, a pesar de que las necesarias alianzas para acceder al gobierno –como vimos- implicaron cierto desdibujamiento del mismo. No obstante, los contenidos antiimperialistas y democráticos avanzados permanecen en cuestiones esenciales.
Digamos en primer lugar que el Frente Amplio aprobó su actualización ideológica en el IV Congreso Ordinario “Tota Quinteros”, en octubre de 2001 (30 años después de su fundación), sintetizando un ciclo de debates internos que duró poco menos de dos años, y que había sido reclamado por el mismísimo Tabaré Vázquez. El título del documento aprobado decía: Compromiso por el cambio para el nuevo siglo – Pautas para el desarrollo ideológico y la elaboración programática. Decía Tabaré en el discurso de clausura de ese Congreso: “Nuestra confianza no fue defraudada: el IV Congreso asumió plenamente el derecho y la responsabilidad que significa el ejercicio de la soberanía adoptando medidas trascendentes en el plano ideológico, programático y político”. Pero mencionaba además algo sumamente valioso: “Lo resuelto es importante. Pero tan importante como lo resuelto es la forma en que lo hemos hecho: Primero: orgánicamente, en un Congreso en el que participaron, promedialmente, 1.600 delegados de todo el país, de los cuales el 52% son del Interior y según nuestros registros es el más numeroso de los Congresos que ha realizado el Frente Amplio en los últimos años. ¿Quién dijo que se acabó la ideología?, ¿quién dijo que el Frente Amplio vació su estructura militante?, ¿quién dijo que aquí se cocina todo en la cúpula? Aquí trabajan todos los militantes, todos opinan, todos son respetados”.
Pero además, es innegable que la izquierda había ya comenzado un proceso de renovación mucho antes incluso de la formación del Frente Amplio. Y ni hablar que luego de la dictadura, la izquierda comenzó a replantearse sus marcos de referencia ideológicos, proceso que se llevó a cabo a la luz del día, en el medio de la recomposición orgánica de las estructuras de los partidos y sectores integrantes del FA, y del reencuentro de militantes dispersos y desconectados durante décadas. A lo que se sumó el fenómeno de la Perestroika, la caída posterior del régimen de la Unión Soviética y los países del Este europeo. Todas estas cuestiones –a las que hay que agregar la crisis de nuestro propio Partido, que había sido la más fuerte organización política de la izquierda y la de mayor apoyo electoral en el 89- enmarcaron un proceso indudable de transformación ideológica del conjunto de la izquierda, que ya no es la misma del año 71, aunque algunos quieran mostrarla de esa manera.

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