jueves, 8 de septiembre de 2011

CAMBIO DE FRENTE (7ª PARTE) – LAS PROPUESTAS



Decíamos que ni la estructura actual del Frente Amplio es la misma del 71, ni los cambios que se están proponiendo van en un sentido más moderno y renovador. Porque el Frente Amplio ha sufrido varios cambios en sus estatutos y en lo que es su estructura orgánica desde su fundación hasta hoy. Y porque algunas de las propuestas que se han hecho van en sentido opuesto, y buscan restablecer el estado de cosas de varios años atrás.
EN EL PRINCIPIO
El Frente Amplio nace como la alianza de grupos y partidos políticos de izquierda que actuaban en forma dispersa (más allá de algunas alianzas como el Fidel o la Unión Popular), más desprendimientos de los partidos tradicionales, sobre la base de un compromiso político y un acuerdo programático que le daba el sustento necesario. También contenía, desde el inicio, la idea de la conformación de un amplio movimiento, que superara la estrechez de funcionamiento de los partidos tradicionales y que fuera algo más que la simple suma de los partidos y grupos convocantes. Y ante la importancia que la convocatoria a ese movimiento fue adquiriendo, hubo que crear una estructura que lo contuviera. Es decir, desde el comienzo el Frente Amplio fue una coalición y un movimiento político, aunque al principio el movimiento estuvo representado en órganos de coordinación, pero no en la estructura de dirección. Y por cierto, la importancia que fue adquiriendo este segundo aspecto –el movimiento- (ya antes del golpe, pero mucho más después de recuperada la democracia), fue conformando eso que llamamos frenteamplismo, y que tiene que ver con la mística de nuestra fuerza política y que va mucho más allá de los partidos o grupos que la componen.
Pero la estructura del Frente Amplio ha ido cambiando, y a través de sus Estatutos –que fueron aprobados en 1972 pero que fueron cambiados en 1986 y en 1993 en forma importante, y que sufrieron luego otras modificaciones sucesivas (la última de ellas en el Congreso Liber Seregni del año 2007)- es posible ver como se ha ido modelando el FA de hoy.
UNA ESTRUCTURA CAMBIANTE
La forma de elección de los organismos de dirección así como su integración, ha sufrido diversas modificaciones. El Plenario Nacional, por ejemplo, estaba conformado en un principio únicamente con representantes de los diferentes partidos políticos. Recién en la reforma estatutaria de 1986 se incluyó la posibilidad de que ese organismo de dirección (también la Mesa Política) estuviera integrado además por representantes de las bases, elegidos en las distintas instancias internas de participación. En ese entonces, se estableció un porcentaje del 30% para la representación de las bases, y el restante 70% seguía correspondiendo a los partidos políticos. En la reforma del año 1993 recién se estableció el “mitad y mitad”, es decir, 50% para los sectores y 50% para las bases.
Los Plenarios Departamentales del interior estaban compuestos por delegados electos en las asambleas del 25 de agosto, pero en la última reforma estatutaria (2007) se modificó para Canelones –que pasa a diferenciarse de Montevideo y del resto del interior- que comienza a elegirse también a padrón abierto, al igual que el Plenario Nacional. Este proceso, que muestra un cambio en las formas, combina además diferentes procesos de elección, en donde por ejemplo para el Congreso los delegados se eligen en elecciones cerradas, dentro de los Comités de Base, y los delegados al Plenario Nacional se eligen en elecciones abiertas con adhesión simultánea, tanto para los delegados partidarios como para los de base. Pero también muestra una concepción propia de la izquierda, que tiene que ver con la participación, con la búsqueda deliberada de la participación activa de la militancia en la mayor cantidad posible de instancias deliberativas y de decisión. Esta concepción de la participación militante organizada, es sin duda un componente distintivo de la izquierda, y no solo ha tenido influencia en las formas organizativas sino que ha sido el factor que ha ido conformando la mística frenteamplista. El compromiso y la militancia política son elementos esenciales del Frente Amplio inicial, y constituyen la seña de identidad de una forma de hacer política diferente de la que históricamente se desarrolló en nuestro país. Como decía Seregni: “Porque atribuimos al pueblo el papel protagónico en el proceso histórico, es necesario consolidar y extender la acción de los Comités de Base”.
LAS ¿NUEVAS? PROPUESTAS
De manera que la estructura orgánica del FA no es un ente congelado en el año 71 (como algunos pretenden), sino que ha estado en permanente evolución, y siempre en el sentido de ampliar la participación militante de los frenteamplistas a lo largo de toda su estructura orgánica. Sin embargo, quienes dicen que el país y el mundo cambiaron, y que por lo tanto hay que ajustar la estructura a esos cambios, proponen reducir la representación de las bases en los organismos de dirección, es decir, en realidad proponen volver a la estructura de los 70 y 80.
Rebajar el papel de los militantes de los comités de base, sustituyéndolo por un mayor peso de las cúpulas dirigentes de los sectores políticos, no es de ninguna manera un avance, sino un retroceso en todos los sentidos. Es volver al sistema tradicional de los partidos burgueses, en donde se abrían los famosos “clubes políticos” previo a las elecciones y con el único objetivo de juntar votos, es dejar de lado justamente el aspecto que le permitió a la izquierda acumular política y socialmente en una alianza de trabajadores con estudiantes, capas medias e intelectuales, aumentando a su vez el grado de conciencia de quienes participaban en todo ese proceso.
Claro, sabemos que en el seno del FA existen nuevas estrategias de acumulación; que hay quienes sostienen que primero hay que profundizar el capitalismo para que se desarrollen las fuerzas productivas, y luego si, en todo caso, poner proa hacia el socialismo (claro que olvidan que profundizar el capitalismo es profundizar la explotación, y que eso en lugar de acumular, desacumula). Nos consta que hay otros compañeros en el FA que entienden que acumulación es recibir el apoyo (total y hasta fervoroso) de fracciones del bloque todavía en el poder, esas que se expresan por medio de los voceros del FMI y otros organismos internacionales o las calificadoras de riesgo o, en otro plano, por el Financial Times, The Economist, The Wall Street Journal y varios medios locales.
Con esas supuestas nuevas vías de acumulación, y en aras de una pragmática posibilista de adecuación al mundo y sus circunstancias, corremos el riesgo de dejar por el camino a capas y fracciones sociales históricamente constitutivas y forjadoras del bloque alternativo.
Pero nosotros (cuando decimos nosotros, decimos el FA) siempre hemos sostenido que la forma de forjar el cambio de este sistema injusto y expoliador, es creando las condiciones subjetivas para ello, es decir, con pueblo consciente, organizado, participativo y movilizado en torno a un programa transformador. La declaración constitutiva del FA dice: “…mantener la unidad y la continuidad del Frente y su carácter de fuerza popular combativa. Ello supone tanto en el gobierno como en la oposición combinar y coordinar una acción política permanente en todos los campos, que comprenda movilizaciones de masas, actividad de gobierno y de las bancadas parlamentarias y municipales, para el logro de los objetivos comunes”. La cuestión es determinar entonces si las propuestas que se hacen en torno a una reestructura del FA tienden a profundizar la participación y la acción política permanente, o si en cambio van hacia una desarticulación de las bases y a un predominio de cúpulas de los sectores políticos. Porque si el FA pierde su carácter de coalición y movimiento, si pierde su carácter antioligárquico y antiimperialista, ya no será el FA, será otra cosa.
Si ante una crisis de militancia, lo que hacemos es cerrarle las puertas a ésta reduciendo su participación en los organismos, o facilitando su no participación dándole la posibilidad de que lo haga desde la soledad de su hogar mediante una computadora, estamos extendiendo un certificado de defunción al Frente Amplio como tal.
Jaime Yaffé ha señalado con acierto que “El FA no puede ser considerado como un caso puro de partido profesional electoral”. Entre otras cosas, porque “La bancada parlamentaria no sustituyó a los ámbitos estatutarios de decisión política, a los cuales, además, aquella sometió su actuación legislativa cuando se presentaban asuntos de cierta relevancia” (*). Si las decisiones realmente importantes y trascendentes para el país, ahora dejaran de discutirse en la estructura orgánica del Frente Amplio, y pasaran a ser resorte de la bancada parlamentaria, el Frente Amplio dejará de ser lo que es, y pasará a ser un partido tradicional más, pero en el peor sentido de la expresión. Recordemos que el Compromiso Político del año 72 dice: “La resolución que disponga el mandato imperativo deberá ser adoptada en un organismo (la bancada parlamentaria no es un organismo del FA) integrado por todas las organizaciones políticas componentes del Frente Amplio, dentro de la circunscripción territorial que corresponda (la circunscripción que corresponde al ámbito parlamentario es, obviamente, todo el país)”.
Lo que nos preocupa es que los cambios terminen en una especie de gatopardismo mediante el cual se cambia la estructura de la fuerza política gobernante -y con más posibilidades de seguir haciéndolo en el futuro más próximo- para que la situación del país, en lo fundamental, continúe incambiada.

(*) Institucionalización y adaptación partidaria. El caso del Frente Amplio (Uruguay). Año 2006

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