viernes, 28 de septiembre de 2018

MALDICIÓN DE MALINCHE RECARGADA

http://contratapapopular.blogspot.com/2018/09/upm2-las-sorpresas-continuan-cuando.html
y les seguimos cambiando
oro por cuentas de vidrio
y damos nuestra riqueza
por sus espejos con brillo
(Gabino Palomares)

 
La nueva planta de UPM (UPM2) en Uruguay, pasará sin dudas a la historia como una de las acciones más cipayas de gobierno alguno de este bendito país. De las iniciativas más vergonzosas e indignantes, tal vez solo comparable a aquella del primer gobierno del hoy presidente Vázquez, la búsqueda afanosa de un TLC con los Estados Unidos.
Es un negocio en el cual perdemos en un montón de rubros: en soberanía alimentaria (miles de hectáreas que dejan de producir alimentos para producir árboles que producirán pasta de celulosa); la empresa generará leyes laborales aplicables en todo el territorio; la empresa decidirá sobre temas de educación (hasta preparará los educadores que educarán según sus parámetros a nuestros hijos); en calidad ambiental (deterioro del ecosistema), en pérdida cultural y social (gente que sigue abandonando el campo y sus saberes para vivir en la capital), seguimos extranjerizando la tierra, principal medio de producción (hoy medio Uruguay pertenece a extranjeros, y los mayores latifundios pertenecen a empresas papeleras), modificamos el río para abastecer de agua a la empresa, que consumirá más agua que todos los uruguayos juntos.
Un acuerdo que por si fuera poco es tan transparente como un vidrio esmerilado. Por fuera de los controles del Parlamento y de la ciudadanía, con informes que divulga el gobierno pero que provienen de empresas privadas que trabajan para UPM, con licitaciones que comienzan turbias como la del ferrocarril de UPM (es un ferrocarril para uso privado que pagamos todos nosotros), con cifras que hoy son unas y mañana otras (se anunció con bombos y platillos que UPM invertiría 4 mil millones que al final resultaron 2.400), etc.
Aún aquellas cosas que suponen una ganancia para el país, para los uruguayos (pongamos por caso la generación de empleo), se pueden relativizar apenas uno las mira desde otra óptica, desde una más sensata. Digamos por ejemplo que hoy Río Negro (lugar en donde está instalada UPM) es el departamento con mayor desocupación, más allá de todos los versos. Digamos también que la mano de obra en la extracción (en los bosques) ha ido disminuyendo en los últimos diez años (sí, disminuyendo, a pesar de las pasteras). Nos queda el ferrocarril, nos dirán; sí, un ferrocarril que estará a disposición de UPM las 24 hs los 360 días del año (eso figura en el acuerdo firmado) durante 20 años. Se generarían por este emprendimiento unos 1.500 empleos permanentes en 20 años, nos dirán. Pero si los 2.600 millones de dólares que invertimos los uruguayos en esta obra, los invirtiéramos en vivienda, por ejemplo, se generarían 3.000 (el doble de empleos), más los inducidos (los que ya sabemos que mueve la construcción), a la vez que estaríamos solucionando un problema social.
En definitiva entonces, estamos ante un negocio fantástico y brutal (solo que no precisamente para los uruguayos):
- Nos hacemos socios de UPM
- ellos invierten el 49% y nosotros el 51%
- ellos recuperan la inversión en menos de dos años (record planetario en empresas de este porte), nosotros tal vez dentro de 20 años nos quedaremos con un ferrocarril.
- ellos obtienen una ganancia de 31mil millones de dólares en 20 años, nosotros...nada...cero peso. Tal vez tengamos pérdidas, si les compramos energía a un precio mayor del que nos cuesta producirla a nosotros mismos.
Pero si todo esto no fuese ya de por sí tremendamente ridículo y vergonzoso, hay algo todavía peor. Sí, peor que todo lo ya dicho: la empresa no vino a nuestro país a pedir para invertir, no, la fuimos a buscar, prácticamente a rogarles que vinieran a hacer dinero a costillas nuestra. Hace exactamente cuatro años, la prensa anunciaba: El presidente de Uruguay, José Mujica, viaja hoy a Finlandia para una visita oficial que tiene como objetivos impulsar la instalación de una nueva gran papelera en el país”. Aquello que canta la canción maldición de Malinche: “nos siguen llegando rubios y les abrimos la puerta”, en este caso sería: ahora vamos a buscar a los rubios y los esperamos con la puerta abierta de par en par.

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