miércoles, 12 de septiembre de 2018

NADA NUEVO


(Publicado esta semana en VOCES)

Quienes controlan el poder del Estado generalmente operan al margen de la opinión de la gente, es decir, sin su consenso y sin tomar en cuenta su opinión, a la cual asigna un papel siempre secundario y accesorio, sólo útil a la hora de requerir su legitimación a través del voto. Uno esperaría de un gobierno progresista una cosa muy distinta, pero la opacidad en las decisiones que se toman, es algo a lo que nos tiene acostumbrado este gobierno.
La otra cuestión que uno podría esperar de un gobierno progresista, es algún apego a la tradición histórica de la izquierda en cuanto a la defensa de los espacios públicos y el acceso democrático a estos.
Nada de esto se ve en la decisión del gobierno de enajenar los terrenos en cuestión para que se instale allí López Mena (es una ley con nombre y apellido) con su terminal de Buquebus.
En cuánto a la participación ciudadana, el arquitecto argentino Juan Bautista Frigerio, integrante del estudio británico Norman Foster, que se haría cargo de la obra, señaló en Puerto Madero: “...en el caso de seguir adelante con el proyecto, se generarían instancias de diálogo con la sociedad civil para escuchar las necesidades y sugerencias de los vecinos de la zona”. Es decir, “en caso de seguir adelante”, cuando el proyecto esté en marcha, y no antes de empezar.
El alcalde del municipio B, señaló a la comisión de transporte del Parlamento que los cambios a nivel barrial son la mayor preocupación, y por eso sugirió que a medida que se avance en el proyecto “se le transmita a los habitantes del barrio como va a ser”. Esto es, el alcalde ni siquiera piensa en consultarlos, sino apenas transmitirles como va a ser, luego que el proyecto avance. Esa es la democracia que puede verse en este proyecto que afecta sensiblemente el uso de un espacio público.
Lo que tampoco está presente en este oscuro proceso, es algún plan de desarrollo de una zona abandonada de la ciudad, que genere un impacto de calidad para la vida de la gente. Lo que hay es una zona abandonada y un proyecto de un inversor extranjero al que se le tiende una alfombra roja sin demasiado análisis. El único argumento es el de siempre en todos estos casos: generación de empleo. Y no es que uno esté en contra de la generación de empleo, pero ese no puede ser el único argumento. Hacer del Palacio Legislativo un gran casino y construir a su alrededor un complejo hotelero de cinco estrellas, puede ser un proyecto que genere puestos de trabajo en gran cantidad y por mucho tiempo, pero no parecería bueno que si apareciera un López Mena con ese proyecto le vendiésemos el Palacio y sus alrededores.
Está más en línea con la lógica del profundo pensamiento filosófico del ex presidente José Mujica que resumiera en aquella famosa sentencia cuando se iniciaba la privatización de parte del parque de Cabo Polonio: ‘esto hay que rematarlo en pedazos, esto vale en pila. Van a venir turistas, van a hacer casa, y el pobrerío de la zona les va a hacer el jardincito, les va a arreglar la casa y ahí va viviendo”. En este caso el pobrerío apenas irá a recorrer el shopping.

José Luis Perera

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