sábado, 2 de agosto de 2008

EL ESTADO Y LA REDISTRIBUCIÓN


Un primer elemento que la izquierda debe manejar a la hora de pensar la sociedad del futuro, es el necesario fortalecimiento del Estado, ese que las políticas neoliberales ortodoxas se encargaron de reducir todo lo posible o directamente destruir. Porque es en el Estado en donde deben basarse todas las políticas que pretendan democratizar la sociedad (y sobre todo democratizar la riqueza), a menos que la idea sea que estas cosas sean administradas por el mercado (en cuyo caso no estaríamos hablando de un gobierno de izquierda). De manera que tendremos que asumir que esa enorme tarea de hacer todo lo contrario que se ha venido haciendo hasta ahora, es decir, defender a las grandes mayorías despojadas de sus derechos por el neoliberalismo y lograr que los mercados se orienten hacia el interés general y no en beneficio de los poderosos, necesita de un Estado fuerte y al servicio de las mayorías. Esto implica que habrá que ser muy cuidadosos en lo que tiene que ver con las empresas públicas y lo que se hace con ellas (hablo de AFE, de ANTEL, de ANCAP, etc.).
Y sin dudas, en lo que tiene que ver con los grandes trazos de la política económica habrá que fortalecer el rumbo hacia el mercado regional y reorientar buena parte de la economía hacia el mercado interno, la redistribución de las riquezas y los ingresos, la promoción del desarrollo y la sustentabilidad ecológica. Cosas que como bien señala Atilio Borón, “no significan volver al período de sustitución de importaciones ni a un ilusorio capitalismo nacional, anacrónico en los tiempos que corren; pero sí que la comunidad, a partir de su expresión política en el Estado, debe asumir el control de la producción y la distribución de la riqueza”.
¿DE QUE HABLAMOS?
A veces parecería que cuando hablamos de ciertos temas que tienen que ver con lo económico estamos introduciéndonos en algo demasiado complicado de entender y que por lo tanto debemos dejarlo a los técnicos. Tal vez haya que volver entonces a la simplificación extrema para que se entienda lo que queremos decir cuando hablamos de redistribución de la riqueza. Un pobre es una persona que tiene poca riqueza y un rico es una persona que tiene mucha riqueza. Así de simple. Por lo tanto, para definir la pobreza hay que hacer referencia a la riqueza, ya que son caras de una misma moneda. Cuando se negocia en los consejos de salarios, los trabajadores luchan para que sus salarios sean lo más alto posible y los capitalistas para que sean lo más bajos posible, y esto por una simple razón: si los salarios suben, las ganancias disminuyen (una acotación al margen: ¿por qué razón se le pone un límite superior –las famosas pautas salariales- a lo que los trabajadores pueden negociar en los Consejos de Salarios, pero nadie le pone un límite a lo que pueden ganar los empresarios?). La fuente de los ricos son las ganancias, mientras que la fuente de los trabajadores son los salarios. Así que es obvio que la riqueza y la pobreza son dos caras de la misma moneda como lo son los salarios y las ganancias. Si bien en teoría, para los liberales todas las personas son iguales como miembros de un Estado de derecho, como miembros de la sociedad civil son muy diferentes: unos son capitalistas y otros trabajadores, unos son ricos y otros son pobres, unos son propietarios de los medios de producción y otros venden su fuerza de trabajo (así son las sociedades divididas en clases). Así que las personas como miembros de la sociedad civil ni son iguales ni gozan del mismo grado de libertad. Y como a los capitalistas lo único que les quita el sueño es la multiplicación del valor, hacer del dinero más dinero, redistribuir la riqueza es lograr de alguna forma (en una sociedad capitalista) que la riqueza que se genera con el esfuerzo de todos se distribuya entre todos de una forma más equitativa. La historia nos enseña que la distribución de la riqueza favoreció siempre a las clases superiores (señores feudales, aristócratas, burgueses y actualmente elites financieras), y de lo que se trata es de cambiar la historia.
TRES CONCEPTOS FUNDAMENTALES
Hay tres elementos que me parecen fundamentales a tener en cuenta: 1) Muy por el contrario de las tesis sostenidas por economistas de diversa especie, que dicen que hay que dejar que los capitalistas hagan dinero para que luego esa riqueza se derrame a toda la sociedad, nosotros decimos que con una distribución de la riqueza más justa, se genera más desarrollo; 2) esa distribución de la riqueza debe venir por un mayor volumen del estado y 3) que este estado recaude a través de impuestos a los más ricos, de una forma altamente progresiva.
Los ejemplos en el mundo confirman los planteamientos que hacemos. Si miramos hacia América Latina, veremos que, en promedio, el Estado controla un 17% del PBI, es decir, la mayor parte de la economía está en manos privadas. Si la teoría del derrame fuera cierta, nuestras economías se estarían desarrollando a tasas superiores a, por ejemplo, la China, que tiene una economía sumamente estatizada. Y es obvio que eso no ocurre así. Si miramos hacia el país que en teoría es el más liberal y capitalista del mundo, Estados Unidos, veremos que el Estado controla alrededor del 40% del PBI. En lo que tiene que ver con Europa, en España el Estado controla alrededor del 50% de la economía, y países como Francia y los del norte de Europa (esos sí con un estado de bienestar importante y una distribución de la riqueza infinitamente mejor que nuestros países) manejan alrededor del 60% del PBI. Quiere decir que es casi una regla: a mayor parte de la economía en manos del Estado, mejor desarrollo y mejor distribución de la riqueza
Si vemos el tema de los impuestos que pagan las empresas, notaremos algo similar. En América Latina los impuestos que pagan las empresas son mínimos, comparados con los que pagan en Europa. Por ejemplo en Chile la tasa que pagan las empresas es de un 10 %, en cambio en España el impuesto es de un 35 % y en los países del norte de Europa, como en Alemania, es de un 50 %. Si fueran ciertas las teorías de los neoliberales, los empresarios latinoamericanos, que se llevan mayores beneficios por sus inversiones, debieran invertir más y desarrollar más sus países que los europeos, pero esto no ocurre.
Es evidente que a mayor nivel de importancia del estado y redistribución de la riqueza, hay más bienestar en la economía y lo que no es tan evidente, pero igualmente cierto; que en una economía capitalista la redistribución de la riqueza, genera las bases para un mayor desarrollo de la economía. Esto se debe a que, al haber una mayor demanda a través de una población con mayor poder adquisitivo, se genera un mercado interno mucho más dinámico y con una alta propensión al consumo. Hay que tener en cuenta además que, el más pobre tiene una propensión al consumo cercana al 100 % dado que todo lo que ingresa lo consume, por esto, mientras mayores sean los ingresos de los más pobres; mayor será la demanda agregada de la economía, además la demanda es en productos locales y no en importaciones, que es lo que consumen los ricos. Es decir que la redistribución de la riqueza, además de generar un mercado interno más fuerte, equilibra la balanza de pagos. Por lo tanto en la medida que se le cobre impuestos a los más ricos para transferirlo a los más pobres, a través de educación, salud, infraestructuras y subsidios de desempleo, a la familia y otros; se genera un desarrollo del mercado a través de una mayor demanda agregada y encima con un mayor equilibrio de finanzas públicas y de balanza de pagos.

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