jueves, 23 de octubre de 2008

EL TELÓN DE FONDO



Los frenteamplistas entramos en la recta final que nos conducirá al V Congreso Extraordinario Zelmar Michelini. En estas instancias, lo que está en el tapete es la discusión del documento base elaborado por la Comisión de Programa del Frente Amplio, y para ello, es absolutamente necesario tener algunos puntos de referencia. Sin duda que uno de los puntos de referencia más importantes es el Programa aprobado por el IV Congreso Extraordinario Héctor Rodríguez, por lo que significa ese Programa en sí mismo, en cuanto a la profundidad del mismo y a toda su riqueza, pero también para poder analizar cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda por cumplir del mismo. Y por supuesto que habrá que tener presente el Programa aprobado en el V Congreso Liber Seregni, ya que recoge lo medular del anterior y le incorpora nuevos elementos (por ejemplo el tema del ALBA), a la vez que despeja dudas en algunos puntos (por ejemplo acerca de los TLCs.). Los comunistas tenemos, además, un documento invalorable para hacer aportes y enriquecer el documento base, y es la plataforma programática aprobada en nuestro reciente 28 Congreso.
REGISTRAR LOS CAMBIOS
Sin embargo, junto al análisis de los documentos mencionados, debemos reiterar lo dicho en artículos anteriores (1): “Los análisis que tienen que ver con los pasos que el Frente Amplio debe dar de aquí en adelante, (lo que resta de gobierno, la elaboración del programa para el próximo período, los candidatos para las próximas elecciones, etc.) necesariamente deben hacerse desde una perspectiva más amplia y profunda, que integre la situación actual del capitalismo, las perspectivas mundiales y de la región y nuestra propia realidad”. Y es que el programa nunca es un programa para una situación atemporal. El programa es el conjunto de medidas que, a todos los niveles, se deberían aplicar en el país en una determinada coyuntura histórica. Sin olvidar la proyección de futuro y el carácter de proyecto de país que el programa debe tener, pero se trata de un programa que en lo sustancial se aplicará en un período de gobierno de cinco años. Y las coyunturas históricas cambian; y en los últimos años los cambios han sido notables. Ha cambiado el país, la región y el mundo. Algunos de esos cambios han sido en un sentido positivo. Recordemos que en lo económico, el ALCA tenía fijado su nacimiento para enero de 2005; hoy está muerto y enterrado, y lo que está en el horizonte es el ALBA. En lo financiero era el reino del FMI y del Banco Mundial; hoy tenemos el Banco del Sur. En lo político los avances han sido espectaculares. Recordemos que nadie en Latinoamérica convalidó el golpe de estado en Venezuela en 2002, pese a Washington, y que tiempo después todos repudiaron el ataque colombiano al territorio de Ecuador. Más allá de las contradicciones, parecería que ahora son los propios latinoamericanos los que resuelven sus problemas y en ninguna de estas crisis EEUU pudo ejercer el papel de antaño. En el plano militar, a la ingerencia del Comando Sur y la reactivación de la IV Flota, hoy surge la posibilidad de un Consejo Sudamericano de Defensa. Y en lo diplomático los cambios no son menos sorprendentes: Rafael Correa no renovará el uso de la Base militar de Manta y los yankis deberán abandonar Ecuador en 2009; Honduras y Nicaragua, que acompañaron la invasión de Irak junto a EEUU, hoy se encuentran distanciados y critican abiertamente a Washington; Bolivia y Venezuela (por diferentes razones) expulsaron a los respectivos embajadores de Estados Unidos. Es decir, existen en nuestro continente unas condiciones excepcionales que nos podrían conducir, por lo menos, a una menor dependencia respecto de Estados Unidos. Y todos estos cambios sin ninguna duda que tienen que condicionar el rumbo de nuestro programa de gobierno.
EL TELON DE FONDO
Pero lo que de ninguna manera debe estar ausente en el análisis, a la hora de elaborar programa, es la crisis mundial. Porque si algo tienen las crisis, es que muestran al desnudo la esencia de un régimen (el capitalista) explotador y depredador y hacen caer los fetichismos que ocultan esa esencia. Hoy vemos, por ejemplo, que la famosa “independencia de los bancos centrales” era una mentira que pretendía esconder la plena subordinación de esas instituciones al capital financiero. Como bien señala Atilio Borón, “No bien estalló la crisis, los bancos centrales de los capitalismos centrales arrojaron por la borda toda esa charlatanería para consumo de la periferia y, obedeciendo las órdenes de los gobiernos, acudieron de inmediato en auxilio del capital”. No se derrumbará el capitalismo con la crisis, pero si se ha derrumbado, desde ya, el paradigma neoliberal de la articulación entre el mercado, el Estado y la sociedad. Ese modelo, en el que el capital gozó de prerrogativas y privilegios sin precedentes, ese se hundirá con la crisis. Y la etapa que se abre dependerá de las políticas que adopten los gobiernos en medio de las contradicciones sociales que se avecinan. Eso es lo que estará tiñendo sin dudas la discusión de nuestro programa. Porque no hay dudas que el capitalismo intentará recuperarse de esta crisis, y la historia nos dice que intentará hacerlo de la peor manera y tratando que los costos los paguemos los países empobrecidos. No hablamos necesariamente de un cataclismo, pero sí decimos que, aunque la humanidad logre salir de esto, le llevará décadas, y a la salida el mapa social, político y económico del mundo no será el mismo. Entonces, ¿podemos estar ajenos a esta realidad a la hora de discutir el programa? ¿Da lo mismo cualquier sistema impositivo? ¿Es lo mismo sacarle a un trabajador una tajada importante de su salario cuando el país está creciendo que hacerlo cuando estamos inmersos en una crisis profunda y prolongada? Para el mundo que se viene, ¿lo central será crear “un clima de negocios”? ¿A quién beneficiarán esos negocios, a los mismos de siempre? ¿Cómo protegeremos a los trabajadores ante la crisis? Si la desregulación financiera es la fuente de la gigantesca burbuja especulativa que nos sumergió en esta crisis, ¿no será hora de proponer formas de regulación para la circulación del capital financiero? ¿Seguiremos coqueteando con nuestros vecinos pero apostando a un “regionalismo abierto”? Y por último, ¿estamos dispuestos a luchar por una salida de la crisis que nos ponga en el camino de construir una alternativa socialista, única capaz de resolver los problemas que genera el capitalismo?, ¿o seguiremos con la ambigüedad de un “realismo posibilista”, ruta segura para la profundización de la crisis y una nueva frustración? Es vital tener estas cosas en cuenta. Tener en cuenta los cambios que se han producido, y lo que estos cambios prácticamente nos están obligando a hacer, en medio de la crisis que ya está instalada. Carlos Gabetta (2) lo dice de esta forma: “…los dirigentes sudamericanos van descubriendo poco a poco que la situación ha cambiado de verdad. Que el discurso político electoral que la realidad económica y social les obligó a adoptar deben aplicarlo realmente, porque la realidad obliga. La situación mundial, la hemorragia en las entrañas del sistema capitalista, va obligando a todos, les guste o no, lo hayan entendido o no, lo hayan aceptado o no, a buscar salidas, porque el propio sistema ya no ofrece las habituales”.

(1) No tenemos derecho a equivocarnos – Contratapa de EL POPULAR del 26/9
(2) Soñar no cuesta nada – Le Monde Diplomatique / octubre 2008

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