LO PRIMERO ES LO PRIMERO



Parecería ser una cuestión de sentido común. Cuando se elabora un programa de gobierno, es vital analizar el contexto geográfico e histórico en el que el mismo se aplicará. Para ello, necesariamente hay que partir de un análisis de cómo está el mundo, cuales son las principales características, las situaciones más destacadas del panorama internacional, los hechos más importantes que pueden afectar la marcha de la economía a nivel mundial, las relaciones principales entre las potencias y de éstas con los países de la periferia, los conflictos en curso, los latentes, etc. Luego, debería hacerse un análisis de la situación regional, de su economía, de los procesos de integración, de los conflictos, de la situación política en general y de aquellos aspectos que por su relevancia puedan afectar a la región y a nuestro país. Recién después de ello, deberíamos entrar al análisis de la situación de nuestro país inserto en esa realidad mundial y regional, para a partir de ahí, estar en condiciones de saber cuales son las acciones de gobierno que encajan en todo ese contexto general, o cuales serán las medidas de política económica y de política exterior que nos permitan posicionar mejor a nuestro país en ese contexto.
EL NUEVO PROGRAMA
Ese es el método que por ejemplo se sigue en los “Grandes lineamientos programáticos para el gobierno 2005-2009”, aprobados por el IV Congreso Extraordinario “Héctor Rodríguez” en el año 2003. El mismo comienza con una breve introducción en la que señala lo que habían sido las últimas décadas de gobiernos blanquicolorados, adelanta los temas que se van a tratar en el documento, y luego arranca con el primer punto: EL CONTEXTO INTERNACIONAL. El documento que baja para el próximo Congreso “Zelmar Michelini”, comienza también con una introducción -ésta es casi cinco veces más larga que la anterior- en la que hace un análisis (criticable en más de un aspecto) de lo que fueron los primeros cuatro años de gobierno frenteamplista, y de inmediato se lanza a lo que será “Una estrategia de desarrollo nacional”. Así, sin más. Recién 22 páginas después, cuando ya desarrolló todo lo que será el gobierno del FA 2010-2014, le dedica siete párrafos (una tercera parte de lo que le dedica a la introducción) al contexto internacional, como un subtítulo del capítulo denominado “PRINCIPIOS DE LA POLITICA INTERNACIONAL”. Pero aunque parezca mentira, a lo más importante de todo, a lo que va a ser el dolor de cabeza del mundo entero en los próximos años, a la crisis económica mundial, el documento le dedica –dentro de ese subtítulo que en realidad se llama “contexto general”- apenas tres renglones (en un documento de formato diario de 24 páginas), que transcribimos en forma textual: “La crisis financiera actual plantea un recrudecimiento de las contradicciones entre el capital financiero y el productivo, entre las necesidades de regulación de los Estados y el capital especulativo, entre las masas de trabajadores y la búsqueda de lucro del capital”. Eso es todo. El tema que domina los titulares de todos los diarios y medios de comunicación del mundo entero, y que modificará de raíz la política internacional de los próximos años, solo merece en el documento programático de nuestro Frente Amplio esos tres renglones.
No estamos en condiciones de predecir como será el mundo en los próximos diez años; y los manotazos de ahogado que dan los estadounidenses y europeos para salir de la crisis nos están diciendo que nadie, ni siquiera los que disponen de más información, están en conocimiento de la magnitud real del problema y su posible duración. Pero lo que si es seguro es que nos encontramos ante un cambio radical en el modelo económico, que generará transformaciones importantísimas en la política internacional, como resultado de los profundos desajustes en las economías hasta ahora dominantes.
Ningún país del planeta parece inmune a la crisis financiera internacional desatada en los Estados Unidos por las hipotecas subprime. Tampoco nuestra región, que fue protagonista de un crecimiento sostenido en los últimos tiempos, gracias a la creciente inversión extranjera y al auge de las materias primas, entre otros motivos. Crecimiento que seguramente se verá afectado como consecuencia de la contracción del crédito en todo el mundo, que ya está afectando a la economía real, por lo cual América Latina experimentará en los próximos años un descenso significativo de sus ingresos por exportaciones y de las inversiones extranjeras. Aquello que comenzó como un problema financiero afecta hoy a la economía real, y tanto Estados Unidos como Europa (más de la mitad de la economía mundial) están en recesión (disminución del consumo, desempleo, baja de salarios, disminución de la producción, etc.). Aquellos que pronosticaban que esto no sería problema ya que el mercado chino absorbería la demanda, hoy ven que las economías asiáticas disminuyen su ritmo de crecimiento, y destacados analistas sostienen que no es improbable una crisis de sobreproducción en China, debido a que allí se concentra una sobre acumulación de capital que en un momento dado se tornará insostenible. No hay que olvidar que el mercado final para sostener toda esa producción china es el mercado mundial, y una retracción de éste pondrá sin duda en evidencia esa sobre acumulación de capital.
Y eso, como decíamos en nuestro artículo de la semana pasada, de ninguna manera debe estar ausente en el análisis, a la hora de elaborar programa. Si estas cosas no se tienen en cuenta, seguiremos proponiendo en medio de una crisis del modelo capitalista, soluciones capitalistas. De alguna manera –con estos olvidos- se explica que en el documento se siga insistiendo con el regionalismo abierto, al que ahora se le cambia de nombre y se lo llama “inserciones competitivas simultáneas” o también “bilateralismo múltiple” (ver pág.23, primer columna), eufemismos que en realidad quieren decir que apoyamos de palabra el MERCOSUR pero que en realidad queremos tener las manos libres para acuerdos comerciales bilaterales como los que intentamos hacer con EEUU vía TLC o TIFA. Pero además, cuando se tiene en cuenta la situación internacional de crisis, son muchos los elementos que seguramente tienen que cambiar. Ya seguramente la estabilidad macroeconómica no será un objetivo en sí mismo, sino que tendrá que estar sujeta a los objetivos de desarrollo productivo y justicia social. Y sin duda que en ese marco de crisis el Estado deberá ser un actor de primer orden, no solo ejerciendo sus funciones de control y regulación (que deberá seguir ejerciendo), sino en la producción directa. Y seguramente habrá que cambiar la estructura productiva basada en las materias primas agrícolas, por un sistema que permita la agregación de valor y la generación de empleo genuino tendientes a evitar la influencia de los vaivenes de los precios internacionales. Y ni que hablar de una profundización de la integración regional, fundamentalmente aquella que como el ALBA, pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y se basa en la colaboración y complementación política, social y económica entre países de América Latina.

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