DEFENSA DEL MILITANTE



El militante social y político es alguien que ha elegido una carrera difícil. Una actividad que conlleva muchos sacrificios, que nunca tiene recompensas económicas -muy por el contrario, la mayoría de las veces pone dinero de su bolsillo para desempeñar las tareas que ha aceptado y decidido asumir-, pero que sí tiene múltiples problemas a resolver y conflictos diversos con los que convivir. Casi podría decirse que su fin exclusivo es la defensa de sus concepciones ideológicas en el día a día, con el único objetivo de mejorar la sociedad en la que vive y dejar un país y un mundo mejor para sus hijos y los hijos de todos los demás.
Un militante se reúne, coordina actividades, plantea y discute la forma de resolver problemas, fija reuniones, busca recursos materiales y económicos para llevar a cabo esas actividades, trata de informarse e informar permanentemente por todos los medios, se instruye y forma ideológicamente junto a sus compañeros, con la finalidad de transformar la conciencia de sus iguales y transformar la sociedad.
El militante se mueve detrás de las ideas, de un proyecto de país y de sociedad, y se entrega de manera desinteresada al servicio público, con grandes sueños, sacrificios y duras luchas por el logro de la justicia y el bienestar social. Porque el militante sabe que la utopía deja de serlo cuando se pone toda la voluntad y empeño al servicio de su realización. Claro, también se equivoca. Y de la equivocación aprende, y sigue adelante.
El militante político de base (salvo deshonrosas excepciones) no discute puestos o empleos en la administración pública para sí mismo; lo que discute es un programa para la creación de empleos para todos. No discute un terrenito para tal o cual correligionario, discute y respalda un programa de construcción de viviendas para familias que las necesiten. No discute tarjetas de alimentos para sus amigos, sino la forma y los métodos para que los alimentos sean accesibles a toda la sociedad. El militante político y social no piensa en lo particular. El militante político trabaja y piensa para satisfacer las necesidades a nivel general. Porque el militante social y político sabe que su destino se resolverá si enmarca su accionar en una estrategia orientada hacia la liberación y profundiza su compromiso con las mayorías, porque sabe que los derechos se conquistan con la acción política.
Los militantes populares son la reserva de solidaridad de una sociedad agredida por el egoísmo y por la cultura del materialismo vulgar. Son portadores de una ética de servicio y una moral de lucha forjada en la resistencia a la dictadura y al modelo neoliberal, son los convocados para devolver su sustancia a la democracia como expresión de igualdad y participación.
El militante no sólo es un ser sensible a la injusticia, es alguien que asume como propias las necesidades de la mayoría y lucha con ella para conquistar los derechos que las satisfagan. Por eso levanta un programa de defensa del trabajo como fuente de integración social, del desarrollo productivo y la redistribución del ingreso como principio político y no únicamente económico.
DARLO TODO
El primero de mayo pasado, el compañero Fidel Castro hacía sus reflexiones (las titulaba: Hay que darlo todo), y en las misma transcribía las palabras del nicaragüense Miguel D’Escoto, que en su discurso a los cancilleres y representantes del Movimiento de los Países No Alineados, había expresado: “… El orden mundial existe basado en la cultura capitalista que equipara el ser más con el tener más, promueve el egoísmo, la codicia, la usura, y la irresponsabilidad social. Estos anti-valores de la cultura capitalista han sumido al mundo en un enjambre de crisis convergentes que, de no ser eficazmente atendidas de inmediato, ponen en peligro la continuación de la propia especie humana y la capacidad de sostener la vida en la Tierra.” Decía también Miguel D’Escoto que “En el fondo de todas las diferentes crisis que enfrentamos yace una enorme crisis moral, una gran crisis de valores y principios éticos. Todos hemos traicionado los valores emanados de nuestras respectivas tradiciones religiosas o ético filosóficas. Nos hemos traicionado a nosotros mismos al caer en la tentación capitalista, y al asumir sus valores anti-vida, de odio y egoísmo, nos hemos convertido en los peores depredadores, enemigos de nuestra Madre Tierra, nos hemos deshumanizado…”. Y Fidel terminaba sus reflexiones con un verso del poeta Fayad Jamís:

…habrá que darlo todo
si fuere necesario
hasta la sombra
y nunca será suficiente.


ANTONIO DESDE LA HABANA
Dice Antonio, desde La Habana: “Nunca antes la humanidad había experimentado un proceso tan intenso y a la vez global de cosificación de las relaciones sociales. Esto ha tenido mucho que ver con la bancarrota moral o crisis de valores que se aprecia hacia el interior del sistema-mundo capitalista. Pensar las alternativas frente al orden capitalista pasa por una construcción contra hegemónica que, entre otras cosas, legitime al ser humano en tanto sujeto de la solidaridad y de un pensar crítico, así como portador de una nueva ética de la relación hombre naturaleza, que supere radicalmente el antropocentrismo y la depredación irracional del medioambiente.” Y dice acertadamente Antonio que: “El capitalismo es la formación social en la historia que ha movilizado a la mayor maquinaria de intelectuales orgánicos al servicio de la dominación y la explotación, que incluye la despiadada violencia simbólica, orientada al control de las mentes y las conductas de los hombres”
Por eso, el imperativo de la hora es recuperar la política, recuperar al militante y la participación, promover en toda su extensión la organización como forma de transformar colectivamente el injusto orden imperante. Quienes hacen una forzada distinción entre la militancia y “el pueblo frenteamplista”, quienes entienden que las resoluciones tomadas por la estructura militante del FA, no son representativas de la opinión del “pueblo frenteamplista” considerado en su conjunto, no sólo se equivocan (las internas serán una prueba contundente de ello), sino que menosprecian a toda esta reserva ética de la política que significan los militantes populares. El “pueblo frenteamplista” somos todos. Esos militantes no son una secta aislada de la fuerza política, son la savia que le da vida al Frente Amplio, son parte integrante del pueblo frenteamplista, y son los llamados a promover, generar y defender los cambios que el pueblo reclama. Dicho sea esto en homenaje de aquellos militantes independientes y de todos los sectores, que en esta campaña lo están dando todo por el triunfo del Frente Amplio.

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