miércoles, 24 de junio de 2009

TRES FECHAS PARA REFLEXIONAR



NUESTRO PASADO
El 27, 28 y 29 de junio, son una buena oportunidad para que los uruguayos reflexionemos sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, porque tienen que ver con el proceso de profundización de la democracia en nuestro país.
El sábado 27 de junio, se cumplen 36 años del golpe de estado fascista que inició una época de barbarie y retroceso que duró casi 12 años. Pero se cumplen también 36 años de la respuesta heroica que el pueblo uruguayo le dio a la dictadura, y que la hizo nacer huérfana de apoyo popular. Porque ese mismo día dio inicio la huelga general, una patriada no solo de la clase trabajadora, sino de la inmensa mayoría del pueblo uruguayo. Un pueblo y un movimiento sindical que venía de una larga lucha contra la represión del gobierno colorado de entonces, con gremios militarizados y estudiantes muertos en las calles, y que ante el golpe de Estado, inmediatamente da cumplimiento a una resolución de la CNT del año 1964, y declara la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo. Es bueno poder reflexionar acerca de estas cosas, y sobre todo acerca del papel que cumplieron los diferentes actores de nuestra sociedad cuando fue necesario jugarse por la democracia. Reflexionar sobre cual fue la actitud de un movimiento sindical que, más allá de las reivindicaciones particulares de condiciones de trabajo y de salario, supo definir claramente la necesidad de luchar por la libertad y por la democracia en este país, pagando por ello un precio muy alto. Y sobre cual fue la actitud de otros sectores. De que lado estaban las cámaras empresariales en ese entonces, por ejemplo. Recordemos las palabras del dirigente Luis Puig, del PIT-CNT, en el acto de conmemoración del golpe de estado el año pasado. Dijo que el golpe tuvo “el apoyo consecuente de las clases dominantes del país” y que “las cámaras empresariales, la Asociación Rural y la Cámara de Industria y de Comercio hacían colas para saludar a los golpistas; fueron cómplices de la dictadura y hoy a 35 años estamos esperando la autocrítica pública de aquellos que ampararon la instauración del terrorismo en nuestro país”. Otros actores, sabemos muy bien donde estaban y donde están ahora. Por ejemplo, Juan María Bordaberry, era en ese entonces presidente, electo por el Partido Colorado en elecciones que se han señalado como fraudulentas. Hoy está preso y carga con 14 homicidios, junto a su canciller, el Dr. Juan Carlos Blanco, también del Partido Colorado. Entre otras cosas, se los acusa del asesinato de dos parlamentarios de ese entonces: Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. La sentencia dice que "Surgen elementos de convicción suficientes" para probar la participación de Bordaberry y Blanco "en los homicidios" de los ex legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, y del matrimonio William Whitelaw y Rosario Barredo en mayo de 1976, previo "secuestro de las víctimas y hurto de sus pertenencias, en un mismo procedimiento criminal".
Y es bueno recordar también de que lado estuvieron los distintos partidos políticos. Hubo quienes se unieron para votar la impunidad de los crímenes cometidos, y hubo quienes después salimos a juntar firmas para anular esa ley. Por cierto, quienes en ese entonces se jugaron por la impunidad, tenían a mano excusas de todo tipo. Pero 23 años después, siguen defendiéndola. Y son nuevamente las fuerzas sindicales, sociales y el Frente Amplio los que salen a dar la batalla por anular la ley infame. Estas cosas también están en juego el próximo domingo 28.
NUESTRO PRESENTE
Pero la dictadura fue mucho más que presos, torturados, desparecidos, asesinatos, enterramientos clandestinos; la dictadura significó el desarrollo de mecanismos de terror sobre toda la sociedad. Esto determinó consecuencias desde el punto de vista psicológico y también desde el punto de vista material, que se han traducido en procesos de marginación y exclusión de grandes sectores de nuestra población que estamos padeciendo aún hoy. Y lo que no hay que olvidar un día como hoy, es que una vez recuperada la democracia política, debimos sufrir dos décadas de totalitarismo económico, el del libre mercado. La profundidad de la crisis en la que estaba sumido el país cuando asumimos el gobierno no se puede adjudicar únicamente a la crisis del 2002. Son el resultado de los años de dictadura y de las décadas de gobiernos neoliberales que asolaron América Latina. Gracias a la lucha de los pueblos, la realidad latinoamericana hoy es bien distinta. Se han procesado cambios importantísimos en los últimos diez años. Cambios que -aún teniendo en cuenta la diversidad de matices- permiten afirmar que en su conjunto, provocaron un vuelco político contrario a lo que venía siendo la aplicación del Consenso de Washington en la región. Con la llegada al gobierno de partidos y alianzas de corte progresista, comenzó la tarea de recomponer las sociedades absolutamente desintegradas por décadas de neoliberalismo. Y nuestro país viene formando parte de ese proceso. El Frente Amplio recibió un país que recién comenzaba a emerger de entre las ruinas, y aún sin la experiencia efectiva de gobernar a nivel nacional, hicimos un muy buen gobierno, infinitamente mejor que los que este país había conocido, y sobre todo con una sensibilidad diferente, que escucha el reclamo popular. Eso sólo alcanzaría para reclamar al pueblo en octubre una nueva oportunidad. Esta vez para profundizar los cambios. Hoy tenemos un país bien diferente; el próximo gobierno va a recibir un país saneado en su economía por nuestro gobierno, en un escenario mundial en el que deberemos hacer todos los esfuerzos para que siga creciendo pero con equidad.
NUESTRO FUTURO
Pero la derecha no se queda de brazos cruzados mirando como se le arrebatan los privilegios que ella misma se adjudicó desde hace siglos. Y tampoco espera pacíficamente que las urnas le devuelvan los derechos cuestionados. Los escenarios que podemos ver por toda América Latina, son escenarios en los que la derecha se moviliza permanentemente, en forma organizada y en todos los ámbitos, no solamente el electoral. La respuesta de la izquierda a los embates de la derecha debe ser (como siempre) ganar la calle nuevamente. Los cambios que hemos logrado, lo han sido en base a la movilización y a la unidad. El pueblo uruguayo ha sabido construir herramientas de enorme importancia para transformar la realidad. En el plano social la Central única de trabajadores y los Congresos del Pueblo, y en el plano político todo el proceso de unidad que arranca allá por el 62 con el Frente Izquierda de Liberación y que se consolida y hecha raíces profundas e indestructibles en el 71 con el surgimiento del Frente Amplio. El FA nació en el 71 para consagrar la unidad del pueblo y avanzar en la lucha por la segunda y definitiva independencia, definido como fuerza antioligárquica y antiimperialista, democrática y popular. Frente Amplio que es coalición de partidos pero también –y en eso radica su fortaleza- movimiento. El Frente Amplio ha sido desde siempre una fuerza plural, en donde confluyen partidos políticos y representantes de las bases frenteamplistas de todo el país, priorizando los elementos que nos unen sobre los que nos dividen. Frente Amplio que, a través de sus Comités de Base ofrece el lugar más adecuado para canalizar el protagonismo político del pueblo. Por eso, son importantes el 27 y el 28, pero también el 29, el día después, que nos debe encontrar a todos más unidos que nunca, y encolumnados detrás de quien resulte nuestro candidato, para triunfar en octubre en primera vuelta y abortar de esa forma los planes restauradores de la derecha.

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