jueves, 1 de julio de 2010

NO OCULTAMOS NUESTRAS DIFERENCIAS





La política económica del actual gobierno es prácticamente la misma (en sus rasgos más generales) a la aplicada por nuestro primer gobierno. Y como nuestra crítica a la política económica de nuestro primer gobierno era por todos conocida, no entendemos el revuelo que se ha armado en torno al informe del último Comité Central del Partido. Algunos dicen que Lorier se quedó solo, y eso puede ser verdad o no (habrá que ver, estos procesos son dinámicos), en todo caso quien estaría solo sería el PCU, y no su secretario general, puesto que el documento que se conoció a través de la prensa es un documento partidario. Pero de cualquier manera no sería la primera vez. Ya en diciembre de 2005 Lorier –y nuestro Partido- estuvo solo oponiéndose a la protección de las inversiones del imperialismo, en una actitud por demás digna y decorosa, que nos llena de orgullo.
Y luego ya no estuvimos tan solos cuando nos enfrentamos –comenzado el 2005- a las intenciones del equipo económico de concretar un TLC con los EEUU. Allí otros sectores y personalidades del FA se sumaron, pero sobre todo las organizaciones sociales y sindicales que conformaron una Comisión de Defensa de la Soberanía para frenar el proyecto que –entre otras cosas- nos hubiera dejado expuestos ante la crisis mundial, que ya en ese entonces estábamos alertando. TLC que no era un tratado comercial como pretendían hacernos creer, sino que era una carta de garantía para la libre circulación y protección de capitales e inversiones de las corporaciones norteamericanas.
En 2008 estábamos menos solos aún. Ya no eran sólo los comunistas, ni las organizaciones de jubilados y de trabajadores que reclamaban incrementos de sus ingresos, o modificar al alza las pautas salariales oficiales. Ahora se sumaban dirigentes socialistas y del MPP que coincidían en señalar que las excelentes cifras de la macroeconomía no distribuyen por sí solas ni automáticamente la riqueza, y que el programa frenteamplista iba bastante más allá que lograr el crecimiento o atender la emergencia social. En los pasillos del Palacio Legislativo circulaba una expresión atribuida al diputado Edgardo Ortuño: “Si no cumplimos con lo prometido, no hay candidato que nos salve”.
Nunca ocultamos nuestras discrepancias, sino que las fuimos poniendo en claro para que fueran discutidas en la fuerza política y en el gobierno, porque para nosotros esa es la forma de corregir el rumbo, y no diciendo amén a todo. Por eso manifestábamos nuestras críticas y destacábamos lo que se hacía bien, como debe ser. En junio de 2006 decíamos: “O empujamos todos juntos –gobierno y fuerza política- en el sentido de profundizar los cambios o lo que es lo mismo, en la aplicación del programa, o el resultado de la primera experiencia progresista tendrá un resultado incierto. Todo esto no invalida lo que hemos dicho en notas anteriores, respecto a los aciertos de nuestro gobierno en múltiples áreas, cuando hablamos de luces y sombras. Lo que decimos es que ahora hay que encarar las reformas de fondo, porque así nos comprometimos con la población, y porque si no lo hacemos no habrá una segunda oportunidad. Las luces amarillas que se han prendido son muchas”. Y las luces amarillas a que nos referíamos eran bien palpables; en mayo se habían difundido sondeos de opinión que marcaban una disminución del apoyo popular a la gestión del gobierno (del 60 al 44 por ciento); crecían en número y en profundidad las movilizaciones de los trabajadores, se movilizaban los gremios de la enseñanza, en reclamo de recursos imprescindibles para el funcionamiento normal del sector, la salud, reclamando la puesta en práctica de la tan anunciada reforma, una gran gama de tensiones, que iban desde los reclamos de la Federación Rural por el tema del endeudamiento hasta las manifestaciones de jubilados, pasando por las críticas a la reforma tributaria por parte de los cooperativistas y otros sectores, cuestiones que se sumaban a las tensiones a la interna, producto de temas como el TLC con Estados Unidos o la propia Reforma Impositiva. Y como marco general de todo esto, un gobierno que aparecía aislado en el MERCOSUR y lo que es peor aislado de su propio pueblo y de su militancia, cuando presentaba su posición sobre el tema de las plantas de celulosa encerrado en una cadena de radio y televisión rodeado de cúpulas pero sin calor popular, y hasta aislando a la propia prensa en una habitación y poniendo vallas alrededor del edificio Libertad. Como se ve, en este punteo de situaciones ni figura la oposición, sino que había un mar de fondo que surgía dentro del propio bloque alternativo de los cambios. Es decir, blancos y colorados ni se sentían, tampoco industriales, los grandes frigoríficos, el sistema financiero, los latifundistas, etc, y en cambio surgían protestas desde los sectores medios y el movimiento obrero, y como corolario, nos llevábamos de maravillas con Estados Unidos pero andábamos a las patadas con nuestros hermanos del MERCOSUR, entonces algo no andaba bien.
Recordemos que por ese entonces Danilo Astori señalaba que 2007 sería todavía un año de restricciones, mientras Tabaré Vázquez manifestaba que quería que el crecimiento económico se reflejara en beneficio para la gente, en sus vidas cotidianas. Nosotros apoyábamos esto último.
También advertíamos sobre las consecuencias que podía tener a la interna del FA las actitudes de nuestro gobierno. Decíamos: “Nadie puede pensar seriamente que se puede pasar olímpicamente por encima de las resoluciones orgánicas de la fuerza política, y además hacerlo en reiteración real (recordar Tratado de Protección de Inversiones, envío de tropas a Haití, maniobras UNITAS, etc) sin que ello tenga mayores consecuencias y sin que ello provoque heridas profundas en el Frente Amplio”.
No hablábamos por hablar. Nuestro Programa decía: “…rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de país productivo”. Pero nuestro ministro de economía decía: “Uruguay tiene que comenzar a hacer esfuerzos para llegar a tener un tratado de libre comercio con Estados Unidos. “…cuánto antes mejor”. Nuestro Programa decía: “Nuestro país debe sumar su voz y sus esfuerzos al conjunto de países con quienes comparte visiones para defender sus intereses en el contexto de los organismos multilaterales de comercio y de crédito”; pero el equipo económico decidía el pago por adelantado de la deuda con el FMI. En la década del 90, y siguiendo el rumbo del Consenso de Washington, se planteó la autonomía del BCU, y nuestro Frente Amplio sistemáticamente se opuso; pero cuando llegamos al gobierno, el equipo económico se planteó llevar adelante la autonomía (cosa que por cierto no estaba en el programa), y el proyecto ni siquiera fue redactado por los técnicos (muchos y muy buenos) del gobierno o de nuestra fuerza política, sino que fue encargado a un estudio jurídico privado especializado en el asesoramiento a empresas nacionales y extranjeras (el estudio del integrante del Opus Dei, Carlos E. Delpiazzo).
Ante todas estas situaciones –que son apenas un paneo del proceso de nuestro primer gobierno-, lo reiteramos: fuimos críticos, pero también destacamos lo que se hacía bien. Pero además mostrábamos los flancos débiles de nuestros avances. En 2008 los índices oficiales marcaban una evolución en la calidad de vida de los sectores más comprometidos, pero la distribución de la riqueza aparecía como un tema a mejorar. Los datos hablaban de una mayor distribución de la riqueza en el período 2006-2008, gracias a los Consejos de Salarios, la lucha sindical y las políticas sociales del gobierno, pero también señalaban que el sector más rico de la población había crecido mucho más con la política económica de nuestro gobierno que en los períodos del neoliberalismo.
Hoy, apenas comenzamos a andar con nuestro segundo gobierno, ya se prenden luces amarillas acerca de la voluntad de algunos para el cumplimiento del programa. Sólo a vía de ejemplo, digamos que prometimos en el primer año de gobierno la instalación de una Constituyente, que prometimos estudiar la posibilidad de un Frigorífico Nacional, que nos comprometimos a una mayor distribución de la riqueza por la vía del aumento de la masa salarial, a anular la ley de impunidad, etc.
Dentro de cinco años, habrá compañeros que no entenderán muy bien que nos pasó, y dirán que es extraño que, habiendo tenido un gobierno tan exitoso, cada vez nos vota menos gente. Y seguramente habrá compañeros -como hoy- que entenderán que la baja votación es el resultado de un mal funcionamiento de la estructura del FA, y que al parecer todo se arreglaría con una reforma de estatutos. Nosotros seguiremos diciendo lo que dice el programa: “Para la izquierda el programa sintetiza el compromiso que se asume frente a la ciudadanía”.

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