jueves, 16 de septiembre de 2010

LUEGO DEL PLENARIO


No estuvimos presentes en el Plenario Nacional que se desarrolló el fin de semana pasado, ya que no integramos ese organismo de dirección del Frente Amplio. Pero hemos leído la resolución final y hemos escuchado a algunos compañeros que participaron en el mismo, además de haber leído muchos de los aportes previos para la discusión, de manera que haremos algunos comentarios al respecto.
ALGUNOS DOCUMENTOS
Sinceramente, uno debe manifestar en primer término su orgullo de ser frenteamplista. Porque sin dudas no debe haber en el país una fuerza política que discuta con la amplitud de miras y con la altura con que lo hace nuestro Frente Amplio. Lo que no excluye de ninguna manera el apasionamiento en el análisis, en la crítica y la autocrítica, pero en un clima de respeto a las diferentes visiones, fraternalmente y con amplitud. Es con ese sentimiento de orgullo que intentaremos analizar algunos aspectos del excelente documento elaborado por los compañeros de Asamblea Uruguay.
En uno de sus pasajes, el documento de AU expresa que: “…no puede haber confusiones en cuanto a que el rumbo que marca el programa del FA es el que está definido en los documentos fundacionales, en las resoluciones de sus congresos y en sus plataformas electorales, sin perjuicio de los programas finalistas de los sectores que lo integran”. Y lo compartimos plenamente. En uno de nuestros últimos artículos recordábamos el documento de las 30 Medias del año 71: “Los objetivos de dichas bases tienen como sentido poner al pueblo uruguayo en las mejores condiciones para alcanzar la plenitud de su realización humana, levantando su nivel de vida y su formación cultural, obteniendo una completa participación en la sociedad uruguaya y en su gobierno". Y además decíamos: “Como hemos señalado más de una vez, el FA tiene un programa de gobierno de carácter avanzado, nacional, popular y democrático. Y hemos dicho también que, fruto de la correlación de fuerzas desfavorable en la interna del bloque, el programa no ha sido llevado adelante a cabalidad y ha estado sometido permanentemente a presiones por propuestas ajenas a su contenido avanzado”. De manera que coincidimos con lo expresado por AU, el rumbo debería ser ese, el de los documentos fundacionales, el de las resoluciones de sus Congresos, etc.
DEBATIR: ¿SI O NO?
No compartimos en cambio lo que agrega el documento a continuación: “Los planteos de algunos frenteamplistas de ir a “un proyecto diferente”, o “alternativo”, en el marco de lo que se dio en denominar “gobierno en disputa”, pueden sugerir la intención de introducir un debate que el FA no tiene en su agenda ni le haría bien promover en su interna.” Y no estamos nosotros de acuerdo, pero tampoco lo están los propios compañeros de AU, ya que inmediatamente después de esa afirmación, ensayan una introducción a lo que sería “ser de izquierda” hoy en el Uruguay, y dicen: “Por lo anteriormente expresado, el Frente debe estar en permanente renovación. No sólo en cuanto a su programa, a su estrategia, sino también desde el punto de vista ideológico. Y esto también es ser de izquierda. Izquierda es renovación. La adhesión al programa concebida con un criterio de izquierda significa estar interrogándonos permanentemente si conocemos bien la realidad que pretendemos cambiar, porque, de lo contrario, no podríamos hacer propuestas viables, rigurosas y con resultados efectivos. Debemos preguntarnos si las propuestas que hacemos son realmente las que permiten avanzar, en los hechos y no de palabra, hacia una sociedad que tenga prosperidad y justicia social. Al mismo tiempo, concebir esto desde la izquierda, es decir, democráticamente y aspirando siempre a la superación, no puede hacerse con un pensamiento único: debe haber discusión”.
Es evidente que los compañeros de AU entran en una flagrante contradicción. Por un lado encuentran que plantear alternativas, caminos diferentes, es introducir un debate en la Agenda y que eso no le hace bien al FA; pero a renglón seguido se introduce un tema en el debate de enorme trascendencia, nada menos que acerca de lo que significa “ser de izquierda”. Pero además, se dice que el FA debe estar en permanente renovación, no solo en cuanto a su programa y estrategia sino también desde el punto de vista ideológico. Y con esto sí estamos de acuerdo, con la renovación constante, con la discusión ideológica permanente, con la corrección de los rumbos cuando esto es necesario. Es lo que siempre hemos hecho. Es lo que muchas veces dijimos cuando, en el período anterior, alertábamos acerca de cambios profundos en la economía mundial y del advenimiento de una crisis económica sin precedentes, y proponíamos un cambio de rumbo en la política económica. Compartimos también que esa constante renovación, cuando se concibe desde la izquierda, no puede hacerse con un pensamiento único, y que debe haber discusión. Es lo que reclamamos en su momento cuando nuestro gobierno se apartaba del programa en algunas de sus propuestas: una discusión abierta en los organismos del FA.
NI DOGMA NI APOSTASÍA
El documento de AU dice: “El programa no puede ser un dogma sino una guía para la acción, y creemos que así lo ha entendido el gobierno en su gestión”. Y se pregunta: “¿Todo el Frente Amplio lo ha entendido de la misma manera?”. Buena pregunta. Yo diría que no, que no lo entendemos todos de la misma manera. Nosotros también pensamos que no es un dogma, en el sentido de que no es una verdad revelada. No consideramos un dogma al marxismo, menos podríamos considerar un dogma a un programa de gobierno. Ahora bien, tampoco lo consideramos una apostasía (que supone un abandono o negación total de la doctrina original). Consideramos que el Programa es una elaboración colectiva, que conlleva un proceso participativo de enorme trascendencia, y que está hecho con un sentido de largo plazo (al menos por un período de gobierno), por lo cual, cualquier cambio o desvío del mismo que pueda ser considerado sustancial, no debe estar librado al criterio de los compañeros en el gobierno. En esto también deben aplicarse los conceptos que contiene el propio documento de AU: “…concebir esto desde la izquierda, es decir, democráticamente y aspirando siempre a la superación, no puede hacerse con un pensamiento único: debe haber discusión”.
Por poner un ejemplo por todos conocidos. La frase “…rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de país productivo”, contenida en el programa, puede no ser un dogma, pero si nuestro gobierno entiende que hay que llevar adelante un TLC con los EEUU (exactamente al contrario de lo que dice el programa), la discusión en el seno de la fuerza política debe ser profunda.
EL CAMBIO DE DISCURSO
Asamblea Uruguay se pregunta: “¿No practicamos a veces el discurso de cuando éramos oposición e, incluso, el de la época de la dictadura? ¿Le estamos hablando al uruguayo del siglo XXI, con sus inquietudes, interrogantes y aspiraciones actuales? ¿Es nuestro discurso un elemento que nos esté vinculando a la juventud? ¿No será que ese desfasaje en el discurso es la manifestación del desfasaje entre algunas ideas que se mantienen en el Frente y las nuevas realidades?”.
En primer lugar, habría que ver si la situación del uruguayo del siglo XXI es tan diferente a la del siglo XX, y por lo tanto, si sus inquietudes, interrogantes y aspiraciones son también distintas. Porque las condiciones económicas en las que vive no han variado sustancialmente. Si bien hemos logrado reducir las cifras de desempleo, de indigencia y pobreza, no hay dudas de que las condiciones de vida de muchísimos uruguayos siguen siendo iguales o peores que las del siglo pasado. De manera que tal vez el problema no sea que haya que adaptar el discurso, sino que justamente, a muchísimos uruguayos les llame la atención el cambio del discurso (ahora que estamos en el gobierno), cuando su situación sigue siendo dramática.
Como dice muy bien el documento de Asamblea Uruguay: “…debemos ser exigentes, procurando no perder el equilibrio en la evaluación de los acontecimientos políticos, alejando tanto el triunfalismo o la ligereza a la hora de los balances, como el derrotismo o actitudes pesimista…”. Totalmente de acuerdo, es lo que hay que hacer, sin apresuramientos, pero sabiendo que si no tomamos las riendas de nuestro destino, de pronto nos encontraremos con que la carroza se transformó en calabaza. Todavía no es medianoche, hagámoslo con calma.

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