miércoles, 18 de septiembre de 2013

LA UNIDAD COMO PINCEL

En política, la unidad es un bien muy preciado, porque es lo que permite llevar a cabo cosas en común en grupos heterogéneos. En función de intereses comunes, los grupos políticos se unen para actuar en conjunto y llevar a cabo determinados postulados sobre los cuales están de acuerdo. Es decir que la unidad en sí misma no es ni buena ni mala; o dicho de otra manera: la unidad puede servir para hacer cosas muy buenas, muy malas o mediocres; todo depende.
Sin ir más lejos, el Partido Nacional y el Partido Colorado han llegado a la unidad como forma de desalojar al Frente Amplio del gobierno de la capital (ya lo habían hecho, no tan explícitamente, en un departamento del interior). Y eso puede ser bueno, malo o regular, según el cristal de cada quien.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA

Cuando las fuerzas de izquierda llegaron a la unidad en el año 71, les permitió crecer y ser una fuerza real con la que enfrentar electoralmente a los partidos tradicionales. Y esa unidad no surgió por generación espontánea, sino que fue una búsqueda paciente y trabajosa de dirigentes políticos que tenían claro que era la única forma de llegar algún día a disputar el gobierno a blancos y colorados.
Y esa unidad estuvo sustentada en algunos objetivos e ideas sobre los cuales estaban dispuestos a trabajar en conjunto. Ese conjunto de elementos comunes quedó estampado en un conjunto de documentos fundacionales, como la “Declaración Constitutiva”, el “Compromiso Político”, o las “Primeras 30 medidas de gobierno”, y fundamentalmente las “Bases programáticas de la unidad”.
Los documentos están al alcance de quien quiera leerlos, pero básicamente la unidad de la izquierda estaba basada en superar los escollos que impedían al país librarse de la dependencia del imperialismo (objetivos antiimperialistas), y una transformación radical de la estructura agraria basada en el latifundio (objetivos antilatifundistas y antioligárquicos).
Sin duda el PCU fue un partido clave en la búsqueda de la unidad. Se trataba de unir, en torno a la clase obrera –la clase revolucionaria por su condición de explotada- a todos aquellos sectores y capas de la sociedad (capas medias de la ciudad y el campo, estudiantes, intelectuales, pequeña burguesía emprendedora, etc…) objetivamente aliadas en buena parte del camino a recorrer, concretamente en una primera etapa liberadora, con objetivos claramente antiimperialistas, antioligárquicos y antilatifundistas. Hoy diríamos, objetivos antisistema; subjetivamente socialistas, o si se quiere democrático avanzados.
Pero la unidad era la estrategia para lograr determinados objetivos, ¿estos objetivos se lograron? Y si no se lograron más de medio siglo después, ¿hemos avanzado al menos algo hacia esa meta? ¿Seguiremos festejando y defendiendo a toda costa y eternamente la unidad como si la unidad fuera el objetivo y no parte de la estrategia?
En la carta que en 1955 el PCU enviara al Partido Socialista, haciendo un fraternal llamado a la unidad, les decía que “El monopolio de la tierra por una pequeña minoría, agrava todos los elementos de la crisis que se acentúa en la economía nacional”. Cincuenta y ocho años después, y en parte gracias a un gobierno en el que están juntos, codo con codo, comunistas y socialistas, junto a otros que empuñaron las armas con la consigna “por la tierra”, la minoría que detenta la propiedad de la tierra es todavía más pequeña, y además extranjera.
Cincuenta y ocho años después, comunistas y socialistas integramos un gobierno que favorece la concentración de la tierra y a los potentados del gran capital trasnacional que siguen acumulando formidables ganancias, condenando a una doble explotación nacional y social, gracias a las exenciones impositivas, zonas francas y otras medidas que los favorecen.
En 2010, la REDIU mostraba que entre 2003 y 2009 los terratenientes de este país se habían enriquecido, por concepto de renta de la tierra y aumento del valor de sus campos en más de 30 mil millones de dólares. Actualizado ese dato, luego del último Censo Agropecuario, da que entre 2003 y 2013, por concepto de aumento del precio de la tierra los terratenientes de más de 200 hectáreas se enriquecieron en 46.451 (cuarenta y seis mil cuatrocientos cincuenta y uno) millones de dólares. Si se le agrega la renta de la tierra, lo hicieron en 13.631 (trece mil seiscientos treinta uno) millones de dólares. Por lo cual la suma total en la que se enriquecieron los terratenientes en este país en los últimos 10 años es de 60.082 millones de dólares. En buena medida gracias a los gobiernos de nuestro FA.
Para colmo, el pago de impuestos sobre la tierra (contribución inmobiliaria, aportes patronales al BPS e impuesto al patrimonio) entre 2003 y 2012 alcanzó a unos 665 millones de dólares. Esto representa prácticamente el 1% del enriquecimiento en el período. Y si se calcula la proporción del total de los impuestos pagados por el sector, (1.711 millones de dólares) es menos del 3%.
En cuanto a los objetivos antiimperialistas, es claro que tanto el primer gobierno del FA, como el que está transcurriendo, no solo no han siquiera intentado oponerse al imperialismo, ni a la oligarquía ni a nada, sino que, muy por el contrario, hicieron algo que hasta ahora no se había hecho por parte de los gobiernos burgueses y ni siquiera por parte de la dictadura: protegerles las inversiones a los yanquis mediante un Tratado.
Y no llegamos a hacer un Tratado de Libre Comercio, gracias a la denodada lucha del PIT-CNT, de organizaciones sociales de variada índole, del PCU y de otros compañeros de izquierda, pero está claro que nuestro gobierno (los máximos exponentes, Tabaré Vázquez, Astori, Lepra, Gonzalo Fernández, etc…) trabajaron intensamente para lograrlo. Creo no equivocarme si digo que algunas señales están indicando que el gobierno del FA volverá a intentar los caminos de un TLC y sin duda hay declaradas intenciones de ingresar a la Alianza del Pacífico.

LA UNIDAD NO ES UN TÓTEM

Hace unos días, en un acto de un nuevo agrupamiento frenteamplista, Tabaré Vázquez se preguntaba en forma retórica si la unidad estaba en peligro, y se respondía: “No puede estar en peligro porque estamos enamorados de nuestra unidad y de nuestro proyecto político”. Las preguntas que corresponden son: cuando Vázquez habla de “nuestro proyecto político”, ¿a qué proyecto político se refiere? ¿es el mismo proyecto político que todos tenemos en mente? Porque al servicio de ese proyecto estará la unidad. 
Levantar banderas de unidad y símbolos místicos está muy bien, sirve para elevar y templar el ánimo para la lucha por los objetivos. Pero con eso solo no se llega a ninguna parte, y además lo hacen todos, quienes van por un rumbo y quienes quieren ir por otro.
Quienes aún mantienen vivos los objetivos democrático avanzados del 71, deberían hacer un repaso de lo logrado, en función de aquellos objetivos. Costó demasiado sacrificio, demasiadas vidas de compañeros y compañeras para construir la escalera, peldaño a peldaño y llegar arriba. Hay que detenerse justamente ahora y revisar, mirar el balde, no sea cosa que nos hayan cambiado la pintura. Más aún, cuidado con que no nos hayan sacado la escalera y estemos colgados de un pincel llamado “unidad”.

1 comentario:

Lic. Gabriela Balkey dijo...

Exacto! NO sé si lo viste pero hace un tiempo escribí esto que va en el sentido de lo que decís, pero que intenta profundizar en las causas del por qué nos fuimos alejando unos de otros en el FA: http://gabrielabalkeyciudadan.blogspot.com/2013/05/acusar-al-bombero-por-el-incendio.html

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)

Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene). Nuestra sociedad se parece ca...