domingo, 20 de octubre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

                                                                                      -  SÉPTIMA PARTE -

¿QUÉ HACER?

Lo primero es analizar estas cuestiones, ver lo que que se ha avanzado –si es que se ha avanzado-, y si no se avanzó, por qué, qué es lo que hay que modificar de la estrategia y la táctica. Si hace más de medio siglo, se planteó como estrategia la unidad de la clase obrera y de las fuerzas de izquierda, para lograr determinados objetivos básicamente anticapitalistas, antilafundistas, antioligárquicos y antiimperialistas, y habiendo logrado la unidad hoy estamos parados en el mismo punto que hace medio siglo atrás (siendo generosos), algo necesita ser analizado.
Y lo que digo y propongo no es una genialidad que se me haya ocurrido a mi, puesto que eso no es algo que suela pasarme. Lo que digo y propongo ya lo decía Lenin hace bastante tiempo:

“Lo más seguro, cuando se trata de un problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este problema en forma correcta, sin perdernos en un cúmulo de detalles o en la inmensa variedad de opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema científicamente, es no olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y, desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy”. (V. I. Lenin. "SOBRE EL ESTADO". Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov el 11 de julio de 1919).

Si elaboramos una línea política cuya estrategia central era una línea de lucha antimonopolista, antilatifundista, antiimperialista, como forma de acumulación de fuerzas para crear la base para la política de alianzas del partido y su actividad en el movimiento obrero y popular con el objetivo de resolver la cuestión fundamental del poder; poder popular que crearía la base económica cuya característica básica sería la socialización de los medios de producción concentrados y la planificación central, y hoy estamos integrando un gobierno cuyo norte es el libre mercado y se asusta hasta de construir un frigorífico multimodal que no asustó al batllismo, allí hay cosas para analizar.

La realidad objetiva nos dice que no existe un sistema socioeconómico intermedio entre el capitalismo y el socialismo, y por lo tanto no existe un poder intermedio. El poder lo ejercen las clases dominantes. Si bien el Partido desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Y en este punto quisiera transcribir unas reflexiones de María Luisa Battegazzore en lo que tiene que ver con la categoría “democracia avanzada” en Rodney Arismendi:

DEMOCRACIA AVANZADA

“En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...” Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo, dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica”.

Y más adelante:
“A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:
· el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
· el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
· la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
· una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.
Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores, crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada.

Y no quiero dejar de darle la importancia que se merece a la mención a la transformación moral. Es bueno pensar en cuales son los valores que estamos inculcando cuando un presidente (Tabaré Vázquez) le miente a su fuerza política y a los miembros de su gobierno (cuando decía que no estaba gestionando un TLC), o cuando le oculta a su gobierno y a su fuerza política cuestiones tan relevantes como el pedido de ayuda a Bush (pero lo cuenta graciosamente en un colegio del Opus Dei), actúa abiertamente contra resoluciones de su propia fuerza política (veto de TV a dos leyes votadas por el FA, la del aborto y la del seguro que beneficiaba a los trabajadores, y Mujica y Astori concurriendo al parlamento a decirles a los legisladores que no votaran la ley de anulación de la impunidad que expresamente había mandatado el Congreso, la Mesa Política Nacional y tres Plenarios Nacionales consecutivos). 

Y es bueno plantearse estas cuestiones morales cuando está en la agenda la más que probable segunda candidatura de uno de esos siniestros personajes.

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