sábado, 19 de octubre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

-  PRIMERA PARTE -

LA CARACTERIZACIÓN DE LA ETAPA
Cuando en "Lenin, la revolución y América Latina", Rodney Arismendi analiza el tema de las vías de la revolución, dice que deberemos delimitar dentro de qué perímetro obligatorio deberá manejarse toda previsión científica -ni oportunista, ni subjetivista- si intentamos fijar los contornos del método marxista-leninista. Y para ello, nos señala dos líneas de referencia principales:
- debemos situar concretamente nuestro análisis en la época histórica, captar sus tendencias fundamentales y la manifestación de éstas en el cuadro internacional;
- debemos caracterizar el aparato estatal -su configuración burocrática y represiva-, es decir, las posibilidades potenciales -armadas o no- de acceso al poder de las masas revolucionarias que encabezará la clase obrera.

Más adelante Arismendi habla de la previsión estratégica y advierte los peligros que acechan al partido de vanguardia de no seguir las coordenadas metodológicas para analizar el desarrollo histórico:
“El desarrollo histórico -ni las revoluciones que lo aceleran- no se asemeja a un montón de casualidades, o de hechos imprevisibles. Por ello, las coordenadas metodológicas a que se remiten Marx y Lenin para prever la vía de la revolución no están situadas sólo en lo más inmediato y contingente; permiten la previsión estratégica. De lo contrario, el partido de vanguardia de la clase obrera descendería teóricamente hasta un empirismo sin horizonte, a la función de espejo de una práctica histórica que sólo puede reflejar con rezago. En vez de vanguardia, el partido revolucionario de la clase obrera se relegaría a una defensiva estratégica permanente, a la reacción tardía frente a problemas que una realidad compleja, difícil y abigarrada, siempre poco propicia a mostrarse sin velos, le estaría promoviendo, en un eterno curso de azares imprevisibles”.

Algo que por cierto también señalaba Lenin: “El marxismo exige de nosotros que tengamos en cuenta con la mayor precisión y comprobemos con toda objetividad la correlación de clases y las peculiaridades concretas de cada momento histórico. Nosotros, los bolcheviques, siempre nos hemos esforzado por ser fieles a este principio, incondicionalmente obligatorio si se quiere dar un fundamento científico a la política”. (Lenin, “Cartas sobre táctica”).

Y sin dudas el primero de los aspectos (la caracterización de la época histórica) es muy importante, y cada vez más complejo de establecer, ya que la realidad planetaria cambia hoy en día a velocidades que eran difíciles de prever hace unas cuántas décadas. Podemos decir que los acontecimientos económicos, políticos y sociales que conmueven al mundo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, se suceden a un ritmo vertiginoso, afectando cada vez más al mundo en su conjunto.
Por eso, una teoría revolucionaria no puede mantenerse estática, y debe ser permanentemente contrastada con la realidad, de lo contrario, corre el riesgo de estancarse y transformarse en una traba para avanzar.

AQUELLA REALIDAD HISTÓRICA

En el Informe de Balance del Comité Central del PCU al XVII Congreso (agosto de 1958), el primer capítulo se titula “LINEAMIENTOS DE LA SITUACIÓN INTERNACIONAL”, y comienza con este subtitulo: “El tránsito del capitalismo al socialismo, rasgo distintivo de nuestro tiempo”.
Arismendi recordaba en dicho informe que “Lenin caracterizó nuestro tiempo como la época del derrumbe del capitalismo y de la victoria del socialismo. Las previsiones del marxismo-leninismo han encontrado una clamorosa confirmación en la realidad contemporánea. La revolución rusa de 1917 inició el proceso del tránsito del capitalismo al socialismo. La victoria de la revolución rusa dirigida por el Partido de los comunistas, encabezado por Lenin, cambió el curso de la historia universal.”

Arismendi se explayaba luego sobre el papel de la revolución rusa que el imperialismo había intentado ahogar en la cuna y luego mediante intervención militar, para finalmente pretender desterrarla de las relaciones internacionales. Pero aquella revolución “venció en la tarea de Hércules de construir la sociedad socialista”, decía el secretario general. “La antorcha de su ejemplo salió de las fronteras de un país para iluminar hoy la realidad de un sistema de Estados desde Praga a Pekín, con casi mil millones de habitantes en impetuoso ascenso económico y cuya producción rebasa ya el tercio de la producción industrial mundial”.
Y agregaba: “En 40 años, el mapa del mundo se ha encogido para el capitalismo, para sus relaciones de producción basadas en la explotación de los trabajadores y el sometimiento de los pueblos débiles o económicamente atrasados”.

Cuando uno lee un informe como este, por un lado debe hacer el esfuerzo para ubicarse en aquel contexto histórico-social, ya que sin duda la situación mundial ha virado 180 grados. Pero es necesario saber que sobre la base de este análisis (imprescindible si se quiere elaborar una teoría científica de la revolución) fue que el Partido Comunista de Uruguay elaboró sus Bases Programáticas y la Plataforma política inmediata. Un análisis esencialmente correcto para dicha época histórica, y que derivó en una estrategia esencialmente correcta, desde luego.

Pero hoy, como ya señalamos, la realidad es otra. Y si revisamos dicho documento, ya desde el subtitulo vemos la profundidad de los cambios ocurridos. Difícilmente podamos decir que el rasgo distintivo de nuestra época sea el tránsito del capitalismo al socialismo. La revolución rusa es historia, ya no existe la URSS ni el sistema de Estados socialistas que mencionaba el informe, “desde Praga a Pekín”, y difícilmente podamos calificar a este último como socialista.

Hoy tenemos un mundo multipolar, donde el sistema capitalista campea por todo el planeta, con honrosas excepciones como la valiente Cuba y algunos procesos que intentan caminar a los tumbos hacia sistemas diferentes.

Decía además el informe que comentamos: “Hoy, la clase obrera, al frente de las masas populares, ha llegado al poder en numerosos países de Europa y Asia; las ideas del marxismo-leninismo no son ya sólo el programa inspirador de la lucha de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, sino la realidad triunfante de la edificación de un nuevo mundo”.
Cincuenta y cinco años después, las masas populares en Europa y Asia ya no están en el poder, y por el contrario, luchan contra la explotación capitalista que pretende hacer recaer sobre ellas el peso de la crisis del sistema, porque ya el marxismo-leninismo no es la “realidad triunfante” en esos lugares.

Más adelante señalaba: “La victoria del socialismo en la URSS y la formación del sistema socialista mundial acentúan la crisis del sistema capitalista, uno de cuyos índices más notables es la quiebra de los imperios coloniales, el auge del movimiento de liberación nacional de los pueblos dependientes y la gravitación de estos pueblos en la política internacional”.
Sin duda que el panorama mundial cambió positivamente en ese aspecto y muchos pueblos lograron liberarse del colonialismo, pero el sistema capitalista logró recomponerse, para luego entrar en una nueva crisis actualmente. Luego de la segunda guerra mundial, China expulsó a los imperialistas, luego Viet Nam y Corea, y otros 700 millones de asiáticos y africanos rompieron sus cadenas coloniales y conquistaron su “independencia” política, aunque muchos luchan todavía por la independencia económica.

Decía también el informe que “El tercer índice a destacar consiste en el auge del movimiento comunista y obrero mundial”. Quien sostenga esto mismo hoy en día sería un delirante. El derrumbe de la URSS y todo el campo socialista provocó crisis en todos los partidos comunistas a nivel planetario, y algunos más otros menos, todavía luchan por salir. Y hoy en día en muchos lugares el movimiento social en general, los grupos anti sistema y organizaciones de toda índole ocupan el lugar en la lucha que antes cumplía el movimiento obrero organizado. “La era de los regímenes comunistas y partidos comunistas de masas tocó a su fin con la caída de la URSS, y allí donde aún sobreviven, como en China y la India, en la práctica han abandonado el viejo proyecto del marxismo leninista” nos dice el historiador marxista Eric Hobsbawm en “Cómo cambiar el mundo”.

El informe habla luego de “La lucha por preservar la paz”, y dice que “La realidad mundial se define hoy por la existencia de dos sistemas sociales contrapuestos, regidos por leyes antagónicas de desarrollo: el socialismo y el capitalismo. (...) La emulación y la competencia entre ambos sistemas cubre la escena contemporánea e influye decisivamente en la vida política internacional, sobre el pensamiento de los pueblos, sobre la acción de las masas, sobre las posibilidades de salvaguardar la paz mundial”.
Está muy claro que hoy en día no existen en la práctica dos sistemas sociales contrapuestos, y que la emulación y la competencia entre ambos ya no es posible y no influyen como antaño en la vida política internacional ni sobre el pensamiento y la acción de los pueblos. Aspecto que sin duda es bien relevante, ya que en su momento la confrontación de ambos sistemas en toda la vida social, económica, política y cultural de un sistema con otro, mostraba la capacidad del socialismo de desenvolver las fuerzas productivas y asegurar la felicidad de los hombres.

A este respecto señala Eric Hobsbawm: “Aquella crisis (la del capitalismo entre 1914 y finales de los 40) iba a servir para que muchos dudasen de si el capitalismo podría recuperarse. ¿Acaso no estaba destinado a ser reemplazado por una economía socialista tal como predijo el para nada marxista Joseph Schumpeter en la década de 1949? De hecho, el capitalismo se recuperó, pero no en su antigua forma. Al mismo tiempo, en la URSS la alternativa socialista parecía ser inmune al colapso. Entre 1929 y 1960 no parecía descabellado, ni siquiera para los numerosos no socialistas que no estaban de acuerdo con la parte política de estos regímenes, creer que el capitalismo estaba perdiendo fuelle y que la URSS estaba demostrando que podía superarlo. En el año del Sputnik esto no sonaba absurdo”. Pero enseguida agrega: “Que sí lo era (absurdo), se hizo harto evidente después de 1960”.

En 1956, el 20 Congreso del PCUS (Partido Comunista de la URSS) decía que se amplían las posibilidades del tránsito “pacífico” al socialismo, y menos de dos años después, 57 partidos comunistas aprueban una declaración proyectada conjuntamente por el PCUS y el PC de China. Allí hay un extenso párrafo acerca de las “vías”. Rodney Arismendi lo explicaba así: “Una breve introducción precede al texto. Se han creado en el mundo -dice- condiciones más favorables para la victoria del socialismo a raíz de los profundos cambios históricos, a los progresos radicales a favor del socialismo experimentados en la correlación internacional de fuerzas, y por la atracción de las ideas del socialismo en la clase obrera, los campesinos, trabajadores y la intelectualidad”. Hoy, esa favorable correlación de fuerzas a nivel internacional ya no existe, porque no existe siquiera el campo socialista.

BARAJAR Y DAR DE NUEVO

Lo que quiero señalar, es que un partido comunista elabora una teoría de la revolución, siguiendo la metodología marxista-leninista, en un contexto histórico determinado, con una caracterización de la época histórica, con un análisis pormenorizado de las correlaciones de clase a nivel planetario, con un análisis de la situación continental y regional y de los procesos revolucionarios de todo tipo que se desarrollan contemporáneamente. Lo correcto, sería volver a analizar la estrategia revolucionaria trazada, cuando ese marco histórico cambia tan radicalmente y cuando al menos habría que volver a caracterizar la época histórica.

Las preguntas que me hago, y que creo deberían hacerse todos aquellos que de algún modo tienen al marxismo-leninismo como guía para la acción, son las siguientes:
- ¿Es posible mantener la misma estrategia cuando el marco de época ha cambiado tan radicalmente?
- Cuando la URSS y todo el campo socialista dejaron de existir; cuando el mundo dejo de ser bipolar y pasó a ser multipolar, con el poder concentrado en manos del imperialismo y las trasnacionales; cuando se acabó la Guerra Fría y cayó el muro de Berlín, ¿No se hace necesario al menos revisar la estrategia y sus resultados para ver si es posible mantenerla o si hay que hacerle modificaciones?

El contexto internacional es hoy de derecha. La desaparición de la URSS y el campo socialista es un duro golpe para el pensamiento de izquierda en general (y mucho más para los comunistas en particular), por lo cual parecería necesario un nuevo análisis.

2 comentarios:

Estrella Sicardi dijo...

Estoy de acuerdo José Luis. Las ideas más útiles que he visto que he visto en el sentido de analizar la situación actual son las de un autor, que si bien no es Marxista, tiene una perspectiva interesante, y aporta muchos datos: Jeremy Rifkin.
Creo que ese tipo de material podría ser un punto de partida para analizar todo eso, pero con una óptica Marxista.

Rafael Fernández dijo...

Hola José: se que el eje de tu reflexión es otro, y podría opinar bastante sobre el tema.

Entiendo que tu razonamiento va por el lado de decir: aquella estrategia estuvo bien para esa época, pero la realidad ha cambiado y ahora hay que adoptar otra.

Con esa argumentación hubo algunos (Jaime Pérez, Valenti, por ejemplo) que giraron a la derecha. Me queda claro que no es tu orientación.

Pero me parece necesario reflexionar más a fondo sobre las causas del derrumbe del mal llamado 'socialismo real'. Arismendi pintaba un cuadro de victoria del 'socialismo' que era irreversible y a través de la competencia entre los "dos sistemas" se iba a llegar al triunfo en escala mundial.

Hobsbawm dice que en la época del Sputnik (o del primer hombre en el espacio, agrego yo) eso parecía viable, pero que a partir de 1960 se comprobó falso (pero no explica por qué).

Hay un libro para mí fabuloso, que es "La revolución traicionada" de Trotsky (1936) –no confundir con "La revolución desfigurada" que se centra en desmentir falsificaciones históricas de la época de Stalin–, donde el líder de la revolución de Octubre junto a Lenin hace un diagnóstico y un pronóstico brillante sobre la URSS.
Se que leer a Trotsky era algo impensable para muchos militantes del PCU en el pasado, pero espero que no ahora.
En este link se puede leer el libro en Internet:
www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/index.htm

NI MITO NI LEYENDA (publicado esta semana en VOCES, en el 50 aniversario del asesinato del Che)

Si un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que ti...